Vísperas – Martes XXXIII de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

MARTES XXXIII TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Libra mis ojos de la muerte;
dales la luz que es su destino.
Yo, como el ciego del camino,
pido un milagro para verte.

Haz de esta piedra de mis manos
una herramienta constructiva;
cura su fiebre posesiva
y ábrela al bien de mis hermanos.

Que yo comprenda, Señor mío,
al que se queja y retrocede;
que el corazón no se me quede
desentendidamente frío.

Guarda mi fe del enemigo
(¡tantos me dicen que estás muerto!…).
Tú que conoces el desierto,
dame tu mano y ven conmigo. Amén.

SALMO 19: ORACIÓN POR LA VICTORIA DEL REY

Ant. El Señor da la victoria a su Ungido

Que te escuche el Señor el día del peligro,
que te sostenga el nombre del Dios de Jacob;
que te envíe auxilio desde el santuario,
que te apoye desde el monte Sión.

Que se acuerde de todas tus ofrendas,
que le agraden tus sacrificios;
que cumpla el deseo de tu corazón,
que dé éxito a todos tus planes.

Que podamos celebrar tu victoria
y en el nombre de nuestro Dios alzar estandartes;
que el Señor te conceda todo lo que pides.

Ahora reconozco que el Señor
da la victoria a su Ungido,
que lo ha escuchado desde su santo cielo,
con los prodigios de su mano victoriosa.

Unos confían en sus carros,
otros en su caballería;
nosotros invocamos el nombre
del Señor, Dios nuestro.

Ellos cayeron derribados,
nosotros nos mantenemos en pie.

Señor, da la victoria al rey
y escúchanos cuando te invocamos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor da la victoria a su Ungido.

SALMO 20: ACCIÓN DE GRACIAS POR LA VICTORIA DEL REY

Ant. Al son de instrumentos cantaremos tu poder.

Señor, el rey se alegra por tu fuerza,
¡y cuanto goza con tu victoria!
Le has concedido el deseo de su corazón,
no le has negado lo que pedían sus labios.

Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,
y has puesto en su cabeza una corona de oro fino.
Te pidió vida, y se la has concedido,
años que se prolongan sin término.

Tu victoria ha engrandecido su fama,
lo has vestido de honor y majestad.
Le concedes bendiciones incesantes,
lo colmas de gozo en tu presencia;
porque el rey confía en el Señor,
y con la gracia del Altísimo no fracasará.

Levántate, Señor, con tu fuerza,
y al son de instrumentos cantaremos tu poder.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Al son de instrumentos cantaremos tu poder.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE LOS REDIMIDOS

Ant. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios.

LECTURA: 1Jn 3, 1a.2

Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! Queridos, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

RESPONSORIO BREVE

R/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.
V/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

R/ Tu fidelidad de generación en generación.
V/ Más estable que el cielo.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Tu palabra, Señor, es eterna, más estable que el cielo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador.

PRECES

Alabemos a Cristo, que mora en medio de nosotros, el pueblo adquirido por él y supliquémosle, diciendo:

Por el honor de tu nombre, escúchanos, Señor.

Dueño y Señor de los pueblos, acude en ayuda de todas las naciones y de los que las gobiernan:
— que todos los hombres sean fieles a tu voluntad y trabajen por el bien y la paz.

Tú que hiciste cautiva nuestra cautividad,
— devuelve la libertad de los hijos de Dios a todos aquellos hermanos nuestros que sufren esclavitud en el cuerpo o en el espíritu.

Concede, Señor, a los jóvenes la realización de sus esperanzas
— y que sepan responder a tus llamadas en el transcurso de su vida.

Que los niños imiten tu ejemplo
— y crezcan siempre en sabiduría y en gracia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Acoge a los difuntos en tu reino,
— donde también nosotros esperamos reinar un día contigo.

Con el gozo de sabernos hijos de Dios, acudamos a nuestro Padre:
Padre nuestro…

ORACION

Te damos gracias, Señor, Dios todopoderoso, porque has permitido que llegáramos a esta noche; te pedimos quieras aceptar con agrado el alzar de nuestras manos como ofrenda de la tarde. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 19 de noviembre

1) Oración inicial

Señor, Dios nuestro, concédenos vivir siempre alegres en tu servicio, porque en servirte a ti, creador de todo bien, consiste el gozo pleno y verdadero. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 19,1-10

Entró en Jericó y cruzaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí. Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: «Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa.» Se apresuró a bajar y le recibió con alegría. Al verlo, todos murmuraban diciendo: «Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador.» Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: «Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más.» Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.»

3) Reflexión

• En el evangelio de hoy, estamos llegando al final de la larga caminada que empezó en el capítulo 9 (Lc 9,51). Durante esa caminada, no se sabía bien por dónde Jesús iba. Lo único que se sabía era que iba hacia Jerusalén. Ahora, al final, la geografía queda clara y definida. Jesús lleva a Jericó, a la ciudad de las palmeras, en el valle del Jordán. Última parada de los peregrinos, antes de subir para Jerusalén. Allí en Jericó terminó la larga caminada del éxodo 40 años por el desierto. También el éxodo de Jesús está terminando. Al entrar a Jericó, Jesús encuentra a un ciego que quería verle (Lc 18,35-43). Ahora, al salir de la ciudad, encuentra a Zaqueo, un publicano, que también quiere verle. Un ciego y un publicano. Los dos eran excluidos. Los dos molestaban a la gente: el ciego con sus gritos, el publicano con sus impuestos. Los dos son acogidos por Jesús, cada cual a su manera.
• Lucas 19,1-2: La situación. Jesús entra en Jericó y atraviesa la ciudad. “Había un hombre llamado Zaqueo, muy rico, jefe de los publicanos”. Publicano era la persona que cobraba el impuesto público sobre la circulación de la mercancía. Zaqueo era el jefe de los publicanos de la ciudad. Sujeto rico y muy ligado al sistema de dominación de los romanos. Los judíos más religiosos argumentaban así: “El rey de nuestro pueblo es Dios. Por esto, la dominación romana sobre nosotros es contra Dios. ¡Quien colabora con los romanos peca contra Dios!” Así, los soldados que servían en el ejército romano y los cobradores de impuestos, como Zaqueo, eran excluidos y considerados como pecadores e impuros.
• Lucas 19,3-4: La actitud de Zaqueo. Zaqueo quiere ver a Jesús. Siendo pequeño, corre hacia delante, sube a un árbol, y espera para ver a Jesús que pasa. ¡Tiene enormes ganas de ver a Jesús! Anteriormente, en la parábola del pobre Lázaro y del hombre rico, sin nombre, (Lc 16,19-31), Jesús mostraba lo difícil que es para que un rico se convierta y abra la puerta de separación para acoger al pobre Lázaro. Aquí aparece el caso de un rico que no encierra en si riqueza. Zaqueo quiere algo más. Cuando un adulto, persona de peso en la ciudad, sube a un árbol es porque no está de acuerdo con la opinión de los demás. Algo más importante lo mueve por dentro. Está queriendo abrir la puerta al pobre Lázaro.
• Lucas 19,5-7: La actitud de Jesús, reacción del pueblo y de Zaqueo. Al llegar cerca y viendo a Zaqueo sobre un árbol, Jesús no pregunta ni exige nada. Apenas responde al deseo del hombre y dice: “Zaqueo, ¡baja pronto! Porque conviene que hoy me quede yo en tu casa.” Zaqueo baja y recibe a Jesús en su casa, con mucha alegría. Todos murmuraban: “¡Ha ido a hospedarse en casa de un hombre pecador!” ¡Lucas dice que todos murmuraban! Esto significa que Jesús estaba quedándose solo en su actitud de acoger a los excluidos, sobre todo a los colaboradores del sistema. Pero a Jesús no le importan las críticas. Va a casa de Zaqueo y lo defiende contra las críticas. En vez de pecador, le llama “hijo de Abrahán” (Lc 19,9).
• Lucas 19,8: Decisión de Zaqueo. “Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más.” Esta es la conversión en Zaqueo por la acogida de parte de Jesús. Devolver cuatro veces lo que la ley mandaba en algunos casos (Ex 21,37; 22,3). Dar la mitad de los bienes a los pobres era una novedad que producía el contacto con Jesús. Era el compartir que tenía lugar de hecho.
• Lucas 19,9-10: Palabra final de Jesús. “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán” La interpretación de la Ley por a Tradición antigua excluía a los publicanos de la raza de Abrahán. Jesús dice que vino a buscar y a salvar a lo que estaba perdido. El Reino es para todos. Nadie podía ser excluido. La opción de Jesús es clara, su llamada también: no es posible ser amigo de Jesús y seguir apoyando el sistema que margina y excluye a tanta gente. Al denunciar las divisiones injustas, Jesús abre el espacio para una nueva convivencia, regida por los nuevos valores de verdad, justicia y amor.
• Hijo de Abrahán: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán!” A través de la descendencia de Abrahán, todas las naciones de la tierra serán bendecida (Gén 12,3; 22,18). Para las comunidades de Lucas, formadas por los cristianos de origen judaica como de origen pagana, la afirmación de Jesús llamando a Zaqueo “hijo de Abrahán” era muy importante. En ella encontraban la confirmación de que, en Jesús, Dios estaba cumpliendo las promesas hechas a Abrahán, dirigidas a todas las naciones, tanto a los judíos como a los gentiles. Estos son también hijos de Abrahán y herederos de las promesas. Jesús acoge a los que no eran acogidos. Ofrece un sitio a los que no lo tienen. Recibe como hermano y hermana a las personas que la religión y el gobierno excluían y etiquetaban como:
– inmorales: prostitutas y pecadores (Mt 21,31-32; Mc 2,15; Lc 7,37-50; Jo 8,2-11),
– herejes: paganos y samaritanos (Lc 7,2-10; 17,16; Mc 7,24-30; Jn 4,7-42),
– impuras: leprosos e poseídos (Mt 8,2-4; Lc 17,12-14; Mc 1,25-26),
– marginados: mujeres, niños y enfermos (Mc 1,32; Mt 8,16;19,13-15; Lc 8,2-3),
– luchadores: publicanos y soldados (Lc 18,9-14;19,1-10);
– pobres: la gente de la tierra y los pobres sin poder (Mt 5,3; Lc 6,20; Mt 11,25-26).

4) Para la reflexión personal

• Nuestra comunidad, ¿cómo acoge a las personas despreciadas y marginadas? ¿Somos capaces de percibir los problemas de las personas y de prestarles atención, como lo hizo Jesús?
• ¿Cómo percibimos que la salvación entra hoy en nuestra casa y en nuestra comunidad? La ternura acogedora de Jesús produce un cambio total en la vida de Zaqueo. La ternura acogedora de nuestra comunidad ¿está provocando algún cambio en el barrio? ¿Cuál?

5) Oración final

Te busco de todo corazón,
no me desvíes de tus mandatos.
En el corazón guardo tu promesa,
para no pecar contra ti. (Sal 119,10-11)

La Vida de Jesús – Fco. Fernández-Carvajal

4.- NATIVIDAD DE JUAN

Lc 1, 57-80

Estos días de la Virgen en casa de Zacarías fueron de gran gozo para todos. María daba un nuevo sentido a los pequeños sucesos cotidianos. Esta alegría contagiosa, de la que participaron vecinos y parientes, culminó con el nacimiento del niño. Y a los ocho días llegó el momento de la circuncisión, y con ella la imposición del nombre. Los parientes hicieron diversas propuestas, pero Isabel señaló que se llamaría Juan, aunque nadie en la familia se nombrara así. La decisión de Isabel fue ratificada por el padre, que era a quien realmente le correspondía este derecho. Zacarías escribió con seguridad y con gesto solemne: Juan es su nombre. Así se cumplía lo que Dios había mandado por medio del ángel. Zacarías recobró enseguida la palabra, que empleó para alabar y dar gracias a Dios.

Los presentes comprendieron que estaban delante de algo sobrenatural, aunque no tuvieran un conocimiento completo de lo que estaba sucediendo. Y al asombro siguió un temor religioso. Y se comentaban estos acontecimientos por toda la montaña de Judea; y cuantos los oían los grababan en su corazón, diciendo: ¿Quién pensáis ha de ser este niño? Porque la mano del Señor estaba con él. Estas palabras insinúan que Juan, desde pequeño, fue objeto de una providencia especial y que desde su nacimiento apareció como alguien predestinado a una gran misión, pues iba a estar relacionado estrechamente con el Mesías prometido. Sería su heraldo y precursor, manifestando la misericordia divina.

Zacarías, inundado por el Espíritu Santo, después de dar gracias a Dios y movido por Él, declaró que el Mesías anunciado por los profetas ya estaba cercano. Su canto era un resumen de sus más hondos sentimientos, de todo aquello que comprendió mejor con la presencia de María en su casa. El anciano sacerdote aportaría su conocimiento de la Sagrada Escritura, y María, la ciencia y la sabiduría de su cercanía e intimidad con Dios, que daban sentido a esas Escrituras.

Las palabras de Zacarías fueron como una respuesta a las preguntas que le hacían sobre el niño. El santo sacerdote se dirigió a su hijo pequeño con estas palabras: Y tú, niño, serás llamado Profeta del Altísimo; porque irás delante del Señor para preparar sus caminos.

Desde el seno de su madre, Juan fue inundado del Espíritu Santo para preparar la manifestación de Jesús a su pueblo. Y, mientras llegaba este momento, iba creciendo y se fortalecía en el espíritu, y habitaba en el desierto.

Comentario del 19 de noviembre

El evangelio nos presenta a Jesús en Jericó, ciudad de Judea próxima al Mar Muerto, cuyas ruinas se pueden visitar todavía hoy. Mientras atravesaba la ciudad en medio de una multitud de gente que se agolpaba a su alrededor, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente que le rodeaba se lo impedía, pues era bajo de estatura.

La escena nos permite suponer que Jesús había adquirido un alto grado de notoriedad. Su fama se había extendido realmente por toda la región de Judea. A Zaqueo también le habían llegado noticias de él: de las acciones milagrosas que salían de sus manos y que tanto asombro provocaban, de la autoridad magisterial con que hablaba, de su aureola de profeta, etc. Por eso, como tantos otros habitantes del lugar, deseaba conocerlo e intentaba distinguirlo en medio del gentío.

Pero no lo conseguía. Entonces ideó subirse a un lugar elevado. Corrió hacia delante y se encaramó en lo alto de un sicómoro o higuera propia del lugar, porque Jesús tenía que pasar por allí. Cuando el Maestro llegó a la altura de la higuera, alzó los ojos, vio a Zaqueo y, dirigiéndose a él como si le conociera, le habló por su nombre y le hizo una propuesta que alegró a Zaqueo, pero que provocó la crítica de todos sus paisanos: Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en su casa. Jesús escoge como lugar de alojamiento la casa de un publicano. Esto genera una cadena de murmuraciones entre los oyentes que decían: Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.

En semejante murmuración se esconde una mentalidad farisaica. Hospedarse en casa de un pecador era como ingresar en casa de un pagano, algo que no se podía hacer sin contraer impureza. Por eso escandaliza tanto la iniciativa de Jesús de ir a alojarse en casa de Zaqueo. Sólo las casas de los paganos eran más indignas que la de este publicano. Pero Jesús hace caso omiso de las críticas y lleva a cabo sus propósitos, que no eran otros que los de salvar lo que estaba perdido. Sin embargo, para los fariseos y los copartícipes de la misma mentalidad lo perdido para la causa religiosa –así eran catalogados los publicanos- no era salvable.

Pero quienes resultan más difíciles de salvar por el Salvador del mundo eran precisamente los que se creían menos necesitados de esa salvación, esto es, los fariseos. A Zaqueo, sin embargo, el hecho de que Jesús escogiera su casa como lugar de alojamiento le llenó de alegría. Su propósito inicial era sólo distinguirle de entre la multitud, tener un conocimiento meramente visual del afamado Maestro y Sanador. Pero ahora se le ofrecía la oportunidad de mantener una larga conversación con él y de acogerle en su casa. Se sentía realmente honrado de tener por huésped en su propia casa al Maestro taumaturgo y al ilustre predicador de Nazaret. Y así lo recibe, con gratitud, como sintiéndose acogido por aquel a quien acoge.

Al parecer, el primer movimiento lo hace Zaqueo que, informado de la llegada de Jesús a su ciudad, sale no tanto a recibirlo, cuanto a conocerlo, quizá impulsado por la simple curiosidad que había despertado su fama. En realidad, es Jesús quien le sale al encuentro. Es Jesús quien llega a Jericó. Es él quien le busca con la mirada y le llama por su nombre. Es él quien concierta la entrevista y se autoinvita en su propia casa, la casa de un pecador. Zaqueo no hubiera imaginado nunca aquella situación.

Obviando los destalles del encuentro, el evangelista nos presenta el desenlace de la narración. Zaqueo, puesto en pie, es decir, solemnizando el momento, hace una declaración de intenciones: Mira –le dice a Jesús-, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.

No es extraño que la tradición haya interpretado este encuentro como un acontecimiento penitencial en el que tiene lugar el arrepentimiento y la salvación consiguiente. Las palabras de Zaqueo son reveladoras de un cambio de actitud que pasa por el arrepentimiento y el deseo de reparar lo dañado o de resarcir lo injustamente substraído. Constituyen en la intención un verdadero acto de satisfacción.

El pecado de Zaqueo tiene que ver evidentemente con el dinero. Está dispuesto a desprenderse de la mitad de sus bienes para gratificar a los pobres. Y respecto de aquellos de quienes se ha aprovechado indebidamente, está dispuesto a restituirles lo substraído con una cantidad no doblada, sino cuadriplicada. No es que se quede en la miseria, porque aún podrá disfrutar de bienes, pero son muchos los bienes de los que se desprende. Con razón sentencia Jesús: Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de AbrahánPorque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.

Zaqueo, el publicano, vivía perdido en medio de sus riquezas, bajo su servidumbre y envuelto en la opacidad de los injustos procedimientos empleados en su adquisición. La entrada de la salvación en su casa significaba el ingreso de una fuerza liberadora que le arrancaba de esta servidumbre, que le permitía liberarse de los bienes injustamente adquiridos y de los bienes innecesarios para él, pero muy necesarios para la supervivencia de los pobres. Y porque Zaqueo era también hijo de Abrahán no se le podía excluir de la salvación como hacían los fariseos. También era salvable. Y el que había venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido, había encontrado a uno de esos elementos perdidos o retenidos en las mazmorras de la avaricia, o de la lujuria, o de la soberbia, o de la codicia, o de la gula o del pecado que sea, y lo había salvado o liberado permitiéndose reencontrar su verdadera libertad.

Bastó la presencia misericordiosa de Jesús, acompañada de su palabra absolutoria, para provocar de inmediato la reacción igualmente misericordiosa y clemente del publicano Zaqueo. La acción de Jesús provoca una reacción equivalente en Zaqueo: el perdón de Dios llama al perdón de los hermanos; la misericordia de Dios despierta en el corazón del hombre verdaderos deseos de practicar la misericordia para con sus semejantes. Y esta misericordia efectivamente realizada tendrá su correspondencia en el día del juicio. Pues el que practicó la misericordia tendrá un juicio misericordioso: con la medida con que vosotros midiereis seréis medidos.

Quedémonos, pues, con esta lección: Cristo ha venido a salvar lo que estaba perdido y no hay nada perdido que no sea salvable. Basta dejarse tocar por la gracia liberadora de Dios para experimentar la salvación y la libertad que le viene asociada y que despierta necesariamente la necesidad de satisfacer o de hacer lo necesario para restituir lo injustamente adquirido o reparar los daños causados.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

Tu relación con los ancianos

187. En el Sínodo se expresó que «los jóvenes están proyectados hacia el futuro y afrontan la vida con energía y dinamismo. Sin embargo […] a veces suelen prestar poca atención a la memoria del pasado del que provienen, en particular a los numerosos dones que les han transmitido sus padres y abuelos, al bagaje cultural de la sociedad en la que viven. Ayudar a los jóvenes a descubrir la riqueza viva del pasado, haciendo memoria y sirviéndose de este para las propias decisiones y posibilidades, es un verdadero acto de amor hacia ellos, en vista de su crecimiento y de las decisiones que deberán tomar»[102].


[102] DF 35.

Recursos – Ofertorio Domingo XXXIV de Tiempo Ordinario

PRESENTACIÓN DE LA PLANTA DE LA COMUNIDAD

(Hace la ofrenda una persona cualquiera de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: En el inicio del curso pastoral, te presentamos, Señor y Padre nuestro, una hermosa PLANTA, como signo de la SEMILLA que Tú mismo habías sembrado en cada uno de nosotros y de nosotras y que, por nuestra parte, nos comprometíamos a cuidarla también durante este año pastoral. Hoy, al terminar esta primera etapa y prepararnos a iniciar el nuevo Año Litúrgico, te volvemos a presentar la misma PLANTA: la hemos cuidado y la seguiremos cuidando, siguiendo los pasos del mismo Jesús. Ayúdanos, Padre bueno, para que cumplamos nuestro compromiso.

PRESENTACIÓN DE UNA REVISTA DEL CORAZÓN

(Hace la ofrenda una de las mujeres de la comunidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Yo te traigo, por mi parte, Señor y Padre nuestro, esta revista de las llamadas del corazón, que enseña sólo el lado feliz de la vida, el de las risas, las satisfacciones, el triunfo y la fama. Pero no es oro, sino oropel de todo lo que habla. Es superficialidad y trivial. Al ofrecértela hoy, yo quisiera reconocerte como el único Señor de mi vida, aceptando vivir en el SERVICIO, como tu mismo Hijo, que nos invita a gastarnos en el servicio generoso en favor de los y las demás.

PRESENTACIÓN DE UN GLOBO TERRÁQUEO

(Esta ofrenda la puede hacer algún miembro de la comunidad que se dedique a la evangelización en sus diversas expresiones)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, yo te traigo hoy este globo terráqueo. Es el símbolo de nuestro mundo dividido en mil países, pueblos, culturas y lenguas. Sin embargo, nosotros y nosotras reconocemos tu único señorío, que aúna los intereses y los deseos de las personas. Te ofrecemos, así, la unidad de la humanidad, por la que nos comprometemos todos y todas a luchar.

PRESENTACIÓN DE UN DICCIONARIO

(Esta ofrenda la puede hacer algún miembro de la comunidad que tenga una profesión o dedicación de índole intelectual)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Yo te traigo, Señor, este diccionario. Es el símbolo de la sabiduría en el mundo occidental y es un instrumento habitual de mi trabajo. Sin embargo, tu pueblo y Tú mismo nos decís que la sabiduría es como el sabor de la vida, el buscar por debajo de sus apariencias tu presencia oculta y amorosa. A mí, Señor, y en nombre de toda la comunidad, me gustaría participar de esta sabiduría para saber vivir con sentido y profundidad, haciéndote SIEMPRE un hueco significativo en nuestro caminar de cada día.

PRESENTACIÓN DE UNA CESTA DE FRUTOS

(Debiera ser una cesta exuberante de todo tipo de frutas exquisitas. También, podría ser de las frutas que en este momento produce la naturaleza, como las castañas. La ofrenda la puede hacer cualquier miembro adulto de la comunidad. Al finalizar la celebración, podría ser llevada, como regalo, a una de las familias de la comunidad, que se sepa pasa necesidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Mira, Señor, yo te traigo hoy esta bella y suculenta cesta de frutos. Tú nos los regalas a través de la naturaleza para nuestro alimento y el gusto de nuestro paladar. Yo te la ofrezco hoy, en nombre de toda la comunidad, en reconocimiento de que eres el Señor y Rey de todo lo que Tú mismo has creado. Te agradecemos también el que nos hayas dado la responsabilidad de cuidarlo, conservarlo y multiplicarlo. Porque, no siempre lo hacemos de acuerdo a tus deseos y voluntad, te pedimos nos ayudes a comprender que nos lo encomiendas para que llegue a todos y a todas y no lo utilicemos tan sólo como fuente de beneficios económicos para unos pocos.

PRESENTACIÓN DE LOS DOS CALENDARIOS LITÚRGICOS

(Se trata de los calendarios litúrgicos del año que termina y del que se inicia el domingo próximo. Puede hacer la ofrenda alguien del grupo de animación litúrgica de la comunidad, si es que lo hubiere. De lo contrario, lo puede hacer alguna de las personas que se ocupen de los preparativos o limpieza del lugar de la celebración)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: A mí, Señor, que me ocupo de algunas tareas litúrgicas de la comunidad, me han encargado ofrecerte, en nombre de todos y de todas, estos DOS CALENDARIOS LITÚRGICOS: el que nos ha acompañado y nos ha servido para preparar nuestras celebraciones durante el año que termina y el que lo hará durante el año próximo. Con ellos, no sólo reconocemos tu señorío sobre la historia, sino también tu mano amorosa que nos lleva, a través del tiempo, a tu búsqueda y a tu encuentro. Señor, que no nos falte tu compañía mientras el tiempo pasa, porque el futuro, sin Ti, nos plantea un serio peligro de zozobra.

Oración de los fieles – Domingo XXXIV de Tiempo Ordinario

Oremos todos juntos, en este tiempo de esperanza, a Dios Padre, de quien proceden todos los bienes. Y respondemos:

R.- VENGA A NOSOTROS TU REINO

1.- Por el Papa, los obispos y todos aquellos que en seno de la Iglesia tienen importantes responsabilidades, para que el Rey del Amor les inspire y les guíe.

OREMOS

2.- Por todos los Reyes de la tierra, por los Jefes de Estado y por todos los que tienen la importante misión de gobernar, para que el Rey de la Paz les ayude a cumplir su misión,

OREMOS

3.- Por los jueces, los magistrados y quienes con su labor legislativa conforman la justicia entre los hombres, para que el Rey del Amor les ayude a ser, al mismo tiempo, justos y misericordiosos,

OREMOS

4.- Por líderes económicos, financieros y sociales para que comprendan que el Rey de los Pobres les pide que trabajen por el reparto fraterno y pacífico de las riquezas.

OREMOS

5.- Por los enfermos graves, por los agonizantes, por los desesperados y los abandonados para sepan apreciar el abrazo cálido y cercano del Rey de la Ternura,

OREMOS.

6.- Por nosotros mismos, presentes en esta Eucaristía, para que la cercanía evidente del único Rey definitivo: Cristo, nos ayude, a partir de hoy, a convertirnos al amor de Dios y de los hermanos.

OREMOS.

Recibe Padre de bondad estas súplicas que hoy todos juntos y en plegaria confiada y alegre te dirigimos.

Por Jesucristo Nuestro Señor.

Amén.


Nuestra intención es, siguiendo los mandatos de tu Hijo, construir el Reino donde tu amor lo llene todo, te pedimos pues:

R.- VENGA TU REINO, SEÑOR.

1.- Un reino de servicio, que sea este el afán de tu Iglesia del Papa, los obispos, sacerdotes y laicos, un estar continuamente pendiente de los demás.

OREMOS

2.- Un reino de justicia, que sean así todos los reinos de la tierra, que los dirigentes gobiernen con rectitud buscando la justicia en sus leyes.

OREMOS

3.- Un reino de amor, que sean los hogares presencia viva de este reino, que el amor que todo lo transforma, disminuya las tensiones y aumente la armonía.

OREMOS

4.- Un reino de felicidad, que sea así la vida de los que hoy sufren o viven bajo el temor o la amenaza, que la semilla del reino florezca pronto en sus corazones.

OREMOS

5.- Un reino de Paz, que sea así en todos los lugares de la tierra.

OREMOS

6.- Por todos nosotros, presentes en esta Eucaristía –anticipo del Reino de la Paz y del Amor– para que podamos ser felices en paz con todos y con amor por todo lo creado.

OREMOS

Padre, escucha estas plegarias y aquellas que llevamos en nuestros corazones, no dejes de atenderlas y concede a tu pueblo todo lo necesario para construir tu Reino. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Amen.

Comentario al evangelio – 19 de noviembre

Lc 19, 1-10: Jesús y Zaqueo

Seguimos en la ciudad de Jericó, donde ayer Jesús curó a un ciego.  Los evangelistas con estas narraciones dan realce a esta ciudad importante para el comercio y también para la acción evangelizadora de Jesús.

Aquí vivía y se ganaba la vida el protagonista de nuestro relato, Zaqueo. De él sabemos que era un hombre rico por su profesión, jefe de los recaudadores de impuestos que trabajaban para Roma y por esa razón, muy mal considerados por sus conciudadanos judíos. Pero de él el evangelista nos dice algo que hace de este hombre alguien especial: ¿por qué Zaqueo quería conocer a Jesús? ¿Era únicamente curiosidad o había algo más? No podemos saber la respuesta, pero sí podemos intuir que a Zaqueo, teniéndolo humanamente casi todo, algo le faltaba. Su vida no estaba completa. Por eso buscaba. Y vemos que esta búsqueda era sincera, pues tuvo que vencer sus dificultades, una de ellas la multitud que no le deja acercarse a Jesús. Al subir al árbol no sólo ha de vencer el respeto humano haciendo que todos se fijen en él, sino que consigue cumplir el deseo principal que él tiene: QUE JESÚS LE MIRE.

«Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa», le dice el Maestro. ¿Por qué hoy? ¿Por qué le pide alojamiento? Todo parece casual, pero esa frase esconde el secreto de dos hombres que se buscan. Jesús que viene a salvar a quien estaba perdido en medio de sus riquezas. Y un hombre que no sabe cómo enderezar su vida.
No ayer, ni mañana, sino hoy Jesús quiere quedarse en la casa de todo aquél que le quiera acoger, de todo el que le necesite, de todo el que se sienta un pecador. Hoy. No importa tanto tu ayer. Importa -y mucho- que hoy Jesús detiene su camino, te mira y te dice que hoy se quiere quedar en tu casa. Y es que Zaqueo sólo podía descubrir  el verdadero sentido de su vida a la sombra y al amparo de Jesús. Por eso le dice al despedirse: «Hoy ha sido la salvación de esta casa…” Y será esta compañía de Jesús la que hará que a Zaqueo se le abran los ojos. Que se dé cuenta realmente de cómo en su vida no siempre ha obrado bien. Zaqueo quiere empezar una nueva vida y para eso debe sanar los errores del pasado y se compromete a restituir lo robado, para reparar el mal hecho. Porque una nueva vida no se puede empezar con los lastres del pasado, que son un peso que no nos deja ir en pos de Jesús.

Carlos Latorre, cmf