Violencia y paz

1.- Conozco a personas que no aguantan la lectura del Antiguo Testamento. Las conozco y son amigas mías. Desde seglares que viven sinceramente su responsabilidad cristiana, hasta honestos frailes franciscanos. Me estoy refiriendo, evidentemente, a los llamados libros históricos, o a textos semejantes. Tanta guerra y tanta matanza no puede quererlas Dios, dicen. Claro que no, digo yo siempre. Pues ¿por qué están incluidos en la Biblia?

2.- Afirmamos que el Sagrado Texto, inspirado, que no dictado, por Dios, está escrito para unos primeros receptores, con su propio lenguaje y orientación, y perdura también para la posterioridad. Ahora bien, los ulteriores lectores, que somos nosotros y los que nos seguirán, deberán conocer las circunstancias, los criterios y las necesidades propias del momento en que el libro se escribió, para descubrir que fue lo característico en aquel tiempo y que verdades y criterios nos trasmitieron y nos son útiles todavía a nosotros.

3.- La sensibilidad no siempre es la misma. Hace años, y el ejemplo es auténtico, a la iglesia de los Carmelitas de Burgos, acudía un verdugo de la población a rezar ante la imagen del Santo Cristo. Es lo que explícitamente recuerdo me comentaba mi madre, que lo observaba impresionada, sin atreverse a condenarle. La pena de muerte en aquellos tiempos y en aquel territorio, era admitida, hoy le echarían de la iglesia de malos modos y a empujones. Aquel hombre rezaba devotamente ante la imagen del Cristo ajusticiado y, seguramente, su oración era sincera. Hoy la mayoría de fieles cristianos estamos en contra de la pena capital, pero todavía no todos, seguramente lo sabréis, mis queridos jóvenes lectores.

4.- También hace años, en uno de mis primeros viajes a Tierra Santa, pude visitar una cárcel vacía, de tiempos de la ocupación británica. Estaba al alcance de cualquier interesado que pagase la entrada. Permanecer un rato en la sala de ejecución, recorrer el pasillo de la muerte y ver el camastro donde trataría de dormir el prisionero que pasaba su última noche en capilla, me impresionó enormemente y no se han borrado tales imágenes de mí memoria. Ahora bien, se trataba del sentido de la justicia que tenía aquella cultura europea. Además de herir mi sensibilidad, aprendí mucho respecto al sentido de la historia que ha atormentado durante tantos siglos a aquel territorio.

5.- Estoy seguro de que ninguno de vosotros estaríais a favor de tal castigo, pero que, probablemente, vivís sumergidos en una cultura que, por nociones políticas de poca monta y criterios salpicados de egoísmo, al decir de sabios sociólogos y prestigiosos cristianos pensadores, está sembrado nuestro ambiente, primero de antipatías y después de odios, acentuadas tantas posiciones anómalas teóricas, mediante actos de terrorismo, o destrozos públicos. En un terreno así, no puede crecer la Fe, prosperar la Esperanza, reinar la Caridad. Cuentan que el huno Atila, por allí donde pasaba, dejaba el terreno cubierto de sal, para que ningún cultivo posterior pudiera prosperar. Me temo que ciertas conductas actuales pretendan algo semejante.

6.- En medio de tal persecución, me refiero ahora al contexto de la primera lectura de la misa de hoy, florece el testimonio de esta ejemplar familia, en la que se distingue y merece mayor honor, la madre de tan íntegros hijos. Os recomendaría, mis queridos jóvenes lectores, que leyerais el episodio entero, así conocierais la situación del pueblo judío perseguido fiel y ahogada cualquier manifestación de su cultura propia, os enteraseis que no todo el pueblo claudicó, que ellos, la familia ejemplar y otros, fueron fieles a la Ley de Dios.

7.- Si la situación aquella era de persecución del pueblo judío, la nuestra actual es en gran manera de destrucción del medio ambiente, desprecio de la vida no nacida, abuso del alcohol y drogas, cuyo comercio injusto se hace realidad criminal y ataque a la salud. Es lo que nos toca vivir y hay que aceptarlo sin enojarse, dirían muchos, indiferentes al mal extendido en el medio natural, a la corrupción de costumbres de los poderosos, al injusto acopio de capitales, que impiden la prosperidad de los pobres.

8.- Pero todos no. No hace falta ser potentado rico dirigente, para sublevarse ante tanta imprudente barbarie. Puede aparecer una joven estudiante nórdicas y mostrar su desacuerdo con valiente desparpajo. Me estoy refiriendo, como ya habréis adivinado a Greta Thunberg. Tal vez su testimonio se refiera un día como modelo a admirar e imitar. De la eficacia de su gesto no debemos preocuparnos demasiado, como dice el refrán: nunca se sabe el bien que uno hace, cuando hace el bien.

9.- Respecto al episodio al que se refiere la lectura del evangelio del presente domingo, en primer lugar no os parezca estrambótica la argucia de los saduceos. La legislación antigua obedecía a la necesidad de conservar el patrimonio espiritual recibido desde antiguo. Los matrimonios mixtos eran un gran peligro en tal aspecto.  Algo debe quedar de aquellas normas, pues, no hace muchos años, pudimos ver una película que se centraba en tal personal situación. Una joven casada perdió al marido y, de acuerdo con la Ley, debía matrimoniar con el hermano del difunto, un niño que de ninguna manera quería casarse con la que le multiplicaba en edad. Y la viuda, evidentemente, tampoco quería esperar a casarse cuando le tocase de acuerdo con tal costumbre, que entonces, llegada la hora, ya sería apergaminada vieja. El film era encantador y centraba históricamente el argumento, en los inicios del siglo XX. Quien la realizó y quienes de la cultura hebrea la vieron y no protestaron, debían conocer y creer que todavía estaba vigente tal regla. El título de la película es. Te amo Rosa o tal vez Rosa, te amo, no recuerdo bien.

10.- Legítimamente cualquiera de vosotros puede preguntarse, si yo me casase varias veces, como en algún caso ocurre, estuviera enamorado de cada una de mis esposas durante el tiempo de convivencia con cada una, llegado al Cielo, ¿mi felicidad sería poligámica? El amor, todo legítimo amor, atraviesa la barrear de la muerte y se adentra en la eternidad. Ahora bien, el amor humano, su maravilloso cogollo esencial, está cubierto de condicionamientos que el espacio/tiempo impone. Llegada la situación de eternidad, sin desaparecer tal fundamental virtud, perdidas ciertas circunstancias, por ejemplo, la fecundidad expresada en hijos engendrados, no se conservaría, sin por ello quedar destruido el amor.

11.- No somos, como otras religiosidades afirman, gotas de agua anónimas que van a parar al mar, perdiendo su identidad personal. No es momento este de tratar de explicar tal cambio, pienso siempre y para mi provecho y orientación, que en el episodio de la Trasfiguración podemos encontrar alguna respuesta. Se encontraron con Jesús, sumergido en aquel espacio/tiempo de la Alta Galilea y primer siglo de nuestra era en que se encontraba, en correspondida conversación con Moisés y Elías, que existían sin estar aprisionados por el espacio/tiempo, que eran capaces de dialogar, de intercambiar impresiones y proyectos, de compartir.

Amor matrimonial, familiar, sí, amical, también. Envueltos en la Caridad, sublime amor. Dicho de otra manera, y no me tachéis de aberrante imaginación, espero que nos encontremos en la eternidad feliz, mis queridos jóvenes lectores, aunque ya no seáis lectores.

Pedrojosé Ynaraja