Vísperas – Jueves XXXII de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

JUEVES XXXII TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Porque anochece ya,
porque es tarde, Dios mío,
porque temo perder
las huellas del camino,
no me dejes tan solo
y quédate conmigo.

Porque he sido rebelde
y he buscado el peligro
y escudriñé curioso
las cumbres y el abismo,
perdóname, Señor,
y quédate conmigo.

Porque ardo en sed de ti
y en hambre de tu trigo,
ven, siéntate a mi mesa,
bendice el pan y el vino.
¡Qué aprisa cae la tarde!
¡Quédate al fin conmigo! Amén.

SALMO 143: ORACIÓN POR LA VICTORIA Y LA PAZ

Ant. Tú eres, Señor, mi bienhechor, mi refugio donde me pongo a salvo.

Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la pelea;

mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y mi refugio,
que me somete los pueblos.

Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?;
¿qué los hijos de Adán para que pienses en ellos?
El hombre es igual que un soplo;
sus días, una sombra que pasa.

Señor, inclina tu cielo y desciende;
toca los montes, y echarán humo;
fulmina el rayo y dispérsalos;
dispara tus saetas y desbarátalos.

Extiende la mano desde arriba:
defiéndeme, líbrame de las aguas caudalosas,
de la mano de los extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tú eres, Señor, mi bienhechor, mi refugio donde me pongo a salvo.

SALMO 143

Ant. Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.

Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:
para ti que das la victoria a los reyes,
y salvas a David, tu siervo.

Defiéndeme de la espada cruel,
sálvame de las manos de extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.

Sean nuestros hijos un plantío,
crecidos desde su adolescencia;
nuestras hijas sean columnas talladas,
estructura de un templo.

Que nuestros silos estén repletos
de frutos de toda especie;
que nuestros rebaños a millares
se multipliquen en las praderas,
y nuestros bueyes vengan cargados;
que no haya brechas ni aberturas,
ni alarma en nuestras plazas.

Dichoso el pueblo que esto tiene,
dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

LECTURA: Col 1, 23

Permaneced cimentados y estables en la fe, e inamovibles en la esperanza del Evangelio que escuchasteis. Es el mismo que se proclama en la creación entera bajo el cielo.

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor es mi pastor, nada me falta.
V/ El Señor es mi pastor, nada me falta.

R/ En verdes praderas me hace recostar.
V/ Nada me falta.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor es mi pastor, nada me falta.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. A los hambrientos de justicia, el Señor los sacia y colma de bienes.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. A los hambrientos de justicia, el Señor los sacia y colma de bienes.

PRECES

Invoquemos a Cristo, luz del mundo y alegría de todo ser viviente, y digámosle confiados:

Concédenos, Señor, la salud y la paz.

Luz indeficiente y Palabra eterna del Padre, que has venido a salvar a todos los hombres,
— ilumina a los catecúmenos de la Iglesia con la luz de tu verdad.

No lleves cuenta de nuestros delitos, Señor,
— pues de ti procede el perdón.

Señor, que has querido que la inteligencia del hombre investigara los secretos de la naturaleza,
— haz que la ciencia y las artes contribuyan a tu gloria y al bienestar de todos los hombres.

Protege, Señor, a los que se han consagrado en el mundo al servicio de sus hermanos;
— que, con libertad de espíritu y sin desánimos, puedan realizar su ideal.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Señor, que abres y nadie cierra,
— lleva a tu luz a los que han muerto con la esperanza de la resurrección.

Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena confianza:
Padre nuestro…

ORACION

Acoge benigno, Señor, nuestra súplica vespertina y haz que, siguiendo las huellas de tu Hijo, fructifiquemos con perseverancia en buenas obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 14 de noviembre

1) Oración inicial

Dios omnipotente y misericordioso, aparta de nosotros todos los males, para que, bien dispuesto nuestro cuerpo y nuestro espíritu, podamos libremente cumplir tu voluntad. Por nuestro Señor. 

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 17,20-25

Habiéndole preguntado los fariseos cuándo llegaría el Reino de Dios, les respondió: «La venida del Reino de Dios no se producirá aparatosamente, ni se dirá: `Vedlo aquí o allá’, porque, mirad, el Reino de Dios ya está entre vosotros.» Dijo a sus discípulos: «Días vendrán en que desearéis ver uno solo de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis. Y os dirán: `Vedlo aquí, vedlo allá.’ No vayáis, ni corráis detrás. Porque, como relámpago fulgurante que brilla de un extremo a otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su Día. Pero antes tendrá que padecer mucho y ser reprobado por esta generación. 

3) Reflexión

• El evangelio de hoy nos trae una discusión entre Jesús y los fariseos sobre el momento de la venida del Reino. Los evangelios de hoy y de los próximos días tratan de la llegada del fin de los tiempos.
• Lucas 17,20-21: El Reino en medio de nosotros. “Habiéndole preguntado los fariseos cuándo llegaría el Reino de Dios, les respondió: «La venida del Reino de Dios no se producirá aparatosamente ni se dirá: `Vedlo aquí o allá’, porque, mirad, el Reino de Dios ya está entre vosotros”. Los fariseos pensaban que el Reino podía llegar solamente si la gente llegaba a la perfecta observancia de la Ley de Dios. Para ellos, la venida del Reino sería la recompensa de Dios al buen comportamiento de la gente, y el mesías llegaría de forma solemne como un rey, recibido por su pueblo. Jesús dice lo contrario. La llegada del Reino no puede ser observada como se observa la llegada de los reyes de la tierra. Para Jesús, el Reino de Dios ¡ha llegado! Ya está en medio de nosotros, independientemente de nuestro esfuerzo o de nuestro mérito. Jesús tiene otro modo de ver las cosas. Tiene otra mirada para leer la vida. Prefiere al samaritano que vive en la gratitud a los nueve que piensan que merecen el bien que reciben de Dios (Lc 17,17-19).
• Lucas 17,22-24: Señales para reconocer la venida del Hijo del Hombre. “Días vendrán en que desearéis ver uno solo de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis. Y os dirán: `Vedlo aquí, vedlo allá.’ No vayáis, ni corráis detrás. Porque, como relámpago fulgurante que brilla de un extremo a otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su Día.”. En esta afirmación de Jesús existen elementos que vienen de la visión apocalíptica de la historia, muy común en los siglos antes y después de Jesús. La visión apocalíptica de la historia tiene la siguiente característica. En épocas de gran persecución y de opresión, los pobres tienen la impresión de que Dios perdió el control de la historia. Ellos se sienten perdidos, sin horizonte y sin esperanza de liberación. En estos momentos de aparente ausencia de Dios, la profecía asume la forma de apocalipsis. Los apocalípticos, tratan de iluminar a la situación desesperadora con la luz de la fe para ayudar a la gente a no perder la esperanza y para que siga con valor la caminada. Para mostrar que Dios no ha perdido el control de la historia, ellos describen las varias etapas de la realización del proyecto de Dios a través de la historia. Iniciado en un determinado momento significativo en el pasado, este proyecto de Dios avanza, etapa por etapa, a través de la situación actual vivida por los pobres, hasta la victoria final al final de la historia. De este modo, los apocalípticos sitúan el momento presente como una etapa ya prevista dentro del conjunto más amplio del proyecto de Dios. En general, la última etapa antes de la llegada del final se presenta como un momento de sufrimiento y de crisis, del que muchos quieren aprovechar para ilusionar a la gente diciendo: “Está aquí’ o: ‘Está allí’. No vayáis, ni corráis detrás. Porque, como relámpago fulgurante que brilla de un extremo a otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su Día.” Con la mirada de fe que Jesús comunica, los pobres van a poder percibir que el reino está ya en medio de ellos (Lc 17,21), como un relámpago, sin sombra de duda. La venida del Reino trae consigo su propia evidencia y no depende de los pronósticos de los demás.
• Lucas 17,25: Por la Cruz hasta la Gloria. “Pero antes tendrá que padecer mucho y ser reprobado por esta generación”. Siempre la misma advertencia: la Cruz, escándalo para los judíos y locura para los griegos, pero para nosotros es expresión de la sabiduría y del poder de Dios (1Cor 1,18.23). El camino para la Gloria pasa por la cruz. La vida de Jesús es nuestro canon, es la norma canónica para todos nosotros. 

4) Para la reflexión personal

• Jesús dice: “¡El reino está en medio de vosotros!” ¿Has descubierto alguna señal de la presencia del Reino en tu vida, en la vida de tu gente o en la vida de tu comunidad?
• La cruz en la vida. El sufrimiento. ¿Cómo ves el sufrimiento y qué haces con él? 

5) Oración final

Dios guarda por siempre su lealtad,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
Yahvé libera a los condenados. (Sal 146,6-7)

Afabilidad y justicia (Afabilidad)

La amistad o afabilidad es parte de la justicia como virtud aneja que se agrega a la principal. Conviene, en efecto, con la justicia en su razón de alterada; pero difiere de ella en que no es exigida por un deber estricto… Solamente es exigida por un deber de honestidad que obliga más al mismo virtuoso que al otro, en cuanto que el hombre afable trata a semejantes como es decoroso y es su deber hacerlo (Santo Tomás, Suma Teológica, 22, q. 114, a. 2).

Comentario del 14 de noviembre

El Reino de Dios fue tema central en la predicación de Jesús. El evangelio está sembrado de múltiples referencias a esta realidad que tanto tiene que ver con la presencia y la actividad de Jesucristo, porque con él llega el Reino y sus numerosas acciones destinadas a combatir el mal (enfermedad, pecado, posesión diabólica, muerte) presente en el mundo son signos de la cercanía del Reino.

A veces se refiere a él de manera metafórica: el Reino de Dios es como (=similar a) un grano de mostaza o como una medida de levadura; otras veces, lo describe en términos celebrativos (las bodas del hijo de un rey); en ocasiones habla de su presencia o implantación en el mundo o de sus diferentes estados: germinal o embrionario, en desarrollo, en plenitud; con frecuencia alude a su cercanía, pero también invita a pedir su venida como si fuera una realidad futura. Casi siempre lo presenta como una realidad viva y pequeña (grano, levadura), pero de un enorme potencial y con una inmensa capacidad transformante. El Reino de Dios es, pues, en boca de Jesús, una realidad multiforme, una realidad con múltiples dimensiones. Pero es tanta la insistencia de Jesús en el tema que acaba provocando numerosos interrogantes.

En esta ocasión, quienes le dirigen la pregunta no son sus discípulos, sino los fariseos. Se interesan por las circunstancias de lugar y tiempo. Quieren saber cuándo llegará ese Reino del que tanto habla Jesús. Y él les contesta: El Reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el Reino de Dios está dentro de vosotros.

El Reino de Dios, por ser de Dios, ha de tener un carácter celeste, al menos por lo que se refiere a su origen. Es muy probable, por tanto, que los fariseos se forjasen la idea de un reino protagonizado por un enviado de Dios de origen celeste, un reino que inauguraría tiempos mesiánicos, una nueva era, quizá un milenio, un reino hecho presente de manera repentina y espectacular. Jesús les dice que no será así como vendrá. No se anunciará como se anuncia la llegada de un circo a una localidad. No se hará presente entre sonidos y aires de fiesta.

En realidad el Reino de Dios está ya en el mundo de manera inadvertida, en el interior de las personas, dentro de nosotros, como están las semillas, en el interior de la tierra, como está la levadura, en el interior de la masa, como está la fuerza atómica, en el interior de los átomos, como está el mismo Dios en cuanto realidad fundante de toda realidad, sosteniendo el mundo. El Reino de Dios está donde está Dios actuando con la fuerza de su Espíritu, donde está germinando el amor y la esperanza. Y estando así, no resulta extraño que se le caracterice como algo muy pequeño, de carácter germinal, pero dotado de una potencia descomunal. ¿No es pequeño el átomo? El átomo es pequeño, pero qué grande es la potencia atómica.

Y luego, dirigiéndose a sus discípulos, Jesús completa su reflexión: Llegará un tiempo en que desearéis vivir un día con el Hijo del hombre, y no podréis. Si os dicen que está aquí o está allí, no vayáis detrás. Como el fulgor del relámpago brilla de un horizonte a otro, así será el Hijo del hombre en su día. Pero antes tiene que padecer mucho y ser reprobado por esta generación.

Aquí Jesús parece aludir a otro momento: no al momento interno (y escondido) del Reino de Dios, sino a su momento fulgurante, que hace coincidir con la venida del Hijo del hombre en su día, es decir, con su segunda venida. Antes de que llegue ese día, se vivirán tiempos de desolación, tiempos en los que se deseará dejar este mundo para vivir con el Hijo del hombre, tiempos de alarmas infundadas, en que se anunciará que está aquí o allí, pero que no hay que escuchar, porque serán falsas alarmas. Cuando llegue el Hijo del hombre no habrá tiempo para reaccionar, pues será tan fugaz como el fulgor del relámpago que brilla en el horizonte. No habrá, por tanto, escapatoria para los habitantes de la tierra. Pero antes sucederán otras cosas como el padecimiento y la reprobación de ese Hijo del hombre que vendrá en su día como Juez de vivos y muertos.

Los momentos del Reino vienen a coincidir con los momentos de su mensajero y protagonista, y sus fases con las fases de la semilla que es sembrada en la tierra, esto es, en el interior del corazón humano, que crece sin poder evitar su mezcla con la cizaña, y que, llegada a su madurez, es recogida y examinada en el día del juicio y finalmente depositada en los graneros del Reino. El mismo Reino está constituido por la cosecha de esa semilla sembrada por Cristo en el corazón del hombre. Es él quien deposita su amor en nosotros para que fructifique y pase –y nosotros con él- a formar parte de su Reino, un Reino en el que no impera otra ley que el amor. Por tanto, quienes se nieguen a vivir bajo este régimen (de amor) no podrán ser miembros de este Reino.

Conscientes del potente dinamismo que nos habita (el Reino de Dios está dentro de nosotros, porque el Espíritu de Dios está dentro de nosotros) sigamos pidiendo, como hacemos en el Padre nuestrovenga a nosotros tu Reino o, con otra expresión, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, pues no podrá haber Reino de Dios donde no se haga la voluntad de Dios.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en 
Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

182. Al mismo tiempo, los manipuladores utilizan otro recurso: una adoración de la juventud, como si todo lo que no sea joven se convirtiera en detestable y caduco. El cuerpo joven se vuelve el símbolo de este nuevo culto, y entonces todo lo que tenga que ver con ese cuerpo se idolatra y se desea sin límites, y lo que no sea joven se mira con desprecio. Pero es un arma que en primer lugar termina degradando a los jóvenes, los vacía de valores reales, los utiliza para obtener beneficios personales, económicos o políticos.

En este mundo todo es caduco; sólo Dios es eterno

1.- En aquel tiempo, como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo: Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas. Se acerca el final del año litúrgico, dentro de dos semanas comenzará el Adviento. Por eso, la liturgia, con lenguaje apocalíptico, pone en boca de Jesús palabras sobre la destrucción del templo y sobre el final catastrófico del tiempo en que los apóstoles y discípulos de Jesús vivían. A nosotros, en este siglo XXI, tanto litúrgica como realmente, no nos afectan demasiado estas palabras. Pueden servirnos, eso sí, para que meditemos sobre la brevedad de la vida presente, sobre la caducidad de todas las cosas de este mundo, incluido el ser humano, y sobre la eternidad y grandeza de nuestro Dios. Debemos vivir sabiendo que nuestras vidas son como los ríos que van al mar, que es el morir. Como muy dijo santa Teresa, en este mundo todo se muda, pero con paciencia, en nuestra relación con Dios, todo se alcanza, ya que para nosotros sólo Dios basta. La palabra “paciencia” podemos cambiarla, dentro del lenguaje evangélico de este domingo por “perseverancia”. Si perseveramos durante toda nuestra vida en nuestra fe y en nuestra confianza en Dios, Dios nos salvará. La verdad es que en nuestra vida diaria es fácil perderse en las ocupaciones y ajetreos de cada día, olvidando que sólo Dios debe llenar nuestro espíritu, ser el dulce huésped de nuestra alma, la luz y el gozo en el que debemos continuamente vivir. En nuestra relación con Dios somos realmente muy poca cosa, pero sabemos que Dios nos ama dentro de nuestra pequeñez y que si vivimos en Dios y para Dios somos realmente algo de Dios. Y no olvidemos nunca que para un buen discípulo de Cristo, vivir en Dios y para Dios es vivir con el prójimo y para el prójimo. En fin, que en este final del tiempo litúrgico vivamos conscientes de nuestra caducidad y de nuestra absoluta dependencia de Dios, de un Dios que nos ama.

2.- He aquí que llega el día, ardiente como un horno, en el que todos los orgullosos y malhechores serán como paja… Pero a vosotros, los que teméis mi nombre, os iluminará un sol de justicia y hallaréis salud a su sombra. Malaquías, el último de los profetas menores, nos dice muy bien que los hombres que se resisten con orgullo o maldad ante Dios terminarán aniquilados, como seres caducos y pasajeros que son; que sólo Dios es eterno. Pero las personas que confían en Dios encontrarán paz y salud interior junto a él y por él. Ser orgulloso ante Dios, además de ser una necedad, es algo que sólo puede conducirnos al fracaso y a la destrucción. Seamos, pues, siempre humildes, anta Dios y ante el prójimo, porque el Señor destruye a los soberbios y enaltece a los humildes.

3.- Hermanos, cuando estábamos entre vosotros, os decíamos que si alguno no quiere trabajar, que no coma. Nosotros cuando vivimos entre vosotros no vivimos sin trabajar, no comimos de balde el pan de nadie. Estas palabras de san Pablo iban dirigidas a aquellos primeros cristianos de la comunidad de Tesalónica que, por creer que el reino de Dios vendría de un momento a otro, pensaban que no merecía ya la pena trabajar. Nosotros, los cristianos de este siglo, debemos interpretar estas palabras en un sentido más general. Todos tenemos la obligación de trabajar mientras podamos, ser económicamente autosuficientes, es decir, tratar de vivir siempre ganándonos el pan con el sudor de nuestra frente, no con el sudor del de en frente. Y, si podemos ayudar algo, al que, sin culpa suya, no tiene lo necesario para vivir, pues hagámoslo, que siempre es mejor poder dar que tener que recibir.

Gabriel González del Estal

Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas

Como algunos decían que el templo era muy bello por sus piedras tan hermosas y por los exvotos, dijo: «Llegará un día en que de eso que veis no quedará piedra sobre piedra. Todo será destruido». Y le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo sucederá eso y cuál será la señal de que estas cosas van a cumplirse?».

Él contestó: «Mirad que no os engañen, porque vendrán muchos en mi nombre diciendo: “Yo soy el mesías” y “El tiempo ha llegado”. No los sigáis. Cuando oigáis hablar de guerras y de revoluciones, no os alarméis, porque es necesario que eso suceda; pero todavía no será el fi n». Y continuó diciendo: «Se levantarán pueblos contra pueblos y reinos contra reinos; habrá grandes terremotos, hambre y peste en diversos lugares, sucesos espantosos y grandes señales en el cielo. Pero antes de todo esto, os echarán mano, os perseguirán, os llevarán a las sinagogas y a las cárceles y os harán comparecer ante los reyes y los gobernadores por causa mía. Esto os servirá para dar testimonio. No os preocupéis de vuestra defensa, pues yo os daré un lenguaje y una sabiduría que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. Hasta vuestros padres, hermanos, parientes y amigos os entregarán, e incluso harán que maten a algunos de vosotros. Todos os odiarán por causa mía. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá.

Lucas 21, 5-19

Para meditar

El Evangelio de hoy nos puede dejar un poco tristes porque Jesús estaba advirtiendo a los primeros creyentes de lo que después les iba a pasar: que iban a ser perseguidos por su fe, por ser seguidores de Jesús. Muchos sufrieron una muerte como sufrió Jesús.

Hoy también hay muchos creyentes que tienen que vivir su fe en secreto o que sufren violencia por ser cristianos. Los cristianos perseguidos no fueron sólo los de los primeros siglos, sino que hoy en día hay muchas personas en muchos lugares del mundo que sufren por ser seguidores de Jesús.

Para hacer vida el evangelio

  • Esta semana puedes preguntar a algún sacerdote de tu parroquia para que te cuente en qué lugares del mundo hay creyentes perseguidos por su fe.
  • ¿Qué podemos hacer el resto de los cristianos por aquellos que sufren por su fe?
  • Escribe un compromiso para ayudar a estos cristianos por el mundo que lo están pasando mal.

Oración

Lo único que es seguro,
la roca que no falla,
el tesoro más valioso
eres Tú, Señor, Dios nuestro.
Porque tenemos la seguridad
de tu Amor,
porque sabemos que acompañas nuestros días,
porque nos esperas
al final del camino,
porque llegaremos a tus brazos,
a celebrar la fiesta de la Vida,
a sentir tu abrazo definitivo,
de plenitud, felicidad y armonía,
ese que siempre
andábamos buscando.
Entonces todo lo demás
perderá su importancia
y se quedará pequeño a tu lado, Dios de mi vida.

Tú eres mi única verdad, Señor

Todo lo de la vida se desvanece.
Se mueren los familiares
y el dolor se hace el rey
de la fiesta;
se rompen las relaciones
y parece que cruje el corazón;
aparece la enfermedad
y descoloca toda la vida;
tenemos un problema económico
y sentimos miedo e inseguridad;
falla el trabajo o llega la jubilación
y la vida parece un sinsentido;
perdemos el ánimo,
aqueja la depresión
y no tenemos ganas
de seguir viviendo;
nos ocurre cualquier tragedia
y la vida se nos hunde…
Lo único que es seguro,
la roca que no falla,
el tesoro más valioso
eres Tú, Señor, Dios nuestro.
Porque tenemos la seguridad de tu Amor,
porque sabemos que acompañas nuestros días,
porque nos esperas
al final del camino,
porque llegaremos a tus brazos,
a celebrar la fiesta de la Vida,
a sentir tu abrazo definitivo, de plenitud,
felicidad y armonía,
ese que siempre andábamos buscando.
Entonces todo lo demás perderá su importancia
y se quedará pequeño a tu lado,
Dios de mi vida.

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio Domingo XXXIII de Tiempo Ordinario

• Jesús anuncia la destrucción (6) del segundo “templo” (5) de Jerusalén al ver muy adelantados los trabajos de reformas y embellecimiento. Lo que dice Jesús sorprende mucho por todo lo que el templo significa.

• El templo era, para los judíos, lugar de la presencia de Dios –y, por tanto, de encuentro con Él-. A partir de ahora, el lugar de la presencia de Dios y de encuentro con Él es Jesús, luz que se revela a las naciones (Lc 2,32). Los discípulos, unidos a Él, somos también lugar de ese encuentro, piedras vivas, templo del Espíritu (1Pe 2,5).

• Jesús aprovecha el asedio y destrucción de la ciudad y del templo –lo que sucedió en el año 70 dC- para anunciar que ni la muerte destruye el nuevo templo. Lucas pone esta conversación a las puertas de la Pascua: Jesús ha hecho el duro camino de subida a Jerusalén, y está a punto de padecer pasión y muerte, y resucitará. Los discípulos, viviendo con perseverancia (18-19) su camino, su subida (12-17), tampoco serán destruidos.

• El discípulo y la discípula están llamados a vivir el hoy, siguiendo el camino de Jesús a Jerusalén y asumiendo las dificultades y las angustias del tiempo presente, el tiempo de la Iglesia. page2image41831424

• Así como los primeros cristianos vieron la destrucción del templo (6) – cuando Lucas escribe ya ha sido destruido- y comprobaron que el fin no había llegado (9), los cristianos de todos los tiempos nos tenemos que disponer a vivir en medio de las adversidades y persecuciones (12), incluso con el dolor de la posible traición de familiares y amigos (16) y de ser odiados por todos (17). En el mundo que nos rodea (10-11) y en nosotros mismos tendremos siempre la experiencia de la pérdida, de la destrucción y de la muerte. Pero, al mismo tiempo, tenemos la experiencia de Cristo resucitado, que “salva nuestras almas” (19).

• Estas palabras de Jesús son una segunda respuesta a aquel maestro de la Ley (Lc 10,25ss) y a aquel hombre importante y rico (Lc 18,18ss) que, por el camino de subida, le habían preguntado: ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?

• Ahora es el tiempo no de preocuparse de si esto se acaba o no se acaba. Es tiempo de seguir a Jesús, no de buscar las seguridades en la Ley (Lc 10,25ss) o el dinero y las posesiones (Lc 18,18ss). Es tiempo de “dar testimonio” (13). Es tiempo de confiar en que Jesús no abandona nunca al discípulo en el camino (15). Es el tiempo de acoger la salvación, que se nos da hoy, no al final: Anda, haz tú lo mismo que aquel samaritano (Lc 10,37); vende todo lo que tienes y repártelo a los pobres, que Dios será tu riqueza (Lc 18,22).

Comentario al evangelio – 14 de noviembre

EL REINO VENDRÁ Y HA VENIDO

Esto de las traducciones a veces complica las cosas. Para unos el Reino está «dentro» de vosotros, lo cual significaría una invitación a buscar la presencia de Dios en nuestro interior. Para otros, el Reino está «junto a vosotros» o «en medio» de vosotros, y en este caso, la atención tendría que centrarse en los acontecimientos de la vida cotidiana. Para unos el Reino no vendrá «espectacularmente», y para otros, el Reino «no está sujeto a cálculos». Y en cuanto a la imagen del «relámpago», unos dicen que significa que la aparición del Hijo del hombre será suficientemente luminosa y visible para todos, sin necesidad de que alguien nos interprete supuestas revelaciones personales… Mientras que otros indican que ese acontecimiento llega siempre en el momento más inesperado; es tan imprevisible como el relámpago.

Tengo claro que Jesús y el Reino son dos realidades inseparables. Que la presencia de Jesús entre nosotros significa la cercanía de Dios y de su Reino. Lo demás…… ¡ya me gustaría pregúntarselo a san Lucas!

¡Pues no es mala idea! Veamos lo que nos dice en su Evangelio:

+  Para aquella joven nazarena orante, escuchadora de la Palabra, disponible y obediente… la llegada de Dios fue inesperada y turbadora, en medio de sus actividades cotidianas, en su casa. Aquel Ángel, después de invitarla a la alegría, no le dio demasiadas explicaciones. Pero ella no dejó escapar la ocasión de aceptar y acoger. De modo que el Reino empezó a estar «dentro» de ella, y gracias a ella, «en medio» de nosotros.

+ Para los pastores de Belén, que pasaban la noche al raso, haciendo sus cosas de cada día, y primeros testigos de la llegada del Salvador y su Reino, la luz de Dios les envolvió de pronto, por sorpresa, y el ángel les invitó a la alegría y a no tener miedo y a acudir donde estaba un niño entre pañales en un pesebre. Nada llamativos esos signos. Pero ellos «fueron aprisa» y comprobaron  que era cierto lo que habían visto y oído. Se llenaron de gozo y de esperanza.

+  Para los habitantes de Nazareth, la ciudad donde se había criado, la experiencia fue bien diferente. No vieron en él nada «espectacular», era «el hijo de José», querían ver alguna maravilla para creer… y le echaron de la ciudad con intenciones de despeñarlo. Perdieron la ocasión de acoger la presencia del que traía la liberación a los pobres, ciegos y oprimidos en su propia ciudad. 

+  La cercanía y presencia de Dios supone que los demonios son expulsados y destruidos, y que enfermedades de todo tipo son curadas. La presencia del Reino significa dignificación, salvación, liberación y curación para los que acuden a él. 

+  Para los discípulos y apóstoles, se trata de una llamada a seguirle, a estar con él, mientras andaban entre redes, o en la mesa de los impuestos. Lo dejan todo de inmediato, y se van con él. Y tuvieron la oportunidad de pasar no sólo uno, sino muchos días en compañía del Hijo del Hombre. Y luego serán enviados en su nombre, a hacer sus mismas obras de curación y liberación

+  La «novedad» que trae Jesús es una llamada a la felicidad y la bienaventuranza, especialmente para los pobres, los que lloran, los perseguidos por ser de los suyos… y que la Ley y todos sus cumplimientos queda superada, que no son «méritos» para alcanzar a Dios, que a Dios se le alcanza dejándose afectar por su misericordia, reconociendo nuestra condición de pecadores.

+  La presencia del Reino tiene poco de llamativa. Es una luz que alumbra a los de casa, un poco de levadura o de sal metidas en la masa, una semilla que va creciendo despacio, un grano de mostaza… Las cosas cambian con la presencia de Dios, son mucho mejores… pero fácilmente pasan inadvertidas para muchos.

+  Los que acudieron al «espectáculo» de su crucifixión, no sacaron nada en claro (salvo aquel centurión), a pesar de que las tinieblas cubrieron la ciudad a mediodía, mientras se oscurecía el sol. Y sólo algunos tuvieron la dicha de experimentar que la muerte no había podido con él, mientras acudían al sepulcro son sus ungüentos, o partían el pan cerca de Emaús, o se reunían llenos de miedo en el cenáculo.

Por no alargarnos más, y pidiendo disculpas por no haber matizado demasiado: Se trata de descubrir su presencia callada pero eficaz y hacerle presente como luz y sal, en las cosas de cada día, en el mundo y dentro de cada uno. De responder sobre todo a la voz de su Palabra y seguirle. De curar, liberar, acoger, perdonar en su nombre, y ser enviados como testigos de su Resurrección. Una presencia, una tarea, una esperanza… de que vaya creciendo el Reino, de que «venga» (Padrenuestro), de que llegue a su plenitud. La «hora» no es cosa nuestra. Pero ya ha comenzado la cuenta atrás. La semilla  está sembrada, la levadura en la masa, los suyos trabajando, y «cada día», «hoy» puede ser el día. Que nos encuentre en vela y trabajando.

Enrique Martínez, cmf