La gran seguridad del cristiano: la Resurrección

En eso se notará que somos tus discípulos
además de en cómo nos amamos,
en que no tememos a la muerte,
porque sabemos, estamos seguros
de que no es el final del camino,
sino la llegada a tus brazos, a la plenitud,
a la felicidad y a la armonía plena.

Ese día abandonaremos nuestro cuerpo,
viviremos en la memoria de los nuestros,
por el amor que hayamos regalado
y los gestos de ternura y justicia dados.
Pero estaremos vivos
en la mesa del Padre,
esa camilla familiar,
en la que se reúnen los hermanos,
al atardecer de la vida,
para festejarla y gozarla.

La seguridad de la resurrección
nos hace fuertes ante la muerte,
nos hace soportable
el dolor de la separación
y nos ayuda a prepararnos
para cuando llegue.
Mientras vivamos una vida plena,
disfrutemos todo lo que Dios
nos va regalando
en el vivir cotidiano
y amemos, tratando a los demás
como si fuera la última vez que les vemos,
con todas nuestras capacidades
de encuentro y comunicación,
de fraternidad y de Amor.

Mari Patxi Ayerra