Hágase en nuestra humanidad

La liturgia de este domingo nos sitúa la fiesta de la Inmaculada en el marco del Adviento. Nos propone una honda reflexión sobre el texto de la Anunciación del nacimiento de Jesús adquiriendo la figura de María un protagonismo indiscutible. Para una comprensión más ajustada hemos de inscribir este relato en el contexto del pueblo de Israel y su esperanza mesiánica. Éste sería su aspecto de continuidad, pero es importante notar también sus puntos discontinuos y que son fuerza de arranque del cristianismo. Hay mucho silencio en torno a María y su historia, existen más antecedentes de reflexión teológica que históricos pero los datos de su vocación la sitúan en un primer plano en la historia cristiana.

Todos los líderes de Israel llevan asociados un relato de vocación, pero en este caso es la vocación de María la que es narrada por Lucas con una explícita intencionalidad. Se trata de un texto muy profundo que alterna la vocación de María con el anuncio del nacimiento de Jesús. Esta narración discurre en paralelo con el anuncio del nacimiento de Juan anunciado a Zacarías. La anunciación del nacimiento de Juan se realiza a un sacerdote en el Templo, en María, Dios se hace presente en el pueblo, en la realidad del mundo; el mensaje salvador ahora se inscribe en la historia. En este anuncio hay una doble particularidad que rompe con los esquemas de la tradición judía: es a una mujer con nombre propio (ni varón, ni sacerdote) y el impacto de este encuentro no es una misión para cumplir, sino la misma entrada de Dios en la historia como humano. La revelación ya no es a través de un rol religioso sino en la cotidianidad del ser humano que ahora es susceptible de la acción de Dios. Es la persona el lugar sagrado, el nuevo escenario de Dios.

Comienza el texto con un saludo del personaje del ángel que representa a Dios, un saludo que incluye un desglose de la identidad de María. Antes de revelar la misión, revela su identidad: “llena de Dios”. No la convierte en un instrumento del “Altísimo” sino que reconoce su condición de persona usando la misma expresión que con otros líderes israelitas: “el Señor está contigo”. María reacciona como persona; primero desde la emoción “se turbó…” y posteriormente racionaliza lo que vive: se preguntaba por el significado de aquel saludo. Ya hay una elaboración importante de lo que está viviendo. El ángel continúa con su mensaje y ahora presenta la misión de María con expresiones indicadas en futuro. La maternidad de María, como misión explícita, no es una imposición de nadie, pero sí tiene un sentido que trasciende lo biológico porque su Hijo será un nuevo referente de humanidad a través del cual Dios se hace liberación. La evolución del conocimiento humano hace consciente a un Dios que habita y actúa en su misma entraña.

Continúa el texto aludiendo a que María pide datos para avanzar en la comprensión de lo que se le está proponiendo para una aceptación responsable.  Es un diálogo que va revelando la identidad humana y divina en unidad y distinción. Dios no anula a María, espera su respuesta porque el amor más auténtico es aquel que respeta la libertad, el que no invade, sino el que espera a ser aceptado.

Termina María con unas palabras que vuelven a recordarnos a los grandes líderes de Israel: “he aquí la sierva del Señor”, palabras que la liberan de toda dependencia de otro semejante y la vinculan a la Historia de Israel con voz propia y como potencia mesiánica. Sus últimas palabras “Hágase en mi” renueva el hágase pronunciado por Dios en la Creación para dar paso a una nueva humanidad; ahora Dios ya no es un Otro que llega sino sustrato que construye desde dentro lo humano en una dinámica de “encarnación”.

Desde estas claves la Inmaculada Concepción de María adquiere todo su sentido: Dios ha suscitado un nuevo modo de existencia y María se convierte en la primera persona de la cadena humana que es consciente del origen divino de su Ser. Se establece un nuevo orden en la trama humana: el pecado y la ruptura con Dios queda en un plano inferior porque existe un espacio de gracia y de conexión con Dios indestructible. Creer que es destructible es darle poder al pecado y minimizar el amor liberador de Dios.  María es un referente de persona liberada de todo aquello que mutila la dignidad y la inviolabilidad de nuestra existencia. Hay una nueva revelación de la Creación, una confirmación de que la realidad divina forma parte de nuestra humanidad. María, mujer que coopera en la liberación del género humano, nos invita este domingo a recuperar nuestra capacidad de encarnar la VIDA en nuestra historia personal y eclesial. Una Iglesia consciente de que vive “llena de Dios” es capaz de avanzar hacia lo esencial.

FELIZ DOMINGO

Rosario Ramos

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I Vísperas – Inmaculada Concepción de Santa María Virgen

I VÍSPERAS

INMACULADA CONCEPCIÓN DE SANTA MARÍA VIRGEN

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Reina y Madre, Virgen pura,
que sol y cielo pisáis,
a vos sola no alcanzó
la triste herencia de Adán.

¿Cómo en vos, Reina de todos,
si llena de gracia estáis,
puede caber igual parte
de la culpa original?

De toda mancha estáis libre:
¿Y quién pudo imaginar
que vino a faltar la gracia
en donde la gracia está?

Si los hijos de sus padres
toman el fuero en que están,
¿cómo pudo ser cautiva
quien dio a luz la libertad? Amén.

SALMO 112: ALABADO SEA EL NOMBRE DEL SEÑOR

Ant. Establezco hostilidad entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya.

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Establezco hostilidad entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya.

SALMO 147: ACCIÓN DE GRACIAS POR LA RESTAURACIÓN DE JERUSALÉN

Ant. El Señor me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo.

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.

Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza;

hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las aguas;
envía una orden, y se derriten;
sopla su aliento, y corren.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo

Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo.

CÁNTICO de EFESIOS: EL DIOS SALVADOR

Ant. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres.

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante Él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Este es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres.

LECTURA: Rm 8, 29-30

A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito de muchos hermanos. A los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó.

RESPONSORIO BREVE

R/ Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.
V/ Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

R/ Y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
V/ Porque me has librado.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí. Aleluya.

PRECES
Proclamemos las grandezas de Dios Padre Todopoderoso, que quiso que todas las generaciones felicitaran a María, la madre de su Hijo, y supliquémosle, diciendo:

Que la llena de gracia interceda por nosotros.

Oh Dios, admirable siempre en tus obras, que has querido que la inmaculada Virgen María participara en cuerpo y alma de la gloria de Jesucristo,
— haz que todos tus hijos deseen esta misma gloria y caminen hacia ella.

Tú que nos diste a María por madre, concede, por su mediación, salud a los enfermos, consuelo a los tristes, perdón a los pecadores,
— y a todos, abundancia de salud y paz.

Tu que hiciste de María la madre de misericordia,
— haz que los que viven en peligro o están tentados sienta su protección maternal.

Tu que encomendaste a María la misión de madre de familia en el hogar de Jesús y José,
— haz que, por su intercesión, todas las madres fomenten en sus hogares el amor y la santidad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tu que coronaste a María como reina del cielo,
— haz que los difuntos puedan alcanzar, con todos los santos, la felicidad de tu reino.

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:
Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que por la Concepción Inmaculada de la Virgen María preparaste a tu Hijo una digna morada, y en previsión de la muerte de tu Hijo la preservaste de todo pecado, concédenos, por su intercesión, llegar a ti limpios de todas nuestras culpas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Sábado I de Adviento

1) Oración

Concédenos, Señor Dios nuestro, permanecer alerta a la venida de tu Hijo, para que cuando llegue y llame a la puerta nos encuentre velando en oración y cantando su alabanza. Por nuestro Señor Jesucristo. Amen.

2) Lectura

Del Evangelio según Mateo 9,35 – 10,1.5-8

Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia.

Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: «La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies. »

Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia. A estos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: «No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Yendo proclamad que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis ».

3) Reflexión

• El evangelio de hoy consta de dos partes: (a) Un breve resumen de la actividad apostólica de Jesús (Mt 9,35-38) y (b) el inicio del “Sermón de la Misión” (Mt 10,1.5-8). El evangelio de la liturgia de hoy omite los nombres de los apóstoles citados en el evangelio de Mateo (Mt 10,2-4).

• Mateo 9,35: Resumen de la actividad misionera de Jesús. “Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia”. En pocas palabras Mateo describe los puntos centrales de la actividad misionera de Jesús: (a) Recorrer todas las ciudades y los poblados. Jesús no espera a que la gente venga hasta él, sino que él mismo va en busca de la gente recorriendo todas las ciudades y poblados. (b) Enseñar en las sinagogas, esto es, en las comunidades. Jesús va allí donde la gente está reunida alrededor de su fe en Dios. Es allí donde él anuncia la Buena Nueva del Reino, esto es, la Buena Nueva de Dios. Jesús no enseña doctrinas como si la Buena Nueva fuera un nuevo catecismo, sino que en todo lo que dice y hace deja transparentar algo de la Buena Nueva que le anima por dentro, a saber, Dios, el Reino de Dios. (c) Curar todo tipo de dolencia y enfermedad. Lo que más marcaba la vida de la gente pobre era la dolencia, cualquier tipo de dolencia, y lo que más marca la actividad de Jesús, es consolar a la gente, aliviar su dolor.

• Mateo 9,36: Compasión de Jesús ante la situación de la gente. “Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor”. Jesús acoge a las personas así como se encuentran ante él: dolientes, abatidas, cansadas. Se porta como el Siervo de Isaías, cuyo mensaje central consistía en “consolar a la gente” (cf. Is 40,1). La actitud de Jesús para con la gente era como la actitud del Siervo, cuya misión era definida así: “No clamará, no gritará ni alzará su voz en las calles. No romperá la caña quebrada ni aplastará la mecha que está por apagarse” (Is 42,2-3). Como el Siervo, Jesús se conmueve ante la situación sufrida de su pueblo “cansada y abatida, como ovejas sin pastor”. Empieza a ser Pastor identificándose con el Siervo que decía: “El Señor Yahvé me ha concedido el poder hablar como su discípulo. Y ha puesto en mi boca las palabras para aconsejar al que está desanimado” (Is 50,4ª). Como el Siervo, Jesús se hace discípulo del Padre y del pueblo y dice: “Cada mañana, él me despierta y lo escucho como lo hacen los discípulos” (Is 49,4b). Del contacto con el Padre saca las palabras de consuelo que hay que comunicar a los pobres.

• Mateo 9,37-38: Jesús implica a los discípulos en la misión. Ante la inmensidad de la tarea misionera, la primera cosa que Jesús pide a los discípulos es rezar: “La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies”. La oración es la primera forma de compromiso de los discípulos con la misión. Pues si uno cree en la importancia de la misión que uno tiene, entonces hará todo lo posible para que no muera con uno mismo, sino que continúe en los demás durante su vida y después.

• Mateo 10,1: Jesús confiere a los discípulos el poder de curar y de expulsar a los demonios. “Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia». La segunda cosa que Jesús pide a los discípulos no es que empiecen a enseñar doctrinas y leyes, sino que ayuden a la gente a vencer el miedo a los malos espíritus y que ayuden en la lucha contra las enfermedades. Hoy, lo que más da miedo a los pobres son ciertos misioneros que amenazan a la gente con el castigo de Dios y con el peligro del demonio. Jesús hace el contrario. Lo que más hace es ayudar a la gente a vencer el miedo al demonio: “Pero ¿si no podría ser que yo eche los demonios con el dedo de Dios? Entonces entiendan que el Reino de Dios ha llegado” (Lc 11,20). Es triste decirlo, pero hoy existen personas que necesitan el demonio para poder expulsarlo y así ganar dinero. Por esto merece la pena que Jesús hable contra de los fariseos y de los doctores de la ley (Mt 23).

• Mateo 10,5-6: Id primero a las ovejas perdidas de Israel. “A estos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: «No toméis camino de gentiles ni entréis en ciudad de samaritanos; dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. ¿Quién eran estas ovejas perdidas de Israel? ¿Eran las personas excluidas, como las prostitutas, los publicanos, los impuros, los considerados perdidos y condenados por las autoridades religiosas da época? ¿Eran los dirigentes como los fariseos, los saduceos, los ancianos y sacerdotes que se consideraban el pueblo fiel de Israel? O ¿eran las multitudes que estaban cansadas y abatidas, como ovejas sin pastor? Probablemente, aquí en el contexto del evangelio de Mateo, se trata de esta gente pobre y abandonada que es acogida por Jesús (Mt 9,36-37). Jesús quería que los discípulos participaran con él en la misión junto a su gente. Pero, en la medida en iba atendiendo a esta gente, Jesús mismo iba ensanchando el horizonte. En el contacto con la mujer cananea, oveja perdida de otra raza y de otra religión, que pedía ser atendida, Jesús repite a los discípulos: «No fui enviado sino a las ovejas perdidas del pueblo de Israel» (Mt 15,24). Y ante la insistencia de la madre que no desistía en interceder por la hija, Jesús se defendió diciendo: «No se debe echar a los perros el pan de los hijos» (Mt 15,26). Pero la reacción de la madre echa por tierra la defensa de Jesús: «Es verdad, Señor, contesto la mujer, pero los perritos comen las migas que caen de las mesas de sus padrones» (Mt 15,27). Y de hecho, ¡había muchas migas! Doce cestos llenos de pedazos que sobraban de la multiplicación de los panes para las ovejas perdidas de Israel (Mt14,20). La respuesta de la mujer deshizo los argumentos de Jesús. Y el atendió a la mujer: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla tu deseo». Y en ese momento quedo sana su hija”. (Mt 15,28). Fue a través de la atención continua dada a las ovejas perdidas de Israel que Jesús descubrió que en el mundo entero hay ovejas perdidas que quieren comer de las migas.

• Mateo 10,7-8: Resumen de la actividad de Jesús. “Yendo proclamad que el Reino de los Cielos está cerca». Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; ¡dadlo gratis!” ¿Cómo revelar la proximidad del Reino? La respuesta es simple y correcta: curando a los dolientes, resucitando a los muertos, purificando a los leprosos, expulsando los demonios y sirviendo gratuitamente, sin enriquecerse por medio del servicio a la gente. Donde esto acontece, el Reino se revela.

4) Para la reflexión personal

• Todos nosotros recibimos la misma misión que Jesús dio a los discípulos y discípulas. ¿Tienes conciencia de tener esta misión? ¿Cómo vives tu misión?
• En tu vida, ¿tuviste algún contacto con las ovejas perdidas, con el pueblo cansado y abatido? ¿Qué lección sacaste?

5) Oración final

El Señor sana los corazones quebrantados,
venda sus heridas.
Cuenta el número de las estrellas,
llama a cada una por su nombre. (Sal 147,3-4)

En pensamiento, palabra y obra

1. Si alguna representación atractiva nos trae a la memoria cualquier pinacoteca mariana, es precisamente la de la Inmaculada Concepción. La piedad popular, adelantándose a la decisión oficial, intuyó y creyó desde siglos antes que, María, era una criatura privilegiada. Una mujer sin mancha. Aquella que, brindándose generosamente y en cheque blanco para Dios, permaneció pura, radiante, bella ¡Cuántos piropos podríamos expresarle en este día! Entre todos, el mejor, el Misterio que celebramos en este 8 de diciembre: ¡Inmaculada! ¡Sí; Madre! ¡Tú fuiste, eres y serás Inmaculada en pensamiento (todo era para Dios), palabra (todo venía de Dios) y obra (toda volcada para Dios)!

2.- Ante tal Misterio, embelesados por tal beldad y enigma , asentimos e inclinamos no solamente nuestra cabeza, sino que observamos en todo ese Misterio la mano de Dios, su poder, su gracia y –sobre todo- ciertas cualidades, internas y externas, que lograron cautivar el corazón y el amor de Dios: la sencillez de la Virgen, su obediencia y docilidad, su transparencia y su fe, su alegría junto a su confianza, fueron determinantes para que Dios clavase sus ojos en Ella. ¿Inmaculada? ¡Por supuesto! ¡Mil veces Inmaculada! ¡Por siempre y para siempre, Inmaculada! Dios, así la quiso y, el pueblo creyente, así lo vivimos, cantamos, festejamos y celebramos: ¡PURISIMA!

Ella, en medio del Adviento, da color y calor como nadie a este tiempo de esperanza. Es una mujer que con su “sí”, la noche de Belén nos pregonará una gran noticia: la salvación tiene un rostro, Jesús. Es la Señora que, abriéndose gratuitamente para Dios, hará posible que Jesús ilumine la oscuridad del mundo; que Jesús nos traiga el amor inmenso de Dios; que Jesús sea amado y seguido por todos nosotros.

– ¡Bendita sea la Inmaculada Concepción de María! Ante un mundo excesivamente picante y libertino, María, refleja la contracorriente de todo ello. Es posible pensar en limpio; es posible creer en el amor sin farsa; es posible creer en Dios, sin exigir nada a cambio; es posible mirar sin desear con segundas o terceras intenciones; es posible fiarse sin dudar; es posible ser libre, sin esclavizarnos ante nada ni ante nadie.

– ¡Bendita sea la Inmaculada Concepción! Sin Ella, y no es ningún dislate, no hubiera existido aquel primer adviento ni la esperanza para los hombres y mujeres que aguardaban la llegada del Señor. Sin Ella, aquel deseado adviento, hubiera tardado ¡quién sabe cuánto! en llamar a las puertas de los que querían y anhelaban la presencia de Dios en el mundo.

Pero, con María, con su ser inmaculado, todo se tiñe con el esplendor de la esperanza, la oración y el vigor de la fe. Si el Adviento es esperanza, María, es surtidor del que gustamos en vaso limpio y cristalino lo que estamos llamados a vivir en la próxima Navidad: al mismo Dios.

4. Es imposible, y no lo olvidemos, disociar o desviar a María de los próximos días que vamos a celebrar. El adviento es el mes de María por excelencia. No será el mes de las flores, pero qué duda cabe, son horas en las que los ojos de todos sus hijos se clavan en Ella. ¿Por qué? Entre otras cosas porque ha sido la “tocada” por Dios. La enamorada del Padre. La elegida, desde hace muchos siglos, para ser morada de Dios en la tierra.

*Porque Ella ha sido bendecida con toda la perfección, es motivo para ser admirada.

*Porque Ella ha sido colmada y llena toda la gracia de Dios, es motivo para ser querida y ensalzada

*Porque Ella ha sido llena del Espíritu Santo, es motivo para ser reverenciada

3.- Sí; amigos. ¡Inmaculada! Nos acompaña en medio de nuestras flaquezas y fragilidades. Es un espejo en el que nos podemos mirar para reparar nuestro hoy, y buscar un mañana mejor. Por ello mismo, la Inmaculada, nos sigue cautivando. Despierta en nosotros admiración y un deseo de superarnos a nosotros mismos para llegar hasta Dios. En medio de nuestro barro y mediocridades, María, surge como el amor irreprochable; como la solidez de una fe inquebrantable hacia el Padre; como un camino sembrado de vida y de verdad; como un lienzo que no conoce sino los trazos pensados y dibujados por Dios.

Hermanos. Se acerca la Navidad. Al pesebre hay que entrar humildemente. En el portal hay que arrodillarse con fe. A Belén se va con la atracción del amor de un Dios que nos trae felicidad para todos.

De María, es difícil imitar su ser Inmaculado, su fortaleza, su valentía, su entregarse hasta el final. Que por lo menos, en estos días de Adviento, la calquemos siendo hombres y mujeres de esperanza. Dejando que el corazón, se llene de un inmenso amor –como el de Ella- para volcarlo ante el Misterio de Dios en Navidad.

Porque, sin María, no hay Adviento ni esperanza; pero con María, toda la vida es un permanente Adviento. Con Ella, nos viene el que nos hace falta para levantarnos y seguir apostando por un mundo desde Dios: JESÚS. ¿Seremos capaces de intentar ser un poco más cristianos en pensamientos, palabras y obras…al estilo de María?

¡Felicidades, Inmaculada!

YO QUISIERA SER, MARÍA
Espejo donde, cuando yo me mirara,
viese que el Evangelio llamea en mi pobre vida
Aliento que, en el caminar por donde avanzo,
fuera ánimo y temple para tantos hermanos
que necesitan un poco de sosiego y de esperanza.

YO QUISIERA SER, MARIA
Una estrella de tu corona
para recoger sobre tus sienes de Madre
aquellas sensaciones divinas
que, en un Nazaret inolvidable,
recibiste de una voz con rostro de Ángel.

YO QUISIERA SER, MARIA
Palabra limpia, como la que Tú pronunciaste
al abrirse repentinamente y sin esperar
la cortina de tu humilde morada
Pensamiento lúcido, como el que Tú tuviste
para que saber que, lo que venía del cielo,
no era sueño ni pesadilla
si no, entre otras cosas, Encarnación del Verbo

YO QUISIERA SER, MARÍA
Pies en el camino para descubrir a Cristo
cómo, los tuyos, que bien dispuestos y valientes
cubrieron la distancia
que separaba a Dios con el hombre de la tierra
Labios, limpios y prudentes,
que desvelen sentimientos de fe y de vida
de paz y de gloria, de obediencia y sencillez

YO QUISIERA SER, MARIA
Tocado por esa Gracia que te hizo hermosa
grande, bella, única, irrepetible
y apetecible ante los ojos de Dios
Guiado por la fuerza del Espíritu
que te hizo comprender
que, Dios, lo que promete…siempre cumple
que, Dios, lo que propone…siempre espera
que, Dios, lo que anuncia… siempre salva

YO QUSIERA EN ESTE DÍA, MARÍA
Decirte que eres Inmaculada, hermosa,
limpia y sin resquicio para la duda
Decirte que eres Inmaculada
es aspirar, aunque me digan lo contrario,
a lo que en tus entrañas acogiste
con dulzura, verdad y radicalidad evangélica
Amén

Javier Leoz

Comentario – Sábado I de Adviento

De nuevo el evangelio nos presenta a Jesús en plena actividad misionera, recorriendo ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas (lugar de congregación de judíos y prosélitos), anunciando el evangelio del Reino y curando enfermedades y dolencias. Su primera reacción ante las gentes, a las que veía como ovejas sin pastor, era la compasión. Del que se postulaba como expresión humana de la misericordia divina no podía esperarse otra cosa. Pero esto es lo que testifica el evangelista, dado que la compasión es algo perceptible para un testigo. Se deja ver en el mismo obrar. Y porque Jesús ve la extenuación y el abandono de las gentes, como ovejas que no tienen pastor, y se siente movido a compasión, toma la decisión de enviarles pastores en su día.

Es como si en ese momento hubiese tomado conciencia de la abundancia de la mies y de la necesidad del envío de trabajadores. Pero, aunque no fuera así, es entonces cuando les dice a sus discípulos: La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies. De esta manera podrán ir tomando conciencia de esta realidad que, en un futuro no muy lejano, será su campo laboral. Puesto que los trabajadores son pocos –y siempre habrá desproporción entre la mies, o el campo de trabajo, y los obreros-, es preciso pedir al Señor de la mies que mande trabajadores a su mises. Sólo el que es Señor, sólo el que tiene verdadero interés por el fruto de sus campos y su siembra, puede llamar y enviar trabajadores a esos campos.

El envío supone la llamada y la capacitación para realizar la tarea encomendada. Esto es precisamente lo que hace con los doce: los llama, les da autoridad, es decir, potestad, para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia y les envía con algunas instrucciones. La labor de exorcizar y de curar enfermedades entra dentro de su cometido y competencia. Pero también tendrán que proclamar la cercanía del Reino de los cielos. En la medida en que el Reino vaya ganando terreno, lo irán perdiendo tanto el poder del espíritu del mal como el de la enfermedad. Por eso tales acciones (expulsar demonios y curar enfermedades) serán la señal de que el Reino de los cielos está cerca y de que se va agrandando su dominio. Las instrucciones, quizá todavía provisionales, hablan de no adentrarse en tierra de paganosni de samaritanos, sino únicamente en territorio israelí: Id a las ovejas descarriadas de Israel; id y proclamad que el Reino de los cielos está cerca.

Esta fue la secuencia histórica de la evangelización. Aquellos primeros misioneros, incluido san Pablo, el apóstol de los gentiles, iniciaron su labor evangelizadora en el campo israelí, entre los judíos, y teniendo como sedes preferentes las sinagogas, como había hecho el mismo Jesús en Galilea. Sólo cuando sintieron el rechazo de la sinagoga, se lanzaron de lleno a la evangelización de los paganos, adquiriendo así el mensaje del evangelio una dimensión universal. San Pablo fue pionero en esta apertura al mundo pagano, pero no fue el único en semejante iniciativa. Otros apóstoles también llegaron lejos en su empeño de hacer llegar el mensaje de la salvación hasta los confines de la tierra. A esos enviados Jesús les encomienda la tarea que él venía realizando: Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Con estas acciones mostrarían a los destinatarios de la misión que el Reino de los cielos estaba realmente cerca, que el Reino de los cielos había empezado a despuntar al menos allí donde se dejaban notar sus efectos: curaciones, resurrecciones, expulsiones del maligno.

Todo formaba parte de la evangelización: la palabra con la que anunciaban la cercanía del Reino, que había llegado con el Mesías y sus acciones, y las obras que ponían de manifiesto la presencia de esta realidad liberadora y benéfica. Éstas seguramente podían tener más eficacia evangelizadora que el simple anuncio que, sin el acompañamiento de las acciones, se reducía a meras palabras. Entre las condiciones de la evangelización está la gratuidadgratis habéis recibido, dad gratis. Esto no significa que el obrero no merezca su salario; pero sí que el obrero de esta mies no debe trabajar en ningún modo por el salario. Debe trabajar simplemente porque ha sido enviado por su Señor; será el mismo Señor del envío quien lo recompense. Y lo hará con una recompensa de valor infinitamente superior al de un estricto salario o jornal: en esta vida, cien veces más, y después la vida eterna. Es lo que nos hace ver ese obrero de la mies por excelencia que es el apóstol Pablo cuando dice que espera participar de los mismos bienes del evangelio y que éste es su salariotomar parte en tales bienes.

 

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

205. Por otra parte, sería muy deseable recoger todavía más las buenas prácticas: aquellas metodologías, aquellos lenguajes, aquellas motivaciones que han sido realmente atractivas para acercar a los jóvenes a Cristo y a la Iglesia. No importa de qué color sean, si son “conservadoras o progresistas”, si son “de derecha o de izquierda”. Lo importante es que recojamos todo lo que haya dado buenos resultados y sea eficaz para comunicar la alegría del Evangelio.

Ave María, Gratia plena

1.- «El hombre llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven» (Gn 3, 20) El nombre en la Biblia define a la persona nombrada. De tal forma que ultrajar ese nombre es ofender a la persona llamada con él. Muchas veces es una descripción perfecta del destino de dicha persona. En el caso de nuestros primeros padres, al hombre le llama Adán, nombre que significa tierra roja o barro, y a la primera mujer la llama Eva que significa la que da la vida, la que es madre de cuantos viven.

El demonio la engañó y ella engañó al hombre, instigándole a cometer el primer pecado, llamado original por cometerse en el origen de la Historia. Ese pecado pasó a la descendencia de Adán y Eva. Es decir, todos los humanos nacen con dicho pecado. Sin embargo, hubo una excepción, vaticinada de alguna forma en este relato cuando se dice que la serpiente es pisada por la estirpe de la mujer. En ese momento se entrevé la figura de María Inmaculada, concebida sin mancha de pecado original, en previsión de los méritos de Cristo.

2.- «El ángel, entrando a su presencia, dijo: Alégrate, llena de gracia…» (Lc 1,28) Al saludar el arcángel Gabriel a la Virgen, la llama Llena de gracia, y no la muy favorecida o agraciada como algunos traducen. «Kecharitomene» dice el texto original griego de San Lucas, expresión que, desde los primeros tiempos, tradujeron los cristianos por «Gratia plena». De esta forma se traducía con fidelidad el sentido profundo del piropo del arcángel, lleno de admiración ante la perfección y santidad de María.

Con razón canta la liturgia diciendo en una de sus más inspiradas antífonas: «Toda hermosa eres María, y en ti no hay mancha de pecado original». En efecto, así es. Nuestra Madre fue concebida sin mancha de pecado, en ella nunca tuvo parte el demonio. En previsión de los méritos de Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, María fue siempre pura, inocente, santa, inmaculada.

Antonio García-Moreno

Sin pecado concebida

1.- El Espíritu Santo vendrá sobre ti. La Virgen María fue purísima, santa, desde el primer momento de su concepción en el vientre de su madre, santa Ana. Cuando el Papa Pío Nono, en su Bula Ineffabilis Deus, declara que la Virgen María fue preservada inmune de toda culpa original lo que realmente está diciendo es que la Virgen María fue una criatura humana llena de Gracia, purísima, desde el momento mismo de su concepción hasta el momento mismo de su muerte. No quiere decir que la Virgen María fuera concebida de manera distinta a como somos concebidas las demás personas; lo que dice es que, en previsión de los méritos de Cristo Jesús, la gracia de Dios hizo que en la persona de María no habitara nunca el pecado. María, por sí misma, fue una criatura humana limitada y frágil que tuvo que luchar contra las tentaciones e invocar cada día la gracia de Dios para poder vencerlas. Fue la gracia de Dios la que, derramándose totalmente y desde el primer momento en el ser de María, hizo que María fuera una criatura inmaculada desde el momento mismo de su concepción. Nosotros, mientras vivimos, podemos tratar de imitar a María, pidiéndole a Dios que no nos falte nunca su gracia para superar las tentaciones de cada día, como María las superó. Reconociendo nuestra debilidad y nuestra natural inclinación al pecado le pediremos a Dios, con humildad, que mire nuestra humillación y nos libre de todo pecado. Así podremos cantar, como María, el cántico del Magnificat, proclamando, también en nosotros, las grandezas del Señor.

2.- Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. Estamos celebrando esta fiesta de la Inmaculada el mismo día del segundo domingo de adviento. No es difícil en este tiempo imaginar a María como una mujer alegre en la esperanza. María está alegre porque espera, con esperanza activa, que Dios nazca en su vida y en la vida de todas las personas que ama. Dios ha querido hacerse carne en su vientre y María está alegre porque sabe que, por medio de ella, Dios quiere nacer y crecer en el corazón de todos los creyentes. María está alegre porque sabe que la gracia de Dios le ha permitido a ella ser colaboradora del Dios que, por amor, ha venido a salvarnos y a redimirnos a todos. En este día mariano del adviento vamos a pedirle a Dios que se encarne y crezca cada día un poco más dentro de nuestro corazón, para que así podamos celebrar la Navidad con el corazón henchido de Dios.

3.- La serpiente me engañó y comí. Por lo visto, la serpiente era un ser astuto para nuestros antiguos padres en la fe: sed astutos como serpientes y cándidos como palomas. Pero la verdad es que, a la hora de disculparnos, todos tenemos dentro múltiples serpientes. Inventamos cualquier disculpa para justificar nuestros fallos y pecados y casi siempre pretendemos atribuir a los demás los fallos que nosotros cometemos. La razón más profunda está en nuestro orgullo y en nuestra vanidad. Jugamos a ser como dioses y a construir torres de Babel y, cuando fracasamos, echamos la culpa a los demás. Adán y Eva, ¡pobrecitos!, quisieron liberarse de la autoridad, del saber y del poder de Dios, en un intento de ser ellos sus propios dioses. Y, cuando se vieron desnudos, frágiles y desamparados, temieron el ruido y la presencia de Dios y se escondieron. Pero la vista de Dios les alcanzó y no supieron cómo disculparse. Es peligroso jugar a ser Dios, porque como la rana que quería ser elefante, corremos el peligro de explotar y de convertirnos en nada.

Gabriel González del Estal

La Inmaculada, patrona de España

En este segundo domingo de Adviento coincide la celebración de la solemnidad de la Inmaculada concepción de la Bienaventurada Virgen María. Por ser patrona de España, esta solemnidad prevalece sobre el segundo domingo de Adviento. Por ello, las lecturas de este domingo son las propias de la solemnidad de la Inmaculada, aunque se toma la segunda lectura del domingo segundo de Adviento.

1. Purísima había de ser. Era necesario, y así lo quiso Dios, que el vientre en el que se iba a encarnar para hacerse hombre fuera un vientre puro, casto, inmaculado. Así reza el prefacio de la Misa de hoy: “Purísima tenía que ser, Señor, la Virgen que nos diera al Cordero inocente que quita el pecado del mundo”. Esto es lo que celebramos en la solemnidad de hoy, que María, una criatura como nosotros, fue preservada del pecado original. En la primera lectura de este día escuchamos el relato del libro del Génesis que nos narra el pecado de nuestros primeros padres. Fue una desobediencia a Dios por parte de Adán y Eva, que no conformándose con ser humanos quisieron ser “como Dios”. Engañados por el Tentador, comieron del fruto que Dios les había prohibido. Pero Dios no se conformó con la desobediencia del ser humano y, por ello, quiso hacerse hombre, uno más como nosotros, para librarnos del pecado. Si por la desobediencia de una mujer, Eva, entró el pecado en el mundo, por la obediencia de otra Mujer, María, entró en el mundo el Salvador, Jesucristo, Dios que bajó a la tierra hecho hombre, como celebraremos en la Navidad. Y así, el seno inmaculado de María, sin mancha de pecado original, trajo al mundo a Dios mismo que deseaba hacerse hombre para salvar al hombre.

2. María, causa de nuestra esperanza. En María vemos cumplidas las promesas de Dios. En la segunda lectura de hoy, que es la segunda lectura que corresponde al segundo domingo de Adviento, escuchamos cómo san Pablo recuerda a los romanos que Dios siempre cumple sus promesas, y esa es nuestra esperanza. La promesa de un Mesías Salvador se cumple en el seno inmaculado de María. Al mirar hoy a María, en este tiempo de Adviento, nuestro corazón se llena de esperanza. Dios no nos abandona nunca. Él es fiel. Por ello, como María, también nosotros hemos de poner nuestra confianza en la palabra de Dios. Ella acogió con corazón sencillo y humilde la palabra de Dios, como hemos escuchado en el Evangelio: “Hágase en mí según tu palabra”. La fiesta de hoy es una invitación para cada uno de nosotros a cumplir siempre lo que Dios quiere de nosotros, a poner nuestra vida en sus manos. Así, Dios podrá cumplir en nosotros sus promesas. Y como María, que fue concebida sin pecado original, goza ya de la eterna bienaventuranza del cielo, también nosotros, con Ella, podremos un día alcanzar aquello que Dios nos ha prometido.

3. María, mujer del Adviento. El tiempo de Adviento en el que nos encontramos es sin duda el tiempo de la esperanza. Nos preparamos con gozo a la celebración del nacimiento del Niño Dios, y reavivamos también la espera de la venida de Cristo, que volverá triunfante, para llevarnos con Él a la gloria del cielo, conde estaremos para siempre junto a María, la llena de gracia. Por esto, este tiempo de Adviento, esperamos junto a María. Ella nos acompaña en este camino del Adviento. Con Ella esperamos el nacimiento de su Hijo. Con Ella preparamos la venida del Señor. Con ella nos mantenemos en vela.

Que María, la Virgen Inmaculada, interceda por cada uno de nosotros. Ella acogió la palabra de Dios, pues sabía que Él siempre cumple sus promesas. Con Ella también nosotros esperamos el cumplimiento de la palabra de Dios en nosotros. Sin miedos, sin tristezas, miramos a María y le pedimos que nos acompañe y que interceda por cada uno de nosotros. Con Ella repetimos a Dios llenos de confianza: “Hágase en mí según tu palabra”.

Francisco Javier Colomina Campos

La alegría posible

La primera palabra de parte de Dios a sus hijos, cuando el Salvador se acerca al mundo, es una invitación a la alegría. Es lo que escucha María: «Alégrate».

Jürgen Moltmann, el gran teólogo de la esperanza, lo ha expresado así: «La palabra última y primera de la gran liberación que viene de Dios no es odio, sino alegría; no es condena, sino absolución. Cristo nace de la alegría de Dios, y muere y resucita para traer su alegría a este mundo contradictorio y absurdo».

Sin embargo, la alegría no es fácil. A nadie se le puede forzar a que esté alegre; no se le puede imponer la alegría desde fuera. El verdadero gozo ha de nacer en lo más hondo de nosotros mismos. De lo contrario será risa exterior, carcajada vacía, euforia pasajera, pero la alegría quedará fuera, a la puerta de nuestro corazón.

La alegría es un regalo hermoso, pero también vulnerable. Un don que hemos de cuidar con humildad y generosidad en el fondo del alma. El novelista alemán Hermann Hesse dice que los rostros atormentados, nerviosos y tristes de tantos hombres y mujeres se deben a que «la felicidad solo puede sentirla el alma, no la razón, ni el vientre, ni la cabeza, ni la bolsa».

Pero hay algo más. ¿Cómo se puede ser feliz cuando hay tantos sufrimientos sobre la tierra? ¿Cómo se puede reír cuando aún no están secas todas las lágrimas y brotan diariamente otras nuevas? ¿Cómo gozar cuando dos terceras partes de la humanidad se encuentran hundidas en el hambre, la miseria o la guerra?

La alegría de María es el gozo de una mujer creyente que se alegra en Dios salvador, el que levanta a los humillados y dispersa a los soberbios, el que colma de bienes a los hambrientos y despide a los ricos vacíos. La alegría verdadera solo es posible en el corazón del que anhela y busca justicia, libertad y fraternidad para todos. María se alegra en Dios, porque viene a consumar la esperanza de los abandonados.

Solo se puede ser alegre en comunión con los que sufren y en solidaridad con los que lloran. Solo tiene derecho a la alegría quien lucha por hacerla posible entre los humillados. Solo puede ser feliz quien se esfuerza por hacer felices a los demás. Solo puede celebrar la Navidad quien busca sinceramente el nacimiento de un hombre nuevo entre nosotros.

José Antonio Pagola