Vísperas – Presentación de la Virgen María

VÍSPERAS

PRESENTACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

 

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

La niña María
-¡qué gracia es su vuelo!-,
paloma del cielo,
al templo subía
y a Dios ofrecía
el más puro don:
sagrario y mansión
por él consagrada
y a él reservada
en su corazón…

¡Oh blanca azucena!,
La Sabiduría
su trono te hacía,
dorada patena,
de la gracia llena,
llena de hermosura.
Tu luz, Virgen pura,
niña inmaculada,
rasgue en alborada
nuestra noche oscura.

Tu presentación,
princesa María,
de paz y alegría
llena el corazón.
De Dios posesión
y casa habitada,
eres la morada
de la Trinidad.
A su Majestad
la gloria sea dada. Amén.

 

SALMO 29: ACCIÓN DE GRACIAS POR LA CURACIÓN DE UN ENFERMO EN PELIGRO DE MUERTE

Ant. Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.

Señor, Dios mío, a ti grité,
y tú me sanaste.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.

Tañed para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo.

Yo pensaba muy seguro:
«no vacilaré jamás»
Tu bondad, Señor, me aseguraba
el honor y la fuerza;
pero escondiste tu rostro,
y quedé desconcertado.

A ti, Señor, llamé,
supliqué a mi Dios:
«¿Qué ganas con mi muerte,
con que yo baje a la fosa?

¿Te va a dar gracias el polvo,
o va a proclamar tu lealtad?
Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.»

Cambiaste mi luto en danzas,
me desataste el sayal y me has vestido de fiesta;
te cantará mi lengua sin callarse.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Señor, Dios mío, a ti grité, y tú me sanaste; te daré gracias por siempre.

SALMO 31: ACCIÓN DE GRACIAS DE UN PECADOR PERDONADO

Ant. Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito.

Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor
no le apunta el delito.

Mientras callé se consumían mis huesos,
rugiendo todo el día,
porque día y noche tu mano
pesaba sobre mí;
mi savia se me había vuelto un fruto seco.

Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado.

Por eso, que todo fiel te suplique
en el momento de la desgracia:
la crecida de las aguas caudalosas
no lo alcanzará.

Tú eres mi refugio, me libras del peligro,
me rodeas de cantos de liberación.

— Te instruiré y te enseñaré el camino que has de seguir,
fijaré en ti mis ojos.

No seáis irracionales como caballos y mulos,
cuyo brío hay que domar con freno y brida;
si no, no puedes acercarte.

Los malvados sufren muchas penas;
al que confía en el Señor,
la misericordia lo rodea.

Alegraos, justos, y gozad con el Señor;
aclamadlo, los de corazón sincero.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

LECTURA: Ga 4, 4-5

Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción.

RESPONSORIO BREVE

R/ Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo.
V/ Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo.

R/ Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.
V/ El Señor está contigo.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Dichosa eres, María, siempre Virgen, templo del Señor, santuario del Espíritu Santo; tú sola, sin comparación, agradaste a nuestro Señor Jesucristo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dichosa eres, María, siempre Virgen, templo del Señor, santuario del Espíritu Santo; tú sola, sin comparación, agradaste a nuestro Señor Jesucristo.

PRECES

Proclamemos las grandezas de Dios Padre Todopoderoso, que quiso que todas las generaciones felicitaran a María, la madre de su Hijo, y supliquémosle, diciendo:

Mira a la llena de Gracia y escúchanos

Tú que hiciste de María la madre de misericordia,
— haz que los que viven en peligro o están tentados sientan su protección maternal.

Tú que encomendaste a María la misión de madre de familia en el hogar de Jesús y José,
— haz que, por su intercesión, todas las madres fomenten en sus hogares el amor y la santidad.

Tú que fortaleciste a María cuando estaba al pie de la cruz y la llenaste de gozo en la resurrección de su Hijo,
— levanta y robustece la esperanza de los decaídos.

Tú que hiciste que María meditara tus palabras en su corazón y fuera tu esclava fiel,
— por su intercesión, haz de nosotros siervos fieles y discípulos dóciles de tu Hijo.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que coronaste a María como reina del cielo,
— haz que los difuntos puedan alcanzar, con todos los santos la felicidad de tu reino.

Fieles a la recomendación del Salvador, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Te rogamos, Señor, que a cuantos hoy honramos la gloriosa memoria de la santísima Virgen María, nos concedas, por su intercesión participar, como ella, de la plenitud de tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 21 de noviembre

1) Oración inicial

Señor, Dios nuestro, concédenos vivir siempre alegres en tu servicio, porque en servirte a ti, creador de todo bien, consiste el gozo pleno y verdadero. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 19,41-44

Al acercarse y ver la ciudad, lloró por ella, diciendo: «¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! Pero ahora ha quedado oculto a tus ojos. Porque vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de empalizadas, te cercarán y te apretarán por todas partes, te estrellarán contra el suelo a ti y a tus hijos que estén dentro de ti y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has conocido el tiempo de tu visita.»

3) Reflexión

• El evangelio de hoy nos dice que Jesús, al llegar cerca de Jerusalén, viendo la ciudad, empieza a llorar y a pronunciar palabras que hacían vislumbrar un futuro muy sombrío para la ciudad, capital de su pueblo.
• Lucas 19,41-42 Jesús llora sobre Jerusalén. “Al acercarse y ver la ciudad, lloró por ella, diciendo: ¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! ¡Pero ahora ha quedado oculto a tus ojos!”. Jesús llora, pues ama su patria, a su pueblo, la capital de su tierra, el Templo. Llora porque sabe que todo va a ser destruido por culpa del pueblo mismo que no sabe percibir ni valorar la llamada de Dios dentro de los hechos. La gente no percibe el camino que podría llevarlo a la Paz, Shalóm. Pero ahora esto está oculto a tus ojos. Esta afirmación evoca la crítica de Isaías a la persona que adoraba los ídolos: “Se alimenta de ceniza, un corazón engañado le extravía y no salva su alma, diciéndose: ¿No es mentira lo que tengo en mi diestra?” (Is 44,20). La mentira estaba en sus ojos y por esto se volvieron incapaces de percibir la verdad. Como dice San Pablo: “Ellos se rebelan a la verdad y obedecen a la injusticia” (Rom 2,8). La verdad se hace presa de la injusticia. En otra ocasión, Jesús lamenta que Jerusalén no sepa percibir ni acoger la visita de Dios: “¡Jerusalén, Jerusalén!, la que mata a los profetas y apedrea a los que le son enviados. ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina su nidada bajo las alas, y no habéis querido! Pues bien, se os va a dejar desierta vuestra casa” (Lc 13,34-35).
• Lucas 19,43-44 Anuncio de la destrucción de Jerusalén. “Porque vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de empalizadas, te cercarán y te apretarán por todas partes, te estrellarán contra el suelo a ti y a tus hijos que estén dentro de ti y no dejarán en ti piedra sobre piedra.”. Jesús describe el futuro que le va a tocar a Jerusalén. Usa las imágenes de guerra que eran comunes en aquel tiempo, cuando un ejército atacaba a una ciudad: trincheras, cerco cerrado alrededor, matanza de la gente y destrucción total de las murallas y de las casas. Así, en el pasado, Jerusalén fue destruida por Nabucodonosor. Así, las legiones romanas solían hacer con las ciudades rebeldes y así se hará nuevamente cuarenta años después, con la ciudad de Jerusalén. De hecho, en el año 70, Jerusalén fue cercada e invadida por los ejércitos romanos. Todo fue destruido. Ante este trasfondo histórico, el gesto de Jesús se convierte en una advertencia muy seria a todos los que pervierten el sentido de la Buena Nueva de Dios. Ellos tienen que escuchar la advertencia final: “Porque no has conocido el tiempo de tu visita”. En esta advertencia, toda la labor de Jesús está definida como una “visita”, la visita de Dios.

4) Para la reflexión personal

• ¿Lloras a veces viendo la situación del mundo? Mirando la situación del mundo, ¿Jesús lloraría ahora? La previsión es sombría. Desde el punto de vista de la ecología, pasamos ya el límite. La previsión es trágica.
• La labor de Jesús está visto como una visita de Dios. ¿Has recibido en tu vida alguna visita de Dios?

5) Oración final

¡Cantad a Yahvé un cántico nuevo:
su alabanza en la asamblea de sus fieles!
¡Regocíjese Israel en su Hacedor,
alégrense en su rey los de Sión. (Sal 149,1-2)

Comentario del 21 de noviembre

El evangelio de san Lucas nos sitúa a Jesús no ya camino de Jerusalén, sino ante las mismas murallas de la ciudad. Y teniendo a Jerusalén ante los ojos, nos dice el evangelista, rompió a llorar y, conmovido, dijo: ¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz! Pero no; está escondido a tus ojos. ¡Qué palabras más sugerentes para nosotros en estos momentos en que ha vuelto a rebrotar de nuevo el conflicto entre árabes y palestinos! Jerusalén, la «casa (yeru) de la paz (shalem)», desconoce paradójicamente lo que conduce a la paz. Y rechazando a Jesús, expulsándolo de sus murallas y crucificándolo como un malhechor, seguirá ignorando lo que lleva a la paz.

Jesús, previendo este trágico final, lo anuncia con antelación, aunque entre enigmas e insinuaciones, y se deja llevar por la conmoción permitiendo que las lágrimas broten con espontaneidad. Jesús llora teniendo a la vista la ciudad que no le reconocerá como Mesías. Se trata de la ciudad santa, la ciudad que alberga a los dirigentes del pueblo judío, la ciudad que tendría que haber reconocido de inmediato al enviado de Dios. Pero no, la ciudad de la paz no será capaz de reconocer al que viene a ella, de parte de Dios, el Dios de la Alianza, como la Paz.

Así presenta san Pablo a Jesucristo, como el que ha venido a traer la paz, derribando con su muerte el muro que separaba a judíos y gentiles, el odio. Aquí paz significa reconciliación profunda en un suelo común, la Iglesia cristiana, que es el lugar en el que pueden comulgar judíos y gentiles, una vez creado el hombre nuevo (el hombre reconciliado en el amor) en el que ya no hay distinción entre judíos y gentiles, hombre y mujer, esclavos y libres, porque todos han pasado a ser uno sin perder su distintivo racial, sexual o social. Dando muerte al que venía a ella como la paz, ha propiciado el nacimiento de este hombre nuevo en el que se hace realidad la paz que vence al odio y la reconciliación con Dios y con los hombres. Y es que las resistencias humanas a los planes de Dios no pueden acabar con éstos.

Pero la ciudad que no reconoció el momento de la venida del Ungido de Dios será una ciudad repetidas veces asediada y destruida a lo largo de la historia, una ciudad que no encontrará la paz. Por eso las palabras pronunciadas por Jesús en aquel momento resultan proféticas o premonitorias: Llegará un día en que tus enemigos te rodearan de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedraPorque no reconociste el momento de mi venida.

Son palabras que se cumplieron en su literalidad cuando los ejércitos del emperador Tito invadieron Jerusalén en el año sesenta. No quedó piedra sobre piedra. Se produjo la diáspora del pueblo judío. Y sólo después pudo reconstruirse el templo de Jerusalén. Hoy, los judíos han vuelto a Jerusalén, pero ésta sigue sin ser lo que dice su nombre, la casa de la paz, quizá porque sigue sin reconocer la venida a ella del Mesías, la Paz venida de parte de Dios para derribar el muro del odio que separa a los hombres.

Esto que le ha sucedido (y le sucede) a Jerusalén, puede sucederle a todo el que se empeñe en no querer reconocer el momento de su venida. No reconocer a Jesucristo como enviado de Dios, como Mesías, como Hijo de Dios puede significar privarse de la Paz (bien mesiánico) que sólo con él llega, una paz que reconcilia con Dios y con los demás, una paz que nos reconcilia con nosotros mismos, una paz que derriba los muros invisibles –y por ello más difíciles de derribar- levantados por el odio, o la envidia, o la codicia, o la soberbia (incluida la nacionalista). ¡Ojalá seamos capaces de reconocer los momentos de la venida del Ungido del Espíritu y Sembrador de la paz!

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en 
Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

189. La Biblia nos pide: «Escucha a tu padre que te dio la vida, y no desprecies a tu madre cuando sea anciana» (Pr 23,22). El mandato de honrar al padre y a la madre «es el primer mandamiento que va acompañado de una promesa» (Ef 6,2; cf. Ex 20,12; Dt 5,16; Lv 19,3), y la promesa es: «serás feliz y se prolongará tu vida sobre la tierra» (Ef 6,3).

Cristo y Señor de todo el mundo

Llegados al último domingo del tiempo ordinario, como culmen del año litúrgico, celebramos hoy la solemnidad de Jesucristo, Rey del universo. Con esta celebración la Iglesia nos invita a fijar nuestra mirada en Cristo, Él es el principio y el fin de la historia, el alfa y la omega. Y al concluir un año litúrgico más, contemplamos a Cristo como Rey y Señor de todo el mundo.

1. Jesucristo es el único rey. En el Antiguo Testamento había tres estamentos considerados como los pastores de Israel: los sacerdotes, los profetas y los reyes. En un principio, Israel no tenía rey. A la llegada a la Tierra Prometida, tras la salida de la esclavitud de Egipto, los israelitas eran gobernados por los jueces, hombres que Dios elegía cuando surgía algún problema en el pueblo. Dios era considerado el rey de Israel. Así, a lo largo del Antiguo Testamento, podemos encontrar numerosos textos en los que se proclama la realeza y la majestad de Dios, especialmente en los salmos. Pero fue en tiempos del profeta Elías cuando los israelitas, porque querían ser como los demás pueblos vecinos, pidieron a Dios que les diera un rey. A pesar de que el pueblo rechazaba por este motivo la realeza de Dios, Dios ungió un rey para Israel: el rey Saúl. Después vendrán David y Salomón, y tras la división del Pueblo de Dios, aparecerán los distintos reyes de Israel y de Judá. El Mesías prometido, además de ser sacerdote y profeta, tenía que ser también rey. Por eso estaba anunciado que el Mesías sería descendiente del rey David. Jesús es el Mesías prometido, por eso decimos que Cristo es sacerdote, profeta y rey. De hecho, Jesús es condenado a muerte precisamente por autoproclamarse rey de los judíos. En el Evangelio de hoy escuchamos el momento en el que Jesús está siendo interrogado por Pilato. “¿Tú eres rey?”, le pregunta Pilato, a lo que Jesús responde: “tú lo dices, soy rey”. De hecho, en el letrero que mandó poner Pilato en la cruz de Jesús con el motivo de su condena, estaba escrito: Jesús Nazareno, Rey de los judíos. Jesús es por tanto el único rey, no con tronos de gloria y con coronas de oro, sino colgado en el madero de la cruz y con una corona de espinas. Un rey que no ha venido a ser servido sino a servir y a dar la vida. Así es como el Mesías, el Rey de todo el mundo, ejerce su poder: desde el servicio y la entrega por amor a todos.

2. “Mi reino de es de este mundo”. Al contemplar a Cristo Rey en su trono que es la cruz y coronado de espinas, entendemos lo que Jesús mismo dijo a Pilato: “Mi reino no es de este mundo”. Cuando miramos a los poderosos de este mundo, a los que tiene autoridad y gobierno, vemos en la mayoría de ellos un afán por mandar, poniéndose por encima de los demás. Vemos incluso que hoy, como entonces, es verdad lo que dijo Jesús en una ocasión y que escuchábamos hace algunos domingos: “Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen”. Así son los reinos de este mundo. Pero el Reino de Cristo no es de este mundo, no sigue los criterios y los principios que rigen en este mundo. Pues mientras que los reyes y los señores de este mundo buscan ser servidos, Cristo se convierte Él en el servidor de todos; mientras que los reinos de este mundo buscan en las guerras y en los conflictos la satisfacción de sus ansias de poder y de riquezas, Cristo es un rey que trae la paz y la unidad de todos; mientras que los señores de este mundo viven en la mentira, en el rencor y en la avaricia, Cristo es un rey testigo de la verdad, que trae la concordia y el perdón, y que nos enseña a vivir desde la sencillez y la humildad. Un rey, en definitiva, que se hace esclavo y que da la vida por todos, hasta el punto de subirse al madero de la cruz. Éste es nuestro rey, a Él queremos seguir los cristianos, Él es quien guía nuestros pasos. Un rey incomprendido por este mundo, considerado como un absurdo por los que tienen poder y autoridad en la tierra, pero que precisamente por esto es el Rey del universo.

3. “Venga a nosotros tu reino”. Cada vez que rezamos el Padre nuestro, la oración que el mismo Jesús nos enseñó, le pedimos a Dios que venga a nosotros su reino. Con ello, le pedimos a Dios que venga Cristo, el Rey del universo. Él nos trae “el reino de la verdad y de la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz”, como reza el prefacio de la fiesta de hoy. Este es nuestro deseo: que entre nosotros vaya creciendo día a día el reino de Dios, un reino que no tendrá fin, y que el mundo entero se vaya transformando en este reino que deseamos. Pero para ello no basta sólo con pedirlo en la oración. Es necesario que también nosotros trabajemos por este reino. Cada uno de nosotros, desde nuestro lugar, hemos de trabajar por el reino de Dios. Nosotros somos ese pueblo de reyes, un reino consagrado a Dios.

En este último domingo del año litúrgico, antes de comenzar el adviento, éste es nuestro deseo: que Cristo sea nuestro rey, el Rey del universo, que venga a nosotros su Reino, un reino de paz, de amor, de servicio, como Él mismo nos enseñó desde la cruz. No tenemos más rey que a Cristo crucificado.

Francisco Javier Colomina Campos

Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas

El pueblo estaba mirando. Las mismas autoridades se burlaban, diciendo: «Ha salvado a otros; que se salve a sí mismo si es el mesías de Dios, el elegido». También los soldados se burlaban de él, se acercaban y le daban vinagre, diciendo: «Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo».
Encima de él había un letrero que decía: «Éste es el rey de los judíos».
Uno de los criminales crucifi cados le insultaba diciendo: «¿No eres tú el mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».
Pero el otro le reprendió diciendo: «¿Ni siquiera temes a Dios tú que estás en el mismo suplicio? Nosotros estamos aquí en justicia, porque recibimos lo que merecen nuestras fechorías; pero éste no ha hecho nada malo». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas como rey». Y le contestó: «Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso»

Lucas 23, 35-43

Para meditar

Hoy podemos ver en el Evangelio como Jesús fue humillado por algunas personas cuando estaba en la cruz. Jesús no responde de forma vengativa o furiosa, sino que centra su atención en el crucificado que siente compasión de Jesús.

A veces, ser cristiano no es lo más fácil del mundo, no es lo que nos va a hacer la vida más cómoda. Hay cristianos a lo largo de la historia que han sufrido por su fe. No lo han querido así, pero no ha sido fácil para ellos ser creyentes. Nosotros debemos vivir la fe con dignidad, sin complejos y debemos estar cerca de los cristianos que sufren por serlo allá donde viven.

Para hacer vida el evangelio

  • Averigua en tu parroquia de qué forma podemos ayudar a los creyentes que son perseguidos en alguna parte del mundo.
  • ¿Qué podemos hacer por ellos? ¿Cómo podemos colaborar?.
  • Escribe un compromiso para ayudar a los cristianos perseguidos por el mundo.

Oración

Es imposible ser cristiano
y ser aceptado con naturalidad
por la sociedad,
porque ser de los tuyos, Señor,
es ser signo de contradicción;
es denunciar la manera de vivir
que tenemos,
por las desigualdades que genera,
por los vacíos interiores que provoca,
por la cantidad de perdedores
que deja en la cuneta,
porque rompe la igualdad y el encuentro,
porque destruye la familia y la amistad.
El que quiera seguirte, será criticado,
como Tú,
sentirá el rechazo de los suyos,
la desaprobación de los que viven cómodos
la ironía de los que viven instalados…
Porque Tú desinstalas, Señor.
Tú haces vivir en el abandono más total.
Tú te cuelas en el horario de uno
y le vas metiendo personas y situaciones,
de forma que su vida no sea suya,
sino una historia entregada y regalada,
como lo fue la tuya entera.

Signo de contradicción

Es imposible ser cristiano
y ser aceptado con naturalidad
por la sociedad, 

porque ser de los tuyos, Señor, 
es ser signo de contradicción; 
es denunciar la manera de vivir 
que tenemos, 
por las desigualdades que genera, 
por los vacíos interiores que provoca, 
por la cantidad de perdedores 
que deja en la cuneta, 
porque rompe la igualdad y el encuentro, 
porque destruye la familia y la amistad. 

Cuando uno opta por seguirte 
y vivir como Tú, Jesús,
tiene que poner su corazón en las personas
y despegarse de las cosas; 

tiene que elegir entregar su vida, 
en vez de beneficiarse a sí mismo 
y a los suyos; 
tiene que gastar su vida en los demás, 
sabiendo que su tiempo es de todos 
y ha de compartirlo. 

El que quiera seguirte, será criticado,
como Tú, 

sentirá el rechazo de los suyos, 
la desaprobación de los que viven cómodos
la ironía de los que viven instalados… 
Porque Tú desinstalas, Señor. 
Tú haces vivir en el abandono más total. 
Tú te cuelas en el horario de uno 
y le vas metiendo personas y situaciones, 
de forma que su vida no sea suya, 
sino una historia entregada y regalada, 
como lo fue la tuya entera. 

Señor, cuando no me sienta entendido,
dame fuerzas para apoyarme en Ti. 

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio Domingo XXXIV de Tiempo Ordinario

• A lo largo de todo su Evangelio, Lucas ha ido anunciando que Jesús es “el Mesías” (35.39) esperado por el pueblo de Israel, o el “rey de los judíos” (37-38) -título directamente relacionado con el Mesías-, o el “Elegido” (35) -título que está relacionado con el Siervo sufriente (Is 49, 7)-. En este Evangelio de Lucas, los ángeles proclaman que Jesús es el Mesías (Lc 2, 11), los demonios lo saben (Lc 4, 41), los discípulos lo confiesan por boca de Pedro (Lc 9, 20) y los dirigentes de los pueblos -lo vemos aquí (35)- rehusan que lo sea.

• En esta escena se pone de manifiesto claramente cuál es la realeza de Jesús, cuál es su mexicanismo, para qué lo ha “elegido” el Padre: su entrega total es la máxima expresión del amor misericordioso del Padre de la parábola (Lc 15, 11ss).

• La muerte de Jesús no deja indiferente a ninguno de los personajes que el evangelista nos describe: “el pueblo” lo mira (35); “las autoridades” le hacen muecas (35); “los soldados” se burlan (36-37); de los dos “malhechores”, el primero lo tienta de manera parecida a las autoridades y los soldados, pero desde la situación de una víctima de una ley que hace pagar según las obras (39); el otro malhechor reconoce la realeza de Jesús y manifiesta la fe en su resurrección (42).

• Según Marcos, los dos ladrones le insultaban (Mc 15, 32). En la presentación que se hace de los dos malhechores crucificados con Él, Lucas opone dos tipos de personas que encarnan dos maneras de reaccionar ante la salvación que nos trae Jesús.

• En el diálogo con los dos “malhechores” (39-43) encontramos expresado cual es el estilo de ese “rey” tan extraño que es Jesús: un estilo no basado en la ley de “quien la hace la paga”, sino en la gratuidad. Una gratuidad que llega al extremo (Jn 13, 1). Descubrimos la inmensidad del amor de Jesús y del Padre- por aquellos que la humanidad rechaza, por los últimos, por los condenados según una ley que premia o castiga las obras de cada uno (41). Así, Jesús rompe una dinámica inscrita, a causa del pecado, en las relaciones humanas.

• El poder real y mesiánico de Jesús es este: perdonar los pecados, dar “el paraíso” a quien lo quiera acoger en su vida, ahora y aquí (43), ofrecer el don de la salvación superando todos los límites, también los que pone el pecado y los que pone la muerte. 

• Dios nos hace este don “hoy” (43). “Hoy”, es decir en lo que vivimos cada día cada uno de nosotros, somos salvados por la muerte y resurrección de Jesucristo. Una Pascua actualizada permanentemente en la Eucaristía. 

• Contemplar a Jesús en la cruz, y decir “rey” a esa víctima de la injusticia, no justifica ningún victimismo alguno por parte de los cristianos. Es decir, que, por ejemplo, ante supuestos –o reales- ataques a la Iglesia, no podemos manipular este texto diciendo una vez más Jesús es crucificado. Y quizá sí lo podemos decir siempre ante las personas concretas, cristianas o no, que, cada día y en todo el mundo, son víctimas de la injusticia. 

• Por , podemos contemplar el silencio de Dios en la muerte injusta de Jesús. Es el mismo silencio que se da ante cualquier muerte de tantas víctimas de la injusticia. Jesús aprende a ser Dios en esta situación. Ante la injusticia la palabrería sobra. Y el silencio puede ser eficaz. Porque la respuesta a la injusticia no son las palabras, sino la entrega, la lucha, el compartir la cruz de los crucificados. Compartirla a todas y con todas las consecuencias. 

Comentario al evangelio – 21 de noviembre

Parece ser que para Lucas esta escena de la purificación del templo se convierte en el objetivo de la entrada de Jesús en Jerusalén. Y así prepara el templo como lugar de su enseñanza, atentamente seguida por el pueblo, pero rechazada por sus dirigentes.

Con esta acción de la expulsión de los vendedores Lucas quiere  subrayar varias cosas: Jesús no es contrario al Templo; en el corazón de cada judío está inscrito el Templo como el más importante emblema religioso de la nación. Él sólo reclama que se utilice para lo que es: «casa de oración», como está escrito en Isaías 56,7.

Al purificar el Templo, Jesús desenmascara el extremo al que había llegado la «casa de Dios» que, de emblema religioso y lugar de encuentro de la comunidad con su Dios, había pasado a ser emblema de opresión y centro de traficantes.

Pero el “atrevimiento” de Jesús no va a quedar impune ante las autoridades religiosas que utilizan el templo para acumular sus riquezas. Ese mismo día deciden eliminar a Jesús. No pueden hacerlo de inmediato porque «todo el pueblo estaba pendiente de sus palabras». Pero la decisión está ya más que tomada.

Es interesante observar la importancia social que adquieren los lugares de culto. Los cristianos a lo largo de los siglos han cuidado estos lugares hasta en las épocas más oscuras de las persecuciones en Roma, por ejemplo, en las catacumbas.

Yo he vivido en el interior del Paraguay durante años acompañando a comunidades campesinas. Sí, lo primero era la escuela para enseñar a los niños, pero enseguida venía el Oratorio o la Capilla  para honrar a su santo patrono. Y así iba tomando forma y organización la comunidad.

Me acuerdo que cuando se trataba de emprender estas obras comunitarias siempre había algunos que pensaban en recurrir a algún estanciero vecino o a alguna autoridad que mostraba en sus discursos interés por apoyar las iniciativas del pueblo. Pero la gente con mucha sabiduría y experiencia siempre me decían: “Pa’i (Padre), ya sabe, ¡¡¡la escuela y el Oratorio se construyen con las promesas de los ricos y la platita de los pobres!!!” Y por eso nadie como el pueblo humilde sabe cuidar y enriquecer sus lugares comunitarios. Es la casa común que da identidad, allí se encuentran los vecinos y rezan, cantan, escuchan la Palabra de Dios. Y está siempre al servicio de todos.

Carlos Latorre, cmf