Notas para fijarnos en el evangelio Domingo XXXII de Tiempo Ordinario

• Hace ocho días veíamos a Jesús pasando por Jericó, donde se encontraba con Zaqueo, que lo recibió muy contento (Lc 19,1- 10). Hoy, en Jerusalén, ha encontrado a “los saduceos”, que no lo acogen.

• En Jerusalén, con todo lo que significa, no ha sido bien recibido por los que han corrompido los símbolos, sobre todo el templo. Jesús denuncia que el templo, de ser una casa de oración, ha pasado a ser una cueva de ladrones (Lc 19,46).

• Los “saduceos” no lo pueden tolerar y pasan a la acción: le plantean un problema (2) para ridiculizar la fe en la resurrección y así, hacer quedar mal a quien les está poniendo en evidencia.

• Jesús aprovecha la ocasión -aquí está la Buena Noticia- para mostrar la convicción de que Dios no deja prisioneros de la muerte a aquellos con los que ha hecho Alianza (Ex 19,3-6). Y apela a “Moisés”, citando la llamada que Dios le hace (37): Moisés es aquel a quien los saduceos se glorían de seguir (28).

• La Ley a la que apelan los saduceos (28) aseguraba la descendencia legal. Es decir, en la mentalidad estrecha de este grupo, la generación de hijos sirve para sustituir los muertos por vivos. Así de mecánico y frío.

• Dios lo mira de otro modo: “la vida futura” es de un manera muy distinta (36). El gozo de los “ángeles” (36) es vivir en la presencia de Dios (Mt 18,10). Dios llevará a plenitud lo que quiere para todos: que sean “hijos” suyos (36). Con Jesucristo, “participaremos en la resurrección” (36).

* La respuesta de Jesús también se fundamenta en la Torah (Ex 3,6 // Lc 20,37-38… libro que admitían como normativo): Dios sigue siendo el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, de lo que se sigue que viven; la relación personal y amistosa entre Dios y los padres continúa. (Los maestros de la Ley se alegran finalmente de que Jesús haya reducido al silencio a los saduceos). La cuestión es de qué modo viven. La solución es precisamente la resurrección de entre los muertos, que no es una reanimación en continuidad con la primera vida sino una transformación. Los muertos pierden sus relaciones interpersonales en cuanto que son trasformados, pero no pierden la relación perpetua y personal de Dios. Esto justamente es la resurrección: vivir de forma definitiva para Dios, sin ataduras de ningún tipo…. Pero nuestra capacidad para comprender este misterio es limitada… la mía también.

* El poder de Dios, que llama a los hombres de la muerte a la vida, transforma y asume la totalidad del ser humano. Él es el que asegura esta continuidad entre la vida terrena y la futura resurrección.

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