Vísperas – Viernes I de Adviento

VÍSPERAS

VIERNES I DE ADVIENTO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Jesucristo, Palabra del Padre,
luz eterna de todo creyente:
ven y escucha la súplica ardiente,
ven, Señor, porque ya se hace tarde.

Cuando el mundo dormía en tinieblas,
en tu amor tú quisiste ayudarlo
y trajiste, viniendo a la tierra,
esa vida que puede salvarlo.

Ya madura la historia en promesas,
sólo anhela tu pronto regreso;
si el silencio madura la espera,
el amor no soporta el silencio.

Con María, la Iglesia te aguarda
con anhelos de esposa y de madre,
y reúne a sus hijos en verla,
para juntos poder esperarte.

Cuando vengas, Señor, en tu gloria,
que podamos salir a tu encuentro
y a tu lado vivamos por siempre,
dando gracias al Padre en el reino. Amén.

SALMO 40: ORACIÓN DE UN ENFERMO

Ant. Sáname, señor, porque he pecado contra ti.

Dichoso el que cuida del pobre y desvalido;
en el día aciago lo pondrá a salvo el Señor.

El Señor lo guarda y lo conserva en vida,
para que sea dichoso en la tierra,
y no lo entrega a la saña de sus enemigos.

El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor,
calmará los dolores de su enfermedad.

Yo dije: «Señor, ten misericordia,
sáname, porque he pecado contra ti.»

Mis enemigos me desean lo peor:
«A ver si se muere, y se acaba su apellido.»

El que viene a verme habla con fingimiento,
disimula su mala intención,
y, cuando sale afuera, la dice.

Mis adversarios se reúnen a murmurar contra mí,
hacen cálculos siniestros:
«Padece un mal sin remedio,
se acostó para no levantarse.»

Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba,
que compartía mi pan,
es el primero en traicionarme.

Pero tú, Señor, apiádate de mí,
haz que pueda levantarme,
para que yo les dé su merecido.

En esto conozco que me amas:
en que mi enemigo no triunfa de mí.

A mí, en cambio, me conservas la salud,
me mantienes siempre en tu presencia.

Bendito el Señor, Dios de Israel,
ahora y por siempre. Amén, amén.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

SALMO 45: DIOS, REFUGIO Y FORTALEZA DE SU PUEBLO

Ant. El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.

Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar.

Que hiervan y bramen sus olas,
que sacudan a los montes con su furia:

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.

Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora.

Los pueblos se amotinan, los reyes se rebelan;
pero él lanza su trueno, y se tambalea la tierra.

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra:

Pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe,
rompe los arcos, quiebra las lanzas,
prende fuego a los escudos.

«Rendíos, reconoced que yo soy Dios:
más alto que los pueblos, más alto que la tierra.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

LECTURA: 2P 3, 8b-9

Para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir su promesa, como creen algunos. Lo que ocurre es que tiene mucha paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.

RESPONSORIO BREVE

R/ Despierta tu poder y ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.
V/ Despierta tu poder y ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.

R/ Que brille tu rostro y nos salve.
V/ Señor Dios de los ejércitos.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Despierta tu poder y ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Llamé a mi Hijo para que saliera de Egipto: vendrá y salvará a su pueblo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Llamé a mi Hijo para que saliera de Egipto: vendrá y salvará a su pueblo.

PRECES

Invoquemos confiados a Cristo, pastor y guardián de nuestras vidas y digámosle:

Favorécenos, Señor, por tu bondad.

Buen Pastor del rebaño de Dios,
— ven a reunir a todos los hombres en tu Iglesia.

Ayuda, Señor, a los pastores de tu pueblo peregrino,
— para que anuncien tu Evangelio hasta los confines del mundo.

Ten compasión de los que en su trabajo desfallecen a mitad del camino;
— haz que encuentren un amigo que los levante.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Muestra tu gloria en el gozo de tu reino
— a los que en este destierro escucharon tu voz.

Fieles a la recomendación del Salvador, nos atrevemos a decir:
Padre nuestro…

ORACION

Despierta tu poder y ven, Señor; que tu brazo liberador nos salve de los peligros que nos amenazan a causa de nuestros pecados. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Viernes I de Adviento

1) Oración inicial

Despierta tu poder y ven, Señor; que tu brazo liberador nos salve de los peligros que nos amenazan a causa de nuestros pecados. Tú, que vives y reinas.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 9,27-31
Cuando Jesús se iba de allí, le siguieron dos ciegos gritando: «¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!» Y al llegar a casa, se le acercaron los ciegos, y Jesús les dice: «¿Creéis que puedo hacer eso?» Dícenle: «Sí, Señor.» Entonces les tocó los ojos diciendo: «Hágase en vosotros según vuestra fe.» Y se abrieron sus ojos. Jesús les ordenó severamente: «¡Mirad que nadie lo sepa!» Pero ellos, en cuanto salieron, divulgaron su fama por toda aquella comarca.

3) Reflexión

Otra vez, el evangelio de hoy nos pone delante el encuentro de Jesús con la miseria humana. Jesús no se echa atrás, no se esconde. Acoge a las personas y en su acogida entrañable revela el amor de Dios.
• Dos ciegos siguen a Jesús y gritan: “¡Hijo de David, ten compasión de nosotros!”. A Jesús no le gustaba mucho el título de Hijo de David. Critica la enseñanza de los escribas que decían que el Mesías tenía que ser hijo de David: “El mismo David lo llama su Señor: ¿cómo entonces puede ser hijo suyo?” (Mc 12,37).
• Cuando Jesús llega a la casa, pregunta a los ciegos: “¿Creen que yo puedo sanarlos?” Y ellos responden: “Sí, Señor!” Una cosa es tener una correcta doctrina en la cabeza, otra cosa es tener fe en el corazón. La doctrina de los dos ciegos no era muy correcta, ya que llamaban a Jesús, Hijo de David. Pero a Jesús no le importa que le llamen así, a él le importa que tengan fe.
• Entonces les toca los ojos y dice: “Reciban ustedes lo que han creído” Inmediatamente los ojos se abrieron. A pesar de no acertar en la doctrina, los dos ciegos tienen fe. Hoy en día muchas personas están más preocupadas con tener una doctrina que la fe.
• Es bueno que no olvidemos un pequeño detalle de hospitalidad. Jesús llega a casa y los dos ciegos entran ellos también en su casa, como la cosa más normal del mundo. Se sienten ‘en casa’ en la casa de Jesús. Y ¿hoy? Una religiosa decía: “¡Hoy en día la situación del mundo es tal que me siento desconfiada hasta con los pobres!” La situación ha cambiado mucho.
• Jesús pide que no divulguen el milagro. Pero la prohibición no es respetada. Los dos ciegos salen y difunden la Buena Noticia. Anunciar el evangelio, es decir la Buena Noticia, quiere decir compartir con los demás el bien que Dios nos hace en la vida.

4) Para la reflexión personal

• ¿Tengo en mi vida alguna Buena Noticia que compartir con los demás?
• ¿Sobre qué punto insisto más: en una buena doctrina o en la fe?

5) Oración final

Cantaré por siempre el amor de Yahvé,
anunciaré tu lealtad de edad en edad.
(Sal 89,1)

Comentario – Viernes I de Adviento

Es una constante evangélica que Jesús fue objeto de búsqueda por parte de menesterosos e indigentes. Hubo quienes iniciaron el seguimiento de Cristo porque él les llamó y hubo quienes, como aquellos dos ciegos, le seguían sin que él les hubiera llamado, impulsados simplemente por el deseo acuciante de recuperar lo perdido, en este caso la vista. Es la necesidad la que les lleva a implorar a gritos la compasión del que es reconocido como Hijo de David. Le buscan porque Jesús se ha hecho accesible a ellos. Imploran su misericordia porque él ya ha dado abundantes muestras de su compasión por los miserables de este mundo. Reclaman su intervención porque confían en su poder taumatúrgico. Entienden que Jesús dispone de una medicina de efectos milagrosos. Por eso lo buscan y le siguen sin rubor, gritando, dando mayor notoriedad aún a su carencia, y le suplican compasión con la humildad propia de los humillados y despojados de toda dignidad. Desde semejante indigencia no les queda otra cosa que gritar y esperar.

Y Jesús, como en otras ocasiones, se deja rogar, quizá para provocar un mayor acrecentamiento en su deseo. Con el crecimiento del deseo aumentará también su esperanza; y con la esperanza la fe. Al llegar a casa se le acercaron los ciegos. No necesitaban dar explicaciones o aclarar la razón de su presencia en el lugar, ante Jesús. Estaban allí, en presencia del Maestro, porque querían ver la luz y él podía otorgarles este don, sin exigirles nada a cambio. Jesús tampoco pide explicaciones de su clamoroso acoso ni de sus flagrantes súplicas. Su voluntad es meridiana. Están allí porque desean imperiosamente ver y creen que con la ayuda de este «médico» pueden lograrlo.

Jesús se limita a decirles lo que tampoco necesita aclaración: ¿Creéis que puedo hacerlo? Era evidente que creían. ¿Para qué si no estaban allí, suplicando su favor? Porque creían que podía devolverles la vista. Su señal de identidad es que eran ciegos. Sólo por esto (su invidencia) les conoce el evangelio. El relator de la escena no necesita más datos identitarios. Le basta con notar y hacernos saber que se trata de dos ciegos. Aunque la pregunta de Jesús ya estaba implícitamente contestada con su actitud y disposición, ellos responden con humildad: Sí, Señor, creemos que puedes hacerlo. Y sin más dilación, Jesús, tocando sus ojos, les dijo: Que os suceda conforme a vuestra fe. Y sucedió. Y la expectativa de aquellos ciegos se cumplió: sus ojos se abrieron y pudieron gozar de nuevo del color de las cosas que pone al descubierto la luz.

El tacto prodigioso de Jesús había logrado el milagro. Se había producido lo ansiado por aquellos ciegos: la desaparición del obstáculo que les impedía ver; todo conforme a su fe. No es extraño que, a pesar de la severa prohibición de su sanador, aquellos ciegos que ya no lo eran hablaran de él por toda la región. No podían callar un hecho tan magnífico y digno de mención. Ello contribuía, sin duda, a que la fama de Cristo como benefactor y taumaturgo se extendiera por todas partes, y de todas partes acudieran a él.

Jesús concede una importancia extraordinaria a la fe. Con fe es posible lo que parece imposible según la experiencia ordinaria de la vida. Pero la fe vive y se alimenta de aquel en quien se deposita y de quien recibe el vigor. Resulta evidente que aquellos ciegos no tenían fe en su propia capacidad ni en la capacidad de la medicina convencional para recuperar la vista. Ya habrían acudido seguramente a todos los recursos humanos disponibles o a su alcance sin obtener resultados. Pero sí tienen fe en Jesús, del que probablemente estaban bien informados, al menos en lo que se refería a su poder curativo. Es esta información lo que les lleva hasta él como último o penúltimo recurso. La fe requiere, pues, un lugar donde apoyarse, una persona en la que depositarse. Y este lugar último no puede ser sino Dios. No hay fundamento más consistente que éste para la fe. Los demás fundamentos no son últimos; están necesitados de fundamento. Sólo Dios, visto como bueno y poderoso, puede sostener la fe de un creyente, ya sea ciego o vidente. Que os suceda conforme a vuestra fe, les dice Jesús, tocándoles los ojos.

La fe parece reclamar el tacto que le da eficacia, y el tacto confiere a la fe (causa dispositiva) toda su potencia: Si tuvierais fe como un granito de mostaza diríais a esta morera: arráncate de raíz y plántate en el mar. Se trata del tacto divino-humano que se hace realidad en Jesús de Nazaret, el Verbo encarnado. La confluencia del tacto (y contacto) y la fe produce el milagro. Que os suceda conforme a vuestra fe, pero ¿y si no hay fe? ¿Qué puede suceder? Quizá nada; quizá que las cosas sigan igual de insanas, de envejecidas, de tristes, o de tenebrosas, y nosotros igual de ciegos. Porque no tener fe equivale a estar ciegos. Aquellos ciegos que tenían fe no carecían de esperanza; por tanto, veían el horizonte luminoso que les mostraba la esperanza. Pero los videntes que no tienen fe (los incrédulos) carecen de ese horizonte de vida, viven encerrados en su mundo, siempre estrecho, en su tierra, siempre movediza, en su isla, siempre aislada, en su tumba, siempre enterrada. Si no creemos que pueda hacerlo él, ¿quién podrá?, ¿el que carece de poder?, ¿el que tiene un poder tan limitado como el hombre? Jesús dio muestras de que podía. El relato evangélico da testimonio de este poder. Confiemos en él y se realizará lo que es conforme a nuestra fe y a su voluntad.

 

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

204. Ellos nos hacen ver la necesidad de asumir nuevos estilos y nuevas estrategias. Por ejemplo, mientras los adultos suelen preocuparse por tener todo planificado, con reuniones periódicas y horarios fijos, hoy la mayoría de los jóvenes difícilmente se siente atraída por esos esquemas pastorales. La pastoral juvenil necesita adquirir otra flexibilidad, y convocar a los jóvenes a eventos, a acontecimientos que cada tanto les ofrezcan un lugar donde no sólo reciban una formación, sino que también les permitan compartir la vida, celebrar, cantar, escuchar testimonios reales y experimentar el encuentro comunitario con el Dios vivo.

Misa del domingo: misa con niños

1. MONICIÓN DE ENTRADA

Muy buenos días a todos. Bienvenidos, en este tiempo de esperanza –que es el ADVIENTO- a este hogar en el que, Jesús, nos da la fuerza necesaria para ser fuertes ante las dificultades y, donde el Espíritu, nos enseña a guardar, cuidar y reservar los caminos de nuestra vida para que el Señor nazca en nosotros. En este día celebramos la INMACULADA CONCEPCIÓN y en este Domingo de Adviento.

Nadie, como ella, nos puede indicar los caminos que nos llevan a la Navidad. Su pureza, su alma limpia, su interior lleno de Dios. Pidamos al Señor por nuestras madres. Que nos ayuden a crecer como hijos de Dios y que, Dios, les dé también fuerza y fe para acompañarnos al encuentro del Señor que viene. Nos ponemos de pie.

2. PENITENCIAL

1. Se acerca la Navidad. ¿Estamos preparando como María esos días? ¿En qué pensamos? Señor, ten piedad

2. Se acerca el Señor. ¿Damos consuelo al que lo necesita? ¿Hacemos sonreír a los que están tristes? Cristo, ten piedad

3. Viene el Señor. ¿A quién adoramos? ¿A qué damos más importancia? ¿A Dios o a lo material? ¿Intentamos ser como María, obedientes y dispuestos a la voluntad del Señor? Señor, ten piedad

3. MONICIÓN A LAS LECTURAS

El mal es una realidad en el mundo. Si miramos a nuestro lado, enseguida, comprobaremos que el mal abundad y sale por todas partes.

Las lecturas que vamos a proclamar nos recuerdan que, el mal, está en la enemistad del hombre con Dios. Es decir; cuando el hombre se empeña de irse por otros caminos lejos de Dios. Qué María nos ayude a luchar por el bien y la bondad en nuestro mundo.

4. ORACIÓN DE LOS FIELES

1. Creemos en Dios. Que la Iglesia sepa llevar a los hombres a su lado. Por el Papa Francisco que es para nosotros, especialmente en este año, un adviento para la Iglesia. Roguemos al Señor.

2. Creemos en Jesús. Que hagamos lo posible por transmitir en nuestros ambientes que somos cristianos y que, Jesús, es Alguien importante para nosotros. Roguemos al Señor.

3. Creemos en el Espíritu. Que Él nos ayude a preparar nuestras almas, nuestras casas, nuestras actitudes y nuestras personas ante la llegada de Jesús en Navidad. Roguemos al Señor.

4. Creemos en la esperanza. Que la Virgen Inmaculada proteja al mundo. Hay muchas complicaciones, crisis, paro, pobreza. Que no perdamos la ilusión de creer y esperar en Dios. Roguemos al Señor.

5. Creemos en el cielo. Que, este tiempo de Adviento, sirva para acercarnos más a Jesús. Que este tiempo de Adviento nos ayude a ser más solidarios, más cercanos con los que sufren. Con nuestras familias. Con nuestros amigos. Pidamos, además, por todas nuestras madres. Roguemos al Señor.

5. OFRENDAS

1. Con esta jarra de agua limpia y pura, queremos representar las entrañas de la Virgen María. Nadie como Ella, con un corazón noble, bueno y reluciente, supo acoger al Señor que viene en Navidad. ¿Seremos capaces de ser tan abiertos como Ella a Dios?

2. Con estos 12 globos blancos y azules queremos simbolizar la CORONA DE ESTRELLAS DE MARÍA. Que este tiempo de adviento nos ayude a hacer de nuestra vida una CUNA donde DIOS ponga el color de su esperanza.

3. Con este ramo de flores le decimos a María: ¡FELICIDADES! Porque Dios se ha fijado en Ella para ser la Madre de Jesús y, por lo tanto, también nuestra Madre. ¡Gracias y felicidades, María!

6.- ORACIÓN FINAL

COMO TU, MARIA
Limpio para no manchar el nombre del Señor
Obediente, para cumplir su voluntad
Sencillo, para no perder al Señor

COMO TU, MARIA
Sin pecado, para recibir a Jesús
Humilde, para no rechazarle
Abierto, para que entre en mí corazón

COMO TU, MARIA
Mirando al cielo, para encontrar a Dios
Mirando a la tierra, para amar a los hombres
Mirando al corazón, para amar al Señor

COMO TU, MARIA
Eres Inmaculada y Madre
Pura y bella
Dulce y Señora
Fiel y hermosa

AYUDANOS, VIRGEN INMACULADA
A recibir al Señor con alegría
A celebrar su Nacimiento en Belén
A ponerle en el centro de nuestras vidas
A tenerle como lo mejor y el sumo bien
¡GRACIAS, VIRGEN INMACULADA!
¡FELICIDADES, MARIA!

La misa del domingo

PARA DIOS NADA HAY IMPOSIBLE
SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA

(Domingo II de Adviento -A)

Génesis 3,9-15.20; (Efesios 1,3-6.11-12 ) Romanos 15,4-9 y Lucas 1,26-38

8 de diciembre de 2019

OBSERVACIONES PREVIAS

  • María de Nazaret es uno de los personajes centrales del Adviento, sin lugar a dudas el más importante…
  • Sus actitudes vitales concretizan la esperanza. Todas las ilusiones de futuro del ser humano en ella se hacen realidad: “Cúmplase en mí la Palabra del Señor”.
  • Porque Alguien está con nosotros desde que hemos empezado a desear que llegara… El deseo de su presencia nos lo regala cada Adviento.

PARA REFLEXIONAR

Una tradición transmitida oralmente

Rodeando la hoguera hay una piña de hombres, pastores, nómadas del desierto. Todos siguen con respeto la narración del anciano venerable. A las puertas de la tienda escuchan las mujeres y los niños. «Dios hizo al hombre del limo de la tierra y le dio una mujer. Un día, la serpiente engañó a la mujer incitándola a comer del árbol prohibido. Dios maldijo a la serpiente, pero al hombre le prometió que de una mujer nacería quien con su talón aplastaría la cabeza de la serpiente”.

Durante siglos, antes que la narración del Génesis, que hoy hemos leído, quedase fijada en un texto escrito, se fue transmitiendo, oralmente, con la fidelidad de memorias acostumbradas a retener todo porque nada se podía confiar a la inexistente escritura.

El dogma de la Inmaculada

En 1476 se empieza a celebrar esta fiesta y en 1854 es declarado solemnemente el dogma de la Inmaculada: la Virgen María es vencedora del pecado y del mal en previsión de los méritos de Cristo. La Inmaculada es la demostración palpable de aquella primera misericordia de Dios, de que aquella promesa que Dios hizo al primer ser humano de que una mujer vencería al pecado, se ha cumplido y que, por tanto, el plan salvador de Dios incluye a todos y a cada uno de nosotros.

María, modelo y punto de referencia para nuestro caminar

Se nos ofrece como modelo y punto de referencia a María, la Inmaculada, el ser humano que mejor ha sabido vivir el Adviento, a la espera de Dios que lleva consigo en su vientre…

• Fiel a la Palabra de Dios
La historia de María es un canto al cumplimiento de la voluntad de Dios. “Hágase en mí tu Palabra”. Y su fidelidad, la hizo algo imposible humanamente: Inmaculada y madre.
Dios hará algo grande con nosotros si somos fieles a su Palabra, a lo que tiene pensado para nosotros, a su mensaje de salvación…

• Una madre muy poco egoísta
Siendo “ya” madre de Jesús…, visita a su prima Isabel que también va a ser madre.
Estos son mi madre y mis hermanos: “Los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen”. Jesús nos dice: “Lo que hicisteis a uno de estos a mí me lo hicisteis”.

• Una madre que no se “emboba” con lo que oye de su Hijo
Vivir viendo la vida, masticando las cosas, dándose cuenta de lo que sucede, participando de las costumbres de su pueblo…; siendo una más en el pueblo. “María guardaba todas estas cosas en su corazón”.
¿Vemos a Dios y su voluntad en los acontecimientos de cada día? ¿Son accidentes vitales o acontecimientos de salvación? ¿Vivimos de fe o vivimos en el aire?

PARA COMPROMETERSE

  • Dios nos abre los ojos para que veamos el bien y el mal: limitados, pero llamados a ser felices porque aceptamos en nuestras vidas el plan de Dios, como María.
  • Otros proyectos son posibles, pero no son “salvadores”. A nosotros la salvación de Dios, que preparamos a lo largo del Adviento, nos llega a través de María.
  • Y, frente al no de Adán, la acogida de María: “Hágase en mi tu palabra”. La actitud de María ha de ser modelo en nuestra vida de creyentes: «Que se cumpla la Palabra del Señor».

PARA REZAR

Señor, en esta fiesta de la Inmaculada,
rezamos desde el fondo del corazón y de la historia.
Gracias, Padre, gracias de todo corazón,
gracias por santa María, la madre de Jesús
y madre nuestra en la fe, en el amor y en la esperanza.

Gracias porque la quisiste tanto
que la rodeaste con tu cariño y tu poder,
haciendo a nuestra Madre capaz de una obediencia decidida a tu palabra,
a tus propuestas, siempre, hasta la muerte.

Gracias, Padre, por todo lo que amó María:
por lo mucho que a ti te quiso y te sirvió,
por lo mucho que quiso a Jesús y a José,
por lo mucho que nos quiere a todos y cada uno de nosotros.

Gracias, en María, por todos los que viven su matrimonio sirviéndote
y colaborando en tu pueblo y en tu comunidad;
Gracias, en María, por los religiosos y religiosas

que han especializado su amor
en la entrega y el servicio a los más necesitados.
Gracias, en María, por los jóvenes,
capaces del amor y de la entrega más generosa.

Gracias de todo corazón, Padre,
por santa María, por cada uno de nosotros,
por todos los que queremos vivir como hijos de María,
nuestra madre Inmaculada.

Isidro Lozano

María en Adviento (Oración)

MARÍA EN ADVIENTO

Vengo a pasar un rato contigo, María. Tú eres la madre de Jesús. Tú estás siempre con él y también conmigo. Puedo aprender muchas cosas de ti porque tú quieres enseñarme. Estamos en Adviento, que es tiempo de esperar que pasen cosas buenas. Hoy quiero aprender de ti a preparar mi casa y mi vida para que venga Jesús.

El texto es una adaptación del evangelio de Lucas (Lc 1, 26-38):

María era una chica joven, que se iba a casar con José. Un día que estaba rezando sintió una voz que la saludaba: «Ave, María» (Ave significa ‘hola, ¿qué tal’?). La voz siguió. «El Señor está contigo». Ella al principio se asustó. Luego se dio cuenta de que así solo hablan los ángeles, y entonces se puso a escuchar con más atención, porque sabía que Dios le quería decir algo. El ángel dijo: «Dios necesita que le ayudes. Quiere que tú seas la madre de su hijo, que va a venir al mundo, para ser uno de nosotros». Ella no entendía nada, y por eso preguntó: «Pero, ¿cómo va a ocurrir? Si yo aún no tengo marido». Pero el ángel le dijo: «No te asustes, Dios traerá ese niño a tu interior, porque no hay nada imposible para él». Ella seguía sin entender, pero se fiaba de Dios, y por eso le dijo al ángel: «Yo me fío de Dios. Que se haga lo que él dice».

El ángel se marchó. María, al poco tiempo, descubrió que estaba embarazada. Y se sintió feliz. Esperaba al niño, pero no esperaba sentada sin hacer nada, sino pendiente de los demás, como siempre había hecho. Así que en cuanto pudo, se fue a ayudar a su prima Isabel, que también estaba embarazada.

María, seguro que te hacía mucha ilusión tener un hijo. Y eso que aún no sabías cómo iba a ser Jesús. Yo sí lo sé. Sé que Jesús es un amigo de muchos, que quiere lo mejor para todos. Yo también lo espero, le digo, por dentro, que venga pronto.

María, tú te preocupaste de tu prima Isabel. Esperabas un hijo, pero al tiempo ayudabas a los demás. Yo ahora espero muchas cosas, vacaciones, las navidades, los regalos, la familia… Pero tú me enseñas que hay que esperar haciendo el bien. Pienso ahora en cómo puedo ayudar al mundo, a cambiar el mundo.

María, tú eres muy joven, pero Dios te encargó la misión más importante del mundo. A mí, a veces también me dicen que soy muy pequeño, pero Dios me pide que le ayude a transformar el mundo. Yo quiero decirle que sí, como tú, María. Pienso que Dios me llama a mí y me dice, quiero que tú me ayudes. Yo también quiero decir, si Dios me lo pregunta, hágase.

Gabriel el ángel me saludó.
– ¡Hola María! ¿qué tal estás?
– Yo aquí jugando, ¿Y tú?
– Yo aquí volando.
– Traigo un mensaje del Padre Dios serás la madre del Salvador ¿cómo lo ves?
– ¡Cosas de Dios!
Y dije ¡Hágase!, dije ¡Hágase! de Dios me fío, me cae muy bien.
Y dije ¡Hágase!, dije ¡Hágase! en Dios confío todo irá muy bien.

Hágase de Migueli interpretado por Migueli, «El amor lo arregla todo»

Oración de Adviento

Que se haga la luz donde hay sombra.
Que se haga calor donde hay niños con frío.
Que se haga la paz donde la gente lucha.
Que se haga la risa si alguien está triste.
Que se haga el perdón entre los que se enfadan.
Que se abra la puerta y nadie se quede fuera.
Pero para que se haga,
tú has de encender la luz, compartir el calor,
construir la paz, pedir perdón,
sonreír con alegría
y abrir todas las puertas.

María, termino este rato de oración. Yo sé que tú siempre estás ahí, como una madre de todos. Sé que tú también cuidas de mí. Quiero preparar contigo el camino para que la Navidad sea de verdad el tiempo de la llegada de Jesús. Un beso y un abrazo.

Dios te salve María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita tú eres,
entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María,
Madre de Dios,
ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén.

Comentario al evangelio – Viernes I de Adviento

Que los ciegos vean es uno de los signos, anunciados en los textos proféticos del Antiguo Testamento, de la futura venida del Salvador, el Enviado de Dios. En el Evangelio de hoy contemplamos precisamente una de las curaciones de ciegos que Jesús realizó. Es uno de los signos que permiten reconocer al Mesías, pero hay otros. Isaías, en el texto que hoy escuchamos, recoge algunos de ellos: los sordos oirán, los ojos de los ciegos verán, los oprimidos se alegrarán, los pobres se llenarán de júbilo, de la tierra muerta surgirá la vida, … Son signos que acompañan y anuncian la llegada del Mesías y la presencia del Reino. Son signos que Jesús realizó, con la clara intención de mostrar con ellos que él era quien pretendía ser: el Hijo de Dios, el Mesías, el Salvador. Así, su anuncio de que con él ha llegado el Reino de Dios, la Buena Noticia que traía a los pobres, queda refrendado por los signos que realiza.

La Iglesia recibió del mismo Jesús la encomienda de continuar su misión. Hoy, por la fuerza del Espíritu Santo, la Iglesia ha de hacer presente al Salvador en nuestro mundo. Por eso, las comunidades cristianas continuamos anunciando el Evangelio y proclamando la Palabra del Señor. ¿Cuáles son los signos que hoy día hacen creíble nuestro anuncio del Reino y la pretensión de la presencia del Señor a través de su Iglesia? Si estamos realizando nuestra misión en fidelidad a Jesucristo, también nos acompañarán los signos de su presencia y de la cercanía del Reino. Quizás de otra manera, eso sí, pero habrán de acompañarnos. El mismo Jesús lo prometió.

Donde hay Iglesia fiel a su misión, el Señor se hace presente, y los signos de ello son bien reconocibles: los enfermos son acompañados en su dolor, los oprimidos en sus luchas por la liberación, los pobres en su miseria. La auténtica Iglesia de Jesús es la que está ahí, con ellos, a su lado, compartiendo sus situaciones, su sufrimiento, luchando con ellos. Y entonces se obra el milagro: la alegría y el júbilo emergen de sus rostros, la solidaridad y el amor de sus corazones, la paz y la justicia de sus manos. Porque en ellos nace la esperanza: el Señor está con nosotros; Dios es “Dios-con-nosotros”.

Javier Goñi, cmf