Vísperas – San Juan Bosco

VÍSPERAS

SAN JUAN BOSCO, presbítero

 

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Cantemos al Señor con alegría
unidos a la voz del pastor santo;
demos gracias a Dios, que es luz y guía,
solícito pastor de su rebaño.

Es su voz y su amor el que nos llama
en la voz del pastor que él ha elegido,
es su amor infinito el que nos ama
en la entrega y amor de este otro cristo.

Conociendo en la fe su fiel presencia,
hambrientos de verdad y luz divina,
sigamos al pastor que es providencia
de pastos abundantes que son vida.

Apacienta, Señor, guarda a tus hijos,
manda siempre a tu mies trabajadores;
cada aurora, a la puerta del aprisco,
nos aguarde el amor de tus pastores. Amén.

SALMO 134: HIMNO A DIOS, REALIZADOR DE MARAVILLAS

Ant. El Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses.

Alabad el nombre del Señor,
alabadlo, siervos del Señor,
que estáis en la casa del Señor,
en los atrios de la casa de nuestro Dios.

Alabad al Señor porque es bueno,
tañed para su nombre, que es amable.
Porque él se escogió a Jacob,
a Israel en posesión suya.

Yo sé que el Señor es grande,
nuestro dueño más que todos los dioses.
El Señor todo lo que quiere lo hace:
en el cielo y en la tierra,
en los mares y en los océanos.

Hace subir las nubes desde el horizonte,
con los relámpagos desata la lluvia,
suelta a los vientos de sus silos.

Él hirió a los primogénitos de Egipto,
desde los hombres hasta los animales.
Envió signos y prodigios
—en medio de ti, Egipto—
contra el Faraón y sus ministros.

Hirió de muerte a pueblos numerosos,
mató a reyes poderosos:
a Sijón, rey de los amorreos,
a Hog, rey de Basán,
y a todos los reyes de Canaán.
Y dio su tierra en heredad,
en heredad a Israel, su pueblo.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses.

SALMO 134

Ant. Casa de Israel, bendecid al Señor; tañed para su nombre, que es amable.

Señor, tu nombre es eterno;
Señor, tu recuerdo de edad en edad.
Porque el Señor gobierna a su pueblo
y se compadece de sus siervos.

Los ídolos de los gentiles son oro y plata,
hechura de manos humanas;
tienen boca y no hablan,
tienen ojos y no ven,

tienen orejas y no oyen,
no hay aliento en sus bocas.
Sean lo mismo los que los hacen,
cuantos confían en ellos.

Casa de Israel, bendice al Señor;
casa de Aarón, bendice al Señor;
casa de Leví, bendice al Señor.
fieles del Señor, bendecid al Señor.

Bendito en Sión el Señor,
que habita en Jerusalén.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Casa de Israel, bendecid al Señor; tañed para su nombre, que es amable.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

LECTURA: 1P 5, 1-4

A los presbíteros en esa comunidad, yo, presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a manifestarse, os exhorto: Sed pastores del rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo, gobernándolo no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por sórdida ganancia, sino con generosidad; no como déspotas sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño. Y cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.

RESPONSORIO BREVE

R/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.
V/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.

R/ El que entregó su vida por sus hermanos.
V/ El que ora mucho por su pueblo.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Éste es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Éste es el criado fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que le reparta la ración a sus horas. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Éste es el criado fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que le reparta la ración a sus horas. Aleluya.

PRECES

Glorifiquemos a Cristo, constituido pontífice a favor de los hombres, en lo que se refiere a Dios, y supliquémosle humildemente diciendo:

Salva a tu pueblo, Señor.

Tú que por medio de pastores santos y eximios, has hecho resplandecer de modo admirable a tu Iglesia,
— haz que los cristianos se alegren siempre de ese resplandor.

Tú que, cuando los santos pastores te suplicaban, con Moisés, perdonaste los pecados del pueblo,
— santifica, por su intercesión, a tu Iglesia con una purificación continua.

Tú que, en medio de los fieles, consagraste a los santos pastores y, por tu Espíritu, los dirigiste,
— llena del Espíritu Santo a todos los que rigen a tu pueblo.

Tú que fuiste el lote y la heredad de los santos pastores
— no permitas que ninguno de los que fueron adquiridos por tu sangre esté alejado de ti.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que, por medio de los pastores de la Iglesia, das la vida eterna a tus ovejas para que nadie las arrebate de tu mano,
— salva a los difuntos, por quienes entregaste tu vida.

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común:
Padre nuestro…

ORACION

Señor, tú que has suscitado en san Juan Bosco un padre y un maestro para la juventud, danos también a nosotros un celo infatigable y un amor ardiente, que nos impulse a entregarnos al bien de los hermanos y a servirte a ti en ellos con fidelidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Viernes III de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Dios todopoderoso y eterno: ayúdanos a llevar una vida según tu voluntad, para que podamos dar en abundancia frutos de buenas obras en nombre de tu Hijo predilecto. Que vive y reina contigo. Amen.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Marcos 4,26-34
También decía: «El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega.»
Decía también: «¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos? Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra; pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra.» Y les anunciaba la palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle; no les hablaba sin parábolas; pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado.

3) Reflexión

• Es precioso ver como Jesús, evo, busca en la vida y en los acontecimientos elementos e imágenes que puedan ayudar a la multitud a percibir y experimentar la presencia del Reino. En el evangelio de hoy Jesús, de nuevo, cuenta dos pequeñas historias que acontecen todos los días en la vida de todos nosotros: “La historia de la semilla que crece por si sola” y “La historia del grano de mostaza que crece y se vuelve grande”.
• La historia de la semilla que crece por si sola. El agricultor que planta conoce el proceso: semilla, hilito verde, hoja, espiga, trigo. No usa la hoz antes de tiempo. Sabe esperar. Pero no sabe como la tierra, la lluvia, el sol y la semilla tienen esta fuerza de hacer crecer una planta desde la nada hasta la fruta. Así es el Reino de Dio. Sigue un proceso, tiene etapas e plazos, crece. Va aconteciendo. Produce fruto en un tiempo determinado. Pero nadie sabe explicar su fuerza misteriosa. Nadie es dueño. ¡Solo Dios!
• La historia del grano de mostaza que crece y se vuelve grande. La semilla de mostaza es pequeña, pero crece y, al final, los pajaritos hacen el nido entre sus ramas. Así es el Reino. Comienza bien pequeño, crece y alarga sus ramos para que los pajarillos hagan sus nidos. Empezó con Jesús y unos pocos discípulos. Jesús fue perseguido y calumniado, preso y crucificado. Pero creció y sus ramas se fueron extendiendo. La parábola deja una pregunta en el aire, pregunta que tendrá una respuesta más adelante en el evangelio: ¿Quiénes son los pajarillos? El texto sugiere que se trata de los paganos que podrán entrar en la comunidad y participar en el Reino.
• El motivo que llevaba Jesús a enseñar por medio de parábolas. Jesús contaba muchas parábolas. ¡Y sacaba todo de la vida de la gente! Así ayudaba a las personas a descubrir las cosas de Dios en la vida de cada día. Volvía lo cotidiano transparente. Ya que lo extraordinario de Dios se esconde en las codas ordinarias y comunes de la vida de cada día. La gente entendía las cosas de la vida. En las parábolas recibía la llave para abrirla y encontrar los signos de Dios.

4) Para la reflexión personal

• Jesús no explica las parábolas. Cuenta las historias y provoca en nosotros la imaginación y la reflexión del hallazgo. ¿Qué descubrió usted en estas dos parábolas?
• El que la vida se vuelva transparente es el objetivo de las parábolas. A lo largo de los años, ¿la vida de usted se ha vuelto más transparente o ha ocurrido lo contrario?

5) Oración final

Piedad de mí, oh Dios, por tu bondad,
por tu inmensa ternura borra mi delito,
lávame a fondo de mi culpa,
purifícame de mi pecado. (Sal 51,3-4)

Comentario – Viernes III de Tiempo Ordinario

Jesús habla de su tema de predilección, el Reino de Dios, y lo hace usando diversas comparaciones que ponen de manifiesto los múltiples aspectos de esta misteriosa y exuberante realidad. Decía: El Reino de los cielos se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. De nuevo, la imagen del sembrador. Pero esta vez no se detiene a valorar los diferentes tipos de terreno que reciben la semilla, sino la potencialidad inherente a la misma semilla, que funciona en cierto modo como autónoma, es decir, que tiene su propia capacidad de germinación y de crecimiento. Él duerme de noche, y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómoLa tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Una vez que el sembrador ha esparcido la semilla, puede dar por terminada su tarea. La germinación y el crecimiento dependen ya de la propia semilla y su interna potencialidad y de la tierra que la acoge como en su seno. Tanto el tallo, como la espiga y el grano, serán fruto de esta simbiosis que prospera sin que el sembrador tenga que intervenir, y sin que él sepa cómo acontece esta milagrosa génesis de vida. La tierra fecundada (por la simiente) va produciendo la cosecha ella sola.

Comparar el Reino con este acontecer productivo es concederle una potencialidad extraordinaria. Para que esto suceda tiene que haber alguien que siembre la semilla, pero una vez sembrada, se desencadena un proceso que no necesita siquiera de la supervisión del sembrador. Basta con poner en contacto la semilla con la tierra para que ésta germine y se pueble de espigas. Así es el Reino o acontecer de la Palabra de Dios sembrada en el corazón humano.

Por eso es también comparable con un grano de mostaza: la más pequeña de las semillas. Pero aun siendo tan pequeña en sus orígenes (al momento de la siembra), acabará convirtiéndose en un arbusto más alto que las demás hortalizas, capaz de echar ramas tan grandes que hasta los pájaros podrán cobijarse y anidar en ellas. El Reino de los cielos es, pues, algo muy pequeño en sus comienzos, pero que luego crecerá y adquirirá notables proporciones: tan grandes que podrán dar cobijo a los que quieran refugiarse en él. Ello explica que se diga que está dentro de nosotros, como una pequeña semilla en el seno de la tierra; pero también que extenderá sus ramas más allá de nosotros, como creando un complejo entramado de redes sociales, o que fermentará como levadura toda la masa. La levadura es cuantitativamente insignificante en comparación con la masa, pero tiene un poder de transformación muy superior al de la masa que fermenta. También esta comparación nos habla de la potencia congénita de esta realidad germinal llamada a crecer en el espacio en que se deposita: en primer lugar, la persona, pero también la sociedad en que la persona vive y convive.

Confiemos en el poder de esta realidad «atómica» que Cristo nos ha traído a la tierra con su palabra y su fuerza creadora: el Reino de Dios que ya ha comenzado a germinar en nuestros corazones, el amor de Dios al que no podrán hacer frente nunca, aunque lo pretendan, las fuerzas contrarias, las fuerzas del mal. Dejemos que se apodere suavemente de nosotros. Nada nos podrá hacer más dichosos.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

El amor y la familia

259. Los jóvenes sienten con fuerza el llamado al amor, y sueñan encontrar la persona adecuada con quien formar una familia y construir una vida juntos. Sin duda es una vocación que Dios mismo propone a través de los sentimientos, los deseos, los sueños. Sobre este tema me detuve ampliamente en la Exhortación Amoris laetitia e invito a todos los jóvenes a leer especialmente los capítulos 4 y 5.

La misa del domingo: misa con niños

1.- ENTRADA

Hoy, celebramos la Presentación de Jesús en el templo, su presencia en esta casa y también su presencia en medio de nosotros. Hemos venido aquí con la confianza de encontrarnos con el Señor, de recibir la ilusión para nuestro vivir y de escuchar una palabra suya que nos ayude a ser mejores.

Juntos vamos a celebrar la eucaristía, juntos vamos a abrir el corazón y juntos vamos a alabar a nuestro Dios. Presentémonos ante El con fe y dispuestos a escucharle. Que sea luz de las naciones, luz de nuestra tierra, luz en nuestras familias y –cómo no– luz de nuestros caminos. Iniciamos esta eucaristía.

2. PENITENCIAL

1 Por las veces que olvidamos la presencia del Señor en nuestras vidas y nos vamos detrás de otras luces que confunden nuestra felicidad. Señor, ten piedad.

2 Perdón porque, no siempre, somos agradecidos con aquellos que intentan presentarnos a Jesús como el Salvador y lo más esperado y grande de nuestras vidas. Cristo, ten piedad

3 Igualmente pedimos al Señor perdón por no abrirle las puertas de nuestros corazones. Por preferir vivir en la oscuridad de la mentira o la vida fácil. Señor, ten piedad.

3. MONICIÓN A LAS LECTURAS

Las lecturas que vamos a escuchar nos habla de cómo el Señor viene hasta nosotros y cómo viene como uno de nosotros: en humanidad. Igualmente, el evangelio, nos recuerda que la Sagrada Familia presenta a Jesús y cómo es reconocido como el esperado de todos los pueblos. Confiemos y escuchemos la Palabra atentamente.

4. OFRENDAS

1 Con estas dos palomas nos presentamos ante el Señor con la humildad de nuestra vida. Que nunca olvidemos que, para ser amigos de Cristo, la puerta que hemos de elegir es la sencillez, la verdad y la entrega. (Palomas vivas o recortadas en papel)

2. Con esta GRAN LÁMPARA queremos representar la luz que es Cristo para todas las naciones y todas las personas que lo buscan. Que no dejemos que se apague la luz de la fe.

3. Con el PAN Y EL VINO presentamos las ofrendas más agradables a Dios. Que por su fuerza y poder los transforme en Cuerpo y Sangre de Cristo.

5. ORACIÓN DE LOS FIELES

1. Por el Papa Francisco, los obispos y todos los que tienen autoridad en la iglesia para que la ejerzan con amor. Roguemos al Señor.

2. Por las familias, para que las relaciones entre padres e hijos se vivan en un clima de confianza, aceptación y amor. Roguemos al Señor.

3. Por los líderes de las naciones para que no olviden de trabajar por el bienestar de todas las personas y especialmente por los más necesitados. Roguemos al Señor.

4. Por los enfermos de nuestra parroquia, los que están en las casas y los hospitales para que confíen en el Señor y nosotros los visitemos. Roguemos al Señor.

5. Por todos los difuntos de la comunidad. Para que sean llevados a la casa y a la compañía del Señor resucitado. Roguemos al Señor.

6. ORACIÓN FINAL

EREZ LUZ, SEÑOR, DE TODOS LOS PUEBLOS
De los que te buscan sinceramente
De los que no quieren vivir en oscuridad
De los que te buscan para amarte
ERES LUZ, SEÑOR, DE TODOS LOS PUEBLOS
El esperado y el que viene hasta nosotros
El que nos salva y nos da su Cuerpo y su Sangre
El que nos cura y sana nuestras heridas
El que pone luz cuando estamos perdidos
ERES LUZ, SEÑOR, DE TODOS LOS PUEBLOS
El que viene silenciosamente a nuestro encuentro
El que nos habla con palabras de amor
El que nos enseña el camino del cielo
ERES LUZ, SEÑOR, DE TODOS LOS PUEBLOS

La misa del domingo

DOMINGO IV DEL T.O./ CICLO A
2 de febrero de 2020

• Sofonías (2, 3;3, 12-13): “Dejaré en ti un resto, un pueblo humilde y pobre que buscará refugio en el nombre del Señor”.

• Sal 145: R/ Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos

• Corintios (1, 26-31): “Lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios”

• Mateo (5, 1-12a): “Bienaventurados. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo”.

ECOS DESDE LOS JÓVENES Y LAS COMUNIDADES

La Iglesia necesita encontrar de nuevo la espiritualidad de Jesús: la del “menor”, la del “pobre”, la de los que viven en apertura a Dios y a los demás.

Nuestro estilo de relaciones no puede ser el de los magnates del mundo: la coacción, el chantaje, la violencia. Ojo a esa manera “elitista” de relacionarnos.

PROPUESTA DE HOMILÍA

“Alegraos y regocijaos porque vuestra recompensa será grande en el cielo”.

Esta frase de Jesús recoge una bendición para todo aquel que se sienta en situación de desánimo, fragilidad o dolor. Unilateralmente Dios toma partido por el pobre.

La pobreza no es una Bendición de Dios.

Son las bienaventuranzas, tantas veces leídas y nunca del todo bien entendidas. En este texto algunos han apreciado una especie de resignación. Si eres pobre no pasa nada…porque en el cielo serás feliz. Dios no bendice la pobreza, ni la desea. La pobreza en sí es maldita porque mata al hombre. Además, es maldita porque es fruto de la desigualdad entre los seres humanos. Digámoslo claramente: hay pobres y miseria porque otros acaparamos mucho más de lo que necesitamos para vivir. La Iglesia, desde los primeros tiempos ha denunciado la pobreza y de paso a quienes la provocan. También hoy en día lo hacemos.

Dios consuela al pobre

¿Qué sentido tienen entonces las bienaventuranzas? ¿Cómo hay que entenderlas?

Cuando Jesús pronunció estas palabras, quería mostrar cómo es el Dios del Reino que anuncia y de paso en qué consiste el Reino de Dios. Jesús nos muestra a un Dios que toma partido por sus hijos más pobres y sufrientes. Es partidista, no es neutral. Y la manera de hacerse solidario con sus hijos es la de sufrir con ellos, compadecerse con ellos y asumir su misma suerte. Precisamente Jesús asumirá la suerte del pobre, del manso, del justo perseguido injustamente. Dios se implica hasta el final en la persona de Jesús. Además de hacerse cargo de la suerte de los pobres y sufrientes, Dios los bendice y les anticipa que el premio aquí en la tierra, y después en el cielo, será El mismo, en persona.

La versión de Mateo, que es la que hoy hemos escuchado, difiere un poco de la versión de Lucas, quien además de plantear cuatro bienaventuranzas, habla de otras cuatro malaventuranzas. Es una diatriba contra los que oprimen y crean las injusticias en el mundo. En esta versión se aprecia la no neutralidad y la severidad del juicio de Dios hacia los que oprimen al necesitado.

Hoy las bienaventuranzas siguen siendo totalmente actuales. La dinámica social y económica es mezquina y denunciable. Vivimos un consumo imparable; padecemos flujos migratorios terribles de seres humanos; la insensibilidad de los países ricos hacia los más pobres bajo la excusa del orden social es intolerable. Como comunidad cristiana debemos alinearnos con una manera de pensar y juzgar más parecida al evangelio, y ser menos complacientes con el pensamiento único, que lo invade todo. Podemos preguntarnos a nivel personal, cómo gastamos, qué uso damos al dinero; cómo nos solidarizamos con los necesitados. También comunitariamente, podemos pensar en cómo activar redes de apoyo para personas en paro, o a para personas sin recursos de nuestro barrio.

Una espiritualidad genuinamente evangélica

Esta mañana el texto nos provoca por dentro. No solo se nos pide caridad. Se nos pide encarnar las mismas actitudes de Jesús. Para ello, lo primero es asumir una manera de ser y de contemplar el mundo netamente evangélica. Mirar el mundo y juzgarlo como lo hace Dios no es sencillo: implica autenticidad y coraje. Necesitamos una espiritualidad que vaya configurándonos personal y comunitariamente. El Papa habla continuamente de la ética del Cuidado.

Cuidar al otro es descentrarnos de nosotros mismos, fijarnos en sus necesidades, acercarnos a él con cariño y al final, ayudarle. El cuidado del otro hace que el evangelio deje de ser una ideología y se convierta en un programa de vida. Necesitamos ser lúcidos como comunidades cristianas para saber prestar esta cercanía y ayuda, sin desistir de denunciar las causas que provocan la desigualdad y proponer un nuevo estilo de dinámica social.

Pidamos al Señor que nos dé la gracia de optar por los pobres y de vivir desde la actitud del cuidado y la sencillez.

Txetxu Villota, sdb

Camino hacia la felicidad (Oración)

CAMINO HACIA LA FELICIDAD

Hola Jesús. La verdad es que hoy me apetece pasear un rato contigo. Sí, como cuando un amigo disfruta de la compañía de otro. Eres cercano, bueno, fiel… vamos, que se está muy bien contigo. Tu amistad me llena de alegría y siempre, después de rezar, como que dan ganas de ser un poquito mejor. Y creo que el evangelio de hoy va un poco por ahí. ¿No?

Cuando Jesús dijo este mensaje estaba delante de muchísima gente. Imagínate que tú también estás entre ellos. Fíjate bien, hay niños, hombres, mujeres, ancianos. Todos van a escuchar con mucha atención. Todos buscan algo, cómo ser felices. ¿Tú quieres ser feliz? Escucha bien.

La lectura es una adaptación del evangelio de Mateo (Mt 5, 1-12):

Un día había ya muchísima gente escuchando a Jesús. No eran los más ricos, ni los más fuertes, ni los más populares. Entonces Jesús se puso a hablarles, y ellos estaban admirados porque les decía:

«Felices los pobres en el espíritu, porque vuestro es el reino de los cielos.

Felices los que lloran, que serán consolados.

Felices los que sufren, que ellos heredarán la tierra.

Felices quienes tienen hambre y sed de justicia, que quedarán llenos.

Felices los que perdonan, porque serán perdonados.

Felices los que miran con ojos limpios, porque ellos verán a Dios.

Felices los que trabajan por la paz, que esos serán llamados Hijos de Dios.

Felices los perseguidos por causa de la justicia. Suyo es el reino de los cielos. Felices vosotros, si os insultan y persiguen por mi causa. Vuestra recompensa será grande en el cielo».

Bueno, ¿qué te parece? ¿Fácil o difícil? Piensa ahora en qué cosas hay en tu día a día que te hacen feliz. En casa, en el colegio, con los amigos… Cosas que te guste hacer y que te llenen de alegría. Todo aquello que hace que se despierte en ti una sonrisa.

Jesús nos quiere tanto, tanto, que desea lo mejor para nosotros. Y nos da unos consejos para que seamos cada día más felices. ¿Te has fijado en ellos? ¿Se parecen a eso que habías pensado tú?

Jesús sabe que hacer el bien no da felicidad. Pero es que te has sentido bien cuando has ayudado a alguien, cuando has perdonado, cuando has hecho sonreír, cuando has contribuido a que halla paz a tu alrededor. Cuando hacemos la vida más fácil al que tenemos al lado, entonces somos felices. Piensa en alguien al que te gustaría hacer feliz. ¿Lo tienes ya? Ahora, mientras escuchas la canción, imagina qué te gustaría hacer para que esa persona en la que has pensado sea más feliz. Seguro que algo puedes hacer.

¡Qué afortunados sois los necesitados hoy,
pues vuestro será el Reino de Dios!
Bienaventurados sois si lloráis y sufrís hoy
pues, de Dios, tendréis consolación.
¡Qué felices sois los mansos,
pues la tierra heredaréis!
Los que deseáis justicia
ese hambre saciaréis.
Muy feliz será aquel que misericordia dé,
porque la misericordia también llegará hasta él.
Muy afortunados sois los de limpio corazón
porque un día a Dios veréis cara a cara, con Él.
Muy afortunados sois los pacificadores hoy,
pues se os llamará ‘hijos de Dios’
Y muy bienaventurados sois si sufrís persecución por ser justos
¡Reinaréis con Dios!
Y feliz el que soporta la mentira, burla y odio perseguido por Mi causa,
pues gran premio tendrá.
Yo soy Luz que os va a alumbrar, soy Pastor que os va a cuidar.
Eres Pan que nos da vida, agua viva, libertad.
Acercaos hoy a mí todos los que estáis cansados y cargados,
pues Yo os haré descansar.
Yo soy el Camino, la Verdad, la Vida soy.
Nadie llegará hasta Dios si no es por ti.
Yo venzo a la muerte: Yo soy la Resurrección.
El que cree en ti, aunque muera, vivirá.

Bienaventurados interpretado por David González «Canta y Ríe».

Feliz seré…

Feliz seré…
…si soy sencillo y no miro con envidia
…si consuelo al que está triste,
…si ayudo al que sufre
…si echo una mano al que lo necesita
…si trabajo por un mundo mejor
…si regalo perdón a todos.
Feliz soy…
…porque Tú me haces feliz, Señor.

<

p style=»text-align:justify;»>Padre nuestro,
que estás en el cielo,

santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Amén.

Comentario al evangelio – Viernes III de Tiempo Ordinario

Ignoramos el criterio seguido por Jesús al buscarse discípulos y seguidores. Lo que tenemos claro son sus “desaciertos” (¿?), pues no llamó al mejor de cada casa: uno le venderá, otro le negará, otros, a la hora de la verdad (la del proceso), le abandonarán y huirán cobardemente (Mc 14,50). Desde nuestros cálculos, habríamos esperado más perspicacia. Pero Jesús no vino precisamente a llamar a los justos, sino a los pecadores (Mc 2,17). La suya es una “política peculiar”: no es un Mesías justiciero, sino que se fía de los pecadores y comparte con ellos su tarea, los hace “pescadores de hombres”.

Pero esto no era nuevo. Ya entre los elegidos por Yahvé en el AT para ser sus grandes mediadores hubo de todo. Junto al intachable Samuel, y profetas heroicos y mártires, encontramos a Moisés y Aarón castigados a no entrar en la tierra prometida por no haber sido modelos de confianza en el Dios que los guiaba (Nm 20,12). ¿Y qué decir de David? Se afirma que Dios le eligió fijándose en su corazón (1Sam 16,7), pues “se había buscado un hombre según su corazón” (1Sam 13,14; Hch 13,22); será el gran depositario de las promesas mesiánicas. Pero la Biblia no disimula su condición de pecador; y no la afirma de pasada, sino en detalle. Dios elige lo que no cuenta para humillar a lo que cuenta, dirá S. Pablo (1Co 1,28); y esto se aplica incluso en el campo de lo moral, de la virtud y del pecado, para que no quede resquicio a la autosuficiencia humana o religiosa. David, encargado de guiar al pueblo elegido, es adúltero y asesino.

Cambiando de tema, el evangelio nos presenta a Jesús afanado en infundir esperanza en sus adeptos. Estamos seguramente en la primera época de su ministerio, la “primavera galileana”, la de las Bienaventuranzas, cuando aún apenas hay signos de oposición. Pero los seguidores van cayendo en la cuenta de sus propias ruindades y rencillas. ¿Tiene sentido que Jesús anuncie que llega el Reino de Dios? ¿Que, a partir de aquel grupito de miserables, pueda siquiera despuntar algo grandioso? Ante tales dudas, él los invita a creer en el Dios que, según una oración que ellos conocen, “lo da a sus amigos mientras duermen” (Sal 127,2). Deben confiar en la acción, callada pero eficaz, del Padre, en “su gran amor que todo lo engrandece”, como dice un himno de vísperas. ¡De una semilla imperceptible hace surgir todo un árbol! Es algo superior a cualquier esfuerzo o poder humano; falla toda comparación o cálculo.

A veces nos falta profundidad en la mirada. Jesús, perspicaz y reflexivo, se fijaba en los pequeños detalles, e invitaba a sus seguidores a mirar así. Debían intuir lo contenido potencialmente en una semilla minúscula, en un poquito de levadura…, quizá también en pequeños actos de servicio entre sus discípulos, en gestos de perdón, en sentimientos de compasión. Eso era ya el despuntar de un mundo nuevo y grandioso, gracias a los corazones de los discípulos ya renovados por la palabra de Jesús mismo.

 

Severiano Blanco cmf