Comentario al evangelio – 30 de noviembre

Los Apóstoles no son unos santos cualesquiera; son el cimiento de la iglesia. El Apocalipsis dice que bajó del cielo la ciudad santa (la Iglesia ideal), y que tenía “doce cimientos con doce nombres, los nombres de los Doce Apóstoles del Cordero” (Ap 21,14). Con muy buen criterio, en la liturgia el recuerdo de los Apóstoles tiene siempre rango de “fiesta”, mientras que de la mayor parte de los demás santos sólo se hace “memoria”. La Iglesia celebra el recuerdo de los Apóstoles siempre con gozo agradecido: gracias a lo que ellos iniciaron ha llegado hasta nosotros la salvación de Dios, y sigue llegando “a toda la tierra, hasta los límites del orbe, su lenguaje” (Rm 10,18).

La categoría histórica de San Andrés es muy especial, pues no sólo forma parte de la primera pareja de seguidores de Jesús, sino que él fue el intermediario para que su hermano Pedro creyese en Jesús; según Jn 1,41-42, Andrés condujo a Pedro hasta Jesús, de quien le había dicho previamente: “hemos encontrado al Mesías”. Andrés queda así convertido en el evangelizador modélico: puede llevar a otros a Jesús porque tiene la experiencia de haberse “encontrado” personalmente con Él.

Otro recuerdo de San Andrés que el evangelio nos ha conservado es su apertura a otras culturas o formas de pensamiento. En Juan 12,20-22 se nos informa de que unos judíos helenistas (grecoparlantes) que querían encontrarse con Jesús se valieron de la mediación de Andrés y Felipe; casualmente Andrés y Felipe son los únicos discípulos de Jesús que tienen nombre griego, signo seguramente de su apertura a ese mundo tan distante del judío. Esto hará que, en el futuro, Andrés consiga muchos adeptos a la fe cristiana; el misionero debe tener corazón grande, universal,

Andrés fue, como todo apóstol, un seguidor de Jesús, posteriormente un difusor del evangelio, y por fin –se sospecha- un mártir de la fe, que amó más su adhesión a Jesús que su propia vida. En la iglesia siempre se ha considerado que los obispos son los sucesores de los apóstoles; les toca conservar cuidadosamente el legado de aquellos, animar a las comunidades creyentes, impulsar la misión hacia nuevos pueblos. Pero, en lo más profundo, todos los cristianos somos sucesores de los apóstoles; nuestro rasgo principal no puede ser otro que la adhesión vital a Jesús, la seducción por su causa y la entrega a la misma, y el deseo de que le conozcan todos los pueblos. Que la fiesta de San Andrés avive en nosotros el recuerdo de lo más noble que nos ha tocado en suerte.

Severiano Blanco, cmf

San Andrés

Hoy es 30 de noviembre, festividad de San Andrés, apóstol.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 4,18-22):

En aquel tiempo, caminando por la ribera del mar de Galilea vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés, echando la red en el mar, pues eran pescadores, y les dice: «Venid conmigo, y os haré pescadores de hombres». Y ellos al instante, dejando las redes, Le siguieron. Caminando adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, que estaban en la barca con su padre Zebedeo arreglando sus redes; y los llamó. Y ellos al instante, dejando la barca y a su padre, Le siguieron.

Hoy es la fiesta de san Andrés apóstol, una fiesta celebrada de manera solemne entre los cristianos de Oriente. Fue uno de los dos primeros jóvenes que conocieron a Jesús a la orilla del río Jordán y que tuvieron una larga conversación con Él. Enseguida buscó a su hermano Pedro, diciéndole «Hemos encontrado al Mesías» y lo llevó a Jesús (Jn 2,41). Poco tiempo después, Jesús llamó a estos dos hermanos pescadores amigos suyos, tal como leemos en el Evangelio de hoy: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres» (Mt 4,19). En el mismo pueblo había otra pareja de hermanos, Santiago y Juan, compañeros y amigos de los primeros, y pescadores como ellos. Jesús los llamó también a seguirlo. Es maravilloso leer que ellos lo dejaron todo y le siguieron “al instante”, palabras que se repiten en ambos casos. A Jesús no se le ha de decir: “después”, “más adelante”, “ahora tengo demasiado trabajo”…

También a cada uno de nosotros —a todos los cristianos— Jesús nos pide cada día que pongamos a su servicio todo lo que somos y tenemos —esto significa dejarlo todo, no tener nada como propio— para que, viviendo con Él las tareas de nuestro trabajo profesional y de nuestra familia, seamos “pescadores de hombres”. ¿Qué quiere decir “pescadores de hombres”? Una bonita respuesta puede ser un comentario de san Juan Crisóstomo. Este Padre y Doctor de la Iglesia dice que Andrés no sabía explicarle bien a su hermano Pedro quién era Jesús y, por esto, «lo llevó a la misma fuente de la luz», que es Jesucristo. “Pescar hombres” quiere decir ayudar a quienes nos rodean en la familia y en el trabajo a que encuentren a Cristo que es la única luz para nuestro camino.

Prof. Dr. Mons. Lluís CLAVELL

Liturgia – San Andrés

SÁBADO. SAN ANDRÉS, apóstol, fiesta

Misa de la fiesta (rojo)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Gloria. Prefacio de los apóstoles. Conveniente la Plegaria Eucarística I. No se puede decir la Plegaria Eucarística IV.

Leccionario: Vol. IV

  • Rom 10, 9-18. La fe nace del mensaje que se escucha, y la escucha viene a través de la palabra de Cristo.
  • Sal 18. A toda la tierra alcanza su pregón.
  • Mt 4, 18-22. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

Antífona de entrada          Cf. Mt 4, 18-19
El Señor, paseando junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, Pedro y Andrés, y los llamó: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».

Monición de entrada y acto penitencial
Hermanos, al comenzar la celebración de los sagrados misterios en el día en el que veneramos al Apóstol san Andrés, hermano de san Pedro, y uno de los primeros discípulos del Señor Jesús, reafirmemos nuestra fe en Cristo, la fe que nos ha llegado por el testimonio de los apóstoles, la fe que también nosotros estamos llamados a vivir y anunciar. Y para mejor hacerlo, reconozcamos que nuestra fe y nuestras obras no siempre van unidas, que a menudo cometemos fallos en la vida y que nuestro apostolado cristiano deja mucho que desear. Por eso, con humildad y sencillez, pedimos perdón a Dios por nuestros pecados.

Se dice Gloria.

Oración colecta
SEÑOR, humildemente pedimos a tu majestad

que, así como san Andrés, apóstol de tu Iglesia,
brilló como predicador y pastor,
sea también nuestro perpetuo intercesor delante de ti.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Pidamos ahora, hermanos, al Señor nuestro Dios, que escuche la oración de la Iglesia, reunida para celebrar el martirio del apóstol san Andrés, primer discípulo de Jesús y, confiando en su poder, supliquémosle confiadamente.

1.- Por la Iglesia, por cada uno de los cristianos; para que vivamos cada día más firmemente la fe y el amor que los apóstoles nos han transmitido. Roguemos al Señor.

2.- Por las Iglesias de Oriente, que veneran de un modo especial al apóstol Andrés; para que crezcan constantemente en la fidelidad a Jesucristo. Roguemos al Señor.

3.- Por las vocaciones sacerdotales; para que nunca falten a nuestras parroquias los ministros necesarios para enseñarnos la Palabra que los apóstoles nos transmitieron. Roguemos al Señor.

4.- Por los que no conocen a Jesucristo o se han alejado de Él; para que puedan llegar a vivir la fuerza transformadora del Evangelio. Roguemos al Señor.

5.- Por los que nos hemos reunido hoy para celebrar la Eucaristía; para que sepamos anunciar a Jesucristo a nuestros hermanos y nos dispongamos a dejarlo todo para seguirlo. Roguemos al Señor.

Escucha nuestras oraciones, Padre de bondad; danos la luz de tu Espíritu y la fuerza de tu amor para que sigamos a tu Hijo con prontitud y generosidad y demos testimonio del Evangelio ante todos los hombres. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
DIOS todopoderoso,

concédenos agradarte con estos dones
que hemos traído en la fiesta de san Andrés,
y, al aceptarlos, haz que renueven nuestra vida.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de los apóstoles.

Antífona de comunión          Cf. Jn 1, 41-42
Dijo Andrés a su hermano Simón: «Hemos encontrado al Mesías, que significa Cristo». Y lo llevó a Jesús.

Oración después de la comunión
SEÑOR, la comunión de tu sacramento nos dé fortaleza

para que, a ejemplo del apóstol san Andrés,
compartiendo la muerte de Cristo,
merezcamos vivir con él en la gloria.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición sobre el pueblo
Dios todopoderoso,

que los estableció sobre el fundamento apostólico los bendiga
por la intercesión del glorioso apóstol San Andrés.
R. Amén.
 
Él, que quiso instruirlos
con la doctrina y los ejemplos de los apóstoles,
los ayude a ser ante todos los hombres
testigos de la verdad.
R. Amén.
 
Que la intercesión de los santos apóstoles,
que los instruyeron en la sólida doctrina de la fe,
os permita a todos vosotros, alcanzar la herencia eterna.
R. Amén.
 
Y la bendición de Dios todopoderoso,
del Padre, del Hijo + y del Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros y permanezca para siempre.
R. Amén.

Santoral 30 de noviembre

La liturgia cristiana recuerda este día a san Andrés apóstol, hermano de Pedro, hijos ambos de Jonás o Juan, nacidos en Betsaida, junto al lago de Tiberíades y de profesión pescadores. Andrés fue discípulo de Juan el Bautista, de aquellos que se pasaron a Jesús cuando oyeron decir a su Maestro señalando a Jesús que pasaba por allí: Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Andrés presentó a su hermano Simón a Jesús diciéndole: Hemos encontrado al Mesías. Interviene en el milagro de la multiplicación de los panes y los peces diciendo: Aquí hay un joven que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero, ¿qué es esto para tantos? En otra ocasión se acercó a Jesús con Felipe para presentarle a unos peregrinos de lengua griega que querían verle.

Después de la resurrección evangelizó el sur del mar Negro y la Tracia sufriendo martirio en Patrás (Acaya, al norte de Grecia). Durante casi cinco siglos su cabeza estuvo en la basílica de San Pedro junto a su hermano hasta que Pablo VI la entregó en un grandioso gesto ecuménico al Patriarca de Constantinopla en 1964. Que san Andrés nos ayude a caminar por las sendas de la unidad para que ambas iglesias proclamemos juntas el mensaje de Cristo a un mundo materialista y descristianizado.

Con san Andrés veneramos a los santos Constancio, Cutberto, José Marchand, Irocletes, Maura, Miracles, Maura, Isaac y compañeros mártires, Tadeo, Troyano, Zósimo.

Recordamos también a los beatos Alejandro, Andrés Antioqueno, Arnoldo, Guillermo de Pablo, Josbert y Juan de Vercellis. Tal vez veamos pronto en los altares al Siervo de Dios Abundio García Román, muerto con bien merecida fama de santo en Madrid el 30 de noviembre de 1989. Fue un hombre enteramente dado a los demás y evangelizador del mundo del trabajo. Fundó y dirigió durante muchos años las Hermandades del Trabajo. Sin duda desde el cielo reza por nosotros y por sus trabajadores, que tanto amó.

 Álvaro Maestro Jesús

Laudes – San Andrés, apóstol

LAUDES

SAN ANDRÉS, apóstol

La fiesta de este apóstol es de gran veneración en Oriente y Occidente. Hermano de San Pedro.

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

SALMO 99: ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO

Ant. Venid, adoremos al Señor, rey de los apóstoles.

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Hoy del tirano la furia
vence Andrés en los tormentos,
con aspa los aspavientos,
y con paciencia la injuria.

Halla en los tormentos gloria,
vida en la muerte y dolor,
en las afrentas honor,
y en ser vencido victoria.

El valor del pecho fuerte
alto y peregrino es,
porque sólo teme Andrés
el dilatarse la muerte.

Por quien se doma la furia
de los tiranos intentos,
con aspa los aspavientos,
y con paciencia la injuria. Amén.

SALMO 62: EL ALMA SEDIENTA DE DIOS

Ant. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que siguieron al Señor.

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que siguieron al Señor.

CÁNTICO de DANIEL: TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR

Ant. El Señor amó a Andrés como a un perfume de olor agradable.

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
Ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
Astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
Vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor;
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

Ant. El Señor amó a Andrés como a un perfume de olor agradable.

SALMO 149: ALEGRÍA DE LOS SANTOS

Ant. Andrés dijo a su hermano Simón: «Hemos encontrado al Mesías»; y lo llevó a Jesús.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles,
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Andrés dijo a su hermano Simón: «Hemos encontrado al Mesías»; y lo llevó a Jesús.

LECTURA: Ef 2, 19-22

Ya no sois extranjeros ni forasteros, sino que sois ciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar en templo consagrado al Señor. Por él también vosotros os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu.

RESPONSORIO BREVE

R/ Los nombrarás príncipes sobre toda la tierra.
V/ Los nombrarás príncipes sobre toda la tierra.

R/ Harán memorable tu nombre, Señor.
V/ Sobre toda la tierra.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Los nombrarás príncipes sobre toda la tierra.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El muro de la ciudad tenía doce cimientos que llevaban doce nombres: los nombres de los apóstoles del Cordero; y su lámpara es el Cordero.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El muro de la ciudad tenía doce cimientos que llevaban doce nombres: los nombres de los apóstoles del Cordero; y su lámpara es el Cordero.

PRECES

Queridos hermanos, habiendo recibido de los apóstoles la herencia de los elegidos, demos gracias a nuestro Padre por todos sus dones, diciendo:

El coro de los apóstoles te ensalza, Señor.

Por la mesa de tu cuerpo y de tu sangre, que nos transmitieron los apóstoles
— con la cual nos alimentamos y vivimos:

Por la mesa de tu palabra, que nos transmitieron los apóstoles,
— con la cual se nos comunica la luz y el gozo:

Por tu Iglesia santa, edificada sobre el fundamento de los apóstoles,
— por la cual nos integramos en la unidad:

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Por la purificación del bautismo y de la penitencia, confiada a los apóstoles,
— con la cual quedamos limpios de todos los pecados:

Concluyamos nuestra oración diciendo juntos las palabras de Jesús, nuestro Maestro:
Padre nuestro…

ORACION

Protégenos, Señor, con la constante intercesión del apóstol san Andrés, a quien escogiste para ser predicador y pastor de tu Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Vísperas – Viernes XXXIV de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

VIERNES XXXIV TIEMPO ORDINARIO

 

V/. Dios mío, ven en mi auxilio.
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo,
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

 

HIMNO

El dolor extendido por tu cuerpo,
sometida tu alma como un lago,
vas a morir y mueres por nosotros
ante el Padre que acepta perdonándonos.

Cristo, gracias aún, gracias, que aún duele
tu agonía en el mundo, en tus hermanos.
Que hay hambre, ese resumen de injusticias;
que hay hombre en el que estás crucificado.

Gracias por tu palabra que está viva,
y aquí la van diciendo nuestros labios;
gracias porque eres Dios y hablas a Dios
de nuestras soledades, nuestros bandos.

Que no existan verdugos, que no insistan;
rezas hoy con nosotros que rezamos.

 

Porque existen las víctimas, el llanto. Amén.

 

SALMO 114: ACCIÓN DE GRACIAS

Ant. Arranca, Señor, mi alma de la muerte, mis pies de la caída.

Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.

Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
«Señor, salva mi vida.»

El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas, me salvó.

Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno contigo:
arrancó mi alma de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.

Caminaré en presencia del Señor
en el país de la vida.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Arranca, Señor, mi alma de la muerte, mis pies de la caída.

 

SALMO 120: EL GUARDIÁN DEL PUEBLO

Ant. El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel.

El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.

El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

 

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

 

LECTURA BREVE 1Co 2, 7-10a

Enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria. Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conocido; pues, si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria. Sino, como está escrito: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que le aman.» Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu.

 

RESPONSORIO BREVE

V/. Cristo murió por los pecados, para conducirnos a Dios.
R/. Cristo murió por los pecados, para conducirnos a Dios.

V/. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida.
R/. Para conducirnos a Dios.

V/. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
R/. Cristo murió por los pecados, para conducirnos a Dios.

 

Magníficat.: Acuérdate de tu misericordia, Señor, como lo habías prometido a nuestros padres.

MAGNÍFICAT, Lc 1, 46-55 ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Magníficat.: Acuérdate de tu misericordia, Señor, como lo habías prometido a nuestros padres.

 

PRECES

Bendigamos ahora al Señor Jesús, que en su vida mortal escuchó siempre con bondad las súplicas de los que acudían a él y con amor secaba las lágrimas de los que lloraban, y digámosle también nosotros:

Señor, ten misericordia de tu pueblo.

Señor Jesucristo, tú que consolaste a los tristes y deprimidos,
—pon ahora tus ojos en las lágrimas de los pobres.

Escucha los gemidos de los agonizantes
—y envíales tus ángeles para que los alivien y conforten.

Que los emigrantes sientan tu providencia en su destierro,
—que puedan regresar a su patria y que un día alcancen también la eterna.

Que los pecadores se ablanden a tu amor
—y se reconcilien contigo y con tu Iglesia.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Perdona las faltas de los que han muerto
—y dales la plenitud de tu salvación.

Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena confianza:
Padre nuestro…

 

ORACION

Señor, Dios todopoderoso, te pedimos nos concedas que, del mismo modo que hemos cantado tus alabanzas en esta celebración matutina, así las podamos cantar también plenamente, con la asamblea de tus santos, por toda la eternidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

R/. Amén.

 

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – 29 de noviembre

1) Oración inicial

Mueve, Señor, los corazones de tus hijos, para que, correspondiendo generosamente a tu gracia, reciban con mayor abundancia la ayuda de tu bondad. Por nuestro Señor.

2) Lectura

Del Evangelio según Lucas 21,29-33

Les añadió una parábola: «Mirad la higuera y todos los demás árboles. Cuando veis que echan brotes, sabéis que el verano está ya cerca. Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que el Reino de Dios está cerca. Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

3) Reflexión

• El evangelio de hoy nos trae las recomendaciones finales del Discurso Apocalíptico. Jesús insiste en dos puntos: (a) en la atención que hay que dar a los signos de los tiempos (Lc 21,29-31) y (b) en la esperanza, fundada en la firmeza de la palabra de Jesús, que expulsa el miedo y la desesperanza (Lc 21,32-33)..
• Lucas 21,29-31: Mirad la higuera y todos los árboles. Jesús manda mirar la naturaleza: «Mirad la higuera y todos los demás árboles. Cuando veis que echan brotes, sabéis que el verano está ya cerca. Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que el Reino de Dios está cerca” Jesús pide que la gente contemple los fenómenos de la naturaleza para aprender de ellos cómo leer e interpretar las cosas que están aconteciendo en el mundo. Los brotes en la higuera son una señal evidente de que el verano está llegando. Así también aquellas siete señales son la prueba de que “¡el Reino de Dios está cerca!” Hacer este discernimiento no es fácil. Una persona sola no se da cuenta del mensaje. Es reflexionando juntos en comunidad que la luz aparece. Y la luz es ésta: experimentar en todo lo que acontece una llamada a no encerrarse en el momento presente, sino mantener el horizonte abierto y percibir en todo una flecha que apunta más allá, hacia el futuro. Pero la hora exacta de la llegada del Reino nadie la sabe. En el evangelio de Marcos, Jesús llega a decir: «Cuanto a ese día o a esa hora, nadie la conoce, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre.» (Mc 13,32).
• Lucas 21,32-33: “Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. Esta palabra de Jesús evoca la profecía de Isaías que decía: «Toda carne es hierba y toda su gloria como flor del campo. Sécase la hierba, marchítase la flor cuando pase sobre ella el soplo de Yahvé. Sécase la hierba, marchítase la flor, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre” (Is 40,7-8). La palabra de Jesús es la fuente de nuestra esperanza. ¡Lo que dice acaecerá!
• La venida del Mesías y el fin del mundo. Hoy mucha gente vive preocupada con el fin del mundo. Algunos se basan en una lectura errada y fundamentalista del Apocalipsis de Juan, y llegan a calcular la fecha exacta del fin del mundo. En el pasado, a partir de los “mil años” mencionados en el Apocalipsis (Ap 20,7), la gente solía repetir: “¡El año 1000 pasó, pero el 2000 no pasará!” Por esto, en la medida en que se iba acercando el año 2000, muchos quedaban preocupados. Hubo hasta gente que, angustiada con la llegada del fin del mundo, llegó a suicidarse. Pero en año 2000 pasó y nada aconteció. ¡El fin del mundo no llegó! La misma problemática estaba viva en las comunidades cristianas de los primeros siglos. Ellas vivían en la expectativa de la venida inminente de Jesús. Jesús vendría a realizar el Juicio Final para terminar con la historia injusta del mundo acá abajo e inaugura una nueva fase de la historia, la fase definitiva del Nuevo Cielo y de la Nueva Tierra. Pensaban que esto ocurriría dentro de una o dos generaciones. Mucha gente estaría con vida todavía cuando Jesús iba a aparecer glorioso en el cielo (1Ts 4,16-17; Mc 9,1). Y había hasta personas que habían dejado de trabajar, porque pensaban que la venida fuera cosa de pocos días o de semanas (2Tes 2,1-3; 3,11). Así pensaban. Pero hasta ahora, la venida de Jesús ¡todavía no ha ocurrido! ¿Cómo entender esta demora? En las calles de la ciudad, la gente ve pintadas en las paredes las palabras ¡Jesús volverá! ¿Viene o no viene? ¿Y cómo será su venida? Muchas veces la afirmación “Jesús volverá” es usada para dar miedo a las personas y obligarlas a ir a una determinada iglesia.
En el Nuevo Testamento, el retorno de Jesús es siempre motivo de alegría y de paz. Para los explotados y oprimidos, la venida de Jesús es una Buena Noticia. ¿Cuándo vendrá? Entre los judíos, las opiniones eran muy variadas. Los saduceos y los herodianos decían: “¡Los tiempos mesiánicos llegaron ya!” Pensaban que su bienestar durante el gobierno de Herodes fuera expresión del Reino de Dios. Por esto, no querían cambio y estaban en contra de la predicación de Jesús que convocaba a la gente para cambiar y convertirse. Los fariseos decían: “¡La llegada del Reino va a depender de nuestro esfuerzo en la observancia de la ley!” Los esenios decían: “El Reino prometido llegará sólo cuando hayamos purificado el país de todas las impurezas”. Entre los cristianos había la misma variedad de opiniones. Algunos de la comunidad de Tesalónica en Grecia, apoyándose en la predicación de Pablo, decían: “¡Jesús volverá!” (1 Tes 4,13-18; 2 Tes 2,2). Pablo responde que no era tan simple como se lo imaginaban. Y a los que habían dejado de trabajar decía: “¡Quien no quiere trabajar, que no coma!” (2Tes 3,10). Probablemente se trataba de gente que a la hora del almuerzo iba a mendigar comida a casa del vecino. Los cristianos opinaban que Jesús volvería después que el evangelio fuera anunciado al mundo entero (Hechos 1,6-11). Y pensaban que cuanto mayor fuera el esfuerzo de evangelizar, más rápidamente vendría el fin del mundo. Otros, cansados de esperar, decían: “¡No volverá!” (2 Pd 3,4). Otros basándose en las palabras de Jesús, decían con acierto: “¡Ya está en medio de nosotros!” (Mt 25,40).
Hoy pasa lo mismo. Hay gente que dice: “Como van las cosas, está bien tanto en la Iglesia como en la sociedad”. No quieren cambios. Otros esperan el retorno inmediato de Jesús. Otros piensan que Jesús volverá por medio de nuestro trabajo y anuncio. Para nosotros, Jesús está en medio de nosotros (Mt 28,20). El ya está de nuestro lado en la lucha por la justicia, por la paz, por la vida. Pero la plenitud no ha llegado todavía. Por esto, esperamos con firme esperanza la liberación total de la humanidad y de la naturaleza (Rom 8,22-25).

4) Para la reflexión personal

• Jesús pide que miremos la higuera, para contemplar los fenómenos de la naturaleza. En mi vida ¿aprendí alguna cosa contemplando la naturaleza?
• Jesús dijo: “El cielo y la tierra pasarán, pero mi palabra no pasará”. ¿Cómo encarno estas palabras de Jesús en mi vida?

5) Oración final

Señor, dichosos los que moran en tu casa
y pueden alabarte siempre;
dichoso el que saca de ti fuerzas
cuando piensa en las subidas. (Sal 84,5-6)

Comentario del 29 de noviembre

Jesús invita a sus discípulos a observar la naturaleza que les rodea, porque de cualquier fenómeno natural se puede extraer una lección. Fijaos –les dice- en la higuera o en cualquier árbol: cuando echa brotes, os basta verlos para saber que la primavera está cerca.

Hay, pues, hechos observables como los brotes de un árbol que anuncian acontecimientos como la llegada de una nueva estación. Lo que importa es acertar con la predicción, porque unos sucesos son más predecibles que otros.

Tomando como punto de partida el fenómeno observable de la floración de los árboles, Jesús nos traslada a otros sucesos de carácter histórico o cósmico que se presentan como precursores de la llegada del Reino de Dios. ¿A qué sucesos se refiere Jesús?

Por el contexto podemos deducir que a los que acaba de describir en los versículos inmediatamente anteriores: guerras, días de venganza, cautividad, destrucción, temblor de estrellas, ansiedad colectiva, movimientos sísmicos y locura de las gentes. Tales son, según la profecía evangélica, los signos precursores de la llegada del Reino, signos de colorido apocalíptico que dan a entender que la irrupción de lo nuevo exige la destrucción de lo antiguo. Jesús pinta un cuadro realmente tenebroso de ese momento que precederá y anunciará la llegada de este novum que es el Reino de Dios. Del mismo modo que la floración del almendro anuncia la presencia de la primavera, los sucesos catastróficos descritos anunciarán la cercanía del Reino de Dios, como si éste estuviese reclamando una radical transformación del mundo en que vivimos con la consiguiente destrucción de todo lo anterior.

Pero los fenómenos descritos no dejan de ser sucesos acaecidos a lo largo y ancho de la historia desde sus orígenes más recónditos, sucesos que se adentran incluso en el tiempo de la prehistoria. Quizá lo que más destaca en la descripción de Jesús es la concentración de tales fenómenos en un corto espacio de tiempo. De hecho él habla de una generación, que no debería alargarse más allá de los cuarenta años, como arco temporal en el que habrían de cumplirse estas predicciones. Pero las dimensiones de los anuncios proféticos suelen ser casi siempre muy difíciles de delimitar.

El cielo y la tierra pasarán –concluye Jesús-, mis palabras no pasarán: no pasarán, porque se verán refrendadas por los hechos. El cielo y la tierra, por ser temporales, pasarán, como pasan los días y las horas, como pasa el tiempo, pasarán y se gastarán. Pero sus palabras, que tienen el valor de las cosas perennes, no pasarán; permanecerán ligadas a la realidad que expresan, permanecerán en su cumplimiento, permanecerán en la misma medida en que permanezca la verdad que nos trasladan.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en 
Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

197. ¿Qué podemos darles los ancianos? «A los jóvenes de hoy día que viven su propia mezcla de ambiciones heroicas y de inseguridades, podemos recordarles que una vida sin amor es una vida infecunda»[106]. ¿Qué podemos decirles? «A los jóvenes temerosos podemos decirles que la ansiedad frente al futuro puede ser vencida»[107]. ¿Qué podemos enseñarles? «A los jóvenes excesivamente preocupados de sí mismos podemos enseñarles que se experimenta mayor alegría en dar que en recibir, y que el amor no se demuestra sólo con palabras, sino también con obras»[108].


[106] Ibíd., 13.

[107] Ibíd.

[108] Ibíd.