Vísperas – Santa Lucía

VÍSPERAS

SANTA LUCÍA, virgen y mártir

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Mirad las estrellas fulgentes brillar,
sus luces anuncian que Dios ahí está,
la noche en silencio, la noche en su paz,
murmura esperanzas cumpliéndose ya.

Los ángeles santos, que vienen y van,
preparan caminos por donde vendrá
el Hijo del Padre, el Verbo eternal,
al mundo del hombre en carne mortal.

Abrid vuestras puertas, ciudades de paz,
que el Rey de la gloria ya pronto vendrá;
abrid corazones, hermanos, cantad
que vuestra esperanza cumplida será.

Los justos sabían que el hambre de Dios
vendría a colmarla el Dios del Amor,
su Vida en su vida, su Amor en su amor
serían un día su gracia y su don.

Ven pronto, Mesías, ven pronto, Señor,
los hombres hermanos esperan tu voz,
tu luz, tu mirada, tu vida, tu amor.
Ven pronto, Mesías, sé Dios Salvador. Amén.

SALMO 114: ACCIÓN DE GRACIAS

Ant. Arranca, Señor, mi alma de la muerte, mis pies de la caída.

Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.

Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre del Señor:
«Señor, salva mi vida.»

El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando y sin fuerzas, me salvó.

Alma mía, recobra tu calma,
que el Señor fue bueno contigo:
arrancó mi alma de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.

Caminaré en presencia del Señor
en el país de la vida.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Arranca, Señor, mi alma de la muerte, mis pies de la caída.

SALMO 120: EL GUARDIÁN DEL PUEBLO

Ant. El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.

No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel.

El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.

El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

LECTURA: 2P 3, 8b-9

Para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir su promesa, como creen algunos. Lo que ocurre es que tiene mucha paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.

RESPONSORIO BREVE

R/ Despierta tu poder y ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.
V/ Despierta tu poder y ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.

R/ Que brille tu rostro y nos salve.
V/ Señor Dios de los ejércitos.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Despierta tu poder y ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Con perseverancia has salvado tu alma, Lucía, esposa de Cristo; has superado las cosas del mundo y brillas con los ángeles; has vencido al enemigo con tu propia sangre.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Con perseverancia has salvado tu alma, Lucía, esposa de Cristo; has superado las cosas del mundo y brillas con los ángeles; has vencido al enemigo con tu propia sangre.

PRECES

Roguemos a nuestro Redentor, que viene a dar la Buena Noticia a los pobres, y digámosle:

Manifiesta, Señor, tu gloria a los hombres

Manifiéstate, Señor, a todos los que no te conocen
— para que también ellos vean tu salvación.

Que tu nombre, Señor, se anuncie hasta el confín de la tierra
— y que todos los hombres descubran el camino que conduce a ti.

Tú que viniste por vez primera para salvar al mundo,
— ven de nuevo para salvar a los que en ti creen.

Aquella libertad que tu venida dio a los redimidos,
— consérvala, Señor, con tu poder, y defiéndela siempre

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que ya viniste en la carne y vendrás de nuevo a juzgar al mundo,
— da en tu venida el premio eterno a los difuntos.

Confiemos nuestras súplicas a Dios, nuestro Padre, terminando esta oración con las palabras que el Señor nos enseñó:
Padre nuestro…

ORACION

Que la poderosa intercesión de santa Lucía, virgen y mártir sea nuestro apoyo, Señor, para que en la tierra celebremos su triunfo y en el cielo participemos de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Viernes II de Adviento

1) Oración inicial

Señor, que tu pueblo permanezca en vela aguardando la venida de tu Hijo, para que, siguiendo las enseñanzas de nuestro Salvador, salgamos a su encuentro, cuando él llegue,  con las lámparas encendidas. Por nuestro Señor Jesucristo. Amen.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 11,16-19
«¿Pero, con quién compararé a esta generación? Se parece a los chiquillos que, sentados en las plazas, se gritan unos a otros diciendo:
`Os hemos tocado la flauta,
y no habéis bailado,
os hemos entonado endechas,
y no os habéis lamentado.’
«Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: `Demonio tiene.’ Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: `Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores.’ Y la Sabiduría se ha acreditado por sus obras.»

3) Reflexión

• A los líderes, a los sabios, no les gusta cuando alguien les critica o los desafía. Esto ocurría en tiempos de Jesús y ocurre hoy, en la sociedad civil y en la Iglesia. Juan el Bautista vio, criticó u no fue aceptado. Decían: “¡Está poseído por el demonio!” Jesús vio, criticó y no fue aceptado. Decían: “¡Está fuera de sí!”. –“¡Se ha vuelto loco!” (Mc 3,21) -“¡Está poseído por el demonio!” (Mc 3,22) -“¡Es un samaritano!” (Jn 8,48) -“¡No es de Dios!” (Jn. 9,16). Hoy ocurre lo mismo. Hay personas que se apegan a lo que siempre ha sido enseñado y no aceptan otro modo de explicar y vivir la fe. Luego inventan motivos y pretensiones para no adherir: -“¡Es marxismo!” -“¡Va en contra de la Ley de Dios!” -“¡Es desobediencia a la tradición y al Magisterio!”
• Jesús se queja por la falta de coherencia de parte de su gente. Se inventan siempre algún pretexto para no aceptar el mensaje de Dios anunciado por Jesús. De hecho, es relativamente fácil encontrar argumentos y pretextos para rechazar a los que piensan de forma diferente a la nuestra.
• Jesús reacciona y demuestra su incoherencia. Ellos se consideraban sabios, pero Jesús reacciona y demuestra su incoherencia. Ellos se consideraban sabios, pero eran como niños que quieren divertirse en la plaza y que se rebelan cuando la gente no se mueve según la música que tocan. O como los que se consideran sabios sin tener nada de realmente sabio. Aceptaban solamente aquellos que tenían las mismas ideas. Y así ellos mismos se condenaban, por su actitud incoherente.

4) Para la reflexión personal

• ¿Hasta que punto soy coherente con mi fe?
• ¿Tengo conciencia crítica hacia el sistema social y eclesiástico que, muchas veces, inventa motivos y pretensiones para legitimar la situación cualquier cambio?

5) Oración final

Feliz quien no sigue consejos de malvados
ni anda mezclado con pecadores
ni en grupos de necios toma asiento,
sino que se recrea en la ley de Yahvé,
susurrando su ley día y noche.
(Sal 1,1-2)

Comentario – Viernes II de Adviento

Jesús compara su generación con niños sentados en la plaza que gritan a otros: «Hemos tocado la flauta y no habéis bailado, hemos cantado lamentaciones y no habéis llorado». Esperan, pues, que los demás se muevan al ritmo que ellos tocan y sintonicen con el tipo de melodía que ellos entonan, es decir, pretenden ser la medida de cuantos les rodean y les contemplan. Jesús recurre a esta comparación para aplicarla de inmediato a la actitud que sus contemporáneos han adoptado ante dos personajes de signo aparentemente distinto que han comparecido en la escena socioreligiosa de su tiempo: Juan el Bautista y el mismo Jesús. Porque vino –decía él- Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: «Tiene un demonio». Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: «Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores». Aparentemente, Juan y Jesús adoptan conductas contrapuestas. Mientras el primero se presenta como modelo de austeridad y ayuno, ni come ni bebe, el segundo actúa más bien como una persona «normal», que se deja invitar a banquetes y bodas y que come y bebe de lo que le ponen, hasta ganarse la fama de comilón y borracho.

Pero tanto uno como otro merecen la crítica negativa de quienes se sitúan ante ellos como jueces que sentencian con extrema facilidad y ligereza al modo de aquellos niños caprichosos que, sentados en la plaza, reprochaban a otros no cumplir con sus expectativas. Los ayunos de Juan son vistos como propios de alguien que está poseído por el demonio de la austeridad; las comidas y bebidas de Jesús, como los de alguien que está dominado por el demonio de la gula o de la intemperancia. En Juan les desconcierta su extremismo ascético; en Jesús, su «normalidad» y su extrema familiaridad con publicanos y pecadores. Ambas actitudes son objeto de su crítica acerba, que brota de un narcisismo casi adolescente. Nada les satisface. Nada les parece bien. Hagan una cosa o su contraria, serán criticados. En el fondo hay una predisposición a no aceptar nada que proceda de ellos, porque los vetados son ellos mismos. Jesús parece hacer extensiva esa actitud que es característica de los fariseos a su generación. Porque fueron precisamente los fariseos, en su gran mayoría, los que no creyeron en Juan ni en Jesús como enviados de Dios. Jesús les echará en cara esta incredulidad en alguna ocasión. Y también a él le acusaron de estar poseído por el demonio o de obrar con el poder de Belzebú.

Pero los hechos dan razón a la Sabiduría de Dios. A pesar de las críticas e incomprensiones, los hechos (otra lectura dice: los hijos) acabarán dando la razón a la Sabiduría de Dios que se ha manifestado tanto en Juan como en Jesús. Ambos son portadores de la sabiduría divina y ambos actúan –cuando comen y cuando no comen- en conformidad con la voluntad de Dios. Alguno podría pensar que la muerte con que ambos acaban su vida –uno, decapitado por Herodes, y otro crucificado por Pilato- no les daba precisamente la razón. Pero hay una historia posterior a ese término que quita la razón a sus críticos, opositores y adversarios, y se la da a ellos. Es la historia de sus seguidores que les engrandecen y les aúnan; es la historia del cristianismo que brota de la resurrección de Cristo. Esta historia, con todos sus hechos martiriales, virginales, con todos sus frutos, les está dando la razón, y con ellos a la Sabiduría de Dios de que estaban investidos.

Si esto es así, son los mismos hijos de la Sabiduría los que, con su seguimiento y testimonio martirial, les están dando la razón, que es dar la razón a la Sabiduría con la que obraban y que era sometida a la crítica de aquella generación de mentalidad farisaica o narcisista. Ojalá que el Señor nos encuentre hijos de esta Sabiduría y no intérpretes carentes de sensibilidad para apreciar las manifestaciones de Dios en nuestra historia y humanidad. Porque puede suceder que una mentalidad excesivamente crítica o cientifista nos impida ver, como a los fariseos coetáneos de Jesús, esas manifestaciones de Dios en nuestro mundo.

 

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

211. En esta búsqueda se debe privilegiar el idioma de la proximidad, el lenguaje del amor desinteresado, relacional y existencial que toca el corazón, llega a la vida, despierta esperanza y deseos. Es necesario acercarse a los jóvenes con la gramática del amor, no con el proselitismo. El lenguaje que la gente joven entiende es el de aquellos que dan la vida, el de quien está allí por ellos y para ellos, y el de quienes, a pesar de sus límites y debilidades, tratan de vivir su fe con coherencia. Al mismo tiempo, todavía tenemos que buscar con mayor sensibilidad cómo encarnar el kerygma en el lenguaje que hablan los jóvenes de hoy.

La misa del domingo

Domingo III de Adviento – Ciclo A
15 de diciembre de 2019

 

Palabra de Dios

Isaías 35,1-6a.10: “Dios viene en persona y os salvará”
Sal 145,7.8-9a.9bc-10: “Ven, Señor, a salvarnos”
Santiago 5,7-10: “Fortaleced vuestros corazones, porque la venida del Señor está cerca».
Mateo 11,2-11: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”

UNA PROPUESTA DE HOMILÍA

En nuestro camino de preparación a la Navidad encendemos hoy la tercera vela de nuestra corona de Adviento. En este tercer domingo, conocido como de Gaudete (de la alegría), la Iglesia nos invita a llenarnos de gozo tomando las palabras del apóstol san Pablo: «Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres… El Señor está cerca» (Flp 4,4-5).

El tiempo de Adviento, como bien sabemos, es un tiempo de esperanza que –en esta tercera semana de manera especial– se ve reforzado por la alegría y el gozo que supone esperar al que ya llega, al que ya está cerca.

Nuestra falta de paciencia o nuestro habitual desánimo encuentran hoy, en todas las lecturas que acabamos de escuchar en la Liturgia de la Palabra, la misma respuesta: “Dios viene en persona y os salvará”, “Ven, Señor, a salvarnos”, “La venida del Señor está cerca”… Este es el gozo que da sentido a nuestra espera esperanzada, a este Domingo de Gaudete: “El Señor está cerca”.

¿Cómo no va a brotar la alegría en nuestro corazón al experimentar esa cercanía y presencia del Señor?

Jesús desata la auténtica alegría que nace del Evangelio. Con su presencia el Reino comienza a tomar forma y a hacerse realidad. Así lo adelanta el profeta Isaías: “Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará. Volverán los rescatados del Señor, vendrán a Sión con cánticos: en cabeza, alegría perpetua; siguiéndolos, gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán”.

Así, igualmente, lo confirma el propio Jesús ante las preguntas de los discípulos del Bautista:

“Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio”.

La alegría que hoy se apodera de nuestro tiempo de Adviento no es un gozo irracional o inmaduro. Es, más bien, la consecuencia de una espera responsable y consciente, que sabe que lo importante se prepara por dentro, en nuestro interior. Si queremos celebrar con profundidad la Navidad que se avecina, si queremos acoger al Señor Jesús en nuestra vida con autenticidad, es imprescindible que nos preparemos interiormente para el encuentro con nuestro Dios. Porque si no estamos preparados, no lo reconoceremos y no podremos interiorizar todo lo que nos quiere dar. La esperanza cristiana no nace de la ingenuidad. Brota del convencimiento interior, de la confianza firme, de la fe sincera.

En este sentido, son preciosas las palabras que el apóstol Santiago nos dirige hoy en su epístola. Acojámoslas como una oportuna invitación para seguir viviendo con intensidad este tiempo de Adviento que nos prepara a la Navidad del Señor: “Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe la lluvia temprana y tardía. Tened paciencia también vosotros, manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca”.

Que así sea.

Xabier Camino Sáez, sdb

Misa del domingo: misa con niños

DOMINGO III de ADVIENTO (A)
“Juan el Bautista”
15 de diciembre de 2019

(En la liturgia de este domingo se presenta a Juan Bautista, que insiste en hacer siempre referencia a Jesús, que “cura, anima, da la vista, se interesa por las personas, anuncia la Buena Noticia”. También hoy podemos ver a Jesús con estos mismos rasgos.

  • Un signo para la celebración: Encender la tercera vela de la corona de adviento, mientras se canta. Junto a la corona, un cartel, o proyección, con un dibujo y esta frase: “Tu camino”.
  • Una canción para la celebración, después de la primera lectura o en la Acción de Gracias: “Jesús, ¿quién eres tú?” (“Brotes de Olivo”). Se puede cantar, recitar o escuchar).

1.- MOTIVACIÓN

Amigos: hemos venido a la eucaristía con la alegría de que ya se acerca la fiesta de navidad. Si participaras en un concurso y te preguntaran ¿quién es Jesús de Nazaret? ¿qué respuesta darías? Hoy vamos a escuchar la respuesta que da el mismo Jesús. La tercera vela que hoy encendemos es un signo de nuestro camino de adviento. Juntos cantamos.

2.- CANTO DE ADVIENTO

3.- SALUDO DEL SACERDOTE

4.- PETICIÓN DE PERDÓN

 

• Jesús era “la buena noticia esperada”. Porque a veces no sabemos ser “buena noticia” para los demás. SEÑOR, TEN PIEDAD.

• Jesús pasó haciendo el bien. Por las veces en que no sabemos verte en las personas necesitadas. SEÑOR, TEN PIEDAD.

• Jesús nos enseñó a hacer el bien. Por las veces que somos egoístas y no miramos alrededor. CRISTO, TEN PIEDAD.

5. PRIMERA LECTURA (La propia del día, adaptada. Isaías 35,1-6a. 10.)

Lectura del Profeta Isaías:

Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas de los que les cuesta caminar, decid a los que están desanimados: ¡sed fuertes, no temáis!

Mirad, vuestro Dios viene en persona. Él os salvará. Entonces los ciegos verán una luz preciosa, los oídos del sordo se abrirán, la lengua del que no habla cantará. Las penas se alejarán. Todo será gozo y alegría.

Palabra de Dios

6.- SALMO DIALOGADO (o se canta la canción “Jesús, ¿quién eres tú?”)

Lector: Ven, Señor, a salvarnos. Todos: Ven, Señor, a salvarnos.

Lector: Del miedo y la tristeza. Todos: Ven, Señor, a salvarnos.

Lector: De la desconfianza y egoísmo. Todos: Ven, Señor, a salvarnos.

Lector: De la duda y lejanía de las personas. Todos: Ven, Señor, a salvarnos.

Lector: De la falta de fe y esperanza en ti. Todos: Ven, Señor, a salvarnos.

7.- EVANGELIO (Mateo 11, 2-11). “¿Eres tú el que ha de venir”

Narrador:
En aquel tiempo, Juan Bautista, que había oído hablar de las obras que hacía Jesús, mandó a dos discípulos para que le preguntaran:

Discípulo 1:
¿Eres tú el que ha de venir?

Discípulo 2:
¿Todavía tenemos que seguir esperando a otro? ¿Quién eres tú?

Narrador:
Jesús les respondió:

Jesús:
Decid a Juan lo que estáis viendo y oyendo; los ciegos ven y los inválidos andan; los enfermos quedan curados y los sordos oyen; los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia una Buena Noticia. Y dichoso el que no se sienta defraudado por mí!

Narrador:
Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan:

Jesús:
Os digo que Juan es más que un profeta; él ha venido a preparar el camino. Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista, aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.

Narrador:
Palabra del Señor

8.- COMENTARIO

  • Hoy en día también se pregunta la gente: ¿Quién es Jesús?
  • Tú ¿qué les dirías?
  • ¿Qué dice el evangelio de hoy? ¿Cómo responde Jesús?
  • ¿Y nosotros?
  • Hemos colocado en la celebración una vela más que se ha encendido: hay un poco más de luz que nos ayuda a preparar el camino para llegar a la navidad.

9.- PETICIONES

  1. Para que todos los que formamos la Iglesia seamos, como Jesús, personas que hacen el bien. Roguemos al Señor.
  2. Para que el bien y la bondad vayan ganando terreno al mal y al egoísmo en nuestra sociedad. Roguemos al Señor.
  3. Para que Jesús llene de alegría a las personas que se entregan a ayudar a los demás. Roguemos al Señor.
  4. Para que en esta Navidad experimentemos la alegría de haber hecho un favor a otra persona. Roguemos al Señor.

10.- ACCIÓN DE GRACIAS. Canto “Jesús, ¿quién eres tú?”. (Se puede cantar, escuchar o recitar).

1. Jesús, ¿quién eres Tú?
tan pobre al nacer, que mueres en cruz.
Tú das paz al ladrón,

inquietas al fiel, prodigas perdón.
Tú, siendo creador,
me quieres a mí, que soy pecador.
Tú, dueño y Señor,
me pides a mí salvar la creación (bis).

2. Jesús, ya sé de ti
algo de tu ser, ¿qué quieres de mí?
Mas yo quiero saber
qué rumbo seguir, ¿qué debo de hacer?
Di qué he de esperar,
qué senda elegir, por qué he de luchar.
Tú, ayúdame,
pues no quiero más dudar ni temer.

3. Cristo es sal en la vida,
luz en tinieblas, es todo amor…

11.- PARA LA VIDA

(Ser solidario. “Operación Kilo” en algunos lugares).

Iñaki Lete, sdb

Cómo es Jesús (Oración)

CÓMO ES JESÚS

Para la oración de hoy necesitas papel y boli.

  • Querido nieto, hoy me gustaría rezar contigo.
  • Claro que sí abuelo.
  • Repite conmigo, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.
  • Hoy, en este rato de oración me gustaría darte algunas pistas para que pienses y reces sobre ellas. Tómate un poco de tiempo para cada una de ellas.
  • Espero que no sean muy difíciles.
  • Seguro que no. Pero primero vamos a escuchar la lectura de hoy.

El texto es una adaptación del evangelio de Mateo (Mt 11, 2-11):

Juan esperaba que llegase el Mesías prometido por Dios. Cuando oyó las cosas que hacía Jesús, envió a sus amigos a que le preguntasen: «Pero ¿eres tú o no eres tú el Mesías?» Jesús, en lugar de contestar directamente, les dijo: «Contadle lo que veis, que los ciegos ven, los inválidos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, y los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el evangelio». Los amigos de Juan volvieron a contarle todo eso, mientras Jesús se quedó enseñando a sus amigos. Y les decía que Juan era un verdadero profeta, el mensajero de Dios que tenía que preparar el camino de Dios.

Juan esperaba que Jesús fuera el Mesías. Pero no sé si sabes que lo que él y los suyos esperaban realmente, era un Mesías con mucho poder. Alguien que utilizando la fuerza les liberara de la esclavitud. ¿Te imaginas a Jesús de esa manera?

Cuando Jesús contesta a los discípulos de Juan, no les dice si es o no es el Mesías. Si les dice que con lo que él hace, los más pobres encuentran la felicidad.

Ahora, escribe en tu papel palabras que describan la manera de ser y de actuar de Jesús. Compasivo, buen amigo, generoso…

Vuelve a mirar la lista. ¿En qué te pareces tú a Jesús? ¿Cuáles de esas palabras hablan de ti? Rodéalas.

Como habrás podido comprobar, Jesús no es ese Mesías que tiene mucho poder con un gran ejército y que manda sobre todos, sino que es un Mesías que a través de la dulzura, del cariño, del respeto, la cercanía, consigue transmitir un mensaje de amor a todos.

Jesús, amigo,
tú nos enseñas
la alegría
que nunca se acaba.
Ayuda,
ama,
perdona
y serás un regalo
para quienes te aman.

Para que seamos felices
Jesús nos enseña
que hay que compartir.
Para que seamos hermanos
Jesús nos enseña
a todos a amar.
Como el buen samaritano,
a amigos y extraños
querer y ayudar.
A ser felices y hermanos
Jesús nos anima hoy.

Jesús nos enseña de Nico Montero, «Proyecto Yasah»

Para terminar, repite al final de cada frase: Gracias Jesús.

Gracias, Jesús, porque nos enseñas

Porque nos enseñas que lo importante no tiene que ver con ser poderoso…
Porque nos enseñas que acoger al que lo pasa mal es sembrar semillas de esperanza…
Porque nos enseñas que perdonar a otros es curar la desconfianza hacia el que nos hace daño…
Porque nos enseñas que para ser felices basta con llevar nuestro amor más a las obras que a las palabras…

…Gracias, Jesús.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
como era en el principio,
ahora y siempre por los siglos de los siglos.
Amén.

Comentario al evangelio – Viernes II de Adviento

Si hubieras atendido a mis mandatos…, dice hoy el Señor por boca del profeta Isaías en el capítulo 48. El pueblo -nosotros- con frecuencia caemos en la idolatría, en adorar otros dioses que no nos proporcionan felicidad, pero que nos seducen con sus “luces de colores”, como las que adornan los escaparates de las tiendas desde el inicio del “adviento” comercial. Cada uno tenemos nuestros dioses a los que somos fieles, a los que rendimos culto: el prestigio, la buena imagen, la última palabra de autoridad en casa o en el trabajo, el dinero, etc. Son nuestros becerros de oro de los que nos tenemos que liberar para dejar a Dios ser Dios, es decir, ocupar el primer puesto en nuestro corazón desde la libertad de nuestro amor, porque yo quiero Señor que tú seas mi Dios. El tiempo de Adviento es un buen momento para este ejercicio de limpieza.

En la primera lectura el Señor mantiene su promesa de liberación a pesar de la infidelidad del pueblo -nuestra infidelidad- recordándonos que -yo, el Señor, tu Dios, te enseño para tu bien, te guío por el camino que sigues.- Es un buen día hoy para orar con esta petición, ¿Señor que falsos dioses me apartan de ti? Dame luz para ponerles nombre y apartarlos de mi, de modo que tú puedas nacer en mi con más luz en esta Navidad.

La joven Santa Lucía, lo tenía claro. Prefirió el martirio antes que ser infiel al Señor; hay que tener mucho amor para mantenerse firme hasta el final. Lo peor que nos puede pasar es mantenernos impasibles; es la actitud que desaprueba Jesús en el evangelio de hoy: …hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado. Es como si nos dijera:¡no habéis reaccionado, no habéis hecho nada, estáis dormidos! Despertemos. Escuchemos la Palabra a través de la cual Dios nos habla; es Su Palabra. Atendamos sus mandatos, porque si lo hacemos -reza hoy Isaías-, sería tu paz como un río, tu justicia como las olas del mar… Nos lo recuerda también la antífona del salmo de hoy: El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida.

Juan Lozano, cmf.