Comentario del 1 de octubre

Cuando se iba cumpliendo el tiempo –nos dice san Lucas-, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén

Se trata del tiempo de la misión que debe llevar a término en Jerusalén, tal como indicaban las Escrituras (profecías): No conviene que ningún profeta muera fuera de Jerusalén

En el trayecto hacia este final y principio de etapa que tiene su punto geográfico en Jerusalén, Jesús y sus acompañantes se encuentran con el rechazo de los samaritanos en una de las aldeas donde habían previsto alojarse; la razón es que se trata de unos judíos que peregrinan a Jerusalén –porque tal es su centro religioso- para cumplimentar a su Dios, y ellos, samaritanos, no quieren contactos con judíos. 

Aquel rechazo fue muy mal recibido por algunos de los discípulos que acompañaban a Jesús en su travesía. 

El evangelista señala a Santiago y a Juan. Ellos son los que le hacen a su Maestro esta propuesta: Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?

La propuesta parece desorbitada, pero es algo que ya había hecho algún profeta como Elías con los sacerdotes de Baal. Tampoco parece inspirada en la mansedumbre cristiana, sino en la venganza. 

Jesús, que sí conserva la mansedumbre frente a la contrariedad, les hace ver que ese no es el camino a seguir; se volvió expresamente a ellos y les regañó. Ese pensamiento no procedía del Dios que hace salir su sol sobre buenos y malos y manda la lluvia a justos e injustos; por eso merecía su reproche y descalificación. Y se marcharon a otra aldea, como había aconsejado el mismo Jesús.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística