I Vísperas – Todos los santos

I VÍSPERAS

TODOS LOS SANTOS

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Cuando contemplo el cielo
de innumerables luces adornado,
y miro hacia el suelo
de noche rodeado,
en sueño y en olvido sepultado;

el amor y la pena
despiertan en mi pecho un ansia ardiente;
despiden larga vena
los ojos hechos fuente,
hasta que digo al fin con voz doliente:

“Morada de grandeza,
templo de claridad y hermosura,
el alma que a tu alteza
nació, ¿qué desventura
la tiene en esta cárcel baja, oscura?

¿Qué mortal desatino
de la verdad aleja así el sentido,
qué, de tu bien divino
olvidado, perdido,
sigue la vana sombra, el bien fingido?”

El hombre está entregado
al sueño de su suerte no cuidando,
y, con paso callado,
el cielo vueltas dando
las horas del vivir le va hurtando.

¡Oh, despertad, mortales,
mirad con atención en vuestro daño!
¿Las almas inmortales,
hechas a bien tamaño,
podrán vivir de sombras y de engaño?

¡Ay! Levantad los ojos
a aquesta celestial eterna esfera;
burlaréis los antojos
de aquesta lisonjera
vida, con cuanto teme y cuanto espera.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu,
por los siglos de los siglos. Amén.

SALMO 112: ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR

Ant. Una luz sin ocaso iluminará a tus santos, Señor, y la eternidad los esclarecerá. Aleluya.

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Una luz sin ocaso iluminará a tus santos, Señor, y la eternidad los esclarecerá. Aleluya.

SALMO 147: ACCIÓN DE GRACIAS POR LA RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN

Ant. Jerusalén, ciudad de Dios, te alegrarás en tus hijos, porque todos serán bendecidos y se congregarán junto al Señor. Aleluya.

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.

Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza;

hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las aguas;
envía una orden, y se derriten;
sopla su aliento, y corren.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Jerusalén, ciudad de Dios, te alegrarás en tus hijos, porque todos serán bendecidos y se congregarán junto al Señor. Aleluya.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: LAS BODAS DEL CORDERO

Ant. Los santos cantaban un cántico nuevo ante el trono de Dios y del Cordero, y sus voces llenaban toda la tierra.

Aleluya.
La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios,
porque sus juicios son verdaderos y justos.
Aleluya.

Aleluya.
Alabad al Señor, sus siervos todos,
los que le teméis, pequeños y grandes.
Aleluya.

Aleluya.
Porque reina el Señor, nuestro Dios, dueño de todo,
alegrémonos y gocemos y démosle gracias
Aleluya.

Aleluya.
Llegó la boda del Cordero,
Su esposa se ha embellecido.
Aleluya.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Los santos cantaban un cántico nuevo ante el trono de Dios y del Cordero, y sus voces llenaban toda la tierra.

LECTURA: Hb 12, 22-24

Vosotros os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo, a millares de ángeles en fiesta, a la asamblea de los primogénitos inscritos en el cielo, a Dios, juez de todos, a las almas de los justos que han llegado a su destino y al Mediador de la nueva alianza, Jesús, y a la aspersión purificadora de una sangre que habla mejor que la de Abel.

RESPONSORIO BREVE

R/ Alégrense los justos en la presencia de Dios.
V/ Alégrense los justos en la presencia de Dios.

R/ Y rebosen de alegría.
V/ En la presencia de Dios.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Alégrense los justos en la presencia de Dios.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. A ti ensalza el glorioso coro de los apóstoles, la multitud admirable de los profetas, el blanco ejército de los mártires; todos los santos y elegidos te proclaman a una sola voz, santa Trinidad, único Dios.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. A ti ensalza el glorioso coro de los apóstoles, la multitud admirable de los profetas, el blanco ejército de los mártires; todos los santos y elegidos te proclaman a una sola voz, santa Trinidad, único Dios.

PRECES
Invoquemos con alegría a Dios, corona de todos los santos, y digámosle:

Sálvanos, Señor, por la intercesión de los santos.

Dios sapientísimo, que por medio de Cristo has constituido a los apóstoles fundamento de tu Iglesia,
— conserva a tus fieles en la doctrina que ellos enseñaron.

Tú que has dado a los mártires la fortaleza del testimonio, hasta derramar su sangre,
— haz que los cristianos testigos fieles de tu Hijo.

Tú que has dado a las santas vírgenes el don insigne de imitar a Cristo virgen,
— haz que reconozcan la virginidad a ti consagrada como una señal particular de los bienes celestiales.

Tú que manifiestas en todos los santos tu presencia, tu rostro y tu palabra,
— otorga a tus fieles sentirse más cerca de ti por su imitación.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Concede a los difuntos vivir por siempre en compañía de la bienaventurada Virgen María, de san José y de todos los santos,
— y otórganos a nosotros, por su intercesión, esa misma compañía.

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, que nos has otorgado celebrar en una misma fiesta los méritos de todos los santos, concédenos, por esta multitud de intercesores, la deseada abundancia de tu misericordia y tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 31 de octubre

1) Oración inicial

Dios todopoderoso y eterno, aumenta nuestra fe, esperanza y caridad; y, para conseguir tus promesas, concédenos amar tus preceptos. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 13,31-35
En aquel mismo momento se acercaron algunos fariseos y le dijeron: «Sal y vete de aquí, porque Herodes quiere matarte.» Él les contestó: «Id a decir a ese zorro: Yo expulso demonios y llevo a cabo curaciones hoy y mañana, y al tercer día soy consumado. Pero conviene que hoy y mañana y pasado siga adelante, porque no cabe que un profeta perezca fuera de Jerusalén.
«¡Jerusalén, Jerusalén!, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados. ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina su nidada bajo las alas, y no habéis querido! Pues bien, se os va a dejar desierta vuestra casa. Os digo que no me volveréis a ver hasta que llegue el día en que digáis:
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!»

3) Reflexión

● El evangelio de hoy nos hace sentir el contexto amenazador y peligroso en el que Jesús vivía y trabajaba. Herodes, el mismo que había matado a Juan Bautista, quiera matar a Jesús.
● Lucas 13,31: El aviso de los fariseos a Jesús. “En aquel mismo momento se acercaron algunos fariseos y le dijeron: «Sal y vete de aquí, porque Herodes quiere matarte.” Es importante notar que Jesús recibió el aviso de parte de los fariseos. Algunas veces, los fariseos están juntos con el grupo de Herodes queriendo matar a Jesús (Mc 3,6; 12,13). Pero aquí, se solidarizan con Jesús y quieren evitar el que muera. En aquel tiempo, el poder del rey era absoluto. No daba cuenta a nadie de su manera de gobernar. Herodes había matado a Juan Bautista y ahora está queriendo terminar con Jesús.
● Lucas 13,32-33: La respuesta de Jesús. “Jesús dijo: “Id a decir a ese zorro: Yo expulso demonios y llevo a cabo curaciones hoy y mañana, y al tercer día soy consumado.”. La respuesta de Jesús es muy clara y valiente. Llama a Herodes ‘zorro’. Para anuncia el Reino Jesús no depende del permiso de las autoridades políticas. Manda un recado informando que va a continuar su trabajo hoy y mañana y que seguirá hasta pasado mañana, es decir el tercer día. En esta respuesta se percibe la libertad de Jesús ante el poder que quería impedirle de realizar la misión recibida del Padre. ¡Pues, quien determina los plazos y la hora es Dios y no Herodes! Al mismo tiempo, en la respuesta se deja ver un cierto simbolismo relacionado con la muerte y la resurrección en el tercer día en Jerusalén. Es para decir que no morirá en Galilea, sino en Jerusalén, capital de su pueblo, y que resucitará el tercer día.
● Lucas 13,34-35: Lamento de Jesús sobre Jerusalén. “¡Jerusalén, Jerusalén!, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados. ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina su nidada bajo las alas, y no habéis querido” Este lamento de Jesús sobre la capital de su gente evoca la larga y triste historia de la resistencia de las autoridades a los llamamientos de Dios que les llegaban a través de los profetas y de los sabios. En otro lugar Jesús habla de los profetas perseguidos y matados desde Abel hasta Zacarías (Lc 11,51). Llegando a Jerusalén justo antes de su muerte, mirando hacia la ciudad desde lo alto del Monte de los Olivos, Jesús llora sobre ella, porque no reconoció en tiempo en que Dios vio a visitarla ” (Lc 19,44).

4) Para la reflexión personal

● Jesús califica el poder político como zorro. El poder político de tu país, ¿merece esta calificación?
● Jesús trató muchas veces de convertir a la gente de Jerusalén, pero las autoridades religiosas se resistían. Yo, ¿cuántas veces me he resistido?

5) Oración final

¡Buscad a Yahvé y su poder,
id tras su rostro sin tregua,
recordad todas sus maravillas,
sus prodigios y los juicios de su boca! (Sal 105,4-5)

La afabilidad, necesaria al cristiano (Afabilidad)

Como mejor podemos emplear la dulzura es aplicándola a nosotros mismos, sin despecharnos nunca contra nosotros y nuestras imperfecciones; pues, aunque es razonable que cuando cometemos una falta nos aflijamos y entristezcamos, sin embargo, hemos de procurar no ser víctimas de un malhumor desagradable y triste, despechado y colérico. En esto faltan muchos que se enfadan por haberse enfadado, se entristecen de haberse entristecido y se desesperan por haberse desesperado; con este sistema su corazón está sumergido en cólera, y parece que la segunda cólera arruina a la primera, de tal suerte que sirve de apertura e invitación para una nueva cólera en la primera ocasión que se presente; aparte de que estos enfados, despechos y asperezas contra uno mismo tienden al orgullo y no tienen más origen que el amor propio, que se turba e inquieta por vernos imperfectos (SAN FRANCISCO DE SALES, Introd. a la vida devota, 3, 9).

Caras largas…, modales bruscos…, facha ridícula…, aire antipático: ¿Así esperas animar a los demás a seguir a Cristo? (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino, 661).

Comentario del 31 de octubre

En cierta ocasión, nos dice san Lucas, se acercaron a Jesús unos fariseos y le dijeron: “Márchate de aquí, porque Herodes quiere matarte”. Pero, ¿acaso aquellos fariseos tenían interés por evitarle la muerte, y por eso le avisan, o era más bien que deseaban su marcha para evitarse las molestias que les generaba su presencia?

Los fariseos no eran amigos de Herodes, pero tampoco lo eran de Jesús. En cualquier caso, parecen prevenirle de las malas intenciones de este rey a quien la actividad de Jesús le traía a la memoria infaustos recuerdos de otro profeta que prefería olvidar. En su respuesta, Jesús da a entender que esos fariseos que le avisan de los propósitos de Herodes eran en realidad emisarios del mismo rey. Por eso, les dice: Id a decirle a ese zorro: “Hoy y mañana seguiré curando y echando demonios; pasado mañana llego a mi términoPero hoy y mañana, y pasado tengo que caminar, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén”¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus pollitos bajo las alas! Pero no habéis querido. Vuestra casa se os quedará vacía.

La respuesta de Jesús es contundente. Está determinado a morir; y para un hombre que se mantiene firme en su determinación de llegar hasta el final no hay obstáculo que le pueda impedir seguir caminando por la senda trazada. Ni siquiera los poderosos de este mundo lograrán que dé marcha atrás y desista de su empeño. Por eso Jesús, después de haberle calificado de zorro, les dice que le comuniquen que él seguirá haciendo lo que ha hecho hasta el momento, curar y echar demonios; y lo seguirá haciendo hasta que llegue a su término, que no es el término fijado por Herodes (el que lo busca para matarlo) o los fariseos, sino el fijado por su Padre. Además, como no cabe que ningún profeta muera fuera de Jerusalén, él seguirá caminando y misionando hasta alcanzar esa meta en la que encontrará su término.

Las palabras de Jesús revelan que era plenamente consciente de lo que le esperaba, conforme a la voluntad del Padre. Se encamina hacia Jerusalén, la ciudad que mata a los profetas, y él también es profeta, y más que profeta; por eso presiente que esa ley inexorable se cumplirá también en él. Pero no por matar a los profetas y apedrear a los que llegan a ella como enviados de Dios, Jerusalén se hará digna de su desprecio. Al contrario, merece su consideración, aunque reconoce con pena la ruina que le espera. Muchas veces ha querido reunir a sus hijos, como la gallina reúne a sus polluelos, en una sola congregación (=Iglesia), pero no se ha dejado. Son expresiones que rezuman tristeza y dejan una sensación de fracaso: ha querido, pero no ha podido; y es que no todo depende de su querer. Será el Espíritu del Resucitado el que vaya realizando esta labor de congregar a los hijos dispersos en una sola Iglesia, completando así la tarea iniciada por Jesús.

Pero, entretanto, esa casa que representa Jerusalén, la casa de Israel, se quedará vacía. En esta premonición hay una profecía de alcance desconocido. El rechazo de Jesús, el enviado de Dios a la casa de Israel, tendrá sus consecuencias; hará de ella una casa desierta, deshabitada, a semejanza de una mansión abandonada a su suerte, de la que se irán apoderando las malas hierbas, el detritus de las aves, la erosión del tiempo, el aire y el agua y la ruina progresiva. Y añade: Os digo que no me volveréis a ver hasta el día que exclaméis: “Bendito el que viene en nombre del Señor”.

Jesús anticipa ese día en que será recibido con aclamaciones y vítores a las puertas de Jerusalén como el Bendito del Señor que viene en su nombre. Será un momento de reconocimiento mesiánico que muy pronto se verá ensombrecido por gritos de condena a muerte, gritos que acabarán sofocando las aclamaciones con que le abrirán paso sus seguidores en su entrada triunfal en Jerusalén. Pero, como él mismo había predicho, si Jerusalén es la ciudad que mata a los profetas, con Jesús no iba a hacer una excepción. Jesús también sabía que al entrar en Jerusalén entraba en la ciudad donde iba a consumar su misión, donde iba a encontrar la muerte; pero esta conciencia no le impide seguir adelante en sus propósitos; al contrario, cuanto más cerca está del término, más decidido se halla de llegar hasta él. Su encomiable firmeza contrasta con nuestras vacilaciones y volubilidad.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en 
Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

Jóvenes comprometidos

168. Es verdad que a veces, frente a un mundo tan lleno de violencia y egoísmo, los jóvenes pueden correr el riesgo de encerrarse en pequeños grupos, y así privarse de los desafíos de la vida en sociedad, de un mundo amplio, desafiante y necesitado. Sienten que viven el amor fraterno, pero quizás su grupo se convirtió en una mera prolongación de su yo. Esto se agrava si la vocación del laico se concibe sólo como un servicio al interno de la Iglesia (lectores, acólitos, catequistas, etc.), olvidando que la vocación laical es ante todo la caridad en la familia, la caridad social y la caridad política: es un compromiso concreto desde la fe para la construcción de una sociedad nueva, es vivir en medio del mundo y de la sociedad para evangelizar sus diversas instancias, para hacer crecer la paz, la convivencia, la justicia, los derechos humanos, la misericordia, y así extender el Reino de Dios en el mundo.

Dios nos regala su perdón

1.- Dios, amigo de la vida. Las lecturas de este domingo son una preciosa descripción del comportamiento de Dios con la persona humana. Nos dicen que Dios ama entrañablemente todo lo que existe, porque su aliento de vida está en todas las cosas. Dios es el Amigo de la vida, que cuida de todo, ésta es la enseñanza del capítulo 11 del Libro de la Sabiduría. Necesitamos misericordia, amor, cobijo y perdón. El hombre es un ser necesitado…. El pecado es nuestra miseria. Ante tal consideración, cualquier otra forma de miseria humana pierde todo su peso. Es más, el reconocimiento de esta verdad despierta en el hombre una sed insaciable de misericordia de Dios, de amor y de salvación. El pecado precipita a la muerte. Por eso la conversión y la fe evitan el riesgo de la muerte. La conversión comienza por el cambio de mentalidad, al cual sigue un comportamiento también en consecuencia. Ese cambio de mentalidad nos conduce a salir hacia fuera, hacia más allá de nosotros mismos. Dios nos perdona, porque somos “suyos” y Él es amigo de la vida, es decir desea nuestra felicidad. El Salmo 144 subraya precisamente la misericordia de Dios: “El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad”.

2.- Zaqueo buscaba algo diferente que llenase su vida. Otra vez un publicano, en este caso con un nombre concreto, Zaqueo. Ahora no se trata de una parábola, sino de un personaje real que busca encontrarse con alguien que llene su vacío existencial. Ha oído hablar de Jesús, quiere verle en persona y no vacila en subirse a un sicómoro o higuera porque era bajo de estatura. Podemos suponer el ridículo que supondría para un personaje público el subirse a un árbol. Los publicanos se habían enriquecido a costa del pueblo oprimido por los impuestos romanos, de los cuales eran recaudadores. A los ojos del pueblo eran ladrones y al mismo tiempo traidores. Sin duda, eran personajes odiados por todos, pecadores públicos. La gente le impedía ver a Jesús, en venganza por la injusticia en la que Zaqueo colaboraba. El subirse a lo alto de una higuera refleja el primer proceso de la conversión, es similar al “se puso en camino” del hijo pródigo. Para salir del fango hay que querer salir y hacer algo, sea dar un paso o subirse a un árbol.

3.- La mirada de Jesús. Me imagino lo que pudo impresionar a Zaqueo la mirada de Jesús. Le miró con cariño, como un padre o una madre miran a su hijo rebelde. Así es Dios con nosotros, clemente, misericordioso, rico en piedad, bueno con todos, cariñoso con todas sus criaturas (Salmo 144). Dios reprende con amor, poco a poco, dando a cada uno su tiempo para que se corrija y vuelva al buen camino. Porque, como dice la lectura del Libro de la Sabiduría, Dios es “amigo de la vida” y “a todos perdona porque son suyos”. ¡Cuánto bien haría la mirada de Jesús en Zaqueo! Se sintió por primera vez en su vida amado de verdad. Y no sólo eso, Jesús le pide hospedarse en su casa. Zaqueo se sintió honrado, pero los “perfectos” criticaban que quisiera hospedarse en casa de un pecador. San Agustín comenta este detalle diciendo que “el Señor, que había recibido a Zaqueo en su corazón se dignó ser recibido en casa de él.

4. – Reorientar nuestra vida. ¿Qué pasó en el corazón de Zaqueo para que se produjera en él un cambio tan radical que estuviera dispuesto a dar la mitad de sus bienes a los necesitados? Pues, simplemente que le inundó el amor misericordioso de Jesús. Todos podemos reorientar nuestra vida. Quizá necesitamos un toque de atención, la cercanía de una mano amiga, un impacto especial o una experiencia trascendente. Hoy, Zaqueo soy yo. Pongámonos en el sitio de Zaqueo Jesús nos está llamando también a nosotros a la conversión, nos está invitando a que cambiemos radicalmente nuestra vida. No se lo neguemos, no se lo impidamos. El Señor nos propone unirnos a Él, ser sus discípulos y, a ejemplo de Zaqueo, ser capaces de despojarnos de todo lo que no nos permite vivir auténticamente como cristianos. Esta misma experiencia es la de muchos otros testigos de Jesús que, mirados por El, se convirtieron, renació su dignidad, y recuperaron la vida. Aceptemos la mirada de Jesús, dejemos que Él se tropiece con nosotros en el camino e invitémoslo a nuestra casa para que Él pueda sanar nuestras heridas y reconfortar nuestro corazón. No tengamos miedo, dejémonos seducir por el Señor, por el maestro, para confesar nuestras mentiras, arrepentirnos, expresar nuestra necesidad de ser justos, devolver lo que le hemos quitado al otro… No dudemos, Jesús nos dará la fuerza de su perdón. El Señor está con nosotros para que experimentemos su amor. Él ya nos ha perdonado, por eso es posible la conversión.

José María Martín OSA

El hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido

Entró en Jericó y andaba por la ciudad. Había allí un hombre, llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico. Intentaba ver a Jesús, pero no podía por la gente, porque era bajo de estatura. Se adelantó y se subió a un sicómoro para poder verlo, porque iba a pasar por allí. Cuando Jesús llegó al lugar, levantó los ojos y le dijo: «Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa». Bajó en seguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban y decían: «Se ha hospedado en casa de un pecador». Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: «Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres; y si he estafado a alguien, le devolveré cuatro veces más». Jesús le dijo: «Hoy ha entrado la salvación en esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán. El hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

Lucas 19, 1-10

Para meditar

El gran escándalo fue que Jesús entraba en la casa de un pecador. Y Jesús responde que el Hijo de Dios ha venido a estar con los pecadores, con los que están perdidos.

Los creyentes no somos los buenos de una peli, no somos mejores que los demás, no valemos más. Los creyentes somos seguidores de Jesús, de Dios y nuestra misión no es estar entre nosotros como un grupo de elegidos, sino estar con las personas que están perdidas, con las personas que han hecho cosas de las qu están arrepentidas, con las personas que más necesitan de la ayuda de otros.

Para hacer vida el evangelio

  • ¿Conoces a alguien que necesite en estos momentos tu ayuda? Escribe el nombre de esa persona.
  • ¿Por qué necesita esa persona tu ayuda? ¿Qué crees que te anima Dios a hacer?
  • Escribe un compromiso para ayudar a esa persona a lo largo de esta semana que viene.

Oración

A veces, Señor, me engaño
creyendo que me basta encontrarte
en el ruido,
pero la verdad es que para hablarme
al corazón
necesitas que te escuche del todo,
apartándome de lo que me distrae,
escondiéndome un poco de la actividad,
olvidando mi cabeza que te intelectualiza,
huyendo de los ocios que me entretienen,
y eligiéndote a Ti, sobre todas las cosas,
como el alimento más importante,
el lujo más exquisito y el amante
más especial.
Entonces, sólo entonces,
es cuando disfruto de la oración,
de nuestro encuentro
y de la fuerza de tu Espíritu
como impulso vital.

Zaqueo se subió al árbol

Yo, para seguirte, Señor,
para mantener fuerte mi relación contigo,
tengo que buscar una postura especial, 

tengo que elegir una actitud distinta, 
tengo que salir de la normalidad 
y retirarme contigo a un lugar tranquilo. 

Porque cuando me aparto de lo cotidiano,
para encontrarme a solas contigo, 

silenciando los ruidos exteriores 
y hasta las músicas interiores, 
es cuando consigo escuchar tu llamada, 
es cuando te oigo nombrarme 
por mi nombre, 
es cuando siento que quieres visitarme, 
tienes muchas cosas que decirme 
y un plan de vida especial que proponerme.

A veces, Señor, me engaño
creyendo que me basta encontrarte
en el ruido,
pero la verdad es que para hablarme 

al corazón 
necesitas que te escuche del todo, 
apartándome de lo que me distrae, 
escondiéndome un poco de la actividad, 
olvidando mi cabeza que te intelectualiza, 
huyendo de los ocios que me entretienen, 
y eligiéndote a Ti, sobre todas las cosas, 
como el alimento más importante, 
el lujo más exquisito y el amante 
más especial. 

Entonces, sólo entonces,
es cuando disfruto de la oración, 

de nuestro encuentro
y de la fuerza de tu Espíritu 

como impulso vital. 

Mari Patxi Ayerra 

Notas para fijarnos en el evangelio Domingo XXXI de Tiempo Ordinario

Fijémonos en Jesús para conocerlo más y amarlo mejor y seguirlo: 

• “Entró…y andaba por la ciudad” (1) , se hace el encontradizo… , pasa por donde hay personas (para darse a ellas, para traer la misericordia de Dios). 

• Toma la iniciativa y se acerca-mira a Zaqueo en medio de la muchedumbre. Así convierte en acción, una vez más, aquello que había dicho en parábola (deja a las noventa y nueve y va a buscar la perdida, Lc 15,4). 

• “Alzó los ojos” (5): mira y se interesa por los más alejados, por quien no están entre “el gentío” (3), mira los ojos de la persona concreta (llama por su nombre). Es el tú a tú el que da la Buena Noticia, el que evangeliza. Esta es la comunicación de calidad, la comunicación que recrea. 

• Su iniciativa, su llamamiento, su amistad gratuita, provoca “alegría” (6). 

• Y hace posible la trasformación de una vida destrozada por la riqueza (8). Pone en acción lo que antes había anunciado con palabras: lo imposible humanamente es posible para Dios (Lc 18,27). Recuerdo que Lucas es el evangelista que cuestiona con más claridad las riquezas, porque dificultan enormemente la salvación (9): ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo! (Lc 6,24) (Epulón y Lázaro: Lc 16,22-23; “es más fácil que entre un camello por el ojo de una aguja que… “ 18,25). 

• Su Palabra ayuda a interpretar los hechos, lo que Zaqueo está viviendo, la transforma-ción que se ha producido: “hoy ha sido la salvación de esta casa” (9-10). 

• La Palabra de Jesús manifiesta sus convicciones. La acción se convierte en Buena Noticia, Evangelio: “también éste es hijo de Abrahán” –es hijo de Dios- (9). Son las mismas convicciones del Padre. 

• Finalmente, la Palabra comunica –Buena Noticia- cuál es la misión de Jesús; misión que, antes, ya se ha hecho acto: darse a los que se han excluido o han sido excluidos (10). Esta es la opción del Padre, que lo ha ungido con el Espíritu y lo ha enviado “para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad y a los ciegos, la vista, para dar libertad a los oprimidos” (Lc 4,18). 

Miremos quién es Zaqueo y cuál es su experiencia: 

* Es “jefe de publicanos” (2), que se ha enriquecido a base de engaños (los publicanos caían fácilmente en la extorsión y en las ganancias abusivas –Lc 3,13-). Tiene fama de “pecador” (7). Es “bajo” (3), a pesar de ser muy rico . 

* Desde su realidad tiene interés en ver a Jesús (2-3). Es atraído por Jesús, y se deja seducir por Él (Jr 20,7). Sabe dónde lo puede encontrar y pone medios para verle, superando así las dificultades que tiene (4). 

* Zaqueo estaba perdido, esto es, lejos del Proyecto de Dios. Se deja tocar por aquel a quien ha acogido: recibir a Jesús en casa le transforma la vida radicalmente (8) y muestra su gran generosidad. La restitución “de los dineros” (8) la podría hacer según las disposiciones de la Ley menos exigentes: restituir lo robado … con un recargo de la quinta parte de su valor (Lv 5,21-24; Nm 5,6-7). En cambio, la hace según las prescripciones más exigentes: cuándo un hombre roba un buey o una oveja y los mata o los vende, tiene que restituir cinco bueyes por buey y cuatro ovejas por oveja” (Ex 21,37); “Pagará la oveja cuatro veces, porque no le ha dolido lo más mínimo esto que ha he-cho” (2Sam 12,6). 

* Así la transformación de Zaqueo se ha hecho al estilo de Jesús, quien se da a los pobres (10). Zaqueo se convierte en testigo de Jesús, de la fe como los pastores, María, como los Apóstoles,… ya que acogió “muy contento”, “deprisa”, “enseguida”, “hoy mismo”, la oferta de salvación. Es verdad que el puso algo de su parte: se pone en acción (se buscó un árbol), le acogió y comió con él, se arrepiente y buscó gestos de vida nueva desde lo que fue causa de su perdición (el dinero). Zaqueo hace de su vida un cántico a la misericordia de Dios (Lc 1,53). Transformación que se ha hecho al estilo de Jesús (el que se da a los pobres –10-). 

Los otros personajes: 

• La “gente” (3): cuando es despersonalizada, es un obstáculo para la relación, para el encuentro interpersonal. 

• Al ver esto, “todos murmuraban” (7): La idea de que los publicanos eran pecadores era muy común entre la población, que los despreciaba. 

• Los “pobres” (8) y los que han sido engañados por Zaqueo (8) son los destinatarios de los bienes que, ahora, Zaqueo compartirá.

Comentario al evangelio – 31 de octubre

Las postales turísticas no representan bien lo que son las grandes ciudades. En ellas aparecen sus anchas avenidas, sus parques señoriales, sus nobles edificios, sus grandes arterias que se entrecruzan y luego se pierden por el enmarañado bosque de sus barrios periféricos… Pero las ciudades, sean grandes o pequeñas, se identifican sobre todo por sus gentes. Ellas son las que otorgan calidad humana al paisaje urbano. Gentes acogedoras, simpáticas, hospitalarias…, o lo contrario.

La ciudad de Jerusalén, en tiempos de Jesús, poseía el encanto de sus edificaciones, principalmente el templo. En efecto, el templo había sido reconstruido y sólo contemplarlo producía fascinación: sus 180 columnas rematadas por capiteles corintios, sus numerosas puertas, atrios y, sobre todo, su santuario, con una colosal fachada de 30 metros de altura, adornada con mármoles y placas de oro. A todo buen israelita le entusiasmaba la idea de ir a Jerusalén, la ciudad santa. También a Jesús.

Pero Jerusalén no era sólo su templo. Lo eran sus habitantes. Y éstos, a juzgar por las palabras del Señor, eran todo menos acogedores y dignos de confianza: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían!” (Lc 13, 34). Jesús profiere este lamento sobre Jerusalén y, poco después, llora al ver la ciudad presagiando su ruina (cf. Lc 19, 41-44). Son lágrimas y lamentos que le brotan del corazón porque la ama.

Que el Hijo de Dios llore y se lamente nos desvela su condición encarnada. Es un Dios hecho hombre sensible. Ante una imagen tan humana del Hijo de Dios, ¿qué otra realidad -fuerza, poder maligno- de este mundo o de cualquier otro podrá asustarnos?

Creo que tiene mucha razón el autor de la Carta a los Romanos al recordarnos hoy que nada absolutamente podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús. Esto resulta de verdad reconfortante. ¿O no?