II Vísperas – Todos los santos

II VÍSPERAS

TODOS LOS SANTOS

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme. 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Peregrinos del reino celeste,
hoy, con nuestras plegarias y cantos,
invocamos a todos los santos,
revestidos de cándida veste.

Estos son los que a Cristo siguieron,
y por Cristo la vida entregaron,
en su sangre de Dios se lavaron,
testimonio de amigos le dieron.

Sólo a Dios en la tierra buscaron,
y de todos hermanos se hicieron.
Porque a todos sus brazos se abrieron,
éstos son los que a Dios encontraron.

Desde el cielo, nos llega cercana
su presencia y su luz guiadora:
nos invitan, nos llaman ahora,
compañeros seremos mañana.

Animosos, sigamos sus huellas,
nuestro barro será transformado
hasta verse con Cristo elevado
junto a Dios en su cielo de estrellas.

Gloria a Dios, que ilumina este día:
gloria al Padre, que quiso crearnos,
gloria al Hijo, que vino a salvarnos,
y al Espíritu que él nos envía. Amén.

SALMO 109: EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE

Ant. Vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todos los pueblos, de pie delante del trono.

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todos los pueblos, de pie delante del trono.

SALMO 115: ACCIÓN DE GRACIAS EN EL TEMPLO

Ant. Dios los puso a prueba, y los halló dignos de sí; por eso recibirán la noble corona de manos del Señor.

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.»

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
siervo tuyo, hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Dios los puso a prueba, y los halló dignos de sí; por eso recibirán la noble corona de manos del Señor.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE LOS REDIMIDOS

Ant. Con tu sangre nos compraste, Señor Dios, hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación, y has hecho de nosotros un reino para nuestro Dios.

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Con tu sangre nos compraste, Señor Dios, hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación, y has hecho de nosotros un reino para nuestro Dios.

LECTURA: 2Co 6, 16b; 7, 1

Nosotros somos templo del Dios vivo; así lo dijo él: «Habitaré y caminaré con ellos; seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.» Estas promesas tenemos, queridos hermanos; por eso, limpiemos toda suciedad de cuerpo o de espíritu, para ir completando nuestra consagración en el temor de Dios.

RESPONSORIO BREVE

R/ Santos y justos, alegraos en el Señor.
V/ Santos y justos, alegraos en el Señor.

R/ Dios se os escogió como heredad.
V/ Alegraos en el Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Santos y justos, alegraos en el Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. ¡Qué glorioso es el reino donde todos los santos gozan con Cristo!; vestidos con vestiduras blancas, siguen al Cordero adondequiera que vaya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. ¡Qué glorioso es el reino donde todos los santos gozan con Cristo!; vestidos con vestiduras blancas, siguen al Cordero adondequiera que vaya.

PRECES
Invoquemos con alegría a Dios, corona de todos los santos, y digámosle:

Sálvanos, Señor, por la intercesión de los santos.

Dios sapientísimo, que por medio de Cristo has constituido a los apóstoles fundamento de tu Iglesia,
— conserva a tus fieles en la doctrina que ellos enseñaron.

Tú que has dado a los mártires la fortaleza del testimonio, hasta derramar su sangre,
— haz que los cristianos testigos fieles de tu Hijo.

Tú que has dado a las santas vírgenes el don insigne de imitar a Cristo virgen,
— haz que reconozcan la virginidad a ti consagrada como una señal particular de los bienes celestiales.

Tú que manifiestas en todos los santos tu presencia, tu rostro y tu palabra,
— otorga a tus fieles sentirse más cerca de ti por su imitación.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Concede a los difuntos vivir por siempre en compañía de la bienaventurada Virgen María, de san José y de todos los santos,
— y otórganos a nosotros, por su intercesión, esa misma compañía.

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, que nos has otorgado celebrar en una misma fiesta los méritos de todos los santos, concédenos, por esta multitud de intercesores, la deseada abundancia de tu misericordia y tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 1 de noviembre

Las Bienaventuranzas
Mateo 5,1-12 

1. Escucha del texto

a) Oración inicial:

¡Oh, Señor!, buscar tu Palabra, que nos lleva al encuentro con Cristo, es todo el sentido de nuestra vida. Haznos capaces de acoger la novedad del evangelio de las Bienaventuranzas, que así es como mi vida puede cambiar.

De ti, Señor, no podría saber nada, si no existiese la luz de la Palabra de tu Hijo Jesús, venido, para “contarnos” tus maravillas. Cuando soy débil, apoyándome en Él, Verbo de Dios, me hago fuerte. Cuando me comporto como un ignorante, la sabiduría de su evangelio me restituye el gusto de Dios, la suavidad de su amor. Y me guía por los senderos de la vida. Cuando aparece en mí cualquier deformidad, reflexionando en su Palabra, la imagen de mi personalidad se hace bella. Cuando la soledad me tienta para dejarme sin vigor, uniéndome a Él en matrimonio espiritual mi vida llega a ser fecunda. Y cuando me hallo en cualquier tristeza o infelicidad, el pensar en Él como m i único bien, me abre el sentido del gozo. Un texto que resume fuertemente el deseo de la santidad, como búsqueda intensa de Dios y escucha de los hermanos, es el de Teresa del Niño Jesús: “Si tú eres nada, no olvides que Jesús lo es todo. Debes por tanto perder tu poca nada, en su infinito todo y no pensar nada más que en este todo totalmente amable…” (Cartas, 87, a María Guerin)
Matthew 5:1-12b) Lectura del evangelio:

1 Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. 2 Y, tomando la palabra, les enseñaba diciendo:
3 «Bienaventurados los pobres de espíritu,
porque de ellos es el Reino de los Cielos.

4 Bienaventurados los mansos,
porque ellos poseerán en herencia la tierra.

5 Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados.

6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos serán saciados.

7 Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.

8 Bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.

9 Bienaventurados los que trabajan por la paz,
porque ellos serán llamados hijos de Dios.

10 Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el Reino de los Cielos.

11 Bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. 12Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.

c) Momentos de silencio orante:

Para ser alcanzados por la Palabra de Cristo y para que la Palabra, hecha carne, que es Cristo, pueda habitar en nuestros corazones y nos podamos unir a ella, es necesario que se haya escuchado en silencio profundo. Sólo en los corazones silenciosos la Palabra de Dios puede nacer también en esta Solemnidad de los Santos y, también hoy, tomar carne. 

2. La Palabra se ilumina (lectio)

a) Contexto:

La Palabra de Jesús sobre las Bienaventuranzas que Mateo recoge de sus fuentes, estaba condensada en breves y aisladas frases y el evangelista las ha colocado dentro de un discurso de más amplio respiro; es lo que los peritos de la Biblia llaman “ discurso de la montaña” (capítulos 5-7). Tal discurso viene considerado como el Estatuto o la Carta Magna que Jesús ha confiado a su comunidad como palabra normativa y vinculante para definirse cristiana.

Los varios temas de la palabra de Jesús contenidos en este largo discurso no son una suma o aglomerado de exhortaciones, sino más bien indican con claridad y radicalidad cual debe ser la nueva actitud que hay que tener con Dios, con nosotros mismos y con nuestros hermanos. Algunas expresiones de esta enseñanza de Jesús pueden aparecer exageradas, pero son utilizadas para dar una imagen más viva de la realidad y por tanto realista en el contenido, aunque no en la forma literaria: por ejemplo en los vv. 29-30: “Si tu ojo derecho te es ocasión de escándalo, sácatelo y arrójalo fuera de ti: es mejor que perezca uno de tus miembros, que todo el cuerpo sea arrojado a la Gehenna. Y si tu mano derecha te es ocasión de escándalo, córtatela y arrójala lejos de ti; es mejor que perezca uno de tus miembros, que todo el cuerpo termine en la Gehenna”. Tal modo de expresarse es para indicar el efecto que se quiere crear en el lector, el cual debe entender rectamente la palabra de Jesús para no trastocar el sentido.

Nuestra atención por exigencias litúrgicas se detiene en la primera parte del “discurso de la montaña”, aquella precisamente que se abre con la proclamación de las bienaventuranzas (Mt 5,1-12)

b) Algunos particulares:

Mateo prepara al lector a escuchar las bienaventuranzas pronunciadas por Jesús con una rica concentración de detalles particulares. Ante todo se indica el lugar en el cual Jesús pronuncia su discurso: “Jesús subió al monte” (5,1). Por este motivo los exegetas lo definen como el “sermón del monte” a diferencia de Lucas que lo inserta en el contexto de un lugar llano (Lc 6,20-26). La indicación geográfica “del monte” podría aludir veladamente a un episodio del AT muy semejante al nuestro: es cuando Moisés promulga el decálogo sobre el Monte Sinaí. No se excluye que Mateo intente presentar la figura Jesús, nuevo Moisés, que promulga la ley nueva.

Otro particular que nos llama la atención es la posición física con la que Jesús pronuncia sus palabras: “se sentó”. Tal postura confiere a su persona una nota de autoridad en el momento de legislar. Lo rodean los discípulos y las “muchedumbres”: este particular intenta demostrar que Jesús al pronunciar tales palabras se ha dirigido a todos y que se deben considerar actuales para todo el que escucha. Hay que notar que el discurso de Jesús no presenta detalles de formas de vida imposibles, o que están dirigidas a un grupo de personas especiales o particulares, ni intenta fundar una ética exclusivamente para el interior. Las exigentes propuestas de Jesús son concretas, comprometidas y decididamente radicales.

Alguien ha estigmatizado así el discurso de Jesús: “Para mí, el texto más importante de la historia humana. Se dirige a todos, creyentes o no, y permanece después de veinte siglos, como la única luz que brilla todavía en las tinieblas de la violencia, del miedo, de la soledad en la que ha sido arrojado el Occidente por su propio orgullo y egoísmo” (Gilbert Cesbron)

El término “beati” (en griego makarioi) en nuestro contexto no expresa un leguaje “plano” sino un verdadero y preciso grito de felicidad, difundidísimo en el mundo de la Biblia. En el AT, por ejemplo, se definen personas “felices” a aquellos que viven las indicaciones de la Sabiduría (Sir 25,7-10). El orante de los Salmos define “feliz” a quien teme, o más precisamente , a quien ama al Señor, expresándolo en la observancia de las indicaciones contenidas en la Palabra de Dios (Sal 1,1; 128,1).

La originalidad de Mateo consiste en la unión de una frase secundaria que especifica cada bienaventuranza: por ejemplo, la afirmación principal “bienaventurados los pobres de espíritu” se ilustra con una frase añadida “porque de ellos es el reino de los cielos”. Otra diferencia respecto al AT: la de Jesús anuncian una felicidad que salva en el presente y sin limitaciones. Además, para Jesús, todos pueden acceder a la felicidad, a condición de que se esté unido a Él.

c) Las tres primeras bienaventuranzas

i) El primer grito va dirigido a los pobres: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”. El lector queda desorientado: ¿cómo es posible que los pobres puedan ser felices? El pobre en la Biblia es aquel que se vacía de si mismo y sobre todo renuncia a la presunción de construir su presente y futuro de modo autónomo, para dejar, por el contrario, más espacio y atención al proyecto de Dios y a su Palabra. El pobre, siempre en sentido bíblico, no es un hombre cerrado en sí mismo, miserable, sino que nutre una apertura a Dios y a los demás. Dios representa toda su riqueza. Podríamos decir con Santa Teresa de Ávila: felices son los que hacen la experiencia del “¡Sólo Dios basta!”, en el sentido de que son ricos de Dios.
Un gran autor espiritual de nuestro tiempo ha descrito así el sentido verdadero de la pobreza: “ Hasta que el hombre no vacía su corazón, Dios no puede rellenarlo de sí. En cuanto y en la medida que de todo vacíe su corazón, el Señor lo llena. La pobreza es el vacío, no sólo en lo referente al futuro, sino también en lo que se refiere al pasado. Ningún lamento o recuerdo, ninguna ansia o deseo. Dios no está en el pasado. Dios no está en el futuro. ¡Él es la presencia! Deja a Dios tu pasado, deja a Dios tu futuro. Tu pobreza es vivir en el acto que vives, la presencia pura de Dios que es la Eternidad” (Divo Barsotti)
Es la primera bienaventuranza, no sólo porque da inicio a la serie, sino porque parece condensar las variedades específicas de las otras.

ii) ”Bienaventurados los mansos porque poseerán la tierra”. La segunda bienaventuranza se refiere a la mansedumbre. Una actitud, hoy, poco popular. Incluso para muchos tiene una connotación negativa y se entiende como debilidad o por aquella imperturbabilidad de quien sabe controlar por cálculo la propia emotividad. ¿Cuál es el significado de “mansos” en la Biblia? Los mansos se perfilan como personas que gozan de una gran paz (Salmo 37,10), son considerados como felices, benditos, amados por Dios. Y al mismo tiempo son contrapuestos a los malvados, impíos, a los pecadores. De aquí que el AT presenta una riqueza de significados que no nos permiten una definición unívoca.
En el NT el primer texto que encontramos es Mt 11,29: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón”. Un segundo texto está en Mt 21,5. Mateo cuando quiere narrar la entrada de Jesús en Jerusalén, cita la profecía de Zacarías 9,9: “He aquí que tu siervo viene a ti manso” En verdad, el evangelio de Mateo pudiera ser definido el evangelio de la mansedumbre.
También Pablo recuerda la mansedumbre como una actitud específica del ser cristiano. En 2 Corintios 10,1 exhorta a los creyentes “por la benignidad y mansedumbre de Cristo”. En Gálatas 5,22 la mansedumbre es considerada un fruto del Espíritu Santo en el corazón de los creyentes y consiste en ser mansos, moderados, lentos para herir, dulces, pacientes con los demás. Y todavía en Efesios 4,32 y Colosenses 3,12 la mansedumbre es un comportamiento que deriva de ser cristiano y es una señal que caracteriza al hombre nuevo de Cristo.
Y finalmente, una indicación elocuente nos viene de la 1 Pedro 3,3-4: “ Vuestro ornato no ha de ser el exterior, cabellos rizados, ataviados con collares de oro o la compostura de los vestidos, tratad más bien de adornar el interior de vuestro corazón con un espíritu incorruptible lleno de mansedumbre y de paz que es lo precioso delante de Dios”.
En el discurso de Jesús ¿qué significado tiene el término “mansos”? Verdaderamente iluminadora es la definición del hombre manso que nos ofrece el Card. Carlo Maria Martín: “ El hombre manso según las bienaventuranzas es aquel que, a pesar del ardor de sus sentimientos, permanece dúctil y libre, no posesivo, internamente libre, siempre sumamente respetuoso del misterio de la libertad, imitador en esto de Dios, que hace todo en el sumo respeto por el hombre, y mueve al hombre a la obediencia y al amor sin usar jamás la violencia. La mansedumbre se opone así a toda forma de prepotencia material y moral, es la victoria de la paz sobre la guerra, del diálogo sobre el atropello”.
A esta sabia interpretación se añade la de otro ilustre exegeta: “La mansedumbre de la que habla las bienaventuranzas no es otra cosa que aquel aspecto de humildad que se manifiesta en la afabilidad puesta en acto en las relaciones con el prójimo. Tal mansedumbre encuentra su ilustración y su perfecto modelo en la persona de Jesús, manso y humilde de corazón. En el fondo nos aparece como una forma de caridad, paciente y delicadamente atenta para con los demás”. (Jacques Dupont)

iii) “Bienaventurados los que lloran porque ellos serán consolados”. Se puede llorar por un gran dolor o sufrimiento. Tal estado de ánimo subraya que se trata de una situación grave, aunque no se indiquen los motivos para identificar la causa. Queriendo identificar hoy la identidad de estos “afligidos” se podría pensar en todos los cristianos que desean con vehemencia la llegada del Reino y sufren por tantas cosas negativas en la Iglesia; al contrario de preocuparse de la santidad, la Iglesia presenta divisiones y heridas. Pueden ser también aquellos que están afligidos por sus propios pecados e inconsistencias y que, en algún modo, vuelven al camino de la conversión. A estas personas sólo Dios puede llevarles la novedad de la “consolación”. 

3. La palabra me ilumina (para meditar)

a) ¿Sé aceptar aquellos pequeños signos de pobreza que a mí me suceden? Por ejemplo, ¿ la pobreza de la salud, las pequeñas indisposiciones? ¿Tengo grandes pretensiones?
b) ¿Sé aceptar cualquier aspecto de mi pobreza y fragilidad?
c) ¿Sé rezar como un pobre, como uno que pide con humildad la gracia de Dios, su perdón, su misericordia?
d) Inspirado por el mensaje de Jesús sobre la mansedumbre ¿sé renunciar a la violencia, a la venganza, al espíritu de revancha?
e) ¿Sé cultivar, en familia y en mi puesto de trabajo, un espíritu de dulzura, de mansedumbre y de paz?
f) ¿Respondo con el mal a las pequeñas ofensas, a las insinuaciones, a las alusiones ofensivas?
g) ¿Sé estar atento con los débiles, que son incapaces de defenderse? ¿Soy paciente con los ancianos? ¿Acogedor con los extranjeros, los cuales a menudo son explotados en su trabajo? 

4. Para orar

a) Salmo 23:

El salmo parece rotar en torno a un título “El Señor es mi pastor”. Los santos son imágenes del rebaño en camino: ellos están acompañados por la bondad de Dios, hasta que lleguen definitivamente a la casa del Padre (P. Alonso Schökel, Los salmos de la confianza, Dehoniana libri, Bolonia 2006, 54)

Yahvé es mi pastor, nada me falta.

En verdes pastos me hace reposar.
Me conduce a fuentes tranquilas,
allí reparo mis fuerzas.
Me guía por cañadas seguras
haciendo honor a su nombre.

Aunque fuese por valle tenebroso,
ningún mal temería,
pues tú vienes conmigo;
tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas ante mí una mesa,
a la vista de mis enemigos;
perfumas mi cabeza,
mi copa rebosa.

Bondad y amor me acompañarán
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa de Yahvé
un sinfín de días.

b) Oración final:

Señor Jesús, tú nos indica la senda de las bienaventuranzas para llegar a aquella felicidad que es plenitud de vida y de santidad. Todos estamos llamados a la santidad, pero el tesoro para los santos es sólo Dios. Tu Palabra Señor, llama santos a todos aquellos que en el bautismo han sido escogidos por tu amor de Padre, para ser conformes a Cristo. Haz, Señor, que por tu gracia sepamos realizar esta conformidad con Cristo Jesús. Te damos gracias, Señor, por tus santos que has puesto en nuestro camino, manifestación de tu amor. Te pedimos perdón porque hemos desfigurados en nosotros tu rostro y renegado nuestra llamada a ser santos.

Comentario del 1 de noviembre

El vidente del Apocalipsis contempla una muchedumbre inmensa e incontable de toda nación, raza y lengua, delante del trono y del Cordero, y vestidos de fiesta (con blancas vestiduras y palmas en las manos); y gritando con voz potente: ¡La salvación es de nuestro Dios… y del Cordero!

Aquí tenemos representados a esos santos que hoy celebramos como esa muchedumbre inmensa en la que se encuentran hombres, mujeres, niños, ancianos y adultos de toda procedencia, de toda raza y nación, y celebrando la salvación que reconocen como don de Dios; pues la salvación –dicen- es de nuestro Dios y del Cordero. Pero los beneficiarios de esa salvación son finalmente los salvados: esos santos que lo son porque ya han logrado su destino y su fin últimos. Porque no tenemos otra meta que la salvación; y decir salvación es también decir bienaventuranza; pues con la salvación llega la plena satisfacción de nuestros deseos y aspiraciones más hondas, ésas que nunca se ven saciadas con nada de este mundo y tienen, por tanto, el carácter de lo infinito y lo eterno.

Pero esos santos que hoy celebramos como miembros de nuestra Iglesia, en este caso triunfante, vienen como nosotros de la gran tribulación que representa el paso por este mundo o valle de lágrimas. Pero es ahí, en el lugar de la gran tribulación, donde han lavado y blanqueado sus mantos en la sangre del Cordero: algo que les ha permitido presentarse con el traje de fiesta en el banquete del Reino de los cielos. Estos son los méritos de los santos (un una u otra forma, mártires): haber mezclado (o lavado) su vida con la sangre del Cordero: una sangre que lava y purifica, una sangre que hace dignos del Reino de Dios.

San Juan nos dice que los santos no son otra cosa que hijos de Dios en los que ya se ha manifestado lo que están llamados a ser: la perfecta semejanza con Él que nos logra la visión. Entonces, cuando le veamos tal cual es, seremos semejantes a Él, como los santos, moradores del cielo. Pero para verle en este modo, es preciso una mirada limpia, esto es, esa limpieza de corazón que permite ver a Dios. Es la mirada que han adquirido los santos a lo largo de su vida: una mirada que se ha ido forjando en la fe, la esperanza y la caridad, una mirada de hijos, a la que nos vamos conformando en la medida en que contemplamos al Hijo y sus actuaciones. Contemplar al Hijo es contemplar a Dios en la tierra o con indumentaria humana. No es la contemplación cara a cara, pero la anticipa en alguna medida. Y habitúa nuestra mirada a la visión definitiva de Dios en el cielo.

Sólo los que alcanzan este fin: ver a Dios, logran la felicidad deseada, porque sólo Dios, el sumo Bien, puede colmar nuestras ansias de felicidad. Pero para alcanzar esta meta es necesario, como señalan las bienaventuranzas, hacerse pobre de espíritu, ser sufrido (paciente), tener hambre y sed de la justiciaser misericordioso, trabajar por la paz, ser perseguido por causa de la justicia o por causa de Cristo… porque sólo de ellos es el Reino de los cielos, o el consuelo, o la saciedad…, o la gran recompensa en el cielo, es decir, la dicha que otorga este estado o recompensa al que da acceso la pobreza de espíritu, el sufrimiento soportado con amor, la misericordia que atrae misericordia, la limpieza de corazón que propicia la visión de Dios.

Los santos que hoy recordamos son precisamente estos bienaventurados (=dichosos) que ven a Dios y han entrado en posesión del Reino de los cielos, hasta el punto de quedar saciados. Ésta es su recompensa. Para esto fueron hechos. Ésta debe ser también nuestra aspiración, pues también nosotros hemos sido hechos (por Dios) para el cielo. Más allá no hay nada a lo que aspirar, pues más allá del cielo no hay nada.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en 
Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

169. Propongo a los jóvenes ir más allá de los grupos de amigos y construir la «amistad social, buscar el bien común. La enemistad social destruye. Y una familia se destruye por la enemistad. Un país se destruye por la enemistad. El mundo se destruye por la enemistad. Y la enemistad más grande es la guerra. Y hoy día vemos que el mundo se está destruyendo por la guerra. Porque son incapaces de sentarse y hablar […]. Sean capaces de crear la amistad social»[90]. No es fácil, siempre hay que renunciar a algo, hay que negociar, pero si lo hacemos pensando en el bien de todos podremos alcanzar la magnífica experiencia de dejar de lado las diferencias para luchar juntos por algo común. Si logramos buscar puntos de coincidencia en medio de muchas disidencias, en ese empeño artesanal y a veces costoso de tender puentes, de construir una paz que sea buena para todos, ese es el milagro de la cultura del encuentro que los jóvenes pueden atreverse a vivir con pasión.


[90] Saludo a los jóvenes del Centro Cultural Padre Félix Varela en La Habana (20 septiembre 2015): L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (25 septiembre 2015), p. 5.

Un futuro lleno de esperanza

Jesús con las Bienaventuranzas presenta un camino de discipulado orientado a la felicidad. Esta felicidad prometida no es una utopía lejana, sino un modo de ser y de vivir que afrontando el mal se sostiene en la confianza en un Dios que nunca abandona la obra de sus manos. Ser felices al estilo del maestro galileo es tejer historias de justicia y esperanza haciendo memoria constante de aquello que humaniza y recrea en el cotidiano vivir de cada ser humano.

El Sermón de la montaña es la primera predicación extensa de Jesús en el evangelio de Mateo. En él el Maestro desarrolla las claves centrales que hacen posible la llegada del Reino y su justicia. Un Reino que no es un espacio etéreo y lejano hacia el que hay que caminar, sino el lugar concreto y frágil de nuestra vida a la que Dios llega para ofrecernos su amor y perdón. Y una justicia que nada tiene que ver con nuestro concepto legalista de lo que ha de ser premiado o castigado, sino la herramienta que permite alcanzar el sueño de Dios actuando en la realidad y reorganizando los valores y expectativas humanas.

Las Bienaventuranzas son memoria de el hacia dónde y el desde donde se ha de articular el seguimiento de Jesús. En ellas se repite machaconamente la llamada a la felicidad. Ser dichosas o dichosos no significa, sin embargo, alejarse del conflicto o de la carencia, es por el contrario afrontarlos renunciando a la posesión, al poder o a la violencia que quiebran las relaciones y someten el corazón humano.

El hecho de que Jesús llame dichos@s a quienes parece que tienen poco o nada de que alegrarse resulta paradójico, pero está cargado de fuerza profética. Es una llamada al compromiso para transformar la realidad y a permanecer en él. A resistir a pesar de la debilidad y sufrimiento que esta tarea conlleva sabiendo como Jesús que la causa merece la pena. con el corazón limpio,

Bienaventurad@s los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

La palabra pobre en hebreo no se refiere solo a quien no tiene dinero, sino, en un sentido más amplio, a quien está oprimido, a quien se le vulneran sus derechos y se le humilla. Esta dura realidad demasiado frecuente en tiempos de Jesús se convierte de la mano del evangelista Mateo en una metáfora del modo en que todo seguidor y seguidora de Jesús ha de afrontar y asumir el proyecto del Reino.

La expresión pobres de espíritu quiere indicar de este modo no un camino de pobreza interior sino un modo de estar en el mundo y en la comunidad que reconvierte en positivo la vulnerabilidad, la pequeñez y la humildad haciéndolas espacio de gratuidad de honestidad y servicio.

Bienaventurad@os los que lloran, porque ellos serán consolados.

La aflicción no tiene la última palabra en la vida. Consolar y ser consolados visibiliza la acción compasiva de Dios. La consolación no es conmoverse por la pena del otro u la otra, sino sentirse tocado/a en el lugar donde el otro/a sufre y luchar porque la causa de ese dolor desaparezca. Así lo hizo Jesús con aquella viuda de Nain.

Bienaventurad@s l@s mansos, porque ell@s poseerán en herencia la tierra.

La actitud que aquí se resalta, es algo más que de no responder violentamente a una provocación. La justificación vital de quien, como Jesús, asume perder para incluir se sostiene en la acogida de lo distinto, en la humildad para no sentirse con derecho a vencer, a dominar a imponer. Así lo vivió Jesús cuando decidió afrontar la cruz.

Bienaventurad@s l@s que tienen hambre y sed de justicia, porque ell@s serán saciados.

La justicia, como criterio de conducta que visibiliza la alianza entre Dios y el ser humano, una alianza nacida del amor y el perdón divino, es un anhelo, pero también una praxis. Tener hambre y sed de la justicia es vivirse volcada/o hacia el bien común, es estar siempre dispuesta/o a buscar que todo funcione mejor, que el poder no arrebate el servicio, que el éxito no oscurezca los caminos de solidaridad compartidos. Así lo descubrimos tantas veces en la vida de Jesús, en sus curaciones, sus comidas, sus encuentros…

Bienaventurad@s l@s misericordios@s, porque ell@s alcanzarán misericordia.

En una perspectiva más sapiencial la misericordia se convierte en el camino del dar y recibir que constituyen las relaciones humanas. No se trata de actuar bien para recibir una respuesta positiva de los demás, se trata de dejar que la vida entera se conmueva ante la necesidad de la otra o el otro. Es amar al prójimo como a ti mismo/a, es en definitiva ser entera donación como lo es Dios para cada uno/o.

Bienaventurad@s l@s limpi@s de corazón, porque ell@s verán a Dios.

Limpio de corazón es una expresión judía que se encuentra con frecuencia en el marco de la espiritualidad bíblica. Con ella se expresa el modo de ser de quien tienen toda su vida orientada desde Dios. El corazón, en lenguaje judío, es el centro del querer, del pensar y del sentir humano por lo tanto cuando se habla de tener un corazón limpio se esta hablando de dejar que Dios, en su amor y perdón, tenga la última palabra en nuestra vida.

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Trabajar por la paz es empeñarse en construir las relaciones en armonía, bondad, perdón. Esta actitud es la que nos constituye en hijos e hijas de Dios porque esa filiación nos hermana a unos/as con otros/as, genera sororidad y fraternidad y nos permite vivir en armonía con nosotros/as mismos/as, con los demás y con la madre tierra.

Bienaventurad@s l@s perseguid@s por causa de la justicia, porque de ell@s es el Reino de los Cielos.

El centro de la vida de Jesús fue la proclamación del Reino de Dios. Este anuncio mostraba a Dios actuando en el mundo con misericordia y perdón. Presentar a Dios así supuso para Jesús rechazo y persecución porque era (y es difícil) de concebir a un Dios absolutamente gratuito y bondadoso que se empeñaba en perdonar, en incluir, en ofrecer nuevas oportunidades.

Jesús no solo proclamó a este Dios, sino que actuó en su nombre sanado y salvando, pues solo así era posible hacer real la justicia que brotaba del Reino. Una justicia que muchos no deseaban y que justificó la cruz de Jesús y la de tantos seguidores y seguidoras suyas.

“Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.

Carme Soto Varela, ssj

Misa del domingo: misa con niños

1. MONICIÓN DE ENTRADA

Hola, amigos. En la vida hay muchas formas de encontrarnos con Jesús. Unas veces, lo vemos en los necesitados; otras, por ejemplo, en la Palabra de Dios; y, sobre todo, lo sentimos vivo, alegre y cercano en la Eucaristía.

Al Señor no lo podemos ver desde fuera. Él quiere que nos acerquemos, que hagamos un esfuerzo, como lo hizo ZAQUEO, para ver cuando pasa.

Hoy, nos podríamos preguntas; ¿qué cosas nos alejan de Jesús? ¿En qué debemos cambiar para estar más contentos de nosotros mismos y para agradar a Jesús?

Hoy, si queremos comulgar de verdad, si queremos que el Señor se aloje en nuestra casa, le digamos: mira, soy un pecador, pero quiero ser mejor.

Nos ponemos de pie y recibimos al sacerdote cantando.

2. PENITENCIAL

2.1. Tú, Jesús, nos enseñas que lo que vale y lo que cuenta ante los ojos del Señor son las personas. Perdón por no seguirte como tú mereces. Señor, ten piedad

2.2. Tú, Jesús, pasas a nuestro lado y lo malo es que, sin querer, estamos tan ocupados que no te vemos. Cristo, ten piedad

2.3. Tú, Jesús, nos enseñas que en lo pequeño está lo valioso para Dios. Nosotros, en cambio, buscamos el ser grandes, el tener, el poseer. Señor ten piedad.

3. MONICIÓN A LAS LECTURAS

Si algo tenemos que tener claro es que DIOS NOS AMA CON LOCURA. Y, aun cuando nos alejamos de Él, pues nos perdona para que volvamos al camino correcto.

San Pablo, en este día, nos va a recordar que el tiempo en el que vivimos en la tierra, es una oportunidad que Dios nos da para hacer el bien.

Finalmente, en el Evangelio, vamos a escuchar un bonito relato de Zaqueo. Veremos cómo cambió su vida desde que se encontró con Jesús. Escuchemos con atención.

4. ORACIÓN DE LOS FIELES

4.1. Por la Iglesia. Es un gran árbol desde el que observamos el futuro que nos espera. Que el Señor la proteja, la ilumine y le dé mucha fuerza para seguir adelante. Roguemos al Señor.

4.2. Como Zaqueo, también nosotros, vamos recaudando muchas cosas: genio, dinero, envidias, violencia, enfado. Que sepamos desprendernos de todo eso para que Jesús se quede en nuestro corazón. Roguemos al Señor.

4.3. Somos débiles. No siempre damos gusto a Dios ni a las personas que más amamos. Para que sepamos bajarnos de nuestro orgullo, de nuestros caprichos, de aquello que estorba a nuestra amistad con Dios. Roguemos al Señor.

4.4. Por todos los que tienen riquezas pero olvidan a los pobres. Para que comprendan que, al final de la vida, nos iremos al otro mundo sin más tesoro que el bien realizado a los demás. Roguemos al Señor.

4.5. Eb este mes de noviembre, tengamos un recuerdo especial por nuestros difuntos; faltan en nuestras familias abuelos, tíos o incluso algún padre o madre. Que el Señor les haga felices junto a Él. Roguemos al Señor.

5. OFRENDAS

5.1. Con esta escalera, Señor, queremos representar nuestro deseo de buscarte y encontrarte en medio de tanto trasto y tanta gente que hay en el mundo. Ayúdanos, Señor.

5.2. Con este cofre queremos decirte, Señor, que nuestra vida no es grande por lo que tenemos sino por aquello que podemos ofrecer para que los demás, especialmente los más necesitados, sean felices. Acéptalo, Señor.

5.3. Con el pan y con el vino, queremos expresar la mayor riqueza que tenemos en el domingo: LA EUCARISTIA. Sin ella no podemos vivir; sin ella nos debilitamos; sin ella nos convertimos en egoístas. ¡Gracias, Señor!

6. ORACIÓN

QUIERO SER PEQUEÑO, SEÑOR
Para que nunca olvide lo grande que eres
Para que alguien me suba sobre sus hombres y te pueda ver
Para que me asombre de tus Palabras y de tus milagros

QUIERO SER PEQUEÑO, SEÑOR
Para que no sea insensible a los que sufren
Para que pueda subirme a los árboles
y mirar por dónde vienes
Para que pueda ascender a los árboles
y Tú te fijes en mí, como yo me fijo en Ti.

QUIERO SER PEQUEÑO, SEÑOR
Para que me corrijas cuando me equivoco
Para que me lleves de tu mano
Para que conozcas cómo es mi casa
Para que nunca me canse de ser tu amigo

QUIERO SER PEQUEÑO, COMO ZAQUEO
Para dar un salto cuando Tú me digas: ¡baja!
Para dar algo de lo mío, si alguien está necesitado
Para pedirte perdón, por las veces en que he faltado por algo
Para sonrojarme por las pequeñas travesuras que he cometido

QUIERO SER PEQUEÑO, COMO ZAQUEO
Y tener la suerte de tratarte como a un invitado
Y sentarte a mi mesa, y Tú Señor, en la de mi casa
Y que me perdones, si en algo te he decepcionado
Y que, mi casa brille con una nueva luz,
al entrar en ella el lucero más grande de los cielos:
TÚ, SEÑOR. TÚ, JESUCRISTO.

Zaqueo, el que buscaba (Oración)

ZAQUEO, EL QUE BUSCABA

Un día más, me acerco a escuchar cosas de ti, Jesús. Siempre tienes algo nuevo con lo que sorprenderme y enseñarme. Me preparo para escuchar con paz y tranquilidad, lo que te ocurrió un día.

La lectura es una adaptación del evangelio de Lucas (Lc 19, 1-10):

Un día Jesús entró en la ciudad de Jericó. Uno de los hombres más ricos de la ciudad se llamaba Zaqueo. Todos lo despreciaban, porque se había hecho rico cobrando los impuestos y trabajando para los romanos, así que no tenía muchos amigos. Cuando oyó que venía Jesús, Zaqueo quiso conocerle. Pero no conseguía llegar hasta él, porque era muy bajito y nadie le dejaba pasar. Entonces se subió a un árbol. Al llegar Jesús, miró hacia arriba y saludó a Zaqueo: «Hola amigo, baja de ahí, y si me invitas, hoy me quedaré en tu casa». Zaqueo se quedó alucinado, y muy contento. Bajó y se fue corriendo a prepararlo todo. Estaba emocionado porque Jesús no le hubiera rechazado. Había gente que estaba enfadadísima porque Jesús hubiera elegido la casa de Zaqueo en lugar de la de alguno de los que se consideraban cumplidores de la ley. Durante la comida estuvieron charlando todo el tiempo. Jesús le hablaba de las cosas que hablaba siempre: del amor, de las bienaventuranzas, de la justicia… Y al escucharle, Zaqueo se puso en pie, y dijo: «Mira, Jesús, me has convencido. La mitad de mis bienes se las daré a los pobres, y si he hecho daño a alguien, le compensaré». Jesús le dijo: «Cuánto me alegro. Todos podemos cambiar. Yo he venido a buscar a los que estaban perdidos».

Esto lo decía para que lo oyesen los que estaban molestos porque hubiera ido a comer a casa de Zaqueo.

La historia de Zaqueo está llena de detalles interesantes. Fíjate bien. Tenemos a un hombre bajito y poco querido por sus vecinos. Zaqueo no se siente del todo a gusto. Anda buscando algo. Se entera de que Jesús va a venir a su ciudad, sale a buscarlo. Incluso es capaz de subirse a un árbol para conseguir verle. Entonces Jesús se fija en él. ¡Con la de gente que habría por allí! ¿Qué le llamaría la atención de Zaqueo? A lo mejor se le notaba en la cara que algo no iba bien y que necesitaba ayuda.

Sí, Jesús siempre estaba pendiente de la gente necesitada. Por eso se ofrece a ir a comer a su casa. Algo que sentó muy mal a los vecinos de Jericó. Y allí habla y habla con Zaqueo, que se empieza a sentir mucho mejor.

De alguna manera cree encontrar lo que buscaba, que le aceptaran, que le perdonaran. Y el cariño que le mostró Jesús le hizo cambiar, sentirse a gusto consigo mismo y decidirse a ayudar a los demás. También yo necesito hablar con Jesús y contarle las cosas que me pasan, lo que me preocupa y a lo mejor también lo que me da vergüenza. ¿Por qué no se lo cuento ahora en silencio?

Escucha la letra de esta canción. Habla de que la palabra de Jesús se hace vida en nuestros corazones. Nos hace mejores y hace que el mundo sea mejor. Mientras la escuchas piensa que tu corazón es como una casa, y que la tienes preparada para que Jesús viva en ella.

Tu palabra se hace vida
en mi corazón.
Lo que es viento se hace besos,
gestos de perdón.
Cambiará mi interior.
Tu palabra será el fuego de mi voz.

Escuchar y acoger a la voz de Dios
y pensar y aprender lo que hizo el Señor.
Yo quiero transformar mi ser
para ser como Dios soñó,
que el mundo sea una fiesta
de paz y unión.

Escuchar y acoger lo que fue Jesús,
salvación y perdón,
ahora serás tú.
Yo quiero el Reino construir,
el mundo que Jesús pensó,
la tierra sea de todos,
tierra de unión.

Tu palabra. de Toño Casado interpretado por Coro juvenil San Juan Bosco «Misa Joven 2. Diferente.»

Terminamos la oración de hoy pidiendo a Dios ser un poco como Zaqueo, un hombre bajito y descontento, que lo encontrase Jesús se llenó de alegría y creció.

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p style=”text-align:justify;”>Padre nuestro,

que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad

en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.
Amén.

Comentario al evangelio – 1 de noviembre

Con la solemnidad litúrgica de todos los santos la Iglesia proclama la santidad anónima, pero no por ello menos eximia, de tantos hombres y mujeres que forman el séquito de Cristo. Esa gran muchedumbre que -según el vidente del libro del Apocalipsis- nadie podía contar. Pertenecientes a todas las razas y tribus y pueblos y lenguas: apóstoles, mártires, vírgenes, confesores, doctores, pastores, santos varones, santas mujeres (según la terminología del santoral)… Y aún podríamos añadir nombres de los diversos oficios y condiciones de vida, y la lista de santos y santas sería interminable.

Los santos y santas anónimos son esos que nos han precedido en la tierra llevando una “vida corriente”, que nos estimulan con su ejemplo y que ahora interceden ante Dios por nosotros.

“¿Será difícil ser santo?”, se preguntan algunas personas. La verdad es que lo difícil, difícil, es que la santidad -de existir- sea reconocida oficialmente. Para eso, debe producirse algún que otro milagro, además de requerir un papeleo interminable y el empleo de no pocos recursos económicos. Así van las cosas de palacio… Pero ser santo o santa -según el caso-, que eso es lo importante, está al alcance de nuestra mano, contando siempre con la gracia de Dios.

Alguien dijo que, para ser santo, no hay que hacer nada extraordinario. Basta con hacer extraordinariamente bien las cosas ordinarias. ¡Eso es nada! En el cielo -cuando vayamos- nos encontraremos con mucha gente sencilla que estará rodeada de un halo de santidad esplendoroso porque aquí, en la tierra, realizaron a la perfección sus deberes familiares, cívicos y religiosos sin llamar la atención: padres y madres, abuelos y abuelas, vecinos, colegas de profesión y cientos de miles de seres anónimos, a algunos de los cuales conocimos algún día o nos cruzamos con ellos en la calle, en el metro, o coincidimos con ellos en el ascensor de nuestra casa, etc.

Seamos santos porque santo es el Señor. Eso va por todos.