Notas para fijarnos en el evangelio Domingo XXX de Tiempo Ordinario

• En la parábola se contraponen dos actitudes: la del fariseo, que piensa ganar la salvación con su propio esfuerzo, y la del publicano, que reconoce su condición de pecador y pide a Dios la conversión. Este último, que se apoya en Dios y no en sus obras, es el modelo que Lucas propone: la justificación sin condiciones…. Es Dios el que acoge con su gracia al pecador. Lucas, proclama la misericordia como ley fundamental de la acción de Dios. Dos formas de creer y de relacionarse con Dios, una de las cuales es rechazada por Jesús mientras que la otra es ensalzada.

• Repito, el tema de fondo es la ORACIÓN, no el pecado. Por eso no debemos acercarnos al mismo con ánimo de buscar quién es más pecador de los dos protagonistas. Y, menos aún, la parábola no nos tiene que conducir a pensar en personas concretas que conocemos para identificarlas con uno o con otro de los personajes, emitiendo un juicio que no nos corresponde.

• La cuestión de fondo, lo que nos cuestiona a todos, es cómo nos ponemos ante Dios y ante los demás. Y la Buena Noticia es que Dios nos mira con buenos ojos y ve el fondo, lo que hay de verdadero en el corazón de cada uno.

Los dos personajes se ponen ante Dios (10)

• Detengámonos en el fariseo: “erguido” (11) y el contenido de su oración: todas las cosas que hace para cumplir la Ley (12). Los Evangelios someten a los fariseos a una crítica despiadada: Jesús fustiga su soberbia (Lc 18, 10-14), su codicia(Mc 12, 40), su ambición (Mt 23, 5-7) y su hipocresía (Mt 15, 3-7). Los fariseos, junto con la clase sacerdotal, aparecen como los que deciden la muerte de Jesús (Mt 26, 3; Mc 14, 53-64). Con frecuencia se les trata como opositores de Jesús, sin que se tenga en cuenta su celo por las instituciones y sus méritos religiosos… y de hecho esta parábola pierde su fuerza si no se toman en serio los méritos de los fariseos y la indignidad del publicano (el cobrador de impuestos para los romanos es considerado pecador público).

• El publicano: “atrás” (13) su oración es de petición (Sal 51), reconociendo su condición de pecador (13). Así, el que cree que el amor de Dios se compra con el mérito de las obras, es rechazado por Dios (el que no siente la necesidad de salvación, no puede recibirla); el que espera su rehabilitación del amor gratuito de Dios, la obtiene (14).

Nota:

Publicanos: recaudadores de impuestos, eran considerados pecadores tanto por los maestros de la ley como por la gente del pueblo, porque trabajaban al servicio de las administraciones romanas y herodianas y porque a menudo se aprovechaban injustamente de su actuación en beneficio propio.

Fariseos: eran personas religiosas y observantes: cumplían los ayunos prescritos por la Ley, y practicaban otros que eran voluntarios. Asimismo, pagaban todos los diezmos mandados y todavía añadían otros. De esta manera, pensaban que iban acumulando méritos ante Dios y que así se ganaban su favor.

Pero, ambos se ponen ante los demás

• El fariseo no quiere saber nada de los demás, son los malos (11) y se distancia de ellos; y así lo refleja en el contenido de su oración: “no soy como los demás” (11).

• El publicano reconoce a los demás, sabe que les causa daño, y lo confiesa ante Dios, convirtiéndolo en el contenido de su oración: “ten compasión de este pecador” (13).

• Uno está lleno de sí mismo (de su bondad). El otro espera ser atendido por Dios, llenarse de la bondad del Padre, le pide perdón que sólo Él puede dar y da. Lucas hace una llamada a la humildad de aquellos que se sienten justificados por sus obras y hacen alarde de su “justicia” frente a los que aparecen estar fuera de la ley (15, 7; 16, 15).

• v.14 Es un comentario de Jesús sobre la parábola, donde nos habla de que el publicano “bajó a su casa justificado”, lo que nos lleva al pensamiento de Pablo de la justificación-salvación por la gracia y no por las obras…. Recuerdo que el fariseo, que hace más que lo que exige la Ley, busca sólo su autojustificación a través de las obras. El fariseo, la verdad, no espera nada de Dios ni tiene nada que pedirle, solo hace ostentación de su crédito ante Dios y de su desprecio por los demás (11-12). La acción de gracias sólo es aparente ya que es un monólogo de complacencia en sí mismo. De ahí que parece que Dios debería estar agradecido por su fidelidad. Enumera los vicios de los otros y hay un desprecio del recaudador. Sus prácticas religiosas (ayuno y diezmo) se muestran sin el compromiso con el prójimo (11s).

• La segunda parte del comentario final (14b) tiene otros dos paralelos en los Evangelios: Lc 14, 1, Mt 18, 4 (El que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de Dios), y Mt 23, 12 (Pues el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado) y se refiere al cambio de situación que se producirá al final si el que busca la “justicia” por sus obras no cambia de actitud y se convierte al Evangelio de la gracia.

• Este es un texto para fijarnos si queremos aprender algo sobre la oración: la oración de cada uno es como es la vida. En la oración se manifiesta cuál es la actitud que tenemos ante Dios y ante los demás.

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