Vísperas – Jueves XXXIV de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

JUEVES XXXIV TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Tras el temblor opaco de las lágrimas,
no estoy yo solo.
Tras el profundo velo de mi sangre,
no estoy yo solo.

Tras la primera música del día,
no estoy yo solo.
Tras la postrera luz de las montañas,
no estoy yo solo.

Tras el estéril gozo de las horas,
no estoy yo solo.
Tras el augurio helado del espejo,
no estoy yo solo.

No estoy yo solo; me acompaña, en vela,
la pura eternidad de cuanto amo.
Vivimos junto a Dios eternamente.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu,
por los siglos de los siglos. Amén.

SALMO 71: PODER REAL DEL MESÍAS

Ant. Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.

Que los montes traigan paz,
y los collados justicia;
que él defienda a los humildes del pueblo,
socorra a los hijos del pobre
y quebrante al explotador.

Que dure tanto como el sol,
como la luna, de edad en edad;
que baje como lluvia sobre el césped,
como llovizna que empapa la tierra.

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
del Gran río al confín de la tierra.

Que en su presencia se inclinen sus rivales;
que sus enemigos muerdan el polvo;
que los reyes de Tarsis y de las islas
le paguen tributo.

Que los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta el fin de la tierra.

SALMO 71

Ant. Socorrerá el Señor a los hijos del pobre, rescatará sus vidas de la violencia.

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres;
él rescatará sus vidas de la violencia,
su sangre será preciosa a sus ojos.

Que viva y que le traigan el oro de Saba;
que recen por él continuamente
y lo bendigan todo el día.

Que haya trigo abundante en los campos,
y susurre en lo alto de los montes;
que den fruto como el Líbano,
y broten las espigas como hierba del campo.

Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol;
que él sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
el único que hace maravillas;
bendito por siempre su nombre glorioso;
que su gloria llene la tierra.
¡Amén, amén!

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Socorrerá el Señor a los hijos del pobre, rescatará sus vidas de la violencia.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Ahora se estableció la salud y el reinado de nuestro Dios.

LECTURA: 1P 1, 22-23

Ahora que estáis purificados por vuestra obediencia a la verdad y habéis llegado a quereros sinceramente como hermanos, amaos unos a otros de corazón e intensamente. Mirad que habéis visto a nacer, y no de una semilla mortal, sino de una inmortal, por medio de la palabra de Dios viva y duradera.

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor es mi pastor nada me falta.
V/ El Señor es mi pastor nada me falta.

R/ En verdes praderas me hace recostar.
V/ Nada me falta.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor es mi pastor nada me falta.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. A los hambrientos de justicia, el Señor los sacia y colma de bienes.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. A los hambrientos de justicia, el Señor los sacia y colma de bienes.

PRECES

Elevemos nuestros corazones agradecidos a nuestro Dios y Salvador, que ha bendecido a su pueblo con toda clase de bienes espirituales, y digámosle con fe:

Bendice a tu pueblo, Señor.

Dios todopoderoso y lleno de misericordia, protege al papa y a nuestro obispo,
— a los que tú mismo has elegido para guiar a la Iglesia.

Protege, Señor, nuestros pueblos y ciudades
— y aleja de ellos todo mal.

Multiplica, como renuevos de olivo alrededor de tu mesa, hijos que se consagren a tu reino,
— siguiendo a Jesucristo en pobreza, castidad y obediencia.

Conserva el propósito de las que han consagrado a ti su virginidad,
— para que sigan al Cordero divino adondequiera que vaya.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Haz que los difuntos descansen en tu paz eterna
— y que se afiance nuestra unión con ellos por la comunión de los santos.

Ya que por Jesucristo hemos llegado a ser hijos de Dios, acudamos confiadamente a nuestro Padre:
Padre nuestro…

ORACION

Al ofrecerte, Señor, nuestra alabanza vespertina, te pedimos humildemente que, meditando tu ley día y noche, consigamos un día la luz y el premio de la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 28 de noviembre

1) Oración inicial

Mueve, Señor, los corazones de tus hijos, para que, correspondiendo generosamente a tu gracia, reciban con mayor abundancia la ayuda de tu bondad. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 21,20-28

«Cuando veáis a Jerusalén cercada por ejércitos, sabed entonces que se acerca su desolación. Entonces, los que estén en Judea que huyan a los montes; los que estén en medio de la ciudad que se alejen; y los que estén en los campos que no entren en ella; porque éstos son días de venganza en los que se cumplirá todo cuanto está escrito. ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! «Habrá, en efecto, una gran calamidad sobre la tierra y cólera contra este pueblo. Caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones y Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que el tiempo de los gentiles llegue a su cumplimiento. «Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de la gente, trastornada por el estruendo del mar y de las olas. Los hombres se quedarán sin aliento por el terror y la ansiedad ante las cosas que se abatirán sobre el mundo, porque las fuerzas de los cielos se tambalearán. Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria. Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza, porque se acerca vuestra liberación.»

3) Reflexión

• En el evangelio de hoy sigue el Discurso Apocalíptico con más señales, la 7ª y la 8a, que debían de acontecer antes de la llegada del fin de los tiempos o mejor antes de la llegada del fin de este mundo para dar lugar al nuevo mundo, al “cielo nuevo y a la tierra nueva” (Is 65,17). La séptima señal es la destrucción de Jerusalén y la octava es los cambios en la antigua creación.
• Lucas 21,20-24. La séptima señal: la destrucción de Jerusalén. Jerusalén era para ellos la Ciudad Eterna. Y ahora ¡estaba destruida! ¿Cómo explicar este hecho? ¿Dios no tiene en cuenta el mensaje? Es difícil para nosotros imaginarnos el trauma y la crisis de fe que la destrucción de Jerusalén causó en las comunidades de tantos judíos y cristianos. Cabe aquí una breve observación sobre la composición de los Evangelios de Lucas y de Marcos. Lucas escribe en el año 85. Se sirve del evangelio de Marcos para componer su narrativa sobre Jesús. Marcos escribe en el año 70, el mismo año en que Jerusalén estaba siendo cercada y destruida por los ejércitos romanos. Por esto, Marcos escribió dando una cita al lector: “Cuando vierais la abominable desolación instalada donde no debe – el que lee entienda – entonces los que estén en Judea huyan a los montes” (Mc 13,14). Cuando Lucas menciona la destrucción de Jerusalén, Jerusalén estaba en ruinas desde hace quince años. Por esto él omite el paréntesis de Marcos. Lucas dice: “Cuando veáis a Jerusalén cercada por ejércitos, sabed entonces que se acerca su desolación. Entonces, los que estén en Judea que huyan a los montes; los que estén en medio de la ciudad que se alejen; y los que estén en los campos que no entren en ella; porque éstos son días de venganza en los que se cumplirá todo cuanto está escrito. ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! Habrá, en efecto, una gran calamidad sobre la tierra y cólera contra este pueblo. Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que el tiempo de los gentiles llegue a su cumplimiento”. Al oír a Jesús que anunciaba la persecución (6ª señal) y la destrucción de Jerusalén (7ª señal), los lectores de las comunidades perseguidas del tiempo de Lucas concluían: “Este es nuestro hoy. ¡Estamos en la 6ª señal!”
• Lucas 21,25-26: La octava señal: mudanzas en el sol y en la luna. ¿Cuándo será el fin? Al final después de haber oído hablar de todas estas señales que ya habían acontecido, quedaba en pie la pregunta: “El proyecto de Dios avanza mucho y las etapas previstas por Jesús se realizaron ya. Ahora estamos en la sexta y en la séptima etapa. ¿Cuántas etapas o señales faltan hasta que llegue el fin? ¿Falta mucho?” La respuesta viene ahora en la 8ª señal: “Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de la gente, trastornada por el estruendo del mar y de las olas. Los hombres se quedarán sin aliento por el terror y la ansiedad ante las cosas que se abatirán sobre el mundo, porque las fuerzas de los cielos se tambalearán”. La 8ª señal es diferente de las otras señales. Las señales en el cielo y en la tierra son una muestra de lo que está llegando, al mismo tiempo, el fin del viejo mundo, de la antigua creación y el comienzo de la llegada del cielo nueva y de la tierra nueva. Cuando la cáscara del huevo empieza a rasgarse es señal de que lo nuevo está apareciendo. Es la llegada del Mundo Nuevo que está provocando la desintegración del mundo antiguo. Conclusión: ¡falta muy poco! El Reino de Dios está llegando.
• Lucas 21,27-28: La llegada del Reino de Dios y la aparición del Hijo del Hombre. “Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria. Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza, porque se acerca vuestra liberación.” En este anuncio, Jesús describe la llegada del Reino con imágenes sacadas de la profecía de Daniel (Dan 7,1-14). Daniel dice que, después de las desgracias causadas por los reinos de este mundo, vendrá el Reino de Dios. Los reinos de este mundo, todos ellos, tienen figura de animal: león, oso, pantera y bestias salvajes (Dn 7,3-7). Son reinos animales, deshumanizan la vida, como acontece con ¡el reino neoliberal hasta hoy! El Reino de Dios, pues, aparece como un aspecto del Hijo del Hombre, esto es, con un aspecto humano de gente (Dn 7,13). Es un reino humano. Construir este reino que humaniza, es tarea de la gente de las comunidades. Es la nueva historia que debemos realizar y que debe reunir a la gente de los cuatro lados del mundo. El título Hijo del Hombre es el nombre que a Jesús le gustaba usar. Solamente en los cuatro evangelios, este nombre aparece más de 80 (ochenta) veces. Todo dolor que soportamos desde ahora, toda la lucha a favor de la vida, toda la persecución por causa de la justicia, todo el dolor de parto, es semilla del Reino que va a llegar en la 8ª señal.

4) Para la reflexión personal

• Persecución de las comunidades. Destrucción de Jerusalén. Desesperación. Ante los acontecimientos que hoy hacen sufrir a la gente ¿me desespero? ¿Cuál es la fuente de mi esperanza?
• Hijo de Hombre es el título que Jesús gustaba usar. El quería humanizar la vida. Cuanto más humano, más divino, decía el Papa León Magno. En mi relación con los demás, ¿soy humano?

5) Oración final

Bueno es Yahvé y eterno su amor,
su lealtad perdura de edad en edad. (Sal 100,5)

Comentario del 28 de noviembre

Las predicciones históricas de Jesús que aluden a la destrucción de Jerusalén parecen solaparse con las escatológicas, que presencian la venida del Hijo del hombre con gran poder y gloria. Decía él: Cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que está cerca su destrucción. Entonces, los que estén en Judea que huyan a la sierra; los que estén en la ciudad, que se alejen; los que estén en el campo, que no entren en la ciudad, porque serán días de venganza en que se cumplirá todo lo que está escrito.

Jesús predice, pues, la destrucción de Jerusalén, la ciudad que mata a los profetas que le son enviados. Serán días de angustia y terror, y los que quieran evitar la muerte tendrán que huir o alejarse de la ciudad. Muchos caerán a filo de espada y otros serán llevados como cautivos fuera de su tierra. Está describiendo lo que realmente sucedió cuando los ejércitos de Tito sitiaron y destruyeron la ciudad de Jerusalén en el año 70. Realmente Jerusalén sería pisoteada por los gentiles hasta que a los gentiles les llegase también su hora. Porque todos, judíos, gentiles y cristianos tendremos nuestra hora. Jesús califica estos acontecimientos como un castigo para este pueblo. No son, por tanto, fortuitos. No carecen de razón y de causa. Son un castigo merecido por su rechazo de Dios en sus enviados.

Y aquí es donde se prolonga la narración como si estos hechos calamitosos tuviesen continuidad y anticipasen la venida del Hijo del hombre con la cual se clausurarían los tiempos: Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo temblarán. Ahora no se trata de la ciudad de Jerusalén, sino del mundo, porque todo esto se le viene encima al mundo. Entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria.

Es la epidemía gloriosa del Hijo del hombre tal como viene descrita por la profecía de Daniel. ¿Qué hacer ante semejante espectáculo si es que uno queda para verlo? Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.

Jesús presenta la venida del Hijo del hombre como un acontecimiento liberador para sus seguidores. Pero para sentirlo así, como liberador, es necesario que tengamos conciencia de las cadenas que nos sujetan y de los lazos que nos oprimen. Hemos de suponer que los que viven en situaciones tan trágicas como las descritas en estos acontecimientos, sobre todo si se prolongan en el tiempo, han de desear que llegue su liberación. Y ésta sólo llegará si cesan tales acontecimientos o si logran escapar definitivamente de ellos y de sus efectos devastadores. Sólo así cesará el miedo y la ansiedad de esas gentes que han quedado sin aliento o enloquecidos por el estruendo del mar y el oleaje.

Los cristianos vivieron situaciones en las que tuvieron que desear ardientemente la venida de su Libertador. Como tal recibirían al Hijo del hombre aunque viniese acompañado de signos tan terroríficos. Con él llegaba la liberación de todos los sufrimientos que estaban padeciendo en esta tierra regada con sus lágrimas.

Por muy halagüeña que sea nuestra situación en el mundo, nunca nos faltará el sufrimiento ni el dolor. Son compañeros de camino inexcusables. Por eso la venida de Cristo, aunque nos cueste trabajo reconocerlo, no dejará de ser una venida liberadora de todo eso que nos esclaviza, que nos oprime, que nos hace sufrir y llorar, que nos deprime, que nos entristece, que nos va arrebatando la vida con sus goces y deleites. Aquí, la cercanía de la liberación no puede significar otra cosa que la salida de esa situación de muerte, y por tanto el acceso a una vida mejor aunque sea a través de la muerte. En cualquier caso la muerte es siempre un hecho insoslayable. La podremos retrasar, pero no evitar.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

196. En el libro La sabiduría de los años[104], expresé algunos deseos en forma de pedidos. «¿Qué pido a los ancianos, entre los cuales me cuento yo mismo? Nos pido que seamos guardianes de la memoria. Los abuelos y las abuelas necesitamos formar un coro. Me imagino a los ancianos como el coro permanente de un importante santuario espiritual, en el que las oraciones de súplica y los cantos de alabanza sostienen a la comunidad entera que trabaja y lucha en el terreno de la vida»[105]. Es hermoso que «los jóvenes y las muchachas también, los viejos junto con los niños, alaben el nombre del Señor» (Sal 148,12-13).


[104] Cf. Papa Francisco y amigos, La sabiduría de los años, ed. Mensajero, Bilbao 2018.

[105] Ibíd., 12.

Adviento: esperanza activa y preparación cristiana para la Navidad

1.- Estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre. Los textos litúrgicos de este domingo no se refiere ninguno a la primera venida del Señor, a la encarnación de Dios en el Niño de Belén, a la Navidad. Por eso, en este primer domingo de Adviento, yo voy a hablar de la Navidad cristiana sólo con una referencia especial y propia, litúrgicamente no apropiada, a ninguno de los textos litúrgicos de este domingo. Lo importante, pienso, es que esta homilía pueda servirnos algo para preparar digna y cristianamente la Navidad. Como he dicho al principio, lo primero que debemos hacer es esperar la Navidad con esperanza activa, no pasivamente. La esperanza activa es parte necesaria de nuestra preparación cristiana de la celebración de la Navidad. Todos los días y todos los tiempos de Adviento debemos purificar nuestro interior para que, el día de Navidad, Cristo pueda nacer en nuestro corazón con una fuerza grande, alegre, fraterna, familiar y generosa. Tradicionalmente, los días de Navidad nos reunimos en familia y todos nosotros debemos contribuir a que estas reuniones sean humana y cristianamente agradables y que contribuyan a aumentar una sana alegría familiar, olvidando todas aquellas pequeñeces que puedan contribuir a los contrario. En las familias no siempre nos entendemos habitualmente bien todos, por eso, estos días debemos esforzarnos para que, por nuestra parte, no seamos un estorbo o un obstáculo para una buena, sana y alegre convivencia. Que esos días seamos capaces, como nos dice el gran optimista profeta Isaías, “de convertir las espadas en arados y las lanzas en podaderas” Y como nos pide también el apóstol san Pablo, en la segunda lectura, que “no haya ni comilonas, ni borracheras, ni lujuria y desenfreno, ni riñas y envidias”. También tenemos que tener en cuenta que hoy día para muchas familias, si no para la mayoría, las fiestas de Navidad se celebran con un carácter más social que religioso. Por nuestra parte debemos respetar la actitud de cada uno, sin intentar a toda costa que todas las personas con las que celebramos las fiestas de Navidad adopten una actitud religiosa. Seamos igualmente festivos y fraternos con todos, aún con aquellos que no participan de nuestra actitud religiosa y estrictamente navideña. Y, en fin, que ya tendremos ocasión de hablar con más propiedad litúrgica del Adviento en los próximos domingos. Yo ahora, desde esta página de betania, termino felicitando cordialmente la Navidad a todos nuestros lectores. ¡FELIZ NAVIDAD PARA TODOS!

Gabriel González del Estal

Estad en vela para estar preparados

«Como en los tiempos de Noé, así será la venida del hijo del hombre. Porque como en los días que precedieron al diluvio comían, bebían y se casaban ellos y ellas, hasta el día en que entró Noé en el arca, y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los barrió a todos, así sucederá cuando venga el hijo del hombre. Entonces estarán dos en el campo; a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán. Estarán dos mujeres moliendo juntas; a una se la llevarán y a otra la dejarán. Estad en guardia, porque no sabéis en qué día va a venir vuestro Señor. Tened en cuenta que si el amo de casa supiera a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en guardia y no dejaría que le asaltaran la casa. Estad preparados también vosotros, porque a la hora que menos penséis vendrá el hijo del hombre».

Mateo 24, 37-44

Para meditar

¿Se puede ser cristiano a media jornada? ¿Se puede ser cristiano un ratito cada día? ¿Se puede ser cristiano sólo cuando rezamos? ¿O sólo cuando le damos un beso a nuestros padres y el resto del tiempo no ser cristiano?

Pues eso es lo que nos quiere decir hoy Jesús conque hay que estar vigilantes. Que debemos ser seguidores de Jesús siempre. Pero no por miedo a que venga Dios y nos pueda reñir, sino porque los creyentes disfrutamos siéndolo. Debemos estar vigilantes de todo lo que pasa a nuestro alrededor.

Para hacer vida el evangelio

  • ¿Eres creyente un ratito cada día o un ratito a la semana o eres siempre creyente? Por un ejemplo.
  • ¿Qué quiere decir Jesús conque tenemos que estar vigilantes?
  • Escribe un compromiso para que puedas ser creyente todos los días de tu vida.

Oración

Necesitamos vivir contigo,
llenos de tu presencia,
y conscientes de que todos nuestros
desasosiegos,
búsquedas y anhelos, prisas y aventuras,
no son otra cosa que ansia de Ti,
de tu Amor, de tu presencia y de tu abrazo.
Nos hiciste Señor para Ti,
para encontrarnos contigo,
para disfrutarte, incluirte en nuestra vida
y sabernos habitados por Ti.
Nos diste mil capacidades para ser felices, para vivir una vida
interesante
y para construir ese mundo de gente
que tiene una vida armónica y plena,
pero te olvidamos, lo hacemos todo solos,
no te incluimos en nuestra agenda.
¡Vivimos como huérfanos, teniéndote de Padre!
Olvidamos buscarte para que nos descanses.
No recordamos que al fi nal del camino
nos esperas
en esa mesa camilla en la que nos tienes
preparada una silla para cada uno,
donde la muerte no será el fi nal
sino el principio de lo mejor,
de lo grande… de tu AMOR.

Nos pillas de sorpresa

No sabemos el día ni la hora en que nos encontraremos contigo.
Curiosamente la muerte siempre nos pilla de sorpresa;
no la esperamos, es inoportuna, nos descoloca…

No entendemos, Señor,
que Tú eres el final del camino y el principio de lo mejor.
Preferimos vivir como si esta vida humana fuera la única.
Nos gusta más pensar que estamos aquí para siempre,
eso nos mantiene distraídos en mil pequeñeces cotidianas,
en vez de ocuparnos en las grandes verdades
que nos alegran el corazón.

Necesitamos vivir contigo, llenos de tu presencia,
y conscientes de que todos nuestros desasosiegos,
búsquedas y anhelos, prisas y aventuras,
no son otra cosa que ansia de ti, de tu Amor,
de tu presencia y de tu abrazo.

Nos hiciste Señor para ti, para encontrarnos contigo,
para disfrutarte, incluirte en nuestra vida
y sabernos habitados por Ti.
Nos diste mil capacidades para ser felices,
para vivir una vida interesante
y para construir ese mundo de gente
que tiene una vida armónica y plena,
pero te olvidamos, lo hacemos todo solos,
no te incluimos en nuestra agenda.
¡Vivimos como huérfanos, teniéndote de Padre…!
Olvidamos buscarte para que nos descanses.
No recordamos que al final del camino nos esperas
en esa mesa camilla en la que nos tienes preparada
una silla para cada uno, donde la muerte no será el final
sino el principio de lo mejor, de lo grande…
de tu AMOR.

Mary P. Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio Domingo I de Adviento

• Justo antes de este texto de hoy, Mateo ha subrayado que el Hijo del hombre vendrá (Mt 24,4-35). Ahora dice que no sabemos el momento (42).

• La alusión (37-39) a la historia del diluvio (Gn 6-7) se hace como ejemplo de aquello que llega de manera repentina e imprevista en un día cualquiera (38); los que no estaban preparados recibieron las consecuencias negativas (39). El Señor vendrá cuando todo el mundo estará haciendo su vida de cada día (40-41), viene cada día, en la vida más ordinaria. Quien está atento, vive con Él.

• Jesús desvía la atención de los discípulos: de fijarse en la fecha de la futura venida a fijarse en el presente. La preocupación de quienes seguimos a Jesús no debe ser cuándo se acabará el mundo, sino qué actitud debemos mantener mientras vivimos en éste. Dada la condición de ignorantes del día y la hora (44), se nos propone de vivir velando (42), para estar a punto para el encuentro con el Señor.

• La imagen del ladrón (43) refuerza esta invitación, remarcando el carácter imprevisible de la venida de Cristo. Y con la imagen de los dos sirvientes que Mateo presenta a continuación (Mt 24,45-51), así como con las parábolas del capítulo siguiente (Mt 25,1-30), se aclara qué quiere decir “velar”: dar fruto, cumpliendo la voluntad de Dios. Después (Mt 25,31-46) se dice cuál será el criterio del día del juicio: el amor en el “hoy”, en el presente.

• Este “velar” para “dar fruto” pasa por es- tar atento a lo que sucede en el entorno y en el mundo en general; pasa por discernir (con los demás) para descubrir cuál es la voluntad de Dios en cada situación; pasa por rezar (Mt 26,41). Velar así nos mantiene firmes en la fe, nos da ánimo, nos ayuda a vivir sobriamente.

Comentario al evangelio – 28 de noviembre

Continuamos con el género apocalíptico de todos los días de esta semana, género aparentemente truculento y aterrador. En nuestro lenguaje habitual designamos como apocalíptico lo terrible y pavoroso; pero esto es un gran error. La palabra apocalipsis significa sencillamente revelación, y el género apocalíptico revela el sentido y el desenlace de la historia, convirtiéndose en un género de consolación. Este tipo de literatura se cultiva en Israel precisamente en épocas de gran tribulación, y el apocalipsis del Nuevo Testamento surge también como respuesta a las persecuciones del imperio romano que pretendían eliminan a los creyentes porque se negaban a practicar los cultos imperiales y confesaban que sólo Jesús se merece el título de Rey, que es el Rey de Reyes y Señor de Señores (Ap 19,16).

Hoy los textos subrayan fundamentalmente el señorío de Dios sobre la historia y sobre la creación: la guerra judeo-romana y los cataclismos cósmico-astrales no suceden al margen del plan divino. A pesar de tanto desorden y confusión, el Hijo del Hombre está sobre la nube, lleno de poder y de gloria. Viene como juez de la historia, pero como juez de misericordia, de modo que los creyentes se sienten libres de toda opresión y pueden andar “con la cabeza alta”.

Para nosotros, el lenguaje apocalíptico tiene otras posibilidades de aprovechamiento. Los cataclismos cósmicos y las tribulaciones bélicas son la metáfora del surgir de un cosmos nuevo y de una sociedad diferente, de un nuevo nacimiento a gran escala. San Pablo daba por hecho que esto, en parte, ya había sucedido en los creyentes, que el bautismo los había hecho pasar por un proceso de muerte-resurrección, de modo que “el que está en Cristo es una criatura nueva; lo antiguo ha pasado, todo es nuevo” (2Cor 5,17).

Desde la desmitologización de la biblia y su interpretación existencial, tan en boga hace pocas décadas y, en algunos aspectos, nada despreciable, volvemos a creer y desear un “fin del mundo” para nosotros: la superación de miserias, inautenticidades, tendencias pecaminosas… y el surgir de una sensibilidad diferente y unos ojos nuevos para contemplar la historia, el mundo, los hermanos y a nosotros mismos como nuevas criaturas.

Nos faltan sólo tres días para iniciar el Adviento, ese llamado “tiempo fuerte” de la liturgia, con su reiterativa invitación a dejar que Dios nos haga nacer de nuevo. Sería un proceso semejante al de la semilla que se descompone y brota lozana y pujante. Un gran poeta, contemplando a un sembrador, experimentó en su interior ese deseo: 

“Lento, el arado, paralelamente, / abría el haza oscura, y la sencilla /
mano abierta dejaba la semilla/ en su entraña partida honradamente. /
Pensé arrancarme el corazón, y echarlo, / pleno de su sentir alto y profundo, /
al ancho surco del terruño tierno;/
a ver si con romperlo y con sembrarlo, / la primavera le mostraba al mundo /
el árbol puro del amor eterno” (J. Ramón Jiménez).

Severiano Blanco, cmf