¿Sabes, José?… Te admiro

El espacio del sueño era para ti, José, rico en mensajes que no te tomabas a la ligera. Soñabas, y al despertar, en ese misterioso espacio entre el sueño y el no-sueño, espabilabas interpretando el mensaje.

Podrías haber dejado de lado los sueños, que ya sabemos se evaporan si no llegan a ser entendidos como mensajes a discernir y valorar.

soñabas y, aun superándote la responsabilidad a la que te habías comprometido, te ponías en marcha.

Pero no sólo tú soñabas, también “los magos, avisados en sueños(Mt 2, 12)  de las maniobras del  poder manipulador, faltaron a la cita del embaucador, que al sentirse “burlado por los magos, se enfureció terriblemente y mandó matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, menores de dos años” (Mt 2, 16-18). Eligió la violencia, como suele pasar.

¿Sabes, José?… por aquí se sueña poco, y lo poco que se sueña suele hacerse  despiertos; son sueños que tiene que ver con el dinero, el poder, la imagen. Se sueña con la inmediatez de ver realizado el sueño instantáneamente; se sueña pidiendo resultados rápidos que liberen de preocupaciones, de compromisos, de esfuerzo. Se sueña con cosas que puedan adquirirse, consumirse, atesorarse, con la ilusión de que traerán la suprema felicidad, pero que cuando se esfuman dejan un vacío incómodo que ha de ser llenado a toda prisa. ¿Llenado de qué?, de lo mismo.

En el primer sueño “tomas al niño y a su madre” y os convertís en una familia de refugiados en país extranjero.

¿Sabes, José?… en el mundo en que vivo millones de familias están en movimiento huyendo de la violencia, del hambre, de la falta de oportunidades para llevar una vida digna. Caminan y topan con alambradas, muros de hormigón, desiertos imposibles y mares en la noche, y lo que es peor: rechazo, incomprensión, violencia, violación, degradación, abandono y torturas burocráticas que invisibilizan a las personas convirtiéndolas en datos estadísticos.

Hace unos días se celebraba el Día del Migrante y según datos de Naciones Unidas “en 2019, el número de migrantes alcanzó la cifra de 272 millones, 51 millones más que en 2010”. Esto va mal y no parece que haya voluntad política internacional de querer arreglarlo.

Pero sigamos con tus sueños“el ángel del Señor se te apareció de nuevo en sueños” en Egipto y te dijo: “Levántate, coge al niño y a su madre y vuelve a la tierra de Israel, porque han  muerto los que atentaban contra la vida del niño”.

Puedo imaginar tu alegría en medio de la noche o a punto del amanecer, recogiendo lo poco que puede recoger una familia migrante para volver a su tierra, al lugar de donde salió a toda prisa y de noche.

¿Sabes, José?… Creo que te mueves bien entre el sueño y el no-sueño; sabes que  suceden cosas, llegan mensajes en forma de intuición, despertando y sobresaltando…  Tú sabías que esos susurros venían directos del corazón de un Dios-Padre que ama y protege pero que no limita la libertad humana: pudiste haber elegido quedarte en la tierra que te acogió, o sencillamente seguir durmiendo no sólo de noche como sucede tantas veces en la vida cuando nos dejamos llevar por la rutina sin plantearnos cambios.

De vuelta a casa, pisando ya la tierra de Israel, supiste quien era el sucesor del que os hizo huir. El miedo te puso en guardia e hicisteis un alto en el camino. Otra vez se repite la historia: “Y avisado en sueños se retiró a Galilea y se estableció en una ciudad llamada Nazaret”. Dejaste el desvío hacia Judea y emprendiste camino hacia Galilea.

¿Sabes, José?… ¡Te admiro! Vives contando con la presencia de Dios, aun durmiendo, pero tomas decisiones, eres responsable y sabes parar cuando hay que parar. Para mí eso significa que colaboras en primera persona. Practicas una obediencia activa. Y recordemos que obedecer viene de escuchar. Reconozco en tu modo de actuar que esa obediencia es la de alguien que ha comprendido que su pequeño proyecto de vida está insertado en un Proyecto Mayor: el que Dios quiere para cada uno de nosotros que se cumple estando a la escucha y poniendo toda la carne en el asador, es decir, comprometiéndose en la misión encomendada confiando en Quien envía.

La familia se instaló en Nazaret, lugar del que después supimos que se decía que “no podía haber nada bueno” (Jn 1, 46).  El niño fue creciendo en estatura y sabiduría dentro de una familia sencilla rodeado de amor. Sin lugar a dudas podemos decir que de Nazaret salió Alguien muy bueno.

Mari Paz López Santos

I Vísperas – La Sagrada Familia: Jesús, María y José

I VÍSPERAS

LA SAGRADA FAMILIA: JESÚS, MARÍA Y JOSÉ

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Temblando estaba de frío
el mayor fuego del cielo,
y el que hizo el tiempo mismo
sujeto al rigor del tiempo.

Su virgen Madre le mira,
ya llorando, ya riendo,
que, como es su espejo el Niño,
hace los mismos efectos.

No lejos el casto esposo;
y de los ojos atentos
llueve al revés de las nubes,
porque llora sobre el cielo. Amén.

SALMO 112

Ant. Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo;
a la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.

SALMO 147

Ant. José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo.

Glorifica al Señor, Jerusalén:
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti;
ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.

Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz;
manda la nieve como lana,
esparce la escarcha como ceniza;

hace caer el hielo como migajas
y con el frío congela las aguas;
envía una orden, y se derriten;
sopla su aliento, y corren.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo.

CÁNTICO de EFESIOS: EL DIOS SALVADOR

Ant. Los pastores fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante Él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Este es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Los pastores fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre.

LECTURA: 2Co 8, 9

Ya sabéis lo generoso que fue nuestro Señor Jesucristo: siendo rico, se hizo pobre por vosotros, para enriqueceros con su pobreza.

RESPONSORIO BREVE

R/ La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.
V/ La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.

R/ De su plenitud todos hemos recibido.
V/ Y acampó entre nosotros.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. El niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Éstos, creyendo que estaba en la caravana, se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Éstos, creyendo que estaba en la caravana, se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos.

PRECES

Adoremos a Cristo, Hijo del Dios vivo, que quiso ser también hijo de una familia humana, y aclamémosle, diciendo:

Tú eres, Señor, el modelo y el salvador de los hombres.

Oh Cristo, por el misterio de tu sumisión a María y a José,
— enséñanos el respeto y la obediencia a los que nos gobiernan legítimamente.

Tú que amaste a tus padres y fuiste amado por ellos,
— afianza a todas las familias en el amor y la concordia.

Tú que estuviste siempre atento a las cosas de tu Padre,
— haz que Dios sea honrado en todas las familias.

Tú que quisiste que tus padres te buscaran durante tres días,
— enséñanos a buscar siempre primero el reino de Dios y su justicia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que has dado parte en tu gloria a María y a José,
— admite también a nuestros difuntos en la familia de los santos.

Unidos entre nosotros y con Jesucristo, y dispuestos a perdonarnos siempre unos a otros, dirijamos al Padre nuestra súplica confiada:
Padre nuestro…

ORACION

Dios, Padre nuestro, que has propuesto a la Sagrada Familia como maravilloso ejemplo a los ojos de tu pueblo, concédenos, te rogamos, que, imitando sus virtudes domésticas y su unión en el amor, lleguemos a gozar de los premios eternos en el hogar del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.


CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Santos Inocentes

1) Oración inicial

Dios nuestro, que concediste a los Santos Inocentes dar testimonio de Cristo, no de palabra, sino con su sangre, ayúdanos a poner de manifiesto nuestra fe, no sólo con nuestros labios, sino, más bien, con nuestra conducta diaria. Por nuestro Señor Jesucristo. Amen.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 2,13-18
Cuando los magos se retiraron, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle.» Él se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera lo dicho por el Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo.
Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los magos. Entonces se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías: Un clamor se ha oído en Ramá, mucho llanto y lamento: es Raquel que llora a sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen.

3) Reflexión

• El Evangelio de Mateo, redactado entorno a los años 80 y 90, tiene la preocupación de mostrar que en Jesús se realizan las profecías. Muchas veces se dice: “Esto sucedió para que se realizara lo que dice la escritura….” (cf. Mt 1,22; 2,17.23; 4,14; 5,17; etc.). Es porque los destinatarios del Evangelio de Mateo son las comunidades de judíos convertidos que vivían una crisis profunda de fe y de identidad. Después de la destrucción de Jerusalén en el año 70, los fariseos eran el único grupo superviviente del judaísmo. En los años 80, cuando empezaron a reorganizarse, creció la oposición entre judíos fariseos y judíos cristianos. Estos últimos terminaron siendo excomulgados de la sinagoga y separados del pueblo de las promesas. La excomulga volvió a agudizar el problema de la identidad. No podían frecuentar más sus sinagogas. Y llegó la duda: ¿Será que nos equivocamos? ¿Quién es el verdadero pueblo de Dios? Jesús, ¿es realmente el Mesías?
• Es para este grupo sufrido que Mateo escribe su evangelio como Evangelio de la consolación para ayudarlos a superar el trauma de la ruptura, como Evangelio de la revelación para mostrar que Jesús es el verdadero Mesías, el nuevo Moisés, en quien se realizan las promesas; como Evangelio de la nueva práctica para enseñar el camino de cómo alcanzar la nueva justicia, mayor que la justicia de los fariseos (Mt 5,20).
• En el evangelio de hoy aparece esta preocupación de Mateo. El consuela las comunidades perseguidas mostrando que Jesús también fue perseguido. El revela que Jesús es el Mesías, pues por dos veces insiste en decir que las profecías se realizarán en él; y sugiere además que Jesús es el nuevo Moisés, pues al igual que Moisés fue perseguido y tuvo que huir. El indica un nuevo camino, sugiriendo que deben hacer como los magos que supieron evitar la vigilancia de Herodes e volvieron por otro camino a su morada.

4) Para la reflexión personal

• Herodes mandó matar a los niños de Belén. El Herodes de hoy sigue matando a millones de niños. Mueren de hambre, de enfermedad, de desnutrición, por el aborto. ¿Quién es hoy Herodes?
• Mateo ayuda a superar la crisis de fe y de identidad. Hoy, muchos viven una crisis profunda de fe y de identidad. El Evangelio, ¿cómo puede ayudar a superar esta crisis de fe?

5) Oración final

Nuestra ayuda es el nombre de Yahvé,
que hizo el cielo y la tierra. (Sal 124,8)

Amor para siempre

1.- El amor es la base de la familia. El amor en palabras de San Pablo a los Colosenses es el ceñidor de la unidad consumada. Del amor nacen la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión, todas las virtudes que adornan y sostienen la vida del matrimonio y la comunidad. Si falta el amor todo se derrumba. Pero ¿qué es amar? No es «poseer» al otro, no es «utilizar» al otro, no es «servirse del otro». Amar es darse, entregarse, es una «auto donación» de tu propia vida. Es tener al otro como en un pedestal valorando todo lo bueno que tiene y disculpando sus defectos, ¿quién no los tiene? Algunos se empeñan en poner en crisis la institución familiar, sin darse cuenta de que si la familia se viene abajo se derrumba también la sociedad. Pero amor sigue reinando, a pesar de todo.

2.- Enseñar con el ejemplo. Nazaret es la primera escuela de amor, donde empieza a entenderse la vida de Jesús. El contempló la actitud de sus padres y lo asumió. Hoy día la familia sigue siendo la primera escuela, donde el niño se impregna de los auténticos valores. Los niños son esponjas, que observan e imitan lo que hacen los padres. La familia, iglesia doméstica, es la primera escuela de educación en la fe, es donde se asume la actitud ante la sociedad y el prójimo. Los hijos, han subrayado recientemente los obispos españoles, «aprenden a amar en cuanto son amados gratuitamente, aprenden el respeto a otras personas en cuanto son respetados, aprenden a conocer el rostro de Dios en cuanto reciben su primera revelación de un padre y una madre llenos de atenciones.

3.- Sigue triunfando el amor. Cuando faltan estas experiencias fundamentales es el conjunto de la sociedad el que sufre la violencia y se vuelve, a su vez, generador de múltiples violencias. El consumismo, el individualismo, la incomunicación, la falta de maduración y de auto entrega son los auténticos enemigos de la familia. Esto hace que muchas personas busquen únicamente su propio bien o interés personal, arrinconando a los ancianos porque estorban, retrasando la llegada de los hijos porque son una carga para «el disfrute de la vida». Puede que se paguen las consecuencias de esta actitud egoísta e inmadura. La familia de Nazaret pasó por muchas dificultades económicas y sociales, pero todo lo superó porque estaba cimentada en la roca firme del amor y de la confianza en Dios. No seamos pesimistas, pues sigue triunfando el amor y nadie podrá detener la energía y el calor que irradia un hogar donde se vive de verdad la mutua entrega. Es lo que cuenta este relato:

 “Cuenta un médico que un paciente fue a la clínica donde trabaja, para hacerse curar una herida en la mano. Estaba muy apurado y mientras lo curaba, le preguntó qué era eso tan urgente que tenía que hacer. El señor respondió que tenía que ir a un asilo de ancianos, para desayunar con su mujer que vivía en ese lugar. Le contó que hacía un tiempo que estaba alojada en ese lugar y qué estaba padeciendo un Alzheimer muy avanzado. Mientras terminaba de vendar la herida, le preguntó si ella se preocuparía en caso de que él llegara tarde esa mañana.

– “No”, respondió. “Ella ya no sabe quién soy. Hace ya casi cinco años que no me reconoce.”

Entonces el médico preguntó intrigado: “Si ya no sabe quién es usted, ¿Por qué esa necesidad de estar con ella todas las mañanas?”

Le sonrió y dándole unas palmaditas en la mano le dijo: “Ella no sabe quién soy yo, pero yo todavía sé muy bien quién es ella”

Esta historia de amor incondicional demuestra que el amor de verdad dura toda la vida.

José María Martín OSA

Comentario – Los Santos Inocentes

Llamamos «santos inocentes» a esos niños de dos años para abajo mandados matar por Herodes en Belén y sus alrededores. Los celebramos como «santos» sin que ellos tuvieran que hacer nada para obtener ese título salvo haber nacido en un determinado tiempo y lugar. Al parecer, el megalómano rey Herodes vio en el niño de Belén, el Mesías profetizado, un serio rival que hacía peligrar su propio reinado. Por eso, al saberse burlado por los Magos, de quienes habría de recibir noticias, montó en cólera y mandó matar a todos los niños de Belén y sus alrededores menores de dos años para aniquilar, en conformidad con sus cálculos, al futuro rey-Mesías que debía encontrarse entre ellos. Pero, el niño en cuestión no estaba entre ellos. El ángel había avisado a José con tiempo para que tomara al niño y a su madre y huyera con ellos al país vecino de Egipto. De este modo podría evitar la muerte segura a manos del tirano que estaba al acecho.

El niño Jesús no murió, porque su padre fue avisado con antelación de las acechanzas de su enemigo. Pero otros muchos niños sí murieron en su lugar, cumpliéndose así el oráculo del profeta Jeremías: «Un grito se oye en Ramá, llanto y lamentos grandes: es Raquel, que llora por sus hijos y rehúsa el consuelo, porque ya no viven». Es el llanto de las madres bethlemitas que vieron cómo los soldados de Herodes les arrebataban de los brazos a sus hijos para ser degollados en su presencia. Ambos lamentos, el de las madres y el de los hijos, se mezclaron para constituir un clamor que ha llegado hasta nosotros. Y a éste se añade el llanto de tantos niños inocentes que mueren víctimas de las injusticias humanas, niños desnutridos, enfermos, abandonados, maltratados, violados, asesinados, niños no deseados, cuyas vidas se han visto segadas antes de ver la luz, en el seno de sus propias madres y por iniciativa de estas; en fin, niños inocentes que siguen muriendo a manos de adultos sin escrúpulos.

El clamor de estos niños no puede quedar sin respuesta por parte de ese Dios que tiene entrañas de Padre. Y su primera respuesta debe ser sin duda la acogida que les ha dispensado en su propia casa. Si los hombres no han querido acogerles en esta tierra que les vio nacer o en ese seno en el que fueron concebidos, Dios sí les acogerá en su cielo, porque en ellos no hay pecado que se lo impida. Pero también forma parte de su respuesta la condena sin paliativos de esa conducta criminal e impía de que hacen alarde quienes les conducen a la muerte sin reparar en daños.

Pero las madres que han perdido a sus hijos contra su voluntad y en circunstancias tan terribles, se preguntarán: ¿Por qué permite Dios, ese Dios que se cuida de todas sus criaturas y a quien no se le escapa el más mínimo detalle, muertes tan prematuras y crímenes tan detestables? Son vidas inocentes y vidas truncadas, que no han tenido tiempo ni posibilidades para desarrollarse. ¿Nacieron para morir al poco tiempo de nacer? Algunos mueren aún antes de nacer. ¿Qué sentido tienen estas vidas que quedan aniquiladas en sus comienzos? Por muy absurda que nos parezca esta trayectoria vital sin apenas trayecto, lo cierto –es lo que proclama la fe- es que nacieron para la eternidad. No nacieron para vivir en el tiempo, pues apenas gozaron de tiempo para esto, pero sí nacieron para vivir en la eternidad. Y para eso hemos nacido todos, vivamos más o menos años en el tiempo. En este sentido, el destino para el que fueron concebidos no se ha truncado. Lo han alcanzado más fácilmente que los demás, los que viviendo años y años experimentamos las fatigas de esta vida temporal que acaba, como en ellos, igualmente con la muerte.

Del mal sufrido por los que mueren, Dios saca el bien de la vida eterna; del mal sufrido por los que sufren el impacto de esas muertes (padres, hermanos, parientes, amigos, conmocionados), Dios saca el bien de la paciencia, o de la conformidad, o de las lágrimas saludables, o de la desapropiación, o de la generosidad, o de la renuncia, o de cualquiera de esos bienes que tan asociados están a las situaciones aflictivas de la vida. ¿Pero qué saca del mal (respectivamente, pecado) de los malvados que causan la desgracia? Se me ocurre pensar en el bien de la libertad que todo hombre dispone, incluso para hacer mal uso de ella empleándola para el maleficio. Y en segundo término, otros bienes como el posible arrepentimiento que haga realidad el dicho de san Pablo: donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia; o el castigo purificador de los que no han sabido usar rectamente de su libertad. Pero no podemos dudar en ningún caso de que si Dios permite tantos males, incluido el sufrimiento y la muerte de los inocentes a manos de criminales, es porque puede sacar bienes de estos males. De no ser así, no lo permitiría, aunque para ello se viese obligado a intervenir para alterar el rumbo de la propia naturaleza tal como salió de sus manos creadoras.

Es cierto que el mal presente en un mundo creado por un Dios poderoso y bueno siempre desconcierta y obliga a formularse preguntas de difícil respuesta: ¿Por qué Dios, que es poderoso, no puede eliminar el mal que hay en el mundo de un plumazo? Si es poderoso, debe poder. ¿Por qué no lo hace entonces? ¿Es que no quiere? Pero si no quiere, ¿en qué consiste su bondad? En nuestra respuesta tenemos que salvar ambas cosas: que Dios es todopoderoso y que es bueno. Si, a pesar de esto, sigue habiendo mal en el mundo, habrá que pensar que tiene algún sentido y que, no siendo absoluto, ha de sustentarse en el bien o ser ocasión para el bien. Aquí hay que distinguir tipos de mal o de privaciones de bien. Mal propiamente dicho es lo que nos priva del bien propiamente dicho; mal definitivo es lo que nos priva del bien definitivo. Sobre estas premisas tendríamos que reflexionar. Pero no lo olvidemos: Dios permite incluso el mal (pecado) que no quiere, al menos con voluntad de complacencia, porque puede sacar bien de él.

 

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

226. No podemos olvidar las expresiones artísticas, como el teatro, la pintura, etc. «Del todo peculiar es la importancia de la música, que representa un verdadero ambiente en el que los jóvenes están constantemente inmersos, así como una cultura y un lenguaje capaces de suscitar emociones y de plasmar la identidad. El lenguaje musical representa también un recurso pastoral, que interpela en particular la liturgia y su renovación»[119]. El canto puede ser un gran estímulo para el caminar de los jóvenes. Decía san Agustín: «Canta, pero camina; alivia con el canto tu trabajo, no ames la pereza: canta y camina […]. Tú, si avanzas, caminas; pero avanza en el bien, en la recta fe, en las buenas obras: canta y camina»[120].


[119] Ibíd., 47.

[120] Sermo 256, 3: PL 38, 1193.

La familia de Nazaret

En estos días de Navidad, días que hemos procurado todos vivir en familia, nos acercamos al portal de Belén, vemos a Dios que ha nacido hecho niño y está acostado en un pesebre, y vemos junto a Él a María y a José. Por eso, en este domingo dentro de la octava de Navidad la Iglesia celebra la solemnidad de la Sagrada Familia. En este mundo nuestro en el que el tema de la familia es tan delicado y sobre el que se habla tanto, la liturgia nos muestra el modelo de todas las familias cristianas: Jesús, José y María, la familia de Nazaret.

1. Dios nace y se educa en una familia. En Navidad celebramos que Dios se hace hombre, y asume todo lo que es propio del ser humano. Si hay algo que forma parte indispensable del ser humano es la familia. Todos hemos nacido y nos hemos educado en una familia, para después formar muchos su propia familia. La familia ha sido y sigue siendo fundamental para cada uno de nosotros, pues de la familia hemos recibido la educación primera y más importante, en ella hemos forjado nuestra propia personalidad, en nuestra familia nos apoyamos cuando tenemos alguna necesidad, y en familia celebramos los acontecimientos más importantes de nuestra vida. Pues del mismo modo que para cualquier persona humana la familia es importante, Dios, al tomar la condición humana, nace también en una familia. Escuchamos en el Evangelio de hoy la responsabilidad de María y de José como padres de Jesús, en su vida diaria y oculta en Nazaret. Es hermoso imaginar cómo Jesús, desde su nacimiento, iría educándose y creciendo de la mano de María, su madre, y de san José. De ellos aprendería tantas cosas, como cualquier niño, y sus padres irían formando poco a poco la naturaleza humana de Jesús. Dios nace y se educa en una familia, como cualquier persona, pues Dios se hizo hombre con todas sus consecuencias.

2. La familia hoy. La familia de Nazaret se convierte para nosotros en modelo de nuestra propia familia. Ellos nos enseñan cómo vivir en familia, nos descubren la importancia que nuestros padres y familiares tienen para nosotros. Pero cuando miramos cómo están las familias hoy en día descubrimos que ciertamente pasan por dificultades y crisis serias. No hay conciencia hoy de la importancia que tiene la familia, y tampoco se favorece que crezca esta importancia en la conciencia de las nuevas generaciones. Hoy no se valora a los ancianos, ni se buscan medidas que protejan a los más pequeños, incluso a los no nacidos. No hay medidas de ayuda a la maternidad, ni a las familias numerosas. No se favorece la conciliación entre el trabajo y la familia. Y así es hoy muy frecuente encontrar familias que sufren, que pasan por crisis a veces muy duras. Es fácil hoy conocer a muchos padres que sufren a causa de sus hijos, a matrimonios que rompen con facilidad la convivencia conyugal, a mujeres que sufren agresiones por parte de sus maridos, hijos que son maltratados por sus padres… Y ante todo esto, la Iglesia nos muestra a la Sagrada Familia de Nazaret como modelo y ayuda para las familias de hoy. Es necesario, hoy especialmente pero también todos los días del año, rezar mucho por las familias, por la nuestra propia y también por las familias que sufren por motivos tan diversos. Que María y José, junto con Jesús, ayuden a todos aquellos que tienen serias dificultades familiares.

3. La Iglesia, la gran familia de los hijos de Dios. Pero no sólo tenemos la familia carnal. Hay otra familia mucho más grande y también muy importante para nosotros: es la familia de la Iglesia. Porque todos somos hijos de Dios por medio de Jesucristo, todos somos también hermanos. Y por tanto, todos los cristianos distribuidos por todo el mundo somos miembros de una misma familia que es la Iglesia. Esta familia se concreta para cada uno de nosotros en nuestra parroquia. Aquí hemos de vivir los mismos valores que vivimos en la familia, como son la solidaridad, la ayuda mutua, la formación… Y como cualquier familia, la Iglesia también se reúne alrededor de una mesa para celebrar los acontecimientos más importantes y para compartir el día a día de la vida de familia. La mesa alrededor de la cual se reúne la familia de la Iglesia es el altar de la Eucaristía. Cada domingo nos reunimos los cristianos para celebrar lo mejor que tenemos en nuestra familia: el amor de Dios Padre que se nos manifiesta en el Hijo.

En este domingo, solemnidad de la Sagrada Familia, no nos olvidemos de dar gracias y de rezar por nuestra familia, pero también por tantas familias que sufren por causas tan diversas. Que todos nosotros, hijos de Dios por Jesucristo, nos sintamos miembros de la familia de la Iglesia, que en ella aprendamos a vivir el amor, a compartir y a ayudarnos mutuamente, viviendo entre nosotros lo que hoy nos enseña la Sagrada Familia de Nazaret.

Francisco Javier Colomina Campos

El respeto y el amor entre los miembros de una familia es el gran mensaje de esta fiesta de la Sagrada Familia

1.- El niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. De ordinario, nos imaginamos a la Sagrada Familia como a una familia idílica y maravillosa, a la que sería maravilloso poder imitar. Y de eso, nada. La Sagrada Familia, atendiéndonos literalmente a lo que dicen los evangelios, no fue una familia normal, sino que fue una familia totalmente atípica, imposible de imitar y de proponer como modelo estructural a las familias “normales”. Empecemos por el origen más lejano, tal como se nos dice en el evangelio de Mateo: en la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham, san Mateo nos habla de cuatro mujeres a las que los judíos no podían considerar venerandas, ni, en muchos aspectos, ejemplares; son Tamar, Rajab, Rut y la mujer de Urías. Según esta genealogía, Jesús es tan descendiente de estas mujeres, como de Abraham y de David. Si pasamos luego a la concepción de Jesús, vemos que Jesús es concebido antes de que sus padres estén legalmente casados y, para más asombro, su padre legal, José, no es el padre biológico. Tampoco el nacimiento de Jesús es muy de envidiar: nace lejos de su casa paterna y en un establo. Al poco tiempo de nacer, sus padres tienen que salir huyendo y marchándose a un país extranjero, porque el rey quiere matar al niño. También lo que nos narra el evangelio de hoy –Jesús perdido y hallado en el templo- es algo que se sale del buen comportamiento que debe tener un niño de la edad de Jesús, dando a sus padres un disgusto morrocotudo. ¿Cuál es, entonces, el mensaje que debe llegar hasta nosotros en este día de la fiesta de la Sagrada Familia? El mensaje, maravilloso, por cierto, también está en el texto evangélico que leemos en esta fiesta. Veamos.

2.- Ellos no comprendieron lo que quería decir. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y lo que se dice de María, yo creo que también se puede decir de José: José y María no entendían muchas cosas del niño, pero, aunque a veces con dificultad, lo aceptaban tal como era, porque lo que sí sabían era que el niño obedecía órdenes superiores. Ellos, José y María se limitaban a guardar todo en su corazón, es decir, a aceptar la voluntad de Dios, a amar al niño, y a considerarse simples colaboradores de Dios en sus designios inescrutables. Tanto José como María ya sabían bastante de esto: José ya había sabido guardar un asombroso silencio cuando vio que su prometida estaba embarazada antes de vivir con él y María había sabido aceptar, con profunda humildad, las palabras del ángel, antes de la concepción virginal de su hijo. El profundo respeto que José había tenido ante el comportamiento extraño de María y el profundísimo respeto que José y María demostraron ante el comportamiento extrañísimo del niño en esta ocasión, son un ejemplo admirable para muchísimas familias de nuestro tiempo que pasan por momentos de convivencia complicada y difícil. El RESPETO entre todos los miembros de la familia es un magnífico mensaje que nos envía hoy a las familias de nuestro tiempo esta fiesta de la Sagrada familia.

3.- Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada. Sólo un gran amor pudo hacer posible una convivencia harmoniosa entre los tres miembros de la Sagrada Familia. Y el amor es, una vez más, el gran mensaje de la fiesta de hoy y de todas las fiestas litúrgicas que hacen referencia a la vida de José, de María y del Niño. Sin un gran amor, la convivencia entre los tres miembros de la Sagrada Familia hubiera sido un gran desastre. ¿No es hoy la falta de amor lo que hace dolorosamente imposible la buena convivencia entre muchas familias? Sí, el AMOR CRISTIANO es el mejor mensaje que podemos mandar hoy a nuestras familias en esta fiesta de la Sagrada Familia.

Gabriel González del Estal

Y, además, en familia

1.- Dios quiso compartir con nosotros todo. Vino a vivir nuestra misma vida. Quiso existir visiblemente en medio de nosotros. Y, además, para que no faltara nada, para que no tuviéramos ninguna duda de su encarnación, quiso nacer, crecer y madurar en medio de la familia modelo: Jesús, José y María. Con la única arma del amor, la Sagrada Familia, nos invita a todos nosotros a dar cabida y potenciar el gran amor que Dios nos tiene.

La gran noticia que los ángeles nos han traído en estos días ha sido que Jesús ha nacido. Pero, detrás de ese notición, emergen dos figuras que han cuidado el Misterio y han ido unidas al pregón de esta Buena Noticia; que se han enfrentado a dificultades para que Dios salga victorioso; que se han negado a sí mismas para que, Jesús, contara con los elementos esenciales para seguir siendo esperanza. Es, ni más ni menos, la familia de Nazaret.

2.- Una familia procura para sus hijos lo mejor. José y María lo intentaron todo. Buscaron en mil rincones, llamaron en decenas de puertas….pero al final, para que se cumpliera lo establecido por las escrituras, colocaron lo mejor que pudieron a Jesús en un pesebre. Eso, sí; lo hicieron con amor y por amor.

Lo mismo, y al igual que tantos padres quieren colocar a sus hijos en la mejor posición, José y María también se pusieron manos a la obra. Les precedía una estela de sencillez y de obediencia; de pobreza y de confianza. Los tres, en familia, se convierten en medio de las Navidades en una impresionante estampa donde, por sus cuatro costados, nos sugiere muchas cosas:

–Primero: No existe familia sin inconvenientes. Hasta la de Nazaret, tocada y bendecida por Dios, tuvo que pasar por un mar de dificultades. Desde el “Sí” de María, pasando por los sueños de San José, las puertas cerradas o la huída a Egipto, nos hacen caer en la cuenta de que los grandes amores son los que más hay que cuidar. Y que, los grandes amores, son los más probados. Que no hay gran empresa, aunque sea inspirada de Dios, que no tenga sus tropiezos. Que nuestras familias, aun siendo señaladas, son en medio de la sociedad un estímulo para recuperar la salud y la paz social que cada día más se añora.

–Segundo: En la familia todos tienen su lugar y su carisma. Poco sabemos de José y de María. Pero si que es verdad que, en los dos, se da un común denominador: se pusieron manos a la obra para salvar la obra de Dios. Uno, como carpintero. El otro, María, como portadora de la Buena Noticia. Supieron estar en el lugar que les correspondía y siendo responsables de lo que Dios les confió. ¿Por qué en muchas familias actuales hay cierto temor a desempeñar el rol que corresponde a padres y, ausencia moral, a la hora de exigir el rol que les corresponde igualmente a los hijos? Recientemente, en un estudio sobre la familia, salía a la palestra una queja de los más jóvenes: la necesidad de que los padres ejerzan como tales, sobre todo en los años donde se juega el equilibrio emocional y psicológico de las personas.

–Tercero: En la familia se aprende a vivir y a creer. Estamos en Navidad. Todo lo que en estos días estamos celebrando y expresando ¿de quién o en dónde lo hemos aprendido? Sin dudarlo, y salvo algunas excepciones, de nuestros padres y en nuestras familias. La Sagrada Familia también nos trae una buena catequesis: la confianza, el amor y la fe en Dios, por parte de José y de María, teñía todo el ambiente de aquel primer hogar cristiano. Jesús, el camino a la sinagoga o la familiaridad con la Ley, no le vendría por imposición ni mucho menos. Desde que fue niño, estoy seguro, vería a unos padres comprometidos con Dios, enamorados de su causa y cercanos a su Ley. Fueron, sin dudarlo, los primeros y mejores catequistas en la vida del Niño Jesús.

Esto, a nosotros, nos interpela seriamente. ¿Qué estamos haciendo por el traspaso de la fe en nuestras familias? ¿Somos transmisores o cortocircuito? 3.- ¿Nos tomamos en serio nuestra misión de educadores o delegamos, por comodidad o cansancio, en otras instituciones y personas? ¿Ponemos la práctica cristiana (oración, eucaristía, bendición de la mesa, rosario, etc.) en algún momento de nuestra vida familiar o vivimos al margen de ella? Interrogantes que, en su respuesta, denotarán si nuestras familias son cristianas o si, simplemente, se han quedado como “familias bautizadas pero sin vivencia cristiana”.

4.- Que Jesús, José y María nos ayuden a cuidar de esa gran institución en la que hemos nacido. Se suele decir que una cosa no se valora hasta que no se pierde. Que, nosotros, sepamos dar gracias a Dios por esa gran escuela, universidad, taller y semillero de valores (religiosos, sociales, culturales…) que son nuestras familias. Sólo así, lejos de ser “clones” de una sociedad interesada y caprichosa, seremos hombres y mujeres con raíces profundas, con criterios propios y con luz personal.

En Jesús, Dios hace suyos y viene a vivir los valores más nobles y más valiosos de los hombres. Y, la familia, sin duda alguna, es uno de ellos. Y, Dios, también lo vive, lo asume y lo celebra con gusto.

5.- EN FAMILIA

En familia vino Dios al mundo
y, con una Madre de familia al pie de la cruz,
el Señor marchó humildemente de él.
En familia, lloró Dios en la primera noche de la Navidad,
y en familia, Dios gozó por servir a la humanidad.
En familia, Jesús, recibió humildes y regios honores
En familia, subió y bajó a Jerusalén a cumplir con la Ley.
En familia, Jesús, aprendió el valor del trabajo
y, en familia, respetó y rezó en el día de descanso.

En familia, el Niño Dios, nació en la más fría noche
en familia, ese mismo Niño, recibió el aliento
que, ante la ausencia del calor humano,
un buey una mula le ofrecieron.

¡En familia! ¡Sí! ¡En familia!
En familia, Jesús, creció
y, en familia, Jesús, el amor de Dios aprendió
En familia, Jesús, emigró lejos de su país
y, en familia, volvió a la tierra que le vio nacer.
En familia, Jesús, se instruyó en el lenguaje del cielo
y, en familia, Jesús, entendió los signos de la tierra
En familia, Jesús, cultivó el valor de la fe en Dios
y, en familia, compartió las esperanzas de los hombres.

¡En familia! ¡Sí! ¡En familia!
Algo de bueno, debe de tener la familia
cuando, el mismo Dios, eligió formar parte de una de ellas.
Cuando, el Padre, quiso ser Padre en el cielo
y, por una familia,
Padre de todos los hombres y mujeres de la tierra
Cuando, Dios, teniendo todo…quiso una mujer como Madre
un José como padre para Jesús
y una casa donde entretejer la más bella historia de amor.

Algo, fuera de serie, divino y humano, tiene la familia
cuando Dios, puso en el tiempo señalado por los profetas
al Verbo Encarnado en el corazón de la misma.
Algo, grande, noble, insustituible y santo
posee la familia cuando, el mismo Dios,
siendo Dios, quiso dejarse abrazar, acariciar
cuidar, querer, sostener, mimar, educar y corregir en una de ellas.

Javier Leoz

Abiertas al proyecto de Dios

Los relatos evangélicos no ofrecen duda alguna. Según Jesús, Dios tiene un gran proyecto: construir en el mundo una gran familia humana. Atraído por este proyecto, Jesús se dedica enteramente a que todos sientan a Dios como Padre y todos aprendan a vivir como hermanos. Este es el camino que conduce a la salvación del género humano.

Para algunos, la familia actual se está arruinando porque se ha perdido el ideal tradicional de «familia cristiana». Para otros, cualquier novedad es un progreso hacia una sociedad nueva. Pero ¿cómo es una familia abierta al proyecto humanizador de Dios? ¿Qué rasgos podríamos destacar?

Amor entre los esposos. Es lo primero. El hogar está vivo cuando los padres saben quererse, apoyarse mutuamente, compartir penas y alegrías, perdonarse, dialogar y confiar el uno en el otro. La familia se empieza a deshumanizar cuando crece el egoísmo, las discusiones y malentendidos.

Relación entre padres e hijos. No basta el amor entre los esposos. Cuando padres e hijos viven enfrentados y sin apenas comunicación alguna, la vida familiar se hace imposible, la alegría desaparece, todos sufren. La familia necesita un clima de confianza mutua para pensar en el bien de todos.

Atención a los más frágiles. Todos han de encontrar en su hogar acogida, apoyo y comprensión. Pero la familia se hace más humana, sobre todo, cuando en ella se cuida con amor y cariño a los más pequeños, cuando se quiere con respeto y paciencia a los mayores, cuando se atiende con solicitud a los enfermos o discapacitados, cuando no se abandona a quien lo está pasando mal.

Apertura a los necesitados. Una familia trabaja por un mundo más humano, cuando no se encierra en sus problemas e intereses, sino que vive abierta a las necesidades de otras familias: hogares rotos que viven situaciones conflictivas y dolorosas, y necesitan apoyo y comprensión; familias sin trabajo ni ingreso alguno, que necesitan ayuda material; familias de inmigrantes que piden acogida y amistad.

Crecimiento de la fe. En la familia se aprende a vivir las cosas más importantes. Por eso, es el mejor lugar para aprender a creer en ese Dios bueno, Padre de todos; para conocer el estilo de vida de Jesús; para descubrir su Buena Noticia; para rezar juntos en torno a la mesa; para tomar parte en la vida de la comunidad de seguidores de Jesús. Estas familias cristianas contribuyen a construir ese mundo más justo, digno y dichoso querido por Dios. Son una bendición para la sociedad.

José Antonio Pagola