Vísperas – Miércoles III de Adviento

VÍSPERAS

MIÉRCOLES III DE ADVIENTO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Éste es el tiempo en que llegas,
Esposo, tan de repente,
que invitas a los que velan
y olvidas a los que duermen.

Salen cantando a tu encuentro
doncellas con ramos verdes
y lámparas que guardaron
copioso y claro el aceite.

¡Cómo golpean las necias
las puertas de tu banquete!
¡Y cómo lloran a oscuras
los ojos que no han de verte!

Mira que estamos alerta,
Esposo, por si vinieres,
y está el corazón velando,
mientras los ojos se duermen.

Danos un puesto a tu mesa,
Amor que a la noche vienes,
antes que la noche acabe
y que la puerta se cierre. Amén.

SALMO 125: DIOS, ALEGRÍA Y ESPERANZA NUESTRA

Ant. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.

Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres.

Que el Señor cambie nuestra suerte,
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares.

Al ir, iba llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares.

SALMO 126: EL ESFUERZO HUMANO ES INÚTIL SIN DIOS

Ant. Que el Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;
su salario, el fruto del vientre:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Que el Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.

CÁNTICO de COLOSENSES: HIMNO A CRISTO, PRIMOGÉNITO DE TODA CRIATURA

Ant. Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

Damos gracias a Dios Padre,
que nos ha hecho capaces de compartir
la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres, visibles e invisibles,
Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres:
los del cielo y los de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

LECTURA: Flp 4, 4-5

Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca.

RESPONSORIO BREVE

R/ Muéstranos, Señor, tu misericordia.
V/ Muéstranos, Señor, tu misericordia.

R/ Danos tu Salvación.
V/ Tu misericordia.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Muéstranos, Señor, tu misericordia.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Oh Adonai, Pastor de la casa de Israel, que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente y en el Sinaí le diste tu ley, ven a librarnos con el poder de tu brazo.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Oh Adonai, Pastor de la casa de Israel, que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente y en el Sinaí le diste tu ley, ven a librarnos con el poder de tu brazo.

PRECES

Oremos, hermanos, a Cristo, el Señor, que viene a salvar a todos los hombres y digámosle confiadamente:

Ven, Señor, Jesús.

Señor Jesucristo, que por el misterio de la encarnación manifestaste al mundo la gloria de tu divinidad,
— vivifica al mundo con tu venida.

Tú que participaste de nuestra debilidad,
— concédenos tu misericordia.

Tú que viniste humildemente para salvar al mundo de sus pecados,
— cuando vuelvas de nuevo con gloria y majestad, absuélvenos de todas las culpas.

Tú que estás sentado a la derecha del Padre,
— alegra con la visión de tu rostro a nuestros hermanos difuntos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que estás sentado a la derecha del Padre,
— alegra con la visión de tu rostro a nuestros hermanos difuntos.

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común:
Padre nuestro…

ORACION

Concédenos, Señor, a los que vivimos oprimidos por la antigua esclavitud del pecado ser liberados por el nuevo y esperado nacimiento de tu Hijo. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Miércoles III de Adviento

1) Oración inicial

Concede, Señor, a los que vivimos oprimidos por la antigua esclavitud del pecado, ser liberados por el nuevo y esperado nacimiento de tu Hijo. Que vive y reina ….

2) Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 1,18-24

El origen de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, que era justo, pero no quería infamarla, resolvió repudiarla en privado. Así lo tenía planeado, cuando el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.» Todo esto sucedió para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta: Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: «Dios con nosotros». Despertado José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer.

3) Reflexión

• En el Evangelio de Lucas, la historia de la infancia de Jesús (capítulos 1 y 2 de Lucas) está centrada entorno a la persona de María. Aquí en el Evangelio de Mateo, la infancia de Jesús (capítulos 1 y 2 de Mateo) está centrada alrededor de la persona de Josés, el prometido esposo de María. José era de la descendencia de David. A través de él Jesús pertenece a la raza de David. Así, en Jerusalén, se realizan las promesas hechas por Dios a David y a su descendencia.
• Como vimos en el evangelio de ayer, en la cuatro mujeres compañeras de María, en la genealogía de Jesús, había algo anormal que no estaba de acuerdo con las normas de la ley: Tamar, Raab, Ruth y Betsabé. El evangelio de hoy nos muestra que también en María había algo anormal, contrario a las leyes de la época. A los ojos del pueblo de Nazaret, ella se preentó embarazada antes de convivir con José. Ni la gente, ni José, su futuro marido, sabían el origen de su embarazo. Si José hubiese sido justo según la justicia de los escribas y de los fariseos, hubiera tenido que denunciar a María, y la pena para ella hubiera sido la muerte por apedreamiento.
• José era justo, ¡sí!, pero su justicia era diferente. Ya antes é practicaba aquello que Jesús enseñaría más tarde: “Si su justicia no supera la justicia de los escribas y de los fariseos, no entraren en el Reino de los Cielos” (Mt 5,20). Por ello José, sin comprender los hechos, decide despedirla en secreto.
• En la Biblia, el descubrimiento del llamado de Dios en los hechos acontece de distintas formas. Por ejemplo, rumiando los hechos (Lc 2,19.51), a través de la meditación de la Biblia (At 15,15-19; 17,2-3), a través de los ángeles (la palabra ángel significa mensajero), che ayudan a descubrir el significado de los hechos (Mt 28,5-7). José llegó a percibir el significado de lo que estaba ocurriendo a María a través de un sueño. En el sueño un ángel se sirvió de la Biblia para aclarar el origen del embarazo de María. Venía de la acción del Espíritu de Dios.
• Cuando para María todo fue claro, ella exclamó: “ìHe aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra!” Cuando para José todo fue claro, tomó a María como su esposa, y fueron a vivir juntos. Gracias a la justicia de José, María no fue apedreada y Jesús siguió viviendo en su seno.

4) Para la reflexión personal

• A los ojos de los escribas, la justicia de José sería una desobediencia. ¿Hay en esto un mensaje para nosotros?
• ¿Cómo descubre el llamado de la Palabra de Dios en los hechos de tu vida?

5) Oración final

Pues librará al pobre suplicante,
al desdichado y al que nadie ampara;
se apiadará del débil y del pobre,
salvará la vida de los pobres. (Sal 72.12-13)

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 12, 9-12

9¿Qué hará entonces el señor de la viña? Vendrá y aniquilará a los campesinos y dará la viña a otros. 10¿No leísteis esta Escritura: La piedra que rechazaron los constructores, esta se convirtió en angular: 11Del Señor vino y es maravillosa a nuestros ojos?”.

12Y buscaban agarrarlo, pero tenían miedo a la muchedumbre, porque sabían que había dicho la parábola por ellos. Y, dejándole, se fueron».

• 12, 9-12: La interpretación de la parábola. Jesús concluye su discurso cambiando de referente bíblico: de Isaías 5 al Salmo 118,22-23 [117,22-23 versión griega LXX]. La relación entre la parábola y su interpretación es de un tipo sutil e importante. La única nota reivindicativa en la parábola es comunitaria: Dios quita la viña a Israel y sus dirigentes y la da a «otros», los miembros del nuevo Israel, la iglesia cristiana. La interpretación en 12,10-12, sin embargo, agrega una nota de reivindicación personal de la que carecía la parábola: la piedra rechazada, que los lectores naturalmente vinculan con el Hijo asesinado, es exaltada a piedra angular. Los cristianos reconocerán de inmediato esta exaltación como un símbolo de la resurrección de Jesús. Pero el hincapié comunitario de la parábola no se ha perdido del todo en este escenario de reivindicación personal, porque la piedra rechazada se convierte en la piedra angular de un templo nuevo, un santuario de «piedras vivas», es decir, la comunidad cristiana (cf. 1Pe 2,4-10). La conclusión de la cita del Salmo, «del Señor vino…» (12,11a), afirma que los cimientos de este nuevo templo son obra de Dios gracias a la reivindicación de la «piedra» rechazada. Este hincapié responde de nuevo, indirectamente, a la pregunta hostil planteada por los escribas en 11,28: la autoridad de Jesús no viene de los seres humanos, sino «del Señor» del cielo (cf. 11,30-31), hacia el que pronto será exaltado. El salmo continúa describiendo esta exaltación como «increíble a nuestros ojos» (12,11b), frase que anticipa la reacción positiva al mensaje de Jesús tanto por los lectores de Marcos como por la multitud, cuya presencia parece estar sobrentendida en 12,12b.

Pero una respuesta llena de asombro puede tener también una connotación negativa, ya que los oyentes principales de Jesús en ese momento eran los dirigentes religiosos con los que acaba de chocar (12,12c). Su asombro es su estupor por el descaro de Jesús al predecir su fracaso (cf. 12,9); por tanto, renuevan sus esfuerzos por prenderlo con objeto de acabar con él (12,12a). Sin embargo, frustrados por la presencia de la multitud (12,12b), «lo dejaron y se fueron». Su retirada no constituye una señal de rendición, sino simplemente la adopción de una estrategia más sutil. De ahora en adelante ya no se enfrentarán a Jesús, sino que actuarán a través de sustitutos. En el pasaje siguiente, enviarán a unos fariseos y herodianos para tratar de llevar a Jesús al campo político, lleno de minas, de las relaciones entre judíos y romanos del siglo I.

Comentario – Miércoles III de Adviento

Mateo nos refiere las circunstancias que rodearon a la concepción virginal de Jesús en el seno de María. Y lo hace desde la perspectiva de José, su esposo. Dice a este propósito Benedicto XVI en su último libro sobre la infancia de Jesús lo siguiente: «Mateo nos dice en primer lugar que María era prometida de José. Según el derecho judío entonces vigente, el compromiso significaba ya un vínculo jurídico entre las dos partes, de modo que María podía ser llamada la mujer de José, aunque aún no se había producido el acto de recibirla en casa, que fundaba la comunión matrimonial. Como prometida, «la mujer seguía viviendo en el hogar paterno y se mantenía bajo la patria potestas. Después de un año tenía lugar la acogida en casa, es decir, la celebración del matrimonio» (Gnilka, Matthäus, I, p. 17). Ahora bien, José constató que María «esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo» (Mt 1,18). Pero lo que Mateo anticipa aquí sobre el origen del niño José aún no lo sabe. Ha de suponer que María había roto el compromiso y —según la ley— debe abandonarla. A este respecto, puede elegir entre un acto jurídico público y una forma privada: puede llevar a María ante un tribunal o entregarle una carta privada de repudio. José escoge el segundo procedimiento para no «denunciarla» (Mt1,19). En esa decisión, Mateo ve un signo de que José era un «hombre justo».

La calificación de José como hombre justo (zaddik) va mucho más allá de la decisión de aquel momento: ofrece un cuadro completo de san José y, a la vez, lo incluye entre las grandes figuras de la Antigua Alianza, comenzando por Abraham, el justo. Si se puede decir que la forma de religiosidad que aparece en el Nuevo Testamento se compendia en la palabra «fiel», el conjunto de una vida conforme a la Escritura se resume en el Antiguo Testamento con el término «justo». El Salmo 1 ofrece la imagen clásica del «justo». Así pues, podemos considerarlo casi como un retrato de la figura espiritual de san José. Justo, según este Salmo, es un hombre que vive en intenso contacto con la Palabra de Dios; «que su gozo está en la ley del Señor» (v. 2)… La voluntad de Dios no es para él una ley impuesta desde fuera, sino «gozo». La ley se convierte espontáneamente para él en «evangelio», buena nueva, porque la interpreta con actitud de apertura personal y llena de amor a Dios, y así aprende a comprenderla y a vivirla desde dentro.

Esta imagen del hombre que hunde sus raíces en las aguas vivas de la Palabra de Dios, que está siempre en diálogo con Dios y por eso da fruto constantemente, se hace concreta en el acontecimiento descrito, así como en todo lo que a continuación se dice de José de Nazaret. Después de lo que José ha descubierto, se trata de interpretar y aplicar la ley de modo justo. Él lo hace con amor, no quiere exponer públicamente a María a la ignominia. La ama incluso en el momento de la gran desilusión… Vive la ley como evangelio, busca el camino de la unidad entre la ley y el amor. Y, así, está preparado interiormente para el mensaje nuevo, inesperado y humanamente increíble, que recibirá de Dios.

Mientras que el ángel «entra» donde se encuentra María (Lc 1,28), a José sólo se le aparece en sueños, pero en sueños que son realidad y revelan realidades. Se nos muestra una vez más un rasgo esencial de la figura de san José: su finura para percibir lo divino y su capacidad de discernimiento. Sólo a una persona íntimamente atenta a lo divino, dotada de una peculiar sensibilidad por Dios y sus senderos, le puede llegar el mensaje de Dios de esta manera. Y la capacidad de discernimiento era necesaria para reconocer si se trataba sólo de un sueño o si verdaderamente había venido el mensajero de Dios y le había hablado.

El mensaje que se le consigna es impresionante y requiere una fe excepcionalmente valiente. ¿Es posible que Dios haya realmente hablado? ¿Que José haya recibido en sueños la verdad, una verdad que va más allá de todo lo que cabe esperar? ¿Es posible que Dios haya actuado de esta manera en un ser humano? ¿Que Dios haya realizado de este modo el comienzo de una nueva historia con los hombres? Mateo había dicho antes que José estaba «considerando en su interior» (enthymēthèntos) cuál debería ser la reacción justa ante el embarazo de María. Podemos por tanto imaginar cómo luche ahora en lo más íntimo con este mensaje inaudito de su sueño: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo» (Mt 1,20).

A la comunicación sobre la concepción del niño en virtud del Espíritu Santo, sigue un encargo: María «dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados» (Mt 1,21). Junto a la invitación de tomar con él a María como su mujer, José recibe la orden de dar un nombre al niño, adoptándolo así legalmente como hijo suyo. Es el mismo nombre que el ángel había indicado también a María para que se lo pusiera al niño: el nombre Jesús (Jeshua) significa YHWH es salvación. El mensajero de Dios que habla a José en sueños aclara en qué consiste esta salvación: «Él salvará a su pueblo de los pecados.»

Con esto se asigna al niño un alto cometido teológico, pues sólo Dios mismo puede perdonar los pecados. Se le pone por tanto en relación inmediata con Dios, se le vincula directamente con el poder sagrado y salvífico de Dios. Pero, por otro lado, esta definición de la misión del Mesías podría también aparecer decepcionante. La expectación común de la salvación estaba orientada sobre todo a la situación penosa de Israel: a la restauración del reino davídico, a la libertad e independencia de Israel y, con ello, también naturalmente al bienestar material de un pueblo en gran parte empobrecido. La promesa del perdón de los pecados parece demasiado poco y a la vez excesivo: excesivo porque se invade la esfera reservada a Dios mismo; demasiado poco porque parece que no se toma en consideración el sufrimiento concreto de Israel y su necesidad real de salvación. En el fondo, en estas palabras se anticipa ya toda la controversia sobre el mesianismo de Jesús: ¿Ha redimido verdaderamente a Israel? ¿Acaso no ha quedado todo como antes?..

Después de la cita bíblica, Mateo completa la narración. Refiere que José se despertó y procedió como le había mandado el ángel del Señor. Llevó consigo a María, su esposa, pero, «sin haberla conocido», ella dio a luz al hijo. Así se subraya una vez más que el hijo no fue engendrado por él, sino por el Espíritu Santo. Por último, el evangelista añade: «Él le puso por nombre Jesús» (Mt 1,25)».

La prueba escriturística que presenta el evangelista es lo anunciado por el profeta: Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo, y lo pondrán por nombre Enmanuel (que significa «Dios con nosotros»). El hijo nacido virginalmente de María no será otro que el Enmanuel, el Dios-con-nosotros, ese Dios que ha decidido hacerse habitante de la tierra con nosotros, compartiendo con nosotros, por amor, linaje, historia, sufrimiento y muerte, para que nosotros podamos compartir con él la vida que le es propia.

 

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

Ambientes adecuados

216. En todas nuestras instituciones necesitamos desarrollar y potenciar mucho más nuestra capacidad de acogida cordial, porque muchos de los jóvenes que llegan lo hacen en una profunda situación de orfandad. Y no me refiero a determinados conflictos familiares, sino a una experiencia que atañe por igual a niños, jóvenes y adultos, madres, padres e hijos. Para tantos huérfanos y huérfanas, nuestros contemporáneos, ¿nosotros mismos quizás?, las comunidades como la parroquia y la escuela deberían ofrecer caminos de amor gratuito y promoción, de afirmación y crecimiento. Muchos jóvenes se sienten hoy hijos del fracaso, porque los sueños de sus padres y abuelos se quemaron en la hoguera de la injusticia, de la violencia social, del sálvese quien pueda. ¡Cuánto desarraigo! Si los jóvenes crecieron en un mundo de cenizas no es fácil que puedan sostener el fuego de grandes ilusiones y proyectos. Si crecieron en un desierto vacío de sentido, ¿cómo podrán tener ganas de sacrificarse para sembrar? La experiencia de discontinuidad, de desarraigo y la caída de las certezas básicas, fomentada en la cultura mediática actual, provocan esa sensación de profunda orfandad a la cual debemos responder creando espacios fraternos y atractivos donde se viva con un sentido.

Comentario Domingo IV de Adviento

Oración preparatoria

Queremos, Señor Jesús, escucharte en tu Palabra. Y escuchándola, sintonizar con tu corazón de Hijo confiado en el Padre del cielo, aprender a orar Contigo, a esperar con paciencia activa, a amar y a perdonar sin cansarnos. Enséñanos, Jesús, Señor y Hermano nuestro, a conocerte a través de tu evangelio.

AMEN.

 

Mt 1, 18-24

«18El origen de Jesucristo fue de esta manera: su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. 19Su marido José, que era justo, pero no quería infamarla, resolvió repudiarla en privado.

20Así lo tenía planeado, cuando el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: ‘José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. 21Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados’.

22Todo esto sucedió para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta: 23Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: ‘Dios con nosotros’.

24Despertado José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer. [25Y no la conocía hasta que ella dio a luz un hijo, y le puso por nombre Jesús]».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Este precioso evangelio se encuentra justo después de la genealogía de Jesús con la que empieza el evangelio de Mateo (1,1-17), en la que entre el discurrir de personas concretas se repite machaconamente el verbo “engendrar”: Dios es vida y en la vida se le encuentra y la salvación discurre involucrando a personas concretas. Después, viene el episodio de los magos (2,1-12), contrapunto universal a las raíces judías de Jesús. Con ello se abre la puerta a una clave de interpretación del evangelio mateano, en el que el universalismo y el particularismo se entrecruzan, sugiriendo una atención, no siempre fácil, a las raíces y a la misión.

 

TEXTO

El texto evangélico puede estructurarse en 4 partes: a) la situación, desconcertante a nivel humano, que desencadena todo (vv. 18-19); b) el anuncio del ángel a José (vv. 20-21); la cita de cumplimiento, una característica típica y propia del evangelio de Mateo, que destaca en la persona de Jesús el cumplimiento del Antiguo Testamento (vv. 22-23); d) la reacción obediente de José (vv. 24-25). Sobresale en el conjunto la presencia de personas humanas (José, María, Jesús) y de personas divinas, el misterio de la Trinidad ya desde el comienzo del evangelio (Jesucristo, Espíritu Santo, el Señor, Dios): el misterio de Dios actúa en personas humanas concretas; comunicación de Dios para la salvación y colaboración humana. Aparecen también las mediaciones de Dios: el ángel del Señor, el profeta. Finalmente, atención a los nombres de Jesús: Jesús (= Dios salva) y Emmanuel (= Dios con nosotros).

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• La actuación de Dios provoca una situación irregular a nivel humano, pero normalmente utilizamos a Dios para mantener o defender nuestro propio orden. ¿No tiene algo que desbaratar la actuación de Dios en nuestra vida?

• Sobresale la figura de José: primero, reacciona compasivamente ante la situación creada por Dios; después, obedece estrictamente a lo anunciado por el ángel del Señor. ¿Son la compasión respecto a los otros y la obediencia estricta respecto a Dios lo que caracteriza nuestra justicia? ¿O es una justicia más hecha a nuestra conveniencia?

• José tiene que interpretar los sueños, la realidad no suele evidenciar de manera explícita los planes y la voluntad de Dios: ¿somos personas profundas que saben escudriñar la realidad, leerla en profundidad, descubrir en ella lo que Dios espera de nosotros y nos pide?

• Las mediaciones de Dios (profeta, ángel) siguen estando presentes en esta etapa que nos toca vivir. ¿Sabemos discernir quiénes son hoy esos mediadores? ¿Nos planteamos que todos nosotros estamos llamados también a ser profetas y/o ángeles de Dios para el mundo?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

Para la catequesis: Domingo IV de Adviento

IV Domingo de Adviento
22 de diciembre 2019

Isaías 7, 10-14; Salmo 23; Romanos 1,1-7; Mateo 1, 18-24

“La Virgen concebirá y dará a luz un hijo.”

Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José, y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto. Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: «José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados». Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros. Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y recibió a su esposa.

 

Reflexión

¡¡Ya faltan muy pocos días para la Navidad!! Y hoy el evangelio nos habla de un hombre llamado José. ¿Quién era José? Era un carpintero, descendiente del Rey David, un varón justo, esposo de la Virgen María y padre adoptivo de Jesús. ¿Cómo se sintió José al saber que su prometida esperaba un hijo? José amaba mucho a María, pero al descubrir su embarazo se siente desconcertado, pues aún no vivían juntos. ¿Qué decía la ley judía sobre estos casos? José podía denunciar a María por adulterio y ella podría morir. ¿Qué hace José? José era justo y sabía que María era inocente y buena. Así que decide guardar silencio y dejar todo en manos de Dios. Dios escuchó su ruego y le habló en un sueño en el que le dice que no tema en tomar por esposa a María. Gracias a esta libre decisión de José, en el que acepta ser padre de un hijo que no era suyo, sino de Dios, en Navidad celebramos el nacimiento de Jesús, el niño Dios. Y nosotros en este adviento…… ¿He reservado algún momento del día para la oración? ¿He sabido dejar mis ocupaciones y preocupaciones en manos de Dios? Imitemos el ejemplo de José, oremos y pidamos a Dios que nos llene de fe para abrir nuestro corazón. Dios quiere que recibamos a Jesús con un corazón alegre, limpio, y deseoso de recibirlo.

 

Actividad

Completar la actividad de la próxima página, para descubrir más sobre este evangelio.

Oración

Dios mío ayúdame a aceptar dócilmente tus planes, quiero imitar a San José, respondiendo siempre a lo que me pidas. Enséñame a superar mis miedos e inseguridades dejando todo en tus manos y mantenme siempre unido a Ti por medio de la Oración. Ayúdame a ser justo, prudente y bueno. Quiero que nazcas en mi corazón y permanezcas por siempre conmigo. Amén.

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

¿No te encantan las bellas decoraciones que se ponen en la época navideña? Vemos cintas de muchos colores, lazos, campanas, velas, estrellas y muchos, muchos ángeles. ¿Tienes idea por qué vemos tantos ángeles durante la época navideña? Probablemente lo primero que pensamos al ver un ángel como decoración es que los ángeles aparecieron para anunciar el nacimiento de Jesús a los pastores. Pero un ángel es importante en la historia del nacimiento de Jesús aún antes de que Jesús naciera. ¿Alguien recuerda cuando un ángel se le apareció a María y a José? ¡Así es! Un ángel se le apareció a María y le dijo que iba a tener un hijo.

Nuestra historia bíblica de hoy se refiere a otra visita de un ángel. Esa visita fue a José. Como sabes, José y María estaban comprometidos para casarse. ¿Puedes imaginarte los pensamientos que estarían en la mente de José cuando descubrió que María iba a tener un bebé? Probablemente se preguntara, «¿Qué puedo hacer ahora?» José era un buen hombre y no deseaba hacerle daño a María públicamente y decidió terminar calladamente el compromiso matrimonial que tenía con ella. Mientras estaba considerando esta alternativa, un ángel se le apareció en un sueño.

«No temas casarte con María», le dijo el ángel. «El niño que ella lleva fue concebido por el Espíritu Santo. Ella tendrá un hijo y le llamarás Jesús pues salvará al pueblo de sus pecados.»

Cuando el ángel del Señor hubo hablado y hecho claro el plan de Dios, José obedeció. Él no tenía que entender cómo se llevaría a cabo todo eso. No tenía que preocuparse por lo que otras personas pensaran. José confió en Dios y le obedeció.

Algunas veces tú y yo podemos encontrarnos en situaciones donde no sabemos qué hacer. Como José. nos podremos preguntar, «¿Qué puedo hacer?» Si escuchamos, Dios nos dirá lo que debemos hacer. Probablemente no nos hable a través de un ángel, pero definitivamente nos habla a través de su Palabra. Está en nosotros el escuchar y obedecer.

Comentario al evangelio – Miércoles III de Adviento

“Mirad que llegan días”, dice Jeremías. Como decíamos ayer, saber mirar y ver el futuro, es la clave para vivir el presente. Leyendo el evangelio de hoy, pensaba que un embarazo es una de esas situaciones donde mejor podemos comprobarlo. Cuando una mujer queda embarazada, sabe que en ella crece una nueva vida. Una misma realidad que puede vivirse con temor, rechazo, deseo, ilusión, angustia, alegría, indiferencia… Y muchas veces no dependerá de las circunstancias actuales o pasadas sino del modo en que esa madre prevea el futuro.

Quienes no hemos gestado físicamente una vida en nuestro vientre, podemos experimentar esto mismo -de otro modo, claro-, en cualquier situación donde comienza algo nuevo, donde se inicia la vida, donde algo bueno está creciendo en nosotros. Apostaremos por ello si al mirar al futuro encontramos motivos para seguir adelante. Lo negaremos o incluso lo abandonaremos si al mirar solo vemos signos de peligro, de venganza, de rechazo, de abandono, de riesgo… ¡cada uno sabe!

“Mirad”, se dirá a sí mismo José cuando recuerde la profecía de Isaías. Está lleno de angustia al saber que María está embarazada y tiene que elegir cómo vivirlo para tomar una decisión u otra. No lleva la criatura en su vientre, pero sabe que su papel será crucial.

También a nosotros nos pasa esto tantas veces: “mirad”… Y según cómo miremos, abandonamos y repudiamos en silencio a quien gesta nueva vida. O nos retiramos discretamente para que nadie pueda pedirnos nada, ni siquiera Dios. O nos ponemos a la escucha y dejamos que la confianza sea más fuerte que mi miedo. O….

Recuerda a José y a María cuando vivas algo parecido. Dormirás tranquilo y acogerás, como hicieron ellos. Y te convertirás en madre, en padre o al menos en alguien que por encima de toda, cuida la vida y a quienes se atreven a llevarla adelante, aún cuando todos los argumentos y normas parezcan desaconsejarlo.

Rosa Ruiz, mc