En persona

Una chica, que no es aficionada al fútbol, fue a un acto benéfico para ver a un conocido futbolista que acudió allí. Cuando ella volvió, no hacía más que repetir emocionada: “En persona es guapísimo, mucho más de como se ve en fotografías; es que no es lo mismo, para nada…”. Cuando un personaje famoso del cine, televisión, deporte, canción… o un alto cargo de la política va a acudir a un lugar, suele haber un gran número de gente que va allí para verlo “en persona”. La gente ya sabe cosas de dicho personaje, lo han visto en fotografías, reportajes de televisión, internet… pero si es posible, prefieren verlo “en persona”, porque “no es lo mismo”.

Estamos acercándonos a la Navidad, y muchas personas también estarán esperando el encuentro con familiares y amigos con quienes el resto del año no nos encontramos. Aunque se hable por teléfono o incluso videoconferencia, aunque se esté en contacto por redes sociales o mensajería instantánea… nada de eso sustituye ni es comparable al hecho de verlos “en persona”.
Y este Domingo III de Adviento hemos encendido en nuestra Corona la vela de color rosa como signo de la alegría, porque como hemos escuchado en la 1ª lectura: Mirad a vuestro Dios… viene en persona. Porque quizá estamos haciendo muchos preparativos “para la navidad”, pero para celebrar “algo”: unos días de amor y felicidad pero en abstracto, unos días para estar en familia… cuando la Navidad es para celebrar a Alguien.

Y quizá sí que “sabemos” que en Navidad se celebra el nacimiento del Hijo de Dios, pero lo hacemos como si fuera algo del pasado, un recuerdo, sin caer en la cuenta de que viene Él “en Persona”. Por eso, los diferentes textos de este tercer Domingo de Adviento nos da un toque de atención: no es lo mismo celebrar “algo”, o un mero recuerdo, que celebrar al Señor que viene “en Persona”: “El mismo Señor nos concede ahora prepararnos con alegría al misterio de su nacimiento” (Prefacio II de Adviento); “El mismo Señor viene ahora a nuestro encuentro, en cada hombre y en cada acontecimiento, para que lo recibamos en la fe” (Prefacio III de Adviento). Es “el mismo Señor”, el Señor en Persona, quien viene de nuevo a nosotros.

Aunque la sociedad de consumo nos provoque a “anticipar la navidad” ofreciéndonos desde hace semanas los adornos, los dulces típicos, las ofertas para regalos y toda la parafernalia con que hemos envuelto y ocultado la Navidad, a nosotros se nos tiene que notar que, más allá de todo esto, estamos esperando a Alguien. No nos dejemos arrastrar por esos aspectos externos, como hemos escuchado en la 2ª lectura: Tened paciencia hasta la venida del Señor…

Por eso, un buen testimonio de fe es que vivamos el Adviento no como “algo” que nos dice la Iglesia, sino como una verdadera preparación para encontrarnos con el Señor en Persona. Un buen testimonio de fe es no quemar etapas sino saber “esperar con fe la fiesta del Nacimiento del Señor” (oración colecta), y por eso se hace la invitación a que cada uno prepare su Corona de Adviento, para vivir con fe esta espera y así “llegar a la Navidad y poder celebrarla con alegría desbordante” (oración colecta), para que se nos note que no es lo mismo “saber” cosas de la navidad o quedarnos en lo superficial, en los buenos sentimientos o el simple recuerdo, que encontrarnos con el mismo Señor en Persona. 

¿En alguna ocasión he ido a ver en persona a algún personaje famoso? ¿Por qué lo hice? ¿Qué experimenté al verlo? ¿Creo que en Navidad viene el mismo Señor en Persona, o vivo estos días como un recuerdo de algo que ocurrió hace siglos? ¿Voy a encontrarme con algún amigo o familiar en Navidad? ¿Cómo estoy preparando este encuentro? ¿Cómo estoy viviendo el Adviento, de qué modo me estoy preparando para encontrarme con el Señor en Persona esta Navidad?

Decía Jesús en el Evangelio: Id a anunciar lo que estáis viendo y oyendo. Si, como a esa chica del ejemplo, nos gusta ir a ver en persona a personajes significativos para nosotros y luego lo contamos emocionados, mucho más deberíamos desear encontrarnos con el Señor y, después, anunciarlo.

A todos se nos tiene que notar que “no es lo mismo, para nada”, celebrar una “navidad” de adornos, buenos sentimientos y felicidad difusa, pero en realidad vacía, que celebrar “la Navidad” como una “fiesta de gozo y salvación”, porque vamos a encontrarnos con el Hijo de Dios, en Persona.

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