Comentario al evangelio – San Basilio y San Gregorio

Para entender bien algunas cosas, hay que remontarse a los orígenes. Por ejemplo, para comprender cómo se comporta una persona, es muy útil conocer qué es lo que más recibió de pequeña –abrazos, caprichos o golpes-, o para entender lo que hace un grupo en el presente, es bueno saber de dónde viene, en qué contexto surgió, quién estuvo en sus comienzos. El origen condiciona el presente, siendo la base desde donde se desarrolla la libertad.

Hoy el Evangelio nos remonta a los orígenes: “En el Principio…”. Y si damos crédito a esta palabra, lo que hubo en el principio nos podrá aclarar algo sobre el presente.

Y ¿qué hubo “en el Principio”?

“En el Principio” había Silencio. Porque para que resuene algo, tiene que haber silencio. El silencio de un universo aún sin proyecto, sin comienzo. El gran silencio donde se sueñan los grandes sueños… para que un día puedan llegar a ser realidad. El silencio del amor con el que se miran los enamorados, con esa mirada cómplice donde no hacen falta las palabras. El Silencio del Amor del Dios trinitario.

“En el Principio” había Palabra. La palabra, el contenido, que irrumpe y crea la realidad. Crea, organiza, recrea… La Palabra que deshace el caos y que ordena la vida. La Palabra que expresa lo que Dios soñó, que no es otra cosa que la imagen acabada de su ser en relación: el Hijo.

“En el Principio” había Vida. La Vida en abundancia es el proyecto de Dios para el mundo. Personificada en su Hijo, esa Vida está llamada a desarrollarse, en todas sus dimensiones, entre nosotros. Y para ello, Dios ha venido a nosotros y nos ha hecho co-creadores de vida.

“En el Principio” había Luz. Luz que alumbra, que ilumina, que da seguridad, que orienta, que quita las cegueras… Luz para vivir…

Si “en el Principio” hubo Silencio, Palabra, Vida y Luz, es porque estamos llamados al silencio, a la palabra, a la vida y a la luz. No te conformes con menos. No vivas del ruido, de la incomunicación, de la muerte ni de las tinieblas. Ni dejes que otros lo hagan. Díselo de manera que lo entiendan. Como Juan Bautista en su tiempo: “no era la luz, sino testigo de la luz”. También a ti se te ha dado ser, a tu medida y en tu contexto, “testigo de la luz”. ¡Qué grande! Que en el año que comienza mañana puedas avanzar en este camino personal y misionero.

Luis Manuel Suárez CMF

Anuncio publicitario

Meditación – San Basilio y san Gregorio

Celebramos la memoria de San Basilio y San Gregorio, obispos.

La lectura de hoy es del evangelio de Juan (Jn 1, 19-28):

Éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron adonde estaba él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: «¿Quién eres tú?». El confesó, y no negó; confesó: «Yo no soy el Cristo». Y le preguntaron: «¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías?». El dijo: «No lo soy». «¿Eres tú el profeta?». Respondió: «No». Entonces le dijeron: «¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?». Dijo él: «Yo soy voz del que clama en el desierto: Rectificad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías».

Los enviados eran fariseos. Y le preguntaron: «¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo ni Elías ni el profeta?». Juan les respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis, que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia». Esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

Hoy, en el Evangelio de la liturgia eucarística, leemos el testimonio de Juan el Bautista. El texto que precede a estas palabras del Evangelio según san Juan es el prólogo en el que se afirma con claridad: «Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros» (Jn 1,14). Aquello que en el prólogo —a modo de gran obertura— se anuncia, ahora en el Evangelio, paso a paso, se manifiesta. El misterio del Verbo encarnado es misterio de salvación para la humanidad: «La gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo» (Jn 1,17). La salvación nos viene por Jesucristo, y la fe es la respuesta a la manifestación de Cristo.

El misterio de la salvación en Cristo está siempre acompañado por el testimonio. Jesucristo mismo es el «Amén, el Testigo fiel y veraz» (Ap 3,14). Juan Bautista es quien da testimonio, con su misión y mirada de profeta: «En medio de vosotros está uno (…) que viene detrás de mí» (Jn 1,26-27). Y los Apóstoles así entienden la misión: «A este Jesús, Dios le resucitó; de lo cual todos nosotros somos testigos» (Hch 2,32).

La Iglesia toda ella, y por tanto todos sus miembros, tenemos la misión de ser testigos. El testimonio que nosotros traemos al mundo tiene un nombre. El Evangelio es el mismo Jesucristo. Él es la “Buena Nueva”. Y la proclamación del Evangelio a lo largo de todo el mundo hay que entenderla también en clave de testimonio que une inseparablemente el anuncio y la vida. Es conveniente recordar aquellas palabras del papa Pablo VI: «El hombre contemporáneo escucha mejor a quienes dan testimonio que a quienes enseñan (…), o, si escuchan a quienes enseñan, es porque dan testimonio».

Mons. Romà CASANOVA i Casanova Obispo de Vic

Liturgia – San Basilio y Gregorio

JUEVES. SANTOS BASILIO MAGNO Y GREGORIO NACIANCENO, obispos y doctores de la Iglesia, memoria obligatoria

Misa de la memoria (blanco)

Misal: Antífonas y oraciones propias. Prefacio de Navidad o del común.

Leccionario: Vol. II

  • 1Jn 2, 22-28. Lo que habéis oído desde el principio permanezca en vosotros.
  • Sal 97.Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios.
  • Jn 1, 19-28.El que viene detrás de mí.

Antífona de entrada          Eclo 44, 15. 14
Los pueblos hablarán de su sabiduría, la asamblea proclamará su alabanza y su nombre vive por generaciones.

Monición de entrada
Celebramos hoy la memoria de san Basilio Magno y san Gregorio Nacianceno, obispos y doctores de la Iglesia. Basilio nació el año 330 en Cesarea de Capadocia, actual Turquía, de donde fue obispo. Apodado «Magno» por su doctrina y sabiduría, enseñó a los monjes la meditación de la Escritura, el trabajo en la obediencia y la caridad fraterna, ordenando su vida según las reglas que él mismo redactó. Con sus notables escritos educó a los fieles y brilló por su trabajo pastoral en favor de los pobres y de los enfermos. Falleció el día 1 de enero del año 379.

Gregorio, amigo suyo, nació cerca de Nacianzo el mismo año que Basilio. Fue obispo de Sancina, en Constantinopla, y finalmente de Nacianzo. Defendió con vehemencia la divinidad del Verbo, y mereció por ello ser llamado «Teólogo». Murió el 25 de enero del año 389 o 390.

Acto penitencial
Nosotros también estamos llamados, como los santos Gregorio y Basilio , a la santidad de vida; sin embargo, fallamos a menudo en nuestro camino hacia ella. Por eso, iniciamos la celebración de los sagrados misterios de la Eucaristía pidiendo perdón a Dios por nuestros pecados.

• Tú eres la Palabra de Dios hecho hombre. Señor, ten piedad.
• Tú eres la imagen de Dios invisible. Cristo, ten piedad.
• Tú eres el Santo de Dios. Señor, ten piedad.

Oración colecta
OH, Dios,
que te has dignado instruir a tu Iglesia
con el ejemplo y doctrina
de los santos obispos Basilio Magno y Gregorio Nacianceno,
haz que aprendamos humildemente tu verdad
y la vivamos fielmente en la caridad.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración de los fieles
Oremos al Señor.

1.- Para que la Iglesia sepa dar respuesta a quienes preguntan por Cristo. Roguemos al Señor.

2.- Para que los hombres descubran los signos de la presencia de Dios en el mundo. Roguemos al Señor.

3.- Para que la Buena Noticia sea predicada en todo el mundo, hasta los últimos confines de la tierra. Roguemos al Señor.

4.- Para que nosotros permanezcamos siempre en comunión con Cristo y demos, a través de nuestras obras, testimonio de su venida al mundo. Roguemos al Señor.

Acuérdate, Señor, de tu misericordia y fidelidad a favor de nosotros. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración sobre las ofrendas
ACEPTA, Señor, este sacrificio de tu pueblo,
y haz que aquello que ofrecemos a tu gloria
en honor de los santos Basilio Magno y Gregorio Nacianceno,
nos sirva para la salvación eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión           Cf. 1 Cor 1, 23-24
Nosotros predicamos a Cristo crucificado: fuerza de Dios y sabiduría de Dios.

Oración después de la comunión

DIOS todopoderoso,
que la mesa celestial
robustezca y acreciente la fuerza de lo alto
en quienes celebramos la festividad de los santos Basilio y Gregorio,
para que guardemos íntegro el don de la fe
y caminemos por la senda de la salvación
que se nos ha revelado.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Santoral 2 de enero

BASILIO Y S. GREGORIO NACIANCENO, (obispos y doctores de la Iglesia (Siglo IV)

Una curiosa definición de vocación se la debemos a Jorge Sans Vila: la vocación es un microbio. Sí, algo que se contagia de padres a hijos, entre amigos, entre hermanos. (Por poner el ejemplo que mejor conozco, los que escribimos este Año Cristiano somos cuatro hermanos sacerdotes).

En la familia de San Basilio la santidad era una herencia. Sus padres fueron San Basilio y Santa Emelia. Su abuela, Santa Macrina. Sus hermanos, Santa Macrina, San Pedro de Sebaste y San Gregorio Niseno.

San Basilio nació en Cesárea de Capadocia el año 330. Estudió en Constantinopla y en Atenas, con Juliano el Apóstata y Gregorio Nacianceno. Sobresalió por su gran cultura y virtud entre todos sus compañeros.

Buen viajero, recorrió Siria, Palestina, Mesopotamia, el Ponto y Egipto. Quería conocer bien la vida religiosa, entonces floreciente en aquellas regiones. Así se convirtió en el gran impulsor y organizador del monacato en Oriente con sus famosas Reglas monásticas, como Benito en Occidente.

No se limitó a vivir como un monje y organizar a los monjes. Nombrado obispo de Cesárea, su ciudad natal, brilló como un astro fulgente, tanto que ya antes de su muerte, el 1 de enero del año 379, le dieron el nombre de Basilio el Grande. Se distinguió por su preocupación social, por sus numerosos escritos, por su oratoria arrebatadora, por su santidad, que apreciaban tanto cristianos, como judíos y paganos. En sus sermones tronaba contra los ricos que entronizaban al dios dinero, olvidándose de los necesitados.

La vida de San Gregorio Nacianceno tiene un notable paralelismo con la de San Basilio. Gregorio era también de la región de Capadocia, y se le llama Nacianceno por haber nacido junto a Nacianzo, el mismo año que Basilio. Estudiaron juntos en Atenas, fue también monje y más tarde es nombrado patriarca de Constantinopla. Presidió el Concilio Constantinopolitano I, que fue el II ecuménico. En él se definió la divinidad del Espíritu Santo, contra Macedonio, y se proclamó el credo de la Misa, llamado niceno- constantinopolitano.

Sus vidas, además de paralelas, son también complementarias. Basilio es más activo y emprendedor. Gregorio tenía más marcada afición al estudio, a la poesía y a la oración. Por eso renuncia a su sede y vuelve a su pueblo natal, para dedicarse sobre todo a la oración y a sus escritos teológicos, lejos del mundanal ruido. Murió el año 389, diez años más tarde que Basilio. Fue llamado el teólogo, por su rica doctrina y su elocuencia.

Como Gregorio le sobrevivió, escribió un elocuente sermón en alabanza de Basilio, en el que resalta la hondura, la fecundidad y calidad de su mutua amistad. «Nos movía un mismo deseo de saber, actitud que suele ocasionar profundas envidias, y sin embargo carecíamos de envidia. En cambio teníamos en gran aprecio la emulación. Contendíamos entre nosotros, no para ver quién era el primero, sino para averiguar quién cedía al otro la primacía. Cada uno de nosotros consideraba la gloria del otro como propia».

«Una sola tarea y afán había para ambos, y era la virtud, así como vivir para las esperanzas futuras, de tal modo que, aun antes de haber partido de esta vida, pudiese decirse que habíamos emigrado ya de ella. Ese fue el ideal que nos propusimos, y así tratábamos de dirigir nuestra vida y todas nuestras acciones, dóciles a la dirección del mandato divino, acuciándonos mutuamente en el empeño de la virtud. Y, a no ser que decir esto vaya a parecer arrogante en exceso, éramos el uno para el otro la norma y regla con la que se discierne lo recto de lo torcido».

Otros Santos de hoy: Isidoro, Macario, Narciso, Adelardo, Pedro, Marcelino.

Justo y Rafael Mª López-Melús

Santoral 2 de enero

EL SANTO NOMBRE DE JESÚS

 

“Le darás el nombre de Jesús, porque El va a salvar a su pueblo del .pecado» (Mt 1, 21). El occidente celebra la fiesta del nombre de Jesús, el domingo que separa la Circuncisión de la Epifanía; en los años en que dicho domingo no existe, la fiesta pasa al 2 de enero. Así como en el crucifijo material honramos toda la Pasión de Cristo resumida en un símbolo, de igual manera el nombre de Jesús nos recuerda todo lo que está simbolizado en él (cf. Filp 2, 9-10). «Hablando de él, nos sentimos iluminados; pensando en él, recibimos el alimento de nuestras almas; invocándole, encontramos la paz», como dice San Bernardo de Claraval, uno de los hombres que han hablado más sentida y profundamente del nombre de Jesús.

El Concilio de Lyons prescribió en 1274 una devoción especial al nombre de Jesús, y el beato Gregorio X comisionó especialmente a la Orden de Predica- dores para propagarla. Pero quienes más hicieron por difundirla, a pesar de la gran oposición que encontraron, fueron dos minoritas: San Bernardino de Sena y San Juan de Capistrano, quienes popularizaron el uso del monograma IHS, simple abreviación del nombre de Jesús (Ihesus). El hecho de que la Compañía de Jesús adoptara ese monograma como parte de su divisa, contribuyó a su mayor difusión. La Santa Sede concedió a los Franciscanos, en 1530, la celebración de la fiesta del Santo Nombre, y el uso se fue extendiendo paulatinamente. En 1721, se convirtió en fiesta universal de la Iglesia de occidente; pero pocos años después, la comisión encargada de la reforma del Breviario recomendó al Papa Benedicto XIV que la suprimiera del calendario general. La fiesta actual es una especie de repetición de la Circuncisión; las lecciones del tercer nocturno de maitines están tomadas del sermón de San Bernardo sobre este misterio.

Es interesante notar que el Nombre de Jesús figura en el calendario del Book of Common Prayer, el 7 de agosto, es decir, en la fecha que escogieron algunos obispos ingleses y escoceses, cuando adoptaron la fiesta, al fin de la Edad Media. Por otra parte, la traducción del bello himno de Vísperas Jesu dulcís memoria, hecha por el P. Edward Caswall, ha contribuido a que los protestantes conozcan, probablemente mejor que los católicos, ese poema anónimo frecuentemente atribuido, por error, a San Bernardo. Las Letanías del Santo Nombre de Jesús, que en realidad son más bien un comentario de los atributos del Salvador que de su Nombre, provienen tal vez de San Bernardino y San Juan Capistrano. Mons. Challoner las llama simplemente, Letanías de Nuestro Señor Jesucristo en la edición original de Jardín del alma.


Ver Acta Sanctorum, octubre, vol. X, pp. 319-320; C. Stengel, Sacrosancti nonuni.; Jesu cultus et miracula (1613); las vidas de San Bernardino de Sena; F. G. Holweck, Calendarium liturgicum festorum Dei et Dei Matris (1925); y el número de enero de 1952 de La Vie Spirituelle. Para la tradición oriental sobre el Santo Nombre, ver La Priére de Jésus (Chevetogne, 1951). En Histoire da bréviare de S. B’áumer, vol. n (1905), c. 12 (traducida del alemán, con algunas adiciones, por R. Biron) se encontrará una vista de conjunto de la obra y los proyectos de la comisión para la reforma del Breviario bajo Benedicto XIV, a la que aludimos en el artículo.

Alban Butler

Laudes – San Basilio Magno y San Gregorio Nicianceno

LAUDES

SAN BASILIO MAGNO Y SAN GREGORIO NICIANCENO, Obispos y doctores de la Iglesia

Basilio (330-379) fue obispo de su ciudad natal, Cesarea de Capadocia. Luchador contra los arrianos y escritor notable.
Gregorio (330-390?) fue obispo de Constantinopla, sede a la que renunció. Gran teólogo por su doctrina y elocuencia.

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Señor, ábreme los labios.
R/. Y mi boca proclamará tu alabanza

INVITATORIO

Se reza el invitatorio cuando laudes es la primera oración del día.

Ant. Venid, adoremos al Señor, fuente de la sabiduría.

SALMO 94: INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendición al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
«Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso».»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

SALMO 56: ORACIÓN MATUTINA DE UN AFLIGIDO

Ant. Despertad, cítara y arma; despertaré a la aurora.

Misericordia, Dios mío, misericordia,
que mi alma se refugia en ti;
me refugio a la sombra de tus alas
mientras pasa la calamidad.

Invoco al Dios altísimo,
al Dios que hace tanto por mí:
desde el cielo me enviará la salvación,
confundirá a los que ansían matarme,
enviará su gracia y su lealtad.

Estoy echado entre leones
devoradores de hombres;
sus dientes son lanzas y flechas,
su lengua es una espada afilada.

Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu gloria.

Han tendido una red a mis pasos
para que sucumbiera;
me han cavado delante una fosa,
pero han caído en ella.

Mi corazón está firme, Dios mío,
mi corazón está firme.
Voy a cantar y a tocar:
despierta, gloria mía;
despertad, cítara y arpa;
despertaré a la aurora.

Te daré gracias ante los pueblos, Señor;
tocaré para ti ante las naciones:
por tu bondad, que es más grande que los cielos;
por tu fidelidad, que es más grande que los cielos;
por tu fidelidad, que alcanza a las nubes.

Elévate sobre el cielo, Dios mío,
y llene la tierra tu gloria.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Despertad, cítara y arma; despertaré a la aurora.

CÁNTICO de JEREMÍAS: FELICIDAD DEL PUEBLO REDIMIDO

Ant. «Mi pueblo se saciará de mis bienes», dice el Señor.

Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla en las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como un pastor a su rebaño;
porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte.»

Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor:
hacia el trigo y el vino y el aceite,
y los rebaños de ovejas y de vacas;
su alma será como un huerto regado,
y no volverán a desfallecer.

Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas;
alimentaré a los sacerdotes con enjundia,
y mi pueblo se saciará de mis bienes.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. «Mi pueblo se saciará de mis bienes», dice el Señor.

SALMO 47: HIMNO A LA GLORIA DE DIOS EN JERUSALÉN

Ant. Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios.+

Grande es el Señor y muy digno de alabanza
en la ciudad de nuestro Dios,
+ su monte es santo, altura hermosa,
alegría de toda la tierra:

el monte Sión, vértice del cielo,
ciudad del gran rey;
entre sus palacios,
Dios descuella como un alcázar.

Mirad: los reyes se aliaron
para atacarla juntos;
pero, al verla, quedaron aterrados
y huyeron despavoridos;

allí los agarró un temblor
y dolores como de parto;
como un viento del desierto,
que destroza las naves de Tarsis.

Lo que habíamos oído lo hemos visto
en la ciudad del Señor de los ejércitos,
en la ciudad de nuestro Dios:
que Dios la ha fundado para siempre.

Oh Dios, meditamos tu misericordia
en medio de tu templo:
como tu renombre, oh Dios, tu alabanza
llega al confín de la tierra;

tu diestra está llena de justicia:
el monte Sión se alegra,
las ciudades de Judá se gozan
con tus sentencias.

Dad la vuelta en torno a Sión,
contando sus torreones;
fijaos en sus baluartes,
observad sus palacios,

para poder decirle a la próxima generación:
«Éste es el Señor, nuestro Dios.»
Él nos guiará por siempre jamás.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Grande es el Señor y muy digno de alabanza en la ciudad de nuestro Dios.

LECTURA: Is 49, 8-9a

Te he constituido alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir heredades desoladas, para decir a los cautivos: «Salid», a los que están en tinieblas: «Venid a la luz.»

RESPONSORIO BREVE

R/ El Señor ha revelado; Aleluya, aleluya.
V/ El Señor ha revelado; Aleluya, aleluya.

R/ Su salvación.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ El Señor ha revelado; Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Yacía en el pesebre y resplandecía en el cielo; venía a nosotros y permanecía en el Padre.

Benedictus. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR. Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Yacía en el pesebre y resplandecía en el cielo; venía a nosotros y permanecía en el Padre.

PRECES

Dirijamos nuestras súplicas a Cristo, el hombre celeste, nuevo Adán y espíritu que da vida, y digámosle con fe:

Señor, ten piedad.

Oh Cristo, sol de justicia, que manifestaste tu gloria al hacerte hombre como nosotros para llevar a su plena realización la alianza inaugurada con los patriarcas,
— te pedimos que nos concedas la abundancia de tu luz.

Oh Cristo, que fuiste glorificado por los ángeles, anunciado a los pastores y proclamado por Simeón y Ana,
— haz que el pueblo heredero de las promesas reciba tu Evangelio.

Oh Cristo, en cuyo nacimiento los ángeles anunciaron la gloria en el cielo y la paz en la tierra,
— te pedimos que tu paz se extienda por todo el mundo.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Oh Cristo, nuevo Adán, que renovaste al hombre caduco y nos preparaste una mansión en tu reino,
— te pedimos que levantes la esperanza de los que se sienten oprimidos.

Ya que Dios nos ha adoptado como hijos, oremos al Padre como nos enseñó el Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Señor Dios, que te dignaste a instruir a tu Iglesia con la vida y doctrina de san Basilio Magno y san Gregorio Nacianceno, haz que busquemos humildemente tu verdad y la vivamos fielmente en el amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.