Vísperas – Martes II de Adviento

VÍSPERAS

MARTES II DE ADVIENTO

 

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

 

HIMNO

Mirad las estrellas fulgentes brillar,
sus luces anuncian que Dios ahí está,
la noche en silencio, la noche en su paz,
murmura esperanzas cumpliéndose ya.

Los ángeles santos, que vienen y van,
preparan caminos por donde vendrá
el Hijo del Padre, el Verbo eternal,
al mundo del hombre en carne mortal.

Abrid vuestras puertas, ciudades de paz,
que el Rey de la gloria ya pronto vendrá;
abrid corazones, hermanos, cantad
que vuestra esperanza cumplida será.

Los justos sabían que el hambre de Dios
vendría a colmarla el Dios del Amor,
su Vida en su vida, su Amor en su amor
serían un día su gracia y su don.

Ven pronto, Mesías, ven pronto, Señor,
los hombres hermanos esperan tu voz,
tu luz, tu mirada, tu vida, tu amor.
Ven pronto, Mesías, sé Dios Salvador. Amén.

 

SALMO 48: VANIDAD DE LAS RIQUEZAS

Ant. No podéis servir a Dios y al dinero.

Oíd esto, todas las naciones;
escuchadlo, habitantes del orbe:
plebeyos y nobles, ricos y pobres;

mi boca hablará sabiamente,
y serán muy sensatas mis reflexiones;
prestaré oído al proverbio
y propondré mi problema al son de la cítara.

¿Por qué habré de temer los días aciagos,
cuando me cerquen y acechen los malvados,
que confían en su opulencia
y se jactan de sus inmensas riquezas,
si nadie puede salvarse
ni dar a Dios un rescate?

Es tan caro el rescate de la vida,
que nunca les bastará
para vivir perpetuamente
sin bajar a la fosa.

Mirad: los sabios mueren,
lo mismo que perecen los ignorantes y necios,
y legan sus riquezas a extraños.

El sepulcro es su morada perpetua
y su casa de edad en edad,
aunque hayan dado nombre a países.

El hombre no perdura en la opulencia,
sino que perece como los animales.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. No podéis servir a Dios y al dinero.

 

SALMO 48

Ant. «Atesorad tesoros en el cielo», dice el Señor.

Éste es el camino de los confiados,
el destino de los hombres satisfechos:
son un rebaño para el abismo,
la muerte es su pastor,
y bajan derechos a la tumba;
se desvanece su figura,
y el abismo es su casa.

Pero a mí, Dios me salva,
me saca de las garras del abismo
y me lleva consigo.

No te preocupes si se enriquece un hombre
y aumenta el fasto de su casa:
cuando muera, no se llevará nada,
su fasto no bajará con él.

Aunque en vida se felicitaban:
«Ponderan lo bien que lo pasas»,
irá a reunirse con sus antepasados,
que no verán nunca la luz.

El hombre rico e inconsciente
es como un animal que perece.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. «Atesorad tesoros en el cielo», dice el Señor.

 

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE LOS REDIMIDOS

Ant. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

 

LECTURA: 1Co 1, 7b-9

Aguardamos la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. Él nos mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de qué acusarnos en el día de Jesucristo, Señor nuestro. Dios nos llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo, Señor nuestro. ¡Y él es fiel!

 

RESPONSORIO BREVE

R/ Despierta tu poder y ven a salvarnos, señor Dios de los ejércitos.
V/ Despierta tu poder y ven a salvarnos, señor Dios de los ejércitos.

R/ Que brille tu rostro y nos salve.
V/ Señor Dios de los ejércitos.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Despierta tu poder y ven a salvarnos, señor Dios de los ejércitos.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Una voz grita en el desierto: «Preparad el camino del Señor, allanad los senderos de nuestro Dios.»
Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Una voz grita en el desierto: «Preparad el camino del Señor, allanad los senderos de nuestro Dios.»

PRECES

Oremos, hermanos, a Cristo, nuestro Señor y nuestro Redentor, que vendrá con gloria al fin de los tiempos, y digámosle:

Ven, Señor Jesús

Señor y Redentor nuestro, que al nacer en la carne nos libraste del yugo de la ley,
— completa en nosotros los beneficios de tu amor.

Tú que tomaste de nuestra humanidad todo lo que no repugnaba a tu divinidad,
— danos de tu naturaleza los dones de los que la nuestra está sedienta.

Con tu presencia da cumplimiento a nuestros deseos,
— y con la fuerza de tu amor inflama nuestros corazones.

Danos la gracia de alegrarnos contigo en la gloria,
— pues ya en este mundo nuestra fe sincera te confiesa.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Derrama, Señor, el rocío de tu amor
— sobre las almas de todos los difuntos.

 

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común e todos:
Padre nuestro…

 

ORACION

Señor y Dios nuestro, que has manifestado tu salvación hasta los confines de la tierra, concédenos esperar con alegría la gloria del nacimiento de tu Hijo. Él que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

 

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Martes II de Adviento

1) Oración inicial

Señor y Dios nuestro, que has manifestado tu salvación hasta los confines de la tierra; concédenos esperar con alegría la gloria del nacimiento de tu Hijo. Que vive y reina contigo. Amen.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 18,12-14
«¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le descarría una de ellas, ¿no dejará en los montes las noventa y nueve, para ir en busca de la descarriada? Y si llega a encontrarla, os digo de verdad que tiene más alegría por ella que por las noventa y nueve no descarriadas. De la misma manera, no es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno solo de estos pequeños.

3) Reflexión

• Una parábola no es una enseñanza que recibir de forma pasiva o que relegar en la memoria, sino que es una invitación para participar en el descubrimiento de la verdad. Jesús empieza diciendo: “¿Qué les parece?” Una parábola es una pregunta con una respuesta no definida. La respuesta depende de nuestra reacción y de la participación de los oyentes. Tratemos de buscar la respuesta a esta parábola de la oveja perdida.
• Jesús cuenta una historia muy breve y muy sencilla: un pastor tiene 100 ovejas, pierde una, deja las otras 99 y va en busca de la oveja perdida. Y Jesús pregunta: “¿Qué les parece?” Es decir: “¿Ustedes harían lo mismo?” ¿Cuál será la respuesta de los pastores y de las demás personas que escuchaban a Jesús que cuenta esta historia? ¿Harían lo mismo? ¿Cual es mi respuesta a la pregunta de Jesús? Pensémoslo bien antes de contestar.
• Si tú tuvieses 100 ovejas y pierdes una de ellas, ¿qué harías? No hay que olvidar que los montes son lugares de difícil acceso, con simas profundas, habitados por animales peligrosos y donde se esconden los ladrones. Y no puedes olvidar que has perdido una oveja, una sola, por consiguiente todavía ¡tienes 99 ovejas! ¡Has perdido poco! ¿Abandonarías a las demás 99 por el monte? Quizás solamente una persona con poco sentido común haría lo que hace el pastor de la parábola de Jesús. ¡Piénsatelo bien!
• Los pastores que escucharon la historia de Jesús, habrán pensado y comentado: “¡Solamente un pastor sin fundamento actúa de este modo!” Seguramente le habrán preguntado a Jesús: “Perdona, pero ¿quién es ese pastor del que estás hablando? Hacer lo que él hizo, es pura locura”
• Jesús contesta: “Este pastor es Dios, nuestro Padre, y la oveja perdida eres tú”. Dicho con otras palabras, aquel que actúa así es Dios movido por su gran amor hacia los pequeños, los pobres, los excluidos. Solamente un amor así de grande es capaz de hacer una locura de este tipo. El amor con que Dios nos ama supera la prudencia y el sentido común. El amor de Dios hace locuras. ¡Gracias a Dios! Si así no fuera, ¡estaríamos perdidos!

4) Para la reflexión personal

• Ponte en la piel de la oveja perdida y anima tu fe y tu esperanza. ¡Tú eres aquella oveja!
• Ponte en la piel del pastor y trata de ver si tu amor por los pequeños es verdadero amor.

5) Oración final

¡Cantad a Yahvé un nuevo canto,
canta a Yahvé, tierra entera,
cantad a Yahvé, bendecid su nombre!
Anunciad su salvación día a día. (Sal 96,1-2)

La Vida de Jesús – Fco. Fernández-Carvajal

IV NACIMIENTO DE JESÚS

1.- EL EMPADRONAMIENTO DE CIRINO

Lc 2, 1-3

San Lucas tuvo un gran interés en situar el nacimiento de Cristo, el acontecimiento más grande de la humanidad, en un lugar preciso -en Belén de Judá- y en un momento de la historia determinado: como no dispone de otra referencia, nos dirá que nació en tiempos de César Augusto[1]. En concreto, en los días en que se promulgó un edicto del emperador para que se empadronase todo el mundo. Este censo fue un acontecimiento social y político y era bien conocido en los años en que escribe el evangelista.

Existían razones muy diversas para que la administración del Imperio quisiera disponer de un censo al día de la población. Entre otras, el cobro de los impuestos. En Judea, este primer empadronamiento fue hecho cuando Cirino era gobernador de Siria. Dios se sirvió de este decreto del emperador romano para que María y José se encaminaran a Belén y allí naciera el Mesías, como había sido anunciado por los profetas.

La Virgen comprendió enseguida que aquel empadronamiento era providencial en su vida: las palabras del ángel, guardadas en su corazón como un tesoro, la movían a meditar las Escrituras de un modo nuevo, como nadie antes lo había hecho. El mensaje del ángel iluminaba los pasajes oscuros o incompletos del texto sagrado.

Había vivido tres meses en casa de Isabel y de Zacarías, quien, como sacerdote, poseía una cultura que le permitía acceder directamente al texto sagrado. María, Isabel y él mismo tenían profundas razones para buscar en ellas un sentido más pleno. La Virgen comprendería a su vez cómo en las Escrituras se hablaba siempre de una mujer en relación directa con la llegada del Mesías. Al comienzo del Génesis se dice que de la descendencia de una mujer saldría quien aplastará la cabeza de la serpiente. Por su parte, Isaías había profetizado: Una virgen concebirá y alumbrará un hijo, que se llamará Emmanuel. Y, casi al mismo tiempo, el profeta Miqueas señala al Mesías con estas palabras: la que ha de parir, parirá… Siempre se habla de una mujer, jamás de un varón. Y eso en un pueblo para el que la figura del padre lo era todo o casi todo, y donde las mujeres carecían de importancia en el mundo social e, incluso, religioso.

La Virgen sabía que su Hijo debía nacer en Belén. Habría leído y escuchado muchas veces los textos del profeta Miqueas: Y tú, Belén, tierra de Judá, de ninguna manera eres la menor entre las tribus de Judá, pues de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo, Israel…

Los entendidos en la Ley, consultados por Herodes a la llegada de los Magos, contestaron sin vacilar que el Mesías vendría al mundo en Belén de Judá.


[1] César Augusto, emperador de Roma, reinó del 30 a.C. al 14 d.C.

Comentario – Martes II de Adviento

¿Qué os parece?, les decía Jesús a sus discípulos como reclamando su juicio. Suponed que un hombre tiene cien ovejas; si se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. El pastor que sale tras la oveja perdida, dejando a las noventa y nueve restantes a buen recaudo, lo hace porque le interesan cada una de las ovejas. Una oveja perdida entre cien es, en términos porcentuales, el uno por ciento de pérdida: una insignificancia si la pérdida de esa oveja se valora en estos términos. Pero no es así como aprecia a sus ovejas el pastor que sale tras la oveja perdida. Para él, una por una, todas tienen un valor absoluto. Por eso no puede permitir el extravío de una sola de ellas y sale en su búsqueda. Y cuando la encuentra, se alegra por ella más que por las restantes que, siendo muchas más, sin embargo no se han extraviado. Es la alegría exultante de quien ha encontrado algo que creía perdido y por lo que sentía un gran aprecio. Es la alegría del reencuentro o de la recuperación de aquello que se tenía por difícilmente recuperable.

Pues bien, el aprecio y la alegría que siente el pastor por cada una de sus ovejas es el mismo aprecio y la misma alegría que se encuentran en Dios. Porque tampoco nuestro Padre del cielo quiere que se pierda ni uno de estos pequeños. A esto es a lo que quiere llegar Jesús, a hacernos entender el interés que Dios, nuestro Padre, tiene por cada uno de nosotros. Dios es el primer interesado en nuestra salvación. Dios no quiere que se pierda ni una sola de sus criaturas; mucho menos de sus hijos, es decir, de aquellos a quienes adoptó como hijos en el bautismo. Y si esta es la voluntad de Dios, una voluntad positivamente volcada en nuestra salvación, hemos de esperar que ponga todo lo que está de su parte por lograrnos este destino. No lo pongamos en duda. Dios hará lo imposible para que no se pierda ninguno de los que fueron adquiridos por la sangre de su Hijo. Si no se ahorró la sangre de su Hijo, tampoco ahorrará esfuerzos, entradas y salidas, llamadas, intentos, travesías, todo con tal de recuperar a sus hijos extraviados por los desconcertantes y complejos parajes de nuestro mundo o perdidos entre la neblina encubridora de nuestras mentiras y las deslumbrantes luces que encienden nuestros deseos. Con la certeza de que Dios nunca nos dará por perdidos, por muy alejados que estemos de él, podremos conservar siempre la esperanza del retorno, de la recuperación o del reencuentro. Si Dios no quiere que se pierda ni uno sólo, confiemos en el éxito de su salida, de su búsqueda y de su empeño salvíficos.

 

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

208. En el Sínodo aparecieron muchas propuestas concretas orientadas a renovar la pastoral juvenil y a liberarla de esquemas que ya no son eficaces porque no entran en diálogo con la cultura actual de los jóvenes. Se comprende que no podría aquí recogerlas a todas, y algunas de ellas pueden encontrarse en el Documento final del Sínodo.

Recursos – Ofertorio Domingo III de Adviento

ENCENDIDO de la TERCERA VELA de la CORONA DE ADVIENTO

(Como en los domingos anteriores, la corona es el único adorno floral del altar. Hoy la puede encender la persona que tenga más fama de inconformista en la comunidad o que trabaje de forma más entregada en las instituciones civiles: el ayuntamiento, sindicato y la asociación de vecinos o de tipo profesional)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, la comunidad me ha designado hoy para prender esta tercera vela, que se une a las otras, para ofrecer ya una llama y una luz más poderosas. Quieren ser signos del compromiso en medio de la sociedad civil. Señor, que los y las que creemos en Ti, descubramos que el compromiso político y sindical es una forma de expresar la caridad. Despiértanos, Señor, de nuestro letargo y ayúdanos a que nuestra presencia en medio de la sociedad sea un signo de que Tú estás viniendo a nosotros y a nosotras, cuando hacemos posible que la justicia, la libertad y la paz sean las características de la vida ciudadana.

ACTUACIÓN DE LOS NIÑOS

(Esta ofrenda, que quiere significar la alegría de la comunidad, puede consistir en una actuación musical, teatral o un baile, de acuerdo a las posibilidades de los niños/as o de los/las jóvenes de la comunidad. En primer lugar, se procede a la actuación y, concluida, quien la ha preparado o dirigido hace oralmente la ofrenda)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, hoy te hemos traído la alegría de la comunidad en esta breve actuación de nuestros más pequeños y pequeñas. Seguro que se te ha conmovido un poco tu corazón de Padre. No permitas que esta alegría se marchite a lo largo de la vida. Haz que se incremente de la misma manera que nuestra esperanza en la vuelta definitiva de tu Hijo para inaugurar tu Reino, en el que niños y niñas, como éstos y éstas, serán los primeros.

PRESENTACIÓN DE UN PANTALÓN TEJANO

(Esta tercera ofrenda la debe hacer uno de los jóvenes de la comunidad, chico o chica, da lo mismo)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, ahí tienes un pantalón tejano. Es el símbolo, desde hace años de la cultura juvenil. Tras él se esconde nuestra sed de consumo, que se manifiesta en la moda, la música, las motos, las diversiones, el alcohol, cuando no en la droga. En todas esas cosas buscamos la felicidad. Y, la verdad, es que nos dura demasiado poco. Con este pantalón, Señor, quisiera expresarte que, ojalá, nuestra búsqueda de alegría y felicidad supiéramos enfocarla hacia Ti y en Ti encontráramos su satisfacción.

PRESENTACIÓN DE UN DISCO O CASSETE CON EL “HIMNO DE LA ALEGRÍA”

(Hace la ofrenda uno de los niños o niñas de la comunidad, que se lo entrega a un adulto, para que lo haga sonar tras sus palabras)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Por mi parte, Señor, yo te traigo este disco con el Himno de la alegría, que va a sonar inmediatamente después de mis palabras de ofrenda. Con él, y en nombre de todos los niños y niñas de la comunidad, te traigo nuestro compromiso de ser, entre los adultos, la alegría que calme sus preocupaciones e inquietudes.

INICIO DEL MONTAJE DEL BELÉN

(Reivindicamos este año el Belén. Previamente se debería haber montado la infraestructura sobre la que irá. En este momento, algunas personas se adelantan y colocan con la mayor celeridad posible las figuritas de personas que figurarán en él. Concluida la operación, una de ellas hace la ofrenda:)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, hoy hemos iniciado el montaje del Belén de nuestra comunidad. Con ello queremos expresar nuestro deseo de prepararnos a la Navidad de tu Hijo. Hoy hemos situado las figurillas que representan a las personas. Evocan tanto las que rechazaron y no quisieron saber nada de tu Hijo, como aquellos pocos, más bien pobres, que fueron capaces de divisar bajo la apariencia humilde de un niño recién nacido la profundidad de la presencia amorosa de Dios. Como éstos pocos quisiéramos ser nosotros y nosotras.

PRESENTACIÓN DE LA «OPERACIÓN KILO»

(Hoy sería un buen momento para presentar alguna acción de este tipo, si se quiere realizar. Es necesario ser conscientes de que una acción de éstas, bien planteada, es la mejor de las catequesis acerca del sentido de la Navidad)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Dios y Padre nuestro, Tú has querido COMPARTIR con nosotros y nosotras cuanto tenías, y soñabas con lo mejor para que pudiéramos ser plenamente felices. Para llevarlo a cabo, decidiste darnos lo más entrañable que tenías: tu mismo Hijo, el amado, para que compartiera todo con nosotros y nosotras. Nosotros hoy te presentamos esta acción, la “OPERACIÓN KILO”, porque quiere ser signo de ese compartir generoso y, especialmente, con los y las que peor lo pasan de entre nosotros y nosotras. Acepta, Padre, esta ofrenda; hazla fecunda y generosa y signo de solidaridad.

Oración de los fieles – Domingo III de Adviento

Oremos, alegres y confiados, a Dios nuestro Padre que nos ha prometido la Salvación con la llegada de su Hijo. Y respondemos.

VEN SEÑOR JESÚS

1.- Por el Papa Francisco y por todos aquellos que tienen encomendado algún servicio para el Pueblo de Dios, para que la espera jubilosa del Señor que ha de venir les haga más entregados a su misión. OREMOS.

2.- Por los gobernantes de todos los países del mundo, para que el Espíritu de Dios les inspire un camino de paz y de justicia, con sus países y respecto a todos los pueblos de la tierra. OREMOS

3.- Por los niños y jóvenes y todos aquellos que tienen intactas sus esperanzas, para que el Señor que viene les llene de amor, paz y confianza. OREMOS

4.- Por los tristes, los desanimados y demás enfermos de cuerpo y alma, para que la alegría de todos nosotros en Adviento les comunique esperanza y los ángeles del Señor les lleven consuelo. OREMOS

5.- Por los pacíficos y todos aquellos que trabajan intensamente por la paz y la concordia para que el Señor Jesús les llene de alegría con su venida. OREMOS

6.- Por nosotros mismos que ya hemos recorrido un buen camino en el Adviento, esperando la venida del Señor, para que no nos falte la confianza en los últimos momentos. OREMOS.

Recibe, Dios Padre de todo y todos, la oración que alegres y confiados te presentamos todos juntos, como hermanos que somos. Por Jesucristo Nuestro Señor

Amen


Cada vez está más cerca, algo importante para nuestra vida. El Mesías que esperábamos ya viene. Te pedimos Padre que nos ayudes a preparar nuestro corazón para recibir a tu Hijo:

VEN SEÑOR JESÚS.

1.- Padre, fortalece al Papa Francisco a los obispos y a toda tu Iglesia, para que siga anunciando la Buena noticia que nos trae tu Hijo. OREMOS

2.- Padre, anima a los que se hunden, a los que sufren o están cautivos para que ante la nueva luz que nos viene, vean la solución a todos sus problemas. OREMOS

3.- Padre, llena de tu Sabiduría los corazones de los que dirigen las naciones, para que sus decisiones se ajusten a las necesidades de sus gentes. OREMOS

4.- Padre, consuela a los pobres y afligidos de la tierra, ellos son tus favoritos, manda sobre ellos tus favores. OREMOS

5.- Padre, ilumina el proceder de las familias, para que estén siempre alegres, sean constantes en orar y den gracias en toda ocasión. OREMOS

6.- Padre, cuida a todos los catequistas y a los que proclaman tu Palabra, para que tengan la actitud y el ejemplo del Bautista. OREMOS

7.- Padre, acoge también todas las súplicas que cada uno de nosotros lleva en su corazón y encamínanos hacía Ti. OREMOS

Padre, no tardes en aliviar a tu Pueblo que sin tu Luz anda perdido, concédele lo que confiado te pide. Por Jesucristo nuestro Señor.

Amen.

Comentario al evangelio – Martes II de Adviento

¿A qué se dedica Dios? ¿En qué emplea su tiempo? Básicamente en hacer tres cosas: llamar constantemente, perdonar a todas horas y consolar con infinita ternura. Por eso, cuando llevamos y dejamos salir al Espíritu Santo que llevamos dentro, lo que nos sale es consolar. El que está lleno de Dios no maldice, ni reniega, ni condena. Lo que le sale es lo contrario. De ahí el mandato de hoy de Isaías, su primera palabra: “consolad/consuelen”. Es lo que deberíamos hacer con más frecuencia los cristianos, consolar, llevar más amor, dar buenas noticias. Porque este mundo, nuestras realidades, necesitan más palabras de consuelo y menos palabras de condena. Hay que amar nuestra realidad y nuestro mundo, también con sus negatividades (y las nuestras personales) que tenemos que aceptar. Pero tenemos que recordar cada vez que nos levantamos por la mañana, que sólo el amor es capaz de transformarlo todo. Necesitamos más consuelo y menos condenas.

No podía faltar en este Adviento, como en todo tiempo litúrgico, una referencia martirial; es decir, un recordatorio no agradable, pero no por ello irreal, de que a todo seguidor de Jesús, le sucederán incomprensiones, cruces, persecuciones… Así le ha pasado también a muchos hombres y mujeres, testigos de Jesús, que han dado su vida por Él. Sin ir más lejos la joven adolescente cuya memoria libre propone la liturgia de hoy: Santa Eulalia, que con doce años, no quiso renegar de su fe en Jesús quemando incienso a los dioses paganos como obligaba el decreto del emperador Diocleciano en su cruenta persecución contra los que profesaban su fe en Cristo.

Ser seguidor de Jesús, también tiene sus incomprensiones. Comprende que no te comprendan; acepta que no te reconozcan. No por ello pierdas la alegría de vivir y la fuerza y motivación para hacer lo que crees que tienes que hacer. Hay veces que encontrarás aceptación y reconocimiento y otras veces no. Mirar a esta realidad martirial nos ayuda a aceptar esos momentos en los que no somos reconocidos ni comprendidos, porque no somos los únicos y porque no por ello debemos de dejar de hacer lo que sentimos que Dios nos pide.

Hoy podíamos hacerle esta pregunta al Señor en nuestra oración personal: ¿dónde y a quién puedo y tengo que llevar palabras y gestos de consuelo y no lo estoy haciendo? Dímelo Señor. Dame tu luz para darme cuenta y la fuerza para hacerlo. Que yo pueda preparar tu venida sembrando esta estrella en el corazón de aquel que vive a mi lado o que veo todos los días en mi trabajo. Que de mis labios salgan palabras de consuelo y ternura y de mis manos gestos de acogida, especialmente hacia los que más me cuesta, que suelen ser los que necesitan más amor en sus vidas.

Jesús lo dice bien claro en el Evangelio de hoy: Dios no quiere que se pierda nadie, por eso arriesga lo que nosotros no haríamos, dejar las noventa y nueve ovejas. Fíjate si arriesga. ¿Es la “política” de Dios la condenación? Por si a alguno/a todavía dudaba…

Juan Lozano, cmf.