El domund misionero

1.-Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En aquella ciudad había también una viuda que solía ir a decirle: hazme justicia frente a mi adversario. Por algún tiempo el juez se estuvo negando, pero se dijo a sí mismo: aunque no temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está molestando, le voy a hacer justicia. Y el Señor añadió: Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche? El Papa Francisco quiere que este año celebremos con especial intensidad un Domund misionero, convencido de que la Iglesia de Cristo, o es misionera o no es de Cristo. Lo mismo podemos decir de cada uno de nosotros, los cristianos: o somos misioneros o no somos cristianos. La lectura del Éxodo y la del evangelio de este domingo coinciden en la necesidad de la oración, con la seguridad de que Dios nos hará justicia. En este día del Domund misionero que, como hemos dicho, el Papa Francisco quiere que celebremos con especial dedicación, el tema de la oración tiene que ser un tema necesario. Los cristianos tenemos que creer en la eficacia de la oración. Pero tenemos que tener claro que creer que Dios nos escucha siempre, no significa que Dios vaya a hacer siempre lo que nosotros le pedimos. Lo sabemos por experiencia; la mayor parte de nosotros le hemos pedido a Dios alguna vez alguna cosa que Dios no nos la ha concedido. Dios, decimos, y tiene que ser verdad, nos da siempre lo que nos conviene, pero sólo él sabe lo que nos conviene. Terminemos siempre nuestras oraciones de petición diciendo: hágase, Padre, tu voluntad. Otra cosa que debemos tener muy claro es que en un Domund misionero no puede faltar la limosna, nuestra limosna. Las misiones y los misioneros necesitan dinero. Contribuyamos cada uno de nosotros con nuestras limosnas a hacer que las misiones cristianas sean lo más eficaces y lo más extendidas por el mundo que sea posible. Con dinero, o de la manera que cada uno de nosotros podamos. Y no olvidemos nunca que la mejor limosna que podemos dar es nuestro amor. La limosna de amor es la mejor de las limosnas que podemos hacer siempre: dentro de nuestra propia familia, con las personas conocidas y amigos, con los misioneros que ejercen su misión por tierras extranjeras. El amor, como nos dice repetidamente el apóstol san Pablo, es siempre lo primero de todo; si no tengo amor no soy nada, ni misionero cristiano, ni cristiano de verdad.

2.- Toda Escritura es inspirada por Dios y además útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté preparado para toda obra buena… proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, arguye, reprocha, exhorta con toda magnanimidad y doctrina. Cuando san Pablo escribe esta carta a su discípulo Timoteo el cristianismo se estaba formando y los receptores de esas palabras eran personas que venían del paganismo y los conocimientos que tenían de Cristo y su doctrina eran escasísimos. No podemos pensar hoy nosotros que podamos aplicar estas palabras literalmente a las comunidades cristianas a las que nosotros nos dirigimos. Lo que tenemos que hacer hoy, sí, como entonces, es tratar de que nuestras palabras contribuyan a que la gente con la que hablamos sea “perfecta y y esté preparada para toda obra buena… exhortando con toda magnanimidad y doctrina”. Lo de argüir a tiempo y a destiempo hay que interpretarlo en cada caso y momento. Hablemos cuando tenemos que hablar y sepamos callarnos cuando no estemos seguros de que nuestras palabras vayan a contribuir a que a las personas a las que hablamos les vayan a ser útiles y vayan a contribuir a que sean más perfectas y les animen a hacer obras buenas.

Gabriel González del Estal