Comentario Domingo IV de Adviento

Oración preparatoria

Queremos, Señor Jesús, escucharte en tu Palabra. Y escuchándola, sintonizar con tu corazón de Hijo confiado en el Padre del cielo, aprender a orar Contigo, a esperar con paciencia activa, a amar y a perdonar sin cansarnos. Enséñanos, Jesús, Señor y Hermano nuestro, a conocerte a través de tu evangelio.

AMEN.

 

Mt 1, 18-24

«18El origen de Jesucristo fue de esta manera: su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. 19Su marido José, que era justo, pero no quería infamarla, resolvió repudiarla en privado.

20Así lo tenía planeado, cuando el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: ‘José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. 21Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados’.

22Todo esto sucedió para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta: 23Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: ‘Dios con nosotros’.

24Despertado José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer. [25Y no la conocía hasta que ella dio a luz un hijo, y le puso por nombre Jesús]».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

Este precioso evangelio se encuentra justo después de la genealogía de Jesús con la que empieza el evangelio de Mateo (1,1-17), en la que entre el discurrir de personas concretas se repite machaconamente el verbo “engendrar”: Dios es vida y en la vida se le encuentra y la salvación discurre involucrando a personas concretas. Después, viene el episodio de los magos (2,1-12), contrapunto universal a las raíces judías de Jesús. Con ello se abre la puerta a una clave de interpretación del evangelio mateano, en el que el universalismo y el particularismo se entrecruzan, sugiriendo una atención, no siempre fácil, a las raíces y a la misión.

 

TEXTO

El texto evangélico puede estructurarse en 4 partes: a) la situación, desconcertante a nivel humano, que desencadena todo (vv. 18-19); b) el anuncio del ángel a José (vv. 20-21); la cita de cumplimiento, una característica típica y propia del evangelio de Mateo, que destaca en la persona de Jesús el cumplimiento del Antiguo Testamento (vv. 22-23); d) la reacción obediente de José (vv. 24-25). Sobresale en el conjunto la presencia de personas humanas (José, María, Jesús) y de personas divinas, el misterio de la Trinidad ya desde el comienzo del evangelio (Jesucristo, Espíritu Santo, el Señor, Dios): el misterio de Dios actúa en personas humanas concretas; comunicación de Dios para la salvación y colaboración humana. Aparecen también las mediaciones de Dios: el ángel del Señor, el profeta. Finalmente, atención a los nombres de Jesús: Jesús (= Dios salva) y Emmanuel (= Dios con nosotros).

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• La actuación de Dios provoca una situación irregular a nivel humano, pero normalmente utilizamos a Dios para mantener o defender nuestro propio orden. ¿No tiene algo que desbaratar la actuación de Dios en nuestra vida?

• Sobresale la figura de José: primero, reacciona compasivamente ante la situación creada por Dios; después, obedece estrictamente a lo anunciado por el ángel del Señor. ¿Son la compasión respecto a los otros y la obediencia estricta respecto a Dios lo que caracteriza nuestra justicia? ¿O es una justicia más hecha a nuestra conveniencia?

• José tiene que interpretar los sueños, la realidad no suele evidenciar de manera explícita los planes y la voluntad de Dios: ¿somos personas profundas que saben escudriñar la realidad, leerla en profundidad, descubrir en ella lo que Dios espera de nosotros y nos pide?

• Las mediaciones de Dios (profeta, ángel) siguen estando presentes en esta etapa que nos toca vivir. ¿Sabemos discernir quiénes son hoy esos mediadores? ¿Nos planteamos que todos nosotros estamos llamados también a ser profetas y/o ángeles de Dios para el mundo?

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?