Vísperas – Santa Cecilia

VÍSPERAS

SANTA CECILIA, virgen y mártir

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Dichosa tú, que, entre todas,
fuiste por Dios sorprendida
con tu lámpara encendida
por el banquete de bodas.

Con el abrazo inocente
de un hondo pacto amoroso,
vienes a unirte al Esposo
por virgen y por prudente.

Enséñanos a vivir;
ayúdenos tu oración;
danos en la tentación
la gracia de resistir.

Honor a la Trinidad
por esta limpia victoria.
Y gloria por esta gloria
que alegra la cristiandad. Amén.

SALMO 40: ORACIÓN DE UN ENFERMO

Ant. Sáname, señor, porque he pecado contra ti.

Dichoso el que cuida del pobre y desvalido;
en el día aciago lo pondrá a salvo el Señor.

El Señor lo guarda y lo conserva en vida,
para que sea dichoso en la tierra,
y no lo entrega a la saña de sus enemigos.

El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor,
calmará los dolores de su enfermedad.

Yo dije: «Señor, ten misericordia,
sáname, porque he pecado contra ti.»

Mis enemigos me desean lo peor:
«A ver si se muere, y se acaba su apellido.»

El que viene a verme habla con fingimiento,
disimula su mala intención,
y, cuando sale afuera, la dice.

Mis adversarios se reúnen a murmurar contra mí,
hacen cálculos siniestros:
«Padece un mal sin remedio,
se acostó para no levantarse.»

Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba,
que compartía mi pan,
es el primero en traicionarme.

Pero tú, Señor, apiádate de mí,
haz que pueda levantarme,
para que yo les dé su merecido.

En esto conozco que me amas:
en que mi enemigo no triunfa de mí.

A mí, en cambio, me conservas la salud,
me mantienes siempre en tu presencia.

Bendito el Señor, Dios de Israel,
ahora y por siempre. Amén, amén.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

SALMO 45: DIOS, REFUGIO Y FORTALEZA DE SU PUEBLO

Ant. El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.

Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar.

Que hiervan y bramen sus olas,
que sacudan a los montes con su furia:

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.

Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora.

Los pueblos se amotinan, los reyes se rebelan;
pero él lanza su trueno, y se tambalea la tierra.

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra:

Pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe,
rompe los arcos, quiebra las lanzas,
prende fuego a los escudos.

«Rendíos, reconoced que yo soy Dios:
más alto que los pueblos, más alto que la tierra.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

LECTURA: 1Co 7, 32. 34

El soltero se preocupa de los asuntos del Señor, buscando contentar al Señor; lo mismo, la mujer sin marido y la soltera se preocupa de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos en cuerpo y alma.

RESPONSORIO BREVE

R/ Llevan ante el rey al séquito de vírgenes; las traen entre alegrías.
V/ Llevan ante el rey al séquito de vírgenes; las traen entre alegrías.

R/ Van entrando en el palacio real.
V/ Las traen entre alegrías.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Llevan ante el rey al séquito de vírgenes; las traen entre alegrías.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. La virgen santa Cecilia llevaba siempre sobre su corazón el Evangelio de Cristo, y no cesaba, ni de día ni de noche, de orar y hablar con Dios.
Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. La virgen santa Cecilia llevaba siempre sobre su corazón el Evangelio de Cristo, y no cesaba, ni de día ni de noche, de orar y hablar con Dios.

PRECES

Alabemos con gozo a Cristo, que elogió a los que permanecen vírgenes a causa del reino de los cielos, y supliquémosle, diciendo:

Jesús, rey de las vírgenes, escúchanos.

Oh Cristo, que como esposo amante colocaste junto a ti a la Iglesia, sin mancha ni arruga,
— haz que esta Iglesia sea siempre santa e inmaculada.

Oh Cristo, a cuyo encuentro salieron las vírgenes santas con sus lámparas encendidas,
— no permitas que falte nunca el óleo de la fidelidad en las lámparas de las vírgenes que se han consagrado a ti.

Señor Jesucristo, a quien la Iglesia virgen ha guardado siempre fidelidad intacta y pura,
— concede a todos los cristianos la integridad y la pureza de la fe.

Tú que conoces hoy a tu pueblo alegrarse por la festividad de santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars virgen,
— concédele también gozar siempre de su valiosa intercesión.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que recibiste en el banquete de tus bodas a las vírgenes santas,
— admite benigno a los difuntos en el convite festivo de tu reino.

Movidos por el Espíritu Santo, dirijamos al Padre la oración que nos enseñó el Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Acoge nuestras súplicas, Señor, y, por intercesión de santa Cecilia, dígnate escucharnos con bondad.  Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 22 de noviembre

1) Oración inicial

Señor, Dios nuestro, concédenos vivir siempre alegres en tu servicio, porque en servirte a ti, creador de todo bien, consiste el gozo pleno y verdadero. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Lucas 19,45-48

Jesús entró en el Templo y comenzó a echar fuera a los que vendían, diciéndoles: «Está escrito: Mi Casa será Casa de oración. ¡Pero vosotros la habéis hecho una cueva de bandidos!»
Enseñaba todos los días en el Templo. Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y también los notables del pueblo buscaban matarle, pero no encontraban modo de hacerlo, porque todo el pueblo le oía pendiente de sus labios.

3) Reflexión

• El contexto. Tras describir la subida de Jesús a Jerusalén (17,11-19,28), Lucas lo presenta ahora realizando su acción en el contexto del templo. Después de la entrada del enviado del Señor a Jerusalén pasando por la puerta de oriente (19,45), el templo es el primer lugar en que Jesús lleva a cabo su acción: las controversias que se narran tienen lugar en este sitio y a él hacen referencia. La subida de Jesús al templo no es sólo una acción personal sino que afecta también a la “multitud de los discípulos” (v.37) en su relación con Dios (vv.31-34). Lucas narra ante todo un primer episodio en el que presenta los preparativos de la entrada de Jesús en el templo (vv.29-36) y su realización (vv.37-40); sigue después una escena en la que se presenta a Jesús llorando sobre la ciudad (vv.41-44), mientras que en la siguiente encontramos la narración de nuestro pasaje de hoy: su presencia en el templo y la expulsión de los vendedores (vv.45-48).
• El gesto de Jesús. No tiene un valor político, sino una significación profética. Parecerá al lector que la meta del gran viaje de Jesús a Jerusalén es su ingreso en el templo. Es evidente la referencia a la profecía de Malaquías y su cumplimiento con la entrada de Jesús en el templo: “Y enseguida vendrá a su Templo el Señor a quien vosotros buscáis…” (3.1). Jesús une al gesto de expulsar del templo a los vendedores dos referencia a la Escritura: Ante todo Is 56, 7: “Mi casa será casa de oración”. El templo es el lugar en el que Jesús se dirige al Padre. La actividad comercial y especulativa ha convertido el templo en una cueva de ladrones y lo ha desprovisto de su única y exclusiva misión: el encuentro con la presencia de Dios. La segunda referencia a la Escritura está tomada de Jr 7,11: “¿En cueva de bandoleros se ha convertido a vuestros ojos esta Casa que se llama por mi Nombre?”. La imagen de cueva de ladrones le sirve a Jesús para condenar el tráfico material en sentido amplio y no sólo los tráficos deshonestos que de manera velada e ilegal se cometían en el templo. Jesús exige un cambio de rumbo: purificar el templo de todas aquellas negatividades humanas y conducirlo a su función originaria: rendir verdadero servicio a Dios. Expulsando a estos impostores del comercio se cumple la profecía de Zacarías: “Y no habrá más comerciante en la Casa de Yahvé Sebaot aquel día” (14,21). Al pronunciarse así Jesús sobre el templo, no se refiere a una restauración de la pureza del culto, como era la intención de los zelotas. La intención de Jesús va más allá de la pureza del culto, es más radical, es intransigente: el templo no es una obra realizada por el esfuerzo humano; la presencia de Dios no está ligada a su aspecto material; el autentico servicio a Dios lo realiza Jesús en su enseñanza. Con motivo de esta predicación “los sumos sacerdotes, los escribas y los notables del pueblo buscaban matarlo” (v.47). En los límites temporales del espacio del templo, Jesús lleva a cabo una enseñanza altamente significativa, es más, es justamente en este lugar tan fundamental para los judíos donde su enseñanza alcanza el vértice, y será desde aquí desde donde partirá la palabra de los apóstoles (Hch 5,12.20.25.42). La difusión de la Palabra de gracia de la que Jesús es el único portador se abre como un arco que tiene su inicio cuando con doce años discute entre los Doctores de la ley en el templo; continúa con su enseñanza mientras atraviesa Galilea y durante el camino hacia Jerusalén; y se completa con la entrada en el templo donde toma posesión de la casa de Dios. En este lugar se echan los fundamentos para la futura misión de la Iglesia: la difusión de la palabra de Dios. Los principales del pueblo no pretenden suprimir a Jesús por haber destruido los negocios económicos del templo, sino que sus motivos alcanzan a toda su anterior actividad docente y se hacen patentes ante el discurso contra el templo. Jesús reivindica algo que desencadena la reacción de los sumos sacerdotes y de los escribas. En contraste con esta actitud hostil aparece la actitud del pueblo “que le oía pendiente de sus labios”. Jesús es visto como el mesías que, con su Palabra de gracia, reúne en torno a él al pueblo de Dios.

4) Pare el examen personal

• Tu oración al Señor ¿consiste en una relación sencilla de padre a hijo como fuerza para comunicarte con Dios, o más bien está recubierta de costumbres y prácticas con la pretensión de conseguir su benevolencia?
• Al escuchar la palabra de Jesús, ¿te sientes cogido por su enseñanza como la multitud que estaba pendiente de sus labios? Es decir, ¿prestas la debida atención a la escucha del Evangelio para unirte a Cristo? 5) Oración final
Considero un bien la ley de tu boca,
más que miles de monedas de oro y de plata.
¡Qué dulce me sabe tu promesa,
más que la miel a mi boca! (Sal 119,72.103)

Comentario del 22 de noviembre

A diferencia de la versión de Mateo, Lucas ofrece una narración muy escueta –poco pródiga en detalles- de la expulsión de los vendedores del templo. Se limita a decirnos que Jesús, entrando en el templo (de Jerusalén), se puso a echar a los vendedores –no nos aclara siquiera de qué-, diciéndoles: Escrito está. «Mi casa es casa de oración»; pero vosotros la habéis convertido en una «cueva de bandidos».

Es evidente que a Jesús no le gustó nada el espectáculo que contemplaron sus ojos: un mercado en toda regla asentado en el mismo atrio del templo; un mercado que no era ajeno a lo religioso, puesto que lo que allí se compraba y vendía eran los animales que habían de ofrecerse en sacrificio con motivo de la Pascua, por tanto, las ofrendas de los sacrificios. Pero no por ser religioso, dejaba de ser mercado. Jesús entiende, pues, que han hecho de la casa de oración, un edificio destinado, según sus propios estatutos (lo escrito), a la oración, en un mercado donde se intercambian mercancías y dinero (las monedas de los cambistas).

El Maestro, sin embargo, emplea una expresión aún más dura e hiriente para los responsables de este travestimiento: una cueva de bandidos ladrones, como se quiera traducir. Han hecho de la casa de su Padre, casa construida para la oración y el encuentro con Dios, un espacio para el comercio o las transacciones mercantiles. Y esa deformación le resulta intolerable y le merece el nombre de cueva de bandidos. Su indignación le lleva a adoptar una postura cuasi violenta, derribando mesas y monedas y expulsando a los vendedores. Esta reacción les parece tan desproporcionada a los que la sufren –quizá también a los espectadores del suceso- que piden explicaciones.

Es la única ocasión en los relatos evangélicos en que vemos reaccionar a Cristo de manera airada, tanto que parece haber perdido el dominio de sí o la mansedumbre que venía caracterizando todas sus actuaciones. Pero no debemos exagerar esta impresión. Allí no hubo muertos. Sólo derribos del mobiliario y expulsiones. La acción de Jesús reviste incluso un carácter simbólico. Destruid este templo y en tres días lo levantaré –llega a decirles-. Estaba hablando del templo de su cuerpo, lugar por excelencia de la presencia de Dios.

Precisamente por tener esta dimensión simbólica, su denuncia no afecta únicamente a esos casos en los que vemos transformarse un espacio sagrado en espacio comercial o turístico, aun cuando los objetos de comercio lleven también el sello o la imagen de lo sagrado; afecta también a ese otro ámbito, más íntimo, de nuestro culto, o de nuestras relaciones con Dios, que pueden deslizarse casi sin darnos cuenta hacia formas mercantiles de transacción: do ut des, yo te doy (misas, rezos, limosnas, sacrificios) para que tú me des a cambio lo que yo te pido (salud, éxito, bienestar, vida eterna). Sin pretenderlo, podemos hacer de la religión (práctica religiosa) un instrumento para doblegar la voluntad de Dios, es decir, podemos convertir no sólo la casa de oración, sino la misma oración, en mercado o relación mercantil, más aún, en chantaje o asalto propio de bandidos.

A Jesús no sólo le desagradan los derroteros que viene tomando la religiosidad judía, sino que anuncia un tipo de religiosidad nuevo, basado en la recuperación de valores tradicionales como la “oración” que debe mantenerse en los edificios (templos) construidos con ese fin y en la introducción de nuevos valores, fruto de la nueva presencia (corporal y espiritual) de Dios en el mundo o presencia humanada del Hijo de Dios hecho hombre. A Dios únicamente podemos acercarnos con espíritu de humildad y de obediencia, sin las exigencias propias de los que se saben con derechos ante Él, simple y llanamente con el deseo de descubrir su voluntad para llevarla a la práctica.

Jesús hace ahora del templo su lugar asiduo de enseñanza. Y esto era un verdadero desafío para las autoridades religiosas de su tiempo, esas autoridades que legitimaban el tráfico comercial que allí se daba y que Jesús había desaprobado con su actuación y que desautorizaban, como muestran todos los indicios, la actividad que el Maestro de Nazaret venía desarrollando en el lugar. Por eso le piden credenciales que Jesucristo no puede mostrar porque carece de toda autorización humana. Esta es también la razón por la que empiezan a idear el modo de quitarle de en medio, y a ser posible cuanto antes mejor; y es que está empezando a resultarles realmente molesto. Con este fin se confabulan sumos sacerdotes, letrados y senadores del pueblo.

Pero no pudieron hacer nada contra él porque el pueblo entero estaba pendiente de sus labios. Era tal la popularidad alcanzada por Jesús, que no se atrevían a actuar en su contra en pleno día o a la luz del día. Más tarde, urdirían estratagemas de apresamiento menos manifiestas –o más noctámbulas- para llevar a cabo sus propósitos homicidas. Para evitarlo no bastó el respaldo del pueblo ni de sus discípulos, porque estaban en juego los designios divinos, y el Padre había decidido la entrega del Hijo en manos de sus asesinos. Por eso, en semejante trance se encontrará abandonado de todos sin otras manos en las que expirar que las del Padre.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en 
Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

190. Esto no significa que tengas que estar de acuerdo con todo lo que ellos dicen, ni que debas aprobar todas sus acciones. Un joven siempre debería tener un espíritu crítico. San Basilio Magno, refiriéndose a los antiguos autores griegos, recomendaba a los jóvenes que los estimasen, pero que acogieran sólo lo bueno que pudieran enseñarles.[103] Se trata simplemente de estar abiertos para recoger una sabiduría que se comunica de generación en generación, que puede convivir con algunas miserias humanas, y que no tiene por qué desaparecer ante las novedades del consumo y del mercado.


[103] Cf. Carta a los jóvenes, I, 2: PG 31, 566.

Misa del domingo: misa con niños

DOMINGO XXXIV ORDINARIO (C)
“Jesús, un rey distinto”
24 de noviembre de 2019

(Celebramos la solemnidad de Jesucristo, Rey del universo. La fiesta tiene sabor de “final de año”, “final de un tiempo”… así se puede presentar y ambientar. En la celebración de hoy se pueden destacar elementos festivos: flores, colorido, una cierta procesión de entrada con monaguillos y monaguillas llevando la cruz procesional adornada, un mayor cuidado de los cantos… y hasta se pueden repartir o echar al aire, en la puerta de salida, unos caramelos, que siempre vienen bien).

Un signo para la celebración: la cruz procesional adornada u otra cruz destacada, adornada con flores o cintas de colores, para señalar con más fuerza el texto del evangelio de hoy.

Una canción para la celebración: “Gloria, gloria a Dios” (Misa joven). Se puede cantar o escuchar, escenificando, en el momento del “Gloria”. Si no se cantara esta canción se puede cantar otra de triunfo y gloria, por ejemplo: “Gloria, gloria, aleluya”.

1. MOTIVACIÓN

Amigos. Hoy es una gran fiesta para todos los que nos hemos reunido: celebramos el final de una etapa, de un año litúrgico, y lo celebramos proclamando que Jesús es algo así como un rey, pero su Reino es muy distinto a todos los que podamos conocer. Ya lo vais a ver. Cantamos y nos disponemos a celebrar una bonita fiesta.

2. SALUDO DEL SACERDOTE

3. PETICIÓN DE PERDÓN

  • Señor, nosotros no aceptamos al diferente. En tu Reino se acoge a todos. SEÑOR, TEN PIEDAD.
  • Señor, nosotros te negamos en muchas ocasiones. En tu Reino tú nos preparas un sitio. CRISTO, TEN PIEDAD.
  • Señor, a nosotros nos cuesta perdonar. En tu Reino, desde la cruz, tú perdonaste a los que te dieron muerte. SEÑOR, TEN PIEDAD.

4. CANTO DEL GLORIA. “De otra manera. Misa Joven” (CD). Se puede escenificar con algunos gestos de alabanza. Se puede cantar otro canto de gloria.

Gloria, gloria a Dios (4 veces)

Por tu inmensa gloria te alabamos,
bendecimos tu amor, te adoramos.
damos gracias al Rey celestial,
a Dios bueno, a Dios Padre, gloria a Dios.

Gloria, gloria a Dios (4 veces)

Tú que borras las sombras del mundo,
el cordero de Dios que nos salva,
nuestros ruegos escuchas, Señor, Jesús,
santo, rey del cielo, gloria a Dios.

Gloria, gloria a Dios (4 veces)

5. PRIMERA LECTURA. 2 Samuel 5, 1-3

Del libro del profeta Samuel:

En aquellos días todas las tribus de Israel se presentaron ante David en Hebrón y le dijeron: “Hueso tuyo y carne tuya somos. Desde hace tiempo, cuando Saúl reinaba sobre nosotros, eras tú el que dirigías las salidas y entradas de Israel. Por su parte, el Señor te ha dicho: “Tú pastorearás a mi pueblo Israel, tú serás el jefe de Israel”. Los ancianos de Israel vinieron a ver al rey en Hebrón. El rey hizo una alianza con ellos en Hebrón, en presencia del Señor, y ellos le ungieron como rey de Israel.

Palabra de Dios.

6. EVANGELIO. Lucas 23, 35-43. “Señor, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”.

(Antes de comenzar a leer el evangelio un niño u otra persona puede tomar la cruz procesional y colocarla junto al ambón desde donde se lee el texto, para destacar lo que se va a proclamar).

Lectura del santo evangelio según San Lucas:

En aquel tiempo, las autoridades hacían burla a Jesús en la cruz diciendo:
– A otros ha salvado, que se salve a sí mismo, si él es el Mesías, el Hijo de Dios. También se burlaban de él los soldados, diciéndole:

– Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.
Había en lo alto de la cruz un letrero en el que estaba escrito: Éste es el rey de los judíos. Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo:
– ¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.
Pero el otro le decía:
– Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino.
Y Jesús le respondió:
– Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.

Palabra del Señor.

7. COMENTARIO

  • En los escritos del Antiguo y Nuevo Testamento se emplea la palabra “rey” porque era una figura que se conocía en el pueblo y expresaba importancia.
  • Pero Jesús va a insistir en que su Reino no se parece en nada a los reinos de este mundo.
  • Se puede preguntar a los niños que digan tres características de los reinos de este mundo (exterior, territorio, poder, fuerza, dinero, lujo, guerras…)
  • Tres características del nuevo Reino que Jesús vino a iniciar y nosotros procuramos seguir (vida, verdad, perdón, amor y gracia, reino que habita en nosotros, reino que ya ha comenzado, reino que no tendrá fin, no ocupa un territorio concreto ni va unido a un color de la piel), es un reino distinto.
  • Explicar brevemente el “trono” del Reino de Jesús: la cruz y la capacidad de servir y ayudar a todos… hasta la entrega en la cruz, como Jesús.

8. PETICIONES

  1. Por la Iglesia, para que sepa anunciar el verdadero Reino de Dios. Roguemos al Señor.
  2. Por quienes no saben ver las semillas de este nuevo Reino en nuestra sociedad, para que tengan esperanza. Roguemos al Señor.
  3. Por la paz y la reconciliación en las familias y en el mundo. Roguemos al Señor.
  4. Por quienes no tienen casa o familia, para que les ayudemos si acaso conocemos a alguien. Roguemos al Señor.
  5. Por quienes nos han ayudado a crecer en la fe en Jesús. Roguemos al Señor.

9. PREFACIO

(Hoy el texto del Prefacio es muy catequético. Pronunciarlo bien).

10. PARA LA VIDA

Hacer un gesto de amor a Jesús, nuestro Rey: encender una pequeña vela, colocar una imagen de Jesús, rezar antes de la comida del domingo…

Iñaki Lete, sdb

La misa del domingo

DOMINGO XXXIV ORDINARIO (C)

LA FIESTA DE LA PARADOJA
24 de noviembre de 2019

Es curioso y paradójico: el día en que celebramos a Cristo como Rey, la Iglesia nos ofrece a los creyentes la imagen de Jesús reinando desde una CRUZ. Un Rey que establece su reino de justicia y paz a base de su propia sangre.

Hay en la CRUZ un mensaje que hemos olvidado o que no siempre hemos escuchado adecuadamente los cristianos y es éste: al hombre se le salva derramando por él nuestra propia sangre y no la de los otros.

¿Puede este Jesús crucificado decir algo válido, vivo, concreto a tantos seres humanos que hoy, en tantos rincones del mundo, están viviendo envueltos por el odio, la violencia y el terror?

¿Es el mensaje de la CRUZ algo inútil e inservible? ¿Es una utopía inútil recordar que desde la fe en el crucificado es más humano dejarse matar por una causa que matar por ella? ¿No vamos a gritar nunca los creyentes nuestra fe con radicalidad?

Todos sabíamos o creíamos que la violencia deshumaniza profundamente al que la practica y que desata una lógica de violencia siempre mayor.

Pero en estos momentos lo estamos comprobando con una crudeza y brutalidad desconocidas. La guerra, la violencia, el terror y el odio no parecen tener ya límite ni control alguno; es más, se justifican con total tranquilidad. Se ha perdido o se está en camino de perder la más mínima consideración de la vida humana. Vivimos en una sociedad donde la violencia se pone al servicio de cualquier causa.

Nadie que mata a un hombre con la facilidad e impunidad que hoy se mata, puede ayudar a construir ninguna sociedad más humana. La violencia deshumaniza profundamente a quien la practica y deshumaniza a quien la tolera.

Por otra parte, la exasperación, el odio y la agresividad van creciendo de manera incontenible. Hemos comenzado a escuchar palabras casi rituales de maldición sobre quien se opone o discrepa. En la sociedad actual admitimos casi ‘de facto’ la ley del talión: el “me la heces, me la pagas”. Crece el deseo casi instintivo de aplastar al contrario por cualquier medio.

Pero, ¿es así como lograremos una convivencia más pacífica? Combatir el terror y la muerte a base de terror y muerte sólo genera nueva violencia y agresividad.

Jesús no ha creído nunca en la fuerza, la agresividad, la violencia o el terror como solución para establecer una sociedad más justa, libre y fraterna. Lo importante no es herir y aplastar al otro, sino desarmarlo como enemigo. Luchar por todos los medios para que la violencia no sea necesaria. Buscar toda clase de caminos para que el del terror sea cada vez más injustificable.

Jesús muerto en la CRUZ en actitud de respeto total al hombre nos desenmascara e interpela a todos. No avanzaremos hacia una sociedad más humana si, para lograrla, comenzamos nosotros mismos por violar los derechos del hombre, pisotear su dignidad y destruir incluso su vida.

Jesús, el Señor, nuestro rey, reina desde una CRUZ. ¿Desde dónde queremos reinar nosotros?

Agustín Fernández, sdb

El buen ladrón (Oración)

EL BUEN LADRÓN

Hola Jesús. Gracias por acudir a la cita y sentarte un rato a mi lado. Me encanta pasar tiempo contigo y aprender cosas de ti. Hoy te pido que esas cosas no se me olviden nunca y pueda ponerlas en práctica cada día, para ser aún mejores amigos. Tú y yo.

Ahora cierro los ojos y abro bien el corazón para escuchar tu palabra.

El texto es una adaptación del evangelio de Lucas (Lc 23, 35-43):

Cuando Jesús estaba crucificado, había algunos que se reían de él, y decían: «Si es el hijo de Dios, el elegido, que haga un milagro y se baje de la cruz». También los soldados, le hacían beber vinagre en lugar de agua y le decían: «Anda, si eres tan poderoso, ¿por qué no te salvas a ti mismo?»

Al lado de Jesús había dos ladrones crucificados. Uno de ellos le insultaba también y le gritaba: «Sálvate tú y sálvanos a nosotros, si eres el Mesías». Jesús no contestaba, pero el otro ladrón interrumpió al primero y le mandó callar: «Anda, cállate, que nosotros estamos aquí porque hemos actuado mal, pero Jesús es un hombre justo». Entonces le dijo a Jesús: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino». Jesús le miró con cariño, y le dijo: «Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso».

Y en medio de todo el dolor y el sufrimiento, Jesús y el buen ladrón se hicieron amigos.

Imagina por un momento alguna situación en la que alguien se halla reído de ti o de algún amigo o compañero. ¿Cómo te has sentido? ¿Enfadado, triste, lleno de rabia y humillación? Quizá hasta te hallan entrado ganas de pelearte e incluso de perder los papeles. ¿Te acuerdas?

Ahora, piensa en cómo respondió Jesús cuando ya crucificado y lleno de dolor y sufrimiento de por sí, encima recibe la burla de aquellos que lo rodean. ¿Mostró enfado, ira, rabia? Seguro que sintió mucha tristeza. Pero por el contrario eligió una mirada de cariño, y unas palabras de amistad y acogida. Te lo aseguro, hoy estarás conmigo en el paraíso.

Intenta recordar la lectura que acabas de escuchar y piensa ¿por qué crees que Jesús se hizo amigo del buen ladrón?

El buen ladrón hizo dos cosas que muchas veces a nosotros nos cuesta cuando obramos mal. La primera reconocer los fallos. Aceptar que no hemos hecho las cosas como debíamos. Que hemos hecho daño a alguien. En definitiva, ser humildes en lugar de ser cabezotas y empeñarnos en tener la razón a toda costa.

Y la segunda fijarse en Jesús, ver en él a ese hombre justo, que debe ser siempre nuestro ejemplo, nuestro modelo a seguir. Porque siempre así, lograremos ser cada día mejores personas y pedirle que nos lleve junto a él, como hizo el buen ladrón. Sabiendo que Jesús puede hacer que nuestros errores y nuestras meteduras de pata sean perdonados.

Por eso, la próxima vez que alguien se ría de ti o cuando sientas ganas de hacerlo tú, recuerda a Jesús, que a pesar de la tristeza, eligió la compasión por encima del odio. Porque sólo el amor es más fuerte que el rencor, solo el cariño supera la venganza, y solo el arrepentimiento vence al orgullo.

Recuerda que Jesús elige ser amigo de aquel que es sencillo, de aquel que implora su perdón sabiendo que no ha hecho las cosas del todo bien. ¿Eliges tú ser amigo de Jesús?

Me ayuda a pensar, me ayuda a parar.
Sé que no me gusta la violencia y puedo hablar.
No pensar en me.
Sí pensar en we.
Sé que no me gusta la violencia y puedo hablar.

Quiero cantar, sentirme bien,
cuando me enfado no sé bien
cómo salir, cómo arreglar la situación.
Tengo a Jesús, conmigo va,
me da la paz y la amistad,
y sé decir: hasta aquí puedo llegar.

Me da la paz y la amistad de Migueli «El amor lo arregla todo.»

Jesús, enséñame

Jesús, enséñame a elegir siempre lo correcto…
A esforzarme cuando me acecha la pereza…
A ser fuerte cuando más débil me siento…
A perdonar cuando me invade el rencor…
A compartir cuando solo pienso en mí…
A ser como el buen ladrón y elegir tu amistad por encima de todo.
A mirar con cariño a quien todos miran mal…

Gloria al Padre,
y al Hijo,
y al Espíritu Santo.
Como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Comentario al evangelio – 22 de noviembre

La primera lectura de hoy termina diciendo: Por entonces, muchos bajaron al desierto para instalarse allí, porque deseaban vivir según derecho y justicia.

También hoy los cristianos nos encontramos  con ambientes difíciles donde poder vivir nuestra fe, pero no se trata de huir o de esconderse. Sabemos que lo que convence y arrastra no son las lindas palabras, sino las obras de amor hacia los demás, la solidaridad con el más débil y abandonado.

Con frecuencia aparecen noticias de enfrentamientos entre cristianos y musulmanes  en Egipto, entre cristianos e hindúes en la India… Y ciertamente da mucha pena ese odio por motivo del credo religioso. Por eso es más llamativa la obra de la Beata Teresa de Calcuta que supo ganarse el corazón de personas nada amigas de los cristianos. A Madre Teresa de Calcuta le fue confiada la misión de proclamar la sed de amor de Dios por la humanidad, especialmente por los más pobres entre los pobres. “Dios ama todavía al mundo, decía,  y nos envía a ti y a mí para que seamos su amor y su compasión por los pobres”. Fue un alma llena de la luz de Cristo, inflamada de amor por Él y ardiendo con un único deseo: “saciar su sed de amor y de almas”. Ese mensaje todos lo entendieron y respetaron. No son las ideas las que nos hacen hermanos, sino los sentimientos y afectos, los gestos de amor.

San Lucas en el evangelio nos pone delante a Jesús que llora y se lamenta por su querida ciudad de Jerusalén que no ha reconocido ni aceptado la visita de Dios que la quiere salvar y preservar de la destrucción. Él, como buen judío, ama con un cariño especial a la Ciudad Santa, en cuyo templo reside la gloria del Dios de Israel. Jesús sabe que allí están todos los elementos necesarios para realizar el plan de Dios; pero la realidad es que la ciudad se ha convertido en símbolo de la obstinación y el rechazo a todo lo que tuviera que ver con la voluntad divina, y esto le atraerá la perdición, pues de ella «no dejarán piedra sobre piedra».

Ver llorar a una persona nos conmueve, ver llorar a Jesús, el Hijo de Dios, nos desconcierta por su profundísima humanidad: se ha hecho en todo semejante a cualquiera de nosotros y ama no sólo a personas concretas, sino también a aquella ciudad, Jerusalén, cuyos dirigentes la van a llevar a la destrucción y ruina total.

Carlos Latorre, cmf