El profeta ve más allá de las apariencias

Hoy, los profetas Isaías y Juan tienen la palabra. La palabra de un profeta no es fácil de aceptar porque obliga a cambiar, y eso no nos gusta. El profeta es el hombre que ve un poco más allá, o más hondo, que el resto de los mortales. Esa ventaja nace de su postura escudriñadora. No le gusta lo que ve a su alrededor y busca algo nuevo. Esa novedad la encuentra entrando dentro de sí y viendo las exigencias de su verdadero ser. El profeta no es un portavoz enviado desde fuera; es siempre un explorador del espíritu humano que tiene la valentía de advertir a los demás de lo que ve.

Hoy Isaías anuncia lo que debía ser cada hombre personalmente y lo que podía ser la comunidad. Pero extiende los beneficios de una comunidad auténticamente humana a toda la creación. El causante de ese maravilloso cambio será el Espíritu. Los tiempos mesiánicos llegarán cuando las ciencias humanas no tengan la última palabra, sino que la norma última sea “la ciencia del Señor”. Sencillamente genial. Hoy sabemos que esa sabiduría de Dios está en lo hondo de nuestro ser y allí debemos descubrirla.

Lo primero que nos anuncian es que nacerá algo nuevo de lo viejo. En lo antiguo, aunque parezca decrépito y reseco, siempre permanece un germen de Vida. La Vida es más resistente de lo que normalmente imaginamos. En lo más hondo de todo ser humano siempre queda un rescoldo que puede ser avivado en cualquier instante. Ese rescoldo es el punto de partida para lo nuevo, para un verdadero cambio y conversión.

El evangelio del hoy, leído con las nuevas perspectivas que nos da la exégesis, nos puede abrir increíbles cauces de reflexión. Es un alimento tan condensado, que necesitaría horas de explicación (diluirle para convertirlo en digerible). El problema que tenemos es que lo hemos escuchado tantas veces, que es casi imposible que nos mueva a ningún examen serio sobre el rumbo de nuestra vida. Y sin embargo, ahí está el revulsivo. Pablo ya nos lo advierte: “La Escritura está ahí para enseñanza nuestra”-

En aquellos días. Este comienzo es un intento de situar de manera realista los acontecimientos y dejarlos insertados en un tiempo y en un determinado lugar. Jesús ya tenía unos treinta años y estaba preparado para empezar una andadura única. Sin embargo, los cristianos descubren que los primeros pasos los quieren dar de la mano del único profeta que aparecía en Israel después de trescientos años de sequía absoluta.

En el desierto. La realidad nueva que se anuncia, aparece fuera de las instituciones y del templo, que sería el lugar más lógico, sobre todo sabiendo que Juan era hijo de un sacerdote. Esto se dice con toda intención. Antes incluso de hablar del contenido de la predicación de Juan, nos está diciendo que su predicación tiene muy poco que ver con la religiosidad oficial, que había desfigurado la imagen del verdadero Dios.

Convertíos, porque está cerca el Reino de Dios. Está claro que se trata de una idea cristiana, aunque se ponga en boca del Bautista. Es exactamente la frase con que, en el capítulo siguiente, comienza su predicación el mismo Jesús. Sin duda quiere resaltar la coincidencia de la predicación de ambos, aunque más adelante deja claro las diferencias. Convertirse no es renunciar a nada ni hacer penitencia por nuestros pecados. Conversión (metanoia), en lenguaje bíblico, es cambiar de rumbo en la vida.

Éste es el que anunció el profeta Isaías. Esta manera de referirse al Bautista es muy interesante, porque resume muy bien lo que pensaban los primeros cristianos de Juan. Para ellos, la figura de Juan responde a las expectativas de Isaías. Juan es Elías (correa de cuero) que vuelve a preparar los tiempos mesiánicos.

Llevaba un vestido de piel de camello. La descripción del personaje es escueta pero impresionante. Su figura es ya un reflejo de lo que será su mensaje, desnudo y sin adornos, puro espíritu, pura esencia. ¡Qué bien nos vendría hoy un poco más de coherencia entre lo que vivimos y lo que predicamos! Esa falta de coherencia es lo que denuncia a continuación en los fariseos y saduceos. Juan es un inconformista que no se amolda en nada a la manera religiosa de vivir de la gente normal.

Acudía a él toda la gente. La respuesta parece que fue masiva. Se proponen dos ofertas de salvación: la oficial, Jerusalén (templo) y la protestante en el desierto. La gente se aparta del templo y busca la salvación en el desierto junto al profeta. La religión oficial se había vuelto inútil, en vez de salvar esclavizaba. Más tarde, Mt llevará a toda esa gente a Jesús, en quien encontrará la salvación definitiva.

Dad el fruto que pide la conversión. A los fariseos y saduceos, Juan les pide autenticidad, de nada sirve engañarse o engañar a los demás. Los fariseos y los saduceos eran los dos grupos más influyentes en tiempo de Jesús. También van a bautizarse. Las instituciones opresoras tratan por todos los medios de domesticar ese movimiento inesperado, pero son desenmascarados por Juan. 

Los fariseos conocedores de todas las normas, cumplían más de lo que estaba mandado, por si acaso. Los saduceos eran el alto clero y los aristócratas, los que estaban más cerca del templo y de Dios. Éstos son los que tienen que convertirse. ¿De qué? Aquí está la clave. Un cumplimiento escrupuloso de la Ley compatible con una indiferencia e incluso desprecio por los demás, es contrario a lo que Dios espera. Estar todo el día trajinando en el templo no garantiza el cumplimiento de la voluntad de Dios.

La conclusión es demoledora. Ninguna religiosidad que no valore en su justa medida al hombre puede tener sentido, ni entonces ni ahora. Los seres humanos somos muy propensos a dilucidar nuestra existencia relacionándonos directamente con Dios, pero se nos hace muy cuesta arriba el tener que abrirnos a los demás. Nos cuesta aceptar que lo que me exige Dios (mi verdadero ser) es que cuide del otro. Sin pudiéramos escamotear esta exigencia, todos seríamos buenísimos.

El Dios, con el que nos relacionamos prescindiendo del otro, es un ídolo. Convertirse no es arrepentirse de los pecados y empezar a cumplir mejor los mandamientos. No se trata de dejar de hacer esto y empezar a hacer aquello. No podemos conformarnos con ningún gesto externo. Se trata de hacerlo todo desde la nueva perspectiva del Ser profundo. Se trata de estar en todo momento dispuesto a darme a los demás.

Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Se trata de otra idea absolutamente cristiana. Juan está hablando de un bautismo distinto y superior al suyo. Toda plenitud es siempre realizada gracias al Espíritu. No está hablando propiamente del “Espíritu Santo”, sino de la fuerza de Dios que capacita a Jesús y a todo el que “se bautice en él”, para desplegar todas las posibilidades de ser humano.

Meditación

La presencia de Dios Espíritu en nosotros es la clave.
Meditar es emprender un camino hacia el hondón de mi ser.
Si de verdad quiero ser auténtico, tengo que descubrir mi ser.
El camino puede ser largo y difícil, pero no hay alternativa.
Si no lo descubro, mi vida se centrará al “ego” (falso yo).

Fray Marcos

II Vísperas – Inmaculada Concepción de Santa María Virgen

II VÍSPERAS

INMACULADA CONCEPCIÓN DE SANTA MARÍA VIRGEN

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Reina y Madre, Virgen pura,
que sol y cielo pisáis,
a vos sola no alcanzó
la triste herencia de Adán.

¿Cómo en vos, Reina de todos,
si llena de gracia estáis,
puede caber igual parte
de la culpa original?

De toda mancha estáis libre:
¿Y quién pudo imaginar
que vino a faltar la gracia
en donde la gracia está?

Si los hijos de sus padres
toman el fuero en que están,
¿cómo pudo ser cautiva
quien dio a luz la libertad? Amén.

SALMO 121: LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN

Ant. Todo es hermoso en ti, Virgen María, ni siquiera tienes la mancha del pecado original.

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundad
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Todo es hermoso en ti, Virgen María, ni siquiera tienes la mancha del pecado original.

SALMO 126: EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS

Ant. Tu eres la gloria de Jerusalén; tu, la alegría de Israel; tú, el orgullo de nuestra raza.

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;
su salario, el fruto del vientre:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tu eres la gloria de Jerusalén; tu, la alegría de Israel; tú, el orgullo de nuestra raza.

CÁNTICO de EFESIOS: EL DIOS SALVADOR

Ant. Tus vestidos son blancos como la nieve, tu rostro resplandece como el sol.

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante Él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Tus vestidos son blancos como la nieve, tu rostro resplandece como el sol.

LECTURA: Rm 5, 20b-21

Si creció el pecado, más desbordante fue la gracia. Y así como reinó el pecado, causando la muerte, así también, por Jesucristo, nuestro Señor, reinará la gracia, causando una justificación que conduce a la vida eterna.

RESPONSORIO BREVE

R/ En esto conozco que me amas.
V/ En esto conozco que me amas.

R/ En que mi enemigo no triunfa de mí.
V/ Que me amas.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ En esto conozco que me amas.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. Aleluya.

PRECES
Proclamemos las grandezas de Dios Padre Todopoderoso, que quiso que todas las generaciones felicitaran a María, la madre de su Hijo, y supliquémosle, diciendo:

Que la llena de gracia interceda por nosotros.

Oh Dios, admirable siempre en tus obras, que has querido que la inmaculada Virgen María participara en cuerpo y alma de la gloria de Jesucristo,
— haz que todos tus hijos deseen esta misma gloria y caminen hacia ella.

Tú que nos diste a María por madre, concede, por su mediación, salud a los enfermos, consuelo a los tristes, perdón a los pecadores,
— y a todos, abundancia de salud y paz.

Tu que hiciste de María la madre de misericordia,
— haz que los que viven en peligro o están tentados sienta su protección maternal.

Tu que encomendaste a María la misión de madre de familia en el hogar de Jesús y José,
— haz que, por su intercesión, todas las madres fomenten en sus hogares el amor y la santidad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tu que coronaste a María como reina del cielo,
— haz que los difuntos puedan alcanzar, con todos los santos, la felicidad de tu reino.

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:
Padre nuestro…

ORACION

Oh Dios, que por la Concepción Inmaculada de la Virgen María preparaste a tu Hijo una digna morada, y en previsión de la muerte de tu Hijo la preservaste de todo pecado, concédenos, por su intercesión, llegar a ti limpios de todas nuestras culpas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Dios está con María y con cada uno

El verdadero ser de Jesús y María es exactamente el mismo que el nuestro. Dios te ha dado a ti exactamente lo mismo que a ellos, porque se te ha dado Él mismo totalmente. No te servirá de nada el escucharlo. Solo cuando lo experimentes, saltará por los aires el corsé que te aprisiona y te impide crecer y ser tú mismo. Haberlo descubierto en María y Jesús es un salto de gigante, pero no es suficiente. Tampoco los razonamientos sirven de nada, pero voy a intentar darte alguno a lo largo de este comentario.

La doctrina de la Inmaculada es un dogma, proclamado por Pío IX en 1854. Puede ser interesante recordar el proceso histórico que llevó a esta formulación. Ni los evangelios ni los Padres de la Iglesia hablan para nada de María inmaculada. La razón es muy simple, no se había elaborado la idea que hoy tenemos del pecado original. Solo cuanto se creyó que todos los hombres nacían con una mancha o pecado (mácula, S. Agustín) se empezó a pensar en una María in-maculada. Este pensamiento caló muy pronto en el pueblo sencillo, siempre abierto a todo lo que estimule su sensibilidad.

Hoy nos parece infantil la discusión que se mantuvo durante la Edad Media entre los “inmaculistas” y los “maculistas”. Entre los más de doscientos teólogos importantes, que no creían en la inmaculada, tal como se concebía en aquella época, encontramos a figuras tan destacadas y tan marianas como S. Bernardo, S. Alberto Magno, S. Buenaventura, Santo Tomás de Aquino. Esto nos muestra que lo que pensaban no tiene nada que ver con la mayor o menor devoción a María. S. Bernardo dice en el año 1140: “esa invocación ignorada de la Iglesia, no aprobada por la razón y desconocida de la tradición antigua”.

La discusión se centraba en un punto muy concreto: La santificación de María, que nadie discutía, ¿se realizó en el primer instante de su existencia o un instante después? Fue Juan Duns Escoto el que, por fin, dio con el argumento decisivo. “A Dios le convenía que su madre fuera inmaculada. Como Dios, puede hacer todo lo que quiera. Lo que Dios ve como conveniente lo hace; luego Dios lo hizo. Ni la idea de Dios ni la idea de salvación ni la idea de pecado original que se manejaba entonces pueden ser sostenidas hoy.

Aunque la realidad del pecado original es un dogma, los exégetas nos dan hoy una explicación del relato del Génesis que no es compatible con la idea de pecado original de S. Agustín: “una tara casi física, que se trasmite por generación a todos”. Menos sostenible aún es que la culpa la tengan Adán y Eva. Hoy sabemos que no ha existido ningún Adán, creado directamente por Dios. El paso de los simios al “homo sapiens” ha sido mucho más lento de lo que habíamos creído.

Si un usuario quema el motor de su coche por no ponerle lubricante, es ridículo pensar que por ese hecho, saldrán desde entonces de fábrica todos los coches chamuscados. El coche sale de fábrica ¡impecable! (fijaros como nos delata el lenguaje), pero tiene que empezar a rodar y ahí quedará patente que hay desgaste. Si el fallo se debiera a un defecto de fábrica, no solo el usuario no tendría ninguna responsabilidad sino que tendría derecho a una indemnización. En nosotros hay una parte divina, pero también hay un parte humana, que termina por prevalecer.

El pecado, incluido el original, no es ningún virus que se pueda quitar o poner. El primer “fallo” (¿pecado?) en el hombre, es consecuencia de su capacidad de conocimiento. En cuanto tuvo capacidad de conocer y por lo tanto de elegir, falló. El fallo no se debe al conocimiento, sino a un conocimiento limitado, que le hace tomar por bueno lo que es malo para él. La voluntad humana elige siempre el bien, pero ella no es capaz de discernir lo bueno de lo malo, tiene que aceptar lo que le propone el entendimiento como tal.

El concepto de pecado como ofensa a Dios necesita una revisión urgente. Creer que los errores que comete un ser humano pueden causar una reacción por parte de Dios, es ridiculizarlo. Dios es impasible, no puede cambiar nunca. Es amor y lo será siempre y para todos. Al fallar, yo me hago daño a mí mismo y a las demás, nunca a Dios. Sea yo lo que sea, la oferta de amor por parte de Dios será siempre invariable. Pero esa oferta no la puede hacer Dios desde fuera de mí. Para Él no hay afuera. Lo divino es el fundamento, la base de mi propio ser. Ahí puedo volver en todo momento para descubrirlo y vivirlo.

El dogma dice: “por un singular privilegio de Dios”. En sentido estricto, Dios no puede tener privilegios con nadie. Dios no puede dar a un ser lo que niega a otro. El amor en Dios es su esencia. Dios no tiene nada que dar, o se da Él mismo o no da nada. Nada puede haber fuera de Dios. Además no tiene partes. Si se da, se da totalmente, infinitamente. Lo que nos dice Jesús es que Dios se ha dado a todos. Lo extraordinario de María y Jesús no lo puso Dios sino ellos mismos. Ahí está su grandeza y singularidad.

María fue lo que fue porque descubrió y vivió esa realidad de Dios en ella. Todo lo que tiene de ejemplaridad para nosotros se lo debemos a ella, no a que Dios le haya colmado de privilegios. Puede ser ejemplo porque podemos seguir su trayectoria y podemos descubrir y vivir lo que ella descubrió y vivió. Si seguimos considerando a María como una privilegiada, seguiremos pensando que ella fue lo que fue gracias a algo que nosotros no tenemos, por lo tanto, todo intento de imitarla sería vano.

Hablar de María como Inmaculada tiene un sentido mucho más profundo que la posibilidad de que se le haya quitado un pecado antes de tenerlo. Hablar de la Inmaculada es tomar conciencia de que en un ser humano (María) descubrimos algo, en lo hondo de su ser, que fue siempre limpio, puro, sin mancha alguna, inmaculado. Lo verdaderamente importante es que, si ese núcleo inmaculado se da en un solo ser humano, podemos tener la garantía de que se da en todos. Esa parte de nuestro ser, que nada ni nadie puede manchar, es nuestro auténtico ser. Es el tesoro escondido, la perla preciosa.

Para descubrir esa realidad tienes que bajar hasta lo más hondo de tu ser. Descubrirás primero los horrores de tu falso yo. Será como entrar en un desván oscuro lleno de muebles rotos, ropa vieja, telarañas, suciedad. Al encontrarte con esa realidad, la tentación es salir corriendo, porque tendemos a pensar que no somos más que eso. Pero si tienes la valentía de seguir bajando, si descubres que eso, que crees ser, es falso, encontrarás tu verdadero ser luminoso y limpio, porque es lo que hay de divino en ti.

La fiesta de María Inmaculada manifiesta la cercanía de lo divino en ella y en nosotros. En ella descubrimos las maravillas de Dios. Pero lo singular de María está en que hace presente a Dios como mujer, es decir, podemos descubrir en ella lo femenino de Dios. Para una sociedad que sigue siendo machista, debería ser un aldabonazo. María es grande porque descubrió y vivió lo divino que había en ella. No son los capisayos que nosotros le hemos puesto a través de los siglos, los que hacen grande a María sino haber descubierto su ser fundado en  Dios y haber desplegado plenamente su feminidad desde esta realidad.

 

Meditación

“Él nos eligió para que fuésemos inmaculados”, dice Pablo.
Esa elección es para todos sin excepción.
Que nadie te convenza de que eres basura.
No basta con haber oído que el tesoro está ahí.
Es necesario experimentar y vivir esa presencia.

 

Fray Marcos

Bendito sea Dios… bendita eres tú

Si el próximo domingo se leyeran las lecturas normales del Ciclo A, aparecería Juan Bautista predicando la conversión y el perdón de los pecados. Y, al terminar los cuatro domingos de Adviento, el ciclo A no habría dedicado ni un solo pasaje a María (salvo la mención del ángel a José en el cuarto domingo). Cosa rara, porque, cuando va a nacer un niño, la gran protagonista es la madre. Afortunadamente, este año 2019, el segundo domingo cae el 8 de diciembre, día de la Inmaculada, y cede el puesto a esta fiesta (al menos en algunos países).

María inmaculada no significa que sea virgen

El dogma católico no está pensado para gente sencilla, y es fácil que la gente termine confundiendo los términos. Muchos relacionan “inmaculada” con “virgen antes del parto, en el parto y después del parto”. No tiene nada que ver. Inmaculada significa “sin mancha del pecado original”. Como dice la oración después de la comunión: María fue preservada, en el momento de su concepción, de los efectos del primer pecado (el de Adán y Eva), con los que nacemos todos los demás.

Este Hijo se merece la mejor madre

La idea que impulsó este dogma se encuentra en la oración inicial: “Oh Dios, que preparaste a tu Hijo una digna morada”. Idea que se desarrolla ampliamente en el Prefacio: “Libraste a la Virgen María de toda mancha de pecado original, para que en la plenitud de la gracia fuese digna madre de tu Hijo… Purísima había de ser, Señor, la Virgen que nos diera el Cordero inocente que quita el pecado del mundo…”.

El problema

Aunque lo anterior parezca lógico, a los teólogos les planteaba un gran problema: ¿cómo podía alguien estar libre de pecado antes de que Cristo muriese, si es él quien nos redime del pecado con su muerte? Así se explica que, en la Edad Media, grandes teólogos como San Buenaventura y Santo Tomás de Aquino, estuviesen en contra de la idea de que María nació sin la mancha del pecado original. En siglos posteriores hubo grandes debates y enfrentamiento sobre el tema, aunque cada vez fue mayor el número de sus partidarios, especialmente en España.

La solución

Curiosamente, en la declaración del dogma influirá, al menos indirectamente, la rebelión de los romanos en 1849, deseosos de instaurar la República. Pío IX se vio obligado a huir de los Estados Pontificios, refugiándose en Gaeta. Según el historiador Louis Baunard, fue el cardenal Luigi Lambruschini quien lo animó a proclamar el dogma: “Beatísimo Padre, Usted no podrá curar el mundo sino con la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción. Sólo esta definición dogmática podrá restablecer el sentido de las verdades cristianas y retraer las inteligencias de las sendas del naturalismo en las que se pierden”. Pío IX estuvo de acuerdo, pero antes quiso recabar la opinión del episcopado universal, que me manifestó de acuerdo. El dogma fue proclamado en 1854.

Buscando una base bíblica

Un dogma debe fundamentarse en la Escritura. Y los dos textos que se adujeron son los que tenemos en la primera lectura y el evangelio. En el texto del Génesis, después de maldecir a la serpiente, Dios dice: “Establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón”. El texto hebreo original no habla de ella, sino del él, que se refiere a la enemistad atávica entre el campesino y la serpiente (y que podría aplicarse a Jesús). Pero la traducción latina de la Vulgata cambió él por ella, facilitando la identificación de la mujer con María, la nueva Eva que aplasta la cabeza de la serpiente. El argumento no es muy fuerte, como reconoció Juan Pablo II, porque tergiversa el texto original.

El segundo argumento se encontró en el saludo de Gabriel a María cuando la llama “llena de gracia” (kejaritomene). Esa plenitud excluiría cualquier tipo de pecado, incluido el original.

Solucionando el problema teológico

Suponiendo que los textos anteriores probasen suficientemente, ¿cómo pudo estar libre de pecado María cuando la concibió su madre, si Jesús todavía no había muerto? Los teólogos encontraron la respuesta: Dios la libró “en previsión de la muerte de su Hijo”.

Pensando en el pobre cristiano que va a misa

Lo anterior le resultará a muchos un galimatías teológico y no creo que le aumente su devoción a María. Por eso añado unas reflexiones sencillas.

En el 2º domingo de adviento del ciclo A, Juan Bautista exhorta a la conversión, que consiste en volver a Dios y cambiar de vida. María es el mejor ejemplo de esta conversión. En realidad, no es ella quien vuelve a Dios, es Dios quien se dirige a ella a través de Gabriel. Pero la relación que se establecerá entre Dios y María será la más fuerte que se puede imaginar, mediante la acción del Espíritu Santo y el nacimiento de Jesús. Y si Juan Bautista exige abandonar los proyectos propios y cambiar de forma de actuar, María renuncia a todos sus planes y se pone en manos de Dios: “Aquí está la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra”.

¿Se imaginaba María lo que estaba aceptando? Gabriel la engañó, al menos de entrada, al decirle que su hijo iba a ser grande, heredaría el trono de Dios y reinaría en la casa de Jacob para siempre. No le dijo que su hijo iba a ser criticado, que lo iban a considerar endemoniado y blasfemo, mucho menos que terminarían condenándolo a muerte. Pero, aunque se lo hubiera dicho, María habría respondido del mismo modo: “He aquí la esclava del Señor”.

María libre de todo pecado no significa que fuera impasible, que asistiera como una estatua a la pasión de su hijo. Significa que el odio, el espíritu de venganza, el rencor, el desánimo, nunca la dominaron. Gabriel le dijo: “has encontrado gracia ante Dios”. Gracia y mucho sufrimiento. Pero, a pesar de sus mentiras piadosas, Gabriel lleva razón. María encontró gracia ante Dios y ante nosotros, que la proclamamos bienaventurada.

En estos momentos en que el odio y el rencor se difunden por tantos ambientes y países con fuerte tradición cristiana, es bueno pedirle que su intercesión “repare en nosotros los efectos de aquel primer pecado”.

Bendita ella, bendito Dios, benditos nosotros

La segunda lectura no menciona a María, subraya el protagonismo de Dios Padre y de Jesús. No solo ella es la gran beneficiada en esta fiesta. También nosotros hemos recibido “toda clase de bienes espirituales y celestiales”. Hemos sido elegidos; hemos sido destinados a ser sus hijos; y, con ello, también a ser sus herederos.

Que María nos ayude a vencer las más diversas inclinaciones al mal y a agradecer a Dios por tanto bien recibido.

José Luis Sicre

Comentario – Domingo II de Adviento

Hoy, en nuestro recorrido por el Adviento, nos sale al encuentro un personaje singular, un predicador que ha salido al desierto de Judea reclamando conversión, más aún, el fruto que pide la conversión. La conversión se pone en relación con un reino que está cerca: el reino de los cielos y el Señor de ese reino. Se trata de Juan el Bautista. De él había dicho uno de los antiguos profetas, Isaías, que era la voz que grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos. Así se presenta Juan a sus paisanos, como una voz que grita en el desierto, pero no en un desierto vacío (ésta sería la voz de un loco), sino en un desierto lleno de gente; porque la gente acude de todas partes al reclamo de esa voz que exige la conversión.

Se trata, por tanto, de una voz exigente, incluso apremiante, pero también anticipadora de un futuro que puede ser tenebroso o radiante. Y la palabra de este profeta que viste con piel de camello y se alimenta de saltamontes y miel silvestre (una indumentaria y un estilo que infunden fuerza de convicción a su palabra) no cae en el vacío, sino que provoca esa conversión que reclama; al menos da como fruto el cambio de actitud de muchos que reconocen y confiesan sus pecados y se someten a un bautismo purificador en las aguas del Jordán.

Entre los atraídos por esta palabra y este bautismo se encuentran también fariseos y saduceos; sin embargo, el Bautista no parece reconocer en ellos buena fe, puesto que aprovecha su presencia para censurarlos con severidad: Raza de víboras -les dice-, ¿quién os ha enseñado a escapar de la ira inminente? Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones, pensando: «Abrahán es nuestro Padre». Tener por padre a Abrahán, si tal paternidad se entiende en términos biológicos o de linaje, no es una garantía de salvación, como tampoco lo es tener un abuelo o un tío mártires o santos. Ni siquiera lo es el hecho de haber sido bautizados en nuestra niñez, aunque el bautismo recibido deje un carácter que nos señala y configura. Sin el fruto de la conversión no está asegurada la participación en el reino de los cielos, es decir, no está asegurada la salvación, porque el ingreso en el reino de los cielos exige la asunción de los valores que allí rigen.

En este reino, el de Dios, no hay espacio para la mentira, la injusticia, la infidelidad, la deshonestidad, el odio o el deseo de venganza. Es ese reino que vaticina el profeta Isaías, en el que habitarán el lobo y el cordero sin hacerse daño, y en el que el novillo y el león pacerán juntos bajo la guía de un muchacho pequeño, y en el que un niño podrá jugar con la hura del áspid. Estas imágenes nos pueden parecer propias de un mundo pastoril e idílico, pero eso es lo que cabe esperar que se haga realidad en un mundo lleno de la ciencia del Señor, un mundo en el que se cumple plena y literalmente la voluntad de Dios. Pero para que emerja ese mundo tenemos que convertirnos a sus valores y dar el fruto que pide la conversión.

Pero el mensaje de Juan no se queda ahí, orienta hacia otro bautismo y hacia otro bautista que tiene más poder que él. Será el que bautice no sólo con agua, sino con Espíritu Santo y fuego. Él será también el que separe la paja y el grano, pues vendrá como juez universal. Y no dejará de reclamar el fruto de la conversión, puesto que somos «frutales» o portadores y productores de frutos. Pero antes vendrá como «bautista», esto es, como portador del Espíritu Santo para derramarlo «desde sí»: Espíritu de ciencia y discernimiento, de consejo y de valor, de piedad y de temor del Señor. Este es el Espíritu que nos ha sido dado en nuestro bautismo para no juzgar por apariencias, para defender con justicia al desamparado y con equidad al pobre. Y con el Espíritu, el fuego que enardece, que purifica, que quema la paja, es decir, lo que se separa del grano, lo que no vale porque no pesa, lo que no pesa porque está falto del amor que incrementa el peso de las acciones humanas.

Este bautista de Espíritu Santo y fuego es el Señor a quien hay que preparar el camino, eliminando los obstáculos que impiden su acceso a nosotros; pues de lo que se trata en la vida cristiana es fundamentalmente de eso, de quitar obstáculos (¿qué otra cosa puede significar eso de allanar sus senderos sino quitar obstáculos?). Y hay tantos que la tarea se presume larga y prolongada en el tiempo. Enumeremos algunos: el de la pereza para ponernos a la obra; el de las múltiples distracciones que nos descentran y nos roban energías; el de la soberbia que nos encierra en nosotros mismos y destruye todos los cauces de aprendizaje y de apertura a los demás; el de los miedos que nos paralizan y nos impiden la práctica del bien; el de los vicios que nos esclavizan y nos privan de la libertad necesaria para obrar conforme a las mociones de nuestra voluntad más sana; el de las dudas e incertidumbres que debilitan nuestros compromisos y retardan nuestras entregas; el de esas relaciones tóxicas que introducen amargura en nuestras vidas; el de la miopía que nos impide ver más allá de las apariencias. Sólo eliminando obstáculos facilitaremos el camino de acceso al Señor de nuestras vidas: el que sigue viniendo a nosotros en su palabra y en la eucaristía.

 

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

206. La pastoral juvenil sólo puede ser sinodal, es decir, conformando un “caminar juntos” que implica una «valorización de los carismas que el Espíritu concede según la vocación y el rol de cada uno de los miembros [de la Iglesia], mediante un dinamismo de corresponsabilidad […]. Animados por este espíritu, podremos encaminarnos hacia una Iglesia participativa y corresponsable, capaz de valorizar la riqueza de la variedad que la compone, que acoja con gratitud el aporte de los fieles laicos, incluyendo a jóvenes y mujeres, la contribución de la vida consagrada masculina y femenina, la de los grupos, asociaciones y movimientos. No hay que excluir a nadie, ni dejar que nadie se autoexcluya»[111].


[111] DF 123.

Lectio Divina – Inmaculada Concepción de María

La Anunciación
Lucas 1,26-38

1. LECTIO

a) Oración inicial

Alégrate, Virgen María,
ya surge la estrella de Jacob.
Se cumplen hoy las Escrituras:
como nube fecunda llega el Señor.

Viene nuestro Dios, no está en silencio;

ten atento el oído a su saludo.
Dulce es la palabra en sus labios,
noble el diseño de su corazón.

Resplandecen como alas de paloma
los vestidos de su mensajero;
desciende como céfiro de estío
sobre ti, fecundo, su consuelo

Despliega su fuerza nuestro Dios,
en tu carne encuentra su descanso;
encuentra en ti su santuario,
alábalo y ámalo por siempre.

Mira, aparece su cortejo,
delante de él camina la justicia.
Dominará el orgullo de los fuertes.
Devolverá a los humildes su vigor

Extenderá su gran misericordia
sobre todos los que temen su nombre;
humilde esclava del Señor,
téjenos las alabanzas del Amor.

b) Lectura del Evangelio: Lucas 1, 26-38

Lucas 1,26-38

26 Al sexto mes envió Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, 27 a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. 28 Y, entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» 29 Ella se conturbó por estas palabras y se preguntaba qué significaría aquel saludo. 30 El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; 31 vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús. 32 Él será grande, se le llamará Hijo del Altísimo y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; 33 reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.» 34 María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» 35 El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y se le llamará Hijo de Dios. 36 Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez y este es ya el sexto mes de la que se decía que era estéril, 37porque no hay nada imposible para Dios.» 38 Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel, dejándola, se fue.

c) Un momento de silencio:

 para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

2. MEDITATIO

a) Clave de lectura:

Aunque se repiten los temas de Mateo y Marcos, el Evangelio de Lucas es una composición original en muchos aspectos. El evangelista coloca en su narración material nuevo con respecto a las otras narraciones evangélicas. En los primeros dos capítulos que tratan de la infancia de Jesús, Lucas se acerca a las tradiciones hebraicas con muchas referencias directas e indirectas al Antiguo Testamento. La teología, el simbolismo y todo el conjunto de los relatos de la infancia de Jesús han encontrado las raíces en el mundo semítico, diverso en muchas formas del mundo y del pensamiento griego. El evangelista ambienta el comienzo de su narración en el ambiente de los anawîm, los pobres del Señor, o sea aquéllos que se someten con gusto a la voluntad de Dios, firme en la fe que el Señor les dará la salvación en el tiempo oportuno. A los anawîm el Señor promete enviar el Mesías “ enviado a llevar la buena nueva a los abatidos, a curar las llagas de los corazones destrozados, a proclamar la libertad de los cautivos, y la liberación a los encarcelados, a promulgar el año de gracia del Señor, y un día de venganza para nuestro Dios, para consolar a todos los tristes, para alegrar a los afligidos de Sion…” (Is 61, 1ss). Esta promesa de Dios se cumplirá en Jesús de Nazareth que “ entrando según su costumbre el sábado en la sinagoga” (Lc 4,16), proclama que la promesa de Dios pronunciada por medio de Isaías “se ha cumplido” (Lc 4,21) en Él. Sólo los anawîm pueden recibir del hijo de José el carpintero y de María (Lc 4, 22; Mt 13, 53-58; Mc 6, 1-6; Jn 1,45) la alegre nueva de la salvación, los otros desgraciadamente se escandalizan de Él. El Mesías es humilde y dulce, su “ boca” pronuncia “palabras de gracia” (Lc 4,22) por esto para acogerlo se necesita prepararse, entrar dentro de sí mismo, para acoger al prometido de Israel. Por eso el Señor amonesta por medio del profeta: “ Buscad a Yahvé los humildes de la tierra, que practicáis su ley; buscad la justicia, buscad la mansedumbre, quizás quedaréis al abrigo de la ira del Señor (Sof 2,3).

En este contexto, “En el mes sexto, fue enviado el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazareth a una virgen desposada con un varón de la casa de David, llamado José. La virgen se llamaba María”. (Lc 1, 26-27). Esta virgen es una de los anawîm a la cual el Señor revela su salvación. Con ella se encuentran otros dos anawîm que “eran entrados en años” (Lc 1, 7), “un sacerdote llamado Zacarías” e Isabel que “era estéril” y por tanto sin hijo (Lc 1, 5-7). También a estos dos deshonrados (Gen 30,33; 1Sam 1, 5-8; 2Sam 6, 23; Os 9,11) se les anuncia la salvación del Señor. Desgraciadamente en Jerusalén, en el templo, durante la liturgia, lugar de la revelación, de la potencia y de la gloria de Dios, esta buena nueva no es acogida por el sacerdote (Lc 1, 8-23). Pero la Palabra de Dios no está ligada y no se la puede limitar. Dice en verdad el Santo de Israel: “Como baja la lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá sin haber empapado y fecundado la tierra y haberla hecho germinar, dando la simiente para sembrar y el pan para comer, así será la palabra salida de mi boca: no volverá a mí vacía sino que hace lo que yo quiero y cumple su misión” (Is 55, 10-11). Por eso, Isabel “en su vejez, ha concebido un hijo y este es el sexto mes para ella a la que todos llamaban estéril: nada es imposible para Dios” (Lc 1, 36-37). Este será el acontecimiento ofrecido a María como un signo “ de la potencia del Altísimo” (Lc 1, 35) que se extenderá como sombra sobre ella para concebir al Hijo de Dios por obra del Espíritu Santo que “descenderá” sobre ella (Lc 1, 34-35). El Hijo se llamará Jesús, “será grande y llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David su padre y reinará por siempre sobre la casa de Jacob y su reino no tendrá fin” (Lc 1,31-33). Estas palabras del ángel recuerdan las mismas dirigidas a Acaz: “El Señor mismo os dará un signo. Helo aquí: la virgen concebirá y parirá un hijo, que se llamará Emmanuel” (Is 7, 14).

Por esto, después de la concepción de Juan, o sea “en el sexto mes” (Lc 1,26), la buena noticia es bien acogida “en una ciudad de la Galilea, llamada Nazaret” (Lc 1,26) por una doncella, “virgen, prometida como esposa” (Lc 1,27). “Nazaret” y “María” hacen contraste con “Jerusalén” y “sacerdote”; así como también es contrastante la frase “ presentándose a ella” con la palabra “templo”. El Señor se revela en lugares humildes y es acogido por gente humilde de las que, a juicio de los hombres, no “puede venir nada de bueno” (Jn 1,45). A María se le invita a gozar: “¡Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo!” (Lc 1, 28). La presencia del Señor en medio de su pueblo es ocasión de gozo, porque la presencia del Señor llevan salvación y bendición. El saludo e invitación del ángel está dirigido a todo el pueblo de Dios en la persona de María.. Por lo que, todo el pueblo de Dios está llamado a gozar y a alegrarse en el Señor su Salvador. Es el gozo mesiánico que se anuncia a todos: “Gritad de gozo y alegraos, habitantes de Sión, porque grande es en medio de vosotros el Santo de Israel” (Is 12, 6). “¡Exulta, hija de Sion, da voces jubilosas Israel, y regocíjate con todo tu corazón, hija de Jerusalén! El Señor ha revocado los decretos dados contra ti y ha rechazado tu enemigo. El Rey de Israel es el Señor en medio de ti, tú no verás ya más el infortunio…..” (Sof 3, 14-15ss). “ Alégrate y regocíjate, hija de Sión, porque he aquí que yo vengo para habitar en medio de ti” (Zc 2, 14).

La concepción de Jesús es un acontecimiento nuevo, la primicia de la futura nueva creación operada por la potencia creativa de Dios que viene al encuentro de la imposibilidad de concebir de María, porque todavía no conoce varón (Lc 1, 34). La sombra que el Altísimo extiende sobre María recuerda la nube que de día acompañaba al pueblo en el desierto (Ex 13,22), que daba sombra al monte Sinaí revelando la gloria del Señor por seis días (Ex 19,16; 24,17). Es también un signo de la protección de Dios otorgada al justo que invoca el nombre del Señor y se pone en sus manos durante la prueba (Sal 17,8, 57,2; 140,8). En la creación, el Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas, signo de la potencia creadora de la palabra de Dios (Gén 1,2).

Dios supera toda capacidad humana, nada es imposible para Él (Lc 1,47; Gen 18, 14; Jer 32,27). Ante el Señor de la alegría, de la vida y de la salvación, María acoge su palabra generadora y creadora: “He aquí la esclava del Señor, que me suceda como has dicho” (Lc 1, 38).

b) Preguntas para orientar la meditación y actualización:

● El Señor se revela a los anawîm de su pueblo: Según tu parecer ¿quiénes son los anawîm contemporáneos a nosotros?
● Muchas veces nos sentimos como si viviéramos en un mundo hostil a la revelación de Dios. Parece también que Él ha enmudecido, que no revela más su palabra que da vida ¿Es esto verdad? Si Él todavía nos habla ¿dónde puedo encontrar su palabra viviente? ¿Cómo acogerla?
● Las potencias del mal paresen envolver nuestro inquieto mundo. Las diversas modalidades de opresión parecen que incluso oprimen también al Dios de la alegría, de la libertad, de la misericordia. ¿Cómo te comportas tú ante esta realidad? ¿Piensas que el texto de hoy pueda inspirarte un comportamiento justo ante las situaciones imposibles?
● ¿Qué piensas tú que sea la característica del comportamiento de María? ¿Te revela algo en tu vida?

3. ORATIO

a) Cántico de María:

«Alaba mi alma la grandeza del Señor
y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador
porque ha puesto los ojos en la pequeñez de su esclava,
por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada,
porque ha hecho en mi favor cosas grandes el Poderoso, Santo es su nombre
y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen.
Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los de corazón altanero.
Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes.
A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos con las manos vacías.
Acogió a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como había anunciado a nuestros padres-
en favor de Abrahán y de su linaje por los siglos.»

b) Momentos dedicados al silencio orante

4. CONTEMPLATIO

[En la contemplación], de hecho, a los hombres fuertes le es consentido recogerse cuando desean estar solos consigo mismo, cultivar asiduamente los pimpollos de las virtudes y nutrirse, felizmente, de los frutos del paraíso. Aquí se conquista aquel ojo cuya serena mirada hiere de amor al Esposo, y por medio de su transparencia y pureza se ve a Dios. Aquí se practica un ocio laborioso y se descansa en una acción quieta. Aquí, por la fatiga de la lucha, Dios da a sus atletas la recompensa deseada, esto es, la paz que el mundo ignora, y el gozo en el Espíritu Santo.
Esta es aquella Raquel graciosa, de bello aspecto, que Jacob, si bien no era ella fértil de hijos, amó más que a Lía, segura que más fértil, pero de ojos legañosos. Menos numerosos, de hecho, son los hijos de la contemplación respecto a los de la acción; sin embargo José y Benjamín son amados del padre más que los otros hermanos.
Esta es aquella parte mejor que María ha escogido y que no le será quitada.

(De la Carta de San Bruno a Rodolfo el Verde).

La solemnidad de la Inmaculada Concepción

1.- Vaya por delante que la cualidad que atribuimos a Santa María, y que hoy celebramos, no se encuentra explícitamente nombrada en el texto bíblico, ahora bien, la Iglesia Católica cree que las verdades reveladas nos llegan por dos caminos paralelos por los que circula en realidad un mismo y único vehículo.

Nadie nunca dudó de la santidad de la Virgen, aunque no lo expresase en fórmulas jurídicas. ¡de cuantas cosas estamos seguros de nuestro padre o madre, sin que vayamos proclamándolas, ni tengamos documentación que las acredite y demuestren!

Nunca ausente de la Iglesia, su presencia se fue haciendo más patente poco a poco. Llegó un día que lo que ya se sabía, se le dio categoría de dogma, nada se inventó.

2.- La bula iIneffabilis Deus del 8 de diciembre de 1854, promulgada por el papa Pío IX, dio publicidad, notoriedad y universalidad a este privilegio del que gozó Santa María.

Pero no fue la única. Eva la criatura hecha a imagen de Dios también fue inmaculada, pero pronto perdió tal prerrogativa por culpa de ella. Lo recuerdo para que se comprenda el porqué de que a la Virgen se la llame Nueva Eva. Nueva sí, pero sin ser vencida nunca por el maligno.

La cosa venía de antiguo. Destaca la curiosa y comprimida definición que escribió el eminente teólogo Beato Duns Escoto:

“Quiso y no pudo, no es Dios.

Pudo y no quiso, no es Hijo.

Digamos pues que pudo y quiso”.

3.- Pese a que se refiera a Santa María, tener en cuenta tal favor a Ella otorgado, nos enseña que la Gracia está por encima de cualquier otra cualidad que pueda poseer el hombre.

No ignoro el valor de una bula pontificia, pero a mí me gusta más recordar el hecho de que a la humilde, enfermiza y poco afortunada muchachita Bernadette Soubirous, en la oquedad de una roca en Lourdes, le confió la señora que se le aparecía, “Qué soï era immaculado councepcioũ” así, según contó, en el patois accitano en el que solamente sabía expresarse la chiquilla. El documento de Pio IX, estaría, con seguridad, redactado en lengua latina, revisado por estilistas de prestigio, como siempre se publican tales escritos. La Virgen no se estuvo con remilgos, le habló en gascón, un pueblerino patois del elegante occitano, como en su estancia histórica se relacionaría con los vecinos de Nazaret, en la popular lengua aramea y no en el clásico hebreo, propio de rabinos y escribas.

(Advierto que mi predilección por Lourdes no implica que dé a las apariciones de Massabielle, junto al río Gave, un valor superior al que tiene una definición pontificia, me limito a confiaros mi simpatía)

Queda, pues, claro que hoy nos limitamos a celebrar que la Nueva Eva, fue siempre brillante y nítida Eva. Que de su fidelidad, virginidad, y maternidad y santidad, nos ocuparemos otro día.

4.- Paso ahora a las lecturas propias de la misa de hoy. El precioso relato del Génesis lo consideró la tradición cristiana tan importante, que en retablos y capiteles historiados de los claustros, sobre todo en estos últimos, nunca lo omitió y ya sabéis que tales esculturas, más que obras de arte, eran la Biblia de los analfabetos, muy propias para detenerse en pórticos románicos o en los mencionados pasillos monacales y catedralicios, contemplarlos, admirar sus enseñanzas y comentarlas, para esforzarse después en imitarlas.

5.- A la desnudez virginal de Eva y Adán, por no ser fieles a Dios, le siguió el peligro y el miedo, primero se escondieron, después se cubrieron a medias.

(tal vez algunos de vosotros recordaréis la “entrada del miedo” en la manada del Seeonee, del relato de “el libro de la selva”. Sin duda Kipling, lo tuvo en cuenta al dibujar al tigre Shere Khan, sin atreverse a llamarle diablo. Os lo recuerdo, pues, es una prueba de la importancia de la enseñanza que ambas narraciones implican).

La desnudez peligrosa es propia de la ausencia de lealtad y virtud. Nosotros, pecadores, debemos cubrirnos para protegernos. Nada hay tan bello como el cuerpo humano y nada tan frágil.

6.- Entró el pecado, pero Dios anunció veladamente la futura redención, para que si habían introducido la maldad, y entonces lo lamentasen, no dejase de permanecer la esperanza. La serpiente, el talón y el pisotón, son adelantos de lo que llegaría al final de los tiempos, de aquí que a este texto, la tradición católica le llame el protoevangelio.

¡Que ternura y candidez encierra el relato de la anunciación a Santa María! Nunca falta tampoco en los capiteles historiados, en los pórticos y abunda mucho más en los retablos góticos y en los relieves barrocos.

7.- Os confieso, mis queridos jóvenes lectores, que los artistas que quisieron inmortalizar el singular y trascendental momento como acontecimiento de palacio, y tantos hay, no me complacen. Que la disposición y colocación de los protagonistas, Santa María y Gabriel, semeja a veces, la paralización de un momento de danza clásica, me disgusta observarlo. Prefiero y aprecio mucho como plasma la escena Fra. Angélico. Se dice de él que pintaba arrodillado. Belleza y piedad inundan el cuadro del que por su bondad fue declarado beato por la Iglesia.

8.- ¡Hágase en mí, según tu palabra! Dice Santa María. Haz de mi lo que quieras, Señor, debemos decirle a Dios siempre. Proyectos e ideales, visiones de futuro, sueños y ensueños, que Santa María también los tendría sin duda, debemos, como Ella hizo, ponerlos a disposición de Dios, que Él hará proezas con nosotros, no lo dudéis.

No os extrañe que ya en el siglo III se la invocase con la oración que conservamos, más antigua incluso que el Avemaría

Bajo tu amparo nos acogemos,

santa Madre de Dios;

no deseches las oraciones

que te dirigimos

en nuestras necesidades,

antes bien

líbranos de todo peligro,

¡oh, Virgen gloriosa y bendita!

9.- ¿Qué tiene que ver esta plegaria con la solemnidad de hoy?

Pues que si celebramos una fiesta en honor de Santa María y nos sentimos invitados, no nos contentemos con tratar de entenderla y alabarla, aprovechemos la ocasión para pedirle su intercesión.

Y si os puede parecer larga, y no siempre sentiros capaces de dirigírsela, podéis decir simplemente: Santa María, ruega por nosotros, o ruega por mí.

Pedrojosé Ynaraja

En estado puro

A menudo utilizamos una misma palabra en diferentes contextos, y en cada ocasión esa palabra adquiere un significado más enriquecedor que el inmediato. Una de esas palabras es “puro, pura, pureza…” que significa que algo está limpio, no contaminado, o que mantiene su esencia original sin que se le haya mezclado otra cosa. Pero enriqueciendo este sentido, si aplicamos esta palabra al ser humano, la entendemos en sentido moral, como exento de malicia o pecado; o como sinónimo de virginidad; o cuando alguien se comporta sin reparos según su carácter y principios, decimos que es “fulanito en estado puro”. Si aplicamos esta palabra a otros ámbitos, de un agua cristalina decimos que es “pura”, o que un alimento es “puro sabor”; o un espectáculo es “pura delicia”; o de un paisaje que no ha sufrido la acción humana decimos que es naturaleza “en estado puro”.

En medio del tiempo de Adviento, hoy estamos celebrando la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María. Hoy estamos celebrando la pureza de María, que fue preservada de todo pecado desde su concepción, “para que”, como diremos en el Prefacio, “fuese digna Madre de tu Hijo y comienzo e imagen de la Iglesia”. Y diremos también: “Purísima había de ser la Virgen que nos diera el Cordero inocente que quita el pecado del mundo. Purísima la que es abogada de gracia y ejemplo de santidad”.

Y aunque el sentido primero nos lleve al plano moral y hoy celebremos a María exenta de pecado, esta Solemnidad es una invitación a enriquecer este sentido primero y contemplar a María “en estado puro” desde diferentes perspectivas.

Ella es “pura criatura”, porque es expresión de la humanidad tal como la quiso y la quiere Dios, antes de que, como hemos escuchado en el relato simbólico de la 1ª lectura, provocásemos con el mal uso de nuestra libertad que nuestro pecado contaminase la pureza original de la imagen de Dios con la que cada uno hemos sido creados.

María es “pura fe” porque, como hemos escuchado en el Evangelio, acoge el plan de Dios que le comunica el Ángel y, aunque éste no le aclara cómo será eso, María no deja que las dudas se mezclen con la pureza de su fe.

María también es “pura disponibilidad”, porque contestó: Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra, sin dejar que la conciencia de su pequeñez entorpeciese o anulase su respuesta a Dios.

María es “pura esperanza” porque cuando el ángel se retiró y tuvo que empezar a vivir el Plan que Dios había pensado para Ella, mantuvo su fidelidad sin dejar que el miedo contaminase la pureza de su certeza de estar en todo momento en las manos de Dios. 

Contemplar a María “en estado puro” es no sólo un motivo de alegría, sino también una llamada a cada uno de nosotros a ser lo más posible “cristianos en estado puro”, como Ella lo fue:

Podemos ser “puras criaturas” y limpiar la imagen de Dios en nosotros recibiendo el perdón de nuestros pecados mediante el Sacramento de la Reconciliación.

Podemos ser “pura fe” aprovechando las oportunidades de formación y los Equipos de Vida para despejar las dudas que pueden surgirnos al tratar de iluminar la vida con la fe.

Podemos ser “pura disponibilidad”, sin poner excusas propias o ajenas a las propuestas que se nos hacen para ser corresponsables en la misión evangelizadora de la Iglesia.

Podemos ser “pura esperanza” en medio de los avatares de la vida y del mundo, incluso “contra toda esperanza”, si meditamos todas estas cosas en nuestro corazón, como María, y si vivimos la Eucaristía como encuentro con el Señor Resucitado, para sabernos en todo momento en las manos de Dios Padre, acompañados de su Hijo y guiados por el Espíritu Santo.

En la 2ª lectura, propia del segundo domingo de Adviento, hemos escuchado: Todas las antiguas escrituras se escribieron para enseñanza nuestra, de modo que entre nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza. Las Escrituras no son simples “textos”: son Palabra de Dios, la misma Palabra de la que María se fio. Pidámosle que interceda por nosotros para decir también a Dios: hágase en mí según tu palabra, y ser cada vez más cristianos “en estado puro” como Ella lo fue. 

La libertad de María de Nazaret

1.- No existe en todo el Evangelio página más bella que ésta en la que San Lucas narra el encuentro entre el Arcángel San Gabriel y María de Nazaret. Aparece en el Evangelio narrado en la misa de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción. Y nos cuenta, sin duda, el principio de la extraordinaria aventura de Jesús en la tierra. La Redención era necesaria y necesitaba una colaboración muy especial: la de la Virgen María.

2.- La omnipotencia de Dios no desea limitar la libertad del género humano y, entonces, un ángel del Señor llega a Nazaret a solicitar la conformidad de la persona elegida para iniciar los pasos de la Salvación. Es en el momento en que María dice que sí cuando comienza todo. Nos parece –después de tantos siglos de fe cristiana– impensable que la adolescente de Nazaret hubiera dicho que no. Pero esa posibilidad existía, pues de no ser así el discurso de Gabriel hubiera sido de otra forma.

3.- La primera consecuencia de ello es que la relación entre Dios y el hombre es libre, de libertad. El Señor no usa de su fuerza para dirigir al hombre por donde Él quiere. De hecho, a muchos de nosotros no nos importaría que Dios nos dirigiera de tal forma que no hubiera posibilidad de contrariar su Voluntad. Con ello tendríamos asegurado nuestro fin último y deseado. Pero ese dirigismo sin opción restaría nuestra libertad y el «diseño» que Dios quiso para nosotros. Es este un mundo de hombres y mujeres libres, significada tardíamente –aunque jubilosamente– por la Declaración de los Derechos Humanos y abierta por Dios desde el mismo momento de la creación del hombre.

4.- En los asuntos de la libertad el hombre es contradictorio. Muchos no la quieren. A los más les produce miedo. Y el miedo a la libertad engendra muchos pecados. Pero la libertad es también una de las facultades más nobles del hombre. Su capacidad libre de decisión le hace grande. Será bueno o malo por el uso de su libertad. No podrá responsabilizar de sus pecados a nadie. Pero tampoco nadie podría borrarle el enorme mérito de hacer el bien libremente. Solo la omnipotente justicia de Dios puede haber previsto esa libertad total de su criatura.

5.- María fue libre para asumir su camino y admitir con alegría la presencia en su seno del Salvador del Mundo. Desde ese momento –es bueno enfatizar lo obvio— la historia de Cristo está ligada a la joven de Nazaret. De ahí puede entenderse con toda facilidad la importancia del culto cristiano a la Santísima Virgen. Extraña el abandonismo de los cristianos reformados respecto a la valoración de la figura de Santa María en el camino de los creyentes. Pero no es este tiempo de controversias, no de alejamientos. En Adviento estamos en situación de vigilia esperando la venida de Jesús y hemos de alentar, con toda nuestra fuerza, que cuando Jesús vuelva por segunda vez todos sus seguidores estemos unidos en la caridad. Y en este año de 2013 que la fiesta de la Inmaculada Concepción de María Virgen cae en domingo como se ha querido –por parte de los obispos españoles—dar prevalencia a la Solemnidad de la Inmaculada sobre el formulario del correspondiente al Segundo Domingo de Adviento, pero con la inclusión de la Segunda Lectura de ese domingo de Adviento que no es otra que un fragmento de la Carta a los Romanos.

6.- Y así, San Pablo, en la Carta a los Romanos, establece perfectamente la relación entre la época veterotestamentaria y la puramente evangélica. No pueden separarse. La primera ha anunciado y ha hecho posible la segunda. Pablo de Tarso nos dice: “acogeos mutuamente como Cristo os acogió para gloria de Dios. Quiero decir con esto que Cristo se hizo servidor de los judíos para probar la fidelidad de Dios, cumpliendo las promesas hechas a los patriarcas y, por otra parte, acoge a los gentiles para que alaben a Dios por su misericordia”.

Nosotros somos herederos del padrinazgo que Dios otorgó al pueblo de Israel. Por eso la escena de Belén, incluso en su concepto más científico o arqueológico, nos llena de felicidad. Y es que las aproximaciones históricas a la Palestina de tiempo de Jesús nos abre aún más el entendimiento para mejor esperar al Niño Dios. ¡Ven, Señor Jesús!

Ángel Gómez Escorial