Comentario al evangelio – Sábado III de Adviento

Hace unos años, alguien a quien quería y quiero mucho, fue intervenida de un agresivo cáncer un día como hoy. Por la mañana temprano, al escuchar la primera lectura, tuve la convicción de que el Señor -el Amado del Cantar- la esperaba y la llamaba en el quirófano. No sabía si para vivir o para morir, pero le decía: “levántate amada mía, hermosa mía, y ven”.

Y así fue. La operación no pude realizarse. Ya no se podía hacer nada. Sólo quedaba esperar y procurar la mejor calidad posible de vida. Fue poco tiempo y fue un tiempo duro. Pero en todo momento sentí que lo que para mí era un dolor insoportable, para ella era un encuentro esperado.

Os cuento esto porque nunca más pude escuchar o leer este pasaje sin recordar vivamente aquellos meses y aquella persona, tan importante para mí. Y también porque, dentro del dolor, aquella experiencia me da esperanza para seguir viviendo con la certeza de que algún día Él también me espera y me llamará a mi. Y habrá un encuentro.

Toda nuestra vida se reduce -al final- a encuentros. Como María e Isabel en Ain Karem. Como el Amado y la amada del Cantar. Como conocer a personas que nos hacen mejores y nos cambian la vida.

Queda muy poco para Navidad. Otro encuentro, que no por repetirlo cada año deja de ser crucial. Ojalá no lo olvidemos. Ojalá cuidemos cada encuentro con el Otro y los otros, como si fuera el primero y el último. La alegría saltará también en nuestras entrañas. Así lo pido hoy para ti y para mi, para todos nosotros.

Rosa Ruiz, mc

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Meditación – Sábado III de Adviento

Hoy es sábado III de Adviento, feria del 21 de diciembre.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 1, 39-45):

En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».

Hoy, el texto del Evangelio corresponde al segundo misterio de gozo: la «Visitación de María a su prima Isabel». ¡Es realmente un misterio! ¡Una silenciosa explosión de un gozo profundo como nunca la historia nos había narrado! Es el gozo de María, que acaba de ser madre, por obra y gracia del Espíritu Santo. La palabra latina “gaudium” expresa un gozo profundo, íntimo, que no estalla por fuera. A pesar de eso, las montañas de Judá se cubrieron de gozo. María exultaba como una madre que acaba de saber que espera un hijo. ¡Y qué Hijo! Un Hijo que peregrinaba, ya antes de nacer, por senderos pedregosos que conducían hasta Ain Karen, arropado en el corazón y en los brazos de María.

Gozo en el alma y en el rostro de Isabel, y en el niño que salta de alegría dentro de sus entrañas. Las palabras de la prima de María traspasarán los tiempos: «¡Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!» (cf. Lc 1,42). El rezo del Rosario, como fuente de gozo, es una de las nuevas perspectivas descubiertas por San Juan Pablo II en su Carta apostólica sobre El Rosario de la Virgen María.

La alegría es inseparable de la fe. «¿De dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?» (Lc 1,43). La alegría de Dios y de María se ha esparcido por todo el mundo. Para darle paso, basta con abrirse por la fe a la acción constante de Dios en nuestra vida, y recorrer camino con el Niño, con Aquella que ha creído, y de la mano enamorada y fuerte de san José. Por los caminos de la tierra, por el asfalto o por los adoquines o terrenos fangosos, un cristiano lleva consigo, siempre, dos dimensiones de la fe: la unión con Dios y el servicio a los otros. Todo bien aunado: con una unidad de vida que impida que haya una solución de continuidad entre una cosa y otra.

Rev. D. Àngel CALDAS i Bosch

Liturgia – Sábado III de Adviento

SÁBADO DE LA III SEMANA DE ADVIENTO, feria o SAN PEDRO CANISIO, presbítero y doctor de la Iglesia, conmemoración

Misa de feria – 21 de diciembre (morado)

Misal: Antífonas y oraciones propias. [Para la conmemoración: 1ª oración propia y el resto del sábado, Prefacio II o IV de Adviento.

Leccionario: Vol. II

  • Cant 2, 8-14: He aquí mi amado, llega saltando por los montes. O bien: Sof 3, 14-18a. El rey de Israel, el Señor, está en medio de ti.
  • Sal 32.Aclamad, justo, al Señor; cantadle un cántico nuevo.
  • Lc 1, 39-45.¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?

Antífona de entrada Cf. Is 7, 14; 8, 10
Muy pronto vendrá el Señor que domina los pueblos y se llamará Enmanuel, porque Dios está con nosotros. 

Monición de entrada y acto penitencial
Una vez más nos reunimos para escuchar la Palabra de Dios, cansados ya de escuchar tantas palabras humanas que no nos pueden salvar. Venimos a alimentar nuestra esperanza, que es la esperanza del mundo, de la que todos nosotros somos responsables. Venimos a celebrar esta esperanza que nos une con el Señor que ha de venir, y que ahora, una vez más, vendrá a nosotros en su Palabra y en el Pan y en el Vino de la Eucaristía. Con estas disposiciones, pongámonos en su presencia, y comencemos la celebración de los sagrados misterios pidiéndole perdón por nuestros pecados.

• Oh Sol que naces de lo alto. Señor, ten piedad.
• Resplandor de la luz eterna y Sol de justicia. Cristo, ten piedad.
• Ven ahora a iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte. Señor, ten piedad.

Oración colecta
ESCUCHA con bondad, Señor, las oraciones de tu pueblo,
para que,
alegres por la venida de tu Unigénito en nuestra carne,
consigamos la recompensa de la vida eterna
cuando vuelva en la majestad de su gloria.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos, hermanos, a Dios nuestro Padre, que es nuestro auxilio y escudo, y pidámosle que se manifieste a todos los hombres con el nacimiento de su Hijo, el Redentor.

1.- Para que la Iglesia ayude a todos los fieles a salir al encuentro de Cristo que viene a salvarnos. Roguemos al Señor.

2.- Para que no falten quienes por su entrega den frutos de santidad y sean ejemplo para cuantos buscan a Dios. Roguemos al Señor.

3.- Para que los gobernantes de todo el mundo busquen soluciones de paz y justicia para los graves problemas de la sociedad. Roguemos al Señor.

4.- Para que la esperanza de los pobres y de todos los marginados se vea renovada por la fraternidad de los cristianos. Roguemos al Señor.

5.- Para que el ejemplo de la Virgen María nos haga esperar la venida de Cristo con el corazón esperanzado por la fe en la salvación. Roguemos al Señor.

Oh Dios, que con la visita de la Virgen María, arca de la nueva alianza, llevaste la salvación y la alegría a la casa de Isabel; escucha las peticiones que te hemos dirigido y haz que se convierta en bendición, gracia, alegría y entrega generosa a ti y a toda la humanidad. Por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
ACEPTA complacido, Señor,
los dones que en tu misericordia
has dado a tu Iglesia para que pueda ofrecértelos
y que ahora transformas con tu poder en sacramento de nuestra salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio II o IV de Adviento

Antífona de comunión Cf. Lc 1, 45
Bienaventurada tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.

Oración después de la comunión
SEÑOR, que la participación en los divinos misterios
sirva de continua protección a tu pueblo,
para que, con plena entrega a tu servicio,
obtenga con abundancia la salvación de alma y cuerpo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 21 de diciembre

Celebramos la memoria de San Pedro Canisio sacerdote, jesuita y Doctor de la Iglesia. Nació en Nimega en el siglo XVI. Su apellido Canisius latino le ha dejado en herencia el nombre completo que le ha hecho famoso en la Iglesia: San Pedro Canisio. Fueron célebres sus Catecismos odiados por los protestantes, pero que abrieron la puerta al Catecismo del concilio de Trento. Pío XI lo canonizó y declaró Doctor de la Iglesia.

Recordamos también a los santos Anastasio II el Joven patriarca de Antioquía, el sacerdote Glicerio mártir abrasado al fuego, Juan de Cronstadt, canonizado también por la iglesia rusa por su caridad con los pobres y su vida interior, Juan y Festo mártires, Severino obispo de Tréveris y Temístocle que se ofreció por otro su que era buscado en la persecución de Decio para matarlo y murió mártir. Fue canonizado en 1988 Andrés Dung Lac, sacerdote vietnamita que murió decapitado con San Pedro Thi.

Es beato Pedro Friedhofen, fundador de los Hermanos de María Auxiliadora para el cuidado de los enfermos e indigentes. La causa de beatificación de la Venerable Cayetana Alberta Jiménez y Adrover sigue su curso y esperan verla pronto en los altares las religiosas de la Congregación de la Pureza de María por ella fundada. Palma de Mallorca la nombró en 1986 hija adoptiva de la ciudad.

 Álvaro Maestro Jesús

Laudes – Sábado III de Adviento

LAUDES

SÁBADO II de ADVIENTO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. El Señor está cerca, venid, adorémosle

SALMO 99: ALEGRÍA DE LOS QUE ENTRAN EN EL TEMPLO

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

La pena que la tierra soportaba,
a causa del pecado, se ha trocado
en el canto que brota jubiloso,
en labios de María pronunciado.

El sí de las promesas ha llegado,
la alianza se cumple, poderosa,
el Verbo eterno baja de los cielos,
con nuestra débil carne se desposa.

¡Oh misterio que sólo la fe alcanza!,
María es el nuevo templo de la gloria,
rocío matinal, nube que pasa,
luz nueva en su presencia misteriosa.

A Dios sea la gloria eternamente,
y al Hijo suyo amado, Jesucristo,
el que quiso nacer para nosotros
para darnos su Espíritu divino. Amén.

SALMO 118

Ant. El Señor viene del Líbano, su brillo es como el día.

Te invoco de todo corazón:
respóndeme, Señor, y guardaré tus leyes;
a ti grito: sálvame,
y cumpliré tus decretos;
me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras.

Mis ojos se adelantan a las vigilias,
meditando tu promesa;
escucha mi voz por tu misericordia,
con tus mandamientos dame vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu voluntad.

Tú, Señor, estás cerca,
y todos tus mandatos son estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos
los fundaste para siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor viene del Líbano, su brillo es como el día.

CÁNTICO de la SABIDURÍA: DAME, SEÑOR, LA SABIDURÍA

Ant. Cielos, dejad caer el rocío; que las nubes lluevan al Justo, y la tierra germine al Salvador.

Dios de los padres y Señor de la misericordia,
que con tu palabra hiciste todas las cosas,
y en tu sabiduría formaste al hombre,
para que dominase sobre tus criaturas,
y para regir el mundo con santidad y justicia,
y para administrar justicia con rectitud de corazón.

Dame la sabiduría asistente de tu trono
y no me excluyas del número de tus siervos,
porque siervo tuyo soy, hijo de tu sierva,
hombre débil y de pocos años,
demasiado pequeño para conocer el juicio y las leyes.

Pues, aunque uno sea perfecto
entre los hijos de los hombres,
sin la sabiduría, que procede de ti,
será estimado en nada.

Contigo está la sabiduría, conocedora de tus obras,
que te asistió cuando hacías el mundo,
y que sabe lo que es grato a tus ojos
y lo que es recto según tus preceptos.

Mándala de tus santos cielos,
y de tu trono de gloria envíala,
para que me asista en mis trabajos
y venga yo a saber lo que te es grato.

Porque ella conoce y entiende todas las cosas,
y me guiará prudentemente en mis obras,
y me guardará en su esplendor.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Cielos, dejad caer el rocío; que las nubes lluevan al Justo, y la tierra germine al Salvador.

SALMO 116: INVITACIÓN UNIVERSAL A LA ALABANZA DIVINA

Ant. Prepárate, Israel, y sal al encuentro de tu Salvador que se acerca.

Alabad al Señor, todas las naciones,
+ aclamado, todos los pueblos.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Prepárate, Israel, y sal al encuentro de tu Salvador que se acerca.

LECTURA: Is 7, 14b-15

Mirad: La Virgen está encinta y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel (que significa «Dios-con-nosotros»). Comerá requesón con miel, hasta que aprenda a rechazar el mal y a escoger el bien.

RESPONSORIO BREVE

R/ Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.
V/ Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

R/ Su gloria aparecerá sobre ti
V/ Amanecerá el Señor.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Sobre ti, Jerusalén, amanecerá el Señor.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. No temáis, dentro de cinco días vendrá a vosotros el Señor.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. No temáis, dentro de cinco días vendrá a vosotros el Señor.

PRECES

Oremos, hermanos, a nuestro Señor Jesucristo, que en su misericordia nos visita, y digámosle con insistencia:

Ven, Señor Jesús.

Tú que viniste del seno del Padre para revestirte de nuestra carne mortal,
— libra de toda corrupción a nuestra naturaleza caída.

Tú que cuando vengas al final de los tiempos aparecerás glorioso ante tus elegidos,
— al venir ahora muéstrate clemente y compasivo con los pecadores.

Nuestra gloria, oh Cristo, es alabarte;
— visítanos, pues, con tu salvación.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que por la fe nos has llevado a la luz,
— haz que te agrademos también con nuestras obras.

Llenos del Espíritu de Jesucristo, acudamos a nuestro Padre común, diciendo:
Padre nuestro…

ORACION

Escucha, Señor, la oración de tu pueblo, alegre por la venida de tu Hijo en carne mortal, y haz que cuando vuelva en su gloria, al final de los tiempos, podamos alegrarnos de escuchar de sus labios la invitación a poseer el reino eterno.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.