Vísperas – Martes XXXI de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

MARTES XXXI TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Estoy, Señor, en la ribera sola
del infinito afán. Un niño grita
entre las olas, contra el viento yermo.

A través de la nada,
van mis caminos
hacia el dolor más alto,
pidiendo asilo.

La espuma me sostiene,
y el verde frío
de las olas me lleva,
pidiendo asilo.

Hacia el amor más alto
que hay en mí mismo,
la esperanza me arrastra,
pidiendo asilo.

Gloria al Padre, y al Hijo
y al Espíritu Santo. Amén.

SALMO 124: EL SEÑOR VELA POR SU PUEBLO

Ant. El Señor rodea a su pueblo.

Los que confían en el Señor son como el monte Sión:
no tiembla, está asentado para siempre.

Jerusalén está rodeada de montañas,
y el Señor rodea a su pueblo
ahora y por siempre.

No pesará el cetro de los malvados
sobre el lote de los justos,
no sea que los justos extiendan
su mano a la maldad.

Señor, concede bienes a los buenos,
a los sinceros de corazón;
y a los que se desvían por sendas tortuosas,
que los rechace el Señor con los malhechores.
¡Paz a Israel!

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor rodea a su pueblo.

SALMO 130: ABANDONO CONFIADO EN LOS BRAZOS DE DIOS

Ant. Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos.

Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad;
sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre.

Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE LOS REDIMIDOS

Ant. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

LECTURA: Rm 12, 9-12

Que vuestra caridad no sea una farsa; aborreced lo malo y apegaos a lo bueno. Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo. En la actividad, no seáis descuidados; en el espíritu, manteneos ardientes. Servid constantemente al Señor. Que la esperanza os tenga alegres; estad firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración.

RESPONSORIO BREVE

R/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.
V/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

R/ Tu fidelidad de generación en generación.
V/ Más estable que el cielo.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador.

PRECES

Invoquemos a Dios, que ha infundido la esperanza en nuestros corazones, y digámosle:

Tú eres la esperanza de tu pueblo, Señor.

Te damos gracias, Señor, porque en Cristo, tu hijo, hemos sido enriquecidos en todo:
— en el hablar y en el saber.

En tus manos, Señor, están el corazón y la mente de los que gobiernan;
— dales, pues, acierto en sus decisiones, para que te sean gratos en su pensar y obrar.

Tú que concedes a los artistas inspiraciones para plasmar la belleza que de ti procede,
— haz que con sus obras aumente el gozo y la esperanza de los hombres.

Tú que no permites que la prueba supere nuestras fuerzas,
— da fortaleza a los débiles, levanta a los caídos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que, por boca de tu Hijo, nos has prometido la resurrección en el último día,
— no te olvides para siempre de los que ya han sido despojados de su cuerpo mortal.

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común de todos:
Padre nuestro…

ORACION

Nuestra oración vespertina suba hasta ti, Padre de clemencia, y descienda sobre nosotros tu bendición; así, con tu ayuda, seremos salvados ahora y por siempre. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 5 de noviembre

1) Oración inicial

Señor de poder y de misericordia, que has querido hacer digno y agradable por favor tuyo el servicio de tus fieles; concédenos caminar sin tropiezos hacia los bienes que pos prometes. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 14,15-24

Al oír esto, uno de los comensales le dijo: « ¡Dichoso el que pueda comer en el Reino de Dios!» Él le respondió: « Un hombre dio una gran cena y convidó a muchos; a la hora de la cena envió a su siervo a decir a los invitados: `Venid, que ya está todo preparado.’ Pero todos a una empezaron a excusarse. El primero le dijo: `He comprado un campo y tengo que ir a verlo; te ruego me dispenses.’ Y otro dijo: `He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego me dispenses.’Otro dijo: `Me acabo de casar, y por eso no puedo ir.’

«Regresó el siervo y se lo contó a su señor. Entonces, el dueño de la casa, airado, dijo a su siervo: `Sal en seguida a las plazas y calles de la ciudad, y haz entrar aquí a los pobres y lisiados, a ciegos y cojos.’ Dijo el siervo: `Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía hay sitio.’ Dijo el señor al siervo: `Sal a los caminos y cercas, y obliga a entrar hasta que se llene mi casa.’ Porque os digo que ninguno de aquellos invitados probará mi cena.»

3) Reflexión

• El evangelio de hoy sigue la reflexión alrededor de asuntos enlazados con la comida y las invitaciones. Jesús cuenta la a parábola del banquete. Mucha gente ha sido invitada, pero la mayoría no acudió. El dueño de la fiesta se indigna viendo que los convidados no acuden y manda llamar a los pobres, a los lisiados, a los ciegos, a los cojos. Pero sigue habiendo sitio. Entonces el dueño manda convidar a todo el mundo, hasta que la casa queda llena. Esta parábola es una luz para las comunidades del tiempo de Lucas.

• En las comunidades del tiempo de Lucas había cristianos, venidos del judaísmo y cristianos venidos de los paganos. A pesar de las diferencias de raza, clase y género, ellos tenían un gran ideal, basado en el compartir y en la comunión (Hec 2,42; 4,32; 5,12). Pero había muchas dificultades, pues los judíos tenían normas de pureza legal que les impedían comer con los paganos. Y hasta después de haber entrado en la comunidad cristiana, algunos de ellos guardan la antigua costumbre de no sentarse con los paganos alrededor de la misma mesa. Así, Pedro tuvo conflictos en la comunidad de Jerusalén, por haber entrado en casa de Cornelio, un pagano y haber comido con él (Hec 11,3). En vista de esta problemática de las comunidades, Lucas guarda una serie de palabras de Jesús respecto a la comunión alrededor de la mesa (Lc 14,1-24). La parábola que aquí meditamos es un retrato de lo que estaba aconteciendo en las comunidades.

• Lucas 14,15: Dichoso el que pueda comer en el Reino de Dios. Jesús había terminado de contar dos parábolas: una sobre la elección de los lugares (Lc 14,7-11), y la otra sobre la elección de los invitados (Lc 14,12-14). Al oír estas parábolas, alguien que estaba en la mesa con Jesús tiene que haber percibido el alcance de la enseñanza de Jesús y dice: “¡Dichoso el que pueda comer en el Reino de Dios!”. Los judíos comparaban el tiempo futuro del Mesías a un banquete, marcado por la hartura, la gratitud y la comunión (Is 25,6; 55,1-2; Sal 22,27). El hambre, la pobreza y la carestía hacían que el pueblo tuviera esperanza de cara al futuro. La esperanza de los bienes mesiánicos, comúnmente experimentada en los banquetes, se proyectaba para el final de los tiempos.

• Lucas 14,16-20: El gran banquete está listo. Jesús responde con una parábola. “Un hombre dio una gran cena y convidó a muchos”. Pero los deberes de cada cual impiden a los invitados a que acepten la invitación. El primero dice: “He comprado un campo. ¡Tengo que ir a verlo!” El segundo: “He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas”. El tercero: “Me casé. No puedo ir”. Dentro de las normas y de las costumbres de la época, aquellas personas tenían derecho a no aceptar la invitación (cf. Dt 20,5-7).

• Lucas 14,21-22: El banquete permanece de pie. El dueño de la fiesta queda indignado con las excusas. En el fondo, quien se indigna es Jesús mismo, pues las normas de estricta observancia de la ley reducían el espacio para que la gente pudiera vivir gratuitamente un banquete amigo que engendraba fraternidad y compartir. Allí, el dueño de la fiesta manda los empleados a que inviten a los pobres, a los ciegos, a los cojos, a los lisiados. Los que, normalmente, eran excluidos como impuros, ahora son invitados a sentarse entorno a la mesa del banquete.

• Lucas 14,23-24: Todavía hay sitio. La sala no se llenó. Había sitio todavía. Entonces, el dueño de la casa manda invitar a los que andan por los caminos. Son los paganos. Ellos también son invitados a sentarse entorno a la mesa. Así, en el banquete de la parábola de Jesús, se sientan juntos a la misma mesa, judíos y paganos. En el tiempo de Lucas había muchos problemas que impedían la realización de este ideal de la mesa común. Por medio de la parábola, Lucas muestra que la práctica de la comunión de la mesa venía de Jesús mismo.

Después de la destrucción de Jerusalén, en el año 70, los fariseos asumieron el liderazgo en las sinagogas, exigiendo el cumplimiento rígido de las normas que lo identificaban como pueblo judío. Los judíos que se convertían al cristianismo eran considerados como una amenaza, pues derribaban los muros que separaban Israel de los demás pueblos. Los fariseos trataban de obligarlos a abandonar la fe en Jesús. Todo esto producía una lenta y paulatina separación entre judíos y cristianos y era fuente de mucho sufrimiento, sobre todo para los judíos convertidos (Rom 9,1-5). En la parábola, Lucas deja bien claro que estos judíos convertidos no son infieles a su pueblo. ¡Es lo contrario! Son los invitados que aceptaron ir al banquete. Son los verdaderos continuadores de Israel. Infieles fueron quienes no aceptaron la invitación y no quisieron reconocer en Jesús al Mesías (Lc 22,66; Hec 13,27).

4) Para la reflexión personal

• ¿Cuáles son las personas que generalmente son invitadas y cuáles no son invitadas a nuestras fiestas?
• ¿Cuáles son los motivos que limitan hoy la participación de las personas en la sociedad y en la Iglesia? Y ¿cuáles son los motivos que algunos alegan para excluirse de la comunidad? ¿Son motivos justos?

5) Oración final

Actúa con esplendor y majestad,
su justicia permanece para siempre.
De sus proezas dejó un memorial.
¡Clemente y compasivo Yahvé! (Sal 111,3-4)

La Vida de Jesús – Fco. Fernández-Carvajal

2.- EN CASA DE ISABEL

Lc 1, 40-45

Entró María en casa de Isabel y la saludó. A Isabel se le iluminó la cara, y en cuanto oyó el saludo de María quedó llena del Espíritu Santo. Santificada por la presencia del Mesías y de su Madre, sintió que se conmovía lo más profundo de su ser[1]. Su mismo hijo saltó de gozo en su seno, como si tuviera prisa en iniciar su misión de precursor[2]. Y María no tuvo que explicarle nada: ella lo sabía ya todo; el Espíritu Santo se había anticipado. Por eso, Isabel exclamó en alta voz, nos dice san Lucas, estas palabras que serían repetidas por tantas bocas a lo largo de los siglos: Bendita tú entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. Y añadió: ¿De dónde a mí tanto bien, que venga la madre de mi Señor a visitarme? Ella misma debió de sorprenderse por las frases que salían de su boca. Era la primera alabanza a María, que no cesaría ya hasta el fin del mundo. Nosotros la hemos repetido incontables veces.

Isabel llama a María, que por edad podía ser su hija o su nieta, la madre de mi Señor, en clara alusión al Mesías que lleva en su seno, y experimenta el inmenso bien que diferencia aquel encuentro[3]. La expresión tiene más fuerza aún si consideramos la diferencia de edad entre ambas mujeres. La llama bienaventurada, dichosa, por su fe, porque ha creído en aquel misterio tan grande de ser la Madre del Salvador. Y le asegura, inspirada por Dios: porque se cumplirán las cosas que se te han dicho de parte del Señor. Es como un nuevo mensaje del Cielo a María, que confirma el anterior.


[1] Al recibir este don de Dios, el Bautista saltó de gozo en el vientre de Isabel. Este hecho tuvo lugar en cumplimiento de la profecía del ángel: será lleno del Espíritu Santo ya desde el seno de su madre (Lc 1, 15).

[2] Esta escena de la Visitación nos presenta una faceta de la vida interior de María: su actitud de servicio humilde y de amor desinteresado para quien se encuentra en necesidad.

[3] La madre de mi Señor. Este es el título que da Isabel a María. Con frecuencia, en los evangelios encontraremos personas que se dirigen a Jesús llamándole Señor. Este título expresa el respeto y la confianza de los que se acercan a Jesús y esperan de Él socorro y curación. Reconocen el misterio divino que encierra. Con Cristo resucitado, se convierte en adoración: Señor mío y Dios mío (Jn 20, 28). Entonces toma una connotación de amor y de afecto que quedará como propio de la tradición cristiana: ¡Es el Señor! (Jn 21, 7) (cfr. Catecismo, nn. 446, 447, 448).

Comentario del 5 de noviembre

En este pasaje vuelven a comparecer elementos ya mencionados en ocasiones anteriores: el banquete, la invitación y los invitados. Además, los pobres, lisiados, ciegos y cojos adquieren de nuevo protagonismo. En un contexto de banquete y tras haber hablado Jesús de uno de sus temas preferidos, el Reino de Dios, muchas veces iluminado por la imagen del banquete de bodas, uno de los comensales le dijo como corroborando su exposición: ¡Dichoso el que coma en el banquete del Reino de Dios!

Si el Reino de los cielos es un estado de plenitud y de bienaventuranza, el que toma parte en él habrá de ser necesariamente dichoso.

Pero esto no significa que todo el mundo valore del mismo modo esta misteriosa realidad y esté dispuesto a aceptar la invitación cursada renunciando a otras cosas, quizá de inferior categoría, pero más constatables, próximas y asequibles. Por eso Jesús le contesta con una parábola alusiva a este hecho: Un hombre daba un gran banquete (el banquete del Reino de los cielos ha de ser por fuerza grande, inimitable) y convidó a muchas gente (para ser grande tiene que haber también muchos convidados); a la hora del banquete mandó un criado a avisar a los convidados (Dios siempre llama o invita por medio de intermediarios humanos): Venid, que ya está preparado.

Pero aquellos convidados se fueron excusando uno tras otro. Recurrimos a la excusa cuando no tenemos interés por aquello que se nos ofrece, cuando lo menospreciamos o lo consideramos soslayable o prescindible, cuando entendemos que hay algo más importante en esos momentos que atender a la invitación. Las excusas son variadas, a veces comprensibles, pero no dejan de tener el carácter de excusas. Hay asuntos, sin embargo, que son inexcusables.

Pero la asistencia a este banquete sí lo es para aquellos invitados. He comprado un campo –dijo el primero- y tengo que ir a verlo. Dispénsame, por favor. Al parecer, aquella visita no podía esperar. He comprado cien yuntas de bueyes y voy a probarlas –dijo el segundo-. Dispénsame, por favor. También aquí se ve dónde se pone el interés. Y el último: Me acabo de casar y, naturalmente, no puedo ir. El recién casado tiene su propio banquete y no puede atender a otras invitaciones. Ninguno puede ir porque tiene algo más importante que hacer. Y la importancia de las cosas depende del valor que se les dé. En esta apreciación hay un alto componente subjetivo. Los convidados a aquel gran banquete encuentran que su asistencia es excusable, porque valoran mucho más otras cosas: lo que acaban de comprar y están deseosos de ver o de probar; lo que acaban de hacer y desean festejar.

La respuesta de aquellos convidados, marcada por la displicencia, la indiferencia o la falta de aprecio, provoca la indignación del anfitrión, que le dice a su criado: Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y tráete a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos. Y como todavía quedaba sitio: Sal por los caminos e insísteles hasta que entren y se me llene la casaY os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete.

El lenguaje para describir la reacción de Dios al desprecio de su invitación es sumamente antropomórfico, pero muy significativo. No han sabido valorar lo que venía de Señor tan distinguido; no han sabido apreciar el don que se les ofrecía. Por eso les será negado, porque lo han despreciado prefiriendo otras cosas de valor infinitamente menor, cosas comprables como un campo o unos bueyes o cosas que pueden esperar como la celebración de una boda.

Pero los planes de Dios no pueden quedar truncados por el hecho de que unos hombres no secunden sus propósitos o no se sumen a su fiesta. El banquete preparado se celebrará y la sala se llenará de comensales. Un banquete sin comensales sería un fracaso. Y un Reino de los cielos vacío lo mismo: no habría Reino ni cielo. Por eso Dios no dejará de enviar a sus criados (profetas) para que extiendan la invitación a todos, empezando por los más pobres, los enfermos y los despreciados de este mundo, e insistan hasta lograr que se llene la casa.

 Dios muestra especial interés en que haya banquete y en que se le llene la sala o la casa de invitados. Por eso pide a sus enviados que no dejen de insistir. Es la insistencia de la predicación que quiere hacer ver la importancia del don que se ofrece y, por tanto, de la invitación a participar en él, aunque haya que dejar otras cosas. Al final, tendremos que dejarlo todo con la vida, y entonces puede que nos quedemos sin banquete y sin casa donde albergarnos, porque nosotros mismos rechazamos la invitación en su momento por considerarla poco digna de aprecio.

Quizá los pobres y los enfermos, por no tener bienes de los que ocuparse o salud de la que disfrutar, estén en mejores condiciones de atender a esa invitación. Tienen poco que perder y mucho que ganar. En cambio, los ricos, los que disponen de muchos bienes a los que prestar atención, y los rebosantes de salud, probablemente tengan que renunciar a algunas de sus posesiones o a las exigencias reclamadas por éstas para acoger la invitación. Hay ataduras que no dejan la libertad necesaria para aceptar ciertas invitaciones. Pero esto puede significar cerrarse la puerta a bienes más altos y valiosos.

Que el Señor nos conceda lucidez para estar despiertos y sabiduría para responder a sus invitaciones sabiendo apreciar sus dones. Sólo así seremos dichosos, porque tendremos parte en el banquete del Reino de Dios.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

173. Como en el milagro de Jesús, los panes y los peces de los jóvenes pueden multiplicarse (cf. Jn 6,4-13). Igual que en la parábola, las pequeñas semillas de los jóvenes se convierten en árbol y cosecha (cf. Mt 13,23.31-32). Todo ello desde la fuente viva de la Eucaristía, en la cual nuestro pan y nuestro vino se transfiguran para darnos Vida eterna. Se les pide a los jóvenes una tarea inmensa y difícil. Con la fe en el Resucitado, podrán enfrentarla con creatividad y esperanza, y ubicándose siempre en el lugar del servicio, como los sirvientes de aquella boda, sorprendidos colaboradores del primer signo de Jesús, que sólo siguieron la consigna de su Madre: «Hagan lo que Él les diga» (Jn 2,5). Misericordia, creatividad y esperanza hacen crecer la vida.

Recursos – Ofertorio Domingo XXXII de Tiempo Ordinario

PRESENTACIÓN DE UNAS TIJERAS DE PODAR

(Una persona adulta de la comunidad presenta unas tijeras de podar)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo estas tijeras de podador. Todos conocemos cuál es su finalidad y cómo, matando lo superfluo, generan nueva y más vigorosa vida. También sabemos que la permanencia en tu Hijo Jesucristo nos pone en situación de poda, de morir para resucitar. Que las dificultades de la poda no nos hagan desistir de vivir en Jesucristo, de imitarle y de identificarnos con Él.

PRESENTACIÓN DE UNA LÁMPARA ENCENDIDA

(Hace la ofrenda una persona adulta de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Yo te traigo, Señor, esta candela (o farolillo) encendida, símbolo de tu Hijo Resucitado, plenitud de vida, que reunió en torno a su luz a los primeros cristianos en comunidades vivas. Te ofrecemos, en primer lugar, nuestros deseos de vivir y compartir seriamente en nuestra comunidad, de manera que podamos ser “luz para los demás”, desde los mensajes que nos diriges. Y en segundo lugar, para mostrar nuestras ganas de salir de la comunidad y hacerte presente entre los hombres y las mujeres, a través de nuestra palabra y nuestra vida. Para todo ello danos, Señor, tu gracia y fortaleza.

PRESENTACIÓN DE UN BASTÓN

(La ofrenda la puede hacer cualquier persona adulta de la comunidad. El bastón, a ser posible, debiera ser el especial de un ciego)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Mira, Señor, yo te ofrezco este bastón, porque quiero ser, como también cada uno y cada una de los miembros de la comunidad, un lazarillo para los otros. Ábreme los ojos, Señor, para que no sea un ciego que guía a otros ciegos. Lléname de tu luz, para que pueda ser reflejo de ella en medio de un mundo que se mueve en la oscuridad y anda a tientas.

PRESENTACIÓN DE UNOS EVANGELIOS

(Conviene que lo presente algún agente de la evangelización)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Por mi parte, Señor, te traigo y te ofrezco estos Evangelios y, con ellos, nuestra decisión firme de seguirlos y seguir los pasos de tu Hijo Jesucristo. Ellos son el libro de tus discípulos y discípulas, nuestro libro. De ellos dependen nuestras personas y nuestras vidas. Su cumplimiento lo queremos vivir como la ofrenda de nuestras personas, de nuestro ser y de nuestra existencia. Hoy, queremos unir nuestras vidas a la de tu Hijo Jesucristo. Seguro que Tú, así, nos las aceptas incondicionalmente, pues en tu Hijo se complementa lo que, por nuestra debilidad e infidelidad, somos incapaces de realizar. Lleva, Señor, nuestros deseos a la concreción de la realidad. Para ello te pedimos tu Espíritu Santo, que será nuestra fortaleza.

PRESENTACIÓN DEL GRUPO DE LA PASTORAL DE LA SALUD

(Proponemos a un miembro de este grupo parroquial o comunitario, siempre que exista organizado. Sería interesante tener el proyecto ESCRITO para ofrecerlo a todos los participantes en la celebración)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: En los comienzos del curso pastoral, te queremos presentar, Señor y Padre nuestro, la labor que realizamos desde el Grupo de Pastoral de la Salud. Tu Hijo Jesucristo fue alguien muy cercano a los enfermos y enfermas, a los más marginados y marginadas y a los necesitados y necesitadas. Nosotros y nosotras seguimos realizando, en su nombre, la misma labor: visitar a las personas enfermas, estar cerca de ellas y atenderles en sus necesidades. Todo esto lo recogemos en este sencillo proyecto que compartimos con toda la comunidad. Ayúdanos en esta hermosa y difícil labor. Esperamos tu ayuda, Señor.

Oración de los fieles – Domingo XXXII de Tiempo Ordinario

Con la misma insistencia y seguridad que indica el Salmo te pedimos que atiendas estas plegarias, porque sabemos que nos escuchas. Así repetimos:

SEÑOR, ESCUCHA NUESTRAS SÚPLICAS.

1.- Señor guarda y alienta a nuestro Santo Padre para que siga siendo testigo de la única Verdad que emana de tu Palabra. OREMOS.

2.- Como pide Pablo, rezamos por todos aquellos que dedican su vida a la propagación de la Palabra de Dios. OREMOS

3.- Por los que sufren para que encuentren el consuelo permanente y la esperanza que Jesucristo nos trae del Padre. OREMOS

4.- Por todos aquellos que dirigen las naciones para que acudan a Dios en todas sus decisiones. OREMOS

5.- Por los matrimonios, para que el amor que Dios pone en ellos sea un anticipo de la felicidad eterna. OREMOS

6.- Por nosotros presentes en la Eucaristía para que la esperanza de la resurrección, nos lleve a la alegría de compartir esta vida con los demás. OREMOS

Señor atiende estas plegarias y aquellas otras que cada uno llevamos en nuestro corazón. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén


Oremos, hermanos a Dios Padre, que es un Dios de vivos, para que se digne atender las necesidades de todos los hombres y mujeres y demás vivientes de la creación. Y respondemos.

ESCUCHANOS PADRE.

1.- Por la Iglesia, encargada de custodiar, el gran milagro cotidiano de la Eucaristía, donde Jesús se nos da vivo. OREMOS.

2.- Por los sacerdotes que han recibido el poder de convertir el pan y vino en Cuerpo y Sangre de Cristo, presencia real del Hijo de Dios. OREMOS

3.- Por los médicos y demás personas encargadas de la atención sanitaria, para que su trabajo nos dé salud y vida. OREMOS

4.- Por la conversión de todos aquellos que han hecho de la muerte su único lenguaje, terroristas, narcotraficantes y otros. OREMOS

5.- Para que todos los cristianos y todos los hombres y mujeres de buena voluntad, comprendan la gravedad del aborto y su condición de homicidio. OREMOS.

6.-Por los enfermos terminales y los agonizantes para esperen la felicidad futura y la resurrección y que los ángeles de Dios les acompañen en el tránsito de esta vida a la eterna. OREMOS

7.- Por nosotros, presentes en esta Eucaristía, para que nos sintamos muy felices en vivir esta vida y esperemos con confianza la transformación gloriosa de nuestros cuerpos. OREMOS.

Protege, Dios Padre, a este pueblo que humildemente te invoca. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Comentario al evangelio – 5 de noviembre

Os invito a hacer una “lectio vocationalis” a partir del evangelio de hoy. La perspectiva vocacional no es el enfoque exclusivo de esta parábola que recoge Lucas. Pero es apto y pertinente para cualquiera de nosotros, sea cual fuere nuestra vocación específica. Encuentro cinco tesis que, por su claridad y precisión, nos ayudarán a orar y a pensar.

  • Toda vocación es como una invitación a un banquete, a una fiesta singular. Dios nos llama a la alegría, aunque no lo percibamos en un primer momento. María fue la primera que lo advirtió en su personalísima vocación. Toda vocación tiene mucho de fiesta y de desmesura. No es un acontecimiento de penitencia o de reparación. La tristeza no tiene cabida aquí.
  • La vocación no es una opción más ni en las oficinas de empleo ni en el escaparate de los deseos egocéntricos. Requiere una invitación personal. Se necesita ser llamados por Alguien. Quien invita traslada al invitado al territorio de una decisión trascendente y responsable. Éste podrá aceptarla o rechazarla, pero nunca autoinvitarse.
  • Aunque no es como un manjar de buffet libre, la vocación no está reservada para una élite. Se ofrece incluso a los pobres, a los tullidos, a los cojos, a los poco capacitados… a todos. Están invitados también aquellos que se sienten disminuidos y excluidos… no solamente los buenos, inteligentes y sanos. Dios elige a quien quiere. Hasta a los que no se lo merecen.
  • La aceptación o rechazo de la llamada de Dios tiene sus consecuencias. Y son graves. En nuestras relaciones ordinarias rechazar la invitación de otro no trae, de ordinario, mayores consecuencias. Con la invitación de Dios no ocurre lo mismo. Acoger o rechazar la invitación de Dios comporta ganar o perder una ocasión preciosísima de dar sentido y de realizar la vida, que no  es comparable con nada.
  • Podemos autoengañarnos. Rechazar la vocación de Dios es un acto grave de irresponsabilidad. Quien lo hace, suele jugar a la “excusitis”, que es aquello que los psicólogos llaman “racionalización” y que, en cristiano, denominamos “autojustificación”. Se buscan pretextos y coartadas para autoexcluirse. Otra forma de sortear la irreparable amargura del “no” a Dios, por desconfianza o por autosuficiencia.

Pararnos a escuchar esa inmerecida invitación nos permite comprobar que nuestra pobreza, nuestro límite, nuestras sombras no ahuyentan a Dios… sino que le permiten mostrarse como es Él: ¡espléndido!

Juan Carlos cmf