Sábado XXV de Tiempo Ordinario

Hoy es 28 de septiembre, sábado XXV de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 9, 43b-45):

En aquel tiempo, estando todos maravillados por todas las cosas que Jesús hacía, dijo a sus discípulos: «Poned en vuestros oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres». Pero ellos no entendían lo que les decía; les estaba velado de modo que no lo comprendían y temían preguntarle acerca de este asunto.

Hoy, más de dos mil años después, el anuncio de la pasión de Jesús continúa provocándonos. Que el Autor de la Vida anuncie su entrega a manos de aquéllos por quienes ha venido a darlo todo es una clara provocación. Se podría decir que no era necesario, que fue una exageración. Olvidamos, una y otra vez, el peso que abruma el corazón de Cristo, nuestro pecado, el más radical de los males, la causa y el efecto de ponernos en el lugar de Dios. Más aún, de no dejarnos amar por Dios, y de empeñarnos en permanecer dentro de nuestras cortas categorías y de la inmediatez de la vida presente. Se nos hace tan necesario reconocer que somos pecadores como necesario es admitir que Dios nos ama en su Hijo Jesucristo. Al fin y al cabo, somos como los discípulos, «ellos no entendían lo que les decía; les estaba velado de modo que no lo comprendían y temían preguntarle acerca de este asunto» (Lc 9,45).

Por decirlo con una imagen: podremos encontrar en el Cielo todos los vicios y pecados, menos la soberbia, puesto que el soberbio no reconoce nunca su pecado y no se deja perdonar por un Dios que ama hasta el punto de morir por nosotros. Y en el infierno podremos encontrar todas las virtudes, menos la humildad, pues el humilde se conoce tal como es y sabe muy bien que sin la gracia de Dios no puede dejar de ofenderlo, así como tampoco puede corresponder a su Bondad.

Una de las claves de la sabiduría cristiana es el reconocimiento de la grandeza y de la inmensidad del Amor de Dios, al mismo tiempo que admitimos nuestra pequeñez y la vileza de nuestro pecado. ¡Somos tan tardos en entenderlo! El día que descubramos que tenemos el Amor de Dios tan al alcance, aquel día diremos como san Agustín, con lágrimas de Amor: «¡Tarde te amé, Dios mío!». Aquel día puede ser hoy. Puede ser hoy. Puede ser.

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench

Liturgia – Sábado XXV de Tiempo Ordinario

SÁBADO DE LA XXV SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO o SANTA MARÍA EN SÁBADO, memoria libre o SAN WENCESLAO, mártir, memoria libre o SANTOS LORENZO RUIZ y compañeros, mártires, memoria libre

Misa de sábado (verde) o de la memoria de santa María (blanco) o de la memoria de san Wenceslao o de los santos Lorenzo R. y compañeros (rojo).

Misal: Para el sábado cualquier formulario permitido / para la memoria de santa María en sábado del común de la bienaventurada Virgen María o de las «Misas de la Virgen María» / para la memoria de san Wenceslao: 1ª oración propia y el resto del común de mártires (para un mártir) o de un domingo del Tiempo Ordinario / para la memoria de los santos Lorenzo y compañeros: 1ª oración propia y el resto del común de mártires (para varios mártires) o de un domingo del Tiempo Ordinario; Prefacio común o de la memoria.

Leccionario: Vol. III-impar.

  • Éx 24, 3-8. Esta es la sangre de la alianza que el Señor ha concertado con vosotros.
  • Sal 49. Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza.
  • Mt 13, 24-30. Dejadlos crecer juntos hasta la siega.

Antífona de entrada          Sal 53, 6. 8
Dios es mi auxilio, el Señor sostiene mi vida. Te ofreceré un sacrificio voluntario dando gracias a tu nombre, que es bueno.

Monición de entrada y acto penitencial
Hermanos, al celebrar hoy la memoria de la Santísima Virgen María, a quien Dios ha bendecido más que a todas las mujeres de la tierra y reunidos como hijos de la misma familia alrededor del altar para celebrar la Eucaristía, dispongámonos a comenzar la celebración pidiendo perdón a Dios nuestro Señor por todos nuestros pecados.

Yo confieso…

Oración colecta
MUÉSTRATE propicio con tus siervos, Señor,
y multiplica compasivo los dones de tu gracia sobre ellos,
para que, encendidos de fe, esperanza y caridad,
perseveren siempre, con observancia atenta, en tus mandatos.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos ahora confiadamente a Dios Padre, que enviando a su Hijo al mundo nos ha revelado sus designios de amor y de salvación universal.

1.- Para que Dios guarde y proteja a su Iglesia. Roguemos al Señor.

2.- Para que suscite vocaciones sacerdotales. Roguemos al Señor.

3.- Para que la paz y la libertad sean una realidad. Roguemos al Señor.

4.- Para que fortalezca a los débiles y alivie a los ancianos. Roguemos al Señor.

5.- Para que nos libre a todos de una muerte inesperada. Roguemos al Señor.

Oh Dios, que nos llamas a cargar con nuestra propia cruz para seguir a tu Hijo, escucha las oraciones que te hemos dirigido y mira con bondad los deseos y necesidades de todos tus hijos. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
OH, Dios, que has llevado a la perfección del sacrificio único
los diferentes sacrificios de la ley antigua,
recibe la ofrenda de tus fieles siervos
y santifica estos dones como bendijiste los de Abel,
para que la oblación que ofrece cada uno de nosotros
en alabanza de tu gloria,
beneficie a la salvación de todos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Sal 110, 4-5
Ha hecho maravillas memorables, el Señor es piadoso y clemente. Él da alimento a los que lo temen.

Oración después de la comunión
ASISTE, Señor, a tu pueblo
y haz que pasemos del antiguo pecado
a la vida nueva
los que hemos sido alimentados
con los sacramentos del cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 28 de septiembre

La gran familia agustiniana celebra hoy la fiesta de los Mártires del Japón. Las misiones iniciadas por san Francisco Javier fueron florecientes. Después de él llegaron misioneros de varias naciones de Europa, de México y de Filipinas, pertenecientes a diversas Órdenes religiosas, dominicos, jesuitas, franciscanos, agustinos, recoletos. En 1602 arriban a las costas japonesas los primeros misioneros agustinos y en 1617 comenzó la persecución, alarmadas las autoridades por el gran número de conversiones.

Todos los misioneros fueron decapitados, quemados vivos, asesinados o sofocados en la fosa. Entre ellos estaba el P. Bartolomé Gutiérrez, nacido en la ciudad de México en 1580, que había fundado en su patria la confraternidad de la correa. Después de sufrir la cárcel y la tortura fue quemado vivo el 3 de noviembre de 1631. Lo beatificó Pío IX en 1867, junto con otros mártires japoneses y compañeros de hábito.

En este grupo estaba también Magdalena de Nagasaki, nacida en esta ciudad, cinturada recoleta, catequista y mujer de profunda espiritualidad, condenada a la fosa. Sus verdugos quemaron su cuerpo y echaron las cenizas al mar. Fue canonizada por Juan Pablo II el 18 de octubre de 1987. Entre estos mártires se encontraban además los recoletos Vicente de San Antonio Simoens y Francisco de Jesús Terrero, al igual que el Padre Pedro de Zúñiga condenados a fuego lento en 1622. El también agustino japonés Tomás Jihyoe, llamado Kintsuba fue condenado a la fossa el 6 de noviembre de 1637. El proceso de canonización continúa junto con tres jesuitas y 184 laicos, víctimas de la misma persecución.

Los filipinos celebran en este día a San Lorenzo Ruiz, el protomártir de aquellas islas, canonizado también por Juan Pablo II el 18 de octubre de 1987. Había nacido en Manila y era hijo de padre chino y madre filipina. Fue casado y padre de tres hijos, hombre de gran piedad y obras de caridad. Se unió con una expedición de padres dominicos y, después de un año de prisión y de torturas por su fe, murió quemado vivo en Nagasaki. Todas las Islas Filipinas celebran con grandes horas a su primer santo.

Junto con san Lorenzo Ruiz fueron canonizados Miguel de Aozaraza y Domingo Ibáñez de Erquizia, dominico del convento de san Telmo en San Sebastián, que se alistó como misionero voluntario para las misiones del Japón, donde fue condenado a la horca y la hoya. Otros 14 compañeros, también dominicos, japoneses, filipinos, españoles y un italiano figuran en la lista de canonización, encabezados por Santiago Kyushei. Sufrieron el mismo martirio en Nagasaki y pertenecen  al grupo de los Mártires japoneses.

Hoy celebramos también la fiesta de San Wenceslao, patrón de Bohemia. Fue duque y llegó a gobernar Bohemia con espíritu cristiano. Una conspiración, dirigida por su propio hermano, intentó asesinarle. Wenceslao derribó al suelo a su hermano y en señal de perdón le entregó su espada. Después quiso refugiarse en una iglesia, que encontró cerrada. A su puerta lo asesinaron sus enemigos a cuchilladas mientras Wenceslao decía: Dios te perdone, hermano.

Son santos cristianos también este día Alfeo, Alejandro y Zósimo mártires, Auemundo obispo y mártir, Caritón abad, Cunialdo y Gisilario sacerdotes, Eustoquia virgen en Belén, Exuperio obispo, Fausto obispo, Lioba virgen, Salonio monje y obispo, Simón de Rojas, trinitario canonizado el 3 de julio de 1988, Tiemón y Zema obispos, San Adolfo y Juan, mártires venerados en Sevilla.

Entre los beatos figuran Bernardino de Feltre, sacerdote franciscano y el joven universitario de Acción Católica Francisco Castelló Aleu, natural de Alicante y asesinado en las tapias del cementerio de Lérida en 1936 gritando: Os perdono a todos. Fue testigo la joven que portaba las farolas para que vieran a disparar los asesinos. A ellos añadimos otros seis mártires, la mayoría japoneses, decapitados en Nagasaki el año 1630, entre ellos varios religiosos agustinos.

Álvaro Maestro Jesús

Laudes – Sábado XXV de Tiempo Ordinario

LAUDES

SÁBADO XXV TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Del Señor es la tierra y cuanto la llena; venid, adorémosle.

SALMO 66: QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

<

p style=»text-align:justify;»>Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud

y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

<

p style=»text-align:justify;»>La tierra ha dado su fruto,

nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga;
que le teman hasta los confines del orbe.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Gracias, Señor, por la aurora;
gracias, por el nuevo día;
gracias, por la eucaristía;
gracias, por nuestra Señora.
Y gracias por cada hora
de nuestro andar peregrino.
Gracias, por el don divino
de tu paz y de tu amor,
la alegría y el dolor,
al compartir tu camino.

Gloria al Padre, gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Amén.

SALMO 118

Ant. Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio

Te invoco de todo corazón:
respóndeme, Señor, y guardaré tus leyes;
a ti grito: sálvame,
y cumpliré tus decretos;
me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras.

Mis ojos se adelantan a las vigilias,
meditando tu promesa;
escucha mi voz por tu misericordia,
con tus mandamientos dame vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu voluntad.

Tú, Señor, estás cerca,
y todos tus mandatos son estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos
los fundaste para siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.

CÁNTICO del ÉXODO: HIMNO A DIOS, DESPUÉS DE LA VICTORIA DEL MAR ROJO

Ant. Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.

Cantaré al Señor, sublime es su victoria,
caballos y carros ha arrojado en el mar.
Mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación.

Él es mi Dios: yo lo alabaré;
el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré.
El Señor es un guerrero,
su nombre es «El Señor».

Los carros del Faraón los lanzó al mar,
ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes.

Al soplo de tu nariz, se amontonaron las aguas,
las corrientes se alzaron como un dique,
las olas se cuajaron en el mar.

Decía el enemigo: «Los perseguiré y alcanzaré,
repartiré el botín, se saciará mi codicia,
empuñaré la espada, los agarrará mi mano.»

Pero sopló tu aliento, y los cubrió el mar,
se hundieron como plomo en las aguas formidables.

¿Quién como tú, Señor, entre los dioses?
¿Quién como tú, terrible entre los santos,
temible por tus proezas, autor de maravillas?

Extendiste tu diestra: se los tragó la tierra;
guiaste con misericordia a tu pueblo rescatado,
los llevaste con tu poder hasta tu santa morada.

Los introduces y los plantas en el monte de tu heredad,
lugar del que hiciste tu trono, Señor;
santuario, Señor, que fundaron tus manos.
El Señor reina por siempre jamás.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.

SALMO 116: INVITACIÓN UNIVERSAL A LA ALABANZA DIVINA

Ant. Alabad al Señor todas las naciones. +

Alabad al Señor, todas las naciones,
+ aclamado, todos los pueblos.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Alabad al Señor todas las naciones.

LECTURA: 2P 1, 10-11

Hermanos, poned cada vez más ahínco en ir ratificando vuestro llamamiento y elección. Si lo hacéis así, no fallaréis nunca; y os abrirán de par en par las puertas del reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

RESPONSORIO BREVE

R/ A ti grito, Señor: Tú eres mi refugio.
V/ A ti grito, Señor: Tú eres mi refugio.

R/ Y mi lote en el país de la vida.
V/ Tú eres mi refugio.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ A ti grito, Señor: Tú eres mi refugio.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Ilumina, Señor, a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Ilumina, Señor, a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte.

PRECES

Bendigamos a Cristo, que, para ser ante Dios el sumo sacerdote compasivo y fiel, quiso parecerse en todo, menos en el pecado, a sus hermanos, y supliquémosle, diciendo:

Concédenos, Señor, los tesoros de tu amor.

Señor, Sol de justicia, que nos iluminaste en el bautismo,
— te consagramos este nuevo día.

Que sepamos bendecirte en cada uno de los momentos de nuestra jornada
— y glorifiquemos tu nombre con cada una de nuestras acciones.

Tú que tuviste por madre a María, siempre dócil a tu palabra,
— encamina hoy nuestros pasos, para que obremos también, como ella, según tu voluntad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Haz que, mientras vivimos aún en este mundo que pasa, anhelemos la vida eterna
— y, por la fe, la esperanza y el amor, gustemos ya anticipadamente las delicias de tu reino.

Con la misma confianza que tienen los hijos con sus padres, acudamos nosotros a nuestro Dios, diciéndole:
Padre nuestro…

ORACION

Te pedimos, Señor, que la claridad de la resurrección de tu Hijo ilumine las dificultades de nuestra vida; que no temamos ante la oscuridad de la muerte y podamos llegar un día a la luz que no tiene fin. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.