Vísperas – Viernes XXXIV de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

VIERNES XXXIV TIEMPO ORDINARIO

 

V/. Dios mío, ven en mi auxilio.
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo,
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

 

HIMNO

El dolor extendido por tu cuerpo,
sometida tu alma como un lago,
vas a morir y mueres por nosotros
ante el Padre que acepta perdonándonos.

Cristo, gracias aún, gracias, que aún duele
tu agonía en el mundo, en tus hermanos.
Que hay hambre, ese resumen de injusticias;
que hay hombre en el que estás crucificado.

Gracias por tu palabra que está viva,
y aquí la van diciendo nuestros labios;
gracias porque eres Dios y hablas a Dios
de nuestras soledades, nuestros bandos.

Que no existan verdugos, que no insistan;
rezas hoy con nosotros que rezamos.

 

Porque existen las víctimas, el llanto. Amén.

 

SALMO 114: ACCIÓN DE GRACIAS

Ant. Arranca, Señor, mi alma de la muerte, mis pies de la caída.

Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.

Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
«Señor, salva mi vida.»

El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas, me salvó.

Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno contigo:
arrancó mi alma de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.

Caminaré en presencia del Señor
en el país de la vida.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Arranca, Señor, mi alma de la muerte, mis pies de la caída.

 

SALMO 120: EL GUARDIÁN DEL PUEBLO

Ant. El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel.

El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.

El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

 

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

 

LECTURA BREVE 1Co 2, 7-10a

Enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria. Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conocido; pues, si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria. Sino, como está escrito: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que le aman.» Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu.

 

RESPONSORIO BREVE

V/. Cristo murió por los pecados, para conducirnos a Dios.
R/. Cristo murió por los pecados, para conducirnos a Dios.

V/. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida.
R/. Para conducirnos a Dios.

V/. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
R/. Cristo murió por los pecados, para conducirnos a Dios.

 

Magníficat.: Acuérdate de tu misericordia, Señor, como lo habías prometido a nuestros padres.

MAGNÍFICAT, Lc 1, 46-55 ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Magníficat.: Acuérdate de tu misericordia, Señor, como lo habías prometido a nuestros padres.

 

PRECES

Bendigamos ahora al Señor Jesús, que en su vida mortal escuchó siempre con bondad las súplicas de los que acudían a él y con amor secaba las lágrimas de los que lloraban, y digámosle también nosotros:

Señor, ten misericordia de tu pueblo.

Señor Jesucristo, tú que consolaste a los tristes y deprimidos,
—pon ahora tus ojos en las lágrimas de los pobres.

Escucha los gemidos de los agonizantes
—y envíales tus ángeles para que los alivien y conforten.

Que los emigrantes sientan tu providencia en su destierro,
—que puedan regresar a su patria y que un día alcancen también la eterna.

Que los pecadores se ablanden a tu amor
—y se reconcilien contigo y con tu Iglesia.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Perdona las faltas de los que han muerto
—y dales la plenitud de tu salvación.

Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena confianza:
Padre nuestro…

 

ORACION

Señor, Dios todopoderoso, te pedimos nos concedas que, del mismo modo que hemos cantado tus alabanzas en esta celebración matutina, así las podamos cantar también plenamente, con la asamblea de tus santos, por toda la eternidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

R/. Amén.

 

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 29 de noviembre

1) Oración inicial

Mueve, Señor, los corazones de tus hijos, para que, correspondiendo generosamente a tu gracia, reciban con mayor abundancia la ayuda de tu bondad. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 21,29-33

Les añadió una parábola: «Mirad la higuera y todos los demás árboles. Cuando veis que echan brotes, sabéis que el verano está ya cerca. Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que el Reino de Dios está cerca. Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

3) Reflexión

• El evangelio de hoy nos trae las recomendaciones finales del Discurso Apocalíptico. Jesús insiste en dos puntos: (a) en la atención que hay que dar a los signos de los tiempos (Lc 21,29-31) y (b) en la esperanza, fundada en la firmeza de la palabra de Jesús, que expulsa el miedo y la desesperanza (Lc 21,32-33)..
• Lucas 21,29-31: Mirad la higuera y todos los árboles. Jesús manda mirar la naturaleza: “Mirad la higuera y todos los demás árboles. Cuando veis que echan brotes, sabéis que el verano está ya cerca. Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que el Reino de Dios está cerca” Jesús pide que la gente contemple los fenómenos de la naturaleza para aprender de ellos cómo leer e interpretar las cosas que están aconteciendo en el mundo. Los brotes en la higuera son una señal evidente de que el verano está llegando. Así también aquellas siete señales son la prueba de que “¡el Reino de Dios está cerca!” Hacer este discernimiento no es fácil. Una persona sola no se da cuenta del mensaje. Es reflexionando juntos en comunidad que la luz aparece. Y la luz es ésta: experimentar en todo lo que acontece una llamada a no encerrarse en el momento presente, sino mantener el horizonte abierto y percibir en todo una flecha que apunta más allá, hacia el futuro. Pero la hora exacta de la llegada del Reino nadie la sabe. En el evangelio de Marcos, Jesús llega a decir: “Cuanto a ese día o a esa hora, nadie la conoce, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre.” (Mc 13,32).
• Lucas 21,32-33: “Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. Esta palabra de Jesús evoca la profecía de Isaías que decía: “Toda carne es hierba y toda su gloria como flor del campo. Sécase la hierba, marchítase la flor cuando pase sobre ella el soplo de Yahvé. Sécase la hierba, marchítase la flor, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre” (Is 40,7-8). La palabra de Jesús es la fuente de nuestra esperanza. ¡Lo que dice acaecerá!
• La venida del Mesías y el fin del mundo. Hoy mucha gente vive preocupada con el fin del mundo. Algunos se basan en una lectura errada y fundamentalista del Apocalipsis de Juan, y llegan a calcular la fecha exacta del fin del mundo. En el pasado, a partir de los “mil años” mencionados en el Apocalipsis (Ap 20,7), la gente solía repetir: “¡El año 1000 pasó, pero el 2000 no pasará!” Por esto, en la medida en que se iba acercando el año 2000, muchos quedaban preocupados. Hubo hasta gente que, angustiada con la llegada del fin del mundo, llegó a suicidarse. Pero en año 2000 pasó y nada aconteció. ¡El fin del mundo no llegó! La misma problemática estaba viva en las comunidades cristianas de los primeros siglos. Ellas vivían en la expectativa de la venida inminente de Jesús. Jesús vendría a realizar el Juicio Final para terminar con la historia injusta del mundo acá abajo e inaugura una nueva fase de la historia, la fase definitiva del Nuevo Cielo y de la Nueva Tierra. Pensaban que esto ocurriría dentro de una o dos generaciones. Mucha gente estaría con vida todavía cuando Jesús iba a aparecer glorioso en el cielo (1Ts 4,16-17; Mc 9,1). Y había hasta personas que habían dejado de trabajar, porque pensaban que la venida fuera cosa de pocos días o de semanas (2Tes 2,1-3; 3,11). Así pensaban. Pero hasta ahora, la venida de Jesús ¡todavía no ha ocurrido! ¿Cómo entender esta demora? En las calles de la ciudad, la gente ve pintadas en las paredes las palabras ¡Jesús volverá! ¿Viene o no viene? ¿Y cómo será su venida? Muchas veces la afirmación “Jesús volverá” es usada para dar miedo a las personas y obligarlas a ir a una determinada iglesia.
En el Nuevo Testamento, el retorno de Jesús es siempre motivo de alegría y de paz. Para los explotados y oprimidos, la venida de Jesús es una Buena Noticia. ¿Cuándo vendrá? Entre los judíos, las opiniones eran muy variadas. Los saduceos y los herodianos decían: “¡Los tiempos mesiánicos llegaron ya!” Pensaban que su bienestar durante el gobierno de Herodes fuera expresión del Reino de Dios. Por esto, no querían cambio y estaban en contra de la predicación de Jesús que convocaba a la gente para cambiar y convertirse. Los fariseos decían: “¡La llegada del Reino va a depender de nuestro esfuerzo en la observancia de la ley!” Los esenios decían: “El Reino prometido llegará sólo cuando hayamos purificado el país de todas las impurezas”. Entre los cristianos había la misma variedad de opiniones. Algunos de la comunidad de Tesalónica en Grecia, apoyándose en la predicación de Pablo, decían: “¡Jesús volverá!” (1 Tes 4,13-18; 2 Tes 2,2). Pablo responde que no era tan simple como se lo imaginaban. Y a los que habían dejado de trabajar decía: “¡Quien no quiere trabajar, que no coma!” (2Tes 3,10). Probablemente se trataba de gente que a la hora del almuerzo iba a mendigar comida a casa del vecino. Los cristianos opinaban que Jesús volvería después que el evangelio fuera anunciado al mundo entero (Hechos 1,6-11). Y pensaban que cuanto mayor fuera el esfuerzo de evangelizar, más rápidamente vendría el fin del mundo. Otros, cansados de esperar, decían: “¡No volverá!” (2 Pd 3,4). Otros basándose en las palabras de Jesús, decían con acierto: “¡Ya está en medio de nosotros!” (Mt 25,40).
Hoy pasa lo mismo. Hay gente que dice: “Como van las cosas, está bien tanto en la Iglesia como en la sociedad”. No quieren cambios. Otros esperan el retorno inmediato de Jesús. Otros piensan que Jesús volverá por medio de nuestro trabajo y anuncio. Para nosotros, Jesús está en medio de nosotros (Mt 28,20). El ya está de nuestro lado en la lucha por la justicia, por la paz, por la vida. Pero la plenitud no ha llegado todavía. Por esto, esperamos con firme esperanza la liberación total de la humanidad y de la naturaleza (Rom 8,22-25).

4) Para la reflexión personal

• Jesús pide que miremos la higuera, para contemplar los fenómenos de la naturaleza. En mi vida ¿aprendí alguna cosa contemplando la naturaleza?
• Jesús dijo: “El cielo y la tierra pasarán, pero mi palabra no pasará”. ¿Cómo encarno estas palabras de Jesús en mi vida?

5) Oración final

Señor, dichosos los que moran en tu casa
y pueden alabarte siempre;
dichoso el que saca de ti fuerzas
cuando piensa en las subidas. (Sal 84,5-6)

Comentario del 29 de noviembre

Jesús invita a sus discípulos a observar la naturaleza que les rodea, porque de cualquier fenómeno natural se puede extraer una lección. Fijaos –les dice- en la higuera o en cualquier árbol: cuando echa brotes, os basta verlos para saber que la primavera está cerca.

Hay, pues, hechos observables como los brotes de un árbol que anuncian acontecimientos como la llegada de una nueva estación. Lo que importa es acertar con la predicción, porque unos sucesos son más predecibles que otros.

Tomando como punto de partida el fenómeno observable de la floración de los árboles, Jesús nos traslada a otros sucesos de carácter histórico o cósmico que se presentan como precursores de la llegada del Reino de Dios. ¿A qué sucesos se refiere Jesús?

Por el contexto podemos deducir que a los que acaba de describir en los versículos inmediatamente anteriores: guerras, días de venganza, cautividad, destrucción, temblor de estrellas, ansiedad colectiva, movimientos sísmicos y locura de las gentes. Tales son, según la profecía evangélica, los signos precursores de la llegada del Reino, signos de colorido apocalíptico que dan a entender que la irrupción de lo nuevo exige la destrucción de lo antiguo. Jesús pinta un cuadro realmente tenebroso de ese momento que precederá y anunciará la llegada de este novum que es el Reino de Dios. Del mismo modo que la floración del almendro anuncia la presencia de la primavera, los sucesos catastróficos descritos anunciarán la cercanía del Reino de Dios, como si éste estuviese reclamando una radical transformación del mundo en que vivimos con la consiguiente destrucción de todo lo anterior.

Pero los fenómenos descritos no dejan de ser sucesos acaecidos a lo largo y ancho de la historia desde sus orígenes más recónditos, sucesos que se adentran incluso en el tiempo de la prehistoria. Quizá lo que más destaca en la descripción de Jesús es la concentración de tales fenómenos en un corto espacio de tiempo. De hecho él habla de una generación, que no debería alargarse más allá de los cuarenta años, como arco temporal en el que habrían de cumplirse estas predicciones. Pero las dimensiones de los anuncios proféticos suelen ser casi siempre muy difíciles de delimitar.

El cielo y la tierra pasarán –concluye Jesús-, mis palabras no pasarán: no pasarán, porque se verán refrendadas por los hechos. El cielo y la tierra, por ser temporales, pasarán, como pasan los días y las horas, como pasa el tiempo, pasarán y se gastarán. Pero sus palabras, que tienen el valor de las cosas perennes, no pasarán; permanecerán ligadas a la realidad que expresan, permanecerán en su cumplimiento, permanecerán en la misma medida en que permanezca la verdad que nos trasladan.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en 
Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

197. ¿Qué podemos darles los ancianos? «A los jóvenes de hoy día que viven su propia mezcla de ambiciones heroicas y de inseguridades, podemos recordarles que una vida sin amor es una vida infecunda»[106]. ¿Qué podemos decirles? «A los jóvenes temerosos podemos decirles que la ansiedad frente al futuro puede ser vencida»[107]. ¿Qué podemos enseñarles? «A los jóvenes excesivamente preocupados de sí mismos podemos enseñarles que se experimenta mayor alegría en dar que en recibir, y que el amor no se demuestra sólo con palabras, sino también con obras»[108].


[106] Ibíd., 13.

[107] Ibíd.

[108] Ibíd.

Misa del domingo: misa con niños

DOMINGO I de ADVIENTO (A)
“Preparad el camino”

1 de diciembre de 2019

(Comienza un tiempo precioso de preparación a la Navidad, con numerosas posibilidades de intervención catequética: murales, frases de adviento, celebraciones de adviento, celebración penitencial, preparación del Belén con sentido catequético, preparación de la “corona de adviento”, proyección de alguna parte de un film que trate el tema del Antiguo Testamento, en espera del Salvador, o el nacimiento de Jesús, oración para la cena de navidad… En fin, comienza un tiempo fuerte de anuncio del mensaje cristiano.

Un signo para la celebración:

  • Unas zapatillas deportivas, nuevas y vistosas, como signo de prepararnos para iniciar uncamino. Comenzamos a caminar.
  • La corona de adviento (cuatro velas con adorno de ramas verdes u otro modo de colocación).
  • También se puede poner hoy, como elemento de ambientación permanente para el adviento,un cartel en el cual viene dibujado un camino cuya meta es la “navidad”. Cada domingo se

    hace o se señala una etapa.

  • Una canción para la celebración: “Preparad el camino al Señor” – del musical Goodspel-. Sepresta para ser cantada o escenificada mientras se escucha. “Gracias quiero darte”).

1. MOTIVACIÓN

Niño 1: Hola, amigos. Os veo que hoy venís a la eucaristía con una sonrisa muy grande.

Niña 2: Quizás es porque, en algunos sitios, ya hay luces de navidad por las calles, o porque estamos preparando actuaciones de navidad en el colegio o en la parroquia.

Niño 1: Os queremos anunciar que hoy comenzamos a recorrer un camino, que se llama “adviento”, y que nos llevará hasta la navidad.

Niña 2: Por eso, prepárate y ponte las zapatillas. Comenzamos el camino cantando.

2. SALUDO DEL SACERDOTE

3. PETICIÓN DE PERDÓN

  • Porque nos cuesta ponernos en actitud de cambio y de caminar hacia nuevas metas. SEÑOR, TEN PIEDAD.
  • Porque cerramos nuestros oídos a las llamadas de gente buena que nos invita a hacer el bien. CRISTO, TEN PIEDAD.
  • Porque nos falta ilusión para esperar la venida de Jesús. SEÑOR, TEN PIEDAD.

4. PRIMERA LECTURA (La propia del día. Isaías 2, 1-5)

(En estos domingos de Adviento escucharemos cómo hablaban los profetas, personajes que iban anunciando la llegada de Jesús, el Salvador).

Lectura del Profeta Isaías:

Llegará un día en que escucharéis la voz de quienes están esperando algo. Dirán: Venid, caminemos hacia aquellas montañas, caminemos al Monte del Señor. Él nos enseñará los verdaderos caminos y nosotros seguiremos sus sendas. Nos llevará hasta Jerusalén, de donde saldrá la palabra del Señor.

Cuando llegue el Señor, el Salvador, será capaz de transformar las espadas en arados y las lanzas en instrumentos de trabajo. Todos los pueblos podrán llegar a vivir en paz.

Palabra de Dios

5. CANTO DE ADVIENTO

(Del musical “Goodspel”. Es la primera vez que se canta en este tiempo. Motivarlo bien. Ir “entrando” en el canto y en su significado)

Preparad el camino al Señor,
y escuchad la palabra de Dios (varias veces).
Voz que clama en el desierto,
“preparad el camino al Señor”,
haced rectas todas las sendas,
preparad el camino al Señor.

6. EVANGELIO. Mateo 24, 37-44. “Estad preparados”

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Estad siempre preparados porque no sabéis cuando va a venir el Señor. Comprended que si supiera el dueño de una casa a qué hora de la noche va a venir el ladrón estaría despierto y preparado.

Pues vosotros tenéis que estar también así: preparados y dispuestos a encontraros con el Señor, que ya llega.

Palabra del Señor.

7. COMENTARIO

  • Comenzamos un camino hacia la navidad.
  • Estamos “en vela”, con la luz encendida. (Se puede encender ahora la primera vela de la corona de adviento).
  • Durante estos domingos nos va a acompañar la voz de unos personajes del Antiguo Testamento, los profetas, y de Jesús: cuando menos lo pienses llega el Señor a tu vida.
  • Las zapatillas preparadas, signo de agilidad y de mayor “viveza” para estas semanas de adviento.
  • Nos preparamos y “nos ponemos en forma” también con el sacramento de la reconciliación.

8. PETICIONES

  1. Por todos los que formamos la Iglesia, para que sepamos manifestar con nuestra vida que nos preparamos a la Navidad. Roguemos al Señor.
  2. Por los niños que tienen frío y pasan hambre. Por las personas que están sin trabajo. Roguemos al Señor.
  3. Por los países que continúan en guerra. Para que llegue a ellos la paz. Roguemos al Señor.
  4. Por las personas por las que queremos rezar hoy en la eucaristía. Roguemos al Señor.

9. CANTO. ACCIÓN DE GRACIAS. “Gracias quiero darte”

Gracias quiero darte por amarme,
gracias quiero darte yo a ti, Señor.
Hoy soy feliz porque te conocí,
gracias por amarme a mí también.

Yo quiero ser, Señor amado,
como el barro en manos del alfarero,
toma mi vida, hazla de nuevo.

yo quiero ser un vaso nuevo (bis).

Te conocí y te amé,
te pedí perdón y me escuchaste.
Si te ofendí, perdóname, Señor,
pues te amo y nunca te olvidaré.

10. PARA LA VIDA

(Se puede proponer un compromiso para esta primera semana de adviento: poner en tu habitación o en tu casa algún dibujo o signo de navidad, que te recuerde este tiempo de Adviento).

Iñaki Lete, sdb

La misa del domingo

Un nuevo año litúrgico: ¿qué esperas?

I Domingo de Adviento
1 de diciembre de 2019

Este domingo comenzamos un nuevo año litúrgico, una nueva oportunidad de hacernos disponibles a la propuesta de Dios sobre cada uno de nosotros. Sería bueno preguntarnos ¿qué esperamos? Todos esperamos algo: el tiempo de vacaciones, un viaje, un trabajo, una pareja, aprobar unos exámenes, la lotería, curar una enfermedad, el black Friday… Pero también… ¿Esperamos algo bueno para el mundo, para la humanidad, para mí?

Espera vigilante: “Estad en vela”

Jesús nos invita a estar atentos, vigilantes… Lo hace con dos comparaciones. La primera hace referencia a lo ocurrido en tiempos del diluvio. Nadie esperaba esta terrible catástrofe. Todo el mundo vivía despreocupado, a sus cosas y tareas.

La segunda comparación la toma Jesús de la vida cotidiana. El dueño de una casa debe estar vigilante y tomar preocupaciones para proteger su propiedad contra los ladrones.

A veces pensamos que la vida se juega en grandes decisiones, en momentos estelares. Sin embargo, lo que somos lo vamos construyendo cada día, en cada oportunidad, cada encuentro, cada enfado, cada propósito… Esta vida corriente es la única que tenemos y en esa vida es donde nos tenemos que parar, decidir y pensar qué es lo importante.

«Antes del diluvio, la gente comía y se casaba, hasta que Noé entró en el arca. Y cuando menos lo esperaban, llegó el diluvio y se los llevó a todos». El error es vivir constantemente centrados en lo material, cerrando el horizonte del sentido y la trascendencia. Nos vamos vaciando poco a poco, corriendo hacia el vacío interior.

Estamos invitados a estar como Noe, fiarnos de Dios y de su promesa y prepararnos para lo que puede llegar. No nos dejemos deslizar por las sendas del presentismo, del aquí y ahora sino que construyamos nuestro “arca” que nos mantendrá a flote en las borrascas de la vida.

Estar despiertos. ¡Espabila!

Quizás una de las cosas que más me sorprende a veces de los jóvenes es la apatía, el pasotismo y la desgana. A veces da la sensación de que ya han vivido todo, sin haber llegado a vivir nada.

El cristiano está enamorado de la vida; para el cristiano la vida nunca será apatía sino pasión, entrega, compromiso. No puede ser resignarse a soportar la vida, esperando al fin de semana, sino participar en la construcción de un mundo más justo.

En nuestro camino de fe el principal problema no es este o aquel fallo, sino un tono general de andar distraídos, con escasas ganas, como si valorásemos poco la vida, nuestra fe. Es decir, vivir sin ilusión.

Pero no se trata de hacer muchos compromisos de Adviento, poner mas empeño y dedicación. Sí, esto es necesario. Pero lo fundamental es descubrir que Dios viene, que la iniciativa la tiene Dios. El amor es suyo siempre. Luego viene nuestra respuesta. Por eso en el Adviento tenemos que repetir muchas veces interiormente: “Ven Señor Jesús”

Sergio Huerta Moyano, sdb

¡Atención, Jesús está aquí, ya llegó! (Oración)

¡ATENCIÓN, JESÚS ESTÁ AQUÍ, YA LLEGÓ!

¡Gran noticia! Mi madre me ha avisado de que un amigo mío, que por cierto vive lejos, va a pasar el fin de semana conmigo. Me encanta pasar el tiempo con él y estoy con ganas a que llegue. Pero no puedo recibirle de cualquier manera. Tengo que tenerlo todo preparado. Imagina que ese amigo es Jesús. Tómate unos segundos para preparar un papel y un lapicero.

Vamos a hacer una lista. Una lista de cosas importantes que podemos presentarle cuando llegue. Cosas que prepararán su camino hacia nosotros, y que también nos harán estar listos con el corazón limpio. Mientras suena la canción ve escribiéndolas todas.

Preparándote el camino
se hace más corta la espera,
se van borrando las huellas
de prisas y de condenas.

Preparándote el camino
se ha aparecido una estrella
y va animando al que siente
que ya no puede cogerla.

Un niño nos ha nacido,
un hijo se nos ha dado.
el poder sobre sus hombros.
Y todos le llamarán…
consejero del humilde,
fuerza en la debilidad,
siempre padre, siempre hijo,
y príncipe de la paz.

Preparándote el camino
sorprendiste a los que piensan
que ya no existen razones,
y ya no esperan promesas.

Preparándote el camino
se ha aparecido una estrella
y va animando al que siente
que ya no puede cogerla.

Un niño nos ha nacido…

Y ya no pesa la noche,
y no es dura la ceguera,
y ya no camina a oscuras
el que ilumina la espera.

Un niño nos ha nacido…

Preparándote el camino interpretado por Grupo Compasión «Navidad actual»

El texto es una adaptación del evangelio de Mateo (Mt 24, 37-44):

Jesús les dijo a sus amigos: «Mirad, cuando Noé era joven, antes del diluvio, la gente vivía sin preocuparse de nada, y no se daban cuenta de las cosas urgentes. Entonces llegó el diluvio y los pilló a todos por sorpresa. Pues cuando venga yo de nuevo pasará lo mismo. Que habrá gente que esté atenta y otra que no. Y al que esté atento le irá bien. Y al que esté despistado, se lo perderá. Veréis, si supierais que va a venir un ladrón a intentar asaltar vuestra casa, ¿no estaríais atentos? Seguro que sí, para no dejarle robaros. Pues esto es mucho más importante, y lo que tenéis que hacer ahora es estar atentos, porque el día que menos lo esperéis, llegaré de nuevo».

¿Estás atento? ¿Eres de los que estarán despistados cuando llegue Jesús? ¿O de los que prepararán su llegada? Fíjate en tu lista. ¿Cuántas de esas cosas se nos olvidan en el día a día con las prisas de las clases, el deporte, las extraescolares… Jesús está cerca y no podemos fallar. Lo urgente y lo importante es esto. Anótalo en tu agenda y estate preparado.

Después de este ratito, estando cerca de Jesús, nuestro Padre, recemos juntos un padre nuestro.

<

p style=”text-align:justify;”>Padre nuestro,
que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Amén.

Comentario al evangelio – 29 de noviembre

Nos encontramos un día más con el lenguaje simbólico de la apocalíptica, tanto en el libro de Daniel como en el tercer evangelio.

Dirijamos en primer lugar una mirada rápida a la visión simbólica de las cuatro fieras. Líneas después de lo que hoy leemos, el mismo libro de Daniel nos desvela el símbolo; se trata de cuatro imperios, para nosotros bien conocidos: el babilónico, el persa, el de Alejandro Magno y el siro-seleúcida. Los cuatro han sido opresores de Israel, pero el último, del momento en que se escribe el libro, es el más cruel; en él se han dado cambios de dinastía, lo que se designan mediante la imagen de los cuernos que son arrancados, que brotan de nuevo etc.

Lo verdaderamente importante, aquello en lo que el autor pone el acento, es el final de la visión: uno como “Hijo de Hombre”, muy cercano al Altísimo, priva a las fieras de todo su poder y a él se le da el imperio, el honor y el reino. Nuevamente nos encontramos con la finalidad consoladora del lenguaje apocalíptico: la última palabra la tiene el bien; el plan de Dios termina siendo realidad, a pesar de las zancadillas que la maldad humana le haya puesto. El cristiano no puede leer aquí otra cosa que el triunfo de Jesús, el “Hijo del Hombre”, su resurrección y su exaltación a la gloria del Padre, gloria que, finalmente, compartirá con “los santos del altísimo” (Dn 7,18), es decir, con sus fieles, con todos los creyentes.

El texto del evangelio es igualmente una llamada a vivir esperanzados, aun en medio de calamidades. El autor sabe que “todas esas cosas” (en su pensamiento, la guerra judía con la destrucción de Jerusalén y su templo) han sucedido, las han sufrido muchos de la generación de Jesús; porque la palabra de Jesús se cumple. Pero no todo es destrucción; pesan más los signos de salvación. En esto el pensamiento del evangelista y el de Jesús coinciden: estamos invitados a percibir en torno a nosotros mil pequeños detalles que nos muestran la acción creadora y salvadora de Dios ya en el presente: “levantad los ojos y mirad los campos ya dorados para la siega” (Jn 4,35).

Jesús interpretaba sus exorcismos y curaciones como signos de que “el Reino de Dios ha llegado a vosotros” (Lc 11,20). Y Lucas sabe que en su iglesia hay creyentes desprendidos, como Zaqueo, compasivos, como el buen samaritano, generosos, como la viejecita que echó todo en el cepillo de los pobres… Todo ello son signos del mundo nuevo. Con razón pudo transmitirnos el dicho de Jesús, seguramente actualizado, de que “el Reino de Dios no viene con aparatosidad… pues está en medio de vosotros” (Lc 17,21). Jesús invitaba a ver en lo pequeño la presencia anticipada de lo más grande: en la semilla, en una pizca de levadura… Ojalá sus palabras sigan vivas en nosotros, “no pasen”, y seamos como Él portadores de esperanza, heraldos de buenas noticias, creadores de ganas de vivir.

Severiano Blanco, cmf