Meditación – San Esteban

Hoy es la fiesta de San Esteban.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 10, 17-22):

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus Apóstoles: «Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros. Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará».

Hoy, recién saboreada la profunda experiencia del Nacimiento del Niño Jesús, cambia el panorama litúrgico. Podríamos pensar que celebrar un mártir no encaja con el encanto navideño… El martirio de san Esteban, a quien veneramos como protomártir del cristianismo, entra de lleno en la teología de la Encarnación del Hijo de Dios. Jesús vino al mundo para derramar su Sangre por nosotros. Esteban fue el primero que derramó su sangre por Jesús. Leemos en este Evangelio como Jesús mismo lo anuncia: «Os entregarán a los tribunales y (…) seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio» (Mt 10,17.18). Precisamente “mártir” significa exactamente esto: testigo.

Este testimonio de palabra y de obra se da gracias a la fuerza del Espíritu Santo: «El Espíritu de vuestro Padre (…) hablará en vosotros » (Mt 10,19). Tal como leemos en los “Hechos de los Apóstoles”, capítulo 7, Esteban, llevado a los tribunales, dio una lección magistral, haciendo un recorrido por el Antiguo Testamento, demostrando que todo él converge en el Nuevo, en la Persona de Jesús. En Él se cumple todo lo que ha sido anunciado por los profetas y enseñado por los patriarcas.

En la narración de su martirio encontramos una bellísima alusión trinitaria: «Esteban, lleno del Espíritu Santo, miró fijamente al cielo y vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la diestra de Dios» (Hch 7,55). Su experiencia fue como una degustación de la Gloria del Cielo. Y Esteban murió como Jesús, perdonando a los que lo inmolaban: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado» (Hch 7,60); rezó las palabras del Maestro: «Padre, perdónales porque no saben lo que hacen» (Lc, 23, 34).

Pidamos a este mártir que sepamos vivir como él, llenos del Espíritu Santo, a fin de que, fijando la mirada en el cielo, veamos a Jesús a la diestra de Dios. Esta experiencia nos hará gozar ya del cielo, mientras estamos en la tierra.

Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM

Liturgia – San Esteban

JUEVES. SAN ESTEBAN, protomártir, fiesta

Misa de la fiesta (rojo)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Gloria. Prefacio de Navidad, embolismos propios de la Octava en las Plegarias Eucarísticas. Conveniente Plegaria Eucarística I. No se puede decir la Plegaria Eucarística IV.

Leccionario: Vol. IV

  • Hch 6, 8-10; 7, 54-59. Veo los cielos abiertos.
  • Sal 30.A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
  • Mt 10, 17-22.No seréis vosotros los que habléis, sino el Espíritu de vuestro Padre.

Antífona de entrada 
Las puertas del cielo se han abierto para san Esteban, el primero de los mártires, y por eso triunfa coronado en el cielo.

Monición de entrada y acto penitencial
Tras celebrar ayer la solemnidad del nacimiento de Jesucristo, hoy, nos reunimos en la fiesta de san Esteban, uno de los siete diáconos escogidos por los apóstoles para atender a la comunidad de lengua griega de Jerusalén sirviendo a los pobres y anunciando el Evangelio con fidelidad hasta el fin, siendo el primer cristiano que derramó su sangre por Jesucristo.

Dispongámonos, pues, a celebrar el Sacrificio Eucarístico; Sacrificio al que san Esteban unió el de su propia vida y muerte. Y para hacerlo dignamente, comencemos por reconocernos pecadores ante Dios y los hermanos, e imploremos al Señor el perdón de nuestros pecados.

• Tú, el Hijo de María, e Hijo de Dios. Señor, ten piedad.
• Tú, la fuerza de los mártires. Cristo, ten piedad.
• Tú, resurrección y vida para todos los que te siguen. Señor, ten piedad

Se dice Gloria.

Oración colecta
CONCÉDENOS, Señor, imitar lo que celebramos
para que aprendamos a amar a los enemigos,
al celebrar el nacimiento para el cielo
de quien supo orar también por los perseguidores.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos a Dios Padre en la fiesta de san Esteban, que al contemplar su gloria reconoció a Jesucristo a su derecha y dio su vida perdonando a los que se la quitaban.

1.- Para que san Esteban, que dio testimonio de Cristo, anunciando el Evangelio con la fuerza del Espíritu, obtenga a la Iglesia que sea testigo de Cristo y de su Buena Noticia con la palabra y con la vida. Roguemos al Señor.

2.- Para que san Esteban, que dio ejemplo con su muerte de seguimiento radical a Cristo, interceda por nuestra diócesis, para que no le falten vocaciones sacerdotales que, con sus obras, anuncien la fe que predican con su palabra. Roguemos al Señor.

3.- Para que san Esteban, que sirvió a Cristo en los pobres y en los necesitados, interceda a fin de que los gobernantes vivan su trabajo con espíritu de servicio y entrega fiel a los ciudadanos. Roguemos al Señor.

4.- Para que san Esteban, que supo anunciar con valentía el mensaje de Cristo, obtenga a cuantos luchan a favor de la justicia y de la verdad el valor que en todo momento necesitan. Roguemos al Señor.

4.- Para que san Esteban, que derramó su sangre por Cristo, perdonando a los que lo lapidaron, nos alcance a todos la fortaleza en la fe y la capacidad para perdonarnos mutuamente. Roguemos al Señor.

Dios nuestro, que quisiste que san Esteban, lleno de gracia y de poder, hiciese prodigios entre la gente y le concediste la fuerza del Espíritu, para que hablase con sabiduría delante de los que lo perseguían; escucha nuestras oraciones y concédenos imitar el ejemplo del testimonio de quien fue el primero en derramar su sangre por el nombre de Cristo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas
ACEPTA, Señor,
los dones de nuestra devoción
en el día de la gloriosa memoria
del mártir san Esteban.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Navidad

Antífona de comunión   Hch 7, 59
Se pusieron a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: «Señor Jesús, recibe mi espíritu».

Oración después de la comunión
SEÑOR, te damos gracias
por la abundancia de tus misericordias para con nosotros,
al salvarnos por el nacimiento de tu Hijo
y llenarnos de alegría
en la fiesta de tu mártir san Esteban.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 26 de diciembre

La Iglesia celebra en este día la fiesta de san Esteban, que significa «corona» y alude y corresponde también a la grandeza heroica de este personaje. Hacía poco tiempo que había muerto Jesús. Esteban fue elegido diácono por los Doce porque «era hombre de fe y lleno del Espíritu Santo». Su misión apostólica y el proceso que terminó en condenación a muerte, su discurso y testimonio antes de morir, el perdón otorgado a sus enemigos como el Maestro en la cruz y su muerte nos confirman la presencia del Espíritu Santo en este hombre. Es el primer mártir de la Iglesia de Cristo. No es extraño que Padres y santos de todos los tiempos, las iglesias particulares y la Iglesia universal haya celebrado siempre con tanto regocijo el triunfo de este santo.

No tan célebres en santidad son también otros santos conmemorados en el calendario: Arquelao obispo, el Papa Dionisio eminente en la fe y trabajos por la Iglesia, Marino senador romano que murió degollado en la persecución de Numeriano, Teodoro sacristán de la basílica de San Pedro en Roma y Zenón obispo.

Recordamos en este día también los beatos Pagano di Lecco, mártir dominico y Segundo, capellán de la última guerra mundial, que murió por socorrer a un herido.

 Álvaro Maestro Jesús

Laudes – San Esteban

LAUDES

SAN ESTEBAN, protomártir

Es el primer mártir de una historia interminable. Hombre lleno de gracia y poder.

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Venid, adoremos a Cristo, recién nacido, que ha coronado a san Esteban.

SALMO 94: INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendición al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
«Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso».»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

«Quien entrega su vida por amor,
la gana para siempre»,
dice el Señor.

Aquí el bautismo proclama
su voz de gloria y de muerte.
Aquí la unción se hace fuerte
contra el cuchillo y la llama.

Mirad cómo se derrama
mi sangre por cada herida.
Si Cristo fue mi comida,
dejadme ser pan y vino
en el lagar y en el molino
donde me arrancan la vida.

SALMO 62: EL ALMA SEDIENTA DE DIOS

Ant. Mi alma está unida a ti, Dios mío, pues me apedrean por ti.

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Mi alma está unida a ti, Dios mío, pues me apedrean por ti.

CÁNTICO de DANIEL: TODA LA CREACIÓN ALABE AL SEÑOR

Ant. Esteban vio el cielo abierto; lo vio, y entró en él. Dichoso el hombre a quien se le abrían los cielos.

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
Ensalzadlo con himnos por los siglos.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
Astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
Vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.

Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día, bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor;
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del cielo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor;
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón, bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

Ant. Esteban vio el cielo abierto; lo vio, y entró en él. Dichoso el hombre a quien se le abrían los cielos.

SALMO 149: ALEGRÍA DE LOS SANTOS

Ant. Estoy contemplando los cielos abiertos y a Jesús a la derecha de Dios.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles,
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Estoy contemplando los cielos abiertos y a Jesús a la derecha de Dios.

LECTURA: Hb 6, 2b-5a

«No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos de la administración. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra.» La propuesta les pareció bien a todos.

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor es mi fuerza y mi energía.
V/ El Señor es mi fuerza y mi energía.

R/ Él es mi salvación.
V/ Y mi energía.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor es mi fuerza y mi energía.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. A Esteban, primero de los mártires, se le abrieron las puertas del cielo.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. A Esteban, primero de los mártires, se le abrieron las puertas del cielo.

PRECES

Celebremos, amados hermanos, a nuestro Salvador, el testigo fiel, y, al recordar hoy a los santos mártires que murieron a causa de la palabra de Dios, aclamémoslo, diciendo:

Nos has comprado, Señor, con tu sangre.

Por la intercesión de los santos mártires, que entregaron libremente su vida como testimonio de la fe,
— concédenos, Señor, la verdadera libertad de espíritu.

Por la intercesión de los santos mártires, que proclamaron la fe hasta derramar su sangre,
— concédenos, Señor, la integridad y la constancia de la fe.

Por la intercesión de los santos mártires, que, soportando la cruz, siguieron tus pasos,
— concédenos, Señor, soportar con generosidad las contrariedades de la vida.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Por la intercesión de los santos mártires, que lavaron su manto en la sangre del Cordero,
— concédenos, Señor, vencer las obras del mundo y de la carne.

Llenos del Espíritu de Jesucristo, acudamos a nuestro Padre común, diciendo:
Padre nuestro…

ORACION

Concédenos, Señor, la gracia de imitar a tu mártir san Esteban y de amar a nuestros enemigos, ya que celebramos la muerte de quien supo orar por sus perseguidores. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

 

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.