Vísperas – San Francisco de Asís

VÍSPERAS

SAN FRANCISCO DE ASÍS, diácono

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

<

p style=»text-align:justify;»>Omnipotente, altísimo, bondadoso Señor,
tuyas son la alabanza, la gloria y el honor;

tan sólo tú eres digno de toda bendición,

y nunca es digno el hombre de hacer de ti mención.

Loado seas por toda criatura, mi Señor,
y en especial loado por el hermano sol,
que alumbra, y abre el día, y es bello en su esplendor,
y lleva por los cielos noticia de su autor.

Y por la hermana luna, de blanca luz menor,
y las estrellas claras, que tu poder creó,
tan limpias, tan hermosas, tan vivas como son,
y brillan en los cielos: ¡loado, mi Señor!

Y por la hermana agua, preciosa en su candor,
que es útil, casta, humilde: ¡loado, mi Señor!
Por el hermano fuego, que alumbra al irse el sol,
y es fuerte, hermoso, alegre: ¡loado, mi Señor!

Y por la hermana tierra, que es toda bendición,
la hermana madre tierra, que da en toda ocasión
las hierbas y los frutos y flores de color,
y nos sustenta y rige: ¡loado, mi Señor!

Y por los que perdonan y aguantan por tu amor
los males corporales y la tribulación:
¡felices los que sufren en paz con el dolor,
porque les llega el tiempo de la consolación!

Y por la hermana muerte: ¡loado, mi Señor!
Ningún viviente escapa a su persecución;
¡ay si en pecado grave sorprende al pecador!
¡Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!

¡No probarán la muerte de la condenación!
Servidle con ternura y humilde corazón.
Agradeced sus dones, cantad su creación.
Las criaturas todas, load a mi Señor. Amén.

SALMO 114: ACCIÓN DE GRACIAS

Ant. Arranca, Señor, mi alma de la muerte, mis pies de la caída.

Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.

Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
«Señor, salva mi vida.»

El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando y sin fuerzas, me salvó.

Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno contigo:
arrancó mi alma de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.

Caminaré en presencia del Señor
en el país de la vida.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Arranca, Señor, mi alma de la muerte, mis pies de la caída.

SALMO 120: EL GUARDIÁN DEL PUEBLO

Ant. El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel.

El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.

El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

LECTURA: Rom 8, 28-30

Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien; a los que ha llamado conforme a su designio. A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo, par que él fuera el primogénito de muchos hermanos. A los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor es justo y ama la justicia.
V/ El Señor es justo y ama la justicia.

R/ Los buenos verán su rostro.
V/ Y ama la justicia.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor es justo y ama la justicia.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo; porque yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo; porque yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús.

PRECES

Pidamos a Dios, de toda santidad, que, con la intercesión y el ejemplo de los santos, nos impulse a una vida santa, y digamos:

Haznos santos, Señor, porque tú eres santo.

<

p style=»text-align:justify;»>Padre santo, que has querido que nos llamemos y seamos hijos tuyos,

— haz que la iglesia santa, extendida por los confines de la tierra, cante tus grandezas.

<

p style=»text-align:justify;»>Padre santo, que deseas que vivamos de una manera digna, buscando siempre tu beneplácito,

— ayúdanos a dar fruto de buenas obras.

Padre santo, que nos reconciliaste contigo por medio de Cristo,
— guárdanos en tu nombre, para que todos seamos uno.

<

p style=»text-align:justify;»>Padre santo, que nos convocas al banquete de tu reino,

— haz que, comiendo el pan que ha bajado del cielo, alcancemos la perfección del amor.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

<

p style=»text-align:justify;»>Padre santo, perdona a los pecadores sus delitos,

— y admite a los difuntos en tu reino, para que puedan contemplar tu rostro.

Confiemos nuestras súplicas a Dios, nuestro padre, terminando esta oración con las palabras que el Señor nos enseñó:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso, que otorgaste a san Francisco de Asís la gracia de asemejarse a Cristo por la humildad y la pobreza, concédenos caminar tras sus huellas, para que podamos seguir a tu Hijo y entregamos a ti con amor jubiloso. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 4 de octubre

Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

¡Oh Dios!, que manifiestas especialmente tu poder con el perdón y la misericordia; derrama incesantemente sobre nosotros tu gracia, para que, deseando lo que nos prometes, consigamos los bienes del cielo. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 10,13-16
En aquel tiempo Jesús dijo:«¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que, sentados con sayal y ceniza, se habrían convertido. Por eso, en el Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras. Y tú, Cafarnaún, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás! «Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; y quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado.»

3) Reflexión

● El evangelio de hoy da continuidad al envío de los setenta y dos discípulos y discípulas (Lc 10,1-12). Al final de este envío Jesús decía que había que sacudirse el polvo de los zapatos cuando los misioneros no fueran recibidos (Lc 10,10-12). El evangelio de hoy acentúa y amplía las amenazas a los que no aceptan recibir la Buena Noticia.
● Lucas 10,13-14: Ay de ti Corazón y Betsaida. El espacio por donde Jesús anduvo durante aquellos tres años de su vida misionera era pequeño. Abarcaba unos pocos kilómetros cuadrados a lo largo del Mar de Galilea alrededor de las ciudades de Cafarnaún, Betsaida y Corazín. Fue en este espacio tan pequeño que Jesús realizó la mayor parte de sus discursos y milagros. El vino a salvar a la humanidad entera, y casi no salió del limitado espacio de su tierra. Trágicamente, Jesús tuvo que constatar que la gente de aquellas ciudades no quiso aceptar el mensaje del Reino y no se convirtió. Las ciudades se encerraron en la rigidez de sus creencias, tradiciones y costumbres y no aceptaron la invitación de Jesús para mudar de vida. “¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que, sentados con sayal y ceniza, se habrían convertido.” Jesús compara las dos ciudades con Tiro y Sidón que, en el pasado, fueron enemigos temibles de Israel, maltrataron al pueblo de Dios. Por eso, fueron maldecidas por los profetas (Is 23,1; Jr 25,22; 47,4; Ez 26,3; 27,2; 28,2; Jl 4,4; Am 1,10). Y ahora, Jesús dice que estas mismas ciudades, símbolos de toda la maldad hecha al pueblo en el pasado, se hubieran convertido si hubieran acontecido tantos milagros como en Corazón y en Betsaida.
● Lucas 10,15: ¡Ay de ti Cafarnaún! “Y tú, Cafarnaún, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás! Jesús evoca la condena que el profeta Isaías lanzó contra Babilonia. Orgullosa y prepotente, Babilonia pensaba: ”Voy a subir hasta el cielo, y levantaré mi trono encima de las estrellas de Dios; me sentaré en la montaña donde se reúnen los dioses, allá donde el Norte se termina; subiré a la cumbre de las nubes, seré igual al Altísimo» (Is 14,13-14). ¡Pensaba! Pero se engañaba de lo lindo. Aconteció lo contrario. Dice el profeta: “Mas, ¡ay! has caído en las honduras del abismo, en el lugar adonde van los muertos” (Is 14,15). Jesús compara Cafarnaún a esta terrible Babilonia que destruyó la monarquía y el templo y llevó al pueblo al cautiverio del cual no se recupero nunca jamás. Al igual que Babilonia, Cafarnaún pensaba ser algo, pero fue a parar en la sima del infierno. El evangelio de Mateo compara Cafarnaún con la ciudad de Sódoma, símbolo de la peor perversión, que fue destruída por la ira de Dios (Gén 18,16 a 19,29). Sódoma se hubiese convertido si hubiese visto los milagros que Jesús hizo en Cafarnaún (Mt 11,23-24). Hoy sigue la misma paradoja. Muchos de nosotros, que somos católicos desde la infancia, tenemos tantas convicciones consolidadas, que nadie es capaz de convertirnos. Y en algunos lugares, el cristianismo, en vez de ser fuente de cambio y de conversión, se ha vuelto el reducto de las fuerzas más reaccionarias de la política del país.
● Lucas 10,16: Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; y quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado. La frase acentúa la identificación de los discípulos con Jesús en cuanto rechazado por las autoridades. En Mateo la misma frase de Jesús colocada en otro contexto, acentúa la identificación de los discípulos con Jesús en cuanto acogido por el pueblo (Mt 10,40). Tanto en el uno como en el otro caso, es en la entrega total que los discípulos se identifican con Jesús y que se realiza su encuentro con Dios, y que Dios se deja encontrar por aquel que le busca.

4) Para la reflexión personal

● Mi ciudad y mi país, ¿merecen la advertencia de Jesús contra Cafarnaún, Corazín y Betsaida?
● ¿Cómo me identifico con Jesús?

5) Oración final

Guárdame, oh Dios, que en ti me refugio.
Digo a Yahvé: «Tú eres mi Señor,
mi bien, nada hay fuera de ti».
Yahvé es la parte de mi herencia y de mi copa,
tú aseguras mi suerte. (Sal 16,1-2,5)

Comentario del 4 de octubre

En la predicación de Jesús no hay sólo palabras amables, aunque haya siempre buena noticia; también hay recriminaciones que recaen sobre enteras poblaciones en las que el Salvador se ha volcado con abundancia de dones sin obtener una respuesta adecuada. Es precisamente esta falta de respuesta ante su llamada a la conversión la que le hace reaccionar de este modo. La ingratitud acaba haciéndose merecedora de la maldición.

Corazaín y Betsaida eran aldeas próximas a Cafarnaún, la ciudad más populosa de aquel entorno geográfico de la región de Galilea, en la ribera del lago de Genesaret. Jesús parece haber iniciado aquí su actividad misionera. Son poblaciones en las que el profeta de Nazaret ha concentrado muchos esfuerzos y desplegado muchas energías: ciudades donde ha hecho casi todos sus milagros, obteniendo, sin embargo, escasos resultados, es decir, pocas adhesiones: ni se han dejado mover por sus palabras, ni por sus milagros. Seguía haciéndose realidad aquello de que nadie es profeta en su tierra. Y es esta falta de respuesta la que le hace clamar: ¡Ay de ti, Corazaín; ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, vestidos de sayal y sentados en la ceniza. Por eso el juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras.

Parece como si Jesús concediera a ciudades paganas como Tiro y Sidón mayor capacidad de conversión que a esas ciudades judías que han sido objeto de su predilección y preferencia, que no son sino el reflejo de la predilección del mismo Dios. Como ponen de manifiesto los datos evangélicos, Jesús acusó esta falta de respuesta por parte de ese pueblo que era el suyo, aquel al que él pertenecía por razón del nacimiento y al que había sido enviado en primer término, haciendo de este pueblo (el elegido) el inmediato destinatario de la Buena Noticia de la salvación. Y de tal manera acusa esta falta de respuesta que se permite compararles con ciudades como las fenicias Tiro y Sidón que, aun siendo paganas, estarían en mejor disposición de responder a la siembra de su mensaje.

Por eso se harán dignas de un juicio más benigno en su día. Pues el juicio será universal, pero para unos será más llevadero que para otros. Todos, tanto judíos como paganos y cristianos, hemos de comparecer en este juicio, porque todos tenemos capacidad para responder, dado que somos responsables, de unos bienes que nos han sido entregados con la vida para ser administrados. Y al responsable le toca responder de tales bienes ante su Dueño y Señor.

Tampoco Cafarnaún escapa a la recriminación: ¿Piensas escalar el cielo? –le dice Jesús dirigiéndose a ella-. Bajarás al abismo. Y la versión de san Mateo añade: Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy. De nuevo invoca Jesús los milagros como motivo de credibilidad. Los ha hecho para eso, para despertar actos de fe y de adhesión; pero hasta acciones tan maravillosas y extraordinarias como éstas han resultado infructuosas. Esta esterilidad dice mucho de la cerrazón e ingratitud de ese pueblo colmado de las bendiciones de Dios, pero incapaz de reconocerlas. Realmente se ha convertido en un terreno estéril y baldío. Por eso merece la maldición de su benefactor.

No obstante, esa maldición no es la que recae sobre la serpiente del paraíso; aquí la maldición tiene el aspecto de un aviso saludable; porque, de mantenerse en esa actitud, tendrán el juicio que merece su incredulidad, un juicio más riguroso que el de los mismos incrédulos (= paganos), pues al que mucho se le dio más se le exigirá. Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy. Sodoma, la ciudad arrasada por el fuego, no se sobrepuso a su catástrofe, no duró hasta hoy. Tampoco las ciudades galileas de Corazaín, Betsaida y Cafarnaún han durado hasta hoy. De Cafarnaún sólo quedan algunas ruinas, y de las otras dos ni eso, sólo quedan noticias de sus enclaves.

El pasaje de san Lucas se cierra con una frase que resalta la figura del mediador: Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado. Todo lo que sale de Dios pasa por mediaciones sucesivas, y mediaciones humanas. Es similar al tránsito que tiene que hacer un objeto extraterrestre para llegar a la tierra, que en su recorrido debe atravesar la atmósfera protectora que la envuelve y adecuarse a su lugar de misión y destino. La misma condición humana del Hijo de Dios, su naturaleza psico-somática, ya es una mediación a través de la cual nos llega la palabra y la acción del Padre. A ésta se unirá la mediación de su Iglesia (apóstoles y enviados) a lo largo de los siglos. La mediación nos permite enlazar con el origen del que proceden los bienes transmitidos y mediados.

Por eso, el que escucha a un enviado (= apóstol) de Cristo, es decir, a uno que habla en su nombre, escucha al mismo Cristo; y el que lo rechaza (porque no lo escucha), rechaza al mismo Cristo, su representado. Pero Cristo, en cuanto Hijo y Enviado, no es todavía el origen de ese bien. El principio sin principio es sólo el Padre. El rechazo de Jesús, Hijo y Enviado, del Padre, es rechazo del mismo Padre que está en el principio de todos los envíos y mediaciones. Por eso, la escucha o el rechazo de cualquier enviado (de Dios) afecta o remite, en virtud de la mediación o de la representación, al principio del que deriva ese envío o palabra, es decir, a Dios mismo como principio, al Padre.

Si aquellas ciudades ingratas a su actividad salvífica merecieron oír de labios de Jesús palabras de condena, también nosotros podemos merecerlas en razón de nuestra indiferencia y laxitud a los avisos saludables de sus enviados, que siguen haciéndonos llegar todavía hoy el mensaje que Dios tiene reservado para cada uno de nosotros.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en 
Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

141. Pero en contra de los sueños que movilizan decisiones, siempre «existe la amenaza del lamento, de la resignación. Esto lo dejamos para aquellos que siguen a la “diosa lamentación” […]. Es un engaño: te hace tomar la senda equivocada. Cuando todo parece paralizado y estancado, cuando los problemas personales nos inquietan, los malestares sociales no encuentran las debidas respuestas, no es bueno darse por vencido. El camino es Jesús: hacerle subir a nuestra barca y remar mar adentro con Él. ¡Él es el Señor! Él cambia la perspectiva de la vida. La fe en Jesús conduce a una esperanza que va más allá, a una certeza fundada no sólo en nuestras cualidades y habilidades, sino en la Palabra de Dios, en la invitación que viene de Él. Sin hacer demasiados cálculos humanos ni preocuparse por verificar si la realidad que los rodea coincide con sus seguridades. Remen mar adentro, salgan de ustedes mismos»[77].


[77] Encuentro con los jóvenes en Cagliari (22 septiembre 2013): AAS 105 (2013), 904-905.

Misa del domingo: misa con niños

1. MONICIÓN DE ENTRADA

Muy buenos días a todos. ¡Sed bienvenidos a la mesa del Señor! Cada Eucaristía, por si lo olvidamos, es un aperitivo de lo que nos espera en el cielo.

El Día del Señor pone en el horizonte de nuestra vida, de cada semana a DIOS. ¿Seremos capaces de no dejarlo arrinconado el resto de los días?

Os invitamos, además, a que dejemos todas nuestras preocupaciones en la calle. Ahora brindemos esta escasa media hora al Señor. Un Señor que nos da el tiempo, la riqueza, la sabiduría y los medios materiales para vivir en la tierra.

Iniciamos esta celebración cantando.

(Se puede traer un cartel donde ponga: “Señor; Tú eres nuestra riqueza”)

2. PENITENCIAL

1.- Por buscar con más interés lo que produce gozo y placer. Señor ten piedad (se puede enseñar una cartulina con diferentes anuncios)

2.- Por olvidar las necesidades de los demás. Cristo ten piedad (se puede mostrar el rostro de un pobre)

3.- Por ser egoístas y despreocuparnos de crecer en el conocimiento de Jesús. Señor ten piedad (se puede presentar un interrogante ¿Dios?)

3. MONICIÓN A LAS LECTURAS

Al escuchar las lecturas de este domingo sería bueno que recordásemos algunas cosas:

Primero: Quien vive de espaldas a Dios, puede llegar a olvidar a todos los que le rodean

Segundo: La caridad, el ser desprendidos, es una bandera de los que pertenecemos al grupo de Jesús

Tercero: La riqueza bien empleada es buena. Pero cuando nos centramos sólo en ella, puede llevarnos a un olvido de Dios.

Escuchemos atentamente.

4. ORACIÓN DE LOS FIELES

1.- Por la Iglesia. Para que a pesar de las dificultades para hacer presente a Cristo en los corazones de los hombres, no se canse nunca de insistir y de llamar al encuentro con Dios. Roguemos al Señor.

2.- Por todos los políticos; para que dejen a un lado sus diferencias y trabajen por fomentar una justa distribución de la riqueza en el mundo. Roguemos al Señor.

3.- Por todos los que estamos en esta Eucaristía. Para que nos quitemos el barro que nos impide ver a Dios en medio de nosotros. Para que el afán de tener no sea más grande que el de creer. Roguemos al Señor.

4.- Por todos los niños y jóvenes; para que no se dejen engañar por los falsos anuncios que nos dicen que en el mundo sólo vale y existe o que se ve y se toca. Roguemos al Señor.

5. OFRENDAS

1.- Con estas manos abiertas queremos expresar, Señor, nuestro deseo de poner al servicio de los demás parte de lo que somos y tenemos. (Unas manos abiertas)

2.- Con estos ladrillos queremos simbolizar el obstáculo que nos trae el acaparar y el poner la atención en el dinero. Que la FE nos ayude a romper con todo aquello que nos aleja de Dios.

3.- Con el pan y el vino, esfuerzo y conquista de toda la semana, llevamos hasta el altar nuestro deseo de querer alimentar nuestra vida con la presencia de Jesús muerto y resucitado.

6. ORACIÓN FINAL

Si me intereso sólo por las cosas,
que no me olvide de Ti, Señor
Si me olvido de los demás,
ablanda mi corazón, Señor
Si no miro al cielo,
háblame para que levante mis ojos
Si doy la espalda a la tierra,
grítame desde el rostro de las personas
Si sólo confío en el dinero
recuérdame que en el cielo no sirve de nada
Si doy migajas de mi fortuna
dame una mano más generosa
Amén.

La misa del domingo

XXVII Tiempo Ordinario. Ciclo C
6 de octubre de 2019 Lc 17, 5-10

En el evangelio de este domingo podemos diferenciar bien dos partes: la petición de los discípulos a Jesús para que aumente su fe y la impactante parábola del siervo inútil. Entre ambas existe una profunda relación. Vamos a ello.

“Auméntanos la fe”

Los discípulos piden a Jesús más fe y parece que Jesús en lugar de darles soluciones se pone a regañarlos: “si tuvierais fe…”

Jesús compara la fe con un diminuto grano de mostaza. Si tuviéramos un poco de fe, seríamos capaz de lo imposible: que una morera se plante en el mar…

Parece un ejemplo muy exagerado, pero nos ayuda a entender que es la fe, la confianza en Jesús, la que nos posibilita vivir en su presencia en este mundo.

La fe es un don que supone confiar en la fuerza de Dios. Por eso los discípulos la piden a Jesús. Nadie puede darse la fe a sí mismo, siempre es un don, un regalo inmerecido.

Auméntanos la fe para descubrirte en nuestras oscuridades, en la frágil vida de los hombres, en nuestra Iglesia.

“Somos unos pobres siervos”

En esta parábola del esclavo, que hace lo que tiene que hacer sin ningún derecho a reclamar agradecimientos o recompensas está reflejando la gratuidad de Dios.

La vida cristiana no se puede plantear con afán de recompensa. A veces esperamos una respuesta similar a cada uno de nuestros pequeños gestos de amor…

“Somos unos pobres siervos” podría parecer la respuesta del que es débil o con baja
autoestima. Sin embargo, refleja la actitud del discípulo a quien Jesús previene contra la vanidad, el narcisismo o el propio interés.

Cuando hacemos algo por alguien, la mayor alegría está en el mismo amor que le hemos dado.

Conclusión

Relacionando las dos partes del texto de hoy, podemos decir que el aumento de fe que pedían los discípulos solo puede venir por asumir la vida del siervo en servicio humilde y gratuito.

Con frecuencia, nos quejamos porque nos toca hacer cosas que no queremos, porque otros no hacen lo que nosotros, porque yo siempre, porque nadie me reconoce… “Somos siervos inútiles y hacemos lo que tenemos que hacer…”

Me gusta mucho la canción de Maite Lopez, “Amando hasta el extremo”. En un momento de la letra toma la palabra Jesús y afirma: “Yo, el maestro y el Señor ya no puedo amaros más, pues como el padre me ha amado así os he amado yo”.

A nosotros nos toca seguir amando, esa es nuestra tarea, nuestra misión. Nuestra referencia absoluta en el servicio no es lo que hacen los demás, sino lo que ha hecho Cristo. Él sí puede decir “ya no puedo amaros más”. Nosotros seguimos acercándonos a Él, amando a los demás… ¿Hasta dónde?

Sergio Huerta, sdb

El Dios de las cosas pequeñas (Oración)

EL DIOS DE LAS COSAS PEQUEÑAS

Un día más vienes a encontrarte con Jesús. Hoy la oración te va ayudar a descubrir las cosas pequeñas, porque la fe tiene que ver con cosas muy sencillas que a veces parecen poco importantes. Tanto que ni nos damos cuenta, pero que son muy necesarias. Ya lo verás.

La lectura es una adaptación del evangelio de Lucas (Lc 17, 5-10):

Un día los amigos de Jesús le dijeron: «Oye, Jesús, ¿puedes hacer que tengamos un poco más de fe?» Lo decían porque a veces ellos también tenían dudas, y preguntas, y no lo entendían todo.

Entonces Jesús les dijo: «Mirad, basta con un poco de fe. Si tuvierais fe como un granito de mostaza haríais cosas admirables. La semilla de mostaza es muy pequeña, y sin embargo da un árbol muy grande. Pues la fe es igual. Basta creer un poco y todo cambia».

También les dijo que la fe es obedecer a Dios, sin presumir por ello ni exigir nada. Decía: «Es como un trabajador. Hace su trabajo, y no espera que le estén aplaudiendo por ello, porque es su trabajo. Pues vosotros igual. Cuando hagáis lo que yo os digo, no es para que os aplauda. Es porque es lo mejor para vosotros».

A lo mejor no conoces la semilla de mostaza. Es muy pequeña, como una lenteja pequeña. Pero luego da un árbol muy grande. Lo que hoy nos dice Jesús es que la fe empieza en las cosas pequeñas. Vamos a pensar juntos en cosas pequeñas que a lo mejor ni nos damos cuenta, pero que son en realidad muy grandes.

Cuando estoy triste, mi padre y mi madre me consuelan y me dan un mimo o una caricia. Cuando paso un rato con mis amigos, y podemos reírnos y disfrutar juntos… Cuando siento que aunque, me halla equivocado, Dios me perdona. Cuando digo una palabra amable a alguien que nadie cuida.

Todos esos son ejemplos de cosas que, en apariencia, son pequeñas, pero son muy importantes porque hacen que la vida sea mejor. Dios es así. Es el Dios de las cosas pequeñas, que es tan pequeño dentro de cada uno que es invisible. Y sin embargo da muchos frutos. Así es el Reino de Dios.

Como un tesoro escondido en un campo
que quien lo encuentra alegre se va.
Como la perla más grande y hermosa,
¡así es el Reino de Dios!

Como el granito de aquella mostaza
que crece y crece hasta un nido acoger,
como el pan sube con la levadura,
¡así es el Reino de Dios!

POCO A POCO, SIN QUE SE NOTE,
SU REINO CRECE PARA LLENAR
LOS CORAZONES DE LOS SENCILLOS
DE PLENA FELICIDAD.
POCO A POCO, SIN QUE SE NOTE,
SI TÚ LO ENCUENTRAS, FELIZ SERÁS
PORQUE EN SU REINO LOS MÁS PEQUEÑOS
TIENEN LA PRIORIDAD. (2)

POCO A POCO, SIN QUE SE NOTE,
SU REINO CRECE PARA LLENAR
LOS CORAZONES DE LOS SENCILLOS
DE PLENA FELICIDAD, DE PLENA FELICIDAD, DE PLENA FELICIDAD.

El Reino de Dios interpretado por Ain Karem, «Fuego en las entrañas.»

La prueba de que todo esto que te he dicho es verdad es que la historia de Jesús es la historia de muchas personas pequeñas haciendo cosas grandes. Tan grandes que son increíbles. Como María, que era tan solo una chica de un pueblo pequeño, pero que sin embargo gracias a ella cambio todo. Le pido a María que también yo sea capaz de hacer grande lo pequeño.

Dios te salve María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita tú eres,
entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María,
Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.

Comentario al evangelio – 4 de octubre

El calendario litúrgico ha querido hacernos coincidir en esta semana varios pasajes evangélicos centrados en la pequeñez de un niño como modelo de vida cristiana; y a la vez, ha querido mostrarnos testigos diversos (muy distintos!) que entre otras cosas, tienen en común su pasión misionera por extender el Evangelio y su convencimiento interior por vivir sencilla y humildemente. Teresa de Liseaux, Francisco de Borja y, hoy, Francisco de Asís. Sin duda, el más universal y representativo signo de la pobreza y la sencillez, no solo para los creyentes sino para todo el mundo. Francisco fue más que pequeño: ¡quiso ser menor!, siempre menos que…

Cuentan de Francisco, que allá por el año 1208, recién terminada la reparación de la iglesia de San Damián, solía vestir con túnica, sandalias, cinturón de cuero y bastón; usaba alforja y recibía limosnas, hasta que un día, en misa, oyó el pasaje evangélico de hoy y exclamó: «Eso es lo que buscaba, y lo que quiero practicar con todo mi corazón», y se desnudó de nuevo. En adelante no quiso tener nada más.

De vez en cuando la Historia nos regala personas que hacen realidad lo que muchos soñamos o teorizamos. Francisco vivió la pobreza y sencillez del Evangelio de una manera tan real, que parece no imitable. Quizá es don particular de Dios a Francisco y en él, a la Iglesia y al mundo. Pero a nosotros, al menos, sí puede Dios ayudarnos alimentando nuestro deseo, nuestra fe y nuestra esperanza de vivir en semejante desnudez (más allá de los bienes materiales). ¡Poneos en camino!, dice Jesús en el Evangelio de hoy; quizá esa se la clave. ¡No estéis quietos!, sois enviados, id desnudos, sin historias ni complicaciones ni ambiciones extrañas… sin nada. Porque una tentación es que, al ver que no somos Francisco y que no dejamos la alforja ni las sandalias…, dejemos de preguntarnos cada día por nuestra particular desnudez, pobreza, sencillez, disponibilidad evangélica. En medio del mundo, como corderos en medio de lobos, y aún así, desnudos, sin nada. Siempre menores y diciendo con la vida: qué cerca está el reino de Dios!