Vísperas – Miércoles XXXIII de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

MIÉRCOLES XXXIII DE TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Amo, Señor, tus sendas, y me es suave la carga
la llevaron tus hombros) que en mis hombros pusiste;
pero a veces encuentro que la jornada es larga,
que el cielo ante mis ojos de tinieblas se viste.

que el agua del camino es amarga…, es amarga,
que se enfría este ardiente corazón que me diste;
y una sombría y honda desolación me embarga,
y siento el alma triste hasta la muerte triste…

El espíritu débil y la carne cobarde,
lo mismo que el cansado labriego, por la tarde,
de la dura fatiga quisiera reposar…

Mas entonces me miras…, y se llena de estrellas,
Señor, la oscura noche; y detrás de tus huellas,
con la cruz que llevaste, me es dulce caminar.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Amén.

SALMO 26: CONFIANZA ANTE EL PELIGRO

Ant. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?+

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
+ El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?

Cuando me asaltan los malvados
para devorar mi carne,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen.

Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo.

Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo.

Él me protegerá en su tienda
el día del peligro;
me esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca;

y así levantaré la cabeza
sobre el enemigo que me cerca;
en su tienda ofreceré
sacrificios de aclamación:
cantaré y tocaré para el Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?

SALMO 26: CONFIANZA ANTE EL PELIGRO

Ant. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

Escúchame, Señor, que te llamo;
ten piedad, respóndeme.

Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro.»
Tu rostro buscaré, Señor,
no me escondas tu rostro.

No rechaces con ira a tu siervo,
que tú eres mi auxilio;
no me deseches, no me abandones,
Dios de mi salvación.

Si mi padre y mi madre me abandonan,
el Señor me recogerá.

Señor, enséñame tu camino,
guíame por la senda llana,
porque tengo enemigos.

No me entregues a la saña de mi adversario,
porque se levantan contra mí testigos falsos,
que respiran violencia.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.

Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

LECTURA: St 1, 22.25

Llevad a la práctica la ley y no os limitéis a escucharla, engañándoos a vosotros mismos. El que se concentra en la ley perfecta, la de la libertad, y es constante, no para oír y olvidarse, sino para ponerla por obra, éste será dichoso al practicarla.

RESPONSORIO BREVE

R/ Sálvame, Señor,  y ten misericordia de mí.
V/ Sálvame, Señor,  y ten misericordia de mí.

R/ No arrebates mi alma con los pecadores.
V/ Y ten misericordia de mí.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Sálvame, Señor,  y ten misericordia de mí.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

PRECES

Que en todo sea glorificado el nombre del Señor, que atiende a su pueblo elegido con infinito amor. A él suba nuestra oración:

Muestra, Señor, tu caridad.

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia:
— guárdala de todo mal y haz que crezca en tu amor.

Que todos los pueblos, Señor, te reconozcan como el único Dios verdadero,
— y a Jesucristo como el Salvador que tú has enviado.

A nuestros parientes y bienhechores concédeles tus bienes,
— y que tu bondad les dé la vida eterna.

Te pedimos, Señor, por los trabajadores que sufren:
— alivia sus dificultades y haz que todos los hombres reconozcan su dignidad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

En tu misericordia, acoge a los que hoy han muerto
— y dales posesión de tu reino.

Unidos fraternalmente, como hermanos de una misma familia, invoquemos a nuestro Padre:
Padre nuestro…

ORACION

Escucha, Señor, nuestras súplicas y protégenos durante el día y durante la noche; tú que eres inmutable, danos siempre firmeza a los que vivimos sujetos a la sucesión de los tiempos y de las horas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 20 de noviembre

1) Oración inicial

Señor, Dios nuestro, concédenos vivir siempre alegres en tu servicio, porque en servirte a ti, creador de todo bien, consiste el gozo pleno y verdadero. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 19,11-28

Mientras la gente escuchaba estas cosas, añadió una parábola, porque estaba él cerca de Jerusalén y creían ellos que el Reino de Dios aparecería de un momento a otro. Dijo, pues: «Un hombre noble marchó a un país lejano, para recibir la investidura real y volverse. Llamó a diez siervos suyos, les dio diez minas y les dijo: `Negociad hasta que vuelva.’ Pero sus ciudadanos le odiaban y enviaron detrás de él una embajada que dijese: `No queremos que ése reine sobre nosotros.’ «Cuando regresó, después de recibir la investidura real, mandó llamar a aquellos siervos suyos a los que había dado el dinero, para saber lo que había ganado cada uno. Se presentó el primero y dijo: `Señor, tu mina ha producido diez minas.’ Le respondió: `¡Muy bien, siervo bueno!; ya que has sido fiel en lo insignificante, toma el gobierno de diez ciudades.’ Vino el segundo y dijo: `Tu mina, Señor, ha producido cinco minas.’ Dijo a éste: `Ponte tú también al mando de cinco ciudades. ‘ «Vino el otro y dijo: `Señor, aquí tienes tu mina, que he tenido guardada en un lienzo; pues tenía miedo de tí, que eres un hombre severo; que tomas lo que no pusiste y cosechas lo que no sembraste.’ Dícele: `Por tu propia boca te juzgo, siervo malo; sabías que yo soy un hombre severo, que tomo lo que no puse y cosecho lo que no sembré; pues, ¿por qué no colocaste mi dinero en el banco? Y así, al volver yo, lo habría cobrado con los intereses.’ Y dijo a los presentes: `Quitadle la mina y dádsela al que tiene las diez minas.’ Dijéronle: `Señor, tiene ya diez minas.’ -`Os digo que a todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.’
«`Y a esos enemigos míos, que no querían que yo reinara sobre ellos, traedlos aquí y matadlos delante de mí.’» Y dicho esto, marchaba por delante, subiendo a Jerusalén.

3) Reflexión

• El evangelio de hoy nos trae la Parábola de los Talentos, en la que Jesús nos habla de los dones que las personas reciben de Dios. Toda persona tiene alguna cualidad, recibe algún don o sabe alguna cosa que puede enseñar a los otros. Nadie es sólo alumno, nadie es sólo profesor. Aprendemos unos de otros.
• Lucas 19,11: La llave para entender la historia de la parábola. Para introducir la parábola Lucas dice lo que sigue: “Mientras la gente escuchaba estas cosas, añadió una parábola, porque estaba él cerca de Jerusalén y creían ellos que el Reino de Dios aparecería de un momento a otro”. En esta información inicial, Lucas destaca tres motivaciones que llevan a Jesús a contar la parábola: (a) La acogida que hay que dar a los excluidos, pues, diciendo “mientras la gente escuchaba estas cosas”, se refiere al episodio de Zaqueo, el excluido que fue acogido por Jesús (b) La proximidad de la pasión, de la muerte y de la resurrección, pues decía que Jesús estaba cerca de Jerusalén donde iba a morir en breve. (c) La llegada inminente del Reino de Dios, pues las personas que acompañaban a Jesús pensaban que el Reino de Dios llegaría luego.
• Lucas 19,12-14: El inicio de la Parábola. “Dijo, pues: Un hombre noble marchó a un país lejano, para recibir la investidura real y volverse. Llamó a diez siervos suyos, les dio diez minas y les dijo: `Negociad hasta que vuelva.’ Pero sus ciudadanos le odiaban y enviaron detrás de él una embajada que dijese: `No queremos que ése reine sobre nosotros”. Algunos estudiosos piensan que en esta parábola Jesús se refiere a Herodes quien setenta años antes (40 aC), había ido a Roma con el fin de recibir el título y el poder de Rey de Palestina. A la gente no le gustaba Herodes y no quería que fuera rey, pues la experiencia que habían tenido con él como comandante para reprimir las rebeliones en la Galilea contra Roma fue una experiencia trágica y dolorosa. Por esto decían: “No queremos que ése reine sobre nosotros” A este mismo Herodes se aplicaría la frase final de la parábola: “Y a esos enemigos míos, que no querían que yo reinara sobre ellos, traedlos aquí y matadlos delante de mí.” De hecho, Herodes mató a mucha gente.
• Lucas 19,15-19: Rendimiento de cuentas de los primeros empleados que recibieron cien monedas de plata. La historia nos dice que Herodes recibió el título de rey y volvió a Palestina para asumir el poder. En la parábola, el rey llama a los empleados a los que había dado cien monedas de plata, para saber cuánto habían ganado. Se presentó el primero y dijo: `Señor, tu mina ha producido diez minas.’ Le respondió: `¡Muy bien, siervo bueno!; ya que has sido fiel en lo insignificante, toma el gobierno de diez ciudades. Vino el segundo y dijo: `Tu mina, Señor, ha producido cinco minas.’ Dijo a éste: `Ponte tú también al mando de cinco ciudades.’ Según la historia, tanto Herodes Magno como su hijo Herodes Antipas, ambos sabían tratar con el dinero y promover a las personas que los ayudaban. En la parábola, el rey da diez ciudades al empleado que multiplicó por diez las cien monedas que había recibido, y cinco ciudades al empleado que las multiplicó por cinco.
• Lucas 19,20-23: Rendimiento de cuentas del empleado que no ganó nada. El tercer empleado llegó y dijo: ”Señor, aquí tienes tu mina, que he tenido guardada en un lienzo; pues tenía miedo de ti, que eres un hombre severo; que tomas lo que no pusiste y cosechas lo que no sembraste”. En esta frase aflora una idea equivocada de Dios que es criticada por Jesús. El empleado ve a Dios como a un dueño severo. Ante un Dios así, el ser humano siente miedo y se esconde detrás de la observancia exacta y mezquina de la ley. Piensa que, al actuar así, no será castigado por la severidad del legislador. En realidad, una persona así no cree en Dios, sino que cree solamente en si misma, en su propia observancia de la ley. Ella se cierra en sí misma, se aleja de Dios y no consigue ocuparse y preocuparse de los otros. Se vuelve incapaz de crecer como persona libre. Esta imagen falsa de Dios aísla al ser humano, mata la comunidad, acaba con la alegría y empobrece la vida. “El rey responde: ‘`Por tu propia boca te juzgo, siervo malo; sabías que yo soy un hombre severo, que tomo lo que no puse y cosecho lo que no sembré; pues, ¿por qué no colocaste mi dinero en el banco? Y así, al volver yo, lo habría cobrado con los intereses.” El empleado no fue coherente con la imagen que tenía de Dios. Si imaginaba a un Dios tan severo, hubiera tenido que colocar, por lo menos, el dinero en el banco. Así que es condenado no por Dios, sino por la idea errada que tenía de Dios y que le vuelve temeroso e inmaduro. Una de las cosas que más influye en la vida de la gente es la idea que nos hacemos de Dios. Entre los judíos de la línea de los fariseos, algunos imaginaban a Dios como a un Juez severo que los trataba de acuerdo con el mérito conquistado por las observancias. Esto producía miedo e impedía a las personas el poder crecer. Sobretodo, impedía que las personas pudiesen abrir un espacio dentro de sí para acoger la nueva experiencia de Dios que Jesús comunicaba.
• Lucas 19,24-27: Conclusión para todos. “Y dijo a los presentes: `Quitadle la mina y dádsela al que tiene las diez minas.’ Dijéronle: `Señor, tiene ya diez minas.’ -`Os digo que a todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará”. El señor manda quitarle las cien monedas y darlas a aquel que ya tenía mil, porque “a todo el que tiene, se le dará, pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. En esta frase final está la clave que aclara la parábola. En el simbolismo de la parábola, las monedas de plata del rey son los bienes del Reino de Dios, esto es, todo aquello que hace crecer a las persona y revela la presencia de Dios: amor, servicio, compartir. Aquel que se cierra en si mismo con miedo a perder lo poco que tiene, éste va a perder lo poco que ya tiene. La persona, pues, que no piensa en sí, sino que se entrega a los otros, ésta va a crecer y a recibir a su vez, de forma inesperada, todo lo que entregó y mucho más: “cien veces más, con persecuciones” (Mc 10,30). “Pierde la vida quien quiere salvarla, gana su vida quien tiene el valor de perderla” (Lc 9,24; 17,33; Mt 10,39;16,25;Mc 8,35). El tercer empleado tiene miedo y no hace nada. No quiere perder nada y, por esto, no gana nada. Pierde hasta lo poco que tiene. El Reino es riesgo. Aquel que no quiere correr riesgos, ¡pierde el Reino!
• Lucas 19,28: Volviendo a la triple llave inicial. Al final, Lucas concluye el asunto con esta información: “Y dicho esto marchaba por delante, subiendo a Jerusalén”. Esta información final evoca la triple llave dada al comienzo: acogida a los excluidos, proximidad de la pasión, muerte y resurrección de Jesús en Jerusalén y la idea de la inminente llegada del Reino. A los que pensaban que el Reino de Dios estaba por llegar, la parábola manda mudar la mirada. El Reino de Dios llega, sí, pero a través de la muerte y de la resurrección de Jesús que acontece en breve en Jerusalén. Y el motivo de la muerte fue su acogida, la acogida que Jesús daba a los excluidos como Zaqueo y a tantos otros. Molestaba a los grandes y ellos lo eliminaron condenándolo a muerte y a una muerte de cruz.

4) Para la reflexión personal

• En nuestra comunidad, ¿tratamos de conocer y valorar los dones de cada persona? A veces los dones de unos generan envidia y competitividad en otros. ¿Cómo reaccionamos?
• Nuestra comunidad ¿es un espacio donde las personas pueden explayar sus dones?

5) Oración final

Alabad a Dios en su santuario,
alabadlo en su poderoso firmamento,
alabadlo por sus grandes hazañas,
alabadlo por su inmensa grandeza. (Sal 150,1-2)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 11, 27-30

«(26)27Y van de nuevo a Jerusalén. Y, al andar él en el Templo, vienen a él los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos 28y le decían: “¿Con qué autoridad haces estas cosas? o ¿quién te dio esta autoridad para que hagas estas cosas?”.

29Pero Jesús les dijo: “Os preguntaré una cosa y respondedme, y os diré con qué autoridad hago estas cosas: 30el bautismo de Juan ¿era del cielo o de los hombres? Respondedme”.

La provocación implícita de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén (11,1-11), y sobre todo de su acción profética en el Templo (11,15-19), no pasó desapercibida. Los dirigentes religiosos devuelven ahora el golpe, desafiando las credenciales de Jesús para actuar con tal audacia. El pasaje está dispuesto en una serie de escenas breves: 1) los dirigentes judíos se acercan a Jesús con una pregunta provocativa (11,27- 28); 2) Jesús formula una contra-pregunta (11,29-30); 3) los dirigentes discuten entre sí la contra- pregunta y formulan a su vez una respuesta que no concluye nada (11,31-33a), y 4) Jesús se niega a contestar su pregunta original (11,33b).

11,27-30: Jesús y sus discípulos vuelven ahora «a la escena del crimen», el Templo de Jerusalén que Jesús había despejado de comerciantes el día anterior. De este modo había suscitado Jesús la enemistad de los sumos sacerdotes y los escribas, que consiguientemente habían decidido matarlo (11,27a). Jesús comienza a pasear en la fortaleza de sus enemigos, el Templo, e inmediatamente es abordado por un grupo de ellos que le preguntan con qué autoridad ha obrado (11,28), palabras que se refieren ante todo a la demostración violenta del día anterior. La pregunta contiene una amenaza implícita; los que dan por supuesto que actúan en nombre de Dios podrían ser ejecutados como falsos profetas, si se demuestra que su afirmación es falsa (cf. Dt 13,1-5; 18,20). Aun si se evita la pena capital, un ataque al Templo podría ser peligroso para su autor, como demuestra el ejemplo de Jesús hijo de Ananías. Por tanto, la indiferencia soberana con la que pasea Jesús por el Templo es ya una demostración de exousía («autoridad») sobre la que sus enemigos le hacen preguntas.

Su respuesta inicial al desafío es también una manifestación de exousía, por el hecho de rechazar una contestación directa y de formular a cambio una contra-pregunta que han de responder (11,29).

La contra-pregunta es si el bautismo de Juan era «del cielo» (es decir, de Dios) o simplemente era «de los hombres». Esta pregunta plantea a los dirigentes judíos un dilema, y la inmediata reiteración de su demanda por parte de Jesús, «respondedme» (11,30), sugiere que aquellos están confusos e indecisos. En el diálogo bíblico, la repetición de una frase por parte de un personaje, sin respuesta del interlocutor, implica a veces que los interlocutores han quedado mudos (cf., por ejemplo, Gn 16,10-11; 20,9-10; 41,39-41; 42,1-2). La repetición del «respondedme» por parte de Jesús subraya también de nuevo su exousía: Jesús parece más bien un fiscal o un juez y no alguien que está siendo interrogado (cf. Jn 18,19-24.28-38; 19,1-11).

Comentario del 20 de noviembre

Nos encontramos de nuevo con una parábola. Y en el camino hacia Jerusalén, que es la meta. El evangelista precisa el motivo de la parábola: que había quienes pensaban que el Reino de Dios iba a despuntar de un momento a otro. La proximidad de Jerusalén despierta en ellos la idea asociada del Reino de Dios. Jerusalén era la capital del reino de Judá y estaba llamada a ser también la capital de ese Reino mesiánico que estaba tan presente en el imaginario del pueblo judío.

La parábola de Jesús también dice relación a un reino, o mejor, a un noble que marcha a un país lejano para conseguirse el título de rey y poder volver con semejante título. Ese noble llama a diez empleados suyos y les reparte unos bienes, diez onzas de oro, con el encargo de negociar con ellas durante su ausencia. Al parecer ese noble no gozaba de simpatías entre sus conciudadanos, porque estos deciden enviar tras él una embajada que informe a las autoridades pertinentes de que el nuevo rey no sería bien recibido. Pero el título de rey le fue concedido al solicitante y cuando volvió con su titulación regia fue llamando a sus empleados para pedirles cuentas de su gestión.

El primero le presenta el resultado de su negociado y es felicitado porque ha conseguido que la onza encomendada produzca diez más. Su fidelidad en esta minucia le hace merecedor de responsabilidades más altas; a partir de entonces pasará a regir diez ciudades. El segundo ha obtenido cinco onzas más y se hace merecedor del mando de cinco ciudades. El último, sin embargo, se presenta con la onza recibida. La he tenido guardada en el pañuelo; te tenía miedo porque eres hombre exigente, que reclamas lo que no prestas y siegas lo que no siembras. Se ha limitado, pues, a custodiar lo que se le dio, pero sin cumplir el encargo de negociar con ello. Porque no se le dio la onza para que la guardara, sino para que negociara con ella; al menos para que la pusiera en el banco y pudiera rescatarla con los intereses agregados.

Al parecer, lo que paraliza e inhabilita a aquel empleado es el miedo ante las exigencias de su señor, que reclama lo que no presta y siega lo que no siembra, es decir, que exige más de lo que da. Pero es esta misma declaración de pusilanimidad o indolencia lo que le condena. Si aquel empleado sabía de las exigencias de su señor, ¿por qué no se puso manos a la obra para sacar toda la productividad a la onza entregada? ¿No acaba por menospreciar a un señor tan exigente, dado que no reacciona ante el pensamiento de que finalmente le pedirá cuentas de su gestión?

El calificativo que recibe aquel empleado es el de holgazán. Por eso, por no haber puesto nada de su parte en la producción del capital encomendado, merecerá no sólo que no se le encomiende más, sino que se le quite hasta lo que se le dio, porque no ha sabido darle buen uso. Por eso, al que tiene (porque ha producido más de lo que se le dio) se le dará (para que siga produciendo), pero al que no tiene (porque se ha limitado a conservar lo que se le entregó), se le quitará hasta lo que tiene (lo que le había sido entregado para negociar con ello).

Jesús nos induce de nuevo a pensar en nuestra vida como un tiempo de duración limitada en el que se nos han encomendado unos bienes o capacidades (materiales, intelectuales, espirituales) en diversa proporción para hacerles producir o para multiplicarles. Nuestro trabajo consiste precisamente en eso, en desarrollar hasta donde sea posible esas capacidades que forman parte de nuestra dotación humana y cristiana. No se trata del desarrollo por el desarrollo o de la perfección por la perfección, sino del desarrollo personal que se pone al servicio del desarrollo de los demás en orden a alcanzar la plenitud para la que hemos sido hechos, para la que Dios nos ha creado. En semejante plenitud es donde se halla la felicidad completa. Y Dios nos ha creado para ser felices, cosa que no es posible en el estado de imperfección o de inconclusión.

Es, pues, una llamada a trabajar en los trabajos que Dios quiere. Y entre esos trabajos está el de la fe, un asunto que podemos tener muy descuidado. También la producción de la onza de la fe reclama laboriosidad y esfuerzo. Y no podemos presentarnos ante Dios, un Dios que no se permite segar lo que no sembró ni reclamar lo que no prestó (Dios siempre recoge de lo que él mismo ha sembrado previamente), con la fe que recibimos, como aquella onza de oro, en nuestro bautismo o con la fe que mantuvimos hasta la adolescencia; no, tenemos que presentarnos ante él con una fe desarrollada, propia de adultos, acrisolada en la prueba y en el contraste con las ciencias humanas, madurada en la experiencia de la oración y de la vida. De no ser así, podemos ser condenados por holgazanes y se nos puede acabar quitando aquella fe que se nos dio en su día y de la que pudimos disfrutar siendo niños o adolescentes.

La imagen del señor de la parábola, ese noble que aspira a conseguirse el título de rey para imperar incluso sobre los conciudadanos que no le aceptan como rey, ese rey inmisericorde que finalmente manda degollar a todos sus opositores en su presencia, puede que no concite nuestras simpatías, ni siquiera nuestra aprobación. Es una imagen en la que prevalecen los rasgos del rey exigente y despiadado que poco tienen que ver con el rostro clemente y misericordioso del Padre o del Pastor de otras parábolas como la del hijo pródigo o la oveja perdida. Pero no reparemos en ese personaje que parece tomado de cualquier capítulo de nuestra historia, sino en nuestra condición de empleados a quienes se les exige una tarea en la vida, no porque Dios sea exigente, sino porque nuestra vida de seres llamados a la perfección reclama desarrollo y exigencia, porque hemos sido creados para la madurez o para la santidad.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en 
Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

188. La Palabra de Dios recomienda no perder el contacto con los ancianos, para poder recoger su experiencia: «Acude a la reunión de los ancianos, y si encuentras a un sabio júntate a él […]. Si ves a un hombre prudente, madruga para buscarlo, que tus pies desgasten el umbral de su puerta» (Si 6,34.36). En todo caso, los largos años que ellos vivieron y todo lo que han pasado en la vida, deben llevarnos a mirarlos con respeto: «Ponte de pie ante el hombre de canas» (Lv 19,32). Porque «la fuerza es el adorno de los jóvenes, las canas son el honor de los ancianos» (Pr 20,29).

Comentario Domingo XXXIV de Tiempo Ordinario

Oración preparatoria

Señor Jesús, déjame mirarte en esa cruz, en esa entrega dolorosa y apasionada. Déjame verte como “Jesús”, en tu sencillez y humanidad cercana, déjame verte acogiendo y dando vida incluso ahí, clavado en la cruz. Dame hacerte rey de ese modo, despojado, pobre, sin cesar de dar la vida a otros. AMEN.

 

Lc 23, 35-43

«35Estaba el pueblo mirando.
Pero los magistrados hacían muecas diciendo: “A otros ha salvado, que se salve a sí mismo si él es el Cristo de Dios, el Elegido”.
36Pero también los soldados se burlaban de él y, acercándose, le ofrecían vinagre

37y le decían: “Si tú eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!”. 38Pero había una inscripción sobre él: “Este es el rey de los judíos”.

39Pero uno de los malhechores colgados le insultaba: “¿No eres tú el Cristo? ¡Pues sálvate a ti mismo y a nosotros!”.

40Pero el otro, increpándole, dijo: “¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? 41Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, este nada malo ha hecho”.

42Y decía: “Jesús, acuérdate de mí cuando vayas a tu reino”.

43Jesús le dijo: “En verdad te digo, hoy estarás conmigo en el paraíso”».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Entre la crucifixión (23,33-34) y la muerte (23,44-46) de Jesús, se sitúan dos pequeñas unidades que conforman el evangelio de hoy, solemnidad de Jesucristo, Rey del universo. Uno se esperaría un pasaje del Evangelio de entre los más luminosos y, sin embargo, nos encontramos ante un pasaje de entre los menos “triunfales”. El estupor de lo inesperado, el modo paradójico de manifestar el mesianismo y la filiación divina por parte de Jesús, es la sensación más apta para entrar en el sentido de la fiesta de hoy. Notemos la paradoja: se acumulan los títulos para Jesús, mientras pende de la cruz: ¡la máxima grandeza en la máxima debilidad!

 

TEXTO

El evangelio de hoy está formado por dos pequeños relatos de estructura simétrica.

La primera perícopa (vv. 35-38) presenta la sucesiva intervención de los personajes de abajo. Jesús está en la cruz, rodeado de otros dos crucificados. El pueblo simplemente mira; los magistrados hacen muecas; los soldados se burlan. La hostilidad va “in crescendo”. La unidad culmina con el letrero de la cruz, que expone la causa de su ejecución.

En la segunda perícopa (vv. 39-43) intervienen los personajes de arriba: palabras de uno de los malhechores a Jesús, en línea con los anteriores; la respuesta del otro malhechor; las palabras de este a Jesús (finalmente, despojado de todo título, con su “simple” nombre); la respuesta de Jesús.

El texto presenta la obsesión de los personajes porque Jesús se salve en esas condiciones, lo que nos plantea el tema -nada fácil- del modo sobre cómo Dios salva, y además acumula numerosos títulos cristológicos precisamente en el momento en que menos pueden reconocerse en un crucificado.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• Atención a la galería de personajes que aparecen en el texto; atención a lo que hacen y/o dicen. El pueblo, los magistrados, los soldados, un malhechor, el otro, Jesús. ¿Quién representa mejor nuestra actitud? ¿Qué actitud de los personajes puede tener algún parecido a la nuestra?

• Tres preguntas por la identidad de Jesús (cristo-rey-cristo) y tres peticiones de salvación. Hay un modo de salvar al estilo humano y un modo de salvar al estilo divino. ¡Cuántos chantajes a Dios en la oración! ¿Nuestra oración se abandona en Dios a pesar de no conseguir lo que ansiamos? ¿Vivimos nuestra relación con Dios como discípulos dóciles o queremos marcarle el paso, consciente o inconscientemente?

• Jesús es rey pero está clavado en la cruz. Extraña manera de ejercer su realeza. Como extraña había sido su manera de ser Mesías, Cristo, de ser el Hijo. “Quien quiera salvar su vida, la perderá, pero aquel que pierde su vida por mi causa, la encontrará”: ¿contradicción en términos, o más bien secretos ocultos que hay que desvelar?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo XXXIV de Tiempo Ordinario

XXXIV Domingo de Tiempo Ordinario
24 de noviembre 2019

2 Samuel 5, 1-3; 20-22; Salmo 121; Colonícense 1, 12-20; Lucas 23, 35-43

Fiesta de Cristo Rey

Cuando Jesús estaba ya crucificado, las autoridades le hacían muecas, diciendo: “A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el elegido”. También los soldados se burlaban de Jesús, y acercándose a él, le ofrecían vinagre y le decían: “Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo”. Había, en efecto, sobre la cruz, un letrero en griego, latín y hebreo, que decía: “Éste es el rey de los judíos”. Uno de los malhechores crucificados insultaba a Jesús, diciéndole: “Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y a nosotros”.

Pero el otro le reclamaba, indignado: “¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Nosotros justamente recibimos el pago de lo que hicimos. Pero éste ningún mal ha hecho”. Y le decía a Jesús: “Señor, cuando llegues a tu Reino, acuérdate de mí”. Jesús le respondió: “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso”.

Reflexión

¿Qué es un Rey? (Es el monarca de un reino, tiene poder, lleva corona, y túnica de telas muy elegantes.) ¿Cómo es Jesús ( Cristo Rey)? Cristo no es un rey al estilo humano. Es un rey que se entrega a los demás como su mayor triunfo. Un rey que con su sacrificio y con su sangre, convierte al amor. Un rey con todo el poder del universo y que sin embargo no lo usa para tener comodidades, sino para servir y amar a los demás. ¿Qué actitud tuvieron los ladrones que estaban a cada lado de Jesús en la Cruz? (Uno de ellos se burlaba y le decía que se salve a si mismo. Por el contrario, el otro ladrón se dejó envolver por Cristo, se arrepintió y le pidió a Jesús que se acuerde de él cuando llegue a su Reino.) ¿Qué respondió Jesús a cada uno de ellos? (Al primero, no le respondió y no se dejó tentar por sus palabras, mientras que al segundo le da una hermosa respuesta ̈hoy estarás conmigo en el Paraíso ́.) Jesús quiere que seamos como el buen ladrón, que nos sintamos inspirados por Jesús para corregir nuestras fallas y seguirle; que a pesar de cualquier mal que haya hecho, la misericordia de Dios es infinita si nos arrepentimos de corazón. ¿Uso mis posesiones o capacidades para mi comodidad o ayudo con ellas a quien me necesite? Puedo ayudar a mi compañero de clase a estudiar, o a hacer una tarea que no comprende, o darle algo de mi merienda si no trajo algo para la escuela, etc. ¿Cómo reacciono ante la burla de los demás? Respondo de igual forma con insultos? o no me dejo tentar por ellas como Jesús?

Actividad

Colorear la actividad que se encuentra en la siguiente página según las indicaciones.

Oración

Gracias Señor por tu Palabra Salvadora. Gracias por venir a enseñarnos un nuevo camino que nos lleva hacia Ti. Gracias por entregarte completamente por Mí. Tu eres nuestro Rey, reina por siempre en mi vida y en mi corazón.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Hace mucho tiempo atrás, vivió un rey. Él no era un rey común. Era diferente de los otros reyes porque hacía todas las cosas al revés de los otros reyes. Desde el día en que nació, se sabía que este rey sería diferente a los demás. La mayoría de los reyes nacen, generalmente, en un palacio, pero este rey nació en un establo rodeado por burritos, ovejas y vacas. No fue un buen comienzo para un rey. De hecho, pocas personas supieron que un rey había nacido. Sólo un grupo de pastores y tres hombres sabios supieron que un rey había nacido.

A medida que el niño rey crecía hasta ser hombre, continuó siendo diferente de los otros reyes. Mientras que la mayoría de los reyes utilizaban su tiempo para conseguir más riquezas de plata, oro y joyas, este rey no tenía ninguna posesión. Mientras la mayoría de los reyes se rodeaban de siervos, Él escogió ser siervo. Muchas veces se le encontraba ayudando a otros.

Según pasaba el tiempo, las personas se molestaron con este Rey pues no actuaba en la forma en que ellos pensaban que un rey debía actuar. En lugar de cabalgar en un caballo blanco como lo hacían los otros reyes, su rey entró a un pueblo sobre la espalda de un burro. ¿Qué forma de actuar el rey era esa?

¡Y las personas que escogió para ser sus amigos! Sus amigos más cercanos eran un grupo que pescadores con el olor peculiar de ellos, y frecuentemente se le veía visitando a los pobres y comiendo con los pecadores.

Finalmente el pueblo decidió que había soportado por mucho tiempo a este Rey. Si Él no podía actuar de la manera en que un rey debía hacerlo, entonces no deseaban que fuera su rey. Planificaron arrestarlo y ponerlo en prisión.

Su plan trabajó. Cuando llegó el día de su juicio, el Rey se puso frente a la gente. En lugar de decir: “¡Viva el Rey! ¡Larga vida para el rey! Decían “¡Crucifíquenle! ¡Él no es nuestro rey! ¡Crucifíquenle!” Así que crucificaron al rey. Lo crucificaron poniéndole clavos en sus manos, una corona hecha con espinas en su cabeza, hiriéndole con una lanza y burlándose de Él. ¡Qué forma de morir un rey! Después de ser crucificado, llevaron su cuerpo a una tumba prestada.

¡Espera! Ese no es el final de la historia. Recuerda…¡este Rey era diferente! El Rey al revés se levantó de la tumba para vivir por siempre. Ahora, en lugar de ser el Rey Al Revés, es el Rey para Siempre. Él es Rey de todos aquellos que le escojan como Rey. Oh, todavía hay personas que le llaman el “Rey Al Revés” pero aquellos que le conocen no le llaman así…¡le llaman el Rey Jesús!

Comentario al evangelio – 20 de noviembre

La primera lectura del libro de los Macabeos nos narra el martirio de los siete hermanos y su madre. Es un relato que por su dramatismo conmueve y edifica. La familia representa la unidad que debe mantener el pueblo. La mujer y sus hijos representan al pueblo de Israel frágil, inocente e indefenso.

Esta narración nos presenta una primera enseñanza para entender la radicalidad del martirio cristiano;  por ejemplo: el verdadero creyente prefiere morir antes que quebrantar la ley o el proyecto de Dios. Pero los que mueren por Él, resucitarán a una vida eterna en sus cuerpos mortales. Sí, Dios nos da la vida y por su causa hay que estar dispuesto a perderla. La fuerza y la ternura de la mujer, la madre de estos jóvenes, simboliza ese aliento de Dios, esa gracia que anima la decisión de los que se preparan para el martirio: sólo con la ayuda que viene de lo alto es posible el acto heroico del martirio.

Yo me siento especialmente interpelado por esta historia de la familia de los Macabeos, pues vivo en una comunidad dedicada a custodiar y transmitir el mensaje del Seminario Mártir de los Misioneros Claretianos en Barbastro en España. Si alguien está interesado en visitarlo virtualmente puede entrar en www.martiresdebarbstro.org. ¡Vale la pena!

Justamente hoy también recordamos la memoria del martirio de los beatos José Trinidad Rangel Montaño, presbítero, Leonardo Pérez Larios, laico, mexicanos y del claretiano Andrés Solá Molist, español, asesinados por su fe en México el año 1927. A todos ellos los unió, a pesar de la distancia geográfica la misma aclamación antes de morir: “¡Viva Cristo Rey!”

El texto del evangelista Lucas nos presenta una parábola muy semejante a la de los talentos. Es una llamada a trabajar incansablemente por el reinado de Dios en esta tierra. Y esta es la tarea que debe llevar adelante la comunidad cristiana en todos los lugares y en todos los tiempos.

La tarea del Mesías para muchos de los paisanos contemporáneos de Jesús, era un asunto que correspondía exclusivamente al Mesías, nadie tenía que intervenir ni para bien ni para mal, porque el Mesías se encargaría de todo y de un solo golpe su reinado quedaría instaurado, en una especie de golpe de suerte.

Con esta parábola, a las puertas de Jerusalén, justo antes de su entrada triunfal, Lucas advierte que Jesús el Mesías no ve así las cosas. Para Jesús en la tarea del Mesías y en la instauración del reinado de Dios están involucrados todos y cada uno de los creyentes, según sus capacidades y dones; todos debemos poner empeño en la instauración del proyecto de Dios. Nadie estamos dispensados. Pero ese reinado de Dios no llegará si nosotros no somos capaces de dar la vida por él.

Carlos Latorre, cmf