Vísperas – Jueves III de Adviento

VÍSPERAS

JUEVES III DE ADVIENTO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Ven, ven, Señor, no tardes.
Ven, ven, que te esperamos.
Ven, ven, Señor, no tardes,
ven pronto, Señor.

El mundo muere de frío,
el alma perdió el calor,
los hombres no son hermanos,
el mundo no tiene amor.

Envuelto en sombría noche,
el mundo, sin paz, no ve;
buscando va una esperanza,
buscando, Señor, tu fe.

Al mundo le falta vida,
al mundo le falta luz,
al mundo le falta el cielo,
al mundo le faltas tú. Amén.

SALMO 131: PROMESAS A LA CASA DE DAVID

Ant. Que tus fieles, Señor, vitoreen al entrar en tu morada.

Señor, tenle en cuenta a David
todos sus afanes:
cómo juró al Señor
e hizo voto al Fuerte de Jacob:

«No entraré bajo el techo de mi casa,
no subiré al lecho de mi descanso,
no daré sueño a mis ojos,
ni reposo a mis párpados,
hasta que encuentre un lugar para el Señor,
una morada para el Fuerte de Jacob.»

Oímos que estaba en Efrata,
la encontramos en el Soto de Jaar:
entremos en su morada,
postrémonos ante el estrado de sus pies.

Levántate, Señor, ven a tu mansión,
ven con el arca de tu poder:
que tus sacerdotes se vistan de gala,
que tus fieles vitoreen.
Por amor a tu siervo David,
no niegues audiencia a tu Ungido.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Que tus fieles, Señor, vitoreen al entrar en tu morada.

SALMO 113

Ant. El Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella.

El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
«A uno de tu linaje
pondré sobre tu trono.

Si tus hijos guardan mi alianza
y los mandatos que les enseño,
también sus hijos, por siempre,
se sentarán sobre tu trono.»

Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella:
«Ésta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la deseo.

Bendeciré sus provisiones,
a sus pobres los saciaré de pan,
vestiré a sus sacerdotes de gala,
y sus fieles aclamarán con vítores.

Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi diadema.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor ha elegido a Sión, ha deseado vivir en ella.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: EL JUICIO DE DIOS

Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

Gracias te damos, Señor Dios omnipotente,
el que eres y el que eras,
porque has asumido el gran poder
y comenzaste a reinar.

Se encolerizaron las gentes,
llegó tu cólera,
y el tiempo de que sean juzgados los muertos,
y de dar el galardón a tus siervos, los profetas,
y a los santos y a los que temen tu nombre,
y a los pequeños y a los grandes,
y de arruinar a los que arruinaron la tierra.

Ahora se estableció la salud y el poderío,
y el reinado de nuestro Dios,
y la potestad de su Cristo;
porque fue precipitado
el acusador de nuestros hermanos,
el que los acusaba ante nuestro Dios día y noche.

Ellos le vencieron en virtud de la sangre del Cordero
y por la palabra del testimonio que dieron,
y no amaron tanto su vida que temieran la muerte.
Por esto, estad alegres, cielos,
y los que moráis en sus tiendas.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor le dio el poder, el honor y el reino, y todos los pueblos le servirán.

LECTURA: Flp 3, 20b-21

Aguardamos un Salvador: el Señor Jesucristo. Él transformará nuestra condición humilde, según el modelo de su condición gloriosa, con esa energía que posee para sometérselo todo.

RESPONSORIO BREVE

R/ Despierta tu poder y ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.
V/ Despierta tu poder y ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.

R/ Que brille tu rostro y nos salve.
V/ Señor de los ejércitos.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Despierta tu poder y ven a salvarnos, Señor Dios de los ejércitos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Oh renuevo del tronco de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos, ante quien los reyes enmudecen y cuyo auxilio imploran las naciones, ven a librarnos, no tardes más.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Oh renuevo del tronco de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos, ante quien los reyes enmudecen y cuyo auxilio imploran las naciones, ven a librarnos, no tardes más.

PRECES

Supliquemos, hermanos, a Cristo, juez de vivos y muertos, y digámosle confiados:

Ven, Señor Jesús

Haz, Señor, que tu justicia, que pregonan los cielos, también la reconozca el mundo,
— para que tu gloria habite en nuestra tierra.

Tú que por nosotros quisiste ser débil en tu humanidad,
— fortalece a los hombres con la fuerza de tu divinidad.

Ven Señor, y con la luz de tu palabra
— ilumina a los que viven sumergidos en las tinieblas de la ignorancia.

Tú que con tu humillación borraste nuestros pecados,
— por tu glorificación llévanos a la felicidad eterna.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que vendrás a juzgar al mundo con gloria y majestad,
— lleva a nuestros hermanos difuntos al reino de los cielos.

Llenos de fe, invoquemos juntos al Padre común, repitiendo la oración que Jesús nos enseñó:
Padre nuestro…

ORACION

Dios y Señor nuestro, que en el parto de la Virgen María has querido revelar al mundo entero el esplendor de tu gloria, asístenos con tu gracia, para que proclamemos con fe íntegra y celebremos con piedad sincera el misterio admirable de la encarnación de tu Hijo. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Jueves III de Adviento

1) Oración inicial

Dios y Señor nuestro, que en el parto de la Virgen María has querido revelar al mundo entero el esplendor de tu gloria: asístenos con tu gracia, para que proclamemos con fe integra y celebremos con piedad sincera el misterio admirable de la encarnación de tu Hijo. Que vive y reina ….

2) Lectura

Del santo Evangelio según Lucas 1,5-25
Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote, llamado Zacarías, del grupo de Abías, casado con una mujer descendiente de Aarón, que se llamaba Isabel; los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin tacha en todos los mandamientos y preceptos del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos de avanzada edad.
Sucedió que, mientras oficiaba delante de Dios, en el grupo de su turno, le tocó en suerte, según el uso del servicio sacerdotal, entrar en el Santuario del Señor para quemar el incienso. Toda la multitud del pueblo estaba fuera en oración, a la hora del incienso.
Se le apareció el ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verle Zacarías, se sobresaltó, y el temor se apoderó de él. El ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu petición ha sido escuchada; Isabel, tu mujer, te dará un hijo, a quien pondrás por nombre Juan; será para ti gozo y alegría y muchos se gozarán en su nacimiento, porque será grande ante el Señor; no beberá vino ni licor; estará lleno de Espíritu Santo ya desde el seno de su madre, y convertirá al Señor su Dios a muchos de los hijos de Israel e irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos y a los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.» Zacarías dijo al ángel: «¿En qué lo conoceré? Porque yo soy viejo y mi mujer de avanzada edad.» El ángel le respondió: «Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena noticia. Mira, por no haber creído mis palabras, que se cumplirán a su tiempo, vas a quedar mudo y no podrás hablar hasta el día en que sucedan estas cosas.» El pueblo estaba esperando a Zacarías y se extrañaban de que se demorara tanto en el Santuario. Cuando salió no podía hablarles, y comprendieron que había tenido una visión en el Santuario; les hablaba por señas y permaneció mudo.
Una vez cumplidos los días de su servicio se fue a su casa. Días después, concibió su mujer Isabel y estuvo durante cinco meses recluida diciendo: «Esto es lo que ha hecho por mí el Señor en los días en que se dignó quitar mi oprobio entre la gente.»

3) Reflexión

• El evangelio de hoy nos habla de la visita del ángel Gabriel a Zacarías (Lc 1,5-25). El evangelio de mañana nos habla de la visita del mismo ángel Gabriel a María (Lc 1,26-38). Lucas coloca las dos visitas la una al lado de la otra, para que nosotros, leyendo los dos textos con atención, percibamos las pequeñas y significativas diferencias entre las dos visitas, entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Trata de descubrir las diferencias entre las visitas del ángel Gabriel a Zacarías y a María por medio de las siguientes preguntas: ¿Dónde aparece el ángel? ¿A quién aparece? ¿Cuál es el anuncio? ¿Cuál es la respuesta? ¿Cuál es la reacción de la persona visitada después e la visita? Etc.
• El primer mensaje del ángel de Dios a Zacarías es: “¡No temas!” Hasta hoy, Dios sigue causando miedo a mucho gente y hasta hoy el mensaje sigue siendo válido: “¡No temas!” Inmediatamente después, el ángel dice: “¡Tu oración ha sido escuchada!” En la vida, ¡todo es fruto de oración!
• Zacarías representa el Antiguo Testamento. El cree, pero su fe es débil. Después de la visita, se queda mudo, incapaz de comunicar con los demás. La economía anterior, revelada en Zacarías, estaba en el final de sus capacidades, había agotado sus recursos. La nueva economía de Dios estaba por llegar en María.
• En el anuncio del ángel aparece la importancia de la misión del niño que va a nacer y cuyo nombre será Juan: “No beberá vino ni licor, y estará lleno de Espíritu Santo ya desde el seno de su madre”, esto es, Juan será una persona enteramente consagrada a Dios y a su misión. “Por él muchos hijos de Israel volverán al Señor su Dios, pues el abrirá el camino al Señor con el espíritu y el poder del profeta Elías para reconciliar a los padres con los hijos. Hará que los rebeldes vuelvan a la sabiduría de los buenos, con el fin de preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.», esto es, en el niño Juan acontecerá el esperado retorno del profeta Elías que vendrá a realizar la reconstrucción de la vida comunitaria: reconciliar a los padres con los hijos y hacer que los rebeldes vuelvan a la sabiduría de los buenos.
• De hecho, la misión de Juan fue muy importante. Para la gente él era un profeta (Mc 11,32). Muchos años después, en Efeso, Pablo encontró a personas que habían sido bautizadas en el bautismo de Juan (Hec 19,3)
• Cuando Isabel, siendo ya vieja, concibe y queda embarazada, se escondió por cinco meses. Por el contrario, María en vez de esconderse salió de su casa, para servir.

4) Para la reflexión personal

• ¿Qué te llama más la atención en esta visita del ángel Gabriel a Zacarías?
• Convertir el corazón de los padres hacia los hijos y de los hijos hacia los padres, esto es, reconstruir el tejido de relaciones humanas en la base y rehacer la vida en comunidad. Esta es la misión de Juan. Fue también la misión de Jesús y sigue siendo hoy la misión más importante.
¿Cómo contribuyo en esta misión?

5) Oración final

Pues tú eres mi esperanza, Señor,
mi confianza desde joven, Yahvé.
En ti busco apoyo desde el vientre,
eres mi fuerza desde el seno materno. (Sal 71,5-6)

«Cuantos me alaban, en realidad me dañan» (Adulación)

Mis pensamientos en Dios son muy elevados, pero me pongo a raya a mí mismo, no sea que parezca por mi vanagloria. Pues ahora sobre todo tengo motivos para temer y me es necesario no prestar oído a quienes podrían tentarme de orgullo. Porque cuantos me alaban en realidad me dañan. Es cierto que deseo sufrir el martirio, pero ignoro si soy digno de él (SAN IGNACIO DE ANTIOQUÍA, Carta a los Tralianos).

Muchas veces nuestra débil alma, cuando recibe por sus buenas acciones el halago de los aplausos humanos, se desvía […], encontrando así mayor placer en ser llamada dichosa que en serlo realmente […]. Y aquello que había de serle un motivo de alabanza en Dios se le convierte en causa de separación en él (SAN GREGORIO MAGNO, Moralia, 10, 47-48).

El adulador conduce al mal a su prójimo, porque es incapaz de saber qué es lo que le conviene (TEÓFILO, en Catena Aurea, vol. VI, p. 475).

Es necesario fijarnos mucho en su entrada (de la alabanza y la adulación); como si se tratara de estar en guardia contra una fiera presta a arrebatar a aquel que no la vigila. Entra calladamente y destruye por medio de los sentidos todas las cosas que encuentra en el interior (SAN JUAN CRISÓSTOMO, en Catena Aurea, vol. 1, p. 336).

Los muertos sepultan también a los muertos cuando los pecadores favorecen a los pecadores; pues quien alaba al que peca, le esconde ya muerto bajo la losa de sus palabras (SAN JERÓNIMO, en Catena Aurea, vol. 1, p. 495).

Comentario – Jueves III de Adviento

Hoy, como ayer, me limitaré prácticamente a ofreceros el comentario que hace el Papa a este texto de Lucas. Dada la extensión del evangelio, resultaría demasiado amplia una reflexión que pretendiera explicar versículo por versículo. Por eso prefiero incorporar algunos pasajes de lo que dice Benedicto XVI a propósito de este relato en su evangelio de la infancia de Jesús: «La historia de Juan –dice el Papa- está enraizada de modo particularmente profundo en el Antiguo Testamento. Zacarías es un sacerdote de la clase de Abías. También su esposa Isabel tiene igualmente una proveniencia sacerdotal: es una descendiente de Aarón (cf. Lc 1,5). Según el derecho veterotestamentario, el ministerio de los sacerdotes está vinculado a la pertenencia a la tribu de los hijos de Aarón y de Leví. Por tanto, Juan el Bautista era un sacerdote. En él, el sacerdocio de la Antigua Alianza va hacia Jesús; se convierte en una referencia a Jesús, en anuncio de su misión. Me parece importante que en Juan todo el sacerdocio de la Antigua Alianza se convierta en una profecía de Jesús, y así —con su gran cúspide teológica y espiritual, el Salmo 118— remita a él y entre a formar parte de lo que es propio de él. En la misma dirección de la unidad interior de los dos Testamentos se orienta la caracterización de Zacarías e Isabel en el versículo siguiente del Evangelio de Lucas. Se dice que «los dos eran justos ante Dios y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor» (1,6).

Zacarías entra en el templo, en el ámbito sagrado, mientras el pueblo permanece fuera y reza. Es la hora del sacrificio vespertino, en el que él pone el incienso en los carbones encendidos. La fragancia del incienso que sube hacia lo alto es un símbolo de la oración: «Suba mi oración como incienso en tu presencia, el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde», dice el Salmo 141,2. En esta hora en la que se unen la liturgia celeste y la de la tierra, se aparece al sacerdote Zacarías un «ángel del Señor», cuyo nombre de momento no se menciona. Estaba de pie «a la derecha del altar del incienso» (Lc 1,11).

En primer lugar encontramos las historias similares de la promesa de un niño engendrado por padres estériles, que justo por eso aparece como alguien que ha sido donado por Dios mismo. Pensemos sobre todo en el anuncio del nacimiento de Isaac, el heredero de aquella promesa que Dios había hecho a Abraham como don: «»Cuando vuelva a verte, dentro del tiempo de costumbre, Sara, habrá tenido un hijo»… Abraham y Sara eran ancianos, de edad muy avanzada, y Sara ya no tenía sus períodos. Sara se rió por lo bajo… Pero el Señor dijo a Abraham: «¿Por qué se ha reído Sara?… ¿Hay algo difícil para Dios?»» (Gn 18,10-14). Muy similar es también la historia del nacimiento de Samuel. Ana, su madre, era estéril. Después de su oración apasionada, el sacerdote Elí le prometió que Dios respondería a su petición. Quedó encinta y consagró su hijo Samuel al Señor (cf. 1 S 1). Juan está por tanto en la gran estela de los que han nacido de padres estériles gracias a una intervención prodigiosa de ese Dios, para quien nada es imposible. Puesto que proviene de Dios de un modo particular, pertenece totalmente a Dios y, por otro lado, precisamente por eso está enteramente a disposición de los hombres para conducirlos a Dios.

Al decir que Juan «no beberá vino ni licor» (Lc 1,15), se le introduce también en la tradición sacerdotal. «A los sacerdotes consagrados a Dios se aplica la norma: «Cuando hayáis de entrar en la Tienda del Encuentro, no bebáis vino ni bebida que pueda embriagar, ni tú ni tus hijos, no sea que muráis. Es ley perpetua para todas vuestras generaciones» (Lv 10,9)» (Stöger, p. 31). Juan, que «se llenará de Espíritu Santo ya en el vientre materno» (Lc 1,15), vive siempre, por decirlo así, «en la Tienda del Encuentro», es sacerdote no sólo en determinados momentos, sino con su existencia entera, anunciando así el nuevo sacerdocio que aparecerá con Jesús.

La misión de Juan es interpretada sobre la base de la figura de Elías: él no es Elías, pero viene con el espíritu y la pujanza del gran profeta. En este sentido, cumple en su misión también la expectativa de que Elías volvería y purificaría y aliviaría al pueblo de Dios; lo prepararía para la venida del Señor. Con esto se incluye por un lado a Juan en la categoría de los profetas, aunque, por otro, se le ensalza al mismo tiempo por encima de ella porque el Elías que está por volver es el precursor de la llegada de Dios mismo. Así, en estos textos se pone tácitamente la figura de Jesús, su llegada, en el mismo plano que la llegada de Dios mismo. En Jesús viene el mismo Señor, marcándole a la historia su dirección definitiva».

El sacerdote Zacarías había rogado al Señor que le diera un hijo, pues la esterilidad era vista por un israelita como una maldición. El ángel le dice que su ruego ha sido escuchado y que su mujer, Isabel, le dará realmente un hijo, que debe llamarse Juan. Pero el sacerdote manifiesta sus dudas al respecto: ¿Cómo estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo y mi mujer de edad avanzada. No ve, por tanto, cómo pueda realizarse esa fecundación que le permita tener al hijo prometido; algo que parece indicar desconfianza en el poder de Dios, capaz de dar a la naturaleza una capacidad que no tiene por sí misma, bien porque nunca la ha tenido, bien porque la ha perdido. Y esa oculta incredulidad es la que le echa en cara el mensajero de Dios: Yo he sido enviado a hablarte para darte esta buena noticia. Pero mira: guardarás silencio sin poder hablar, hasta el día en que esto suceda, porque no has dado fe a mis palabras, que se cumplirán en su momento. Y así sucedió. Zacarías quedó mudo hasta que se cumplió la promesa y su mujer dio a luz a un hijo varón. Por no haber recibido la buena noticia de su paternidad sin dudas ni vacilaciones, quedará en silencio, sin poder hablar, hasta el día en que se cumpla. Se trata de una especie de carga penitencial que le recordará durante esos meses su incredulidad al mensaje divino. Pero, cumplido el tiempo, recuperará de nuevo el habla, esta vez para dar gracias a Dios por haberle hecho tan gran misericordia.

Si, como a Zacarías, nos cuesta trabajo aceptar lo sobrenatural (o lo milagroso) es porque no valoramos suficientemente al agente o artífice de tales hechos. Si éste es Dios y Dios es todopoderoso, y si Dios ha creado el mundo, ¿por qué no admitir con facilidad que pueda provocar hechos como la fecundidad de las estériles o la maternidad de las vírgenes?, ¿por qué no aceptar que pueda conceder a la naturaleza en un momento dado la capacidad de producir aquello para lo que de ordinario está incapacitada?, ¿por qué no admitir el milagro si tiene a Dios por agente? Es la fe en un Dios al que se le reconoce toda su potencia divina, de un Dios al que se reconoce como Dios.

 

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

217. Crear “hogar” en definitiva «es crear familia; es aprender a sentirse unidos a los otros más allá de vínculos utilitarios o funcionales, unidos de tal manera que sintamos la vida un poco más humana. Crear hogares, “casas de comunión”, es permitir que la profecía tome cuerpo y haga nuestras horas y días menos inhóspitos, menos indiferentes y anónimos. Es tejer lazos que se construyen con gestos sencillos, cotidianos y que todos podemos realizar. Un hogar, y lo sabemos todos muy bien, necesita de la colaboración de todos. Nadie puede ser indiferente o ajeno, ya que cada uno es piedra necesaria en su construcción. Y eso implica pedirle al Señor que nos regale la gracia de aprender a tenernos paciencia, de aprender a perdonarse; aprender todos los días a volver a empezar. Y, ¿cuántas veces perdonar o volver a empezar? Setenta veces siete, todas las que sean necesarias. Crear lazos fuertes exige de la confianza que se alimenta todos los días de la paciencia y el perdón. Y así se produce el milagro de experimentar que aquí se nace de nuevo, aquí todos nacemos de nuevo porque sentimos actuante la caricia de Dios que nos posibilita soñar el mundo más humano y, por tanto, más divino»[114].


[114] Discurso en la visita al Hogar Buen Samaritano en Panamá (27 enero 2019): L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (1 febrero 2019), p. 16.

Todos somos Emmanuel: Dios-en-nosotros

En el evangelio de Lucas es María quien recibe el “anuncio del ángel” (Lc 1,26-38); en el de Mateo, por el contrario, el destinatario es José. Ello nos muestra que nos hallamos ante un relato mítico, con el que los autores de ambos evangelios quieren presentar a Jesús como Hijo de Dios, nacido de una virgen.

El parto virginal es un mito que se extendía en la antigüedad desde Egipto hasta la India. Horus, en Egipto, nace de la virgen Isis (tras el anuncio que le hace Thaw); Attis, en Frigia, de la virgen Nama; Krishna, en la India, de la virgen Devaki; Dionisos, en Grecia, y Mitra, en Persia, de vírgenes innominadas… Por cierto, de prácticamente todos ellos se dice que nacieron un 25 de diciembre, en el solsticio de invierno –en el hemisferio Norte–, justo cuando el Sol vuelve a “nacer”, venciendo a la noche.

Sin embargo, tal mito encierra una gran sabiduría. En su propio lenguaje, podría expresarse de este modo: Dios está naciendo en todo lo que nace.

Transcendido el mito, se comprende que Dios no es un Ser, sino un estado de ser, el Fondo último de todo lo que es. Tal como reconociera la mística beguina Margarita Porete, en el siglo XIII –“el único Dios verdadero es aquel del que nada puede pensarse”–, Dios no puede ser “alguien” pensado ni separado.

O como advirtiera, en el mismo siglo, otro de los grandes místicos cristianos, el Maestro Eckhart, como una concesión a la mente pero evitando a la vez cualquier equívoco, se hace necesaria una distinción: “Deus” “Deitas”. Llamamos “Dios” (Deus) a “aquel” con quien nos relacionamos, en quien creemos y a quien oramos. Pero este “Dios” es una construcción de nuestra mente: puede ser nombrado y pensado. Sin embargo, la Deidad o Divinidad (Deitas) es inefable: nuestra mente ahí se silencia por completo, porque solo ve Vacío.

“Dios” –la Divinidad– no se halla al alcance de la mente, porque es un estado de ser transmental. Es Aquello que somos todos en profundidad, la Mismidad de todo lo que es. Que puede ser vivido –es lo que somos–, pero no pensado. Y cada vez que lo intentamos pensar, creamos un ídolo.

Ahí radica la sabiduría del mito acerca del nacimiento virginal de Jesús: todo es “Dios” naciendo, expresándose. Todos somos “Emmanuel”, no porque un “Dios” separado esté con nosotros, sino porque es nosotros en nuestra identidad última.

Ante tal comprensión, no puede nacer sino la palabra de María: “Hágase en mí según tu palabra”. Que sea en mí lo que es, me rindo a la verdad última que somos, digo “sí” a la Vida en todo momento.

¿Vivo en un “sí” consciente a lo que es?

Enrique Martínez Lozano

Jesús nacerá de María, desposada con José, hijo de David

El nacimiento de Jesucristo fue así: María, su madre, estaba desposada con José, y, antes de que vivieran juntos, se encontró encinta por virtud del Espíritu Santo.
José, su marido, que era un hombre justo y no quería denunciarla, decidió dejarla en secreto. Estaba pensando en esto, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no tengas ningún reparo en recibir en tu casa a María, tu mujer, pues el hijo que ha concebido viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados».
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que el Señor había dicho por medio del profeta: La Virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emanuel, que significa «Dios con nosotros». Cuando José despertó del sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y recibió en su casa a su mujer.

Mateo 1, 18-24

PARA MEDITAR

Es el último domingo del Adviento, el tiempo en el que nos preparamos para el nacimiento de Dios. Y en e Evangelio de hoy podemos ver que el nombre de Jesús significa “Dios con nosotros”.

Es muy bueno saber que Dios envió a su Hijo para que entendamos que está siempre con nosotros. Saber que podemos contar con él en todas las cosas que nos pasan en nuestra vida.

Que la Navidad y todo el año sepamos entender lo que supone que Dios está siempre con nosotros, que no nos deja nunca, que siempre nos acompaña en los buenos momentos, pero también en los malos.

PARA HACER VIDA EL EVANGELIO

  • Escribe algún momento de tu vida donde te diste cuenta que Dios estaba contigo.
  • ¿Cómo nos acompaña Dios es nuestra vida?
  • Escribe un compromiso para ayudar a otra persona a que viva la Navidad con intensidad.

ORACIÓN

Y a nosotros nos gusta contar tu nacimiento con fi guritas, con musgos,
con juguetes de niño, para no tomarnos
demasiado en serio tu venida.
Llegaste a este mundo porque vivíamos sin Dios
viniste a decirnos que así no merece la pena seguir viviendo,
que estamos poco contentos,
que gastamos demasiada vida
en las pequeñeces domésticas,
en los desencuentros relacionales,
en tener razón o en razonar nuestra sinrazón.
A veces preferimos escuchar villancicos,
canciones casi de cuna,
para no hacer silencio y dejar que nos susurres al oído tu Buena Noticia.
Para que no nos recuerdes que estamos salvados
si vivimos queriéndonos mucho,
muchísimo a nosotros mismos,
tanto como nos quieres Tú
y tienes un gran proyecto para cada uno.
Y no te queremos escuchar invitarnos
a querer a los otros igual,
con todo el corazón, con toda nuestra
capacidad de entrega, de respeto, de empatía, de facilitarles el
camino de la vida..

Viniste a este mundo, Jesús

Y a nosotros nos gusta contar tu nacimiento
con figuritas, con musgos,
con juguetes de niño, para no tomarnos
demasiado en serio tu venida.
Llegaste a este mundo porque vivíamos sin Dios
viniste a decirnos que así no merece la pena
seguir viviendo,
que estamos poco contentos,
que gastamos demasiada vida
en las pequeñeces domésticas,
en los desencuentros relacionarles,
en tener razón o en razonar nuestra sinrazón.

A veces preferimos escuchar villancicos,
canciones casi de cuna,
para no hacer silencio y dejar que nos susurres
al oído tu Buena Noticia.
Para que no nos recuerdes que estamos salvados
si vivimos queriéndonos mucho,
muchísimo a nosotros mismos,
tanto como nos quieres Tú
y tienes un gran proyecto para cada uno.
Y no te queremos escuchar invitarnos
a querer a los otros igual,
con todo el corazón, con toda nuestra
capacidad de entrega, de respeto, de empatía,
de facilitarles el camino de la vida.

A veces preferimos ver tu foto de familia
y enseñarte la nuestra,
para que no nos hables de otros hermanos,
que están muy lejos,
que tienen una existencia demasiado complicada
que nos liarían la vida, si la entretejiéramos
con la nuestra…
Ya que… ¡bastante tenemos nosotros
con el trajín de cada día!
No queremos oírte que todavía te duelen
más ellos que nosotros,
que tus preferidos son los pobres,
y que te encantaría enviarnos a ellos,
colárnoslos en el corazón,
para que juntos cambiáramos
este mundo nuestro que no funciona,
en un espacio común en el que todos
vivamos bien.

Viniste a este mundo, Jesús, no te vayas,
a ver si conseguimos de una vez por todas,
vivir a tu manera.

Mari Patxi Ayerra

Notas para fijarnos en el evangelio Domingo IV de Adviento

• El anuncio a José del nacimiento de Jesús se parece a los antiguos relatos del nacimiento de Isaac (Gn 17,19), Moisés (Ex 2), Sansón (Jue 13,24), Samuel (1 Sam 1,18). Pero tiene un matiz, y es que es un relato de vocación, que define el papel que jugará José cuando venga Jesús al mundo. Lo mismo que Lc 1, 26-38 narra la vocación de María.

• José, al darse cuenta del embarazo de su prometida decide repudiarla según la Ley. José era un hombre justo (fiel a los mandatos de Dios), el Ángel le llama hijo de David (titulo que se atribuye solo a Jesús), él ni podrá elegir el nombre de Jesús… Pero al final asume perplejo (¿noche oscura?) con la ayuda de Dios (sueño), será el esposo de María, y por ese camino de la paternidad legal le hará descendiente del rey David (Mt 1,16; Lc 1,32).

• Una cosa que queda bien afirmada en esta página es la intervención directa de Dios en el nacimiento de Jesús. Del mismo modo que en la creación del mundo se decía que el Espíritu de Dios aleteaba sobre la superficie de las aguas (Gn 1,2), ahora se dice que María «esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo» (18 y 20). Se trata, pues, no de una biografía sino de una confesión de fe sobre Jesús: Él es el Mesías, el Ungido de Dios.

• Los dos nombres que recibe Jesús también vienen de Dios. El primero, «Jesús» (21), lo propone el ángel, el mensajero. El segundo, «Emmanuel» (23), viene de la Escritura, de la Palabra de Dios (Is 7,14).

* El nombre de «Jesús» (21) significa «el Señor salva». El nombre indica la misión: Él «salvará a su pueblo» (21). Salvar es acción que abre: es hacer efectivo que ni el pecado, ni la muerte, ni las injusticias, por más que hagan daño, no tienen la última palabra en la vida de nadie. Es abrir camino con los que creen que no son nadie, haciéndoles saber que el plan de Dios para ellos es otro.

* El «Dios-con-nosotros» – «Emmanuel» – (23) se repite en el mismo evangelio de Mateo en otras ocasiones: en las enseñanzas sobre la Iglesia, cuando Jesús dice que «donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18,20); en el envío del Resucitado a los apóstoles, diciéndoles «sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20). Pero todo el Evangelio -Palabras y acciones de Jesús- da testimonio de esto: «Dios-está-con-nosotros».

• Ni a José (19) ni a los contemporáneos de Jesús (Mt 9,34; 11,19; 12,14.24.38; 13,57-58; 14,28; 16,22-23; 26,63-65; 27,39- 44) ni a la gente de nuestro tiempo nos ha sido fácil aceptar que un hombre concreto, Jesús de Nazaret, sea el mismo Dios. O que Dios se hace carne humana en el hombre histórico Jesús de Nazaret. Se necesita un corazón de pobre, a quienes el Padre lo revela (Mt 11,25; 16,17). José, con corazón de pobre, es obediente a la fe.

Comentario al evangelio – Jueves III de Adviento

Si recordáis la genealogía de Jesús que leímos el pasado martes, veréis que son los varones quienes “engendran”. En ocasiones se cita a la mujer “de quien” se engendra pero la iniciativa la lleva el varón. Es el modo cultural de aquella época. No se trata aquí de valorarlo. Sólo caer en cuenta de que ese era el modo habitual de entender el mundo y el ser humano. La excepción es que al llegar a José, no dice Mateo que engendró a Jesús de María, sino que de ella, esposa de José, nació Jesús. Curiosamente, en esta mentalidad, cuando una pareja no tenía hijos, la esterilidad “sólo” podía provenir de la mujer.

Seguro que recordamos muchas mujeres estériles a lo largo del AT. El Libro de los Jueces hoy recuerda a la esposa de Manoj (ni siquiera nos dice el nombre), madre de Sansón. Y el evangelio, siguiendo esta tradición, nos recuerda a Isabel y Zacarías.

No deja de sorprenderme que, en este contexto y con esta mentalidad, cuando Dios actúa para dar vida, no comienza por el varón; comienza por la mujer. Son ellas, las estériles que Dios elige, las que llevan la iniciativa, en contra de la mentalidad del momento. Y son ellos, sus esposos, los que tienen que hacer todo un proceso de fe, confianza, madurez y respeto, para acompañarlas en el engendramiento.

Y la historia se repite:

– Dios habla, porque Dios mira, se compadece y elige: tú, estéril, concebirás y darás vida.

– La mujer acoge, con temor y temblor, pero con la alegría de quien ama.

– El hombre escucha a su esposa… y calla. De una manera u otra, calla. Necesita silencio y tiempo para reaccionar. Y sobre todo para hacer suyo el fruto que no viene de su poder.

Y esta es también nuestra historia, la historia de la humanidad y de cada uno de nosotros. Cuando interviene Dios no elige a quien lleva la iniciativa; comienza por el estéril que sigue confiando y escucha. Y desde ahí, arrastramos con silencio y tiempo a la parte más fuerte que se creía autosuficiente. Y juntos, -¡aquí está el milagro!-, crece la vida: el fruto es bendecido por Dios y con la nueva vida somos bendecidos todos.

Vuestra hermana en la fe,

Rosa Ruiz, mc