Vísperas – Miércoles XXVIII de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

MIÉRCOLES XXVIII DE TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

<

p style=»text-align:justify;»>Todo en estado de oración parece.

La santidad, que empapa todo el aire,
rebosa de los cielos como de ánfora,
y se filtra en las venas del deseo.

<

p style=»text-align:justify;»>Todo sube en afán contemplativo,

como a través de transparencia angélica,
y lo más puro que hay en mí despierta,
sorbido por vorágine de altura.

Tiene alas la tarde, unción y llama.
Todo yo en la plegaria he naufragado;
se levantan mis manos como lámparas;
por el silencio, el corazón respira.

<

p style=»text-align:justify;»>Se ha encendido el crepúsculo en mi frente,
y la lumbre de Dios transe mi carne.

Gloria al Padre, y al Hijo. y al Espíritu,

por los siglos de los siglos. Amén.

SALMO 138: DIOS ESTÁ EN TODAS PARTES Y LO VE TODO

Ant. Señor, tu saber me sobrepasa

Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.

No ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes toda.
Me estrechas detrás y delante,
me cubres con tu palma.
Tanto saber me sobrepasa;
es sublime, y no lo abarco.

¿Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;

si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
me agarrará tu derecha.

Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra,
que la luz se haga noche en torno a mí»,
ni la tiniebla es oscura para ti,
la noche es clara como el día.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Señor, tu saber me sobrepasa

SALMO 138

Ant. Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta.

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias,
porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma,
no desconocías mis huesos.

Cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra,
tus ojos veían mis acciones,
se escribían todas en tu libro;
calculados estaban mis días
antes que llegase el primero.

¡Qué incomparables encuentro tus designios,
Dios mío,, qué inmenso es su conjunto!
Si me pongo a contarlos, son más que arena;
si los dos por terminados, aún me quedas tú.

Señor, sondéame y conoce mi corazón,
ponme a prueba y conoce mis sentimientos,
mira si mi camino se desvía,
guíame por el camino eterno.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Por medio de él fueron creadas todas las cosas, y todo se mantiene en él.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Por medio de él fueron creadas todas las cosas, y todo se mantiene en él.

LECTURA: 1Jn 2, 3-6

En esto sabemos que conocemos a Cristo: en que guardamos sus mandamientos. Quien dice: “Yo lo conozco”, y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero quien guarda su palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud. En esto conocemos que estamos en él. Quien dice que permanece en él debe vivir como vivió él.

RESPONSORIO BREVE

R/ Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.
V/ Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.

R/ A la sombra de tus alas escóndenos.
V/ Como a las niñas de tus ojos.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Haz, Señor, proezas con tu brazo: dispersa a los soberbios y enaltece a los humildes.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Haz, Señor, proezas con tu brazo: dispersa a los soberbios y enaltece a los humildes.

PRECES

Aclamemos, alegres, al Padre, cuya bondad para con su pueblo es más grande que los cielos, y digámosle:

Alégrense todos los que esperan en ti, Señor.

<

p style=»text-align:justify;»>Acuérdate, Señor, que enviaste tu Hijo al mundo, no para condenarlo, sino para salvarlo;

—haz que su muerte gloriosa nos traiga la salvación.

<

p style=»text-align:justify;»>Tú que hiciste a tus sacerdotes ministros de Cristo y dispensadores de tus misterios,

—concédeles un corazón leal, ciencia y caridad.

<

p style=»text-align:justify;»>Haz que los que has llamado a la castidad perfecta por el reino de los cielos

—sigan con fidelidad a tu Hijo.

<

p style=»text-align:justify;»>Tú que, en el principio, creaste hombre y mujer,

—guarda a todas las familias unidas en el verdadero amor.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que enviaste a Jesucristo al mundo para salvar a los pecadores,
—concede a todos los difuntos el perdón de sus faltas.

Todos juntos, en familia, repitamos las palabras que nos enseñó Jesús y oremos al Padre, diciendo:
Padre nuestro…

ORACION

Acuérdate, Señor, de tu misericordia y, ya que a los hambrientos los colmas de bienes celestiales, socorre nuestra indigencia con la abundancia de tus riquezas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 16 de octubre

Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Te pedimos, Señor, que tu gracia continuamente nos preceda y acompañe, de manera que estemos dispuestos a obrar siempre el bien. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 11,42-46
Pero, ¡ay de vosotros, los fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, y dejáis a un lado la justicia y el amor a Dios! Esto es lo que había que practicar, aunque sin omitir aquello.¡Ay de vosotros, los fariseos, que amáis el primer asiento en las sinagogas y que se os salude en las plazas! ¡Ay de vosotros, pues sois como los sepulcros que no se ven, sobre los que andan los hombres sin saberlo!»
Uno de los legistas le respondió: «¡Maestro, diciendo estas cosas también nos injurias a nosotros!» Pero él dijo: «¡Ay también de vosotros, los legistas, que imponéis a los hombres cargas intolerables, y vosotros no las tocáis ni con uno de vuestros dedos!

3) Reflexión

• En el Evangelio de hoy sigue la relación conflictiva entre Jesús y las autoridades religiosas de la época. Hoy, en la Iglesia, se vive el mismo conflicto. En una determinada diócesis, el obispo convocó a los pobres a que participaran activamente. Ellos escucharon las peticiones y muchos de ellos empezaron a participar. Surgió un serio conflicto. Los ricos decían que habían sido excluidos y algunos sacerdotes empezaron a decir: “¡El obispo hace política y olvida el evangelio!”
• Lucas 11,42: “Pero, ¡ay de vosotros, los fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, y dejáis a un lado la justicia y el amor a Dios! Esto es lo que había que practicar, aunque sin omitir aquello.”. Esta crítica de Jesús contra los líderes religiosos de aquella época puede ser repetido contra muchos líderes religiosos de los siglos siguientes, hasta hoy. Muchas veces, en nombre de Dios, insistimos en detalles y olvidamos la justicia y el amor. Por ejemplo, el jansenismo volvió árida la vivencia de la fe, insistiendo en observancias y penitencias que desviaban a la gente del camino de amor. La hermana carmelita Santa Teresa de Lisieux se crió en ese ambiente jansenista que caracterizaba a Francia hacia los finales del siglo XIX. Fue a partir de una dolorosa experiencia personal, que ella supo recuperar la gratuidad del amor de Dios como una fuerza que tiene que animar por dentro la observancia de las normas. Pues, sin la experiencia del amor, las observancias hacen de Dios un ídolo.
La observación final de Jesús decía: “No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Os lo aseguro: mientras duren el cielo y la tierra, no dejará de estar vigente ni una i ni una tilde de la ley sin que todo se cumpla. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos. Porque os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos”. Jesús llama la atención de los discípulos sobre el comportamiento hipócrita de algunos fariseos. A ellos les gustaba circular por las plazas con largas túnicas, recibir el saludo de la gente, ocupar los primeros lugares en las sinagogas y lugares de honor en los banquetes (cf. Mt 6,5; 23,5-7). ¡Marcos añade que a ellos les gustaba entrar en las casas de las viudas y hacer largas preces en cambio de dinero! Personas así recibirán un juicio muy severo (Mc 12,38-40). Hoy en nuestra Iglesia ocurre lo mismo.
• Lucas 11,44: Ay de vosotros, sepulcros que no se ven. “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, pues sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia! Así también vosotros, por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad” (Mt 23,27-28). La imagen de los “sepulcros blanqueados” habla por sí sola y no necesita comentarios. Por medio de ella, Jesús condena a los que tienen una apariencia ficticia de persona correcta, pero cuyo interior es la negación total de aquello que quieren hacer por fuera. Lucas, habla de sepulcros escondidos: “¡Ay de vosotros, pues sois como los sepulcros que no se ven, sobre los que andan los hombres sin saberlo». Quien pisa o toca un sepulcro se vuelve impuro, lo mismo cuando el sepulcro está escondido bajo tierra. La imagen es muy fuerte: por fuera, el fariseo de siempre parece justo y bueno, pero ese aspecto es un engaño, pues en su interior existe un sepulcro escondido que, si la gente no sabe darse cuenta, difunde un veneno que mata, comunica una mentalidad que aleja de Dios, sugiere una comprensión errada de la Buena Noticia del Reino. Una ideología que hace del Dios vivo, ¡un ídolo muerto!
• Lucas 11,45-46: Crítica del doctor de la ley y la respuesta de Jesús. “Uno de los legistas le respondió: «¡Maestro, diciendo estas cosas también nos injurias a nosotros!” En la respuesta Jesús no se vuelve atrás, sino que deja bien claro que la misma crítica vale también para los escribas: «¡Ay también de vosotros, los legistas, que imponéis a los hombres cargas intolerables, y vosotros no las tocáis ni con uno de vuestros dedos!”. En el Sermón de la Montaña, Jesús expresa la misma crítica que sirve de comentario: “En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas” (Mt 23,2-4).

4) Para la reflexión personal

• La hipocresía mantiene una apariencia engañadora. ¿hasta dónde actúa en mí la hipocresía? ¿Hasta dónde actúa en nuestra Iglesia?
• Jesús criticaba a los escribas que insistían en la observancia disciplinar de las cosas minutas de la ley como el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, y olvidan insistir en el objetivo de la ley que es la práctica de la justicia y del amor. Esta crítica ¿vale también para mí?

5) Oración final

Feliz quien no sigue consejos de malvados
ni anda mezclado con pecadores
ni en grupos de necios toma asiento,
sino que se recrea en la ley de Yahvé,
susurrando su ley día y noche. (Sal 1,1-2)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 11, 1-6

«111Y cuando se acercan a Jerusalén, Betfagé y Betania, junto al monte de los Olivos, envía a dos de sus discípulos2y les dice: “Id a la aldea enfrente de vosotros y, entrando en ella, de inmediato encontraréis un burro atado, al que nadie ha montado todavía; soltadlo y traedlo. 3Y si alguien os dice: ‘¿Por qué hacéis eso?’, decid: ‘El Señor tiene necesidad de él y, de inmediato lo envía de nuevo aquí’”.

<

p style=»text-align:justify;»>4Y fueron y encontraron el burro atado junto a una puerta, fuera, en la calle y lo sueltan. 5Y algunos de los que estaban allí les decían: “¿Qué hacéis soltando al burro?”.
6Pero ellos les dijeron como les había dicho Jesús, y los dejaron.

Llega un momento decisivo en la narración: después de diez capítulos en los que Jesús ha estado activo en la Galilea palestina al norte y en la zona de Transjordania al este, entra en la capital, Jerusalén, y cabalga solemnemente sobre un burro hasta el lugar más santo de la ciudad y la institución central del judaísmo de su tiempo, el Templo. Como conviene a un pasaje tan importante, está construido con todo cuidado. La noticia de que se aproximaban a Jerusalén, al principio de la perícopa (11,1), va emparejada con la mención de la entrada al final (11,11). La historia del hallazgo del burro (11,1-6) tiene un sorprendente paralelo en el relato del encuentro de la sala para la celebración de la pascua judía (14,12- 16). En la presente estructura marcana, el pasaje habla de una doble historia de entrada y salida: primero los discípulos entran en el pueblo, encuentran el burro y vuelven a Betania (11,1-6); entonces Jesús entra en Jerusalén montado sobre el burro, mira alrededor y vuelve a Betania (11,7-11).

<

p style=»text-align:justify;»>• 11, 1-6: El «camino» de Jesús (cf. 10,52) conduce por fin hasta Jerusalén. Sin embargo, se acercan a la capital por etapas. En primer lugar, Jesús y sus discípulos se acercan a Betfagé y Betania, pueblos periféricos en torno al monte de los Olivos que marcan los límites de ciudad; posteriormente Jesús entrará propiamente en la ciudad amurallada, y finalmente en el Templo mismo (11,11a). 
En el acercamiento a Betfagé y Betania, Jesús dicta algunas disposiciones, enviando a dos seguidores sin nombre para que preparen su llegada (11,1-6), de la misma manera que más tarde enviará a dos discípulos para los preparativos de la Última Cena (14,12-16). En ambos casos, Jesús pronostica el modo como ha de resultar la misión, y en ambas ocasiones las cosas suceden exactamente como él ha predicho. Jesús envía a sus discípulos para conseguir un burro sobre el cual completará el Maestro su viaje hasta Jerusalén, un cambio significativo de su esquema anterior, ya que hasta este momento Jesús ha circulado andando por todas partes de Palestina. La consecución de la montura es, por tanto, una señal de que algo trascendental está a punto de ocurrir. Jesús da órdenes para un acto de incautación, un tipo de acción vinculada a funcionarios reales o a reyes. Las implicaciones reales de la entrada de Jesús montado sobre un burro serían vistas con mayor profundidad por los que estaban familiarizados con las Escrituras, ya que la descripción marcana parece evocar dos pasajes del Antiguo Testamento, Gn 49,11 y Zac 9,9. El judaísmo antiguo entendió estos pasajes como oráculos mesiánicos. Este texto, además, continúa hablando del señorío escatológico del rey israelita (Zac 9,10), que corresponde a la aclamación de la muchedumbre de Jerusalén «el reino que viene de nuestro padre David» (Mc 11,10). Siguiendo las detalladas instrucciones de Jesús, los discípulos entran en el «pueblo» (presumiblemente Betfagé, el mencionado en primer lugar), encuentran el pollino y lo desatan (11,4). Los personas presentes se oponen (11,5); ellos contestan con las palabras que Jesús les había dicho. Les dejan hacer entonces, tal como él había profetizado (11,6). Todo va según el plan; la escena está ahora preparada para la procesión de Jesús hacia la ciudad santa.

Comentario del 16 de octubre

El evangelio de san Lucas nos ofrece hoy un pasaje en el que se hace más cruda la polémica de Jesús con los fariseos. La expresión de esta crítica en forma de imprecaciones (¡ay de vosotros…!) nos sitúa en las antípodas de las bienaventuranzas (¡Dichosos vosotros…!). Ahí es donde coloca Jesús a los fariseos que obran en este modo: del lado de las malaventuranzas. ¡Ay de vosotros! equivale a «desgraciados vosotros» que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de legumbres, mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios! Esto habría que practicar sin descuidar aquello.

El pago del diezmo era una obligación de carácter religioso que se habían impuesto a sí mismos. Servía para sostener el culto ejercido por los sacerdotes. Estos eran los destinatarios de ese diezmo. Pero al tiempo que cumplían esta obligación, descuidaban lo más importante: el derecho y el amor de Dios. Jesús parece acusarles de faltar a la justicia (a pesar del diezmo), puesto que el derecho es o debe ser lo que ampara o protege la justicia, y al amor de Dios, que es siempre un amor misericordioso. Jesús, en la conducta de los fariseos, denuncia un comportamiento injusto (a pesar de las apariencias de generosidad de que dan muestras) y falto de misericordia, porque el amor de Dios es esencialmente misericordia. Los hombres religiosos tendrían que transparentar en su vida la justicia y la misericordia de Dios. Si esto no sucede, no merecen semejante calificación. Al contrario, se hacen merecedores de la malaventuranza del Señor.

Pero también se hacen merecedores de esta desgracia los que buscan los asientos de honor en las sinagogas y las reverencias de la gente por la calle. Jesús parece recrearse en subrayar algunos aspectos de la censura: os encantan los asientos de honoros encantan las reverencias. Eso no es de ayer; es también de hoy, y quizá de siempre. ¿A quién no le encantan los honores? Quizá las reverencias nos parezcan excesivas en ciertas circunstancias o impropias de esta época, pero ¿a quién no le complacen los halagos o las alabanzas?

Somos vanidosos casi por naturaleza. Claro que nos gustan los honores, aunque muchas veces disimulemos ese gusto o lo disfracemos de aparente disgusto. Puede incluso que nos sintamos incómodos ocupando ciertos puestos de honor y sin embargo no deje en el fondo de complacernos. También nosotros vivimos expuestos a esta censura, porque en nuestra conducta hay si no ostentación de méritos (que a veces también), sí vanidad. Sucede que vivimos muy pendientes del juicio de los demás, sobre todo de los que creemos más autorizados para el mismo, y queremos que éste nos sea favorable. Pero si todo el peso lo ponemos en el juicio de los demás, ¿dónde queda el juicio de Dios, que es el único que nos puede dar el honor merecido o el inmerecido?

La crítica de Jesús ahonda aún más en el corazón humano: ¡Ay de vosotros, que sois como tumbas sin señal, que la gente pisa sin saberlo! Las tumbas no muestran a la vista lo que esconden. Pueden mostrar hermosos mármoles, pero esconden la podredumbre de un cadáver en descomposición. Aquí se trata de tumbas sin señal, que la gente puede descuidadamente pisar porque no están señalizadas. Jesús parece indicar que al contacto con los fariseos la gente no sabe con quiénes trata. Son como tumbas que esconden lo que, de poner al descubierto, les acarrearía mucho descrédito entre el pueblo.

Lo que aquí denuncia Jesús es la proverbial hipocresía farisaica: haced lo que ellos dicen, pero no hagáis lo que ellos hacen. No son transparentes. Tras su fachada de justos, esconden muchas maldades e injusticias. No son como aparecen, aunque en su oración digan: Te doy gracias, oh Dios, porque no soy como los demás hombres, injustos, adúlteros…, ni como ese publicano. Pero este vicio, el de la hipocresía, la simulación o la ocultación, es también enfermedad muy extendida. ¿Quién no oculta ciertas cosas que lo afean o degradan? ¿Quién no simula en ciertas circunstancias ser lo que no es? ¿Quién no recurre alguna vez a un disfraz que le permite ocultar rasgos que le avergüenzan o le rebajan en su dignidad? ¿Quién, en fin, no se asocia con la falsedad para lograr ciertos objetivos?

La hipocresía nos puede alcanzar a todos, incluso viviendo en una sociedad que parece estimar en mucho la autenticidad. Y no es que tengamos que hacernos transparentes a la mirada de los demás. No a todos tenemos que hacer partícipes de nuestra intimidad. Con todo, la hipocresía es un pecado contra la verdad, porque la deforma o la encubre, y siempre con una intención interesada. Pero a Dios no podemos engañarle. Él conoce lo íntimo del corazón del hombre. Ante Él no cabe ni el fingimiento ni la ocultación. Y es Él el que nos juzgará definitivamente en su día. Los fariseos ya se vieron sorprendidos por el juicio de Jesús, que no les encontró tan justos como ellos y otros les creían. También nosotros podemos vernos sorprendidos por este juicio que pone al descubierto nuestros descuidos culpables, nuestras refinadas vanidades y nuestras simulaciones contenidas. ¡Ojalá que el Señor nos encuentre cada día más auténticos y amantes de la verdad!

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en 
Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

153. Es tan importante la amistad que Jesús mismo se presenta como amigo: «Ya no los llamo siervos, los llamo amigos» (Jn15,15). Por la gracia que Él nos regala, somos elevados de tal manera que somos realmente amigos suyos. Con el mismo amor que Él derrama en nosotros podemos amarlo, llevando su amor a los demás, con la esperanza de que también ellos encontrarán su puesto en la comunidad de amistad fundada por Jesucristo[80]. Y si bien Él ya está plenamente feliz resucitado, es posible ser generosos con Él, ayudándole a construir su Reino en este mundo, siendo sus instrumentos para llevar su mensaje y su luz y, sobre todo, su amor a los demás (cf. Jn 15,16). Los discípulos escucharon el llamado de Jesús a la amistad con Él. Fue una invitación que no los forzó, sino que se propuso delicadamente a su libertad: «Vengan y vean» les dijo, y «ellos fueron, vieron donde vivía y se quedaron con Él aquel día» (Jn 1,39). Después de ese encuentro, íntimo e inesperado, dejaron todo y se fueron con Él.


[80] Cf. Sto. Tomás de Aquino, Summa Theologiae II-II, q. 23, art. 1.

Comentario Domingo XXIX de Tiempo Ordinario

Oración preparatoria

Por tu bondad, Señor y Hermano Jesús, concédenos escuchar tu Palabra con el corazón abierto y con nuestro ser entero orientado a Ti. Haz que nos sea luz en el caminar de nuestra vida, fortaleza en la lucha diaria, nuestro gozo en los sinsabores de nuestra existencia. AMEN.

 

Lc 18, 1-8

«1Pero les decía una parábola para inculcarles que es necesario orar siempre y no desfallecer:

2“Había en una ciudad un juez que ni temía a Dios ni respetaba a la gente. 3Pero había también en aquella ciudad una viuda y acudía a él diciendo: ‘¡Hazme justicia frente a mi adversario!’.

4Y no quería en mucho tiempo. Pero después se dijo a sí mismo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a la gente, 5como esta viuda me causa molestias, le haré justicia para que deje de una vez de importunarme’”.

6Pero dijo el Señor: “Escuchad lo que dice el juez de injusticia. 7Pero Dios ¿acaso no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, o les hará esperar? 8Os digo que les hará justicia con rapidez.

Ahora bien, al venir el Hijo del hombre, ¿encontrará la fe sobre la tierra?’».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Al evangelio del domingo pasado siguen en Lucas un par de textos que hablan de la venida del Reino de Dios (Lc 17,20-21) y del día del Hijo del hombre (17,22-37): emerge el tema del final de los tiempos, de la escatología. Uno de los elementos fundamentales de la escatología judía era, precisamente, el juicio. Un juicio de doble cara: de castigo, para los enemigos de Israel o para el Israel infiel a la Alianza; pero también de salvación, porque restaura el orden justo y es salvación para pobres y oprimidos. En ese contexto, llega el evangelio de hoy. Lucas cambia la perspectiva de la parábola del juez y la viuda: centrada inicialmente en la oración, ahora sirve para aclarar la idea del juicio que acompaña la venida del Hijo del hombre. “Hacer justicia” es el verbo que domina completamente la parábola y la aplicación (vv. 3.5.7.7): la comunidad cristiana debe estar “en estado de oración” para que llegue con rapidez la venida del Señor, porque con ella viene la restauración plena de todos los derechos, de la justicia de Dios.

 

TEXTO

Tras el encabezamiento introductorio (v. 1), el evangelio tiene dos partes principales:

a) La parábola que presenta los personajes del juez y la viuda, y la actuación del juez (vv. 2-5); b) la aplicación de Jesús, la enseñanza que extrae de ella (vv. 6-8).

Como en el caso del amigo insistente (Lc 11,5-10), Jesús contrapone el ejemplo de un personaje negativo que finalmente acaba obrando bien con Dios Padre. Compone, así, un argumento a fortiori: si un humano (y malvado) acaba accediendo al ruego de otro, cuánto más (y más rápidamente) lo hará quien es infinitamente mejor que los humanos, Dios nuestro Padre. Oración (v. 1) y fe (v. 8) se entrelazan en una actitud permanente de diálogo y encuentro con Dios, de confianza en él y de entrega a su voluntad.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• Lucas enfatiza mucho la oración. En primer lugar, la de Jesús, quien en Lc es un hombre de oración, en contacto constante con el Padre. Lo vemos orando en todos los momentos clave de su vida y su misión. La oración estaba íntimamente unida a su vida y a las decisiones que debía tomar para poder ser fiel al proyecto del Padre. En segundo lugar, “orar sin desfallecer” es una expresión recurrente en el NT porque era un rasgo característico de la primera comunidad cristiana. ¿Es también un rasgo que nos caracteriza a nosotros?

• La comparación de Dios con un juez injusto no deja de ser una tremenda osadía, solo a merced de Jesús. Pero es enormemente didáctica: si un juez, descrito con las características contrarias a todo juez cabal (cf. Is 1,23), es capaz de hacer justicia a la viuda, ¿qué no hará quien es la fuente misma de la Justicia? (cf. la demora del juez y la rapidez de Dios: vv. 4.8)

• La “viuda”, categoría que merece especial atención en todo el AT y NT, personifica a las personas cuya justicia está violada, a las personas que no tienen quien defienda sus derechos. Su constancia (que es “molestia” para el juez) e insistencia (que es “importunidad” para el juez) tiene respuesta. Hay que luchar por los derechos violados, aunque origine “molestias” al sistema, y no hay que perder la esperanza de que, finalmente, sea Dios el que haga justicia definitivamente. Pero la esperanza no está reñida con el compromiso.

• El texto repite “hacer justicia”. Es una labor que no solo debemos esperar, sino que debemos realizar. De Dios se espera el restablecimiento de la justicia, de manera definitiva, cuando llegue -¿se espera y desea que rápidamente?- su día, pero de quienes somos sus seguidores, sus hijos, los creyentes, ¿no se debe esperar lo mismo?

• El tenor pesimista de la última pregunta de Jesús nos tiene que hacer reflexionar sobre nuestra fe, en línea del domingo pasado: ser conscientes de que no vivimos desde esa confianza radical en Dios, ansiar que él nos haga crecer como creyentes, impulsar un compromiso de vida de quien tiene de verdad “hambre y sed de justicia”.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo XXIX de Tiempo Ordinario

XXIX Domingo de Tiempo Ordinario
20 de octubre2019

Éxodo 17, 8-18; Salmo 120; 2 Timoteo 3, 14-4, 2; Lucas 18, 1-8

La Viuda Insistente; Orar sin Desfallecer

En aquel tiempo, para enseñar a sus discípulos la necesidad de orar siempre y sin desfallecer, Jesús les propuso esta parábola: «En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres.

Vivía en aquella misma ciudad una viuda que acudía a él con frecuencia para decirle: ‘Hazme justicia contra mi adversario’. Por mucho tiempo, el juez no le hizo caso, pero después se dijo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, sin embargo, por la insistencia de esta viuda, voy a hacerle justicia para que no me siga molestando’ «. Dicho esto, Jesús comentó: «Si así pensaba el juez injusto, ¿creen acaso que Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, y que los hará esperar? Yo les digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿creen ustedes que encontrará fe sobre la tierra?» Ver Evangelio Ilustrado:

Reflexión

Jesús nos enseña con una parabola. Él compara un juez con Dios mismo. ¿Cόmo son iguales? (Los dos oyen peticiones y deciden si los concede. ¿Cόmo son diferentes? (El juez ignora a la viuda por falta de caridad; Dios es Caridad y la escucharía enseguida.) ¿Por qué el juez, por fin, le hace justicia? (para que no molestara más) ¿Por qué Dios nos concede las peticiones justas? (Nos ama y quiere que seamos felices) ¿Qué quiere enseñarnos Jesús? (Que seamos persistentes en la oración, que Dios siempre nos escucha y quiere nuestra felicidad. Él concederá nuestras peticiones si son justas y para nuestro bien.) Los deberes diarios como el levantarse temprano, hacer las tareas, jugar los deportes, etc. nos ocupan, nos cansan y nos pueden alejar de Dios si dejamos de orar. ¿Dedicamos diariamente un tiempo para orar con Dios? ¿Qué hacemos cuando las cosas no salen como las esperábamos? La insistencia y la constancia en la oración transformará nuestras vidas.

Actividad

En la siguiente página encontrarán una hoja en la cual los niños escribirán o dibujarán una oración de petición, agradecimiento, intercesión y de confesión de alguna falta o pecado que hayan cometido.

Oración

Dios verdadero, que eres Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te quiero con todo mi corazón. Te doy gracias porque has hecho mi cuerpo con un corazón que puede amar. Te doy gracias porque me has cuidado toda la noche y durante el día me llenas de regalos. Gracias porque siempre estás conmigo. Ayúdame en todos los momentos de mi vida a ser agradecido: a ser un verdadero amigo de Jesús con mis oraciones, mis palabras y mi buen ejemplo para que todo el mundo te conozca y te ame. AMEN (San Enrique de Ossó)

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Tengo una etiqueta para cada uno de ustedes hoy. Como ven, las etiquetas tienen las letras NTR escritas en ellas. ¿Puedes imaginarte lo que significan esas letras? Bueno, no les voy a decir ahora. Primero les contará la lección bí­blica de hoy y, cuando haya terminado, veremos si alguien puede adivinar lo que NTR significa.

En una ocasión Jesús contó la historia de una mujer que fue a un juez y le dijo: «Mis derechos han sido violados.¡Protégeme!» Al principio el juez rehusó hacer algo por ella, pero la mujer se mantuvo pidiendo. Finalmente, él dijo: «Esta mujer me está volviendo loco. Voy a hacerle justicia porque me está molestando con su petición y queja constante.»

Cuando Jesús terminó la historia dijo: «Aprendan una lección del juez. Aún él hizo una decisión justa al final ¿No creen que Dios saldrá en favor de sus hijos cuando ellos pidan ayuda?¿No les hará justicia? Les aseguro que hará justicia y sin demora.

¿Te has encontrado en alguna situación en la cual la vida sea tan difí­cil que lo que deseabas hacer era darte por vencido? Tal vez tienes problemas con tu trabajo escolar. Quizás tu amigo y tú han tenido un desacuerdo y parecen no poder resolverlo. O tal vez uno de tus compañeros te está intimidando, te está diciendo cosas que te hieren y te hacen sufrir.

Lo que Jesús desea que aprendamos de esta historia es que Dios, nuestro Padre Celestial, nos ama y desea hacer cosas buenas para nosotros. Él desea lo que es mejor para cada uno de nosotros y tiene la sabidurí­a para saber qué es lo mejor.¡Él desea que le pidamos y que no nos rindamos!

Ahora,¿alguno de ustedes saben lo que NTR quiere decir? Bueno si piensas que quiere decir NO TE RINDAS, estás en lo correcto. Espero que utilices tu etiqueta para recordatorio de pedirle a tu Padre Celestial que te ayude cuando tengas un problema del cual estás a punto de rendirte.

Comentario al evangelio – 16 de octubre

“Dios no tiene favoritismos”… ¡Gran frase! ¿Y yo? Uff… ¡Yo sí tengo! Pero no sé por qué intuyó que aún siendo una gran verdad, Jesús lo profundiza tanto que lo revoluciona: Jesús sí tenía preferidos. ¿Qué es si no, un amigo? Un favorito, un preferido…

Por eso vuelvo a leer la Palabra de hoy e intuyo que el problema no está en tener favoritos sino en cómo actuamos con el resto: «pasáis por alto el derecho y el amor de Dios».Podemos sentirnos ofendidos, como el jurista del evangelio de hoy,  como si nos pareciera que los toques de atención de Dios sólo son para otros… ¡Qué curioso!.. No matamos, no robamos, las faltas que cometemos nos parecen menores… Y sin embargo, se nos olvida que lo que Jesús sigue sin soportar es nuestro empeño por endosar a otros cargas insoportables que nosotros ni tocamos: hacemos juicios,  pasamos por alto el amor, nos apegamos a perfiles y reglamentos…

Por supuesto, poco importa si lo hacemos en situaciones cotidianas y aparentemente poco trascendentes o en grandes decisiones… La cuestión es en qué forma me hago presente en el mundo… ¿Jesús me mira y exclama un ¡Ay! doloroso o sonríe y me anima a seguir caminando? Dios no nos ofende al reprendernos… Sólo quiere que seamos aquello que ya somos y tantas veces no nos damos cuenta, enredados en exigencias, normas, cargas y juicios…

Rosa Ruiz, Misionera Claretiana