Comentario al evangelio – 27 de octubre

Nunca desprecies de tu hermano

      ¿Quién se puede gloriar ante Dios de que es justo? Pues el fariseo de la parábola lo hace sin el más mínimo rebozo. No tiene vergüenza para darle gracias a Dios porque no es como los demás. Se siente diferente. Pertenece a una clase mejor y más alta. Se siente justificado porque ayuna dos veces por semana y paga el diezmo de todo lo que tiene. Dicho en palabras más de nuestros días, porque va puntualmente a misa todos los domingos y contribuye generosamente a su iglesia (claro que dejando bien claro que él es el donante para que todos lo sepan). O porque cumple con todas las normas de la iglesia. No importa que sea un “cumplimiento”, un “cumplo y miento”. No importa el corazón. Lo que importa es que externamente cumple con las leyes. Es “oficialmente” un buen creyente. 

      El publicano se sitúa en las antípodas. Es oficialmente un pecador. Todo el mundo lo sabe. Él también. No tiene nada que presentar ante Dios. Basta con recordar la forma como la gente le mira para imaginarse como Dios lo mira también. Pero va al templo. Me hace pensar en algunas de nuestras iglesias donde las prostitutas de la zona, aunque no van a misa, se acercan a horas en que no hay casi nadie en el templo para encender una vela y hacer una oración a algún santo. El publicano se sabe pecador y lo único que hace es pedir a Dios que le tenga compasión. 

      Pero como dice la primera lectura, la oración de los pobres, de los oprimidos, de los huérfanos y las viudas, de los que no tienen nada, es como un grito que sube hasta el cielo, atraviesa las nubes y llega hasta Dios. Los que no tienen nada no pueden hacer más que esperar en la justicia de Dios. Porque la justicia de los hombres les ha dejado abandonados. 

      Es que nuestro Dios –un poco en contra de lo que dice la primera lectura– es un Dios parcial. Está del lado de los pobres, de los que sufren. Frente a los jueces de este mundo –y jueces somos todos cuando opinamos y juzgamos a nuestros hermanos y hermanas– que suelen escuchar con más facilidad a los que más vocean, a los que más dinero o más poder tienen y desprecian –despreciamos– a los que no tienen nada, Dios, el Dios de Jesús, se pone del lado de los pobres, comprende su situación, sufre con ellos, y mira por su bien.

      En la comunidad de Jesús todos somos hermanos. Todos estamos cubiertos por el inmenso amor de Dios. No hay razón para despreciar a nadie. Si alguien debe tener un lugar de privilegio ha de ser el pobre, el marginado, el pecador, aquel al que le ha tocado la peor parte en esta vida. ¿Quiénes somos nosotros para juzgar a nadie, para entrar en su corazón y decir que es malo?

Para la reflexión

      ¿Miro a algunos de mis hermanos o familiares con desprecio? ¿Por qué? ¿Es que no tengo nada de que avergonzarme? ¿Cómo me debería comportar con ellos si actuase como lo haría Jesús?

Fernando Torres, cmf

Domingo XXX de Tiempo Ordinario

Hoy es 27 de octubre, Domingo XXX de Tiempo Ordinario.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 18, 9-14):

En aquel tiempo, a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, Jesús les dijo esta parábola: «Dos hombres subieron al templo a orar; uno fariseo, otro publicano.

»El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: ‘¡Oh Dios! Te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni tampoco como este publicano. Ayuno dos veces por semana, doy el diezmo de todas mis ganancias’.

»En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ‘¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!’. Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado».

Hoy leemos con atención y novedad el Evangelio de san Lucas. Una parábola dirigida a nuestros corazones. Unas palabras de vida para desvelar nuestra autenticidad humana y cristiana, que se fundamenta en la humildad de sabernos pecadores («¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!»: Lc 18,13), y en la misericordia y bondad de nuestro Dios («Todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado»: Lc 18,14).

La autenticidad es, ¡hoy más que nunca!, una necesidad para descubrirnos a nosotros mismos y resaltar la realidad liberadora de Dios en nuestras vidas y en nuestra sociedad. Es la actitud adecuada para que la Verdad de nuestra fe llegue, con toda su fuerza, al hombre y a la mujer de ahora. Tres ejes vertebran a esta autenticidad evangélica: la firmeza, el amor y la sensatez (cf. 2Tim 1,7).

La firmeza, para conocer la Palabra de Dios y mantenerla en nuestras vidas, a pesar de las dificultades. Especialmente en nuestros días, hay que poner atención en este punto, porque hay mucho auto-engaño en el ambiente que nos rodea. San Vicente de Lerins nos advertía: «Apenas comienza a extenderse la podredumbre de un nuevo error y éste, para justificarse, se apodera de algunos versículos de la Escritura, que además interpreta con falsedad y fraude».

El amor, para mirar con ojos de ternura —es decir, con la mirada de Dios— a la persona o al acontecimiento que tenemos delante. San Juan Pablo II nos anima a «promover una espiritualidad de la comunión», que —entre otras cosas— significa «una mirada del corazón sobre todo hacia el misterio de la Trinidad que habita en nosotros, y cuya luz ha de ser reconocida también en el rostro de los hermanos que están a nuestro lado».

Y, finalmente, sensatez, para transmitir esta Verdad con el lenguaje de hoy, encarnando realmente la Palabra de Dios en nuestra vida: «Creerán a nuestras obras más que a cualquier otro discurso» (San Juan Crisóstomo).

Rev. D. Joan Pere PULIDO i Gutiérrez Secretario del obispo de Sant Feliu

Liturgia – Domingo XXX de Tiempo Ordinario

XXX DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO

Misa del Domingo (verde)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Gloria, Credo. Prefacio dominical.

Leccionario: Vol. I (C)

  • Eclo 35, 12-14. 16-19a. La oración del humilde atraviesa las nubes.
  • Sal 33. El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó.
  • 2Tim 4, 6-8. 16-18. Me está reservada la corona de la justicia.
  • Lc 18, 9-14. El publicano bajó a su casa justificado, y el fariseo no.

Antífona de entrada          Sal 104, 3-4
Que se alegren los que buscan al Señor. Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro.

Monición de entrada
Como todos los domingos, nos hemos reunido para celebrar la Eucaristía, para dar gracias a Dios por su salvación, y recibir el alimento de la Palabra y del Cuerpo y Sangre de Jesucristo.

Hoy, además, es el último domingo del mes de octubre, y por tanto de este mes misionero extraordinario que ha convocado el papa Francisco con el lema: «Bautizados y enviados». Pidamos por el fruto de este acontecimiento, para que toda la Iglesia sea más evangelizadora, aquí y en todas partes.

Acto penitencial
Ahora, humildes y penitentes, como el publicano en el templo, comencemos la celebración de los sagrados misterios acercándonos al Dios justo, y pidámosle que tenga piedad de nosotros, que también nos reconocemos pecadores.

  • Tú que has venido a salvar a los humildes y sencillos. Señor, ten piedad.
    • Tú que siempre escuchas a los pobres y necesitados. Cristo, ten piedad.
    • Tú que estás siempre cerca de los atribulados. Señor, ten piedad.

Gloria

Oración colecta
DIOS todopoderoso y eterno,
aumenta nuestra fe, esperanza y caridad,
y, para que merezcamos conseguir lo que prometes,
concédenos amar tus preceptos.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Credo
Proclamemos ahora todos juntos nuestra fe, con la voluntad de vivirla siguiendo el camino que nos ha trazado Jesús.

Oración de los fieles
Sabiendo que Dios escucha siempre al que se acerca a Él con un corazón humilde, elevémosle nuestras plegarias por todas nuestras necesidades.

1.- Para que la Iglesia bendiga al Señor en todo momento, y combata bien el combate de la fe, reconociéndose ante Dios pobre, humilde y necesitada de purificación. Roguemos al Señor.

2.- Para que los misioneros de todo el mundo continúen realizando su labor evangelizadora y de promoción humana con alegría y esperanza, y su testimonio sea llamada para nuevas vocaciones. Roguemos al Señor.

3.- Para que todos los que trabajan por mejorar las condiciones de vida de los más necesitados descubran en su esfuerzo la iniciativa de Dios, que está cerca de los atribulados. Roguemos al Señor.

4.- Para que los que no conocen a Jesucristo o se han alejado del camino de la fe; puedan llegar a descubrir la luz del evangelio y sean liberados de sus angustias. Roguemos al Señor.

5.- Para que ninguno de nosotros caigamos en la tentación de sentirnos orgullosos de nosotros mismos y tengamos la humildad de aceptar nuestras limitaciones y pecados. Roguemos al Señor.

Oh Dios, tú no haces acepción de personas y nos das la certeza de que la oración de los humildes penetra las nubes: escucha nuestra oración y guárdanos como al publicano arrepentido, haciendo que nos abramos a la confianza en tu misericordia para ser justificados en tu nombre. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
MIRA, Señor,
los dones que ofrecemos a tu majestad,
para que redunde en tu mayor gloria
cuanto se cumple con nuestro ministerio.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión          Cf. Sal 19, 6
Que nos alegremos en tu salvación y glorifiquemos el nombre de nuestro Dios.

     O bien:          Cf. Ef 5, 2
Cristo nos amó y se entregó por nosotros como oblación de suave olor.

Oración después de la comunión
QUE tus sacramentos, Señor,
efectúen en nosotros lo que expresan,
para que obtengamos en la realidad
lo que celebramos ahora sacramentalmente.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición solemne
Dios todopoderoso aleje de vosotros toda adversidad,

y os conceda la abundancia de sus bendiciones.
R./ Amén.

Que Él os de un corazón tan dócil a su palabra,
que encuentre su gozo en los dones eternos.
R./ Amén.

Así, siguiendo el camino del bien,
avancéis por la senda de los mandatos divinos
y lleguéis a ser coherederos del reino de los santos.
R./ Amén.

Santoral 27 de octubre

La hermosa y teresiana ciudad de Ávila celebra en este día a sus patronos Vicente, Sabina y Cristeta mártires del siglo III al IV. Todo parece indicar que en Ávila no existía entonces una comunidad cristiana y que murieron huyendo desde Talavera de la Reina. Esta tradición perduró incluso durante la persecución musulmana. Estos tres jóvenes adolescentes nos demuestran que merece la pena morir por amor a Cristo. Esto explica que Ávila les profese tanta devoción.

El santoral nos recuerda también a San Abbán abad irlandés, Abrahán discípulo de San Pacomio, Capitonila y Eroteides mártires, Ciriaco, Desiderio, Elesbán, rey de Etiopía, Frumencio, obispo misionero en Etiopía y creador de la primera comunidad cristiana de este país africano, Gaudioso y Namacio obispos, Nestor y Odrán monjes, Traseas obispo y Santa Tecla conmemorada por la iglesia copta.

La liturgia hace memoria también de los beatos Goswin, monje cisterciense, del obispo Bartolomé de Vicenza y de la religiosa dominica Antonia de Brecia, que murió centenaria después de muchos sufrimientos.

Álvaro Maestro Jesús

Laudes – Domingo XXX de Tiempo Ordinario

LAUDES

DOMINGO XXX TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Pueblo del Señor, rebaño que él guía, venid, adorémosle. Aleluya.

SALMO 94: INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendición al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
«Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso».»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Somos el pueblo de la Pascua,
Aleluya es nuestra canción,
Cristo nos trae la alegría;
levantemos el corazón.

El Señor ha vencido al mundo,
muerto en la cruz por nuestro amor,
resucitado de la muerte
y de la muerte vencedor.

Él ha venido a hacernos libres
con libertad de hijos de Dios,
él desata nuestras cadenas;
alegraos en el Señor.

Sin conocerle, muchos siguen
rutas de desesperación,
no han escuchado la noticia
de Jesucristo Redentor.

Misioneros de la alegría,
de la esperanza y del amor,
mensajeros del Evangelio,
somos testigos del Señor.

Gloria a Dios Padre, que nos hizo,
gloria a Dios Hijo Salvador,
gloria al Espíritu divino:
tres Personas y un solo Dios. Amén.

SALMO 117: HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA VICTORIA

Ant. Bendito el que viene en nombre del Señor. Aleluya.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.

Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.

Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia.

En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a salvo.

El Señor está conmigo: no temo;
¿qué podrá hacerme el hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis adversarios.

Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes.

Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.

Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.

Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos:
«la diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.»

No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.

Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.

— Ésta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.

— Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.

Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.

— Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina.

— Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del altar.

Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Bendito el que viene en nombre del Señor. Aleluya.

CÁNTICO de DANIEL: QUE LA CREACIÓN ENTERA ALABE AL SEÑOR

Ant. Cantemos un himno al Señor, nuestro Dios. Aleluya.

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito tu nombre, santo y glorioso:
a él gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en el templo de tu santa gloria:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres sobre el trono de tu reino:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas los abismos:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en la bóveda del cielo:
a ti honor y alabanza por los siglos.

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Cantemos un himno al Señor, nuestro Dios. Aleluya.

SALMO 150: ALABAD AL SEÑOR

Ant. Alabad al Señor por su inmensa grandeza. Aleluya.

Alabad al Señor en su templo,
alabadlo en su fuerte firmamento.

Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa grandeza.

Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y cítaras,

alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y flautas,

alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos vibrantes.

Todo ser que alienta alabe al Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo

Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Alabad al Señor por su inmensa grandeza. Aleluya.

LECTURA: Ez 36, 25-27

Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar; y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos.

RESPONSORIO BREVE

R/ Te damos gracias, oh Dios, invocando tu nombre.
V/ Te damos gracias, oh Dios, invocando tu nombre.

R/ Contando tus maravillas.
V/ Invocando tu nombre.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Te damos gracias, oh Dios, invocando tu nombre.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El publicano se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: «¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador.»

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El publicano se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: «¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador.»

PRECES

Demos gracias a nuestro Salvador, que ha venido al mundo para ser «Dios con nosotros» y digámosle confiadamente:

Cristo, Rey de la gloria, sé nuestra luz y nuestro gozo.

Señor Jesús, Sol que nace de lo alto y primicia de la resurrección futura,
— haz que, siguiéndote a ti, no vivamos nunca en sombra de muerte, sino que tengamos siempre la luz de la vida.

Que sepamos descubrir, Señor, cómo todas las criaturas están llenas de tus perfecciones,
— para que así, en todas ellas, sepamos contemplarte a ti.

No permitas, Señor, que hoy nos dejemos vencer por el mal,
— antes danos tu fuerza para que venzamos al mal a fuerza de bien.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú, que, al ser bautizado en el Jordán, fuiste ungido con el Espíritu Santo,
— asístenos durante este día, para que actuemos movidos por este mismo Espíritu de santidad.

Por Jesús nos llamamos y somos hijos de Dios; por ello, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, aumenta nuestra fe, esperanza y caridad, y, para conseguir tus promesas, concédenos amar tus preceptos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.