Vísperas – Miércoles XXXII de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

MIÉRCOLES XXXII DE TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Todo en estado de oración parece.
La santidad, que empapa todo el aire,
rebosa de los cielos como de ánfora,
y se filtra en las venas del deseo.

Todo sube en afán contemplativo,
como a través de transparencia angélica,
y lo más puro que hay en mí despierta,
sorbido por vorágine de altura.

Tiene alas la tarde, unción y llama.
Todo yo en la plegaria he naufragado;
se levantan mis manos como lámparas;
por el silencio, el corazón respira.

Se ha encendido el crepúsculo en mi frente,
y la lumbre de Dios transe mi carne.
Gloria al Padre, y al Hijo. y al Espíritu,
por los siglos de los siglos. Amén.

SALMO 138: DIOS ESTÁ EN TODAS PARTES Y LO VE TODO

Ant. Señor, tu saber me sobrepasa

Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.

No ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes toda.
Me estrechas detrás y delante,
me cubres con tu palma.
Tanto saber me sobrepasa;
es sublime, y no lo abarco.

¿Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;

si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
me agarrará tu derecha.

Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra,
que la luz se haga noche en torno a mí»,
ni la tiniebla es oscura para ti,
la noche es clara como el día.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Señor, tu saber me sobrepasa

SALMO 138

Ant. Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta.

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias,
porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma,
no desconocías mis huesos.

Cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra,
tus ojos veían mis acciones,
se escribían todas en tu libro;
calculados estaban mis días
antes que llegase el primero.

¡Qué incomparables encuentro tus designios,
Dios mío,, qué inmenso es su conjunto!
Si me pongo a contarlos, son más que arena;
si los dos por terminados, aún me quedas tú.

Señor, sondéame y conoce mi corazón,
ponme a prueba y conoce mis sentimientos,
mira si mi camino se desvía,
guíame por el camino eterno.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Por medio de él fueron creadas todas las cosas, y todo se mantiene en él.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Por medio de él fueron creadas todas las cosas, y todo se mantiene en él.

LECTURA: 1Jn 2, 3-6

En esto sabemos que conocemos a Cristo: en que guardamos sus mandamientos. Quien dice: “Yo lo conozco”, y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero quien guarda su palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud. En esto conocemos que estamos en él. Quien dice que permanece en él debe vivir como vivió él.

RESPONSORIO BREVE

R/ Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.
V/ Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.

R/ A la sombra de tus alas escóndenos.
V/ Como a las niñas de tus ojos.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Guárdanos, Señor, como a las niñas de tus ojos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Haz, Señor, proezas con tu brazo: dispersa a los soberbios y enaltece a los humildes.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Haz, Señor, proezas con tu brazo: dispersa a los soberbios y enaltece a los humildes.

PRECES

Aclamemos, alegres, al Padre, cuya bondad para con su pueblo es más grande que los cielos, y digámosle:

Alégrense todos los que esperan en ti, Señor.

<

p style=”text-align:justify;”>Acuérdate, Señor, que enviaste tu Hijo al mundo, no para condenarlo, sino para salvarlo;

—haz que su muerte gloriosa nos traiga la salvación.

<

p style=”text-align:justify;”>Tú que hiciste a tus sacerdotes ministros de Cristo y dispensadores de tus misterios,

—concédeles un corazón leal, ciencia y caridad.

<

p style=”text-align:justify;”>Haz que los que has llamado a la castidad perfecta por el reino de los cielos

—sigan con fidelidad a tu Hijo.

<

p style=”text-align:justify;”>Tú que, en el principio, creaste hombre y mujer,

—guarda a todas las familias unidas en el verdadero amor.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que enviaste a Jesucristo al mundo para salvar a los pecadores,
—concede a todos los difuntos el perdón de sus faltas.

Todos juntos, en familia, repitamos las palabras que nos enseñó Jesús y oremos al Padre, diciendo:
Padre nuestro…

ORACION

Acuérdate, Señor, de tu misericordia y, ya que a los hambrientos los colmas de bienes celestiales, socorre nuestra indigencia con la abundancia de tus riquezas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 13 de noviembre

1) Oración inicial

Dios omnipotente y misericordioso, aparta de nosotros todos los males, para que, bien dispuesto nuestro cuerpo y nuestro espíritu, podamos libremente cumplir tu voluntad. Por nuestro Señor. 

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 17,11-19

De camino a Jerusalén, pasó por los confines entre Samaría y Galilea. Al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia y, levantando la voz, dijeron: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!» Al verlos, les dijo: «Id y presentaos a los sacerdotes.» Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios. Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz, y, postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano. Tomó la palabra Jesús y dijo: «¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?» Y le dijo: «Levántate y vete; tu fe te ha salvado.» 

3) Reflexión

• En el Evangelio de hoy, Lucas cuenta como Jesús cura a diez leprosos, pero uno sólo le agradece. ¡Y era un samaritano! La gratitud es otro tema muy propio de Lucas: vivir con gratitud y alabar a Dios por todo aquello que recibimos de él. Por esto, Lucas habla muchas veces de que la gente quedaba admirada y alababa a Dios por las cosas que Jesús hacía (Lc 2,28.38; 5,25.26; 7,16; 13,13; 17,15.18; 18,43; 19,37; etc.). El evangelio de Lucas contiene varios cánticos e himnos que expresan esta experiencia de gratitud y de reconocimiento (Lc 1,46-55; 1,68-79; 2,29-32).
• Lucas 17,11: Jesús, camino hacia Jerusalén. Lucas recuerda que Jesús estaba de camino hacia Jerusalén, pasando por Samaría para ir a Galilea. Desde el comienzo del viaje (Lc 9,52) hasta ahora (Lc 17,11), Jesús va por Samaría. Sólo ahora está saliendo de Samaría, pasando por la Galilea para poder llegar a Jerusalén. Esto significa que las importantes enseñanzas, dadas en estos capítulos de 9 a 17, fueron dadas todas en un territorio que no ero judío. El oír esto tiene que haber sido motivo de mucha alegría para las comunidades, venidas del paganismo. Jesús, el peregrino, sigue su viaje hasta Jerusalén. Sigue eliminando las desigualdades que los hombres han creado. Sigua el largo y doloroso camino de la periferia hacia la capital, de una religión cerrada en sí misma, a una religión abierta que sabe acoger a los otros como hermanos y hermanas, hijos e hijas del mismo Padre. Esta apertura se verá en la acogida dada a los diez leprosos.
• Lucas 17,12-13: El grito de los leprosos. Diez leprosos se acercan a Jesús, se paran a distancia y gritan: “Jesús, maestro, ¡ten piedad de nosotros!” El leproso era una persona excluida. Era marginado y despreciado, sin el derecho a vivir con su familia. Según la ley de la pureza, los leprosos debían de ir con ropa rota y el cabello suelto gritando: “¡Impuro! ¡Impuro!” (Lv 13,45-46). Para los leprosos, la busca de un tratamiento significaba lo mismo que buscar la pureza para poder ser reintegrados en la comunidad. No podían acercarse a los otros (Lv 13,45-46). Si un leproso tocaba a alguien le causaba impureza y creaba un impedimento para la que la persona pudiera dirigirse a Dios. A través de este grito, ellos expresaban la fe en que Jesús podía curarlos y devolverles la pureza. Obtener la pureza significaba sentirse, de nuevo, acogido por Dios y poderse dirigir a El para recibir la bendición prometida a Abrahán.
• Lucas 17,14: La respuesta de Jesús y la sanación. Jesús responde:”¡Vete a mostrar a los sacerdotes!” (cf. Mc 1,44). Era el sacerdote que debía verificar la curación y dar el atestado de pureza (Lv 14,1-32). La respuesta de Jesús exigía mucha fe de parte de los leprosos. Deben ir donde el sacerdote como si ya estuvieran curados, cuando, en realidad, su cuerpo seguía cubierto de lepra. Pero ellos creen en la palabra de Jesús y van donde el sacerdote. Y ocurre que mientras van de camino, se manifiesta la curación. Quedan purificados. Esta curación evoca la historia de la purificación de Naamán de Siria (2Re 5,9-10). El profeta Eliseo mandó al hombre que se lavara en el Jordán. Naamán tenía que creer en la palabra del profeta. Jesús ordena a los diez leprosos que se presenten a los sacerdotes. Ellos tenían que creer en la palabra de Jesús.
• Lucas 17,15-16: Reacción del samaritano. “Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz, y, postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano”. ¿Por qué los otros no volvieron? ¿Por qué sólo el samaritano? En la opinión de los judíos de Jerusalén, el samaritano no observaba la ley como era debido. Entre los judíos había la tendencia a observar la ley para poder merecer o conquistar la justicia. Por la observancia, ellos iban acumulando créditos ante Dios. La gratitud y la gratuidad no forman parte del vocabulario de las personas que viven así su relación con Dios. Tal vez sea por esto que no agradecieron el beneficio recibido. En la parábola del evangelio de ayer, Jesús había formulado la pregunta sobre la gratitud: “¿Acaso tiene que dar las gracias al siervo porque hizo lo que le mandaron?” (Lc 17,9) Y la respuesta era: ¡No! El samaritano representa a las personas que tienen la conciencia clara de que nosotros, los seres humanos, no tenemos mérito, ni crédito ante Dios. Todo es gracia, empezando por el don de la vida.
• Lucas 17,17-19: La observación final de Jesús. Jesús se extraña: “¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?” Para Jesús, agradecer a los demás por el beneficio recibido es una manera de dar a Dios la alabanza que le es debida. En este punto, los samaritanos deban lecciones a los judíos. Hoy son los pobres los que desempeñan el papel del samaritano y nos ayudan a redescubrir esta dimensión de la gratuidad de la vida. Todo lo que recibimos tiene que ser visto como un don de Dios que viene hasta nosotros a través del hermano, de la hermana.
• La acogida dada a los samaritanos en el evangelio de Lucas. Para Lucas, el lugar que Jesús daba a los samaritanos es el mismo que el que las comunidades tenían que reservar a los paganos. Jesús presenta al samaritano como un modelo de gratitud (Lc 17,17-19) y de amor al prójimo (Lc 10,30-33). Esto debía ser muy chocante, pues para los judíos, samaritano o pagano, era la misma cosa. No podían tener acceso a los atrios interiores del Templo de Jerusalén, ni participar del culto. Eran considerados portadores de impureza, impuros desde la cuna. Para Lucas, pero, la Buena Nueva de Jesús se dirige, en primer lugar, a las personas y a los grupos considerados indignos de recibirla. La salvación de Dios que llega hasta nosotros en Jesús es puro don. No depende de los méritos de nadie. 

4) Para la reflexión personal

• Y tú, ¿sueles agradecer a las personas? ¿Agradeces por mera costumbre o por convicción? Y en la oración: ¿agradeces u olvidas?
• Vivir en la gratitud es una señal de la presencia del Reino en medio de nosotros. ¿Cómo transmitir para los demás la importancia de vivir en la gratitud y en la gratuidad? 

5) Oración final

Yahvé es mi pastor, nada me falta.
En verdes pastos me hace reposar.
Me conduce a fuentes tranquilas. (Sal 23,1-2)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 11, 20-25

20Y, al pasar muy de mañana, vieron la higuera secada desde las raíces.

21Y, al recordarlo, le dice Pedro: “Rabí, mira, la higuera que maldijiste, se ha secado”.

22 Y, respondiendo, Jesús les dice: “Tened fe en Dios. 23En verdad os digo que quien diga a este monte: ‘Levántate y arrójate al mar’, y no dude en su corazón sino que crea que ocurrirá lo que dice, lo tendrá. 24Por eso os digo: todo cuanto recéis y pidáis, creed que lo habéis recibido, y lo tendréis. 25Y cuando os paréis a rezar, perdonad lo que tengáis contra alguno, para que vuestro padre [que está] en los cielos os perdone vuestras faltas”.».

11, 20-25: A la mañana siguiente, en el camino de vuelta a la ciudad, Jesús y sus discípulos ven la higuera maldita, marchitada en el entretanto (11,20); entonces Pedro recuerda la maldición del día anterior (11,21). Los lectores deducirán que la eficaz maldición de Jesús contra el árbol tiene implicaciones negativas para el Templo con el que el árbol ha quedado vinculado por la estructura marcana del «emparedado». Esta intuición se confirmará más tarde cuando Jesús profetice que no quedará en pie ni una de las piedras del Templo (13,2); la imagen de un edificio arrasado hasta sus cimentos es coherente con la descripción de la higuera marchita «desde las raíces» (11,20). Además, los dos pasajes van unidos por el empleo de los discípulos de la exclamación, «¡Rabí/Maestro, mira!», referida tanto a la higuera (11,21) como al Templo (13,1).

La contestación inicial de Jesús, «tened fe en Dios» (11,22), podría ser también interpretada como «creed firmemente en la fidelidad de Dios», y pudo ser interpretada como una exhortación a no desanimarse respecto al Templo. Después de todo, este es todavía la casa de Dios. Pero si el relato alienta brevemente la esperanza de una protección continuada del Templo por Dios, esta se rompe en el versículo siguiente donde encontramos una frase que no pide que «se conserve esta montaña», sino que se desarraigue y se arroje al océano (11,23). Aunque el objetivo primario de tal afirmación sea acentuar el poder de la fe, puede haber también en ella un guiño a la destrucción del santuario, ya que «este monte» puede ser una expresión para designar la colina del Templo.

Ahora bien, aunque Jesús profetiza el fin del Templo, también afirma el poder de la oración en una serie de dichos que comienzan con la fórmula «Amén, os digo…» (11,23a). Así, hay coherencia en la progresión de 11,12- 19 a 11,20-25: Jesús ataca primero el antiguo lugar de oración, pero luego asegura a sus seguidores que la oración es más eficaz que nunca. Sin embargo, el garante de su eficacia no es ya «el Templo hecho por manos de hombres» (cf. 14,58), sino la autoridad escatológica de Jesús («Amén, os digo…»). Jesús promete concretamente que los que destierran la duda y creen que se cumplirán sus peticiones las verán realizadas (11,23b). Este punto queda subrayado enérgicamente en 11,24, «todo cuanto pidáis en la oración, tened confianza de que lo habéis recibido ya y lo tendréis». Estas promesas categóricas de que la oración será escuchada tiene paralelos en otros lugares de la tradición sinóptica (cf. Mt 7,7-11 / Lc 11,5-13), pero más tarde fueron precisadas cuando los cristianos comenzaron a notar que no todas sus peticiones eran escuchadas de hecho (cf., por ejemplo, Jn 14,13: «Todo lo que pidáis mi nombre», junto con Jn 15,7: «Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros»). Sin embargo, estas enmiendas «realistas» solo subrayan la rotundidad extraordinaria de la promesa en nuestro pasaje, que es un testimonio de la creencia en el advenimiento del Reino que penetraba el ministerio de Jesús y de la iglesia primitiva postpascual: el poder de la nueva edad divina ha aparecido en el mundo, y por tanto ha llegado la edad del cumplimiento de las ansias escatológicas.

En la situación marcana, 11,23-25 sería probablemente entendido como un contrapeso a la duda, la desesperación y la amargura que prevalece en una comunidad atormentada por la guerra y la persecución, en la cual los miembros de la familia se traicionan entre sí hasta la muerte y «todos» odian a los cristianos (cf. 13,12- 13). La enseñanza sobre la fe y la oración en 11,23-25 les aseguraría de que, en contra de todas las apariencias en contrario, sus oraciones estaban siendo escuchadas, que no habían sido abandonados por Dios y que incluso entonces, en medio de la persecución y de la muerte, Dios los empleaba para arrancar y aniquilar los poderes de este mundo y para «edificar y plantar» las estructuras de su reinado. Así la exhortación a no dudar sino a continuar creyendo, y la promesa de que la oración será escuchada tiene casi el mismo valor que la afirmación de 13,13: «el que resista hasta el final… se salvará».

La exhortación de 11,23-24, además, contiene una serie de cuatro verbos en presente, lo que gramaticalmente acentúa intensamente la necesidad de la oración continua («cree… reza… pide… cree»), y los verbos están dispuestos de modo que comienzan y terminan con la palabra «creer». Nuestro pasaje, pues, acentúa intensamente la necesidad de la perseverancia ante una realidad aparentemente contraria. Además, concluye con una petición de perdón. En 11,12-25 Jesús ha desafiado implícitamente la autoridad sacerdotal al representar simbólicamente la destrucción del Templo, y concluye proclamando que el perdón está disponible sin el Templo sobre la base de su propia palabra. No es, pues, asombroso, que en el siguiente pasaje los representantes ofendidos de aquel sistema lo desafíen a concretar qué autoridad supone que tiene él para actuar así.

Comentario del 13 de noviembre

El evangelista refiere que Jesús iba camino de Jerusalén, entre las regiones de Galilea y Samaría. Y al entrar en un pueblo le salieron al encuentro diez leprosos que lo reconocen; por eso, manteniéndose a distancia, como era preceptivo, le gritan: Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.

La fama del maestro sanador se había extendido a muchos lugares. No es extraño, por tanto, que acudan a él de todas partes buscando el beneficio de la curación. Tratándose de enfermos, suplicarle compasión era solicitar el bien de la salud de que estaban tan faltos. Y Jesús responde a su solicitud porque es compasivo y misericordioso. Pero a veces lo hace, como en este caso, de una manera casi imperceptible. Jesús se limita a darles una consigna: Id a presentaros a los sacerdotes.

Eran los sacerdotes quienes tenían que confirmar la curación de los leprosos, declarándoles puros y permitiéndoles reintegrarse de nuevo en la vida social ordinaria, puesto que vivían apartados de los núcleos poblados, en el extrarradio de las ciudades y aldeas. Aquella consigna con tono de mandato tuvo que sonarles a buen augurio. Por eso se disponen de inmediato a ejecutarla. Y mientras van de camino, quedan limpios.

La explosión de alegría tuvo que ser extraordinaria. Pero de los diez leprosos, sólo uno, viéndose curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos, se echó por tierra a los pies de Jesús y le dio gracias. Entiende que es Dios el que ha obrado en su favor por medio de Jesús. Por eso tiene alabanzas para Dios, reconociendo su grandeza y su poder, y gratitud para con Jesús, agradeciendo su compasión y acogiéndole como aliado de Dios, que realiza por su medio grandes obras. El leproso consciente del don y agradecido era un samaritano. De nuevo, el no judío, el cismático, el excluido, ganándose los elogios de Jesús, que repara en este hecho y lo pone de relieve: ¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios? Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.

Pues sí, resulta que el único que había vuelto para agradecer el beneficio de la curación y para dar gloria a Dios era un extranjero, más aún, un cismático, aquel del que menos cabía esperarlo. En realidad era un ser humano que tenía fe en Dios y en su enviado, Jesucristo. Y porque tenía fe, podía esperar de ellos la curación de su enfermedad y la liberación de su maldición. Y cuando la obtiene, después de haberla suplicado, la agradece glorificando a Dios y dando gracias a su inmediato sanador.

También aquel leproso había enfermado y había recuperado la salud para que se hiciera manifiesta en él la gloria de Dios. En cierta ocasión le preguntaron a Jesús los fariseos: ¿Por culpa de quién está este ciego? ¿Quién pecó: él o sus padres? Y Jesús respondió: Ni él ni sus padres. Éste está ciego para que se vea la gloria de Dios. Y la gloria de Dios se dejó ver en su curación. Aquí también sucede lo mismo: La gloria de Dios resplandece en la acción curativa de Jesús y en los labios de aquel leproso extranjero que, reconociendo el milagro, da gloria a Dios.

Jesús, aunque echa en falta la reacción agradecida de los otros nueve leprosos curados, se limita a despedir a aquel leproso que sí ha sabido valorar el don, con palabras portadoras de salvación: Tu fe te ha salvado. Porque ha sido la fe de esos leprosos que suplican a Jesús compasión, la que les ha curado. Sin esta fe, no hubiera actuado en su favor. La fe es requisito imprescindible para obtener el beneficio. Es la fe la que empuja a pedir, porque espera obtener lo que pide. Es la fe la que orienta la petición en la buena dirección. Aunque la salvación venga de Dios, y no pueda venir de otra parte que de Dios, es la fe que ponemos en Él la que nos salva, porque sólo la fe abre la compuerta de la actuación divina. Por eso es tan importante la fe, más que la “puerta” el “dispositivo” que abre la puerta de la humanidad a Dios.

Jesús devolvió a aquel leproso la limpieza de su carne y suscitó la respuesta agradecida y el deseo de glorificar a Dios que albergaba su corazón. Y la fe que lo había salvado le puso definitivamente en el camino de salvación, un camino que tenía que pasar también por Jerusalén, el lugar de la consumación. Que el Señor nos mantenga con fe para pedir, con atención para percibir sus beneficios, con sensibilidad para agradecer y con energías para alabarle y glorificarle.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

181. Piensen esto: si una persona les hace una propuesta y les dice que ignoren la historia, que no recojan la experiencia de los mayores, que desprecien todo lo pasado y que sólo miren el futuro que él les ofrece, ¿no es una forma fácil de atraparlos con su propuesta para que solamente hagan lo que él les dice? Esa persona los necesita vacíos, desarraigados, desconfiados de todo, para que sólo confíen en sus promesas y se sometan a sus planes. Así funcionan las ideologías de distintos colores, que destruyen (o de-construyen) todo lo que sea diferente y de ese modo pueden reinar sin oposiciones. Para esto necesitan jóvenes que desprecien la historia, que rechacen la riqueza espiritual y humana que se fue transmitiendo a lo largo de las generaciones, que ignoren todo lo que los ha precedido.

Comentario Domingo XXXIII de Tiempo Ordinario

Oración preparatoria

Señor Jesús, no dejes de animar mi vida con Tu Palabra, con la esperanza que emana de ella. Dame perseverar en el camino de Tu seguimiento y ser fiel en el testimonio de Tu propuesta para este mundo, Tu evangelio. AMEN.

 

Lc 21, 5-19

«5Y, estando algunos hablando del Templo, de cómo estaba adornado de bellas piedras y ofrendas votivas, [Jesús] dijo: 6“De esto que veis, vendrán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida”.

7Pero le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo sucederá eso? y ¿cuál será la señal de que todas estas cosas están para ocurrir?”

8Pero él dijo: “Mirad que no seáis engañados; porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: ‘Yo soy’ y ‘El tiempo está cerca’. No vayáis detrás de ellos.

9Pero cuando oigáis [hablar de] guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que estas cosas sucedan primero, pero el fin no es inmediato”.

10Entonces les dijo: “Se levantará nación contra nación y reino contra reino. 11Habrá grandes terremotos y, en diversos lugares, peste y hambre; habrá cosas espantosas y grandes señales desde el cielo.

12Pero, antes de todo eso, os echarán mano y perseguirán, entregándoos a las sinagogas y cárceles, y llevándoos ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre; 13esto os sucederá para [que deis] testimonio.

14Proponed, pues, en vuestros corazones no preparar la defensa, 15porque yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios.

16Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros. 17Y seréis odiados por todos por causa de mi nombre.

18Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá. 19Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras vidas”».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Estamos en los momentos previos a la Pasión de Jesús. Después de los numerosos desencuentros de Jesús con los distintos grupos judíos (cap. 20) y del episodio del óbolo de la viuda (21,1-4), comienza el Discurso Escatológico en Lucas (21,5-36). Llega el final: después (22,1ss) comienza ya la Pasión. El paisaje, pues, se torna oscuro, como el propio destino de Jesús, pero el evangelio, preñado de desastres, termina con una frase bien positiva: “Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras vidas”. Esta es la lección: “Perseverar” en fidelidad a Jesús y a su proyecto.

 

TEXTO

El texto avanza progresivamente, creando una tensión narrativa que culmina en el v. 19. Sucesivamente se presenta la situación (vv. 5-7), las palabras referidas a los impostores (¡necesidad de discernimiento!) (v. 8), la mención a guerras y revoluciones (vv. 9-10), la mención a catástrofes naturales (v. 11). El término “señal/señales” se encuentra al comienzo y al final de esta primera parte del texto (vv. 7.11).

En la segunda parte, la masiva presencia de pronombres personales de la segunda persona plural (“os”, “vosotros”, “vuestro-a-os-as”) (= una fortísima interpelación del texto), Jesús habla de la persecución de los discípulos (vv. 12-13), la reacción debida de los mismos (vv. 14-15) y otra persecución más “familiar” (!) (vv. 16-17) y las palabras de asistencia (vv. 18-19). La expresión “por causa de mi nombre” (vv. 12.17) abre y prácticamente cierra esta segunda parte. “Testimonio” y “perseverancia” ocupan lugares clave.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• El lenguaje apocalíptico y escatológico tiene unos determinados y precisos recursos literarios (en general, todo tipo de catástrofes y calamidades) para situarnos en el final de los tiempos, en el momento de la llegada del Tiempo definitivo. En general nos plantea qué tiene y qué no tiene futuro en Dios. Y esto es algo muy importante para analizar y reflexionar: qué cosas, por sagradas y hermosas que parezcan o sean, perecerán; qué cosas, por difíciles y trágicas que sean, permanecerán. Hay que encarrilar la vida en aquello que conduce a la plenitud, no a la desa- parición.

• Lucas subraya que “el fin no es inmediato” (v. 9) y que “antes de todo esto” (v. 12) deberán acontecer otras cosas. Nos interroga sobre la relación entre los acontecimientos históricos y el cumplimiento de la historia de la salvación, sobre los tiempos humanos y los tiempos de Dios; sobre los plazos de ambos, las responsabilidades de ambos… ¿Qué te sugiere este “tiempo intermedio”? ¿Cómo vivirlo como discípulo de Jesús?

• El discípulo está llamado a conformarse en/con Cristo. Comparte con él la mi- sión (¡testimonio!) y el destino. Dos veces aparece “por causa de mi nombre” (no por otras causas) y el verbo técnico del destino de Jesús (“ser entregado”) ahora aparece en relación a los discípulos.

• Llega el momento de poner la confianza total en Jesús, en Dios, solo Dios basta. De él recibimos la asistencia necesaria, no de otros apoyos más “humanos” (y, en ese sentido, peligrosos). Se nos garantiza la capacidad de resistir en la persecución (vv. 14-15). Llega el momento de nuestra perseverancia, indispensable para producir fruto en las pruebas cotidianas y en las persecuciones. Es el “permanecer en Cristo” de que habla Juan. La victoria final es cierta: el estilo de vida del cristiano debe convertirse entonces en signo-señal de lo que vendrá.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo XXXIII de Tiempo Ordinario

XXXIII Domingo de Tiempo Ordinario
17 de noviembre 2019

Mal 3, 19-20; Salmo 97; 2 Tes 3, 7-12; Lucas 21,5-19

Manténganse Firmes y Conseguirán la Vida

En aquel tiempo, como algunos ponderaban la solidez de la construcción del templo y la belleza de las ofrendas votivas que lo adornaban, Jesús dijo: “Días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra de todo esto que están admirando; todo será destruido”. Entonces le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo va a ocurrir esto y cuál será la señal de que ya está a punto de suceder?” Él les respondió: “Cuídense de que nadie los engañe, porque muchos vendrán usurpando mi nombre y dirán: ‘Yo soy el Mesías. El tiempo ha llegado’. Pero no les hagan caso. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, que no los domine el pánico, porque eso tiene que acontecer, pero todavía no es el fin”. Luego les dijo: “Se levantará una nación contra otra y un reino contra otro. En diferentes lugares habrá grandes terremotos, epidemias y hambre, y aparecerán en el cielo señales prodigiosas y terribles. Pero antes de todo esto los perseguirán a ustedes y los apresarán; los llevarán a los tribunales y a la cárcel, y los harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Con esto darán testimonio de mí. Grábense bien que no tienen que preparar de antemano su defensa, porque yo les daré palabras sabias, a las que no podrá resistir ni contradecir ningún adversario de ustedes. Los traicionarán hasta sus propios padres, hermanos, parientes y amigos. Matarán a algunos de ustedes y todos los odiarán por causa mía. Sin embargo, no caerá ningún cabello de la cabeza de ustedes. Si se mantienen firmes, conseguirán la vida”.

Reflexión:

¿Qué era el Templo y dónde estaba ubicado? El Templo era el lugar donde los judíos adoraban a Dios en Jerusalén; gente de todas partes y clases sociales eran recibidas sin importar su riqueza económica. Aquí se encontraba la Presencia de Dios. Todos los judíos acudían al Templo a celebrar cada año la Pascua Judía. Todos los lados del templo estaban cubiertos con oro y sus adornos exteriores eran extravagantes. ¿Qué quiere decir Jesús con que no quedará piedra sobre piedra? Jesús no quiere que nos dejemos llevar de las apariencias. La belleza aparente se acaba, no es eterna. La grandeza del Templo no está en sus bellas piedras, ni en el oro que tiene si no en la Presencia de Dios. Jesús quiere que pongas toda tu confianza en Dios. ¿Qué nos dice Jesús sobre el futuro? ¿Cómo nos vamos a defender? Jesús dice que habrá guerras, terremotos, hambre, persecución, etc. pero El estará con nosotros, si nos mantenemos firmes y nos protegerá. Esto nos invita a nunca perder la fe en Jesús y saber que nuestra confianza debe estar puesta en El y no en las cosas exteriores (moda, celular, etc.)

Actividad

Completar la actividad de la próxima página, para descubrir más sobre la Fe.

Oración

Dios mío ayúdame a mantenerme lejos de todo aquello que no es verdadero y bueno a tus ojos, y en mis debilidades dame la fuerza para no ser superficial, no perderme ante lo que no me sirve verdaderamente y así poder seguir tu camino. Amen.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

He traído hoy algunas cosas que las personas usan en su trabajo.  Aquí están… (demuestre y explique cada artículo).

¿Cuántos de ustedes tiene un trabajo por el cual reciban un cheque, una paga? No hay muchos de ustedes, ¿verdad?  ¿En qué trabajan algunos de los adultos que ustedes conocen?

Las personas mayores relacionados contigo trabajan fuertemente cada día para cuidar de ti.  Ellas trabajan para asegurarse de que tengas un lugar para vivir y alimentos que comer.

Recuerdo uno de mis primeros trabajos (cuenta lo que hacías). ¿Cuáles son algunos de los trabajos que haces en tu casa?

No siempre es fácil trabajar y, en ocasiones, podemos ser un poco vagos o perezosos. Pero Dios desea que trabajemos duro. 

Muchas veces mamá nos pide ayuda en las tareas de la casa y cuando ayudamos, toda la familia se beneficia. ¿Cómo se sienten al ver la casa recogida y saber que todos han ayudando en las tareas de la casa?

Pensemos en algunos de los trabajos que las personas hacen en nuestra iglesia. (Nombre personas y comparta el trabajo que hacen.  Entonces haga la siguiente pregunta mencionando hasta un máximo de tres personas.)

¿Qué pasaría si (nombre de la persona) no hiciera el trabajo de (diga el trabajo)?

Bueno, podríamos ver que si todas estas personas no trabajaran fuertemente en nuestra iglesia, las cosas estarían sucias, desorganizadas y habría confusión.  La Biblia nos dice que es bueno que todas estas personas trabajen fuertemente.  La Biblia también nos dice que Dios desea que nosotros trabajemos fuertemente también.

(Lea 2 Tesalonicenses 3:11-12 – NVI): “Nos hemos enterado de que entre ustedes hay algunos que andan de vagos, sin trabajar en nada, y que solo se meten en lo que no les importa. A tales personas les ordenamos y exhortamos en el Señor Jesucristo que tranquilamente se pongan a trabajar para ganarse la vida.”

 ¡Ea rayos! ¡Esto es bien serio! Dios también dice que necesitamos hacer nuestro trabajo tranquilamente – eso significa calladamente, sin quejarse, ni discutiendo.  Recordemos el no quejarnos ni discutir en esta semana cuando trabajemos en nuestro hogar ayudando a nuestra familia.  La Biblia también dice: “Ustedes, hermanos, no se cansen de hacer el bien.”  Usemos este versículo en la oración de hoy.

Comentario al evangelio – 13 de noviembre

NO SÓLO CURADOS… ¡SALVADOS!

Nos apunta Lucas al comienzo de esta escena que Jesús va «camino de Jerusalem», el lugar de su pasión. Lo que aquí ocurre tiene relación con lo que allí le pasará a Jesús, es una ayuda para entender el significado de la Pascua. No estamos, por tanto, ante una simple invitación al agradecimiento y la alabanza divinas. Veamos.

Se le acercan un grupo de diez leprosos. Son considerados indeseables, pecadores, castigados por Dios, excluidos de la sociedad, gente con la que no hay que tener ningún contacto… según dice la misma Ley de Moisés. Quizá no sea casualidad que sean «diez» hombres, como son diez los mandamientos (=Ley). La Ley, tal como se vive e interpreta en aquel momento, es «excluyente», «marginadora»: abandona al hombre en su necesidad, soledad y pecado. Les han enseñado que, además de su tremenda desgracia, Dios no quiere saber nada de ellos, no tienen acceso a Dios. Pudiera interpretarse también el número diez como «todos»: “todos” los que viven bajo la Ley y sus mil ritos y condiciones están «prisioneros» de ella, no tienen libertad, su vida está vacía sin sentido, no tienen nada que hacer más que «sobrevivir» y no llegan a Dios, no quedan sanados/salvados.

Aquellos hombres no piden expresamente una curación: ruegan «misericordia», compasión de Jesús. Esperan de Jesús, el Maestro (¿sólo Maestro?), un trato diferente al que todos les dan. ¿Quizá un poco de calor humano, de comprensión…? 

Lo cierto es que no hay «contacto» humano entre ellos y Jesús. Probablemente Lucas tiene en cuenta a su comunidad cuando describe estos hechos: ya no tienen a Jesús a su alcance, no pueden «tocarlo». Sólo tienen su Palabra y la invitación a ponerla en práctica, construyendo así la propia casa sobre roca.

Jesús, poniéndose en la misma clave de su mentalidad legalista, les envía a los sacerdotes del templo. Todos ellos le escuchan y obedecen. Es curioso, porque se ponen en camino tal como les ha dicho Jesús… sin que haya ocurrido nada de nada. Eso ya indica una admirable confianza en la Palabra de Jesús. Y «mientras iban de camino…».  Las primeras comunidades cristiana se referían al discipulado, al seguimiento de Jesús, con esa misma palabra «camino». La curación, la purificación, tiene lugar al escuchar la Palabra y ponerse en camino. «Por el camino» quedamos sanados, purificados, curados. Como aquellos diez hombres.

Pero la cosa no termina aquí. Uno de ellos y sólo uno de ellos, samaritano para más señas, que no tenía el más mínimo interés por el Templo y sus sacerdotes y ritos de purificación, se da cuenta de varias cosas:

1) Que ha quedado curado/purificado… por escuchar la Palabra de Jesús. El Templo, la Ley y los sacerdotes no han hecho nada por él. 

2) Que quien le ha curado lo ha hecho sin tener ningún «mérito» por su parte, sin más condiciones que fiarse de él. Que le ha tratado como un ser humano, sin atender a su condición de excluido, por leproso y por samaritano. Aquí hay algo nuevo y maravilloso: ese Dios que ha actuado en el «Maestro Jesús» es «distinto», especial: que acoge, integra, es compasivo. Jesús deja de ser «maestro», porque al echarse a sus pies alabando a Dios, le está dando un trato mucho mayor: sólo a Dios se debe la adoración, la alabanza, el postrarte a sus pies.

3) Por eso Jesús, su Palabra escuchada y puesta en práctica,  es el «lugar» de encuentro con Dios. La Ley y el Templo han quedado superados. Un Salvador que quiere la vida, la plenitud personal, la dignificación de la persona. Por eso estalla en agradecimiento, alabanza y adoración. Eso es la fe. No es reconocer que ha ocurrido un «milagro», sino que se «debe» a quien le ha salvado, que Jesús es su único Señor.

Este pasaje nos invita a descubrir nuestras «lepras» e ideologías que nos aprisionan, ideas de Dios que no nos liberan ni salvan… para descubrirnos no sólo sanados-perdonados de nuestras lepras y pecados … sino ¡salvados! Ocurrirá en Jerusalem, en la Pascua. Y desde entonces vivimos para Dios, agradecidos, adoradores y alabadores, y escuchadores de la Palabra…. mientras seguimos por el Camino.

Enrique Martínez, cmf