II Vísperas – Santa María, Madre de Dios

II VÍSPERAS

SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Señor Jesús, el hombre en este suelo
cantar quiere tu amor,
y, junto con los ángeles del cielo,
te ofrece su loor.

Este Jesús en brazos de María
es nuestra redención;
cielos y tierra con su brazo unía
de paz y de perdón.

Tú eres el Rey de paz, de ti recibe
su luz el porvenir;
Ángel del gran Consejo, por ti vive
cuanto llega a existir.

A ti, Señor, y al Padre la alabanza,
y de ambos el Amor.
Contigo al mundo llega la esperanza;
a ti gloria y honor. Amén.

SALMO 121: LA CIUDAD SANTA DE JERUSALÉN

Ant. ¡Qué admirable intercambio! El Creador del género humano, tomando cuerpo y alma, nace de una virgen y, hecho hombre sin concurso de varón, nos da parte en su divinidad.

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundad
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,

según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. ¡Qué admirable intercambio! El Creador del género humano, tomando cuerpo y alma, nace de una virgen y, hecho hombre sin concurso de varón, nos da parte en su divinidad.

SALMO 126

Ant. Cuando naciste inefablemente de la Virgen, se cumplieron las escrituras: descendiste como el rocío sobre el vellón para salvar a los hombres. Te alabamos, Dios nuestro.

Si el Señor no construye la casa, 
en vano se cansan los albañiles; 
si el Señor no guarda la ciudad, 
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores: 
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos; 
su salario, el fruto del vientre:
son saetas en manos de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
No quedará derrotado cuando litigue 
con su adversario en la plaza.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cuando naciste inefablemente de la Virgen, se cumplieron las escrituras: descendiste como el rocío sobre el vellón para salvar a los hombres. Te alabamos, Dios nuestro.

CÁNTICO de EFESIOS: EL DIOS SALVADOR

Ant. En la zarza que Moisés vio arder sin consumirse, reconocemos tu virginidad admirablemente conservada. Madre de Dios, intercede por nosotros.

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante Él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Este es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. En la zarza que Moisés vio arder sin consumirse, reconocemos tu virginidad admirablemente conservada. Madre de Dios, intercede por nosotros.

LECTURA: Ga 4, 4-5

Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción.

RESPONSORIO BREVE

R/ La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.
V/ La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.

R/ Y acampó entre nosotros.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. ¡Dichoso el vientre que te llevó, oh Cristo, y dichosos los pechos que te criaron, oh Señor y Salvador del mundo! Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. ¡Dichoso el vientre que te llevó, oh Cristo, y dichosos los pechos que te criaron, oh Señor y Salvador del mundo! Aleluya.

PRECES

Bendigamos a Cristo, el «Dios-con-nosotros», a quien María concibió y dio a luz, y supliquémosle, diciendo:

Hijo de la Virgen María, escúchanos.

Tú que diste a María el gozo de la maternidad,
— concede a todos los padres y madres de familia poder alegrarse en sus hijos.

Rey pacífico, cuyo reino es justicia y paz,
— haz que busquemos siempre lo que lleva a la paz.

Tú que viniste para hacer del género humano el pueblo de Dios,
— haz que todas las naciones alcancen la concordia mutua y vivan como una sola familia.

Tú que al nacer en una familia fortaleciste los vínculos familiares,
— haz que las familias vena crecer su unidad.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que quisiste nacer en nuestro tiempo,
— concede a los difuntos nacer a tu eternidad.

Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común:
Padre nuestro…

ORACION

Dios y Señor nuestro, que por la maternidad virginal de María entregaste a los hombres los bienes de la salvación, concédenos experimentar la intercesión de aquella de quien hemos recibido a tu Hijo Jesucristo, el autor de la vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

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Lectio Divina – Santa María, Madre de Dios

Visita de los Pastores a Jesús y a su Madre
Los marginados son preferidos por Dios

Lucas 2,16-21

1. Oración inicial

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.

Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

2. Lectura

a) Clave de lectura:

El motivo que mueve a José y a María a llegarse a Belén fue un censo impuesto por el emperador de Roma (Lc 2,17). Periódicamente, las autoridades romanas decretaban estos censos en las diversas regiones del inmenso imperio. Se trataba de controlar a la población y saber cuántas personas debían pagar los impuestos. Los ricos pagaban los impuestos sobre los terrenos y bienes que poseían. Los pobres por el número de hijos que tenían. A veces el impuesto total superaba el 50% del rédito de la persona.
En el evangelio de Lucas notamos una diferencia significativa entre el nacimiento de Jesús y el nacimiento de Juan Bautista. Juan nace en su casa, en su tierra, en medio de sus parientes y vecinos y es acogido por todos. (Lc 1,57-58). Jesús nace desconocido, fuera del ambiente familiar y de los vecinos, fuera de su tierra. “ No había puesto para ellos en el mesón”. Debió ser dejado en un pesebre (Lc 2,7).
Intentemos colocar y comentar nuestro texto (Lc 2,16-21) en el amplio contexto de la visita de los pastores (Lc 2,8-21). Durante la lectura tratemos de estar atento a lo que sigue: ¿Cuáles son las sorpresas y contrastes que aparecen en este texto?

b) Una división del texto para ayudarnos en la lectura:

Lucas 2,8-9: Los pastores en el campo, los primeros invitados
Lucas 2,10-12: El primer anuncio de la Buena Noticia se hace a los pastores
Lucas 2,13-14: La alabanza de los ángeles
Lucas 2,15-18: Los pastores van a Belén y cuentan la visión de los ángeles
Lucas 2,19-20: Comportamiento de María y de los pastores ante los hechos
Lucas 2, 21: La circuncisión del pequeño Jesús
Lucas 2,21: La circuncisión del pequeño Gesù

c) Texto:

8 Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño.9 Se les presentó el ángel del Señor, la gloria del Señor los envolvió en su luz y se llenaron de temor. 10 El ángel les dijo: «No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: 11 os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; 12 y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.» 13 Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial que alababa a Dios diciendo:
14 «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace.»
15 Cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: «Vamos a Belén a ver lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado.» 16 Fueron a toda prisa y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. 17 Al verlo, contaron lo que les habían dicho acerca de aquel niño; 18 y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían. 19 María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón. 20 Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, tal como se les había dicho.
21 Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le puso el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno.

3. Un momento de silencio orante

para que la Palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y en la oración.

a) ¿Qué es lo que más te ha gustado en este texto? ¿Por qué?
b) ¿Cuáles son las sorpresas y contrastes que aparecen en el texto?
c) ¿De qué modo el texto enseña que el pequeño es el más grande en el cielo y el más pobre en la tierra?
d) ¿Cuáles son las conductas de María y de los pastores ante el Misterio de Dios que se les revela?
e) ¿Cuál es el mensaje que Lucas quiere comunicarnos por medio de estos detalles?

5. Para aquéllos que desean profundizar más en el tema

a) Contexto de entonces y de hoy

El texto de esta fiesta de la Madre de Dios (Lc 2,16-21) forma parte de la descripción más amplia del nacimiento de Jesús (Lc 2,1-7) y de la visita de los pastores (Lc 2,8-21). El ángel había anunciado el nacimiento del Salvador, dando una señal para reconocerlo: “Encontraréis un niño envuelto en pañales, y acostado en un pesebre”. Ellos esperaban al Salvador de todo un pueblo y deberán reconocerlo en un niño recién nacido, pobre, que yace entre dos animales. ¡Gran sorpresa!
El plan de Dios acontece de modo inesperado, lleno de sorpresa. Esto sucede hoy también. ¡Un niño pobre será el Salvador del mundo! ¿Te lo puedes creer?

b) Comentario del texto:

Lucas 2,8-9: Los primeros invitados
Los pastores eran personas marginadas, poco apreciadas. Vivían junto con los animales, separados del resto de la humanidad. A causa del contacto permanente con los animales eran considerados impuros. Nunca, nadie les hubiera invitado a visitar a un recién nacido. Pero precisamente a estos pastores aparece el Ángel del Señor para transmitirle la gran noticia del nacimiento de Jesús. Ante la aparición de los ángeles ellos se llenan de temor.

Lucas 2,10-12: El primer anuncio de la Buena Nueva
La primera palabra del ángel es: ¡No temáis! La segunda es: ¡Gozo para todo el pueblo! La tercera es: ¡Hoy!Para enseguida dar tres nombres como queriéndonos indicar quien es Jesús: ¡Salvador, Cristo y Señor!¡Salvador es aquél que libera a todos de todo lo que les ata! A los gobernantes de aquel tiempo les gustaba usar el título de Salvador. Ellos mismos se atribuían el título de Soter = Salvador). Cristo significa ungido o mesías. En el Viejo Testamento éste era el título que se le daba a los reyes y a los profetas. Era también el título del futuro Mesías que cumpliría las promesas de Dios con respecto al pueblo. Esto significa que el recién nacido, que yace en un pesebre, viene a realizar la esperanza del pueblo. ¡Señor era el nombre que se daba a Dios mismo! Aquí tenemos los tres títulos más grandes que se pueda imaginar. A partir de este anuncio del nacimiento de Jesús Salvador Cristo Señor, imagínate alguno con una categoría más elevada. El ángel te dice: “¡Atención! Te doy esta señal de reconocimiento: encontrarás a un niño en un pesebre, en medio de los pobres!” ¿Tú lo creerías? ¡El modo como Dios obra es diverso del nuestro!

Lucas 2,13-14: Alabanza de los ángeles: Gloria a Dios en lo más alto del cielo, Paz en la tierra a los hombres en quienes Él se complace
Una multitud de ángeles aparece y desciende del cielo. Es el cielo el que se plega sobre la tierra. Las dos frases del versículo resumen el proyecto de Dios, su plan. La primera dice qué sucede en el mundo de arriba: Gloria Dios en lo más alto del cielo. La segunda dice lo que sucederá en el mundo de aquí abajo: ¡Paz en la tierra a los hombres que Él ama! Si la gente pudiera experimentar lo que verdaderamente significa ser amados por Dios, todo cambiaría y la paz habitaría en la tierra. Y sería ésta la mayor gloria de Dios que vive en lo más alto.

Lucas 2, 15-18: Los pastores van hasta Belén y cuentan la visión de los ángeles
La Palabra de Dios no es un sonido producido por la boca. Es sobre todo ¡un acontecimiento! Los pastores dicen literalmente: “Vayamos a ver esta palabra que se ha verificado y que el Señor nos ha manifestado” En hebreo, la expresión DABAR puede significar al mismo tiempo palabra y cosa (acontecimiento), generado por la palabra. La palabra de Dios tiene fuerza creadora. Cumple lo que dice. En la creación dijo Dios: “¡Hágase la luz! ¡Y la luz se hizo!” (Gén 1,3). La palabra del ángel a los pastores es el acontecimiento del nacimiento de Jesús.

Lucas 2,19-20: Conducta de María y de los pastores ante los hechos, ante la palabra
Lucas añade enseguida que “ María conservaba estas palabras (acontecimientos) meditándolos en su corazón”. Son dos modos de percibir y acoger la Palabra de Dios: (i) Los pastores se levantan y van para ver los hechos y verificar en ellos la señal que se les había dado por el ángel, y después, vuelven a sus rebaños glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían visto y oído. (ii) María, por su parte, conservaba con cuidado todos los acontecimientos en la memoria y los meditaba en su corazón. Meditar las cosas significa rumiarlas e iluminarlas con la luz de la Palabra de Dios, para así llegar a entender mejor todo el significado para la vida.

Lucas 2,21: La circuncisión y el Nombre de Jesús
De acuerdo con una norma de la Ley, el pequeño Jesús es circuncidado el octavo día después de su nacimiento (cf Gén 17,12). La circuncisión era una señal de pertenencia al pueblo. Daba identidad a la persona. En esta ocasión cada niño recibía su nombre (cf Lc 1,59-63). El niño recibe el nombre de Jesús que le había sido dado por el ángel, antes de ser concebido. El ángel había dicho a José que el nombre del niño debía ser Jesús “él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1,21). El nombre de Jesús es Cristo, que significa Ungido o Mesías. Jesús es el Mesías esperado. Un tercer nombre es Emmanuel, que significa Dios con nosotros (Mt 1,23). ¡El nombre completo es Jesús Cristo Emmanuel!

c) Ampliando informaciones:

María en el evangelio de Lucas

i) La función de los dos primeros capítulos del Evangelio de Lucas:

Se trata de dos capítulos bastantes conocidos, pero pocos profundizados. Lucas los escribe imitando los escritos del Viejo Testamento. Es como si estos dos capítulos fuesen los últimos del Viejo Testamento abriendo la puerta para la llegada del Nuevo Testamento. En estos capítulos nos hace sentir el perfume de un ambiente de ternura y alabanza. Del principio al fin, se alaba y canta la misericordia de Dios que, finalmente, viene a cumplir sus promesas. Lucas nos muestra cómo Jesús, cumple el Viejo Testamento iniciando el Nuevo Testamento. Y lo cumple a favor de los pobres, de los anawim, de aquéllos que sabrán esperar su venida: Isabel, Zacarías, José, Simeón, Ana , los pastores. Por esto, los dos primeros capítulos no son historia según el sentido que hoy le damos a la historia. Sirven mucho más como un espejo, en el que los destinatarios, los cristianos convertidos del paganismo, podían descubrir quién era Jesús y cómo había venido para realizar las profecías del Viejo Testamento, respondiendo a las más profundas aspiraciones del corazón humano. Era espejo también de lo que estaba acaeciendo en las comunidades del tiempo de Lucas. Las comunidades venidas del paganismo nacerán de las comunidades de los judíos convertidos. Pero ellos eran diferentes. El Nuevo Testamento no correspondía a lo que el Viejo Testamento imaginaba y esperaba. Era “la señal de contradicción” (Lc 2,34), causaba tensión y era fuente de muchos dolores. En la conducta de María, Lucas presenta un modelo de cómo las comunidades podían reaccionar y perseverar en el Nuevo.

ii) La clave de lectura:

En estos dos capítulos Lucas presenta a María como modelo para la vida de las comunidades. La clave nos viene dada en aquel episodio en la que una mujer del pueblo elogia a la madre de Jesús. Jesús modifica el elogio y dice : “Dichosos aquéllos que escuchan la palabra de Dios y la guardan” (Lc 11,27-28) Aquí está la grandeza de María. Es en el modo en el que María sabe referirse a la Palabra de Dios en el que las comunidades contemplan el modo más correcto de relacionarse con la Palabra de Dios: acogerla, encarnarla, vivirla, profundizarla, rumiarla, hacerla nacer y crecer, dejarse plasmar por ella, aun cuando no se entienda o cuando nos hace sufrir. Es ésta la visión que subyace en los dos títulos de los capítulos 1 y 2 del Evangelio de Lucas, que hablan de María, la madre de Jesús.

iii) Aplicando la clave a los textos:

1. Lucas 1,26-38:
La Anunciación: “¡Hágase en mí según tu palabra!
Saber abrirse, de modo que la Palabra de Dios sea acogida y se encarne.

2. Lucas 1,39-45
La Visitación: ¡Dichosa la que ha creído!”
Saber reconocer la Palabra de Dios en los hechos de la vida

3. Lucas 1,46-56:
El Magnificat: “¡El Señor ha hecho cosas grandes en mí!”
Un canto subversivo de resistencia y esperanza

4. Lucas 2,1-20:
El Nacimiento: “Ella conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”
No había puesto para ellos. Los marginados acogen la Palabra

5. Lucas 2,21-32:
La Presentación: ¡Mis ojos han visto tu salvación!”
Los muchos años purifican los ojos

6. Lucas 2,33-38:
Simeón y Ana: “Una espada te traspasará el alma”
Ser cristianos quiere decir ser señales de contradicción

7. Lucas 2,39-52:
A los doce años: “¿No sabíais que yo debo ocuparme de las cosas de mi Padre?”
¡Ellos no entendieron lo que les decía!

iv) Los contrastes que más resaltan en nuestro texto:

1. En las tinieblas de la noche brilla una luz (2,8-9)
2. El mundo arriba, el cielo parece envolver a nuestro mundo aquí abajo (2,13)
3. La grandeza de Dios se manifiesta en la pequeñez de un niño (2,7)
4. La gloria de Dios se hace presente en un pesebre, junto a animales (2,16)
5. El miedo provocado por la repentina aparición del ángel se convierte en alegría (2,9-10)
6. Las personas marginadas de todo son las primeras invitadas (2,8)
7. Los pastores reconocen a Dios presente en un niño (2,20)

6. Rezar con el Salmo 23 (22)

“¡El Señor es mi pastor!”

Yahvé es mi pastor, nada me falta.
En verdes pastos me hace reposar.
Me conduce a fuentes tranquilas,
allí reparo mis fuerzas.

Me guía por cañadas seguras
haciendo honor a su nombre.
Aunque fuese por valle tenebroso,
ningún mal temería,
pues tú vienes conmigo;
tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas ante mí una mesa,
a la vista de mis enemigos;
perfumas mi cabeza,
mi copa rebosa.
Bondad y amor me acompañarán
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa de Yahvé
un sinfín de días.

7. Oración final

Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver. Haz que nosotros como María, tu Madre, podamos no sólo escuchar, sino también poner en práctica la Palabra. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo por todos los siglos de los siglos. Amén.

Lectura continuada del Evangelio de Marcos

Marcos 12, 18-23

18Y vienen a él unos saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le preguntaban diciendo: 19“Maestro, Moisés nos prescribió que si el hermano de uno muere y deja esposa pero no deja hijos, que el hermano tome la esposa de 20 aquel y suscite descendencia a su hermano. Eran siete hermanos; y el primero tomó esposa y, al morir, no dejó descendencia; 21y el segundo la tomó y murió sin dejar descendencia; y el tercero lo mismo; 22y ninguno de los siete 23 dejó descendencia. Finalmente, también la mujer murió. En la resurrección, cuando resuciten, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete la tenían como mujer”.

Tras contestar una pregunta que lo ha introducido en el ámbito mundano de las monedas, los impuestos y la política (12,13-17), Jesús responde ahora a una pregunta que lo traslada al ámbito ultramundano de la resurrección por medio de una discusión sobre el matrimonio y sus consecuencias póstumas. Jesús había tratado un tema relacionado con el matrimonio (el divorcio) en un relato polémico anterior, en 10,2-9; y existen sorprendentes semejanzas entre la estructura y el contenido de ambos pasajes. En ambos, el punto de partida son las leyes sobre el matrimonio de la Ley, de la Torá; se invoca a Moisés tanto por parte de Jesús como de sus oponentes; los oponentes de Jesús apelan al Deuteronomio, pero Jesús recurre a unos pasajes anteriores de la Torá (Gn 1,27; 2,24 en el primer caso; Ex 3,6, en el segundo); los oponentes de Jesús acentúan la autoridad de Moisés, mientras que Jesús hace hincapié en lo que Dios ha hecho o hará, y supone que esto último es compatible con las Escrituras de Moisés correctamente entendidas; Jesús diagnostica el problema de sus oponentes como defecto de percepción (dureza de corazón en un caso; ignorancia, en el otro): este defecto les impide interpretar la Escritura correctamente. Internamente el pasaje está estructurado cuidadosamente. Se divide en dos partes: la pregunta de los saduceos (12,18-23) y la respuesta de Jesús (12,24-27). A pesar de esta distinción, las dos partes están unidas estrechamente por su estructura.

• 12,18-23: Como los fariseos y herodianos en el pasaje anterior, los saduceos se acercan ahora a Jesús con una pregunta capciosa. Aunque no sean directamente acusados de «tentar» a Jesús, como los fariseos y herodianos (12,15), es evidente que son culpables, puesto que para poner una zancadilla a Jesús le formulan una pregunta cuyo presupuesto, la realidad de la resurrección, contradice sus propias creencias. Marcos subraya este desequilibrio recordando a sus lectores que los saduceos no creen en la resurrección de los muertos (12,18). Puesto que la creencia negada -a diferencia de la noción común helenística de la inmortalidad del alma- implica la recuperación póstuma del cuerpo, surgen naturalmente preguntas sobre aquellos con quienes se han establecido vínculos físicos en esta vida, sobre todo los esposos. ¿Continúan las relaciones conyugales, y si es así, de qué modo?

Esta es una pregunta natural, pero los saduceos la plantean de una manera poco natural: la formulación de un caso hipotético ideado para ridiculizar la creencia en la resurrección de los muertos. El caso tiene su punto de partida en una institución que los estudiosos han denominado «levirato» (del latín levir = «el hermano del marido»). Según esta antigua costumbre israelita, un hombre cuyo hermano casado ha muerto sin dejar hijos, ha de casarse con la esposa de su hermano difunto y suscitar descendencia a su hermano (cf. Gn 38,8; Dt 25,5). Esta práctica parecía ya derogada dentro del Antiguo Testamento mismo por Lv 18,16; 20,21, pero parece que era común en el período de Jesús.

Comentario – Santa María, Madre de Dios

Proclamar a María, una criatura de Dios, «Madre de Dios», como hace el dogma efesino y la liturgia de la Iglesia Católica en este día, aunque resulte paradójico, no hace sino reafirmar nuestra fe en el misterio de la Encarnación, misterio de la Navidad. No es sino afirmar que lo nacido de María, su hijo, no es otro que el mismo Hijo de Dios, la segunda persona de la Trinidad, en su condición de hombre. Hay tal identidad entre el Hijo de Dios y el (hijo) nacido de María, que se puede afirmar con rotundidad que María es Madre de Dios(=Theotokos) o también Madre del Hijo de Dios (= Dios) hecho hombre. No sólo Madre de esa humanidad (=Anthropotokos), sino Madre del ‘sujeto’ que soporta esa humanidad, puesto que no hay humanidad (= naturaleza) sin sujeto o supuesto de esta naturaleza.

San Pablo habla de un «tiempo cumplido» o del cumplimiento de una promesa en su tiempo. Se trata del tiempo del «envío» del Hijo por parte de Dios. Y hace coincidir este tiempo (o kairós) con el momento del Nacimiento de una mujer. Llegado el tiempo previsto, Dios envía a su Hijo al mundo naciendo en él «ex muliere» (= de una mujer). Es el momento histórico que describe el evangelio: tiempo en que los pastores fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al niño acostado en un pesebre. Y tras haber visto y oído, los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios.

Aquellos pastores encontraron correspondencia entre lo que les habían dicho y lo que ellos pudieron constatar viendo y oyendo por sí mismos. Y esto provocó en ellos la alabanza a Dios, esto es, el reconocimiento de lo que Dios es por sí mismo, reconocimiento de su grandeza, de su bondad, de su misericordia: una reedición del Magnificat. La alabanza divina, como cualquier alabanza, brota de la contemplación de aquello (un paisaje, un rostro, una obra de arte, Dios) que resulta admirable. Y Dios es esencialmente admirable, lo más admirable para el que es capaz de contemplarlo. La alabanza traduce, pues, un sentimiento de ‘admiración’. Por eso, cuando alabamos (con los labios) sin estar admirados es que, en realidad, no estamos alabando. Hay un fondo de mentira en nuestra alabanza verbal.

En cualquier caso, ni siquiera la visión de lo visto por ellos suple a la fe. En este mundo la visión nunca suple a la fe. Es algo que puede ayudar a creer, pero nunca sustituye a la fe. Para ver en el niño acostado en el pesebre al Hijo de Dios, aquellos pastores tuvieron que hacer, como nosotros, un acto de fe. Y es que los ojos simplemente no pueden ver en el ‘rostro’ de ese niño al Hijo de Dios (ni siquiera al Mesías anunciado). El misterio que se oculta tras ese rostro sólo se descubre a los ‘ojos de la fe’, no a los de la carne. Pero precisamente ahí, en lo invisible a los ojos de la carne, reside la verdad de esa carne, de ese recién nacido, según se deja traslucir en los acontecimientos (anteriores y posteriores) de su misma historia.

San Pablo nos ayuda a adentrarnos más en ese misterio (y en su verdad). Nos dice «para qué» envió Dios a su Hijo naciendo de una mujer. No se limita, por tanto, a testificar el ‘hecho’ (envío/nacimiento), sino que ofrece su interpretación del mismo remitiéndose a esa teo-lógica que es la lógica del amor de Dios, indicándonos así el funcionamiento de la mente divina. Lo envió –nos dice- para rescatar a los que estaban bajo la ley, y añade: para que recibiéramos el ser hijos por adopción. La recepción filial exige primero un rescate. No se puede ser vivir como hijos de Dios, si estamos todavía viviendo bajo el imperio de la ley. ¿De qué ley habla aquí el Apóstol? Sin duda, de la ley bajo la que ha nacido Jesús, la Ley judía, esa ley que le manda circuncidarse, ofrecer sacrificios, observar el Sábado, acudir en peregrinación al Templo de Jerusalén…, pero quizá también de ese régimen político-religioso que impera en su tiempo, y probablemente de cualquier régimen legal posible.

Prestemos atención a este razonamiento: Si el Hijo nos ha sido enviado para hacer de nosotros hijos de Dios (por adopción, pero verdaderos hijos) es para que vivamos como tales, es decir, para que no tengamos que vivir nuestra relación con Dios (la religión) como simples cumplidores transgresores de una Ley o de unas leyes, aun siendo éstas divinas. La Ley en cuanto tal manda o prohíbe hacer algo, pero no da el espíritu (ni el estímulo) necesario para cumplir lo que manda. La Ley, por tanto, puede hacer cumplidores o transgresores, pero no hijos. Aquí se trata de otra cosa. Aquí se trata de ser hijos y de vivir como tales. Y para eso necesitamos algo más que una ley; porque ser hijos no es algo que se adquiere con una simple subscripción jurídica o registro legal; es mucho más: es recibir el ser (= la vida) de hijos por parte de quien puede darlo. San Pablo identifica este vivir como hijos con una vida en régimen de libertad. Y no es que en este régimen no haya ley. La hay; pero la ley tiene ya un rostro, y éste es el rostro de un Padre bueno, que manda hacer lo que es bueno para nosotros y que espera de nosotros una obediencia filial, propia de hijos.

Los mandamientos de la Ley de Dios siguen vigentes, pero ya no pueden ser vistos como una simple imposición legal de alguien que tiene el poder y el reino, sino como normas de conducta emanadas de una voluntad paternal –no sólo imperial- que no persigue otra cosa que el bien de sus hijos y que, además, da la fuerza (el Espíritu) para cumplirlas. El amor que suponemos en Dios, y el que brota en nosotros en correspondencia a ese amor sembrado en nuestras vidas, lo facilita todo; facilita el cumplimiento de sus mandamientos y la aceptación de su voluntad. En ello tenemos ocasión de demostrarle nuestro amor y nuestra gratitud, nuestro deseo de agradarle, como sucede analógicamente con nuestros padres terrenos. Y vivir en el amor –aunque no sin normas- es vivir en un régimen de libertad: un régimen en el que las normas se asumen voluntariamente como la mejor manera de conducirse en la vida: un régimen en el que el amor (y lo que se hace por amor) sobrepuja toda indicación o imposición normativa. Por amor (a sus padres), uno está dispuesto a hacer mucho más de lo que manda cualquier norma o ley. Esto es vivir como hijos: vivir movidos por el amor a Dios nuestro Padre.

Pero ¿qué no hacer por Aquél que nos lo ha dado todo con su Hijo? Por Aquél que nos lo ha dado todo con su Hijo podemos hacer todo lo que no sea contrario al espíritu de su Hijo. Porque si somos hijos de Dios, lo somos en el Hijo, no sin él. Y si hijos, herederos. En cuanto herederos, tenemos derecho a esperar la misma herencia recibida por su Hijo Jesucristo: la vida eterna, la gloria, el cielo. Más no cabe esperar. Pues vivamos esta hermosa realidad con admiración concentración, como María. Y en permanente acción de gracias. Sin olvidar nunca que tenemos por Padre al mismo Dios. ¿Hay algo mejor que pueda darnos la paz y pueda ponernos en paz con todos?

 

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

Una pastoral popular juvenil

230. Además de la pastoral habitual que realizan las parroquias y los movimientos, según determinados esquemas, es muy importante dar lugar a una “pastoral popular juvenil”, que tiene otro estilo, otros tiempos, otro ritmo, otra metodología. Consiste en una pastoral más amplia y flexible que estimule, en los distintos lugares donde se mueven los jóvenes reales, esos liderazgos naturales y esos carismas que el Espíritu Santo ya ha sembrado entre ellos. Se trata ante todo de no ponerles tantos obstáculos, normas, controles y marcos obligatorios a esos jóvenes creyentes que son líderes naturales en los barrios y en diversos ambientes. Sólo hay que acompañarlos y estimularlos, confiando un poco más en la genialidad del Espíritu Santo que actúa como quiere.

Comentario Domingo II de Navidad

Oración preparatoria

¡Gracias, Padre, por tu Hijo! Él se encarnó para decirnos que tú nos amas, que quieres que vivamos con talante de hijos tuyos y de hermanos entre nosotros. ¡Gracias por María, la Madre, que con su docilidad a tu Palabra fue la Madre y la discípula que hizo posible la encarnación de tu Verbo!

Hoy nosotros también cantamos con esperanza y alegría: ¡GLORIA a Dios en el cielo y en la tierra PAZ! Que el poder de tu Espíritu siga suscitando profetas valientes, hombres y mujeres entregados a construir un mundo conforme a tu Proyecto de amor.

AMEN.

 

Jn 1, 1-18

«1En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. 2La Palabra en el principio estaba junto a Dios. 3Por medio de la Palabra surgió todo, y sin ella no surgió nada de lo que ha surgido.

4En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. 5La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.

6Surgió un hombre enviado por Dios, cuyo nombre era Juan: 7éste venía para un testimonio, para que testimoniase acerca de la luz, para que todos creyeran por me- dio de él. 8No era él la luz, sino testimonio de la luz.

9La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, 10en el mundo estaba; el mundo surgió por medio de ella, y el mundo no la conoció. 11Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. 12Pero a cuantos la recibieron, les dio autoridad para llegar a ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre. 13Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.

14Y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.

15Juan testimonia acerca de él y grita diciendo: “Éste es de quien dije: El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo”.

16Porque de su plenitud todos nosotros hemos recibido gracia tras gracia. 17Porque la ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. 18A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único de Dios, que está en el seno del Padre es quien lo ha dado a conocer».

¡PALABRA DEL SEÑOR!

 

CONTEXTO

El evangelio de hoy es el comienzo del evangelio de Juan, el llamado “Prólogo”. Se trata de un impresionante y solemne himno cristológico, convenientemente trabajado por el evangelista para conferirle su estilo y su teología. Otros himnos similares encontramos en Ef 1,1-14, Col 1,1-20, Flp 2,6-11. Juan nos sitúa “en el principio”, evocando el comienzo de la Historia, de la Historia de la salvación, de la Biblia (Gn 1,1), cuando la Palabra de Dios hizo salir del caos el cosmos, de la oscuridad la luz y la vida. En ese “principio” ya existía la Palabra, el Verbo de Dios ya estaba “hacia Dios” porque el Verbo, la Palabra “era Dios”. En este primer versículo del Prólogo de Juan se condensa la profunda teología del cuarto evangelio. Continúa presentando el testimonio de Juan y su ‘encuentro’ con Jesús (1,19-34).

 

TEXTO

Lo podemos estructurar en tres partes: a) una introducción para presentar la Palabra (vv. 1-3); b) la primera parte (formada por 3 pequeñas unidades) tiene como centro el testimonio de Juan (vv. 6-8), acompañado de unos versículos precedentes (vv. 4-5) y siguientes (vv. 9-13), en los que destacan la luz (vida), como cualidad de la Palabra y las reacciones ante ella; c) la segunda parte (también formada por 3 pequeñas unidades) tiene también como centro el testimonio de Juan (v. 15), acompañado de un versículo precedente (v. 14) y otros siguientes (vv. 16-18), en los que destaca la gracia que nos proporciona el Hijo Único del Padre. 8 veces se cita la Palabra y 8 veces se cita Dios; 2 veces se cita Hijo Único y 2 veces se cita Padre (identificación total); 6 veces se cita luz (+ 1 vez “alumbrar”, del mismo campo semántico); 4 veces, gracia y testimonio-testimoniar. Las repeticiones suelen indicar importancia. Texto denso, profundo, sugerente; central en la propuesta evangeliza- dora de Juan.

 

ELEMENTOS A DESTACAR

• Jesús es la Palabra y la Palabra es Dios: así lo afirma con solemnidad el comienzo de nuestro evangelio. La identificación es tal que coinciden “hasta en el número de menciones”. Jesús debe tener una autoridad esencial en la vida de los creyentes, mayor que la de cualquier otro tipo de persona, de idea, de plan.

• Jesús es la Palabra y la Palabra es luz y vida. “Dios” y “día” tienen el mismo origen etimológico, en el que se unen esencialmente la luz y la vida. Así, Jesús nos ilumina para que nuestra vida sea una vida plena y abundante (cf. Jn 10,10). Aceptar a Jesús supone entrar en un proceso de recreación para llegar a ser, plenamente, hijos de Dios. ¿Captamos bien todas las posibilidades que nos ofrece la fe en Jesús? ¿Las experimentamos?

• Jesús es la Palabra y la Palabra se hace carne. Jesús vivió como nosotros, fue uno de nosotros y, por eso, tenemos también la posibilidad, la oferta, el reto… de vivir como Él vivió, para lo que Él vivió. También nosotros podemos y debemos encarnarnos en la realidad, en la Historia, en la Iglesia y continuar la vida de Jesús, la obra de Jesús.

• Jesús es la Palabra y la Palabra está llena de gracia y verdad, que se nos ofrece generosa y gratuitamente. La gracia, el don, consiste en poder conocer y experimentar al Dios Padre, que crea la vida, la alimenta, la protege, la recrea. Nuestra actitud debe unir al compromiso la confianza (= fe); al momento presente, la esperanza.

• La figura de Juan Bautista está presente en el centro de las dos partes del prólogo. Tiene una consideración más bien “negativa”: él no es la luz // el que iba detrás de él, pasa delante de él. Más allá de referencias históricas (problemas reales entre los seguidores de Juan Bautista y de Jesús), el texto nos sugiere que Jesús tiene que “ir a más” y el precursor “a menos”: que en nuestra vida, Jesús tiene que crecer y nuestros intereses personales, que menguar. Pero el texto insiste en el testimonio y en el testimoniar: ése es el valor del Bautista. Y esa insistencia nos hace preguntarnos por nuestro testimonio, por nuestro ser testigos de Jesús hoy y aquí.

 

Paso 1 Lectio: ¿Qué dice el texto? Atiende todos los detalles posibles. Imagina la escena. Destaca todos los elementos que llaman la atención o te son muy significativos. Disfruta de la lectura atenta. Toma nota de todo lo que adviertas.

Paso 2 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a través del texto? Atiende a tu interior. A las mociones (movimientos) y emociones que sientes. ¿Algún aspecto te parece dirigido por Dios a tu persona, a tu situación, a alguna de tus dimensiones?

Paso 3 Oratio: ¿Qué le dices a Dios gracias a este texto? ¿Qué te mueve a decirle? ¿Peticiones, alabanza, acción de gracias, perdón, ayuda, entusiasmo, compromiso? Habla con Dios…

Paso 4 Actio: ¿A qué te compromete el texto? ¿Qué ha movido la oración en tu interior? ¿Qué enseñanza encuentras? ¿Cómo hacer efectiva esa enseñanza?

La Madre

María conservaba todas estas cosas.

A muchos puede extrañar que la Iglesia haga coincidir el primer día del nuevo año civil con la fiesta de Santa María Madre de Dios. Y sin embargo, es significativo que, desde el siglo iv, la Iglesia, después de celebrar solemnemente el nacimiento del Salvador, desee comenzar el año nuevo bajo la protección maternal de María, Madre del Salvador y Madre nuestra.

Los cristianos de hoy nos tenemos que preguntar qué hemos hecho de María estos últimos años, pues probablemente hemos empobrecido nuestra fe eliminándola demasiado de nuestra vida.

Movidos, sin duda, por una voluntad sincera de purificar nuestra vivencia religiosa y encontrar una fe más sólida, hemos abandonado excesos piadosos, devociones exageradas, costumbres superficiales y extraviadas.

Hemos tratado de superar una falsa mariolatría en la que, tal vez, sustituíamos a Cristo por María y veíamos en ella la salvación, el perdón y la redención que, en realidad, hemos de acoger desde su Hijo.

Si todo ha sido corregir desviaciones y colocar a María en el lugar auténtico que le corresponde como Madre de Jesucristo y Madre de la Iglesia, nos tendríamos que alegrar y reafirmar en nuestra postura.

Pero, ¿ha sido exactamente así? ¿No la hemos olvidado excesivamente? ¿No la hemos arrinconado en algún lugar oscuro del alma junto a las cosas que nos parecen de poca utilidad?

Un abandono de María, sin ahondar más en su misión y en el lugar que ha de ocupar en nuestra vida, no enriquecerá jamás nuestra vivencia cristiana sino que la empobrecerá. Probablemente hemos cometido excesos de mariolatría en el pasado, pero ahora corremos el riesgo de empobrecemos con su ausencia casi total en nuestras vidas.

María es la Madre de Cristo. Pero aquel Cristo que nació de su seno estaba destinado a crecer e incorporar a sí numerosos hermanos, hombres y mujeres que vivirían un día de su Palabra y de su gracia. Hoy María no es sólo Madre de Jesús. Es la Madre del Cristo total. Es la Madre de todos los creyentes.

Es bueno que, al comenzar un año nuevo, lo hagamos elevando nuestros ojos hacia María. Ella nos acompañará a lo largo de los días con cuidado y ternura de madre. Ella cuidará nuestra fe y nuestra esperanza. No la olvidemos a lo largo del año.

José Antonio Pagola

¿Qué me quiere decir hoy Jesús?

Prólogo de Juan – Juan 1, 1-18

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Paalabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino y en el mundo estaba; el mundo se hizo por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad….

Explicación

Por medio de Jesús, Dios no ha hablado de un modo especial, y por eso decimos que Jesús es la mejor Palabra de Dios. Esa palabra se hizo humanidad en el niño nacido de María de Nazaret. Unos le acogieron y otros le rechazaron. Y a cuantos le recibieron les ha descubierto que son hijos amados de Dios y que tienen un Padre estupendo. Quienes rechazaron a Jesús, no lo podrán saber, pero con todo, también ellos son hijos queridos de Dios. Lo cierto es que Dios vino a vivir con nosotros, a través de Jesús. Eso quiere decir que puso su tienda entre nosotros. Se hizo muy cercano. Cada año en la Navidad lo recordamos de modo especial y con alegría hacemos una fiesta grande.

Comentario al evangelio – Santa María, Madre de Dios

Para entender bien algunas cosas, hay que remontarse a los orígenes. Por ejemplo, para comprender cómo se comporta una persona, es muy útil conocer qué es lo que más recibió de pequeña –abrazos, caprichos o golpes-, o para entender lo que hace un grupo en el presente, es bueno saber de dónde viene, en qué contexto surgió, quién estuvo en sus comienzos. El origen condiciona el presente, siendo la base desde donde se desarrolla la libertad.

Hoy el Evangelio nos remonta a los orígenes: “En el Principio…”. Y si damos crédito a esta palabra, lo que hubo en el principio nos podrá aclarar algo sobre el presente.

Y ¿qué hubo “en el Principio”?

“En el Principio” había Silencio. Porque para que resuene algo, tiene que haber silencio. El silencio de un universo aún sin proyecto, sin comienzo. El gran silencio donde se sueñan los grandes sueños… para que un día puedan llegar a ser realidad. El silencio del amor con el que se miran los enamorados, con esa mirada cómplice donde no hacen falta las palabras. El Silencio del Amor del Dios trinitario.

“En el Principio” había Palabra. La palabra, el contenido, que irrumpe y crea la realidad. Crea, organiza, recrea… La Palabra que deshace el caos y que ordena la vida. La Palabra que expresa lo que Dios soñó, que no es otra cosa que la imagen acabada de su ser en relación: el Hijo.

“En el Principio” había Vida. La Vida en abundancia es el proyecto de Dios para el mundo. Personificada en su Hijo, esa Vida está llamada a desarrollarse, en todas sus dimensiones, entre nosotros. Y para ello, Dios ha venido a nosotros y nos ha hecho co-creadores de vida.

“En el Principio” había Luz. Luz que alumbra, que ilumina, que da seguridad, que orienta, que quita las cegueras… Luz para vivir…

Si “en el Principio” hubo Silencio, Palabra, Vida y Luz, es porque estamos llamados al silencio, a la palabra, a la vida y a la luz. No te conformes con menos. No vivas del ruido, de la incomunicación, de la muerte ni de las tinieblas. Ni dejes que otros lo hagan. Díselo de manera que lo entiendan. Como Juan Bautista en su tiempo: “no era la luz, sino testigo de la luz”. También a ti se te ha dado ser, a tu medida y en tu contexto, “testigo de la luz”. ¡Qué grande! Que en el año que comienza mañana puedas avanzar en este camino personal y misionero.

Luis Manuel Suárez CMF