Notas para fijarnos en el evangelio Domingo XXIX de Tiempo Ordinario

• Jesús ya ha hablado a los discípulos de la oración perseverante durante su viaje a Jerusalén (11,1-13). Entonces ya se dijo que el motivo de la oración constante del discípulo era la petición del Reino (expresión del deseo de justicia cf. 11,30). Ahora y por medio de una parábola se nos instruye sobre los resultados de esta constancia. (Recuerda que en el camino la gente se va posicionando, se va definiendo la fe).

• La parábola pone el acento en la actitud de la “viuda” y la situación de la que parte (3). Es una persona totalmente dependiente de la misericordia de los demás y de Dios. En la necesidad, pide. Tiene conciencia de que depende, de que necesita. Y pide.

* La parábola nos presenta la insistencia como vencedora de la resistencia del juez injusto (2- 5), Dios, en cambio, desea reivindicar a los oprimidos, pero su acción será una respuesta al deseo de liberación que éstos muestren (v.7:gritan día y noche).

• Los personajes son emblemáticos. Desde la más antigua tradición legal y teológica israelita, el juez ostenta un papel casi teológico, en la medida que es instituido como protector de los desvalidos (viudas, huérfanos, pobres y extranjeros) en los diferentes códigos legales del libro de la Torah (Ex 22,22; Dt 10, 18); es un vicario, en definitiva, de la justicia de Dios. Si la justicia pervertida es capaz de escuchar y atender las demandas de un desvalido… ¡cuánto más escuchará Dios, Juez perfecto que nunca justifica el mal! El Dios «que hace justicia a los oprimidos» ofrecerá una respuesta sin demora.

* Es la justicia que nos hace justos, es decir, que nos humaniza y nos salva. El Evangelista Lucas dice muchas veces lo que “sin tardar”, hoy mismo, Dios hace entre nosotros para hacernos justos: Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un salvador: el Mesías, el Señor (Lc 2,11); Hoy se cumple esta escritura -“me ha enviado a dar la Buena Noticia a los pobres…” –que acabáis de oír (Lc 4,21); hoy ha sido la salvación de esta casa (Lc 19,9).

• La pregunta con la que concluye la parábola («Cuando venga el Hijo del Hombre ¿encontrará esa fe en la tierra?») no es tan retórica. Los creyentes ya intuyen que el tiempo de la Iglesia puede prolongarse en la Historia durante siglos. ¿Quedarían discípulos con una fe tan intensa? Así, Jesús vincula la oración a la fe (8).

* Antes ha vinculado a la fe otras cosas: la vida centrada en Dios y en los demás, especialmente en los pobres (Lc 16,19ss); la capacidad de perdonar siempre (Lc17,1-4); y el domingo pasado, la vida nueva de quien reconoce que Dios actúa en su propia vida (Lc 17,11-19). Y los discípulos se habían dado cuenta de que, si la fe es así, necesitan mucha, y la piden como don que es: Auméntanos la fe (Lc 17,5)

• La injusticia está encarnada en la institución judía (v.3: de aquella ciudad) que ha dado muerte a Jesús. Los elegidos son los doce (car. 6, 13) que deben pedir a Dios que el sistema opresor caiga lo antes posible (7). No va a tener esa fe, porque no han roto aún radicalmente con la institución judía (cfr 17, 6)… Lucas describe en Hechos 2, 46 como los creyentes de origen judío siguen apegados a la ideología e instituciones del judaísmo.

• Ahora que la Iglesia de Lucas se siente enviada a recorrer la Historia hasta la llegada del Hijo del Hombre, cuando los cristianos tomaron conciencia de que el Reino es una tarea a lo largo de los Siglos, la llamada a la oración constante y siempre escuchada recuerda que el Reino es, ante todo, don. Regalo otorgado graciosamente a quien lo pide sin desánimo.

NOTA SOBRE LA ORACIÓN

• La oración cristiana se caracteriza porque sale de una persona que no es autosuficiente, que no está por encima de los demás, que no tiene poder ni dinero. El discípulo de Jesús ora cuando pone su vida (toda su vida, en todas sus dimen- siones) en manos de Dios, y lo hace confiadamente.

• La oración del discípulo de Jesús no es un hablar mucho (Mt 6,7). Es una actitud, un estilo, incluso una acción. Expresa la “fe” (8) ante Dios, no ante la gente: Cuando tu vallas a rezar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido (Mt 6,6).

• En otra enseñanza sobre la oración, Jesús ha dicho qué es lo que Dios da: vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan (Lc 11,13). Por eso el “orar siempre” (1) parte de las necesidades concretas –el pan de cada día-, pero espera la novedad, la sorpresa: hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo (Mt 6,10). En todo caso, espera confiadamente la respuesta.