Vísperas – San Pedro Poveda

VÍSPERAS

SANTOS PEDRO POVEDA CASTROVERDE, INOCENCIO DE LA INMACULADA CANOURA ARNAU, presbíteros y compañeros, mártires

 

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Pléyade santa y noble de mártires insignes,
testigos inmortales del Cristo victimado;
dichosos, pues sufristeis la cruz de vuestro Amado
Señor, que a su dolor vuestro dolor ha unido.

Bebisteis por su amor el cáliz de la sangre,
dichosos cirineos, camino del Calvario,
seguisteis, no dejasteis a Jesús solitario,
llevasteis vuestra cruz junto a su cruz unida.

Rebosa ya el rosal de rosas escarlatas,
y la luz del sol tiñe de rojo el alto cielo,
la muerte estupefacta contempla vuestro vuelo,
enjambre de profetas y justos perseguidores.

Vuestro valor intrépido deshaga cobardías
de cuantos en la vida persigue la injusticia;
siguiendo vuestras huellas, hagamos la milicia,
sirviendo con amor la paz de Jesucristo. Amén.

SALMO 125

Ant. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
“el Señor ha estado grande con ellos”.
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte,
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.

Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.

SALMO 126: EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS

Ant. Que el Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;
su salario, el fruto del vientre:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Que el Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

LECTURA: 1P 4, 13-14

Queridos hermanos, estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo. Si os ultrajan por el nombre de Cristo, dichosos vosotros, porque el Espíritu de la gloria, el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros.

RESPONSORIO BREVE

R/ Alegraos, justos y gozad con el Señor.
V/ Alegraos, justos y gozad con el Señor.

R/ Aclamadlo, los de corazón sincero.
V/ Y gozad con el Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Alegraos, justos y gozad con el Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Se alegran en el cielo los santos que siguieron las huellas de Cristo, y porque le amaron hasta derramar su sangre reinan con el Señor eternamente.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Se alegran en el cielo los santos que siguieron las huellas de Cristo, y porque le amaron hasta derramar su sangre reinan con el Señor eternamente.

PRECES

A la misma hora en que el Rey de los mártires ofreció su vida, en la última cena, y la entregó en la cruz, démosle gracias diciendo:

Te glorificamos, Señor.

Porque nos amaste hasta el extremo, Salvador nuestro, principio y origen de todo martirio:
Te glorificamos, Señor

Porque no cesas de llamar a los pecadores arrepentidos para los premios de tu Reino:
Te glorificamos, Señor

Porque hoy hemos ofrecido la sangre de la alianza nueva y eterna, derramada para el perdón de los pecados:
Te glorificamos, Señor

Porque, con tu gracia, nos has dado perseverancia en la fe durante el día que ahora termina:
Te glorificamos, Señor

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Porque has asociado a tu muerte a nuestros hermanos difuntos:
Te glorificamos, Señor

Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena confianza.
Padre nuestro…

ORACION

Dios, Padre nuestro, que a los santos Pedro e Inocencio, presbíteros y compañeros, mártires, con la ayuda de la Madre de Dios, los llevaste a la imitación de Cristo hasta el derramamiento de sangre, concédenos, por su ejemplo e intercesión, confesar la fe con fortaleza, de palabra y de obra. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 6 de noviembre

1) Oración inicial

Señor de poder y de misericordia, que has querido hacer digno y agradable por favor tuyo el servicio de tus fieles; concédenos caminar sin tropiezos hacia los bienes que pos prometes. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 14,25-33
Caminaba con él mucha gente y, volviéndose, les dijo: «Si alguno viene junto a mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío. El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío. «Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: `Éste comenzó a edificar y no pudo terminar.’ O ¿qué rey, antes de salir contra otro rey, no se sienta a deliberar si con diez mil puede salir al paso del que viene contra él con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz. Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes no puede ser discípulo mío. 

3) Reflexión

• El evangelio de hoy habla del discipulado y presenta las condiciones para que alguien pueda ser discípulo o discípula de Jesús. Jesús está camino de Jerusalén, donde va a morir en la Cruz. Este es el contexto en que Lucas coloca las palabras de Jesús sobre el discipulado.
• Lucas 14,25: Ejemplo de catequesis. El evangelio de hoy es un ejemplo bonito de cómo Lucas transforma las palabras de Jesús en catequesis para la gente de las comunidades. Dice: “Caminaba con él mucha gente. Y volviéndose les dijo”. Jesús habla a grandes multitudes, esto es, habla a todos, inclusive a la gente de las comunidades del tiempo de Lucas y nos habla también a nosotros hoy. En la enseñanza que sigue, pone las condiciones para que alguien sea discípulo de Jesús.
• Lucas 14,25-26: Primera condición: odiar al padre y a la madre. Algunos le quitan fuerza a la palabra odiar y la traducen con “dar preferencia a Jesús por encima de los padres”. El texto original usa la expresión “odiar a los padres”. En otro lugar Jesús manda amar y honorar a los padres (Lc 18,20). ¿Cómo explicar esta contradicción? ¿Es una contradicción? En el tiempo de Jesús, la situación social y económica llevaba las familias a encerrarse en sí mismas y les impedía cumplir con la ley del rescate (goel), esto es, socorrer a los hermanos y hermanas de la comunidad (clan) que estaban amenazados de perder su tierra o de caer en la esclavitud (Cf. Dt 15,1-18; Lev 25,23-43). Encerradas en sí mismas, las familias debilitaban la vida de comunidad. Jesús quiere rehacer la vida en comunidad. Por esto, pide que se rompa la visión estrecha de la pequeña familia que se encierra en sí misma y pide que las familias se abran entre sí en la gran familia, en la comunidad. Este es el sentido de odiar el padre y la madre, la mujer, los hijos, los hermanos y hermanas. Jesús mismo, cuando los parientes de su pequeña familia quieren llevarlo de nuevo a Nazaret, no atiende su petición. Ignora u odia su petición y alarga la familia diciendo: “Mi hermano, mi hermana, mi madre son todos aquellos que hacen la voluntad del Padre” (Mc 3,20-21.31-35). Los vínculos familiares no pueden impedir la formación de la Comunidad. Esta es la primera condición.
• Lucas 14,27: Segunda condición: cargar la cruz “El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío.”. Para entender bien el alcance de esta segunda exigencia debemos mirar el contexto en que Lucas coloca esta palabra de Jesús. Jesús está yendo hacia Jerusalén donde será crucificado y morirá. Seguir a Jesús y llevar la cruz detrás de él significa ir con él hasta Jerusalén donde para ser crucificado como él. Esto evoca la actitud de las mujeres que “habían seguido a Jesús y le habían servido desde cuando estaba en Galilea. Muchas otras estaban allí, pues había subido con Jesús a Jerusalén” (Mc 15,41). Evoca también la frase de Pablo en la carta a los Gálatas: “Cuanto a mí, jamás me gloriaré a no ser en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo” (Gál 6,14)
• Lucas 14,28-32: Dos parábolas. Las dos tienen el mismo objetivo: llevar a las personas a pensar bien antes de tomar una decisión. En la primera parábola dice: “Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: ¡Éste comenzó a edificar y no pudo terminar!” Esta parábola no necesita explicación, habla por sí sola: que cada uno reflexione bien sobre su manera de seguir a Jesús y se pregunte si calculó bien las condiciones antes de tomar la decisión de ser discípulo de Jesús.
La segunda parábola: “O ¿qué rey, antes de salir contra otro rey, no se sienta a deliberar si con diez mil puede salir al paso del que viene contra él con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz”. Esta parábola tiene el mismo objetivo que la anterior. Algunos se preguntan: “¿Cómo es que Jesús se puso a usar un ejemplo de guerra?” La pregunta es pertinente para nosotros que conocemos las guerras de hoy. Sólo la segunda guerra mundial (1939 a 1945) causó 54 millones de muertos. En aquel tiempo, las guerras eran como la competitividad comercial entre las empresas de hoy que luchan para obtener más beneficios.
• Lucas 14,33: Conclusión para el discipulado. La conclusión es una sola: seguir a Jesús es una cosa seria. Hoy, para mucha gente, ser cristiano no es una opción personal, ni una decisión de vida, sino un simple fenómeno cultural. No se les pasa por la cabeza tomar una opción. Quien nace brasileño, es brasileño. Mucha gente es cristiana porque nació así y muere así, sin haber tenido nunca la idea de optar y de asumir lo que ya es por nacimiento. 

4) Para la reflexión personal

• Ser cristiano es cosa seria. Tengo que calcular bien mi manera de seguir a Jesús. ¿Cómo acontece esto en mi vida?
• “Odiar a los padres”; Comunidad o familia. ¿Cómo combinas las dos cosas? ¿Consigues armonizarlas? 

5) Oración final

Yahvé es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
Yahvé, el refugio de mi vida,
¿ante quién temblaré? (Sal 27,1)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 11, 15- 19

 

15Y llegan a Jerusalén. Y, entrando en el Templo, comenzó a expulsar a los que estaban vendiendo y comprando en el Templo, y derribó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas, 16y no permitía que nadie transportara vasijas por el Templo.

17Y les enseñaba y les decía: “¿No está escrito que Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Pero vosotros la habéis convertido en guarida de bandidos”.

18Y lo escucharon los sumos sacerdotes y los escribas y buscaban matarlo; porque le tenían miedo, porque toda la muchedumbre quedaba impresionada por su enseñanza.
19Y cuando llegó la tarde, salieron fuera de la ciudad.

 

11,15-19: Así pues, en 11,14 Jesús ha predicho la destrucción del Templo con palabras simbólicas, que sus discípulos oyeron debidamente; ahora Jesús lo representará ante sus ojos, en una demostración parabólica al igual que los extraños «signos» simbólicos de los profetas del Antiguo Testamento. Esta demostración comienza con una lacónica introducción: «y llegaron a Jerusalén» (11,15a). Aunque esta frase repite la sustancia de 11,11a («Y entró en Jerusalén»), el cambio al plural incluye a los discípulos -de quienes se acaba de subrayar que han oído la maldición de Jesús contra la higuera- en la entrada de Jesús, haciéndolos así testigos de los hechos que comenzarán a dar cumplimiento a la maldición. Los lectores familiarizados con las Escrituras y la historia del Templo podrían acordarse de la historia de Nehemías, quien -como Jesús- entra en la ciudad santa a lomos de un burro (Neh 2,12) y cuyas palabras, «y llegué a Jerusalén», fueron el preámbulo de un relato de la reconstrucción de los muros y de la restauración de las puertas de la ciudad con el apoyo activo de los sumos sacerdotes y otros dirigentes. Jesús, en cambio, llega para amenazar con la destrucción del Templo y ganarse así la enemistad mortal de los sumos sacerdotes y sus aliados (cf. 11,18). Jesús lo hace lanzando un ataque completo al comercio que se practicaba en el recinto del Templo, probablemente en el patio de los gentiles, expulsando a compradores y vendedores (11,15b), volcando las mesas de los cambistas y vendedores de palomas (11,15c), e interceptando a cualquiera que llevara un objeto sagrado a través de esa zona (11,16). En realidad, el efecto fue más simbólico que económico; es dudoso que una persona que actuaba solo (no se describe a los discípulos ayudándolo) pudiera haber hecho un daño verdadero en la ingente masa del comercio que se practicaba en el enorme patio.

Pero si el objetivo del ataque era simbólico, ¿qué simboliza? Algunos autores argumentan que Jesús tuvo la intención de indicar la inminente destrucción del Templo como parte de los acontecimientos catastróficos del tiempo final, no «purificarlo» o reformarlo; su acción, pues, fue similar a la de otro Jesús, hijo de Ananías, que profetizó el final inminente del Templo ganándose así la enemistad de los sumos sacerdotes y otros dirigentes en los años inmediatamente anteriores a su caída. Esta interpretación encaja relativamente bien con la imagen marcana, pero en la narración de Marcos la demostración de Jesús parece reflejar también el deseo de una eliminación escatológica del comercio en el Templo percibido como una práctica abusiva, al igual que la profecía de Zac 14,21. La idea del mesías que restaura el Templo tiene profundas raíces en la tradición judía, y parece que Jesús sigue esta tradición, aunque de un modo peculiar. En la tradición, el mesías y el Templo van juntos a menudo de un modo opuesto al interés marcano por la misión a los gentiles y al sueño de que la casa de Dios se convertirá en «una casa de oración para todas las naciones» (11,17). En verdad, la imagen mesiánica es a menudo militantemente anti-pagana, y sus raíces se remontan a una dinastía davídica cuyo objetivo principal en política exterior era mantener la independencia de Israel, por la fuerza militar si fuera necesario, contra los países circundantes.

Así, mientras Jesús cumple de algún modo las esperanzas tradicionales respecto al mesías, combinando su entrada triunfal en Jerusalén con una acción dramática que afirma su autoridad sobre el Templo purificándolo, por otra parte desafía la imagen mesiánica frecuente en el mundo de Marcos. Mientras que otros judíos con una mentalidad escatológica soñaban con un mesías que habría de purificar el Templo liberándolo de influencias extranjeras, el mesías de Marcos lo purifica expulsando a los comerciantes (judíos) que profanan el patio de los gentiles y que frustran el objetivo del Templo, divinamente intencionado, de convertirse en «una casa de oración para todos los pueblos». Y mientras otros judíos veían el mesías davídico como el restaurador del Templo, la demostración de Jesús en Marcos apunta hacia su destrucción.

Los sumos sacerdotes y los escribas, como es natural, responden al asalto de Jesús al Templo con una animosidad mortal: conspiran para destruirlo, porque ven que la muchedumbre está impresionada por su enseñanza (11,18). La respuesta hostil de los dirigentes recuerda aquí la reacción al primer milagro de Jesús, el exorcismo en la sinagoga de Cafarnaún en 1,21-28; allí también la muchedumbre estaba impresionada por su enseñanza (1,22.27), y criticaba implícitamente a los escribas por carecer de autoridad. En ese pasaje, además, se hablaba de destrucción, porque los demonios preguntaban ansiosamente: «¿Has venido a destruirnos?» (1,24). Ahora, sin embargo, los sumos sacerdotes y los escribas, de quienes Marcos piensa que pertenecen al bando demoníaco de la guerra escatológica, responden al intento de Jesús de «exorcizar» a los que dependían de ellos, los comerciantes, intentando destruirlo a su vez.

Esta sub-sección termina con la salida de Jesús de la ciudad a la puesta del sol (11,19). La conclusión del pasaje describirá algo más siniestro aún: la higuera, con la que el relato ha vinculado a estos funcionarios, se ha secado.

Comentario del 6 de noviembre

Jesús se encuentra en medio de mucha gente. Y en semejante situación les habla de su seguimiento o discipulado: Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo míoQuien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío.

Las exigencias del seguimiento de Cristo son realmente extremas. Al que quiera ser discípulo suyo, Jesús le propone un camino de renuncias, porque no podrá ser discípulo suyo el que no esté dispuesto a posponer (el término griego, μισέω, es aún más duro: aborrecer) no sólo cosas (posesiones, oficios, trabajos), sino también personas, y personas muy queridas como el padre, la madre, la mujer, los hijos, los hermanos (no se pueden designar personas más próximas afectivamente), incluso a sí mismo. Y si uno alcanza a renunciar a sí mismo, a su tiempo, a su profesión, a sus proyectos, a su propia vida, ya no le queda nada más por renunciar. Ha llegado hasta el final.

Realmente Jesús está proponiendo a sus discípulos un camino martirial, es decir, una disposición a perderlo todo, incluida la propia vida, por él, por ir tras él, por estar con él, por llevar a cabo sus planes, por completar su misión en el mundo. Él es el absoluto ante el cual palidecen todas las demás cosas y personas y por el cual uno tiene que estar dispuesto a posponerlo todo. Posponer es poner después o detrás en nuestra estima o aprecio, hasta el punto de renunciar a ello si la situación lo exige.

Podemos pensar que la exigencia de Jesús es excesiva; tanto que podría llegar a lesionar lazos tan sagrados como los que unen a los hijos con sus padres o a los maridos con sus mujeres. Pero él no pretende romper semejantes lazos, sino invitar a un seguimiento tan radical de su persona que todo lo demás, incluyendo la familia, pase a ocupar un segundo plano. No es infrecuente, por otro lado, encontrarse con situaciones en la vida que obligan a un padre a renunciar temporalmente a la cercanía de su mujer y de sus hijos por exigencias laborales y, por tanto, en beneficio de esa mujer y esos hijos. Tampoco lo es que un hijo tenga que renunciar durante algún tiempo a la calidez del hogar paterno y a la compañía de sus padres y hermanos por razones de estudios o de trabajo. Son renuncias que están plenamente justificadas en aras de unos objetivos o de unas aspiraciones en la vida. Están también los que abandonan al padre y a la madre por unirse a su mujer y fundar una nueva familia.

No es, por tanto, Jesús el único que pide renuncias. Él mismo inició este camino abandonando la casa paterna (y antes el cielo, al despojarse de su condición divina) y el trabajo artesanal en el hogar de Nazaret para dedicarse a la misión encomendada por el Padre. Renunció a una vida plácida y sin sobresaltos para exponerse a la censura de los maestros de la Ley y finalmente a la muerte de los violentos. Y así tomó la cruz penal que había recaído sobre él, su cruz, para consumar su tarea. Pues bien, el que tomó su cruz y se dejó crucificar por proclamar la verdad de Dios para el mundo, ¿no podrá exigir a sus discípulos, es decir, a los que han emprendido su mismo camino, que lleven su cruz, la que les corresponda llevar, detrás de él?

Se trata del seguimiento de un Crucificado, en el que nosotros reconocemos al Hijo de Dios en carne humana; nada tiene de extraño que este seguimiento implique la cruz de la renuncia, de la persecución, de la humillación, de la muerte ignominiosa. Esto no nos tiene que hacer olvidar que el Crucificado es también el Hijo amado del Padre, que no fue abandonado al poder de la muerte, el Resucitado y Glorificado. Los mártires de todos los tiempos, que han dado la vida por Cristo, no han perdido nunca de vista esta visión gloriosa del Cristo sentado a la derecha del Padre y a la espera de recibirles tras su testimonio cruento en su morada de gloria.

Jesús compara este seguimiento con la construcción de una torre o con el diseño y ejecución de una batalla. Se trata de empresas de envergadura que exigen calcular gastos o evaluar las fuerzas disponibles, no sea que uno se ponga a la tarea y no sea capaz de concluir la obra. No todo está en comenzar; hay que acabar lo iniciado. No basta, por tanto, con seguir a Jesucristo al comienzo del camino; hay que llegar con él hasta el momento de la exigencia final. Por eso decía que tras estas palabras que invitan a posponer o a llevar la cruz tras él hay una exigencia martirial de renuncia a la propia vida: el que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío.

No es extraño que el obispo mártir del siglo II, Ignacio de Antioquía, diga en su carta a los Romanos: sólo entonces, cuando sea devorado por las fieras, seré realmente discípulo suyo, seré realmente cristiano. Entiende, por tanto, que no puede proclamarse discípulo de Cristo sin haber superado antes esta prueba de amor que consiste en entregar la propia vida en testimonio martirial. Sólo en sintonía con la actitud de hombres como san Ignacio se pueden entender las palabras de Jesús.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en 
Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

174. Quiero alentarte a este compromiso, porque sé que «tu corazón, corazón joven, quiere construir un mundo mejor. Sigo las noticias del mundo y veo que tantos jóvenes, en muchas partes del mundo, han salido por las calles para expresar el deseo de una civilización más justa y fraterna. Los jóvenes en la calle. Son jóvenes que quieren ser protagonistas del cambio. Por favor, no dejen que otros sean los protagonistas del cambio. Ustedes son los que tienen el futuro. Por ustedes entra el futuro en el mundo. A ustedes les pido que también sean protagonistas de este cambio. Sigan superando la apatía y ofreciendo una respuesta cristiana a las inquietudes sociales y políticas que se van planteando en diversas partes del mundo. Les pido que sean constructores del futuro, que se metan en el trabajo por un mundo mejor. Queridos jóvenes, por favor, no balconeen la vida, métanse en ella. Jesús no se quedó en el balcón, se metió; no balconeen la vida, métanse en ella como hizo Jesús»[92]. Pero sobre todo, de una manera o de otra, sean luchadores por el bien común, sean servidores de los pobres, sean protagonistas de la revolución de la caridad y del servicio, capaces de resistir las patologías del individualismo consumista y superficial.


[92] Discurso en la Vigilia de la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro (27 julio 2013): AAS 105 (2013), 663.

Comentario Domingo XXXII de Tiempo Ordinario

Oración preparatoria

Jesús, Maestro, dame seguirte en el camino del Dios vivo, Tu Padre, peregrinar en esta mi vida con la mirada traspasada por la fe en Ti y en un Dios creador y recreador de la vida, arrimando el hombro en Tu Reino de vida. AMEN.

 

Lc 20, 27-38

«27Pero acercándose algunos de los saduceos (ellos sostienen que no hay resurrección) le preguntaron: 28“Maestro, Moisés escribió para nosotros que si a uno se le muere un hermano teniendo mujer y sin hijos, que tome a la mujer de su hermano y dé descendencia a su hermano. 29Pues bien, eran siete hermanos. Y el primero, tomando mujer, murió sin hijos; 30también el segundo 31y el tercero la tomaron; y de igual forma los siete no tuvieron hijos y murieron. 32Por último, también la mujer murió. 33Entonces, pues, la mujer en la resurrección ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer”…

34Y les dijo Jesús: “Los hijos de este mundo toman mujer o marido; 35pero los que lleguen a ser dignos de tener parte en aquel mundo y en la resurrección de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, 36ni pueden ya morir, porque son como ángeles, y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección.

37Pero que los muertos resucitan también lo indicó Moisés en lo de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abrahán, Dios de Isaac y Dios de Jacob. 38No es Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos viven”.

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Hemos dejado atrás la sección del camino y ya estamos en el ministerio de Jesús en Jerusalén (Lc 19,28-21,38), que es la antesala de la Pasión. Por eso, esta sección está llena de controversias y encontronazos de Jesús (con los vendedores del Templo: 19,45s; con los sumos sacerdotes, escribas y ancianos: 20,1ss; con los escribas y sumos sacerdotes: 20,19ss; con los saduceos: 20,27ss) y culmina con el discurso escatológico (21,5-36). La tensión se hace evidente y las ganas de acabar con Jesús (cf. 19,47; 20,19.20) empezarán a cuajar a partir de 22,1. Cuando se acerca el final del año litúrgico, el evangelio también llega a su momento culminante. En nuestro caso, el enfrentamiento es con los saduceos (que toman nombre de Sadoc, el sacerdote de David: cf. 2Sm 8,17). Ellos aceptaban como “revelación” solo los escritos de Moisés (v. 28), es decir, el Pentateuco, los cinco primeros libros de la Biblia. El debate que plantean es malicioso, pues colean aún los espías que quieren sorprender a Jesús para entregarlo (cf. 20,20) y la aplicación de la “ley del levirato” (cf. Dt 25,5) la llevan al absurdo con un ejemplo desquiciante.

 

TEXTO

El evangelio tiene dos partes:
1) El caso que algunos de los saduceos plantean a Jesús (vv. 27-33). 2) La respuesta que obtienen de Jesús (vv. 34-38).

Frente a los algunos, anónimos, Jesús, el nombre, el Maestro. Respecto a la necesidad de saber (preguntar: vv. 27.40), frente a opiniones, la razón (= el Logos). El ambiente general de oposición, de “contrarios”, se expresa aquí de varias maneras: afirmar o negar la resurrección, dos exégesis contrarias de Moisés (la de Jesús vs. la de los saduceos); este mundo y aquel mundo; Dios de vivos y Dios de muertos… En el juego de oposiciones, hay que atender a Jesús.

El evangelio tiene dos partes:
1) El caso que algunos de los saduceos plantean a Jesús (vv. 27-33).

2) La respuesta que obtienen de Jesús (vv. 34-38).

Frente a los algunos, anónimos, Jesús, el nombre, el Maestro. Respecto a la necesidad de saber (preguntar: vv. 27.40), frente a opiniones, la razón (= el Logos). El ambiente general de oposición, de “contrarios”, se expresa aquí de varias maneras: afirmar o negar la resurrección, dos exégesis contrarias de Moisés (la de Jesús vs. la de los saduceos); este mundo y aquel mundo; Dios de vivos y Dios de muertos… En el juego de oposiciones, hay que atender a Jesús.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• Los saduceos no creen en la resurrección y, para ridiculizarla, se valen de la ley del levirato (la costumbre de los antiguos pueblos semitas según la cual el hermano de un hombre casado y fallecido sin hijos tiene que casarse con la viuda, para asegurar descendencia al difunto y sustento a la mujer) y la llevan al absurdo. Esto nos plantea el uso interesado de Dios y los cambalaches que hacemos para “llevar el ascua a nuestra sardina”.

• Jesús confirma la realidad de la resurrección citando el pasaje de revelación de Dios a Moisés en el episodio de la zarza (cf. Ex 3,6). Dios es “Yo-soy” (’ehyeh), palabra hebrea que transmite la idea de vida, existencia y futuro. Esto nos plantea una vida mucho más centrada en Dios y en lo que de Dios podemos esperar: la vida en plenitud junto a Él.

• El texto nos “empuja” al futuro de vida en Dios, para todos. Nos interpela para vivir más centrados en Dios y no en las cosas cambiantes y contingentes de este mundo. Una tarea importante: “aprender a vivir como peregrinos”, en camino hacia una meta de vida plena que la podemos experimentar en la medida en que vivimos como vivió Jesús. Podemos pensar en qué ponemos nuestras seguridades, nuestras esperanzas, nuestras aspiraciones…; sabiendo que el carácter escatológico, que era una marca esencial de la primera comunidad cristiana, debe ser una marca también de nuestro ser cristiano hoy.

• Pero comprometidos por el reino en este mundo, sin ser del mundo. La teología joánica también respira por ahí. ¿Qué nos sugiere? ¿Podemos evadirnos del mundo manteniendo a la vez el compromiso por el Reino? ¿Podemos apegarnos tanto al mundo que nos olvidamos que lo mejor está por llegar? La esperanza y el compromiso del verdadero creyente no estriba en las cosas de este mundo, sino en el Dios vivo que nos empuja a transformar las cosas de este mundo.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo XXXII de Tiempo Ordinario

XXXII Domingo de Tiempo Ordinario, 10 de noviembre 2019

2 Macabeos 7, 1-2. 9-14; Salmo 16; 2 Tesalonicenses 2, 16–3, 5; Lucas 20, 27-38

Jesús Confirma la Resurrección de los Muertos

En aquel tiempo, Jesús dijo a los saduceos, que niegan la resurrección de los muertos: “En esta vida, hombres y mujeres se casan, pero en la vida futura, los que sean juzgados dignos de ella y de la resurrección de los muertos, no se casarán ni podrán ya morir, porque serán como los ángeles e hijos de Dios, pues él los habrá resucitado. Y que los muertos resucitan, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob. Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven”.

Reflexión

¿Quiénes eran los saduceos? (Un partido religioso que existió entre los judíos en los días de Cristo; ellos no creían en la resurrección de los muertos.) ¿Qué significa la resurrección de los muertos? (La Iglesia y las escrituras nos enseña que igual que Jesús resucitó en su mismo cuerpo, nosotros, a final de los tiempos, resucitaremos en Cristo con nuestro cuerpo, pero este cuerpo será “transfigurado en cuerpo de gloria.” (Fil. 3:21)) ¿Cómo describe Jesús a las personas resucitadas? (No se casarán ni podrán ya morir, porque serán como los ángeles e hijos de Dios.) ¿Cómo son los ángeles? (Son espíritus que aman y sirven a Dios con todo su ser.) Cuando lleguemos al Cielo, nuestro enfoque será el amor de Dios, y Dios proveerá todo por nosotros. ¿Cómo podemos amar y servir mejor a Dios aquí en la tierra?

Actividad

En la siguiente página, cortar palabras de arriba y dibujos abajo. Colorear dibujo de abajo y pegar en un plato de papel blanco o azul claro. También pegar pedazos de algodón representando nubes. Detrás, pegar las palabras y foto arriba de ángeles. Colgar con una cinta.

Oración

Dios de Amor, gracias por amarme tanto que sacrificaste a Tu hijo amado para yo poder estar contigo en el Cielo. Ayúdame a amar, perdonar, y servir mejor para agradarte y llenar este mundo con paz y felicidad. Ayúdame a llegar, algún día, al Cielo, lugar de amor y felicidad eterna. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Sabes lo que es una adivinanza, ¿verdad? Es un acertijo de palabras, una pregunta que te hace pensar. En ocaciones son divertidos. Estoy seguro de que probablemente hayas escuchado este. “¿Porqué el pollito cruzó la carretera?” La contestación es: “Para llegar al otro lado.” He aquí algunas de mis adivinanzas preferidas.

P: El papá de María tiene 4 hijos, tres de ellos se llaman Nana, Nene y Nini. ¿Cómo se llama el cuarto?

C: ¡María! (Tal vez tenga que explicarlo).

P: ¿Cuántos meses tienen 28 días?

C: ¡Todos! (¡Algunos pueden tener 30 o 31, pero todos tienen 28!)

P: ¿Qué está lleno de hoyos pero puede retener agua?

C: ¡Una esponja! (Puede enseñarle una).

Las adivinanzas han existido desde el tiempo de Jesús. Quizás desde antes. Un día se le acercó a Jesús un grupo de saduceos, líderes religiosos que no creían en la resurrección. Ellos estaban tratando de hacer que Jesús estuviera de acuerdo en que no existía la resurrección. Le pidieron que contestara la siguiente adivinanza diciendo: “Maestro, Moisés nos enseñó en sus escritos que si un hombre muere y deja a la viuda sin hijos, el hermano de ese hombre tiene que casarse con la viuda para que su hermano tenga descendencia. Pues bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin dejar hijos. Entonces el segundo y el tercero se casaron con ella, y así sucesivamente murieron los siete sin dejar hijos. Por último, murió también la mujer. Ahora bien, en la resurrección, ¿de cuál será esposa esta mujer, ya que los siete estuvieron casados con ella?

Esa sí que es una adivinanza difícil, ¿verdad? Escuchen la contestación de Jesús: “El matrimonio es para las personas aquí en la tierra. Pero cuando llegue el momento, aquellos que resuciten no estarán casados ni se casarán, ni tampoco podrán morir, pues serán como los ángeles. Vivirán por siempre porque son hijos de Dios.”

Jesús añadió: “Moisés mismo nos da a entender que los muertos resucitan, pues llama al Señor “el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob” . Él no es Dios de muertos, sino de vivos.

Después que Jesús sabiamente contestó su adivinanza, nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Tú y yo sabemos que Jesús nos prometió que si le amamos y confiamos en Él viviremos para siempre con Él en el cielo. ¿No es triste ver que hay personas que no creen que existe la resurrección y hay vida eterna en el cielo?

Comentario al evangelio – 6 de noviembre

La página del evangelio de hoy, sin duda, es uno de los relatos más apto para ser eliminado del evangelio por lo crudo, e incluso inhumano, que resulta. Habla del discipulado con un estilo espartano y rigorista que provoca espanto. Aunque con la costumbre lo hayamos azucarado, conviene sin embargo que encaremos este pasaje en su ácida novedad. Habla del discipulado señalando, por este orden, primero dos indicadores del auténtico discípulo y, después, la condición que posibilita a todo discípulo seguir a Jesús.

Los dos indicadores están claros. Hay dos comprobantes de que se es auténtico discípulo: Haber resuelto el problema afectivo y asumir derechamente el dolor. Nos detenemos en ellos.

  • Ordenar rectamente los “amores”. Todo discípulo debe, como Jesús, amar siempre, a todos, con palabras y con obras. Pero en una correcta jerarquía de preferencias. En su cúspide debe estar siempre Jesús, el Señor. El amor hacia Él debe ser comprobable en hechos. Se comprueba en las circunstancias de decisión, cuando se ha de elegir entre Jesús y otras personas o cosas… Cada elección hace evidente el real “ordo amoris” del propio corazón.
  • Cargar con la cruz. Sabemos qué es la cruz. La hemos sufrido con frecuencia y nos espanta. Cruz es la consecuencia, siempre dolorosa e injusta, del seguimiento. No es penitencia ni castigo merecido por nuestra torpeza o pecado. Es la prueba más irrefutable del amor. Porque amar es sufrir por quien se ama sin huir. Caminar tras las huellas del Señor nos atrae complicaciones y disgustos. Solo un consuelo: Junto a la cruz del discípulo amado también está María.

Las dos parábolas que siguen (la del que se pone a construir una torre y la del rey que entabla batalla contra otro rey) apuntan a la condición que hace posible el seguimiento. Antes de ponerse tras las huellas del Maestro hay que medir las consecuencias de lo que se hace o, lo que es lo mismo, calcular. El discipulado no es equiparable a un arrebato de adolescente, sin pies ni cabeza; no se hace a ciegas o insensatamente… Necesita del previo discernimiento y de la toma de conciencia. Y solo los avisados llegan a entender que, más allá de las excesivas exigencias del Maestro, lo que hay es una carga suave y un yugo llevadero… que son la llave que abre las puertas de una vida auténtica e infinita.

Juan Carlos cmf