Lunes XXVI de Tiempo Ordinario

Hoy es 30 de septiembre, lunes XXVI de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 9, 46-50):

En aquel tiempo, se suscitó una discusión entre los discípulos sobre quién de ellos sería el mayor. Conociendo Jesús lo que pensaban en su corazón, tomó a un niño, le puso a su lado, y les dijo: «El que reciba a este niño en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, recibe a Aquel que me ha enviado; pues el más pequeño de entre vosotros, ése es mayor».

Tomando Juan la palabra, dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, y tratamos de impedírselo, porque no viene con nosotros». Pero Jesús le dijo: «No se lo impidáis, pues el que no está contra vosotros, está por vosotros».

Hoy, camino de Jerusalén hacia la pasión, «se suscitó una discusión entre los discípulos sobre quién de ellos sería el mayor» (Lc 9,46). Cada día los medios de comunicación y también nuestras conversaciones están llenas de comentarios sobre la importancia de las personas: de los otros y de nosotros mismos. Esta lógica solamente humana produce frecuentemente deseo de triunfo, de ser reconocido, apreciado, agradecido, y falta de paz, cuando estos reconocimientos no llegan.

La respuesta de Jesús a estos pensamientos —y quizá también comentarios— de los discípulos recuerda el estilo de los antiguos profetas. Antes de las palabras hay los gestos. Jesús «tomó a un niño, le puso a su lado» (Lc 9,47). Después viene la enseñanza: «El más pequeño de entre vosotros, ése es mayor» (Lc 9,48). —Jesús, ¿por qué nos cuesta tanto aceptar que esto no es una utopía para la gente que no está implicada en el tráfico de una tarea intensa, en la cual no faltan los golpes de unos contra los otros, y que, con tu gracia, lo podemos vivir todos? Si lo hiciésemos tendríamos más paz interior y trabajaríamos con más serenidad y alegría.

Esta actitud es también la fuente de donde brota la alegría, al ver que otros trabajan bien por Dios, con un estilo diferente al nuestro, pero siempre valiéndose del nombre de Jesús. Los discípulos querían impedirlo. En cambio, el Maestro defiende a aquellas otras personas. Nuevamente, el hecho de sentirnos hijos pequeños de Dios nos facilita tener el corazón abierto hacia todos y crecer en la paz, la alegría y el agradecimiento. Estas enseñanzas le han valido a santa Teresita de Lisieux el título de “Doctora de la Iglesia”: en su libro Historia de un alma, ella admira el bello jardín de flores que es la Iglesia, y está contenta de saberse una pequeña flor. Al lado de los grandes santos —rosas y azucenas— están las pequeñas flores —como las margaritas o las violetas— destinadas a dar placer a los ojos de Dios, cuando Él dirige su mirada a la tierra.

Prof. Dr. Mons. Lluís CLAVELL

Liturgia – San Jerónimo

LUNES. SAN JERÓNIMO, presbítero y doctor de la Iglesia, memoria obligatoria

Misa de la memoria (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio común o de la memoria.

Leccionario: Vol. III-impar

  • Zac 8, 1-8. Estoy para salvar a mi pueblo de Oriente a Occidente.
  • Sal 101. El Señor reconstruyó Sión, y apareció en su gloria.
  • Lc 9, 46-50. El más pequeño de vosotros es el más importante.

Antífona de entrada          Cf. Sal 1, 2-3
Dichoso el hombre que medita la ley del Señor día y noche, dará fruto en su sazón.

Monición de entrada y acto penitencial
Hacemos hoy memoria de san Jerónimo, quien por su profundo conocimiento de la palabra de Dios,  sus comentarios bíblicos y espirituales, mereció ser llamado doctor de la Iglesia, y cuya traducción latina de la Biblia, conocida popularmente como “la Vulgata”, sigue siendo hoy la traducción oficial de toda la Iglesia en occidente.

Acerquémonos, pues, sinceramente al Señor escuchando su palabra y participando de su mesa; y comencemos la celebración de los sagrados misterios pidiéndole perdón por nuestros pecados. 

Yo confieso…

Oración colecta
OH, Dios,
que concediste al presbítero san Jerónimo
un amor suave y vivo a la Sagrada Escritura,
haz que tu pueblo
se alimente de tu palabra con mayor abundancia
y encuentre en ella la fuente de la vida.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Confiando en el amor misericordioso de Dios Padre, que no excluye a nadie, pidamos por nosotros y por el mundo entero

1.- Por la Iglesia, por todos los que compartimos la misma fe y la misma esperanza. Roguemos al Señor.

2.- Por el aumento de vocaciones a los diferentes estados de la vida cristiana, sobre todo a la vocación sacerdotal y religiosa. Roguemos al Señor.

3.- Por los gobernantes de las naciones, por los que ejercen autoridad en el mundo, por todos los que trabajan por la paz. Roguemos al Señor.

4.- Por los que entre nosotros habitan en viviendas en malas condiciones o no pueden comprar lo necesario para comer. Roguemos al Señor.

5.- Por cuantos estamos aquí reunidos, por nuestros hermanos ausentes  por los que han pedido que recemos por ellos. Roguemos al Señor.

Atiende, Dios de bondad, las súplicas que te hemos presentado y, ya que quien no está contra ti está a tu favor haz que tengamos siempre las mismas actitudes de humildad y sencillez de Jesucristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas
CONCÉDENOS, Señor,
que, después de meditar tu palabra
a ejemplo de san Jerónimo,
nos dispongamos a ofrecer con mayor fervor a tu gloria
el sacrificio de salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión           Cf. Jer 15, 16
Si encontraba tus palabras, Señor Dios, las devoraba: tus palabras me servían de gozo, eran la alegría de mi corazón.

Oración después de la comunión
SEÑOR, que los sacramentos que hemos recibido
muevan el corazón de tus fieles,
gozosos por la celebración de san Jerónimo,
para que, atentos a las enseñanzas divinas,
comprendan lo que deben seguir
y, siguiéndolo, alcancen la vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 30 de septiembre

El santoral de hoy consigna un nombre universal, de todos conocido: San Jerónimo, uno de los más eminentes Santos Padres. Nació en Dalmacia y se bautizó en Roma. Viajó por todo el Oriente, empapándose de aquella cultura. Conoció también el monacato viajando por Egipto y, por fin, ingresó en un monasterio de Belén. Sus escritos lo han convertido en uno de los principales directores espirituales del mundo cristiano. Mantuvo una estrecha relación de amistad epistolar con san Agustín, que comenzó discreta y terminó muy cordial. Por encima de todas sus obras y de su vastísima erudición pasó a la historia como el traductor de la Biblia, llamada Vulgata, y el más fecundo escritor occidental después de san Agustín. Dicen que se sabía la Biblia de memoria, por pensar que ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo.

Merece el honor de ser especialmente mencionado el Siervo de Dios Pedro Legaña Armendáriz, sacerdote entregado toda su vida al apostolado rural por la zona de Tudela, donde había nacido. Es fundador de la Esclavas de Cristo Rey dedicadas a proporcionar los espacios necesarios para los retiros espirituales y la meditación interior. Sus biógrafos lo califican de apasionado por Cristo, por la Iglesia y por las almas. Su causa se introdujo el 1 de diciembre de 1993.

A él nos encomendamos también junto con los santos Amado, Antonino, Cronides, Eusebia, las mártires Catalina Ni y Magdalena Tjyo, canonizadas en Seúl (Corea) el día 6 de mayo de 1984, Gregorio el Iluminador, Honorio, Ismidón, Miguel, Simón y los mártires tebanos Urso y Victor.

Celebramos fiesta también a los beatos Federico Albert, fundador de las Vicentinas de María Inmaculada y a la religiosa clarisa Felicia Meda, abadesa.

Álvaro Maestro Jesús

Laudes – San Jerónimo

LAUDES

SAN JERÓNIMO, presbítero y doctor

(340-420). Hombre de vida ascética, eminente literato, traductor de la Biblia, especialista en sagrada Escritura.

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Venid, adoremos al Señor, Dios soberano.

SALMO 66: QUE TODOS LOS PUEBLOS ALABEN AL SEÑOR

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Experiencia de Dios fue vuestra ciencia,
su Espíritu veraz os dio a beberla
en la revelación, que es su presencia
en velos de palabra siempre nueva.

Abristeis el camino para hallarla
a todo el que de Dios hambre tenía,
palabra del Señor que, al contemplarla,
enciende nuestras luces que iluminan.

Saber de Dios en vida convertido
Es la virtud del justo, que, a su tiempo,
si Dios le dio la luz, fue lo debido
que fuera su verdad, su pensamiento.

En nuestro corazón de criaturas,
nos encendió la luz para esconderla,
que poco puede andar quien anda a oscuras
por sendas de verdad sin poder verla.

Demos gracias a Dios humildemente
y al Hijo, su Verdad que a todos guía,
dejemos que su Luz, faro esplendente,
nos guíe por el mar de nuestra vida. Amén.

 

SALMO 41: DESEO DEL SEÑOR Y ANSIAS DE CONTEMPLAR EL TEMPLO

Ant. ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?

Como busca la cierva
corrientes de agua,
así mi alma te busca
a ti, Dios mío;

tiene sed de Dios,
del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver
el rostro de Dios?

Las lágrimas son mi pan
noche y día,
mientras todo el día me repiten:
«¿Dónde está tu Dios?»

Recuerdo otros tiempos,
y desahogo mi alma conmigo:
como marchaba a la cabeza del grupo,
hacia la casa de Dios,
entre cantos de júbilo y alabanza,
en el bullicio de la fiesta.

¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío.»

Cuando mi alma se acongoja,
te recuerdo
desde el Jordán y el Hermón
y el Monte Menor.

Una sima grita a otra sima
con voz de cascadas:
tus torrentes y tus olas
me han arrollado.

De día el Señor
me hará misericordia,
de noche cantaré la alabanza
del Dios de mi vida.

Diré a Dios: «Roca mía,
¿por qué me olvidas?
¿Por qué voy andando, sombrío,
hostigado por mi enemigo?»

Se me rompen los huesos
por las burlas del adversario;
todo el día me preguntan:
«¿Dónde está tu Dios?»

¿Por qué te acongojas, alma mía,
por qué te me turbas?
Espera en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud de mi rostro, Dios mío.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios?

CÁNTICO: SÚPLICA EN FAVOR DE LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN

Ant. Muéstranos, Señor, tu gloria y tu compasión.

Sálvanos, Dios del universo,
infunde tu terror a todas las naciones;
amenaza con tu mano al pueblo extranjero,
para que sienta tu poder.

Como les mostraste tu santidad al castigarnos,
muéstranos así tu gloria castigándolos a ellos:
para que sepan, como nosotros lo sabemos,
que no hay Dios fuera de ti.

Renueva los prodigios, repite los portentos,
exalta tu mano, robustece tu brazo.

Reúne a todas las tribus de Jacob
y dales su heredad como antiguamente.

Ten compasión del pueblo que lleva tu nombre,
de Israel a quien nombraste tu primogénito;
ten compasión de tu ciudad santa,
de Jerusalén, lugar de tu reposo.

Llena a Sión de tu majestad,
y al templo de tu gloria.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Muéstranos, Señor, tu gloria y tu compasión.

SALMO 18: ALABANZA AL DIOS CREADOR DEL UNIVERSO

Ant. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra.

Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje.

Allí le ha puesto su tienda al sol:
él sale como el esposo de su alcoba,
contento como un héroe, a recorrer su camino.

Asoma por un extremo del cielo,
y su órbita llega al otro extremo:
nada se libra de su calor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Bendito eres, Señor, en la bóveda del cielo.

LECTURA: Sb 7, 13-14

Aprendí la sabiduría sin malicia, la reparto sin envidia y no me guardo sus riquezas. Porque es un tesoro inagotable para los hombres: los que la adquieren se atraen la amistad de Dios, porque el don de su enseñanza los recomienda.

RESPONSORIO BREVE

R/ Que todos los pueblos proclamen la sabiduría de los santos.
V/ Que todos los pueblos proclamen la sabiduría de los santos.

R/ Y que la asamblea pregone su alabanza.
V/ La sabiduría de los santos.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Que todos los pueblos proclamen la sabiduría de los santos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Los sabios brillarán con resplandor de cielo, y los que enseñan la justicia a las multitudes serán como estrellas por toda la eternidad.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Los sabios brillarán con resplandor de cielo, y los que enseñan la justicia a las multitudes serán como estrellas por toda la eternidad.

PRECES

Demos gracias a Cristo, el Buen Pastor, que entregó la vida por sus ovejas, y supliquémosle, diciendo:

Apacienta a tu pueblo, Señor.

Señor Jesucristo, que en los santos pastores nos has revelado tu misericordia y tu amor,
— haz que por ellos continúe llegando a nosotros tu acción misericordiosa.

Señor Jesucristo, que a través de los santos pastores sigues siendo el único pastor de tu rebaño,
— no dejes de guiarnos siempre por medio de ellos.

Señor Jesucristo, que por medio de los santos pastores eres el médico de los cuerpos y de las almas,
— haz que nunca falten a tu Iglesia los ministros santos que nos guíen por las sendas de una vida santa.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Señor Jesucristo, que has adoctrinado a la Iglesia con la prudencia y el amor de los santos,
— haz que, guiados por nuestros pastores, progresemos en la santidad.

Con el gozo que nos da el sabernos hijos de Dios, digamos con confianza:
Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, tú que concebiste a san Jerónimo una estima tierna y viva por la sagrada Escritura, haz que tu pueblo se alimente de tu palabra con mayor abundancia y encuentre en ella la fuente de la verdadera vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

II Vísperas – Domingo XXVI de Tiempo Ordinario

II VÍSPERAS

DOMINGO XXVI TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Nos dijeron de noche
que estabas muerto,
y la fe estuvo en vela
junto a tu cuerpo

La noche entera
la pasamos queriendo
mover la piedra.

Con la vuelta del sol,
volverá a ver la tierra
la gloria del Señor.

No supieron contarlo
los centinelas:
nadie supo la hora
ni la manera.

Antes del día.
se cubrieron de gloria
tus cinco heridas.

Con la vuelta del sol,
volverá a ver la tierra
la gloria del Señor.

Si los cinco sentidos
buscan el sueño,
que la fe tenga el suyo
vivo y despierto.

La fe velando,
para verte de noche
resucitando.

Con la vuelta del sol,
volverá a ver la tierra
la gloria del Señor.

SALMO 109: EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE

Ant. Cristo, sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec. Aleluya.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Cristo, sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec. Aleluya.

SALMO 113B: HIMNO AL DIOS VERDADERO

Ant. Nuestro Dios está en el cielo, y lo que quiere lo hace. Aleluya.

No a nosotros, Señor, no a nosotros,
sino a tu nombre da la gloria,
por tu bondad, por tu lealtad.
¿Por qué han de decir las naciones:
«Dónde está su Dios»?

Nuestro Dios está en el cielo,
lo que quiere lo hace.
Sus ídolos, en cambio, son plata y otro,
hechura de manos humanas:

Tienen boca, y no hablan;
tienen ojos, y no ven;
tienen orejas, y no oyen;
tienen nariz, y no huelen;

Tienen manos, y no tocan;
tienen pies, y no andan;
no tiene voz su garganta:
que sean igual los que los hacen,
cuantos confían en ellos.

Israel confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
La casa de Aarón confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
Los fieles del Señor confían en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.

Que el Señor se acuerde de nosotros y nos bendiga,
bendiga a la casa de Israel,
bendita a la casa de Aarón;
bendiga a los fieles del Señor,
pequeños y grandes.

Que el Señor os acreciente,
a vosotros y a vuestros hijos;
benditos seáis del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
El cielo pertenece al Señor,
la tierra se la ha dado a los hombres.

Los muertos ya no alaban al Señor,
ni los que bajan al silencio.
Nosotros, sí, bendeciremos al Señor
ahora y por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Nuestro Dios está en el cielo, y lo que quiere lo hace. Aleluya.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: LAS BODAS DEL CORDERO

Ant. Alabad al Señor, sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios,
porque sus juicios son verdaderos y justos.
Aleluya.

Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos todos,
los que le teméis, pequeños y grandes.
Aleluya.

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo,
alegrémonos y gocemos y démosle gracias
Aleluya.

Aleluya.
Llegó la boda del Cordero,
Su esposa se ha embellecido.
Aleluya.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos.

Ant. Alabad al Señor, sus siervos todos, pequeños y grandes. Aleluya.

LECTURA: 2Ts 2, 13-14

Debemos dar continuas gracias a Dios por vosotros, hermanos amados por el Señor, porque Dios os escogió como primicias para salvaros, consagrándoos con el Espíritu y dándoos fe en la verdad. Por eso os llamó por medio del Evangelio que predicamos, para que sea vuestra la gloria de nuestro Señor Jesucristo.

RESPONSORIO BREVE

R/ Nuestro Señor es grande y poderoso.
V/ Nuestro Señor es grande y poderoso.

R/ Su sabiduría no tiene medida.
V/ Es grande y poderoso.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Nuestro Señor es grande y poderoso.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males.

PRECES

Demos gloria y honra a Cristo, que puede salvar definitivamente a los que, por medio de él, se acercan a Dios, porque vive siempre para interceder a favor nuestro, y digámosle con plena confianza:

Acuérdate de tu pueblo, Señor.

Señor Jesús, Sol de justicia que ilumina nuestras vidas, al llegar al umbral de la noche, te pedimos por todos los hombres; 
— que todos lleguen a gozar eternamente de tu luz, que no conoce el ocaso.

Guarda, Señor, la alianza sellada con tu sangre,
— y santifica a tu Iglesia, para que sea siempre inmaculada y santa.

Acuérdate de esta comunidad aquí reunida,
— y que tú elegiste como morada de tu gloria.

Que los que están en camino tengan un viaje feliz 
— y regresen a sus hogares con salud y alegría.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acoge, Señor, las almas de los difuntos
— y concédeles tu perdón y la vida eterna.

Terminemos nuestra oración con las palabras del Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que manifiestas especialmente tu poder con el perdón y la misericordia, derrama incesantemente sobre nosotros tu gracia, para que, deseando lo que nos prometes, consigamos laos bienes del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

La indiferencia como defensa

“Ojos que no ven, corazón que no siente”, afirma con perspicacia el refrán popular. La indiferencia consiste justamente en eso: en no querer ver, como una forma de blindarse frente a aquello que podría amenazar nuestra zona de confort, los intereses y expectativas de nuestro ego.

La indiferencia, por tanto, es lo opuesto a la compasión, en cuanto capacidad de sentir y vibrar con el otro, particularmente en su dimensión de necesidad y vulnerabilidad. La compasión –en el sentido etimológico del término griego que aparece en el texto evangélico: “splagchnizomai”– nos remueve en las entrañas, nos ablanda y nos mueve a actuar en beneficio de la persona; la indiferencia nos ciega y endurece, nos paraliza y nos encierra.

Si tenemos en cuenta que la compasión constituye uno –si no el primero– de los ejes centrales del evangelio de Jesús, no es extraño que la indiferencia –junto con la hipocresía (mentira) de quienes se consideraban superiores a los demás o utilizaban la religión en beneficio propio (el fariseo, como arquetipo)– sea la actitud denunciada con más dureza.

En esa denuncia se inscribe precisamente la parábola que estamos comentando, junto con otras dos bien conocidas: la que denuncia la indiferencia del sacerdote y del levita que no auxiliaron al hombre malherido (Lc 10, 25-37) y la del “juicio universal” que deja al descubierto a quienes no supieron ver al Señor en quien tenía hambre, estaba desnudo, enfermo o preso (Mt 25, 31-46).

La parábola rezuma sabiduría por los cuatro costados, mostrando con precisión lo que es la indiferencia. En ningún momento se dice que el “hombre rico” –innominado, es decir, es alguien que “no existe”– agrediera o cometiera algún acto positivo contra Lázaro –el pobre existe, tiene un nombre que significa: “Dios ayuda”–; simplemente no lo vio.

La indiferencia produce un “abismo inmenso”. En lugar de ver al otro como no-separado de mí –“carne de mi carne”, como dice el mito de la creación (Gen 2,23); “no te cierres a tu propia carne”, clamaba el profeta Isaías (58,7)–, la indiferencia lo ignora por completo, creando una separación tan abismal como errónea.

¿Qué signos de indiferencia percibo en mí?

Enrique Martínez Lozano

Misericordia comunicativa versus inhumanidad

Existe una crítica generalizada a la tradición interpretativa de este texto. Esta consiste en que refuerza la idea de que el sufrimiento es un medio para la salvación y de que hemos apagado el disfrute de la vida advirtiendo que todo placer vivido en el presente traerá sufrimiento en el futuro. Como si se tratara de una especie de equilibrio o justicia retributiva: si sufres ahora, disfrutarás después y si disfrutas ahora sufrirás en el futuro. Además, aquí, en el mejor de los casos, nos mantendríamos en un “valle de lágrimas” mientras que la alegría y la justicia se demoran a un “más allá” que está por venir. Y viceversa: sumamos aquí el miedo por el infierno, lleno de tormentos, para quienes tienen momentos de abundancia y satisfacción.

Hay que tener entonces mucho cuidado al leer este texto para no caer en este estereotipo, que ciertamente ha sido muy dañino y perjudicial para la salud espiritual de muchos creyentes.

El problema de fondo que plantea el texto parece ser, por el contrario, la distancia insalvable, la incomunicación, la falta de cuidado. El rico vive en la opulencia; el pobre se parece más a los perros que a un ser humano: come las migajas que caen de la mesa y los perros le curan las heridas como si fuera de su manada. Entre el rico y el pobre no hay comunicación. Esta distancia será la misma que se planteará, a continuación en el relato, en la imagen del abismo: “entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso”. Es decir, la distancia se vuelve insalvable con el tiempo.

Hay dos cuestiones entonces sobre las que el texto llama la atención:

  1. Jesús apunta con energía que no pueden existir estos desequilibrios económicos que rebajen la dignidad de las personas. Invita a renovar la mirada, el contacto y el cuidado hacia quienes pasan necesidad.
  2. Se señala la necesidad de maleabilidad del pensamiento y cambio de actitud en relación con los textos bíblicos. Este aspecto está intrínsecamente vinculado al anterior. La misericordia abre una hermenéutica particular que, de la mano de los profetas, llama al cuidado y a defender la justicia. Y con esta práctica se dilata la comprensión de los textos antiguos.

La dureza de entendimiento es así la culpa más grave de los fariseos y ahí está su lucha. Tal es su cerrazón que no cambiarían de opinión ni siquiera si un muerto resucitara.

El texto hace un fuerte llamado a escuchar las escrituras al decir que “si no escuchan a Moisés y a los profetas” nada los convencerá. Pero si ellos son los expertos en Escrituras. ¿Qué pasa entonces? Lo que pasa es que no la comprenden. Y no pueden comprender porque la misericordia en la práctica es un ejercicio que abre el entendimiento y permite interpretar y entender los mensajes de Moisés y los profetas; mensajes de liberación de esclavitudes y de corazones convertidos. Si no llevan a la práctica lo que leen no pueden seguir comprendiendo.

Jesús les está diciendo, justamente a los fariseos expertos en Escritura a quienes va dirigido este pasaje, que pueden ver toda clase de milagros, incluso la resurrección de un muerto, pero que ni siquiera así serían capaces de convencerse. Porque no pasan por la conversión que vincula y restablece vínculos de fraternidad y dignidad humanas.

También a nosotros, los lectores y oyentes de este texto, se nos invita a tener un espíritu atento y moldeable a lo que dicen los profetas y Moisés. Pero la posibilidad de esta hermenéutica y transformación intelectual y espiritual radica en la práctica de vínculos de cuidado y de solidaridad. Si no nos convertimos leyendo los textos sagrados, tampoco nos convenceremos, aunque abunden los signos.

También para nosotros la misericordia comunicativa es esencial si no queremos caer en la distancia brutal que nos vuelve inhumanos.

Paula Depalma

Comentario del 29 de septiembre

El evangelio de san Lucas nos ofrece en este día una parábola de escalofriante simplicidad, una parábola que parece decir: el más allá no es sino el reverso del más acá: el que en esta vida vivió como rico (despreocupado de todo y falto de misericordia con todos) tendrá vida de pobre (desprovisto hasta de lo más necesario: el agua) en el más allá. Y viceversa.

Lázaro, pobre y mendigo, es llevado al seno de Abrahán simplemente porque es pobre y nadie se ha compadecido de él. Lázaro es pobre de tres cosas fundamentalmente: de dinero o bienes materiales: no tiene siquiera para comer; de salud: está cubierto de llagas; y de afecto: se encuentra solo y sin la más mínima dignidad social; ni siquiera tiene a alguien que le acerque las sobras del banquete. Lázaro es pobre, pero también paciente: soporta su situación con la resignación propia del que la cree inalterable.

El rico no aparece como rico malvado, sino más bien como rico despreocupado. No se la acusa de ser el causante directo de la postración del pobre, aunque su modo de vivir pudiera contribuir al incremento de la mendicidad; pero no se le acusa de haber robado, maltratado o explotado al pobre. Únicamente se le censura su despreocupación y falta de sensibilidad para con el prójimo necesitado, al que no socorre pudiendo hacerlo. Lo que se le reprocha al rico es no haberse compadecido de las miserias del pobre cuando tan fácil le resultaba, por ejemplo, haber dado orden de que le entregaran los alimentos sobrantes de la mesa a los que tenían acceso hasta los perros que merodeaban por el entorno.

Indirectamente se le reprocha también su estilo de vida: inconsciente, despreocupado y ostentoso: viste de púrpura y de lino y banquetea espléndidamente, algo que contrasta, y mucho, con la miseria del pobre mendigo, que ni tiene con qué vestirse ni qué comer. Luego el pecado del rico consiste fundamentalmente en no haber visto al pobre porque sólo tenía ojos para su propio bienestar. Se condena, pues, su ceguera y su insensibilidad; ambas cosas van unidas: la ceguera para con el prójimo nos hace insensibles a sus males y la insensibilidad acaba cegándonos ante tales sufrimientos.

Se trata, en esencia, de un pecado de omisión: omite el socorro reclamado por el pobre con su sola presencia, y un socorro necesario para vivir. De ahí la gravedad de la omisión. Porque hay omisiones de socorro que pueden matar o dañar gravemente, cuando no se proporciona, disponiendo de ello, lo necesario (comida, medicinas, agua) para la vida al que está necesitado o en grave situación de riesgo. Y los pobres con los que podemos encontrarnos son múltiples y variados como múltiples y diversas son las situaciones de pobreza.

Hay pobres de dinero, pero también de salud (enfermos), o de cultura (analfabetos), o de inteligencia (subnormales), o de juventud (ancianos), o de paz interior (desesperados) o social (en guerra), o de afecto familiar o humano (huérfanos), o de fe (ateos, agnósticos, escépticos), o de gracia de Dios, o de varias de estas cosas a la vez. Todos ellos pueden reclamar nuestro socorro con palabras o sin ellas.

Nosotros mismos podemos estar en situación de ricos, porque disponemos de algo (dinero o familia) y de pobres al mismo tiempo, porque carecemos de algo (salud o abrigo familiar). No podemos esperar recibir si no estamos dispuestos a dar. No tenemos derecho a esperar la solidaridad de los demás si nosotros no somos solidarios en las desgracias ajenas. Seamos misericordiosos y tendrán misericordia de nosotros. Ésta es la lección que se desprende de la parábola; porque en esto nos jugamos no sólo esta vida, sino la vida del más allá: la felicidad eterna. Pues el que no vea al pobre y se compadezca de él en esta vida no lo verá tampoco en la otra. Y no ver al pobre es no ver al que se identifica con él, a Cristo, y, en consecuencia, tampoco a Dios. Pero el que no ve a Dios cara a cara no puede gozar de la vida eterna, pues en esto consiste la vida eterna.

El que pone un abismo de inhumanidad entre el rico y el pobre es el mismo rico con su actitud inmisericorde. Es él el que se condena a sí mismo al establecer ese abismo que lo separa del hermano necesitado ya aquí, en la tierra: abismo de indiferencia, de desamor y de insensibilidad; abismo que se hará infranqueable en el ámbito de las cosas definitivas, en el más allá.

En consecuencia, podemos decir sin temor a resultar exagerados que para salvarnos necesitamos de los demás, esto es, de los pobres (mendigos, ancianos, enfermos, emigrantes), porque sólo ellos pueden despertarnos del letargo al que nos conduce nuestro bienestar material, sólo ellos pueden liberarnos de la cárcel en la que nos encierra nuestro egoísmo, sólo ellos pueden ablandar nuestro corazón endurecido por la vida. Este endurecimiento y esta carencia de amor en su grado máximo es el infierno. Allí se encuentra la pobreza más radical (la de Dios) y se padece la sed más extrema, hasta no disponer de una mínima gota de agua con la que poder aliviar esa sequedad. Es la situación que fuerza al rico a implorar, en medio de los tormentos, el envío de Lázaro con esa insignificante gota de agua que tanto ansía.

De repente se ha despertado la sensibilidad del rico, y toda su indiferencia para con el prójimo se ha vuelto de pronto súplica y ruegos para consigo mismo y para con los suyos: Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento. ¿Por qué no dar a conocer esta situación de tormento a los habitantes de este mundo que viven en la ignorancia y el descuido por medio de un muerto, como Lázaro, vuelto a la vida?

La respuesta de Jesús es clara y contundente: si no creemos a las Escrituras, si no damos crédito a los profetas, si no nos fiamos siquiera del Hijo de Dios hecho hombre, menos vamos a fiarnos del testimonio de un muerto redivivo, al que podríamos identificar sin más con un fantasma o un producto de nuestra imaginación. No hay más certeza que la que proporciona la fe. Y ella nos dice que cerrarnos al prójimo es cerrarnos no sólo a nuestra propia carne, sino a la acción de la misericordia divina, creándonos un abismo de indiferencia e insensibilidad para siempre. ¡Dios nos libre de caer en semejante abismo!

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en 
Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

Tiempo de sueños y de elecciones

136. En la época de Jesús la salida de la niñez era un paso sumamente esperado en la vida, que se celebraba y se disfrutaba mucho. De ahí que Jesús, cuando devolvió la vida a una «niña» (Mc 5,39), le hizo dar un paso más, la promovió y la convirtió en «muchacha» (Mc 5,41). Al decirle «¡muchacha levántate!» (talitá kum) al mismo tiempo la hizo más responsable de su vida abriéndole las puertas a la juventud.

Lectio Divina – 29 de septiembre

La parábola de Lázaro y el rico
Entre los dos apenas una puerta cerrada

Lucas 16,19-31 

1. Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección. 

Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén. 

2. Lectura

a) Clave de lectura:

En este domingo vigésimo sexto del Tiempo Ordinario, la liturgia nos pone delante la parábola del pobre Lázaro, sentado delante de la puerta del rico. Esta parábola es un fiel espejo, en el que se refleja no sólo la situación de la sociedad del tiempo de Jesús, sino también nuestra sociedad del siglo XXI. La parábola es una denuncia fuerte y radical de esta situación, porque indica claramente que Dios piensa al contrario de nosotros. En la parábola aparece tres personas: el pobre, el rico y el padre Abrahán. El pobre tiene un nombre, pero no habla. Apenas existe. Sus únicos amigos son los perros que lamen sus heridas. El rico no tiene nombre, pero habla siempre e insiste. Quiere tener razón, pero no lo consigue. El padre Abrahán es padre de los dos y ama a los dos y llama al rico que está en el infierno, pero no consigue obtener que el rico cambie de opinión y se convierta. Durante la lectura trata de poner mucha atención a la conversación del rico con el padre Abrahán, a los argumentos del rico y a los argumentos del padre Abraham.

b) Una división del texto para ayudar en la lectura:

Lucas 16,19-21: La situación de los dos en esta vida
Lucas 16,22: La situación de los dos en la otra vida
Lucas 16,23-26: La primera conversación entre el rico y Abrahán
Lucas 16,27-29: La segunda conversación entre el rico y Abrahán
Lucas 16,30-31: La tercera conversación entre el rico y Abrahán
Lucas 16,19-31

c) Texto:

19 «Había un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. 20 Y uno pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, 21 deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico…pero hasta los perros venían y le lamían las llagas. 22 Sucedió, pues, que murió el pobre y los ángeles le llevaron al seno de Abrahán. Murió también el rico y fue sepultado.
23 «Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno. 24 Y, gritando, dijo: `Padre Abrahán, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama.’ 25 Pero Abrahán le dijo: `Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado. 26 Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan hacerlo; ni de ahí puedan pasar hacia nosotros.’
27 «Replicó: `Pues entonces, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre, 28 porque tengo cinco hermanos, para que les advierta y no vengan también ellos a este lugar de tormento.’ 29Abrahán le dijo: `Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan.’30 Él dijo: `No, padre Abrahán, que si alguno de entre los muertos va a ellos, se convertirán.’ 31 Le contestó: `Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán aunque un muerto resucite.’» 

3. Un momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida. 

4. Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración.

a) ¿Cuál es el punto del texto que más te ha gustado o que ha llamado más tu atención?¿Por qué?
b) Compara la situación del pobre y del rico antes y después de la muerte ¿Cuál es la situación de los dos antes de la muerte? ¿Qué cambia en la situación del pobre y del rico después de la muerte?
c) ¿Qué separa al pobre y al rico antes de la muerte? ¿Qué separa al pobre y al rico después de la muerte?
d) En la conversación entre el rico y el padre Abrahán ¿qué pide el rico y qué le responde Abrahán?
e) En esta parábola, la situación cambia después de la muerte. ¿Es que Jesús nos quiere decir que durante la vida el pobre debe soportar todo para poder merecer el cielo? ¿Tú que piensas?
f) Hay personas que, como el rico de la parábola, esperan milagros para poder creer en Dios. Pero Dios pide que se crea a Moisés y a los profetas. Y yo, ¿a qué lado tiende mi corazón: hacia el milagro o hacia la palabra de Dios? 

5. Para los que quieran profundizar más en el tema

a) Contexto:

i) En el evangelio de Lucas, desde el capítulo 9 (Lc 9,51), estamos acompañando a Jesús en su viaje a Jerusalén. Aquí, en los capítulos 15 y 16 alcanzamos, por así decir, el culmen, el centro del viaje, de donde es posible analizar el camino recorrido y el camino que queda por recorrer, O sea, aquí, sobre la cima de la colina, o en el centro del Evangelio, percibimos con mayor claridad los dos temas principales que atraviesan el evangelio de Lucas, de punta a punta. En el capítulo 15, la parábola del padre con sus dos hijos revela la ternura y la misericordia de Dios que acoge a todos. Ahora en el capítulo 16 nos presenta la parábola del pobre Lázaro para revelar el comportamiento que debemos tener ante el problema de la pobreza y de la injusticia social.

ii) Cada vez que Jesús tiene una cosa importante que comunicar, cuenta una parábola, crea una historia que refleja la realidad de la gente. Así, mediante la reflexión de la realidad visible, lleva a aquéllos que lo escuchan a descubrir las llamadas invisibles de Dios, presente en la vida. Una parábola está hecha para reflexionar y para pensar. Por esto, es importante prestar atención hasta a los más mínimos detalles. En la parábola que estamos meditando, aparecen tres personas. Lázaro, el pobre, el único que no habla. El rico sin nombre, que habla a cada instante. El padre Abrahán que en la parábola representa el pensamiento de Dios. El rico sin nombre representa la ideología dominante del gobierno de la época. Lázaro representa el grito de los pobres en tiempos de Jesús, del tiempo de Lucas y de todos los tiempos.

b) Comentario del texto:

Lucas 16,19-21: La situación del rico y del pobre
Aquí aparecen los dos extremos de la sociedad. De un lado, la riqueza agresiva. Del otro, el pobre sin recursos, sin derechos, cubierto de úlceras, impuro, sin nadie que lo acoja, ni siquiera los perros que lamen sus llagas. Lo que separa a los dos es solamente una puerta: la puerta cerrada de la casa del rico. Por su parte no hay acogida, ni piedad para el problema del pobre que se encuentra delante de su puerta. Pero en la parábola el pobre tiene un nombre, mientras el rico no lo tiene. El pobre se llama Lázaro, que significaDios ayuda. A través del pobre Dios ayuda al rico y el rico podrá tener su nombre escrito en el libro de la vida. Pero el rico no acepta tener que ser ayudado del pobre, porque continúa teniendo la puerta cerrada. Este comienzo de la parábola que describe la situación, es un espejo fiel de cuanto sucedía en tiempos de Jesús. ¡Pero también es un espejo de lo que acontece hoy!

Lucas 16,22: El cambio que revela la verdad que estaba escondida
“Un día el pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán. Murió también el rico y fue sepultado”. En la parábola el pobre muere antes que el rico. Esto es una advertencia para los ricos. Mientras que el pobre se encuentre delante de la puerta, vivo, es posible aún que el rico se salve. Pero después que el pobre muera, muere también el único instrumento de salvación para el rico. Hoy los pobres mueren a millones, victimas de la geopolítica de los países ricos.
El pobre muere y es llevado por los ángeles al seno de Abrahán. El seno de Abrahán es la fuente de la vida, de donde nace el pueblo de Dios. Lázaro, el pobre, pertenece al pueblo de Dios, forma parte del pueblo de Abrahán del cual está excluido. puesto que estaba en la puerta del rico. El rico que piensa ser hijo de Abrahán, también él muere y es sepultado. Pero no va al seno de Abrahán, ¡porque no es hijo de Abrahán!

Lucas 16,23-26: La primera conversación entre el rico sin nombre y el padre Abrahán
La parábola es como una ventana que Jesús abre para nosotros sobre el otro lado de la vida, el lado de Dios. No se trata del cielo. Se trata del verdadero lado de la vida descubierto sólo por la fe y que el rico sin fe no percibe. La ideología dominante se lo impide. Y es solamente a la luz de la muerte, cuando la ideología se desintegra en la cabeza del rico y cuando despunta para él el verdadero valor de la vida. Por la parte de Dios, sin la ideología y la propaganda engañosa del gobierno, las suertes serán cambiadas. El rico sufre, el pobre es feliz. El rico, al ver a Lázaro en el seno de Abrahán pide que Lázaro le lleve un refrigerio a sus sufrimientos. A la luz de la muerte, el rico descubre que Lázaro es su único benefactor posible. ¡Pero ahora es ya demasiado tarde! El rico sin nombre es un judío (cristiano) “devoto”, conoce a Abrahán y lo llama Padre. Abrahán responde y lo llama hijo. Esto significa que en realidad esta parábola de Jesús va dirigida a los ricos vivos. En cuanto vivos, tienen todavía la posibilidad de convertirse en hijos de Abrahán, si abren la puerta a Lázaro, al pobre, al único que en nombre de Dios puede ayudarles. Para el rico, recluido en sus sufrimientos, la salvación consistía en una gota de agua que Lázaro podía darle. En realidad, para el rico, la salvación no consiste en que Lázaro le lleve una gota de agua para refrescarle la lengua, sino en que él mismo, el rico, abra la puerta cerrada de su casa y entre en contacto directo con el pobre. Sólo así es posible superar el gran abismo que los separa.
En la respuesta de Abrahán al rico aparece la verdad de las cuatro maldiciones: (Lc 6,24-26).
«Pero ¡ay de vosotros, los ricos!, porque habéis recibido vuestro consuelo.
¡Ay de vosotros, los que ahora estáis hartos!, porque tendréis hambre.
¡Ay de los que reís ahora!, porque tendréis aflicción y llanto.
¡Ay cuando todos los hombres hablen bien de vosotros!,
pues de ese modo trataban sus padres a los falsos profetas.
Lucas 16, 27-29: La segunda conversación entre el rico y Abrahán
El rico insiste: “Padre, te lo suplico: manda a Lázaro a casa de mi padre. Tengo cinco hermanos”. El rico no quiere que sus hermanos padezcan el mismo tormento. “¡Manda a Lázaro!”. Lázaro, el pobre, es el único verdadero intermediario entre Dios y los ricos. Pero el rico, no se ha preocupado del pobre Lázaro. Se ha preocupado de sí mismo y de sus hermanos. ¡Los pobres no le han preocupado jamás en su vida! Es como el hermano mayor de la “Parábola del Padre con dos hijos” (Lc 15,25-30). El mayor quería hacer fiesta con sus amigos, y no con su hermano que estaba perdido. La respuesta de Abrahán es clara: “Ellos tienen a Moisés y a los Profetas; ¡que lo escuchen!” ¡Tienen la Biblia! El rico tenía la Biblia. La conocía hasta de memoria. Pero no se daba cuenta que la Biblia tuviese algo que ver con los pobres a su puerta. ¡La clave con la que el rico puede entender la Biblia es el pobre sentado a su puerta!

Lucas 16,30-31: La tercera conversación entre Abrahán y el rico
El rico continúa insistiendo: “¡No, padre, pero si alguno de los muertos va a ellos, se convertirán!” El rico reconoce que se ha equivocado, porque habla de convertirse, cosa en la que jamás ha pensado en su vida. ¡Él quiere un milagro, una resurrección! Pero este tipo de resurrección no existe. La única resurrección es la de Jesucristo. Jesús resucitado viene a nosotros en la persona del pobre, del que no tiene derechos, del que no tiene tierra, del que no tiene qué comer, de quien no tiene techo, del que no tiene salud. En su respuesta final, Abrahán es breve y decidido: “Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, tampoco se convencerán si un muerto resucita”. ¡Y termina así la conversación! La clave para entender el sentido de la Biblia y de la salvación es el pobre Lázaro, sentado delante de la puerta del rico

c) Ampliando los conocimientos:

La causa del contexto social injusto en tiempos de Jesús:

En el año 64 antes de Cristo los romanos invaden la Palestina e imponen al pueblo un pesado tributo. Los historiadores calculan que más o menos la mitad del ahorro familiar se destinaba al pago de los tributos, impuestos y tasas del gobierno romano. Roma, además, hizo una reorganización geopolítica en la región. Antes de la invasión romana, toda la región, desde Tiro y Sidón hasta la frontera con Egipto, era gobernada por los asmoneos, una prolongación de los macabeos. Después de la invasión, quedaron sólo tres regiones bajo el gobierno de los judíos: La Judea, La Perea y la Galilea. Para poder tener el control de los pueblos dominados con un mínimo de sacrificio y gastos propios, los romanos querían atraerse a su favor la élite local. En el caso de la Palestina, la élite local para los romanos eran los saduceos, los ancianos, algunos publicanos y parte de los sacerdotes. Así, todo este cambio producido por la invasión romana hizo que los judíos que habitaban en otros territorios de aquella región emigrasen casi todos hacia la Judea y la Galilea. Consecuencia: la población se duplicó en Judea y Galilea y disminuyó en la mitad el ahorro familiar. Resultado: por un lado empobrecimiento progresivo, desocupación, mendicidad, pobreza extrema. Por otro, el enriquecimiento exagerado de la élite local apoyada por los romanos. El retrato fiel de esta situación está expresada en la parábola del pobre Lázaro y del rico sin piedad.

Reflexiones finales en torno a la parábola

El rico que lo tiene todo, y se encierra en sí mismo, pierde a Dios, pierde la riqueza, pierde la vida, se pierde a sí mismo, pierde el nombre, pierde todo. El pobre que no tiene nada, tiene a Dios, gana la vida, tiene nombre, gana todo. El pobre es Lázaro, es “ Dios ayuda”. Dios viene hasta nosotros en la persona del pobre, sentado a nuestra puerta, para ayudarnos a superar el abismo insuperable creado por los ricos sin corazón. Lázaro es también Jesús, el Mesías pobre y siervo, que no fue aceptado, pero cuya muerte cambió radicalmente todas las cosas. Y a la luz de la muerte del pobre, todo cambia.

El lugar del tormento es la situación de la persona sin Dios. Aunque el rico piensa que tiene religión y fe, no sabe estar con Dios, porque no abre la puerta al pobre, como hizo Zaqueo (Lc 19,1-10). 

6. Oración de un Salmo

Salmo 15(14): Señor ¿quién puede habitar en tu santuario?

Yahvé, ¿quién vivirá en tu tienda?,
¿quién habitará en tu monte santo?
El de conducta íntegra
que actúa con rectitud,
que es sincero cuando piensa
y no calumnia con su lengua;
que no daña a conocidos
ni agravia a su vecino;
que mira con desprecio al réprobo
y honra a los que temen a Yahvé;
que jura en su perjuicio y no retracta;
que no presta a usura su dinero
ni acepta soborno contra el inocente.
Quien obra así jamás vacilará. 

7. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.