Vísperas – Jueves XXXI de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

JUEVES XXXI DE TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Éste es el día del Señor.
Éste es el tiempo de la misericordia.

Delante de tus ojos
ya no enrojeceremos
a causa del antiguo
pecado de tu pueblo.

Arrancarás de cuajo
el corazón soberbio
y harás un pueblo humilde
de corazón sincero.

En medio de las gentes,
nos guardas como un resto
para cantar tus obras
y adelantar tu reino.

Seremos raza nueva
para los cielos nuevos;
sacerdotal estirpe,
según tu Primogénito.

Caerán los opresores
y exultarán los siervos;
los hijos del oprobio
serán tus herederos:

Señalarás entonces
el día del regreso
para los que comían
su pan en el destierro.

¡Exulten  mis entrañas!
¡Alégrese mi pueblo!
Porque el Señor que es justo
revoca sus decretos:

La salvación se anuncia
donde acechó el infierno,
porque el Señor habita
en medio de su pueblo. Amén.

SALMO 131: PROMESAS A LA CASA DE DAVID

Ant. Que tus fieles, Señor, vitoreen al entrar en tu morada.

Señor, tenle en cuenta a David
todos sus afanes:
cómo juró al Señor
e hizo voto al Fuerte de Jacob:

«No entraré bajo el techo de mi casa,
no subiré al lecho de mi descanso,
no daré sueño a mis ojos,
ni reposo a mis párpados,
hasta que encuentre un lugar para el Señor,
una morada para el Fuerte de Jacob.»

Oímos que estaba en Efrata,
la encontramos en el Soto de Jaar:
entremos en su morada,
postrémonos ante el estrado de sus pies.

Levántate, Señor, ven a tu mansión,
ven con el arca de tu poder:
que tus sacerdotes se vistan de gala,
que tus fieles vitoreen.
Por amor a tu siervo David,
no niegues audiencia a tu Ungido.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Que tus fieles, Señor, vitoreen al entrar en tu morada.

SALMO 113

Ant. El Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella.

El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
«A uno de tu linaje
pondré sobre tu trono.

Si tus hijos guardan mi alianza
y los mandatos que les enseño,
también sus hijos, por siempre,
se sentarán sobre tu trono.»

Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella:
«Ésta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la deseo.

Bendeciré sus provisiones,
a sus pobres los saciaré de pan,
vestiré a sus sacerdotes de gala,
y sus fieles aclamarán con vítores.

Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi diadema.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

LECTURA: 1P 3, 8-9

Procurad todos tener un mismo pensar y un mismo sentir: con afecto fraternal, con ternura, con humildad. No devolváis mal por mal o insulto por insulto; al contrario, responded con una bendición, porque para esto habéis sido llamados: para heredar una bendición.

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor nos alimentó con flor de harina.
V/ El Señor nos alimentó con flor de harina.

R/ Nos sació con miel silvestre.
V/ Con flor de harina.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor nos alimentó con flor de harina.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.

PRECES

Invoquemos a Cristo, pastor, protector y ayuda de su pueblo, diciendo:

Señor, refugio nuestro, escúchanos.

Bendito seas, Señor que nos has llamado a tu santa Iglesia;
— consérvanos siempre en ella.

Tú que has encomendado al papa la preocupación por todas las Iglesias,
— concédele una fe inquebrantable, una esperanza viva y una caridad solícita.

Da a los pecadores la conversión, a los que caen, fortaleza,
— y concede a todos la penitencia y la salvación.

Tú que quisiste habitar en un país extranjero,
— acuérdate de los que viven lejos de su familia y de su patria.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

A todos los difuntos que esperan en ti,
— concédeles el descanso eterno.

Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, oremos con confianza a Dios, nuestro Padre:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso, te damos gracias por el día que termina e imploramos tu clemencia para que nos perdones benignamente todas las faltas que, por la fragilidad de la condición humana, hemos cometido en este día. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 7 de noviembre

1) Oración inicial

Señor de poder y de misericordia, que has querido hacer digno y agradable por favor tuyo el servicio de tus fieles; concédenos caminar sin tropiezos hacia los bienes que pos prometes. Por nuestro Señor. 

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 15,1-10
Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle. Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Éste acoge a los pecadores y come con ellos.» Entonces les dijo esta parábola: «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va a buscar la que se perdió, hasta que la encuentra? Cuando la encuentra, se la pone muy contento sobre los hombros y, llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos y les dice: `Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido.’ Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión.
«O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas y les dice: `Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido.’ Pues os digo que, del mismo modo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.» 

3) Reflexión

• El evangelio de hoy nos trae las primeras tres parábolas enlazadas entre sí por la misma palabra. Se trata de tres cosas perdidas: la oveja perdida (Lc 15,3-7), la moneda perdida (Lc 15,8-10), el hijo perdido (Lc 15.11-32). Las tres parábolas son dirigidas a los fariseos y a los doctores de la ley que criticaban a Jesús (Lc 15,1-3). Es decir que son dirigidas al fariseo o al doctor de la ley que existe en cada uno de nosotros.
• Lucas 15,1-3: Los destinatarios de las parábolas. Estos tres primeros versos describen el contexto en el que fueron pronunciadas las tres parábolas: “Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle. Los fariseos y los escribas murmuraban”. De un lado, se encontraban los cobradores de impuestos y los pecadores, del otro los fariseos y los doctores de la ley. Lucas dice con un poco de exageración: “Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle”. Algo en Jesús atraía. Es la palabra de Jesús la que los atrae (Cf. Is 50,4). Ellos quieren oírlo. Señal de que no se sienten condenados, sino acogidos por él. La crítica de los fariseos y de los escribas era ésta: “¡Este hombre acoge a los pecadores y come con él!”. En el envío de los setenta y dos discípulos (Lc 10,1-9), Jesús había mandado acoger a los excluidos, a los enfermos y a los poseídos (Mt 10,8; Lc 10,9) y a practicar la comunión alrededor de la mesa (Lc 10,8).
• Lucas 15,4: Parábola de la oveja perdida. La parábola de la oveja perdida empieza con una pregunta: “¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va a buscar la que se perdió, hasta que la encuentra?” Antes de que él mismo diera una respuesta, Jesús tiene que haber mirado a los oyentes para ver cómo respondían. La pregunta es formulada de tal manera que la respuesta no puede que ser positiva: “Sí, ¡él va en búsqueda de la oveja perdida!” Y tú ¿cómo responderías? ¿Dejarías las 99 ovejas en el campo para ir detrás de la única oveja que se perdió? ¿Quién haría esto? Probablemente la mayoría habrá respondido: “Jesús, entre nosotros, ninguno haría una cosa tan absurda. Dice el proverbio: “¡Mejor un pájaro en mano, que ciento volando!”
• Lucas 15,5-7: Jesús interpreta la parábola de la oveja perdida. Ahora en la parábola el dueño de las ovejas hace lo que nadie haría: deja todo y va detrás de la oveja perdida. Sólo Dios mismo puede tener esta actitud. Jesús quiere que el fariseo y el escriba que existe en nosotros, en mí, tome conciencia. Los fariseos y los escribas abandonaban a los pecadores y los excluían. Nunca irían tras la oveja perdida. Dejarían que se perdiera en el desierto. Prefieren a las 99 que no se perdieron. Pero Jesús se pone en lugar de la oveja que se perdió, y que en aquel contexto de la religión oficial caería en la desesperación, sin esperanza de ser acogida. Jesús hace saber a ellos y a nosotros: “Si por casualidad te sientes perdido, pecador, recuerda que, para Dios, tú vales más que las 99 otras ovejas. Dios te sigue. Y en caso de que tú te conviertes, tiene que saber que “habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión.”
• Lucas 15,8-10: Parábola de la moneda perdida. La segunda parábola: “O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas y les dice: `Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido.’ Pues os digo que, del mismo modo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.» Dios se alegra con nosotros. Los ángeles también se alegran con nosotros. La parábola era para comunicar la esperanza a quien estaba amenazado de desesperación por la religión oficial. Este mensaje evoca lo que Dios nos dice en el libro del profeta Isaías: “Te tengo grabado en la palma de mi mano” (Is 49,16). “Tu eres precioso a mis ojos, yo te amo” (Is 43,4) 

4) Para la reflexión personal

• ¿Tú irías detrás de la oveja perdida?
• ¿Piensas que la Iglesia de hoy es fiel a esta parábola de Jesús? 

5) Oración final

¡Buscad a Yahvé y su poder,
id tras su rostro sin tregua,
recordad todas sus maravillas,
sus prodigios y los juicios de su boca! (Sal 105,4-5)

La afabilidad, especialmente necesaria al sacerdote (Afabilidad)

Los hombres, para su trato con sus semejantes en la vida social, si son buenos e inteligentes cultivan -ordinariamente sólo por razones humanas- una virtud que suele llamarse sociabilidad. También el sacerdote ha de hacer suya esta virtud, si no quiere encontrarse en situación de inferioridad al tratar a los demás hombres. Lo que otros practican por motivos humanos, llévelo él a su conducta por una razón sobrenatural, es decir, por caridad. (A. DEL PORTILLO, Escritos sobre el sacerdocio, p. 32).

Comentario del 7 de noviembre

La presencia entre los oyentes de Jesús de publicanos y pecadores provocó de inmediato la murmuración de los letrados y fariseos, que no entendían esta familiaridad. Ellos, desde su conciencia de justos, no podían aceptar esta relación con los pecadores. Sólo la distancia podía mantenerles libres de contaminación e impureza. Por eso se mantienen “separados” de los pecadores y no entienden que Jesús les admita en su compañía y trate con ellos sin considerar debidamente el riesgo del contagio de la enfermedad moral –el pecado- de que son portadores.

Pero Jesús no había venido a este mundo a buscar a los justos, sino a los pecadores. Su presencia en medio de los hombres era similar a la de un médico; y del médico tienen necesidad no los sanos, sino los enfermos. Se trata de enfermos que tienen conciencia de su propia enfermedad; por eso se acercan a Jesús buscando remedio, y él les acoge como a personas necesitadas de su palabra medicinal.

El evangelista suele equiparar a publicanos y pecadores. De hecho, los nombra sucesivamente, como si fueran sinónimos, como si no hubiese posibilidad de separarlos. Y es que los publicanos o recaudadores (judíos) de impuestos eran considerados públicamente pecadores por el simple hecho de desempeñar ese oficio. El oficio llevaba aneja la calificación moral de pecador. Pero Jesús no tuvo reparo en llamar a su seguimiento, más aún, en incorporar al grupo de los Doce, a uno de esos publicanos, a Mateo. Semejante conducta escandalizó a los fariseos. Por eso no dejan de censurarla y de echarle en cara su aparente despreocupación o descuido. Ese –dicen con desprecio- acoge a los pecadores y come con ellos.

Jesús no se limita a encajar la crítica y a continuar adelante menospreciando tales comentarios. Quiere hacer ver a sus adversarios que su actuación está plenamente justificada. Por eso les propone esta parábola: Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros muy contento; y al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: ¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.

Tal sería el comportamiento que se espera de un pastor que tiene realmente aprecio por cada una de sus ovejas. Aunque se trate sólo de una oveja entre cien, le merece todos sus desvelos. Y si se pierde, va tras ella hasta encontrarla. Y cuando la encuentra siente que está de enhorabuena, y en lugar de reñirla o castigarla se la carga sobre los hombros y convoca a sus amigos porque se siente afortunado, ya que la pérdida de la oveja (descarriada) es su propia pérdida, y el hallazgo un motivo extraordinario (un plus) de alegría que hay que festejar con los amigos y los vecinos.

Jesús equipara, pues, al pecador con esa oveja descarriada o perdida, pero que no deja de ser oveja de su rebaño. Por eso, su condición de perdida no rebaja el afecto o el aprecio del pastor, que sigue estimándola como suya; al contrario, acrecienta su desvelo y le pone en marcha tras su búsqueda. Puede estar más cerca o más lejos. El pastor no dejará de buscarla, aunque eso le lleve tiempo y fatiga. La actitud de Jesús para con los pecadores no es distinta de la de este pastor que se describe en la parábola. Y él presenta esta actitud como la cosa más natural del mundo: si uno de vosotros tiene cien ovejas…

Es lo que se espera de cualquiera de ellos en semejantes circunstancias. ¿Por qué admirarse (o escandalizarse) entonces del trato que él dispensa a los publicanos y pecadores? En realidad, la alegría del pastor por el hallazgo de la oveja perdida es su propia alegría, y ésta es sólo el reflejo de la alegría que estalla en el cielo y que inunda el corazón de Dios. La conversión de un solo pecador, que no es sino el reencuentro del hombre perdido con su Dios, será motivo de una alegría inusitada en el cielo. Cabe suponer que esa alegría se multiplicará con la multiplicación de las conversiones.

Dios no persigue otra cosa que nuestra salud; por eso nos envía a Cristo como médico y como pastor. La cohesión del rebaño (Iglesia) es sin duda un medio muy importante para evitar la dispersión y el extravío. Aun así, Dios no dejará de buscarnos por diferentes vías para atraernos de nuevo a su redil. Esta búsqueda puede durar años, pero mientras haya vida siempre habrá tiempo para el hallazgo o para el reencuentro. Y, por tanto, también para la alegría. Luego sea cual sea la situación en la que nos encontremos no desesperemos nunca. En cualquier recodo del camino podemos encontrarnos con ese “pastor” que salió hace años tras nuestros pasos descarriados.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

Misioneros valientes

175. Enamorados de Cristo, los jóvenes están llamados a dar testimonio del Evangelio en todas partes, con su propia vida. San Alberto Hurtado decía que «ser apóstoles no significa llevar una insignia en el ojal de la chaqueta; no significa hablar de la verdad, sino vivirla, encarnarse en ella, transformarse en Cristo. Ser apóstol no es llevar una antorcha en la mano, poseer la luz, sino ser la luz […]. El Evangelio […] más que una lección es un ejemplo. El mensaje convertido en vida viviente»[93].


[93] Ustedes son la luz del mundo, Discurso en el Cerro San Cristóbal, Chile, 1940, en: https://www.padrealbertohurtado.cl/escritos-2/.

Vida para siempre

1.- Vida después de esta vida. En las pirámides y en las tumbas egipcias hay multitud de detalles que reflejan su concepción sobre el más allá: es una prolongación de este mundo. Por eso, se momifica el cuerpo del difunto, aparecen pintados en las paredes, objetos de la vida cotidiana, sobre todo aquellos relacionados con la vida placentera. En muchas ocasiones junto al difunto se encuentra todo su ajuar y comida en abundancia. Incluso se encerraba a los sirvientes vivos juntamente con el difunto para que le sirvieran en la otra vida. El descubrimiento de la tumba de Tutankamón, un faraón que murió joven y no tuvo ninguna importancia en la historia, permitió el conocimiento de la vida cotidiana en Egipto, pues allí se describía todo lo que tenía que ver con la vida terrenal, que continuaba en la otra vida. Esta idea es la que subyace en el planteamiento de los saduceos, aunque ellos en el fondo no creían en la resurrección. Sin embargo, hacen una pregunta trampa a Jesús para ponerlo en evidencia. A pesar de que en el Antiguo Testamento poco a poco, de forma progresiva, Dios fue revelando el misterio de la resurrección, los saduceos estaban anclados en el pasado y se negaban a aceptar la existencia de otra vida. No tenían en cuenta el libro del profeta Ezequiel, cuando Dios reanima los huesos secos, ni tampoco el segundo Libro de los Macabeos, donde se expone claramente la fe en la resurrección. El cuarto hijo responde al rey torturador: “Vale la pena morir a manos de los hombres, cuando se espera que Dios mismo nos resucitará”. El Libro de la Sabiduría, el último del Antiguo Testamento, corrobora esta creencia en la vida después de la vida.

2.- Dios de vivos. Jesús explicó a los saduceos que en la vida presente morimos, pero los hijos de Dios van a resucitar y vivir como los ángeles. La respuesta de Jesús sigue dos caminos. Por un lado, no acepta que el estado del hombre resucitado sea un calco del estado presente. Tener muchos hijos en Palestina era una bendición del cielo; morir sin hijos, la mayor de las desgracias, el peor de los castigos celestiales… Para evitar esto último, el Deuteronomio prescribía lo siguiente: “si dos hermanos viven juntos y uno de ellos muere sin hijos, la viuda no saldrá de casa para casarse con un extraño; su cuñado se casará con ella y cumplirá con ella los deberes legales de cuñado; el primogénito que nazca continuará el nombre del hermano muerto, y así no se extinguirá su nombre en Israel”. Es la conocida ley del “levirato” La procreación es necesaria en este mundo, a fin de que la creación vaya tomando conciencia, a través de la multiplicación de la raza humana, de las inmensas posibilidades que lleva en su seno: es el momento de la individualización, con nombre y apellido, de los que han de construir el Reino de Dios. Superada la muerte, no será necesario asegurar la continuidad de la especie humana mediante la procreación. Las relaciones humanas serán elevadas a un nivel distinto, propio de ángeles (serán como ángeles), en el que dejarán de tener vigencia las limitaciones inherentes a la creación presente. No se trata, por tanto, de un estado parecido a seres extraterrestres o galácticos, sino a una condición nueva, la del espíritu, imposible de enmarcar dentro de las coordenadas de espacio y de tiempo. Por haber nacido de la resurrección, serán hijos de Dios. Por otro lado, Jesús termina su respuesta con un argumento que debió de dejar aún más desconcertados a los saduceos: “que resucitan los muertos lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abrahán, y Dios de Isaac, y Dios de Jacob”. Dios no lo es de muertos, sino de vivos; es decir, para El todos ellos están vivos”. Reina la esperanza en nosotros, la muerte no tiene la última palabra.

3.– Vida en plenitud. Jesús aclara el concepto de resurrección y lo que significa para el cristiano. Es otra dimensión. No se trata de una simple reanimación del cuerpo, ni de una prolongación de esta vida. Por eso es absurdo el planteamiento de los saduceos. Jesús aclara que cuando morimos aquí participamos en la resurrección, mediante la cual no volvemos a morir. En la vida en plenitud no importará si uno está casado o soltero, es una vida nueva, donde se manifestará de verdad que somos hijos de Dios y le “veremos tal cual es”. El error está en confundir el cuerpo con la materia. No es el cadáver lo que se reanima con la resurrección, es todo nuestro ser el que participa de una vida eterna, que no se acaba, que plenifica, que nos hace felices para siempre.

José María Martín OSA

No es Dios de muertos, sino de vivos

Se le acercaron unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: «Maestro, Moisés nos prescribió: Si el hermano de uno muere, dejando mujer, sin hijos, su hermano debe casarse con la viuda y dar descendencia al hermano. Eran siete hermanos. El primero se casó, y murió sin dejar hijos. El segundo y el tercero, y así hasta el séptimo, se casaron con la viuda, y murieron sin dejar hijos. Finalmente murió también la mujer. En la resurrección, ¿de quién de ellos será mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer». Jesús les dijo: «Los hijos de este mundo se casan unos con otros; pero los que han sido dignos de tener parte en el otro mundo y en la resurrección de los muertos, hombres y mujeres, no se casarán. Ya no pueden morir, pues son como los ángeles, hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección. Y que los muertos resucitan, el mismo Moisés lo da a entender en lo de la zarza, cuando llama al Señor: Dios de Abrahán, Dios de Jacob, Dios de Isaac. No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos viven».

Lucas 20, 27-38

Para meditar

El grupo de saduceos tratan de ponerle a Jesús en una situación de tal forma que conteste lo que conteste a lo que le preguntan lo más fácil era decir algo equivocado. Pero Jesús tiene muy claro su mensaje y no cae en la trampa. Y finaliza diciendo que Dios es un Dios de vivos, porque después de la muerte la vida continúa.

La fe supone creer lo que no hemos visto nunca. Creer en lo que hemos visto es fácil. Ninguno de los vivos sabemos lo que hay después de la muerte, pero los creyentes creemos, sabemos, que después de la vida hay una nueva vida, una vida para siempre.

Para hacer vida el evangelio

  • ¿Cómo crees que es la vida eterna en la que creemos los cristianos?
  • ¿Qué es la vida eterna para los cristianos? ¿Qué nos dice Jesús?
  • Escribe un compromiso para conocer más sobre la vida eterna.

Oración

La gran seguridad
del cristiano: la Resurrección
En eso se notará que somos tus discípulos
además de en cómo nos amamos,
en que no tememos a la muerte,
porque sabemos, estamos seguros
de que no es el fi nal del camino,
sino la llegada a tus brazos, a la plenitud,
a la felicidad y a la armonía plena.
La seguridad de la resurrección
nos hace fuertes ante la muerte,
nos hace soportable
el dolor de la separación
y nos ayuda a prepararnos
para cuando llegue.
Mientras vivamos una vida plena,
disfrutemos todo lo que Dios
nos va regalando
en el vivir cotidiano
y amemos, tratando a los demás
como si fuera la última vez
que les vemos,
con todas nuestras capacidades
de encuentro y comunicación,
de fraternidad y de Amor.

La gran seguridad del cristiano: la Resurrección

En eso se notará que somos tus discípulos
además de en cómo nos amamos,
en que no tememos a la muerte,
porque sabemos, estamos seguros
de que no es el final del camino,
sino la llegada a tus brazos, a la plenitud,
a la felicidad y a la armonía plena.

Ese día abandonaremos nuestro cuerpo,
viviremos en la memoria de los nuestros,
por el amor que hayamos regalado
y los gestos de ternura y justicia dados.
Pero estaremos vivos
en la mesa del Padre,
esa camilla familiar,
en la que se reúnen los hermanos,
al atardecer de la vida,
para festejarla y gozarla.

La seguridad de la resurrección
nos hace fuertes ante la muerte,
nos hace soportable
el dolor de la separación
y nos ayuda a prepararnos
para cuando llegue.
Mientras vivamos una vida plena,
disfrutemos todo lo que Dios
nos va regalando
en el vivir cotidiano
y amemos, tratando a los demás
como si fuera la última vez que les vemos,
con todas nuestras capacidades
de encuentro y comunicación,
de fraternidad y de Amor.

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio Domingo XXXII de Tiempo Ordinario

• Hace ocho días veíamos a Jesús pasando por Jericó, donde se encontraba con Zaqueo, que lo recibió muy contento (Lc 19,1- 10). Hoy, en Jerusalén, ha encontrado a “los saduceos”, que no lo acogen.

• En Jerusalén, con todo lo que significa, no ha sido bien recibido por los que han corrompido los símbolos, sobre todo el templo. Jesús denuncia que el templo, de ser una casa de oración, ha pasado a ser una cueva de ladrones (Lc 19,46).

• Los “saduceos” no lo pueden tolerar y pasan a la acción: le plantean un problema (2) para ridiculizar la fe en la resurrección y así, hacer quedar mal a quien les está poniendo en evidencia.

• Jesús aprovecha la ocasión -aquí está la Buena Noticia- para mostrar la convicción de que Dios no deja prisioneros de la muerte a aquellos con los que ha hecho Alianza (Ex 19,3-6). Y apela a “Moisés”, citando la llamada que Dios le hace (37): Moisés es aquel a quien los saduceos se glorían de seguir (28).

• La Ley a la que apelan los saduceos (28) aseguraba la descendencia legal. Es decir, en la mentalidad estrecha de este grupo, la generación de hijos sirve para sustituir los muertos por vivos. Así de mecánico y frío.

• Dios lo mira de otro modo: “la vida futura” es de un manera muy distinta (36). El gozo de los “ángeles” (36) es vivir en la presencia de Dios (Mt 18,10). Dios llevará a plenitud lo que quiere para todos: que sean “hijos” suyos (36). Con Jesucristo, “participaremos en la resurrección” (36).

* La respuesta de Jesús también se fundamenta en la Torah (Ex 3,6 // Lc 20,37-38… libro que admitían como normativo): Dios sigue siendo el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, de lo que se sigue que viven; la relación personal y amistosa entre Dios y los padres continúa. (Los maestros de la Ley se alegran finalmente de que Jesús haya reducido al silencio a los saduceos). La cuestión es de qué modo viven. La solución es precisamente la resurrección de entre los muertos, que no es una reanimación en continuidad con la primera vida sino una transformación. Los muertos pierden sus relaciones interpersonales en cuanto que son trasformados, pero no pierden la relación perpetua y personal de Dios. Esto justamente es la resurrección: vivir de forma definitiva para Dios, sin ataduras de ningún tipo…. Pero nuestra capacidad para comprender este misterio es limitada… la mía también.

* El poder de Dios, que llama a los hombres de la muerte a la vida, transforma y asume la totalidad del ser humano. Él es el que asegura esta continuidad entre la vida terrena y la futura resurrección.

• Hace ocho días veíamos a Jesús pasando por Jericó, donde se encontraba con Zaqueo, que lo recibió muy contento (Lc 19,1- 10). Hoy, en Jerusalén, ha encontrado a “los saduceos”, que no lo acogen.

• En Jerusalén, con todo lo que significa, no ha sido bien recibido por los que han corrompido los símbolos, sobre todo el templo. Jesús denuncia que el templo, de ser una casa de oración, ha pasado a ser una cueva de ladrones (Lc 19,46).

• Los “saduceos” no lo pueden tolerar y pasan a la acción: le plantean un problema (2) para ridiculizar la fe en la resurrección y así, hacer quedar mal a quien les está poniendo en evidencia.

• Jesús aprovecha la ocasión -aquí está la Buena Noticia- para mostrar la convicción de que Dios no deja prisioneros de la muerte a aquellos con los que ha hecho Alianza (Ex 19,3-6). Y apela a “Moisés”, citando la llamada que Dios le hace (37): Moisés es aquel a quien los saduceos se glorían de seguir (28).

• La Ley a la que apelan los saduceos (28) aseguraba la descendencia legal. Es decir, en la mentalidad estrecha de este grupo, la generación de hijos sirve para sustituir los muertos por vivos. Así de mecánico y frío.

• Dios lo mira de otro modo: “la vida futura” es de un manera muy distinta (36). El gozo de los “ángeles” (36) es vivir en la presencia de Dios (Mt 18,10). Dios llevará a plenitud lo que quiere para todos: que sean “hijos” suyos (36). Con Jesucristo, “participaremos en la resurrección” (36).

* La respuesta de Jesús también se fundamenta en la Torah (Ex 3,6 // Lc 20,37-38… libro que admitían como normativo): Dios sigue siendo el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, de lo que se sigue que viven; la relación personal y amistosa entre Dios y los padres continúa. (Los maestros de la Ley se alegran finalmente de que Jesús haya reducido al silencio a los saduceos). La cuestión es de qué modo viven. La solución es precisamente la resurrección de entre los muertos, que no es una reanimación en continuidad con la primera vida sino una transformación. Los muertos pierden sus relaciones interpersonales en cuanto que son trasformados, pero no pierden la relación perpetua y personal de Dios. Esto justamente es la resurrección: vivir de forma definitiva para Dios, sin ataduras de ningún tipo…. Pero nuestra capacidad para comprender este misterio es limitada… la mía también.

* El poder de Dios, que llama a los hombres de la muerte a la vida, transforma y asume la totalidad del ser humano. Él es el que asegura esta continuidad entre la vida terrena y la futura resurrección.

Comentario al evangelio – 7 de noviembre

Nos encontramos con los diez primeros versículos del famoso capítulo lucano de la misericordia; las dos primeras parábolas: la oveja y la moneda perdidas. Junto con la del hijo pródigo aparecen enmarcadas en un ambiente hostil de rechazo abierto a Jesús. Para los fariseos es imperdonable el acoger a los pecadores y comer con ellos.

Sin su arrepentimiento y su promesa de enmienda previos no puede mantener trato con ellos. La praxis de Jesús, al ir en otra dirección, motivaba el enfado supino y la dura oposición de aquel grupo de letrados y fariseos. Estos no llegaron a entenderle jamás al mostrarles con hechos e historietas cómo es el amor misericordioso del Padre Abbá.

  • El amor misericordioso de Dios–como todo verdadero amor- es siempre «débil». Se sitúa a las antípodas del control y de la posesividad que asfixia al amado, impidiéndole desplegar su libertad inviolable. Una oveja se puede perder, las monedas se pueden extraviar… y un hijo se puede ir de casa. No están bajo control. La posibilidad inevitable de pérdida o fuga no destruye el amor inmenso de Dios.
  • El amor misericordioso de Dios –como todo verdadero amor- sabe acoger en sus entrañas el dolor. El Abbá no es de acero inoxidable. No es ni indiferente ni insensible. La pérdida de uno solo de sus hijos –¡¡de uno solo!!- hiere su corazón de padre compasivo. Para Él, cada uno de nosotros tiene tanta importancia y valor como todo el conjunto de la humanidad. Nadie queda excluido. Dios jamás desprecia a ninguno de sus hijos e hijas.
  • El amor misericordioso de Dios –como todo verdadero amor- está preñado de esperanza y de alegría. ¡Qué aluvión de alusiones a la alegría por el reencuentro aparece en estas parábolas! Ejercitar la misericordia es una práctica audaz (tiene sus riesgos) y peligrosa (el otro puede despreciarla o abusar de la bondad); pero siempre culmina en gozo; un gozo contagioso que se transmite a otros.

Un rabino, de nombre Cordovero en una de sus obras enumera Trece Atributos de Misericordia, que debemos esforzarnos por imitar: (1) Tolerancia; (2) Paciencia con los demás; (3) Perdonar; (4) Buscar el bien en los demás y para los demás; (5) No guardar la ira; (6) Realizar actos de bondad; (7) Amar y buscar el bien para alguien que te ha hecho daño y ahora desea rectificar ese daño (perdonarlo no es suficiente); (8) Recordar las buenas acciones de los demás y olvidar las malas que cometen; (9) Sentir compasión por los demás, incluso por la gente malvada; (10) Actuar con honestidad; (11) Actuar con bondad e indulgencia hacia los demás (no insistir en aplicar “la letra de la ley” sobre los demás); (12) Ayudar a los demás a arrepentirse y no guardarles rencor; (13) Buscar maneras de mostrar misericordia y compasión a los demás, aunque uno no encuentre en ellos ningún factor atenuante.

Juan Carlos cmf