Comentario Domingo XXVII de Tiempo Ordinario

Oración preparatoria

Señor Jesús, auméntame la fe, cambia mi corazón en algo tan gratuito como el Tuyo. Así… así es como sueño seguirte y en ese camino continuar más y más atento/a a la Palabra que sale de Tu boca. No me dejes, no abandones mi corazón ni mis manos, que sean algo dinámico movidos por Tu Amor. AMEN.

 

Lc 17, 5-10

««5Y dijeron los apóstoles al Señor: “Auméntanos la fe”.
6Pero dijo el Señor: “Si tuvierais una fe como un grano de mostaza, diríais a esta morera: ‘Arráncate y plántate en el mar’, y os obedecería.
7Pero ¿quién de entre vosotros, a un siervo que tiene arando o pastoreando, al regresar del campo, le dirá: ‘Pasa al instante y ponte a la mesa?’. 8¿Acaso no le dirá: ‘Prepárame algo para cenar y cíñete para servirme, y después que yo haya comido y bebido comerás y beberás tú?’. 9¿Acaso tiene que dar las gracias al siervo porque hizo lo mandado? 10Así también vosotros: cuando hagáis todo lo mandado, decid: ‘Somos unos inútiles siervos; hemos hecho lo que teníamos que hacer’”».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Con este evangelio termina la segunda etapa del camino de Jesús hacia Jerusalén. Continúa la instrucción a los discípulos, aquí presentados como “apóstoles” (algo típico de Lucas). Lucas nos sigue presentando las enseñanzas de Jesús para la vida en comunidad. Los dos primeros versículos del cap. 17 (vv. 1- 2) alertan sobre el escándalo a los “pequeños”. Los dos siguientes (vv. 3-4) enseñan la importancia de la corrección fraterna. Jesús enseña que los discípulos sean responsables, comprensivos y reconciliadores. Ahora llega nuestro evangelio (vv. 5-10), con la presencia de una fe que se hace servicio. A partir de ese momento comienza la tercera etapa del camino, mentado expresamente en Lc 17,11, donde continuará la formación de los discípulos con diversos episodios y dichos de Jesús.

 

TEXTO

El evangelio tiene dos partes:

1) La primera (vv. 5-6) está centrada en la fe: los discípulos piden a Jesús que les aumente la fe (v. 5) y Jesús les responde haciéndoles notar su poca fe y las virtualidades de la misma (v. 6).

2) La segunda (vv. 7-10) es una parábola compuesta por tres preguntas que nos invitan a reflexionar y una conclusión aplicada a los interlocutores de Jesús. Está centrada en el servicio: de un hecho cotidiano según la lógica humana, Jesús enfatiza nuestra condición de simples siervos que han de realizar “todo lo mandado”, sin esperar por ello gratificación alguna. Seguramente, en nuestra experiencia religiosa, las cosas no las hacemos con la “naturalidad” y la “gratuidad” que pide Jesús, y vivir un “cristianismo forzado” es antesala de un “ateísmo práctico”.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• No sé si el crecimiento de nuestra fe es algo que nos preocupa, ni si está en la lista de nuestras peticiones a Jesús, a Dios. Pero era algo importante para los discípulos de Jesús. La fe, confianza inquebrantable en Jesús y adhesión comprometida a su proyecto, es algo vivo y, como tal, está necesitado de atención y cuidado.

• Pero hay que contar con que nuestra fe es más que pequeña: si fuera como un grano de mostaza, ¡sería capaz de obrar cosas impresionantes! Lucas, y los demás evangelios, insisten en dos aspectos: las enormes virtualidades de la fe y, a la vez, paradójicamente, la pequeñez y fragilidad de la fe de los discípulos. Seguramente, tratan de estimular en los lectores un empeño por confiar en la enseñanza de Jesús y por entregarse decididamente a ponerla en práctica.

• Notemos el cambio que se produce en el “vosotros”: son los “señores” en el v. 7 y los “siervos” en el v. 10: en la comunidad cristiana los “señores” deben servir, y hacerlo gratuitamente y por entero; o, si se quiere, servir nos hace “señores”, nos da la verdadera categoría de discípulos, pues es la marca característica del discipulado, a imagen de Jesús (“Siendo de condición divina, se despojó de sí mismo, tomando condición de esclavo”: Flp 2,6-7). Repasemos nuestra vida de servicio en la comunidad, en la familia, en la sociedad: a quién servimos, cuánto, cómo, de qué manera.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?