¿Desde dónde nos planteamos el futuro?

En el interior del templo se guardaba el arca de la alianza, y a través de ella Dios se hacía presente en medio de su pueblo, con una intensidad superior a la de cualquier otro espacio o símbolo religioso.

Jesús no resalta la belleza del templo, sino que habla de su destrucción. Se inserta así, en la tradición de los profetas. Para ellos, la destrucción del templo sería señal de que se había roto la alianza entre Dios y su pueblo. Lo trágico no era la pérdida de este edificio impresionante, sino la dimensión teológica, porque creían imposible el culto a Dios al margen, o fuera, del templo de Jerusalén. Así lo habían expresado los profetas:

  • “Mejorad vuestro proceder y vuestras obras y yo moraré con vosotros en este lugar… si no oprimís al extranjero, al huérfano y a la viuda, si no derramáis sangre inocente en este lugar, si no vais, para daño vuestro en pos de dioses extranjeros, entonces yo me quedaré con vosotros en este lugar” (Jeremías 7, 1-15)
  • En otro momento, el profeta Jeremías recibió el encargo de anunciar al pueblo que, si no dejaban de hacer el mal, destruiría el templo del mismo modo que había destruido el templo de Silo. (Jr. 26, 1-19)
  • El profeta Ezequiel tuvo una visión de todas las abominaciones e idolatrías que se cometían en el templo. (Ez. 8, 1-18)

Cuando Lucas escribió este texto, Jerusalén y el templo habían sido destruidos unos años antes. Las comunidades cristianas eran cruelmente perseguidas por Roma y por el judaísmo oficial; muchos hombres y mujeres habían abandonado sus pueblos por temor al martirio y algunas personas renegaban de su fe.  

Lucas recuerda las palabras de Jesús, para que guíen a las comunidades, en medio de la confusión, el miedo y las persecuciones. Estas son las claves del mensaje que pueden ayudarnos también ahora:

a) Que nadie os engañe. Había charlatanes que se aprovechaban del miedo de la gente para conseguir seguidores, y tenían la desfachatez de decir que hablaban en nombre de Jesús. También hoy hay charlatanes que usan el miedo como arma, proponiendo una sociedad que no tiene nada que ver con el proyecto de Jesús. El evangelio nos invita a estar atentos a los mensajes engañosos de las redes sociales, a no atontarnos con la televisión que nos enreda con sus personajes-marioneta, olvidando las historias reales de quienes nos rodean y nos necesitan.

b) Os perseguirán… pero yo os daré palabras y sabiduría y podréis dar testimonio. Hoy sigue siendo imprescindible un testimonio valiente y coherente, no es fácil, pero no podemos olvidar que recibimos la fuerza del Espíritu para darlo.

C) Hasta vuestra familia os traicionará y odiará por causa mía. ¿Por qué era importante la perseverancia? Porque el ambiente en que vivían los discípulos no facilitaba la vivencia de los valores que Jesús les había propuesto, y la tentación de tirar la toalla y volver a la vida anterior, pagana, era muy fuerte y habitual.

Lamentablemente, también hoy son frecuentes las discusiones y enfrentamientos en las familias por motivos religiosos. ¡Cuántas veces callamos o disimulamos nuestros principios por una falsa paz!

Con estas tres claves podemos revisar el año litúrgico que acaba y hacer gestos de conversión para que la Palabra se haga carne en nuestra carne

Que el mensaje de este domingo nos lleve a afrontar el presente y el futuro con la confianza de que el Espíritu está en nosotros, aunque nos veamos en medio de persecuciones y dificultades que nos parezcan insalvables.

Mª Guadalupe Labrador Encinas. fmmdp

I Vísperas – Domingo XXXIII de Tiempo Ordinario

I VÍSPERAS

DOMINGO XXXIII DE TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Como una ofrenda de la tarde,
elevamos nuestra oración;
con el alzar de nuestras manos,
levantamos el corazón.

Al declinar la luz del día,
que recibimos como don,
con las alas de la plegaria,
levantamos el corazón.

Haz que la senda de la vida
la recorramos con amor
y, a cada paso del camino,
levantemos el corazón.

Gloria a Dios Padre, que nos hizo,
gloria a Dios Hijo Salvador,
gloria al Espíritu divino:
tres Personas y un solo Dios. Amén.

SALMO 140: ORACIÓN ANTE EL PELIGRO

Ant. Suba mi oración, Señor, como incienso en tu presencia.

Señor, te estoy llamando, ve de prisa,
escucha mi voz cuando te llamo.
Suba mi oración como incienso en tu presencia,
el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde.

Coloca, Señor, una guardia en mi boca,
Un centinela a la puerta de mis labios;
no dejes inclinarse mi corazón a la maldad,
a cometer crímenes y delitos
ni que con los hombres malvados
participe en banquetes.

Que el justo me golpee, que el bueno me reprenda,
pero que el ungüento del impío no perfume mi cabeza;
yo seguiré rezando en sus desgracias.

Sus jefes cayeron despeñados,
aunque escucharon mis palabras amables;
como una piedra de molino, rota por tierra,
están esparcidos nuestros huesos a la boca de la tumba.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Suba mi oración, Señor, como incienso en tu presencia.

SALMO 141: TÚ ERES MI REFUGIO

Ant. Tú eres mi refugio y mi lote, Señor, en el país de la vida.

A voz en grito clamo al Señor,
a voz en grito suplico al Señor;
desahogo ante él mis afanes,
expongo ante él mi angustia,
mientras me va faltando el aliento.

Pero tú conoces mis senderos,
y que en el camino por donde avanzo
me han escondido una trampa.

Mira a la derecha, fíjate:
nadie me hace caso;
no tengo adónde huir,
nadie mira por mi vida.

A ti grito, Señor;
te digo: «Tú eres mi refugio
y mi lote en el país de la vida.»

Atiende a mis clamores,
que estoy agotado;
líbrame de mis perseguidores,
que son más fuertes que yo.

Sácame de la prisión,
y daré gracias a tu nombre:
me rodearán los justos
cuando me devuelvas tu favor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tú eres mi refugio y mi lote, Señor, en el país de la vida.

CÁNTICO de FILIPENSES: CRISTO, SIERVO DE DIOS, EN SU MISTERIO PASCUAL

Ant. El Señor Jesús se rebajó, y por eso Dios lo levantó por los siglos de los siglos.

Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajo hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor Jesús se rebajó, y por eso Dios lo levantó por los siglos de los siglos.

LECTURA: Rom 11, 33-36

¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y conocimiento, el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y qué irrastreables sus caminos! ¿Quién conoció la mente del Señor? ¿Quién fue su consejero? ¿Quién le ha dado primero para que Él le devuelva? Él es el origen, guía y meta del universo. A Él la gloria por los siglos. Amén.

RESPONSORIO BREVE

R/ Cuántas son tus obras, Señor.
V/ Cuántas son tus obras, Señor.

R/ Y todas las hiciste con sabiduría.
V/ Tus obras, Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Cuántas son tus obras, Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. «A los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia», dice el Señor.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. «A los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia», dice el Señor.

PRECES
Glorifiquemos a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y supliquémosle, diciendo:

Escucha a tu pueblo, Señor.

Padre todopoderoso, haz que florezca en la tierra la justicia
— y que tu pueblo se alegre en la paz.

Que todos los pueblos entren a formar parte en tu reino,
— y obtengan así la salvación.

Que los esposos cumplan tu voluntad, vivan en concordia
— y sean siempre fieles a su mutuo amor.

Recompensa, Señor, a nuestros bienhechores
— y concédeles la vida eterna.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acoge con amor a los que han muerto víctimas del odio, de la violencia o de la guerra
— y dales el descanso eterno.

Movidos por el Espíritu Santo, dirijamos al Padre la oración que nos enseñó el Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, Dios nuestro, concédenos vivir siempre alegres en tu servicio, porque en servirte a ti, creador de todo bien, consiste el gozo pleno y verdadero. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 16 de noviembre

1) Oración inicial

Dios omnipotente y misericordioso, aparta de nosotros todos los males, para que, bien dispuesto nuestro cuerpo y nuestro espíritu, podamos libremente cumplir tu voluntad. Por nuestro Señor.

 2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 18,1-8

Les propuso una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer: «Había en una ciudad un juez que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en aquella misma ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: `¡Hazme justicia contra mi adversario!’ Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: `Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que deje de una vez de importunarme.’»
Dijo, pues, el Señor: «Oíd lo que dice el juez injusto; pues, ¿no hará Dios justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche? ¿Les hará esperar? Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?»

3) Reflexión

• El evangelio de hoy nos relata otro asunto muy importante para Lucas, a saber: la oración. Es la segunda vez que Lucas nos trae palabras de Jesús para enseñar a rezar. (Lc 11,1-13). Nos ha enseñado el Padre Nuestro y, por medio de comparaciones y de parábolas, nos enseña que debemos rezar con insistencia, sin desfallecer. Ahora, esta segunda vez, recurre de nuevo a una parábola sacada de la vida para enseñar la insistencia en la oración (Lc 18,1-8). Es la parábola de la viuda que incomoda al juez sin moral. La manera de presentar la parábola es muy didáctica. Primero, Lucas da una breve introducción que sirve de llave de lectura. Luego cuenta la parábola. Al final, Jesús mismo la aplica.
• Lucas 18,1: La introducción. Lucas introduce la parábola con la siguiente frase: ” Les propuso una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer”. La recomendación a “orar Sin desfallecer” aparece muchas veces en el Nuevo Testamento (1 Tes 5,17; Rom 12,12; Ef 6,18; etc.). Este es un rasgo característico de la espiritualidad de las primeras comunidades cristianas.
• Lucas 18,2-5: La parábola. Luego Jesús presenta dos personajes de la vida real: un juez sin consideración para Dios y sin consideración para las personas, y una viuda que lucha por sus derechos ante el juez. El simple hecho que Jesús presenta estos dos personajes revela la conciencia crítica que tenía de la sociedad de su tiempo. La parábola presenta a la gente pobre luchando en el tribunal por sus derechos. El juez decide atender a la viuda y hacerle justicia. El motivo es éste: dejaré libre de la obstinación de la viuda y ésta deje de importunarle. Motivo bien interesado. ¡Pero la viuda obtuvo lo que quería! Es éste el hecho de la vida diaria del que Jesús se sirve para enseñar cómo rezar.
• Lucas 18,6-8: La aplicación. Jesús aplica la parábola: ” Oíd lo que dice el juez injusto; pues, ¿no hará Dios justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche? ¿Les hará esperar? Os digo que les hará justicia pronto”. Si no fuera Jesús, nosotros no tendríamos el valor de comparar a Dios con un Juez inmoral. Al final Jesús expresa una duda: ” Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?» Es decir, ¿vamos a tener el valor de esperar, de tener paciencia, aunque Dios se demora en atendernos?
• Jesús orante. Los primeros cristianos tenían una imagen Jesús orante, en contacto con el Padre. De hecho, la respiración de la vida de Jesús era hacer la voluntad del Padre (Jn 5,19). Jesús rezaba mucho e insistía para que la gente y sus discípulos rezaran también. Pues es en la confrontación con Dios donde aparece la verdad y la persona se encuentra consigo misma en toda su realidad y humildad. Lucas es el evangelista que más nos informa sobre la vida de oración de Jesús. Nos presenta a Jesús en constante oración. He aquí algunos de los momentos en los que Jesús aparece rezando. Tú puedes completar la lista:
– A los doce años de edad va al Templo, a la Casa del Padre (Lc 2,46-50).
– Reza cuando es bautizado y asume la misión (Lc 3,21).
– Cuando inicia la misión, pasa cuarenta días en el desierto (Lc 4,1-2).
– En la hora de la tentación, se enfrenta al diablo con textos de la Escritura (Lc 4,3-12).
– Jesús tiene costumbre de participar en las celebraciones en las sinagogas, los sábados (Lc 4,16)
– Busca la soledad del desierto para rezar ( Lc 5,16; 9,18).
– La víspera de elegir a los doce Apóstoles, pasa la noche en oración (Lc 6,12).
– Reza antes de comer (Lc 9,16; 24,30).
– Cuando explica la realidad y habla de su pasión, reza (Lc 9,18).
– En la hora de la crisis sube al Monte para rezar y es transfigurado cuando reza (Lc 9,28).
– Ante la revelación del Evangelio a los pequeños, dice: “¡Padre, yo te alabo!” (Lc 10,21)
– Rezando, despierta en los apóstoles la voluntad de rezar (Lc 11,1).
– Reza por Pedro para que no desfallezca en la fe (Lc 22,32).
– Celebra la Cena Pascual con sus discípulos (Lc 22,7-14).
– En el Jardín de los Olivares, reza, sudando sangre (Lc 22,41-42).
– En la angustia de la agonía, pide a los amigos que recen con él (Lc 22,40.46).
– En la hora de ser clavado en la cruz, pide perdón por los ladrones (Lc 23,34).
– En la hora de la muerte, dice “¡En tus manos entrego mi espíritu!” (Lc 23,46; Sal 31,6)
– Jesús muere soltando el grito del pobre (Lc 23,46).
• Esta larga lista indica lo siguiente. Para Jesús, la oración estaba íntimamente unida a la vida, a los hechos concretos, a las decisiones que debía tomar. Para poder ser fiel al proyecto del Padre, trataba de quedarse a solas con él. De escucharlo. En los momentos difíciles y decisivos de su vida, Jesús rezaba los Salmos. Al igual que todo judío piadoso, los conocía de memoria. La recita de los Salmos no mató en él la creatividad. Por el contrario, Jesús llega a componer él mismo un Salmo que nos transmite. Es el Padre Nuestro. Su vida era una permanente oración. “No busco mi voluntad, sino la voluntad de Aquel que me envió.” (Jn 5,19.30) A él se aplica lo que dice el Salmo: “¡No hago más que orar!” (Sal 109,4)

4) Para la reflexión personal

• Hay gente que dice que no sabe rezar, pero conversa con Dios todo el día. ¿Conoces a personas así? Cuenta cómo son. Hay muchas maneras que la gente usa para expresar su devoción y oración. ¿Cuáles son?
• ¿Qué nos enseñan estas dos parábolas sobre la oración? ¿Qué nos enseñan sobre la manera de ver la vida y las personas?

5) Oración final

¡Dichoso el hombre que teme a Yahvé,
que encuentra placer en todos sus mandatos!
Su estirpe arraigará con fuerza en el país,
la raza de los rectos será bendita. (Sal 112,1-2)

¡Hasta el final con el Señor!

Llegamos, con el próximo domingo en que contemplaremos a Jesús como Rey, es Cristo Rey, con todo lo que ello significa, está el fondo y el sustrato de nuestra fe. Luego, profesarla, vivirla y testimoniarla será consecuencia de nuestro encuentro personal con Él.

1.- Con San Pablo podemos concluir que, mientras no sucede la llegada de Cristo, nos toca dar testimonio y trabajar para que el Señor, y su mensaje, sean conocidos. Hagamos todo lo posible, como compromiso con el Año de la FE, para que el evangelio sea más extendido en todos los rincones de nuestro mundo

2.- Como desde hace siglos, se sigue hablando si estamos en una etapa final de la historia, del hombre y del mundo mismo. ¿Qué hacer? ¿Cómo reaccionar? ¿Hacia dónde caminar? Las pistas nos las ofrece el evangelio de este día: “No hagáis caso”.

Estamos en la hora del testimonio. Nos toca, hoy más que nunca, separar la paja del trigo, la auténtica fe de la religión a la carta. ¿Qué conlleva todo ello? Incomprensión, persecuciones o incluso el intento sistemático de reducir lo religioso al ámbito privado. ¿Vale la pena creer y esforzarse por el Reino de Dios? ¿Vendrá el Señor a nuestro encuentro? ¿Seremos capaces de aguantar o de soportar las arremetidas que, constantemente, brotan desde la visceralidad de algunas ideologías dominantes? ¡Claro que sí! Recordemos aquello de aquella gota de agua, que por su persistencia, fue capaz de romper con el paso de los años la firmeza de una roca.

3.- Que el Señor nos acompañe en nuestro deseo de transformar el mundo y, de prepararlo también, para que cuando El vuelva encuentre gente amándole, siguiéndole y dando la cara por su Evangelio. ¿Lo intentamos?

Frente a una realidad, el hombre y el mundo acabarán, se nos recuerda algo que nos llena de esperanza: Dios ofrece su salvación.

Que el Señor, a punto de culminar este Año de la Fe, nos ayude a dar más consistencia a nuestras convicciones religiosas y, desde ahí, ser antorcha viva en un mundo que dice tener todas luces encendidas cuando, en verdad, son pólvora de un día.

4.- ¡HASTA QUE VUELVAS, SEÑOR!

¿Dónde está mi futuro personal?
Con mi FE, Señor, que esté en Ti
¿En dónde alcanzar la felicidad eterna?
Por mi FE, Señor, que la alcance en Ti
¿Dónde buscar rincones y estancias indestructibles?
¡Sólo Tú, Señor, tienes Palabras de vida eterna!
¡Sólo Tú, Señor, eres inmortal!
Danos la gracia, Señor, de perseverar
para hacer de nuestro mundo un racimo de amistad
Danos la audacia, Señor, de ser valientes
y que la tierra conozca tu poder y tu salvación
Para que, en este Año de la Fe,
lejos de ceder ante el camino fácil
emprendamos rutas, evangélicas y divinas,
para ofrecerte como manjar que nunca perece.
Danos la esperanza, Señor, que no defrauda
y podamos sembrar semillas de tu reino
allá donde, la violencia de un mundo inmisericorde
labra desasosiego, desconsuelo y falta de horizontes
Danos el entusiasmo, Señor, sin decaer en el camino
para llevar con alegría tu verdad y tú presencia
tu rostro y tu Palabra, tu amor y tus promesas

¡HASTA QUE VUELVAS, SEÑOR!
Haz que seamos decididos y vigilantes
Aventureros y heraldos de tus valores
Auténticos y comprometidos con tu causa.
Hasta que vuelvas, Señor
Hasta el final de todo, Señor
En este Año de la FE, Señor,
contigo, Señor
por Ti, Señor
para Ti, Señor

Javier Leoz

Comentario del 16 de noviembre

Jesús propone una parábola. Y el evangelista nos esclarece el motivo de la misma: para explicar a los discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse. Porque en la oración también puede cundir el desánimo: cuando creemos que no se nos escucha, que Dios está ocupado en otros asuntos más importantes; cuando pasa el tiempo y no obtenemos lo que pedimos; cuando nos parece que orar es inútil, porque pensamos que Dios no va a interrumpir las leyes de la naturaleza ni el curso de la historia por dar cumplimiento a nuestras peticiones particulares o que el mundo de las actuaciones humanas no es el mundo de las intervenciones divinas a pesar de nuestra fe en la Encarnación.

Si el desánimo se hace tantas veces presente en las actividades humanas que resultan arduas y se prolongan en el tiempo, mucho más cuando se trata de una actividad como la oración, insostenible sin la fe, que se mantiene a la espera de una señal o una respuesta de parte de Aquel a quien se eleva.

La parábola de Jesús que tiene como propósito combatir el desánimo que acecha siempre al orante es la siguiente: Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: «Hazme justicia frente a mi adversario»; por algún tiempo se negó, pero después se dijo: «Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esa viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara».

La situación enfrenta a un juez y a una viuda que acude a él en busca de justicia. Reclama, pues, lo que aquel puede darle en razón de su oficio, porque el juez está para impartir justicia. El juez es caracterizado negativamente como alguien que no teme a Dios ni a los hombres. Por tanto, no parece que se pueda esperar de él un acto de compasión, ni que actúe dejándose influir por el juicio o las presiones de otros. De hecho, por algún tiempo, se niega a tomar el caso entre las manos, seguramente por falta de interés. Desatiende, por tanto, los ruegos de esa viuda que no tiene más respaldo que su propia convicción y su propia insistencia. Quizá insista porque está convencida de que merece justicia.

Pues bien, finalmente aquella viuda, a base de insistir hasta el fastidio, obtiene del juez lo que se había propuesto, que interviniera en su causa. Si esa viuda se hubiese desanimado ante las primeras negativas del juez no habría podido alcanzar lo que buscaba. Pero lo logra a fuerza de perseverar en la petición, y lo logra de alguien a quien, por su actitud de desprecio o de indiferencia, era difícil arrancarle esa actuación en su favor.

Si la petición insistente de aquella viuda se revela finalmente eficaz, teniendo por destinatario a un juez poco dado a piedades y temores, ¿cómo no va a ser eficaz la petición que día y noche le dirigen a Dios sus elegidos? ¿No hará justicia Dios a sus elegidos que le gritan día y noche?, ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar.

Dios no es un juez inicuo, ni indiferente a nuestras súplicas. Dios no puede darnos largas como si no pudiera o no quisiera cumplir nuestras peticiones de justicia. Dios es Padre y es Juez justo. Pero ¿lo que solicitamos de Él es siempre un acto de justicia? ¿Y si nos da largas, no será porque de concedernos lo que pedimos nos haría más daño que beneficio? ¿No querrá mantenernos en la petición para ensanchar o elevar nuestros deseos y poder colmarnos de mayores bendiciones? Pero si se trata de hacer justicia, las palabras de Jesús nos invitan a esperar una pronta intervención de Dios.

No obstante, hay que aclarar que los tiempos de Dios no son los nuestros, y las injusticias pueden perpetuarse en el tiempo hasta la exasperación.

Pensemos en los tiempos de la persecución sufrida por los primeros cristianos en que algunos apologistas, como san Justino, tomaron la palabra para solicitar justicia de los emperadores. Pero la justicia no llegaba, porque los cristianos seguían siendo injustamente perseguidos, vejados y condenados a muerte. También Dios parecía sordo a tales gritos, que eran los gritos de sus elegidos. Llegó la paz constantiniana y aquella beligerancia cesó. Pero aquella paz tardó en llegar; además, no garantiza que no se produzcan nuevos brotes de cristofobia. Insisto, los tiempos de Dios no son los nuestros, ni las apreciaciones de Dios son las nuestras.

Pero vivir de la fe es vivir en estado de petición (u oración) y de acción de gracias (también oración). La fe sostiene la oración y la oración nutre la fe. El creyente y el orante se reclaman mutuamente. Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?, ¿encontrará en la tierra la fe de que dio muestras aquella viuda ante el juez?

He ahí la cuestión, la gran cuestión. Porque si la fe desapareciera de la tierra, ¿qué quedaría? No cabe imaginar la vida humana en sociedad sin esa fe (humana) que hace posible la convivencia, sin esa confianza elemental que permite mantener a flote las relaciones sociales, familiares, laborales. Pienso en la confianza que otorgamos a nuestros padres, al marido o a la mujer, al médico, al camarero, al conductor, al analista, al biólogo, al que nos sirve la carne o el pescado o las medicinas o la leche, etc. Pero ¿podemos imaginar una sociedad sin fe en Dios? De hecho muchos parecen vivir como si Dios no existiera. ¿Podrá, sin embargo, mantenerse mucho tiempo esta situación? ¿Matar a Dios en las conciencias humanas no traerá consecuencias inimaginables para la humanidad como las que presagia Nietzche en sus visiones pseudoproféticas? ¿No nos crecerán los monstruos y las monstruosidades?

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

184. Junto con las estrategias del falso culto a la juventud y a la apariencia, hoy se promueve una espiritualidad sin Dios, una afectividad sin comunidad y sin compromiso con los que sufren, un miedo a los pobres vistos como seres peligrosos, y una serie de ofertas que pretenden hacerles creer en un futuro paradisíaco que siempre se postergará para más adelante. No quiero proponerles eso, y con todo mi afecto quiero advertirles que no se dejen dominar por esta ideología que no los volverá más jóvenes, sino que los convertirá en esclavos. Les propongo otro camino, hecho de libertad, de entusiasmo, de creatividad, de horizontes nuevos, pero cultivando al mismo tiempo esas raíces que alimentan y sostienen.

Dios no nos olvida

1.- AVISO IMPORTANTE. – Dios avisa de cuando en cuando a sus hijos los hombres, nos recuerda que todo esto ha de terminar, nos hace caer en la cuenta de que todo pasa, de que vendrá un día en el que caerá el telón de la comedia de esta vida. Día terrible, día de la ira, día de lágrimas, día de fuego vivo.

A veces el corazón se nos encoge, nos asustamos ante el recuerdo de que este mundo puede derrumbarse estrepitosamente, al saber el potencial de armas atómicas y químicas que hay almacenado, al conocer que pueden volver los días tristes de una guerra y que nuevamente podemos vivir huyendo, temiendo que un día nos maten como a ratas.

No, Dios no quiere asustarnos. Y mucho menos trata de tenernos a raya con terribles cuentos de miedo, o con narraciones terroríficas de ciencia-ficción. Dios nos habla con lealtad y, como alguien que nos ama entrañablemente, nos avisa del riesgo que corremos si continuamos metidos en el pecado. Sí, los perversos, los empecinados en vivir de espaldas a Dios, los malvados serán la paja seca que devorará el gran incendio del día final.

No, no se trata de vivir amedrentados, de estar siempre asustados, como alguien que espera de un momento a otro el estallido pavoroso de un artefacto atómico. No, Dios nos quiere serenos, felices, optimistas, llenos de esperanza. Pero esa serenidad, esa paz tiene un precio. El precio de nuestra respuesta generosa y permanente al grande y divino amor.

Así los que aman a Dios esperarán el día final con tranquilidad, con calma, con alegría. Con los mismos sentimientos que embargan al hijo que espera la vuelta del padre, con el mismo deseo que la amada espera al amado. Para los que han luchado por amar limpiamente, el fuego final no abrasará, no aniquilará. Ese fuego será calor suave y vivificante, resplandor que ilumine hasta borrar todas las sombras, hasta vencer el miedo de la noche con el alegre fulgor de un día eterno.

2.- LAS PIEDRAS DEL TEMPLO. – Algunos ponderaban, y con razón, la belleza y suntuosidad de las construcciones del templo. Herodes quiso congraciarse con los judíos que le odiaban abierta e intensamente. Por eso no escatimó en gastos ni en tiempo. Quería demostrar lo indemostrable: que él era también un piadoso creyente en Yahveh, aun cuando no era hebreo sino idumeo. Los judíos nunca se lo creyeron aunque si reconocían la magnificencia de este hombre, el afán de asentarse en el trono sin olvidar que para ello era preciso hacer de la religión un recurso político más.

Grandes piedras de corte herodiano, propio de la época de Augusto emperador, preparadas para su colocación. Los apóstoles se quedan asombrados y así lo expresan con toda sencillez delante del Maestro. Pero sus palabras no encontraron eco en el Señor. Él sabe en qué quedará todo aquello dentro de no mucho tiempo. Sólo un montón de ruinas y un tramo de muro descarnado, donde los judíos se lamentarán por siglos. Todavía hoy se escuchan sus letanías dolientes en esos grupos de hebreos que llegan de todos los rincones del mundo, a llorar y verter allí tanto y tanto dolor como ha afligido a su pueblo a lo largo de la Historia.

El Señor entrevé la caída de Jerusalén, y también recuerda por unos momentos el fin del mundo. Esos momentos finales en los que surgirán falsos profetas y mesías, proclamando ser los portadores de la salvación eterna. Jesús nos pone en guardia a todos. No vayáis tras de ellos, nos dice. No les creáis cuando afirmen que el fin está ya cerca. Habrá guerras y revoluciones, pero todavía no ha llegado el momento. Por eso hay que permanecer serenos, no dejarse llevar por el pánico, tener la confianza puesta en Dios que no nos abandonará en esos terribles momentos.

De todos modos serán circunstancias terribles, situación que si se prolongase demasiado acabaría con todos. Pero por amor de los elegidos, dijo el Señor, aquellos días se acortarán. Por eso hay que guardar la calma y saber esperar. Es cierto que a veces la persecución puede desanimarnos. Sobre todo esa de que habla hoy el Señor, la persecución de nuestros propios seres queridos, la persecución de los nuestros, de esos que creen también en Jesús y predican como nosotros el amor y la comprensión para todos, incluso para los enemigos. Por una causa inconcebible, se volverán contra nosotros, nos mirarán con desprecio disimulado o abierto, nos excluirán, nos silenciarán, nos arrinconarán.

Hay que reaccionar con serenidad, pensar que Jesucristo ya lo había predicho antes de que ocurriera. Precisamente para que cuando ocurriese permaneciéramos tranquilos, sin responder con la misma moneda de odio y desprecio. El Señor nos defenderá, él nos protegerá y nos librará. Dios no nos olvida. Tan presente nos tiene, que ni un solo cabello de la cabeza caerá sin su beneplácito. Permanezcamos siempre fieles, convencidos que mediante la paciencia ganaremos nuestras almas.

Antonio García-Moreno

Al final de los tiempos

Nos acercamos al final del año litúrgico, pues tras la celebración el próximo domingo de Jesucristo Rey del Universo, el domingo siguiente comenzará el tiempo de Adviento y con él un nuevo año litúrgico. Y como cada año, al final del año litúrgico, las lecturas de la palabra de Dios nos hablan del final de los tiempos y nos orientan hacia el juicio final.

1. Dios viene como Rey y Juez de la historia. Éste es el anuncio que hace hoy la palabra de Dios. Nuestra fe nos dice que esperamos la vuelta de Jesucristo, nuestro salvador, que vendrá a juzgar a vivos y muertos, como confesamos en el Credo. Ese día ya está anunciado desde el Antiguo Testamento. En la primera lectura de hoy, del libro del profeta Miqueas, se anuncia: “mirad que llega el día, ardiente como un horno”. Con este lenguaje apocalíptico típico de algunos profetas se nos anuncia que el Señor ha de venir. Será un fuego devorador para todos aquellos que hayan cometido injusticia, los malvados y perversos, mientras que será sol de justicia que iluminará y dará salud para los justos que honran el nombre de Dios. Quizá nos han explicado siempre que Dios viene a castigar a unos y a juzgar a otros. Pero no es literalmente así. En realidad, aquellos que durante su vida aquí en la tierra han procurado el bien y la justicia, han practicado la misericordia, han hecho el bien a los demás y han honrado a Dios, en definitiva los que han cumplido los mandamientos de amar a Dios y al prójimo, vivirán junto a Dios en la eternidad, serán iluminados por la luz eterna de Dios que ha buscado con su vida aquí en la tierra. Mientras que aquellos que han despreciado a Dios despreciando también a los hombres, han sido injustos y han olvidado el amor rechazando a Dios y al prójimo, vivirán también por toda la eternidad alejados de ese Dios al que ellos mismos han decidido rechazar en su vida.

2. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas. Pero ¿cuándo va a ser ese final de los tiempos que nos anuncia la palabra de Dios? Ésta es la pregunta que le hacen los discípulos a Jesús. Querían saber cuándo y cuál iba a ser la señal, para prepararse antes de que llegase. Los tesalonicenses, a los que les escribe san Pablo la carta que hemos escuchado en la segunda lectura, creían que la segunda venida del Señor iba a ser inmediata, por eso algunos de ellos se habían echado a la buena vida, sin trabajar, creyendo que ya estaba todo hecho. Pero san Pablo les recomienda que se pongan a trabajar, pues la venida de Jesucristo no será inmediata. El mismo Jesús, ante las preguntas de sus discípulos, les responde afirmando que antes de que suceda esto acontecerán otras cosas terribles: guerras, terremotos, epidemias, hambre, e incluso perseguirán y encarcelarán a los que sigan el nombre de Cristo. Con ello, Jesús nos advierte que el final de los tiempos no será inmediato. Por tanto, no cabe vivir con angustia, pensando en lo que sucederá al final de los tiempos. Hasta entonces tendremos tiempo para dar testimonio de nuestra fe y que así otros muchos puedan escuchar el mensaje de salvación que nos trae Jesús. Con nuestra perseverancia ante las dificultades, manteniéndonos firmes en la fe, salvaremos nuestras almas. Esta perseverancia en la fe es la vida cristiana, vivir la intimidad con el Señor, a pesar de las dificultades, vivir el mandamiento del amor, vivir el espíritu de las bienaventuranzas en nuestro día a día.

3. Jornada mundial de los pobres. Por todo ello, encuentra aquí un lugar más que apropiado la jornada mundial de los pobres, que el papa Francisco instauró recientemente en la Iglesia. El amor a todos, que es parte del mandamiento principal junto con el amor a Dios, se concreta también en el amor a los más necesitados. Esta jornada lleva por lema este año “La esperanza de los pobres nunca se frustrará”. En su mensaje, el papa Francisco nos llama a ser nosotros portadores de esta esperanza y de consuelo para aquellos que no tienen nada y que por ello dependen de los demás. EL final de los tiempos, cuando venga de nuevo Cristo como Juez, seremos juzgados por el amor que hemos vivido aquí en la tierra, hacia Dios y hacia el prójimo. Para nosotros, el prójimo es especialmente el más necesitado de nuestra ayuda. No podemos vivir verdaderamente como cristianos sin preocuparnos y sin ocuparnos de los pobres. Ellos nos necesitan.

La Eucaristía es un anticipo de la gloria eterna a la que estamos llamados. Vivir cada domingo la Eucaristía es encontrarnos con el Señor que nos espera en el cielo. Pero participar de la Eucaristía es también una llamada a salir de nosotros mismos y entregarnos a quienes más nos necesites, como hizo el mismo Cristo con nosotros. Vivamos con esperanza esta Eucaristía, ansiando la gloria que está por llegar, y haciendo partícipes de esta misma esperanza a todos los que la necesiten, especialmente los más pobres.

Francisco Javier Colomina Campos

Mensaje de esperanza

1.– Personas esperanzadas y esperanzadoras. La palabra de Dios nos habla del final de los tiempos con una literatura apocalíptica, que no hay que entender al pie de la letra. Tanto el evangelio como la primera lectura del profeta Malaquías nos hablan de catástrofe, enfrentamientos, divisiones, guerra y destrucción. Sin embargo, lo importante es el mensaje final en ambas lecturas: “iluminará un sol de justicia que lleva la salud en las alas”, “ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas”. Es un mensaje de esperanza, el juicio será para la salvación, no para la condenación. Ya está demasiado lleno el mundo de agoreros, el cristiano tiene que ser portador de esperanza y perseverar confiando, siempre en el Señor. Y mientras tanto, no quedarse con los brazos cruzados, esperando el fin del mundo como les ocurría a los fieles de la iglesia de Tesalónica. Pablo les insta a trabajar para ganarse el pan de cada día. Es así como Dios nos quiere, como personas esperanzadas y esperanzadoras, consciente de su misión de transformar este mundo hasta convertirlo en el auténtico Reino de Dios.

2.– “En espíritu y en verdad”. Para los judíos del tiempo de Jesús el Templo de Jerusalén representaba la seguridad. Con tal de cumplir las leyes y acudir al Templo se “justificaban” ante Dios. Era para ellos el fundamento de su práctica religiosa. Jesús se atreve a decir que no quedará de él piedra sobre piedra. Cuando Lucas escribe su evangelio ya se ha producido la destrucción del Templo de Jerusalén. Fue el emperador Tito quien ordenó que fuera arrasado en el año 70. Por tanto, lo que se narra como algo apocalíptico, como algo que va a suceder, en realidad ya se ha producido. Pero lo importante es la enseñanza que quiere dar el evangelista. El Templo no es lo importante, tampoco el mero cumplimiento de la ley, pues Jesús predicó que no es Jerusalén ni en Garizín donde debemos dar culto a Dios, sino “en espíritu y en verdad”. En nuestra religión cristiana también nos hemos montado “otros templos”, otras normas que nos “aseguran la salvación”. Es más fácil pedir que te digan qué es lo que tienes que cumplir y asegurar así la salvación, que identificarse con Cristo, dejar que Él te transforme y estar dispuesto a seguirle con todas las consecuencias. Lo primero no cuestiona tu vida, lo segundo transforma tu vida y te convierte en hombre nuevo. La fe es una aventura arriesgada y emocionante, no es un cumplimiento cómodo y seguro de normas sin implicación de tu persona.

3- ¿Cuál es la clave de tu vida cristiana? En clave “religiosa” se llega a la religión por tradición o herencia; en clave de “fe”, se llega por decisión personal y libre. La religión puede convertirse en una forma de pensar que acomodo a mi vida, o bien es una forma de vivir que me compromete. En clave religiosa la referencia soy yo y mis necesidades; en clave de fe la referencia es Jesús y estoy dispuesto a hacer su voluntad. Las verdades pueden convertirse en simples doctrinas que hay que saber, sin embargo para el seguidor de Jesús la única verdad es Jesús y la escucha de su Palabra. Puedo ser un cristiano que considera el culto como un conjunto de ritos a los que hay que asistir, o por el contrario para mí el culto es la celebración gozosa de la experiencia de Jesús en mi vida. Puedo considerar la Ley como un conjunto de normas que hay que cumplir, o darme cuenta de que la auténtica Ley del cristiano es vivir en el amor. La Iglesia puede ser para mí una institución jurídica, o más bien una comunidad de hermanos. ¿Es para ti la fe un seguro de vida, o es un regalo, un don gratuito de Dios que celebras con entusiasmo? Pregúntate: ¿en qué clave se sitúa tu vida cristiana, en la “religiosa”, o en la de la “fe”?

José María Martín, OSA

Tiempos de crisis

En los evangelios se recogen algunos textos de carácter apocalíptico en los que no es fácil diferenciar el mensaje que puede ser atribuido a Jesús y las preocupaciones de las primeras comunidades cristianas, envueltas en situaciones trágicas mientras esperan con angustia y en medio de persecuciones el final de los tiempos.

Según el relato de Lucas, los tiempos difíciles no han de ser tiempos de lamentos y desaliento. No es tampoco la hora de la resignación o la huida. La idea de Jesús es otra. Precisamente en tiempos de crisis «tendréis ocasión de dar testimonio». Es entonces cuando se nos ofrece la mejor ocasión de dar testimonio de nuestra adhesión a Jesús y a su proyecto.

Llevamos ya mucho tiempo sufriendo una crisis que está golpeando duramente a muchos. Lo sucedido en este tiempo nos permite conocer ya con realismo el daño social y el sufrimiento que está generando. ¿No ha llegado el momento de plantearnos cómo estamos reaccionando?

Tal vez, lo primero es revisar nuestra actitud de fondo: ¿Nos hemos posicionado de manera responsable, despertando en nosotros un sentido básico de solidaridad, o estamos viviendo de espaldas a todo lo que puede turbar nuestra tranquilidad? ¿Qué hacemos desde nuestros grupos y comunidades cristianas? ¿Nos hemos marcado una línea de actuación generosa, o vivimos celebrando nuestra fe al margen de lo que está sucediendo?

La crisis está abriendo una fractura social injusta entre quienes podemos vivir sin miedo al futuro y aquellos que están quedando excluidos de la sociedad y privados de una salida digna. ¿No sentimos la llamada a introducir «recortes» en nuestra vida para poder vivir los próximos años de manera más sobria y solidaria?

Poco a poco, vamos conociendo más de cerca a quienes se van quedando más indefensos y sin recursos (familias sin ingreso alguno, parados de larga duración, inmigrantes enfermos…). ¿Nos preocupamos de abrir los ojos para ver si podemos comprometernos en aliviar la situación de algunos? ¿Podemos pensar en alguna iniciativa realista desde las comunidades cristianas?

No hemos de olvidar que la crisis no solo crea empobrecimiento material. Genera, además, inseguridad, miedo, impotencia y experiencia de fracaso. Rompe proyectos, hunde familias, destruye la esperanza. ¿No hemos de recuperar la importancia de la ayuda entre familiares, el apoyo entre vecinos, la acogida y el acompañamiento desde la comunidad cristiana…? Pocas cosas pueden ser más nobles en estos momentos que el aprender a cuidarnos mutuamente.

José Antonio Pagola