Vísperas – Martes XXIX Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

MARTES XXIX TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Libra mis ojos de la muerte;
dales la luz que es su destino.
Yo, como el ciego del camino,
pido un milagro para verte.

Haz de esta piedra de mis manos
una herramienta constructiva;
cura su fiebre posesiva
y ábrela al bien de mis hermanos.

Que yo comprenda, Señor mío,
al que se queja y retrocede;
que el corazón no se me quede
desentendidamente frío.

Guarda mi fe del enemigo
(¡tantos me dicen que estás muerto!…).
Tú que conoces el desierto,
dame tu mano y ven conmigo. Amén.

SALMO 19: ORACIÓN POR LA VICTORIA DEL REY

Ant. El Señor da la victoria a su Ungido

Que te escuche el Señor el día del peligro,
que te sostenga el nombre del Dios de Jacob;
que te envíe auxilio desde el santuario,
que te apoye desde el monte Sión.

Que se acuerde de todas tus ofrendas,
que le agraden tus sacrificios;
que cumpla el deseo de tu corazón,
que dé éxito a todos tus planes.

Que podamos celebrar tu victoria
y en el nombre de nuestro Dios alzar estandartes;
que el Señor te conceda todo lo que pides.

Ahora reconozco que el Señor
da la victoria a su Ungido,
que lo ha escuchado desde su santo cielo,
con los prodigios de su mano victoriosa.

Unos confían en sus carros,
otros en su caballería;
nosotros invocamos el nombre
del Señor, Dios nuestro.

Ellos cayeron derribados,
nosotros nos mantenemos en pie.

Señor, da la victoria al rey
y escúchanos cuando te invocamos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor da la victoria a su Ungido.

SALMO 20: ACCIÓN DE GRACIAS POR LA VICTORIA DEL REY

Ant. Al son de instrumentos cantaremos tu poder.

Señor, el rey se alegra por tu fuerza,
¡y cuanto goza con tu victoria!
Le has concedido el deseo de su corazón,
no le has negado lo que pedían sus labios.

Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,
y has puesto en su cabeza una corona de oro fino.
Te pidió vida, y se la has concedido,
años que se prolongan sin término.

Tu victoria ha engrandecido su fama,
lo has vestido de honor y majestad.
Le concedes bendiciones incesantes,
lo colmas de gozo en tu presencia;
porque el rey confía en el Señor,
y con la gracia del Altísimo no fracasará.

Levántate, Señor, con tu fuerza,
y al son de instrumentos cantaremos tu poder.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Al son de instrumentos cantaremos tu poder.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE LOS REDIMIDOS

Ant. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

LECTURA: 1Jn 3, 1a.2

Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! Queridos, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

RESPONSORIO BREVE

R/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.
V/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

R/ Tu fidelidad de generación en generación.
V/ Más estable que el cielo.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador.

PRECES

Alabemos a Cristo, que mora en medio de nosotros, el pueblo adquirido por él y supliquémosle, diciendo:

Por el honor de tu nombre, escúchanos, Señor.

Dueño y Señor de los pueblos, acude en ayuda de todas las naciones y de los que las gobiernan:
— que todos los hombres sean fieles a tu voluntad y trabajen por el bien y la paz.

Tú que hiciste cautiva nuestra cautividad,
— devuelve la libertad de los hijos de Dios a todos aquellos hermanos nuestros que sufren esclavitud en el cuerpo o en el espíritu.

Concede, Señor, a los jóvenes la realización de sus esperanzas
— y que sepan responder a tus llamadas en el transcurso de su vida.

Que los niños imiten tu ejemplo
— y crezcan siempre en sabiduría y en gracia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acoge a los difuntos en tu reino,
— donde también nosotros esperamos reinar un día contigo.

Con el gozo de sabernos hijos de Dios, acudamos a nuestro Padre:
Padre nuestro…

ORACION

Te damos gracias, Señor, Dios todopoderoso, porque has permitido que llegáramos a esta noche; te pedimos quieras aceptar con agrado el alzar de nuestras manos como ofrenda de la tarde. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 22 de octubre

Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Dios todopoderoso y eterno, te pedimos entregarnos a ti con fidelidad y servirte con sincero corazón. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 12,35-38
«Tened ceñida la cintura y las lámparas encendidas, y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran. Dichosos los siervos a quienes el señor, al venir, encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos ellos!

3) Reflexión

• Por medio de la parábola, el evangelio de hoy nos exhorta a la vigilancia.
• Lucas 12,35: Exhortación a la vigilancia. «Tened ceñida la cintura y las lámparas encendidas”. Ceñirse significaba amarrar una tela o una cuerda alrededor del traje talar, para que no estorbara los movimientos del cuerpo. Estar ceñido significaba estar preparado, pronto para la acción inmediata. La víspera de la huida hacia Egipto, en la hora de celebrar la pascua, los israelitas debían ceñirse, esto es, estar preparados para poder partir inmediatamente (Ex 12,11). Cuando alguien iba a trabajar, a luchar o a ejecutar una tarea se ceñía (Ct 3,8). En la carta a los Efesios, Pablo describe la armadura de Dios y dice que los riñones deben estar ceñidos con el cíngulo de la verdad (Ef 6,14). Las lámparas debían de estar encendidas, pues la vigilancia es tarea tanto para el día como para la noche. Sin luz no se anda en la oscuridad de la noche.
• Lucas 12,36: La parábola. Para explicar lo que significa estar ceñido, Jesús cuenta una pequeña parábola. “Y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran.” La tarea de aguardar la llegada del dueño exige una vigilancia constante y permanente, sobre todo cuando es de noche, pues el dueño no tiene una hora determinada para volver. Puede hacerlo en cualquier momento. El empleado ¡ha de estar atento, vigilante siempre!
• Lucas 12,37: Promesa de felicidad. “Dichosos los siervos a quienes el señor, al venir, encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá.” Aquí, en esta promesa de felicidad, los papeles se invierten. El dueño se vuelve empleado y empieza a servir al empleado que se vuelve dueño. Evoca a Jesús en la última cena que, aún siendo señor y maestro, se hizo siervo y empleado de todos (Jn 13,4-17). La felicidad prometida tiene que ver con el futuro, con la felicidad en el fin de los tiempos, y es lo opuesto de aquello que Jesús prometió en otra parábola que decía: “¿Quién de vosotros que tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: `Pasa al momento y ponte a la mesa?’ ¿No le dirá más bien: `Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme y luego que yo haya comido y bebido comerás y beberás tú?’ ¿Acaso tiene que dar las gracias al siervo porque hizo lo que le mandaron? De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os mandaron, decid: No somos más que unos pobres siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer.” (Lc 17,7-10).
• Lucas 12,38: Repite la promesa de felicidad. “Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos ellos!” Repite la promesa de felicidad que exige vigilancia total. El dueño puede volver en medio de la noche, a las tres de madrugada, o en cualquier otro momento. El empleado tiene que estar preparado, ceñido para poder entrar en acción.

4) Para la reflexión personal

• Somos empleados de Dios. Debemos estar ceñidos, preparados, atentos y vigilantes, veinte y cuatro horas al día. ¿Lo consigues? ¿Cómo?
• La promesa de felicidad futura es al revés del presente. ¿Qué nos revela esto de cara a la bondad de Dios para con nosotros, para conmigo?

5) Oración final

Escucharé lo que habla Dios.
Sí, Yahvé habla de futuro
para su pueblo y sus amigos,
que no recaerán en la torpeza.
Su salvación se acerca a sus adeptos,
y la Gloria morará en nuestra tierra. (Sal 85,9-10)

La Vida de Jesús – Fco. Fernández-Carvajal

10.- DE LA DESCENDENCIA DE DAVID. LAS GENEALOGÍAS

Mt 1, 1-17; Lc 3, 23-38

Si treinta años más tarde alguien hubiese preguntado al Señor: «¿Quién eres tú?, ¿quiénes son tus padres?, ¿de qué estirpe provienes?», hubiera podido contestar: Antes que Abraham naciese, era yo (Jn). Pero también podría haber respondido que Él era de la casa y familia de David (Lc). El Mesías tanto tiempo esperado había de descender del Cielo –nos vino del Padre (Jn)-, pero a la vez nació de una mujer. Será el Dios fuerte, Príncipe de la paz, pero será también un niño, un hijo[1]. Por ser el Hijo Unigénito del Padre, es Dios; por haber nacido de Santa María, es verdaderamente uno de nosotros. No solo por tener un cuerpo y un alma como los nuestros, sino también por estar entroncado en la familia humana. Él proviene del linaje de David según la carne[2]. Por eso san Mateo y san Lucas tienen especial interés en darnos su genealogía, tan importante en el pueblo judío.

San Juan busca su origen en el misterio de la vida divina: En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios… El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros… El apóstol indaga allí la raíz de la vida eterna de Jesús, en la Segunda Persona de la Trinidad, en el Verbo. No comenzó a existir al hacerse hombre, sino que antes de encarnarse en el seno de María, antes que el mundo, Él existía en la eternidad divina. Y en un momento concreto de la historia el Hijo de Dios se hizo hombre. No bajó a un hombre para establecer en él su morada, sino que se hizo uno de nosotros. Y, para disipar cualquier duda, san Juan recalca con insistencia que se hizo carne; palabra que designa al hombre en su totalidad. Asumió una naturaleza humana.

San Mateo y san Lucas quieren señalar que Cristo es a la vez, con pleno derecho, miembro de la familia humana y del pueblo de David. Se hizo hombre, no se vistió unos ropajes humanos. Y hombre permanece para siempre.

San Mateo y san Lucas han querido mostrarnos estos registros genealógicos para señalar que Jesús pertenece al pueblo hebreo y, de una manera especial, a la familia de David, de quien estaba profetizado que había de nacer el Mesías. La lista genealógica tiene un verdadero valor apologético para los dos evangelistas. La tradición ha subrayado siempre esta descendencia davídica de Jesús.

Los evangelistas nos transmiten estas series con el estilo propio de cada uno de ellos. San Mateo procede con orden descendente, desde Abrahán hasta José, esposo de María. Comienza con ella su evangelio a modo de presentación, mostrando que Cristo está enraizado en el pueblo escogido, con una ascendencia que se remonta hasta Abrahán.

San Lucas, que escribió en primer lugar para los cristianos procedentes de los gentiles, destaca en cambio la universalidad de la Redención realizada por Cristo. Así, en su genealogía asciende desde Jesús hasta Adán, cabeza del género humano, vinculando a Cristo no solo a los judíos, sino a toda la humanidad.

La verdad histórica de estas listas no ofrece dificultad, a pesar de las diferencias de algunos nombres que existen entre ambas[3]. Los judíos eran muy exigentes en el conocimiento y en la conservación de las genealogías. Eran para ellos algo familiar y sagrado, el sello de su identidad, que estaba más ligada al clan familiar que a la ciudad o el territorio, y era a la vez origen de derechos y de deberes. Al regreso del destierro de Babilonia[4], por ejemplo, muchos judíos pudieron acreditar a sus ascendientes y así entraron en posesión de las tierras de sus antepasados[5]. Los sacerdotes y levitas que pudieron presentar en regla sus tablas genealógicas volvieron a desempeñar sus funciones en el Templo; los demás fueron excluidos[6]. Todos los judíos conocían a qué clan y familia pertenecían. San Pablo, por ejemplo, conoce y se gloría de sus ascendientes: Soy del linaje de Israel -dice-, de la tribu de Benjamín, hebreo, hijo de hebreos y, ante la Ley, fariseo[7]. Esto debía de ser lo ordinario, y más en quienes pertenecían a la tribu de Judá y a la familia de David, de la que llegaría el Mesías salvador de su pueblo. ¡Era una gloria y un orgullo pertenecer a este clan!

Las tablas genealógicas escritas se guardaban como un tesoro en cada familia, para exhibirlas cuando hacía falta, y también constaban en los archivos públicos. Sabemos, por ejemplo, que en el Templo de Jerusalén, en el patio de los gentiles, había una comisión permanente encargada de comprobar y confirmar las listas genealógicas de sacerdotes y levitas. La frase se sentaron y comprobaron las genealogías llegó a ser una fórmula protocolaría. San José y la Virgen suben a Belén, porque conocen su árbol genealógico.

Las listas se hacían por vía masculina. José, al ser esposo de María, era el padre legal de Jesús, por quien llegaban los derechos. Por él, el Señor es el Mesías descendiente de David. Muchos autores y Padres de la Iglesia piensan que también María pertenecía a la familia de David. Las palabras del ángel Gabriel a María son un testimonio directo que señala su procedencia de la casa de David. Al mismo tiempo muestran que María tenía conciencia de ello. El ángel le anuncia: concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre. El ángel llama a Jesús hijo de María. Y, a la vez, descendiente de David, según la carne. Para que esto sea así, María debía pertenecer a la casa de David. Solo así pudo ser Jesús hijo suyo y vástago al mismo tiempo de David. Después de escuchar al ángel, María le pregunta sobre su propósito de guardar la virginidad; pero, fuera de esto, no se sintió obligada a preguntar o declarar ninguna otra cosa. No habría sucedido así si no hubiera pertenecido a la casa de la realeza judía, como presuponía el ángel en su mensaje.

San Mateo termina de esta manera la genealogía del Señor: Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús llamado Cristo. El evangelista usa en el nacimiento de Jesús esta fórmula completamente diversa de la empleada en los demás personajes. Nos señala así, expresamente, la virginidad de María. De José solo dice que era el esposo de María, pues solo María es la madre de Jesús.


[1] Is 9, 6

[2] Rm 1, 3; cfr. Lc 1, 27

[3] La solución más frecuente y con mayor fundamento para explicar las diferencias entre las genealogías de Mateo y Lucas sugiere que ambos evangelistas recogen la genealogía de san José, pero uno tiene en cuenta la ley del levirato –si alguien moría sin hijos, su hermano debía tomar por mujer a la cuñada viuda, siendo el primogénito de este matrimonio hijo legal del difunto (cfr. Dt 25, 5-6)- y el otro no.

[4] La élite judía fue deportada a Babilonia en los años 597 y 587 a.C. Setenta años más tarde, en el 538, Ciro firmó un decreto –que se conserva- por el que los judíos podían volver a su patria. Algunas familias judías regresaron a Palestina. La mayoría de los exiliados y sus descendientes permanecieron en el país, donde se les encuentra bien instalados a mediados del siglo V. Se dedicaban especialmente al comercio, a las tareas administrativas, a la agricultura, a la ganadería y a la pesca (cfr. DANIEL ROPS, El pueblo de la Biblia, pp. 251 ss).

[5] Cfr. G. RICCIOTI, Historia de Israel, vol. II, n. 88.

[6] Cfr. Esd 2, 62-63; Ne 7, 63-65.

[7] Flp 3, 5; cfr. Rm 11, 1.

Comentario del 22 de octubre

 Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas, les decía Jesús a sus discípulos.

Ambas imágenes aluden a una actitud de vigilancia. Tener ceñida la cintura es mantenerse en disposición de emprender una tarea, un servicio, un trabajo; por tanto, listos para la acción. Eso supone una preparación previa, una ascesis capacitativa para esa labor, una disponibilidad mental, física, espiritual para afrontar esa situación. Jesús quiere a sus discípulos así: ceñidos, despiertos, vigilantes, prontos para la ejecución, en actitud de servicio. La imagen de las lámparas encendidas también tiene que ver con la vigilancia y con la luz. Mientras es de día no es preciso encender las lámparas; nos basta la luz del sol para mantenernos despiertos y en acción; pero llegada la noche, se hace necesario encender las lámparas que nos permitan mantenernos despiertos, vigilantes. Esto sólo es posible con la luz que nos proporciona la fe.

Así se presenta la fe, como una luz que nos permite ver lo que no podemos ver con la luz de la visión (sensible) o con la luz de la razón (intelectiva). Y para ver al enemigo que hay que evitar o al amigo que hay que recibir no basta con estar vigilantes; es preciso tener luz, esa luz que nos permite distinguir al amigo del enemigo, o encontrar el camino de salida o de entrada, o de sortear los obstáculos en nuestro recorrido hasta la meta. Sólo así, vigilantes e iluminados (por la fe), podremos reconocer al Señor que vuelve de la boda, apenas venga y llame.

Jesús describe, pues, la actitud en que han de estar sus discípulos «en ausencia» de su Señor, es decir, mientras aguardan su vuelta. Estad –dice también- como los que aguardan a que su señor vuelva, para abrirle apenas venga y llame. Puesto que nuestra existencia transcurre entre su primera venida (en carne) y su segunda venida (en gloria), hemos de estar como los que aguardan su vuelta, aunque sin dejar de disfrutar de su presencia actual (espiritual, sacramental, eucarística).

Pero esta presencia no nos impide vivir pendientes de su venida, puesto que es una presencia vivida en la re-presentación y en la fe y no en la visión. Y vivir pendientes de una venida supone vivir en el recuerdo y en el deseo del que vendrá, vivir para ser encontrados, cuando venga, en una actitud que no desdiga de su querer. El esperado, que debe ser el deseado (amado) más que el temido, es el Señor. Por eso, se le espera con expectación, y cuando llega se le abre con prontitud, nada más oír la llamada, precisamente porque se está a la espera, ceñida la cintura y encendidas las lámparas.

Pues bien, dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y no importa el momento de su venida. Puede llegar al anochecer, o ya entrada la noche, o de madrugada, cuando empieza a esclarecer. Lo que importa es que nos encuentre así, despiertos, a la espera, en vela. Nos puede desagradar la imagen del criado, empleada aquí por Jesús, cuando ya nos había elevado a la categoría de amigosYa no os llamo siervos, sino amigosporque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

Pero es la imagen que viene exigida por su correlato, el señor que llega. Además le sirve para destacar lo que narra a continuación: el señor de esos criados se ceñirá como uno de sus criados para hacerles el honor de servirles a la mesa. El señor asume, por tanto, la función del criado, elevándole a éste a la categoría de señor, porque recibirá un servicio señorial. Por eso declara dichosos a esos criados que, por su actitud en la espera, se hacen merecedores de ser servidos a la mesa y de ser tratados como señores. ¿Qué mayor dignidad nos puede reservar nuestro Señor que ésta?

Esto es lo que nos espera si aguardamos al Señor, que vendrá inevitablemente, lo queramos o no, puesto que es Señor de vivos y muertos, con esta actitud de vigilancia y de fe para abrirle apenas venga y llame. La vigilancia esconde el deseo, como la esperanza, ya que el Señor esperado es también el deseado, no el temido, y la fe la confianza en el que es y ha sido acogido en su venida; por eso puede ser esperado en su venida definitiva, ésa en la que viene para llevarnos consigo, es decir, para sentarnos a su mesa y servirnos. Los que así esperan el encuentro con el Señor, aunque éste se produzca a través de la muerte, han de sentirse dichosos antes incluso de que acontezca, porque en la esperanza ya se encuentra la dicha. Dichosos, pues, nosotros si a su llegada nos encuentra así.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

159. Espero que puedas valorarte tanto a ti mismo, tomarte tan en serio, que busques tu crecimiento espiritual. Además de los entusiasmos propios de la juventud, también está la belleza de buscar «la justicia, la fe, el amor, la paz» (2 Tm 2,22). Esto no significa perder la espontaneidad, la frescura, el entusiasmo, la ternura. Porque hacerse adulto no implica abandonar los mejores valores de esta etapa de la vida. De otro modo, el Señor podrá reprocharte un día: «De ti recuerdo tu cariño juvenil, el amor de tu noviazgo, cuando tú me seguías por el desierto» (Jr 2,2).

Recursos – Domingo XXX de Tiempo Ordinario

PRESENTACIÓN DE UNA BELLA FOTO DE UN PAISAJE

(Hace la ofrenda un/a joven de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo hoy esta foto de un bellísimo paisaje. Y con ella quiero expresar que tanta belleza es gratuita, como gratuita es la salvación que nos regalas; pero también que tanta belleza es la pura verdad, que tiene su fuente en Ti. Con la foto te ofrezco mi capacidad de vivir de tu gracia y mi capacidad de transparencia y sinceridad. Que no se me apaguen ninguno de los dos sentimientos.

PRESENTACIÓN DE UN PERIÓDICO

(Puede hacer la ofrenda una persona adulta)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Por mi parte, Señor, yo te traigo este diario, que nos cuenta las noticias que se han generado hoy, aunque están llenas de problemas y dificultades de nuestra humanidad. Señor que no se nos endurezca el corazón. Que los problemas de las personas nos lleven a la solidaridad, pero también a interceder ante Ti. Que no se nos escape ninguna persona con problemas ni ningún problema de las personas. Y Tú, Señor, escúchanos siempre, porque a Ti te traemos las necesidades de todos tus hijos e hijas.

PRESENTACIÓN DE UNAS MANOS VACÍAS

(La puede hacer una mujer. Con las manos en forma de cuenco, dice:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Aquí me tienes, Señor, con las manos vacías, expresando mi debilidad y mi absoluta confianza de que, si Tú no las llenas, no tienen nada. Te ofrezco, en nombre de toda la comunidad, nuestro corazón humilde, porque somos conscientes de que sólo así Tú lo llenarás con tu gracia. Señor, danos tu fuerza para creer y seguir en fidelidad a tu Hijo y danos su Cuerpo como alimento para nuestras vidas.

PRESENTACIÓN DE UN RECIPIENTE LLENO DE SAL

(Esta ofrenda la puede hacer un/a militante de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo, y lo hago en nombre personal, de todos los militantes y de la propia comunidad, este recipiente lleno de sal, como símbolo de nuestra presencia evangelizadora y transformadora del mundo. Al igual que tantos testigos, a lo largo de los tiempos, han evangelizado a los distintos pueblos, nosotros y nosotras queremos ser presencia misionera en este mundo, a pesar de las muchas dificultades con las que nos encontramos. Danos, sin embargo, tu gracia, porque sin ella nuestra sal se vuelve insípida.

PRESENTACIÓN DEL GRUPO DE LA CATEQUESIS

(Conviene que haya una representación amplia de la actividad catequética, sea de niños, de adolescentes o de jóvenes. Sería bueno “algo” (hoja impresa, cartel grande para colocar en el templo…) que recoja el proyecto catequético de este curso. Una persona, en nombre de todos, presenta:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Dios y Padre nuestro: nos presentamos ante Ti y ante tu Comunidad el grupo de CATEQUISTAS. Nosotros/as sabemos, Padre, que compartimos con Jesús mismo la MISIÓN de anunciar la Buena Noticia de tu Reino. Nos sentimos orgullosos y orgullosas de esta tarea. Pero Tú, Padre, sabes cuán difícil es hoy en día transmitir esos valores a nuestros niños y niñas, adolescentes y jóvenes. De ahí que, además de ofrecerte nuestro esfuerzo y entrega, te pidamos que nos des un pedazo del Espíritu de Jesús para que, cada día más, lo hagamos como Él mismo lo hacía. Te lo pedimos.

Oración de los fieles – Domingo XXX de Tiempo Ordinario

En este mundo alocado y de prisas, nos pides paciencia y perseverancia, nuestra esencia de barro es débil ante la adversidad. Así nuestra súplica hoy es:

DANOS TU FUERZA, SEÑOR.

1.- Señor fortalece la voz del Papa, para que se oiga en todos los rincones de la tierra que “Tú Señor, eres nuestro auxilio”.

OREMOS.

2.- Señor fortalece la fe del que vacila, y reaviva la llama del que se alejo de ti.

OREMOS

3.- Señor fortalece las manos temblorosas y las piernas vacilantes, los cuerpos enfermos y las almas angustiadas, para que sintiendo tu fuerza enderecen su rumbo hacia Ti.

OREMOS

4.- Señor fortalece la Paz tan débil hoy en los territorios de oriente medio y en los corazones de muchos hombres sobre la tierra.

OREMOS

5.- Señor fortalece a la Iglesia, los obispos y sacerdotes, los laicos y personas consagradas, dales valentía en estas horas de adversidad.

OREMOS

6.- Señor fortalece el ánimo de los que se encuentran solos, deprimidos. OREMOS

7.- Por último Señor, te pedimos por nosotros, presentes en esta Eucaristía. Fortalece nuestra fe alienta nuestra esperanza y acrecienta nuestra caridad para que un día lleguemos a compartir todos los frutos de tu Salvación.

Atiende con generosidad infinita estas suplicas que tu pueblo con insistencia te presenta.

Por Jesucristo Nuestro Señor.

Amén


Oremos, hermanos, a Dios Padre, siguiendo la enseñanza de Nuestro Señor Jesús, que nos pide que recemos constantemente. Y digamos:

SEÑOR JESÚS ENSÉÑANOS A ORAR

1. – Por el Papa, Francisco, por nuestro Obispo y todos los prelados de la Tierra, por los sacerdotes y diáconos, para que enseñen al Pueblo de Dios sin desmayo y a toda hora que la oración constante es medicina para todos los males.

OREMOS

2. – Por los laicos, ministros, catequistas, monitores, encargados de colaborar pastoralmente, para que todos ellos den testimonio de vida de oración.

OREMOS

3. – Por los responsables políticos de todas las naciones, para que no olviden que la oración personal y comunitaria une a los pueblos y ayuda a resolver los problemas.

OREMOS

4. – Recemos, ahora, con entrega y devoción, por la paz en el mundo, por el final de toda violencia y terrorismo, por el descanso eterno de las victimas y por la conversión de los violentos.

OREMOS

5. – Por los pobres, los enfermos, los solitarios, los abandonados y muy especialmente por aquellos que nunca nadie se acuerda de ellos.

OREMOS

6. – Por nosotros, por nuestros vecinos, amigos y familiares, para que esta Eucaristía nos dé paz y deseos de vivir en oración constante,

OREMOS

Acepta Padre estas plegarias que hoy te dirigimos. Y dígnate aceptarlas pues las proponemos con talante humilde y corazón contrito.

Por Jesucristo Nuestro Señor

Amén

Comentario al evangelio – 22 de octubre

Estos cuatro versículos subrayan en su brevedad una actitud espiritual no siempre fácil de mantener como es la virtud de la vigilancia.

Esta llamada a la vigilancia se funda en el hecho de que la hora del retorno de Jesús es imprevisible. Un elemento constitutivo de esta espera vigilante es la actitud de servicio, especialmente para aquellos a quienes se ha confiado el cuidado de la comunidad. El amo valora tanto la vigilancia de sus criados que “se ceñirá las ropas de servicio, los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirles”, reconociendo así que no sólo son dignos de confianza sino que se han convertido en su familia por su fidelidad.

Hoy día la “vigilancia” tiene especiales connotaciones sociales a las que no se refiere el texto del evangelio, pero que vale la pena tener en cuenta. De hecho las “cámaras de vigilancia” están a la orden del día para disuadir a ladrones y estafadores y cualquier contravención de la ley en el tráfico y en cualquier otra actividad social.

Ya nadie duda de que todos estamos vigilados, observados y fichados. En el paseo, en el mercado, en el autobús, en el banco, en el metro, en el estadio, en el aparcamiento, en las carreteras… alguien nos está mirando por el ojo de las nuevas cerraduras digitales. Cada uso del ordenador, de Internet o de la tarjeta de crédito deja huellas imborrables que delatan nuestra identidad, nuestra personalidad, nuestras inclinaciones. Evidentemente no nos sentimos cómodos con tanto control.

En antiguos catecismos se presentaban estampas con el “ojo escrutador” de Dios que nos controlaba: “mira que te mira Dios, mira que te está mirando”, decía el versito.

Jesús no nos habla así del Padre. El santo temor de Dios no depende de cámaras de vigilancia sino que brota de un amor tierno y filial y expresa una confianza absoluta en la misericordia del Padre.

Carlos Latorre, cmf