Vísperas – Viernes XXXII de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

VIERNES XXXII DE TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Te damos gracias, Señor,
porque has depuesto la ira
y has detenido ante el pueblo
la mano que lo castiga.

Tú eres el Dios que nos salva,
la luz que nos ilumina,
la mano que nos sostiene
y el techo que nos cobija.

Y sacaremos con gozo
del manantial de la Vida
las aguas que dan al hombre
la fuerza que resucita.

Entonces proclamaremos:
«¡Cantadle con alegría!
¡El nombre de Dios es grande;
su caridad, infinita!

¡Que alabe al Señor la tierra!
Cantadle sus maravillas.
¡Qué grande, en medio del pueblo,
el Dios que nos justifica!» Amén.

SALMO 144: HIMNO A LA GRANDEZA DE DIOS

Ant. Día tras día, te bendeciré, Señor, y narraré tus maravillas.

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.

Día tras día te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.

Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su grandeza;
una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus hazañas.

Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus maravillas;
encarecen ellos tus temibles proezas,
y yo narro tus grandezas acciones;
difunden la memoria de tu inmensa bondad,
y aclaman tus victorias.

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas;

explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Día tras día, te bendeciré, Señor, y narraré tus maravillas.

SALMO 144

Ant. Los ojos de todos te están aguardando, Señor; tú estás cerca de los que te invocan.

El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan.

Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su tiempo;
abres tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente.

El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente.

Satisface los deseos de sus fieles,
escucha sus gritos, y los salva.
El Señor guarda a los que lo aman,
pero destruye a los malvados.

Pronuncie mi boca la alabanza del Señor,
todo viviente bendiga su santo nombre
por siempre jamás.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Los ojos de todos te están aguardando, Señor; tú estás cerca de los que te invocan.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

LECTURA: Rm 8, 1-2

Ahora no pesa condena alguna sobre los que están unidos a Cristo Jesús, pues, por la unión con Cristo Jesús, la ley del Espíritu de vida me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

RESPONSORIO BREVE

R/ Cristo murió por los pecados, para conducirnos a Dios.
V/ Cristo murió por los pecados, para conducirnos a Dios.

R/ Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida.
V/ Para conducirnos a Dios.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Cristo murió por los pecados, para conducirnos a Dios.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Acuérdate de tu misericordia, Señor, como lo habías prometido a nuestros padres.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Acuérdate de tu misericordia, Señor, como lo habías prometido a nuestros padres.

PRECES

Invoquemos a Cristo, en quien confían los que conocen su nombre, diciendo:

Señor, ten piedad.

Señor Jesucristo, consuelo de los humildes,
— dígnate sostener con tu gracia nuestra fragilidad, siempre inclinada al pecado.

Que los que por nuestra debilidad estamos inclinados al mal
— por tu misericordia obtengamos el perdón.

Señor, a quien ofrece el pecado y aplaca la penitencia,
— aparta de nosotros el azote de tu ira, merecido por nuestros pecados.

Tú que perdonaste a la mujer arrepentida y cargaste sobre los hombros la oveja descarriada,
— no apartes de nosotros tu misericordia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que por nosotros aceptaste el suplicio de la cruz,
— abre las puertas del cielo a todos los difuntos que en ti confiaron.

Siguiendo las enseñanzas de Jesucristo, digamos al Padre celestial:
Padre nuestro…

ORACION

Dios omnipotente y eterno, que quisiste que tu Hijo sufriese por la salvación de todos, haz que, inflamados en tu amor, sepamos ofrecernos a ti como hostia viva. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 15 de noviembre

1) Oración inicial

Dios omnipotente y misericordioso, aparta de nosotros todos los males, para que, bien dispuesto nuestro cuerpo y nuestro espíritu, podamos libremente cumplir tu voluntad. Por nuestro Señor. 

2) Lectura

Del evangelio según Lucas 17,26-37

Y dijo Jesús a sus discípulos: “Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre. Comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca; vino el diluvio y los hizo perecer a todos. Lo mismo sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían; pero el día que salió Lot de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo que los hizo perecer a todos. Así sucederá el Día en que el Hijo del hombre se manifieste. «Aquel Día, el que esté en el terrado y tenga sus enseres en casa, no baje a recogerlos; y, de igual modo, el que esté en el campo, no se vuelva atrás. Acordaos de la mujer de Lot. Quien intente guardar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará. Yo os lo digo: aquella noche estarán dos en un mismo lecho: al uno tomarán y al otro le dejarán; habrá dos mujeres moliendo juntas: a una la tomarán y a la otra la dejarán.» Y le dijeron: «¿Dónde, Señor?» Él les respondió: «Donde esté el cuerpo, allí también se reunirán los buitres.» 

3) Reflexión

• El evangelio de hoy sigue la reflexión sobre la llegada del fin de los tiempos y trae palabras de Jesús sobre cómo preparar la llegada del Reino. Era un asunto candente, que en aquel tiempo, causaba mucha discusión. Quien determina la hora de la llegada del fin es Dios. Pero el tiempo de Dios (kairós) no se mide por el tiempo de nuestro reloj (chronos). Para Dios, un día puede ser igual a mil años, y mil años igual a un día (Sal 90,4; 2Pd 3,­8). El tiempo de Dios corre de forma invisible dentro de nuestro tiempo, pero es independiente de nosotros y de nuestro tiempo. Nosotros no podemos interferir en el tiempo, pero debemos estar preparados para el momento en que la hora de Dios se hizo presente en nuestro tiempo. Puede ser hoy, puede ser de aquí a mil años. Lo que da seguridad, no es saber la hora del fin del mundo, sino la certeza de la presencia de la Palabra de Jesús presente en la vida. El mundo pasará, pero su palabra no pasará jamás (Cf. Is 40,7-8).
• Lucas 17,26-29: Como en los días de Noé y de Lot. La vida corre normalmente: comer, beber, casarse, comprar, vender, plantar, construir. La rutina puede envolvernos de tal forma que no conseguimos pensar en otra cosa, en nada más. Y el consumismo del sistema neoliberal contribuye a aumentar en muchos de nosotros esta total desatención a la dimensión más profunda de la vida. Dejamos entrar la polilla en la viga de la fe que sustenta el tejado de nuestra vida. Cuando la tormenta derriba la casa, muchos dan la culpa al carpintero: “¡Mal servicio!” En realidad, la causa de la caída fue nuestra prolongada desatención. La alusión a la destrucción de Sodoma como figura de lo que va a suceder al final de los tiempos, es una alusión a la destrucción de Jerusalén de parte de los romanos en el año 70 dC (cf Mc 13,14).
• Lucas 17,30-32: Así será en los días del Hijo del Hombre. “Así sucederá el Día en que el Hijo del hombre se manifieste.”. Difícil para nosotros imaginar el sufrimiento y el trauma que la destrucción de Jerusalén causó en las comunidades, tanto de los judíos como de los cristianos. Para ayudarlas a entender y a enfrentar el sufrimiento, Jesús usa comparaciones sacadas de la vida: “Aquel Día, el que esté en el terrado y tenga sus enseres en casa, no baje a recogerlos; y, de igual modo, el que esté en el campo, no se vuelva atrás”. La destrucción vendrá con tal rapidez que no merece la pena bajar a la casa para buscar algo dentro (Mc 13,15-16). “Acordaos de la mujer de Lot” (cf. Gén 19,26), esto es, no miréis atrás, no perdáis tiempo, tomad la decisión e id adelante: es cuestión de vida o de muerte.
• Lucas 17,33: Perder la vida para ganar la vida. “Quien intente guardar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará”. Sólo se siente realizada la persona que es capaz de darse enteramente a los demás. Pierde la vida la que la conserva sólo para sí. Este consejo de Jesús es la confirmación de la más profunda experiencia humana: la fuente de la vida está en la entrega de la vida. Dando, se recibe. “En verdad os digo: el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo. Pero si muere, da mucho fruto” (Jn 12,24). Lo importante es la motivación que añade el evangelio de Marcos: “Por mí y por el Evangelio” (Mc 8,35). Al decir que nadie es capaz de conservar su vida con su propio esfuerzo, Jesús evoca el salmo donde se dice que nadie es capaz de pagar el precio del rescate de la vida: “Nadie puede rescatar al hombre de la muerte, nadie puede dar a Dios su rescate; pues muy caro es el precio de rescate de la vida, y ha de renunciar por siempre continuar viviendo indefinidamente sin ver la fosa”. (Sal 49,8-10).
• Lucas 17,34-36: Vigilancia. “Yo os lo digo: aquella noche estarán dos en un mismo lecho: al uno tomarán y al otro le dejarán; habrá dos mujeres moliendo juntas: a una la tomarán y a la otra la dejarán.” Evoca la parábola de las diez vírgenes. Cinco eran prudentes y cinco necias (Mt 25,1-11). Lo que importa es estar preparado/a. Las palabras: “Una la tomarán y otra la dejarán” evocan las palabras de Pablo a los Tesalonicenses (1Tes 4,13-17), cuando dice que en la venida del Hijo seremos arrebatados al cielo junto con Jesús. Estas palabras “dejados atrás” proporcionan el título de una terrible y peligrosa novela de extrema derecha fundamentalista de Estados Unidos: “Left behind!” Esta novela no tiene nada que ver con el sentido real de las palabras de Jesús.
• Lucas 17,37: ¿Dónde y cuándo? “Los discípulos preguntaron: “¿Señor, dónde ocurrirá esto?” Jesús respondió: “Donde esté el cuerpo, allí también se reunirán los buitres”. Respuesta enigmática. Algunos piensan que Jesús evoca la profecía de Ezequiel, retomada en el Apocalipsis, en la cual el profeta se refiere a la batalla victoriosa final contra los poderes del mal. Las aves de rapiña o los buitres serán invitadas a comer la carne de los cadáveres (Ez 39,4.17-20; Ap 19,17-18). Otros piensan que se trata del valle de Josafat, donde tendrá lugar el juicio final según la profecía de Joel (Joel 4,2.12). Otros piensan que se trata simplemente de un proverbio popular que significaba más o menos lo mismo que dice nuestro proverbio: “¡Cuando el río suena, agua lleva!” 

4) Para la reflexión personal

• ¿Soy del tiempo de Noé y de Lot?
• Novela de extrema derecha. ¿Cómo me sitúo ante esta manipulación política de la fe en Jesús? 

5) Oración final

Dichosos los que caminan rectamente,
los que proceden en la ley de Yahvé.
Dichosos los que guardan sus preceptos,
los que lo buscan de todo corazón. (Sal 119,1-2)

Comentario del 15 de noviembre

El discurso evangélico relativo al día de la manifestación del Hijo del hombre resulta ciertamente enigmático. Jesús se remite a hechos que se narran en los relatos del Antiguo Testamento (Génesis) como si hubiesen acontecido realmente en la historia. Uno de ellos es el diluvio, un verdadero cataclismo de dimensiones extraordinarias: Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre: comían, bebían y se casaban, hasta el día que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y acabó con todos (a excepción de los supervivientes refugiados en el arca).

Equipara, pues, lo que sucedió con lo que sucederá. Aquel cataclismo de proporciones inmensas dejó sólo algunos supervivientes, hombres y animales, que tras el descenso de las aguas pudieron reiniciar su vida en la tierra. También en tiempos de Lot hubo otra catástrofe que sembró de muerte y desolación las ciudades de Sodoma y Gomorra. El fuego y el azufre llovidos del cielo acabaron con todos los habitantes, salvo con Lot y sus acompañantes que se alejaron oportunamente de la población incendiada. Así sucederá –anuncia Jesucristo- el día que se manifieste el Hijo del hombreAquel día, si uno está en la azotea y tiene sus cosas en casa, que no intente recuperarlas, que no baje por ellas, le va a resultar inútil. Y si uno está en el campo, que no vuelvaAcordaos de la mujer de Lot. El que pretenda guardarse su vida, la perderá; y el que la pierda, la recobrará.

Son imágenes que parecen tomadas de un terremoto o de un Tsunami como el habido en Japón hace apenas unos años. Más vale evitar la tentación de volver para recuperar lo perdido, porque uno puede quedar atrapado. Hay que escapar a toda prisa del radio de acción del movimiento, si es posible. Porque muchos perecen por no reaccionar a tiempo o por querer salvar sus posesiones. Pero en tales circunstancias lo importante es salvar la vida. Ni siquiera puede uno detenerse a mirar atrás, como la mujer de Lot. Esos segundos perdidos pueden ser fatídicos.

Jesús alude a cataclismos de dimensiones colosales, que no han dejado de repetirse a lo largo de la historia, pero que no parece signifiquen el final de todo y de todos. Siempre quedan supervivientes que escapan de la catástrofe: Os digo esto: aquella noche estarán dos en una cama: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán; estarán dos en el campo: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán. Si es así, no es el final para todos, aunque lo sea para muchos.

Los discípulos de Jesús, seguramente alarmados, le preguntan: ¿Dónde, Señor? ¿Dónde se producirá el suceso para poder prevenirlo? Y la respuesta del Maestro resulta aún más enigmática: Donde está el cadáver se reunirán los buitres. No se podrá, por tanto, anticipar ni el lugar, ni el tiempo. Sólo se conocerá una vez que haya sucedido. Donde se reúnan los buitres porque hay cadáveres, allí habrá sucedido la catástrofe.

Un país tan avanzado como Japón, con tantos medios técnicos para anticipar un fenómeno tan repetido como un temblor sísmico, no pudo evitar la catástrofe que se les vino encima de repente. Esto nos tiene que hacer tomar conciencia de lo frágiles que seguimos siendo pese al desarrollo científico y tecnológico logrado por la humanidad. Ante las fuerzas desatadas o incontroladas de la naturaleza, cuando alcanzan ciertas dimensiones, no podemos nada o podemos muy poco. A veces no podemos casi nada frente a una simple infección microbiana o frente a una mordedura venenosa de serpiente. No somos dioses ni semidioses. Por tanto, hagamos un ejercicio de humildad. No dejemos de hacerlo, porque nos ayudará a tomar conciencia de lo que realmente somos: criaturas demasiado vulnerables y frágiles como para creernos dioses o como para hacer ostentación de un presunto poder “divino”.

La ilusión no está en reconocer a Dios, sino en creernos Dios. Esta conciencia nos tendría que llevar a confiarnos a Él y a esperar nuestro final, sea el que sea, confiados en Él, que es poderoso para hacernos escapar de la muerte que nos acecha tantas veces a lo largo de la vida o de la muerte hecha realidad consumada en nuestras vidas. En cualquier caso, Dios, que es la realidad fundante, nos sostiene. Esperemos, pues, lo que tenga que suceder con serenidad, sin miedos paralizantes, y confiados en las manos poderosas de nuestro Dios y Padre. Por otro lado, vivir en un permanente estado de ansiedad sería insufrible. Pero la confianza que aporta la fe en el Dios de la vida y de la muerte, de la tierra y del cielo, nos permitirá vivir tranquilos incluso en situaciones críticas o catastróficas. Que así sea.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

183. Queridos jóvenes, no acepten que usen su juventud para fomentar una vida superficial, que confunde la belleza con la apariencia. Mejor sepan descubrir que hay hermosura en el trabajador que vuelve a su casa sucio y desarreglado, pero con la alegría de haber ganado el pan de sus hijos. Hay una belleza extraordinaria en la comunión de la familia junto a la mesa y en el pan compartido con generosidad, aunque la mesa sea muy pobre. Hay hermosura en la esposa despeinada y casi anciana, que permanece cuidando a su esposo enfermo más allá de sus fuerzas y de su propia salud. Aunque haya pasado la primavera del noviazgo, hay hermosura en la fidelidad de las parejas que se aman en el otoño de la vida, en esos viejitos que caminan de la mano. Hay hermosura, más allá de la apariencia o de la estética de moda, en cada hombre y en cada mujer que viven con amor su vocación personal, en el servicio desinteresado por la comunidad, por la patria, en el trabajo generoso por la felicidad de la familia, comprometidos en el arduo trabajo anónimo y gratuito de restaurar la amistad social. Descubrir, mostrar y resaltar esta belleza, que se parece a la de Cristo en la cruz, es poner los cimientos de la verdadera solidaridad social y de la cultura del encuentro.

La misa del domingo

Semana XXXIII del Tiempo Ordinario (C)
Domingo 17 de noviembre de 2019

  • Malaquías 3, 19 – 20a.
  • Salmo 97. 2
  • Tesalonicenses 3, 7 – 12.
  • Lucas 21, 5 – 19.

En el evangelio de este domingo Jesús nos muestra la verdadera realidad de nuestra vida. Las primeras comunidades cristianas tienen una gran ilusión en lo que está por venir. Están preparadas para la llegada inminente del Salvador, que suponen muy próxima en el tiempo. De esta manera, al ser muy cercana e inminente, algunos han decidido esperar, ya todo está hecho y decidido, está realizado.

Pero vemos que Pablo busca animar, arengar a los cristianos de Tesalónica para actuar. No podemos quedarnos quietos, esperando, mientras los demás continúan y exigir que nos alimenten y nos ayuden, en la espera. No es esto lo que nos está pidiendo Jesús.

En cierto modo, esto mismo les ocurre a aquellos que contemplaban la majestuosidad del templo de Jerusalén. La magnífica construcción, sus adornos y joyas dejaban a muchos absortos, asombrados ante lo magnífico que era el templo. Pero lo importante no es la fachada, las paredes, los adornos. Lo importante no es el edificio, sino lo que uno va a realizar allí y porque lo va a llevar a cabo.

El objeto de nuestra fe no está en asombrarnos ante la obra de los hombres, los templos, sino en nuestra manera de ser y vivir. Igual que otros esperan al Señor, estos se quedan quietos asombrados. Pero nuestra espera, nuestra actitud ante la vida debe ser activa. Los cristianos, los seguidores de Jesús hemos de incorporarnos dentro de nuestro tiempo y actuar, no quedarnos “mirando el techo” como si nada ocurriera. Seguimos estando en un mundo lleno de personas necesitadas: necesitadas de alimentos, de hogar, de los bienes mínimos necesarios para vivir, de justicia, de paz, de respeto, de educación, de sanidad, de AMOR.

Ante las injusticias, el desencuentro y la falta de amor, hemos de trabajar por la justicia, la relación entre las personas y el amor. Es verdad que está tarea puede ser dura, llena de obstáculos y dificultades. Jesús no nos engaña y no nos esconde las espinas que encontraremos en el camino: guerras, hambres, pestes, persecuciones…

No comprenderán nuestra actitud. Que nos preocupemos de gentes indefensas y muchas veces mal vistas, arriesgando nuestra salud, nuestros bienes, e incluso nuestra vida. Seremos incomprendidos.

Aun así, Jesús nos anima a continuar su camino, nuestro camino. Sabe lo que vamos a sufrir, pero no por ello nos pide que lo dejemos y nos retiremos. Nos anima a continuar, porque siempre estará junto a nosotros, tanto en los buenos momentos como en los malos. Es el que nos dará esas palabras y la sabiduría necesaria para hacer frente a las dificultades y seguir avanzando por el camino recto. Con nuestra perseverancia salvaremos nuestras almas.

Que continuemos a la espera del Salvador trabajando por un mundo mejor en el que todos participemos con amor y misericordia como hermanos, perseverando a pesar de las dificultades, con la mirada puesta en Dios, que siempre está con nosotros.

Germán Rivas, sdb

Misa del domingo: misa con niños

DOMINGO XXXIII ORDINARIO (C)
“No tengáis miedo”
17 de noviembre de 2019
(Los textos de hoy nos van preparando para el “final del año litúrgico”, que, por tradición, se ha ido asemejando con “el final de los tiempos”. No son fáciles para la explicación y el comentario.

Quizás hay que darles un poco la vuelta y fijarse en la imagen de un “reloj” que marca el día y la hora. “Llega el día”. Cada uno/a de nosotros tenemos que poner a punto el día y la hora de nuestro encuentro con Jesús.

.. Un signo para la celebración: Un reloj grande. Quizás hay que dibujarlo en una sencilla cartulina. Mejor que se pudieran mover las agujas y jugar un poco con las horas. También puede ser un reloj de pared colocado en lugar visible.

. Canciones para la celebración: “El Señor me amó” (A. Luna); “Pon tu mano en la mano de aquel que te da la mano”. “La sal y la luz”).

1. MOTIVACIÓN

Amigos: La lluvia y el frío que nos visitan nos van anunciando que el final del tiempo litúrgico se acerca. Pero las lecturas de hoy nos van a quitar la inquietud de que “llega el día del final de los tiempos”. Vamos a celebrar, vamos a sentirnos familia de Jesús. Vamos a cantar con ganas.

2. CANTO: “El Señor me amó” (A. Luna)

El Señor me amó por su gran bondad,
El Señor es bueno para mí (bis).
Tú, con tu voz, cántale, él es tu Dios.
Él es bueno con nosotros.
Él “es Jesús”, ámale con tu corazón,
Él es joven con nosotros.

3. SALUDO DEL SACERDOTE

4. PETICIÓN DE PERDÓN:

  1. Por las veces que no sabemos encontrarte en nuestro mundo de hoy. Señor, ten piedad.
  2. Por las veces que no sabemos mirar las cosas que suceden en el mundo con tu mirada. Cristo, ten piedad.
  3. Por las veces que no sabemos animar y ayudar a las personas. Señor, ten piedad.

5. PRIMERA LECTURA. Del Libro del profeta Malaquías 41, 2a

Lectura del libro del profeta Malaquías:

Mirad que llega el día, ardiente como un horno: quemaré a malvados y perversos, y no quedará de ellos ni rama de raíz. Pero a los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia, que lleva la salud en las alas.

Palabra de Dios

6. CANTO: “Danos un corazón grande para amar”. O el salmo responsorial.

7. EVANGELIO (Lucas 21, 5-19). “El final no vendrá enseguida”

En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo:
– Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.

Ellos le preguntaron:
– Maestro, ¿cuándo va a ser eso? ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?

Él contestó:
– Cuidado con que nadie os engañe. Cuando oigáis noticias de guerra y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá enseguida.

Palabra del Señor.

8. COMENTARIO

  • Hemos escuchado unas palabras un poco misteriosas de Jesús.
  • Se nos va preparando para finalizar el “año litúrgico”, el año de celebraciones de la Iglesia.
  • Que es reflejo del camino que las personas vamos haciendo para encontrarnos con Jesús.
  • Imagen del reloj. ¿Cuál va a ser el día y la hora del final de este mundo? (Aquí se puede hacer el gesto de mover las agujas del reloj. Se puede opinar, tal día… a las cinco…)
  • Tenemos que caminar con confianza: el final no vendrá enseguida.
  • Y cuando llegue “el final” de nuestra vida aquí, en la tierra, Jesús no nos dejará. “No tengáis miedo”.

9. ORACION DE FIELES. PETICIONES

  1. Para que todos digamos a Jesús que le queremos seguir con valentía. Roguemos al Señor.
  2. Para que todos nos sintamos “iglesia, comunidad” que va al encuentro de Jesús. Roguemos al Señor.
  3. Para que ayudemos siempre al que está más cerca y lo necesita. Roguemos al Señor.
  4. Para que Jesús nos ayude a conocer nuestras cualidades y seamos generosos en ponerlas a disposición de los demás, en casa, en el colegio, en la parroquia, en el trabajo, con los amigos. Roguemos al Señor.

10. PLEGARIA EUCARÍSTICA. Se puede usar la indicada para “niños”.

11. CANTO DE LA PAZ. Se puede resaltar este momento cantando con alegría y sentido de cercanía la canción “Pon tu mano” (se repite varias veces).

Pon tu mano en la mano de aquel que te da la mano,
Pon tu mano en la mano de aquel que te dice “ven”.
Él será tu amigo hasta la eternidad.

Pon tu mano en la mano de aquel que te dice “ven”

12. ACCIÓN DE GRACIAS. CANTO: “La sal y la luz” (Brotes de Olivo). Se canta o recita.

El que me sigue en la vida sal de la tierra será,
mas si la sal se adultera, los hombres la pisarán.

Que sea mi vida la sal. Que sea mi vida la luz.
Sal que sala, luz que brilla. Sal y fuego es Jesús.

Sois como la luz del mundo, que a la ciudad alumbra,
ésta se pone en la cima donde el monte se encumbra.

Que brille así vuestra luz ante los hombres del mundo,
que palpen las buenas obras de lo externo a lo profundo.

13. PARA LA VIDA

(Hacer un favor a un compañero. Compartir algo)

Iñaki Lete, sdb

Dios te cuida (Oración)

DIOS TE CUIDA

 Hola Jesús. un día más me acerco a ti y a tus palabras, para que tu vida me enseñe algo nuevo. Antes de escuchar lo que tengas que decirme, me preparo por fuera y por dentro. Por fuera haciendo silencio y buscando una postura cómoda, respirando despacio y, si me ayuda, cerrando los ojos. por dentro dejando a un lado, por un rato, las cosas que me preocupen y los pensamientos que me distraigan de escucharte.

La lectura es una adaptación del evangelio de Lucas (Lc 21, 5-9):

Había gente que estaba un día en el templo, que era un lugar magnífico, muy hermoso y grande, y no paraban de alabarlo y admirarlo. Entonces Jesús se dio cuenta de que sólo les llamaba la atención lo vistoso, el triunfo y el brillo. Y por eso les dijo: «Oye, no seáis zoquetes. Esto no durará para siempre. Algún día será destruido». Ellos le preguntaron: «¿Cómo sabremos que va a ser destruido?» Jesús les dijo: «Mirad, va a haber tiempos difíciles. Habrá guerras y revoluciones. Os perseguirán. Lo pasaréis mal en mi nombre. No penséis que ser seguidor mío es muy fácil. Y no penséis que yo os prometo que nunca va a haber problemas. Veréis pueblos enfrentados con pueblos, y en muchos países habrá epidemias y hambre.  A vosotros os perseguirán, y os llevarán a juicio. Incluso las familias estarán dividas en mi nombre. Pero justo entonces es cuando tenéis que ser valientes y decir que creéis en mí». Los que oían a Jesús miraban con cara de susto. Entonces, él les dijo: «No tengáis miedo de todo esto que os anuncio. Porque Dios cuidará de vosotros. Sed fieles y perseverantes».

Jesús llama zoquetes a los que se han quedado mirando la brillantez del templo y les avisa que llegarán tiempos duros, que lo pasarán mal por seguirle, que habrá problemas, hambre, guerra…

No me extraña que los que le oían pusieran cara de susto. ¿Por qué cuenta esas cosas Jesús? Yo creo que lo hace para que no nos engañemos. Que no nos quedemos embobados mirando las cosas brillantes, sin atender a lo que pasa desapercibido. Porque también en mi mundo pasa. Hay personas que son populares y brillantes y otros más humildes. Piensa por un momento en las personas más sencillas, a lo mejor en tu clase, familia, en muchos lugares.

¿Y lo de las tormentas y la guerra? ¿Por qué lo dice? Lo dice porque es verdad. A veces seguir a Jesús y mirar el mundo de otra manera causa problemas a las personas. Pero fíjate en que Jesús termina dando ánimos. Después de contarnos todo lo malo que puede pasar, nos pide que no tengamos miedo, que tengamos confianza y no nos rindamos. Porque Dios cuidará de nosotros.

Y nosotros cuidaremos unos de los otros, porque como dice la canción, a quien confía en el Señor, la misericordia lo rodea.

A quien confía en el Señor,
la misericordia lo rodea.
A quien confía en el Señor,
la misericordia lo rodea.

Confianza interpretado por Ain Karem, «Con él la fiesta empezó.»

Terminamos este rato de oración repitiendo, después de cada frase tú cuidas de mí, Señor.

Tú cuidas de mí, Señor

Cuando a mi alrededor hay división o peleas que me asustan …Tú cuidas de mí, Señor.

Cuando tengo miedo porque en la tele veo guerras y enfrentamientos …Tú cuidas de mí, Señor.
Cuando yo mismo exploto de enfado o riño con otros …Tú cuidas de mí, Señor.
Cuando ser de los tuyos me da vergüenza porque pienso que no gustará a otros …Tú cuidas de mí, Señor.

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p style=”text-align:justify;”>Padre nuestro,
que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Amén.

Comentario al evangelio – 15 de noviembre

EN LOS DÍAS DEL HIJO DEL HOMBRE

En tiempos de Jesús, como en otros momentos de la historia de Israel, había un sentimiento de que algo se acababa, o se tenía que acabar… La situación de dominación y sometimiento al Imperio Romano se les hacía insufrible. Y esperaban una gran y espectacular intervención de Dios para hacer justicia y poner las cosas en su sitio. Se utilizaba a este prpósito un lenguaje, de origen profético, en el que abundaban imágenes de cataclismos, destrucción, apariciones celestiales… Se referían al «día de Yahweh», el día del Juicio, «el día del Hijo del Hombre», el día de la salvación de sus fieles, y la destrucción de los enemigos, y un nuevo mundo esplendoroso. No pocos se aventuraban a fijar fechas y a detectar señales de la proximidad de ese «día», o decían tener «revelaciones» al respecto, con las cuales metían miedo o amenazaban llamando a la conversión. Interpretaban y esperaban que literalmente ocurrieran esas manifestaciones y destrucciones.

Por otro lado, las primeras comunidades cristianas (de esto tiene mucha experiencia San Pablo), habían relacionado todos esos fenómenos con Jesús de Nazareth, resucitado de entre los muertos. Y esperaban su inminente retorno como Juez, cumpliendo las profecías del Antiguo Testamento que hablaban de la llegada del Hijo del Hombre… Pero ese momento se estaba retrasando más de lo que ellos suponían… y algunos se desanimaban, mientras que otros «esperaban» olvidándose de sus responsabilidades cotidianas.

En este contexto sitúa Lucas estas palabras de Jesús, para dirigirse a sus comunidades del año 80, en las que subraya que el Juicio y la Salvación y el Día de Yahweh/día del Hijo del hombre tiene lugar, se juega, en las cosas normales de nuestra vida, vividas desde la perspectiva pascual. Con algunos matices. Me explico: 

– Por una parte intenta desplazar la atención desde los fenómenos «apocalípticos» hacia la responsabilidad, el estilo, el compromiso diario de ser testigos del Señor, con la entrega («perder») de la propia vida a la causa del Evangelio… para poder «recuperarla». No hay que esperar que las cosas se resuelvan «desde arriba», con intervenciones celestiales, sino en el campo, en casa, moliendo, en la cama…

– Por otra, también hay que prestar atención para no vivir absorbidos, distraídos, despreocupados de las señales de que algo nuevo está surgiendo ya (desde la presencia de Jesús entre nosotros, y sobre todo desde “aquella noche“). Comer, comprar, casarse, vender, sembrar, construir… son nuestras ocupaciones lógicas y normales. Pero no lo son todo. Hay que ser conscientes de que hay un «final» que relativiza muchas de ellas, que no permite que el presente y lo cotidiano nos absorba tanto… que olvidemos que estamos aquí de paso, que nos preocupemos tanto de «asegurarnos» el bienestar y la comodidad… que no nos hayamos preparado convenientemente, que nuestra vida no haya merecido la pena, que no haya sido una vida «entregada» como la de Jesús.

Me viene a la mente un breve relato de Anthony Mello en «El Canto del Pájaro»:

En el siglo pasado, un turista de los Estados Unidos visitó al famoso rabino polaco Hofetz Chaim. Y se quedó asombrado al ver que la casa del rabino consistía sencillamente en una habitación atestada de libros. El único mobiliario lo constituían una mesa y una banqueta. 

«Rabino, ¿dónde están tus muebles?» preguntó el turista.

«¿Dónde están los tuyos?», replicó Hofetz.

«¿Los míos? Pero si yo sólo soy un visitante… Estoy aquí de paso… », dijo el americano.

«Lo mismo que yo», dijo el rabino.

Concluyendo: Las palabras de Jesús no pueden tomarse en absoluto como una «amenaza» para meter miedo ni amargarle a nadie la vida. Tampoco Jesús asume del todo el lenguaje y la mentalidad «apocalíptica» para anunciar catástrofes, ni fechas concretas para ese «día final» (por más que algunos hombrecillos de todos los tiempos pretendan saber más que Jesús, detectando señales, teniendo revelaciones, y avisando de la hecatombe final). Pero sí que avisa de que en el modo de plantearnos nuestras actividades cotidianas, de ir entregando la vida… seremos hallados dignos del Reino («a uno se lo llevarán»)… o no («al otro lo dejarán»). Serán elegidos los que no se dejen atrapar por las cosas, ni vivan continuamente mirando hacia atrás (como la mujer de Lot). Es decir: que la salvación, como tanto repite Lucas en su Evangelio, nos la jugamos «hoy», que el Día del Señor ya empezó «aquella noche», la noche Pascual.

Enrique Martínez, cmf