Vísperas – Viernes I de Navidad

VÍSPERAS

VIERNES II DE NAVIDAD

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Te diré mi amor, Rey mío, 
en la quietud de la tarde, 
cuando se cierran los ojos 
y los corazones se abren.

Te diré mi amor, Rey mío, 
con una mirada suave,
te lo diré contemplando
tu cuerpo que en pajas yace.

Te diré mi amor, Rey mío, 
adorándote en la carne,
te lo diré con mis besos, 
quizá con gotas de sangre.

Te diré mi amor, Rey mío,
con los hombres y los ángeles, 
con el aliento del cielo
que espiran los animales.

Te diré mi amor, Rey mío, 
con el amor de tu Madre, 
con los labios de tu Esposa 
y con la fe de tus mártires.

Te diré mi amor, Rey mío,
¡oh Dios del amor más grande! 
¡Bendito en la Trinidad,
que has venido a nuestro valle! Amén.

SALMO 40: ORACIÓN DE UN ENFERMO

Ant. Sáname, señor, porque he pecado contra ti.

Dichoso el que cuida del pobre y desvalido;
en el día aciago lo pondrá a salvo el Señor.

El Señor lo guarda y lo conserva en vida,
para que sea dichoso en la tierra,
y no lo entrega a la saña de sus enemigos.

El Señor lo sostendrá en el lecho del dolor,
calmará los dolores de su enfermedad.

Yo dije: «Señor, ten misericordia,
sáname, porque he pecado contra ti.»

Mis enemigos me desean lo peor:
«A ver si se muere, y se acaba su apellido.»

El que viene a verme habla con fingimiento,
disimula su mala intención,
y, cuando sale afuera, la dice.

Mis adversarios se reúnen a murmurar contra mí,
hacen cálculos siniestros:
«Padece un mal sin remedio,
se acostó para no levantarse.»

Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba,
que compartía mi pan,
es el primero en traicionarme.

Pero tú, Señor, apiádate de mí,
haz que pueda levantarme,
para que yo les dé su merecido.

En esto conozco que me amas:
en que mi enemigo no triunfa de mí.

A mí, en cambio, me conservas la salud,
me mantienes siempre en tu presencia.

Bendito el Señor, Dios de Israel,
ahora y por siempre. Amén, amén.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

SALMO 45: DIOS, REFUGIO Y FORTALEZA DE SU PUEBLO

Ant. El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.

Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar.

Que hiervan y bramen sus olas,
que sacudan a los montes con su furia:

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.

Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora.

Los pueblos se amotinan, los reyes se rebelan;
pero él lanza su trueno, y se tambalea la tierra.

El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra:

Pone fin a la guerra hasta el extremo del orbe,
rompe los arcos, quiebra las lanzas,
prende fuego a los escudos.

«Rendíos, reconoced que yo soy Dios:
más alto que los pueblos, más alto que la tierra.»

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE ADORACIÓN

Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor.

LECTURA: 1Jn 1, 5b.7

Dios es luz sin tiniebla alguna. Si vivimos en la luz, lo mismo que él está en la luz, entonces estamos unidos unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia los pecados.

RESPONSORIO BREVE

R/ La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.
V/ La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.

R/ Y acampó entre nosotros.
V/ Aleluya, aleluya.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ La Palabra se hizo carne. Aleluya, aleluya.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Regocijémonos en el Señor y alegrémonos con júbilo espiritual, porque apareció en el mundo la salvación eterna. Aleluya.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Regocijémonos en el Señor y alegrémonos con júbilo espiritual, porque apareció en el mundo la salvación eterna. Aleluya.

PRECES

Con la llegada de Cristo, floreció y echó raíces el pueblo santo de Dios. Jubilosamente, digamos a nuestro Salvador:

Que tu nacimiento llene de gozo al mundo entero.

Cristo, vida nuestra, que viniste para ser cabeza de la Iglesia,
— sigue promoviendo el crecimiento de tu cuerpo, para que se edifique en el amor.

Tú que quieres ser adorado en una doble naturaleza,
— haznos partícipes de tu divinidad.

Tú que por la encarnación te hiciste nuestro mediador,
— haz que los miembros de la Iglesia se unan más eficazmente a tu ministerio, por la santidad de sus vidas.

Tú que al venir a este mundo instauraste un nuevo orden entre los hombres,
— conduce a todos los pueblos a tu salvación.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que al nacer rompiste las cadenas de la muerte,
— libra a los difuntos de todas sus ataduras.

Con el gozo que nos da el saber que somos hijos de Dios, digamos con plena confianza:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso, tú has dispuesto que por el nacimiento virginal de tu Hijo, su humanidad no quedara sometida a la herencia del pecado: por este admirable misterio, humildemente te rogamos que cuantos hemos renacido, en Cristo, a una vida nueva, no volvamos otra vez a la vida caduca de la que nos sacaste. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Viernes I de Navidad

1) Oración inicial

Señor, que has comenzado de modo admirable la obra de la redención de los hombres con el nacimiento de tu Hijo, concédenos, te rogamos, una fe tan sólida que, guiados por el mismo Jesucristo, podamos alcanzar los premios eternos que nos has prometido. Por nuestro Señor. Amen.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Juan 1,29-34
Al día siguiente ve a Jesús venir hacia él y dice: «He ahí el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es por quien yo dije:
Detrás de mí viene un hombre,
que se ha puesto delante de mí,
porque existía antes que yo.
«Yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea manifestado a Israel.» Y Juan dio testimonio diciendo: «He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre él. Y yo no le conocía pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: `Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo’. Y yo le he visto y doy testimonio de que ése es el Elegido de Dios.»

3) Reflexión

• En el Evangelio de Juan historia y símbolo se mezclan. En el texto de hoy, el simbolismo consiste sobre todo en evocaciones de texto conocidos del Antiguo Testamento que revelan algo respecto de la identidad de Jesús. En estos pocos versos (Jn 1,29-34) hay las siguientes expresiones con densidad simbólica: a) Cordero de Dios; b) Quitar el pecado del mundo; c) Existía antes que yo; d) El descenso del Espíritu como paloma; e) Hijo de Dios.
Cordero de Dios. Este título evocaba la memoria del éxodo. En la noche de la primera Pascua, la sangre del Cordero Pascual, con el que se señalaban las puertas de las casas, constituía para la gente señal de liberación (Es 12,13-14). Para los primeros cristianos Jesús es el nuevo Cordero Pascual que libera a su pueblo (1Cor 5,7; 1P 1,19; Ap 5,6.9).
Quitar el pecado del mundo. Evoca la frase tan bonita de la profecía de Jeremías: “Ya no tendrán que enseñarse mutuamente diciéndose el uno al otro: Conozcan a Yavé. Pues me conocerán todos, del más grande al más humilde. Porque yo habré perdonado su culpa y no me acordaré más de su pecado” (Jer 31,34).
Existía antes que yo. Evoca varios textos de los libros sapienciales, en los que se habla de la Sabiduría de Dios que existía antes de todas las demás criaturas y que estaba junto a Dios como maestro de obras en la creación del universo y que, por fin, fue a morar en medio del pueblo de Dios (Prov 8,22-31; Ec 24,1-11).
El descenso del Espíritu como paloma. Evoca la acción creadora en la que se dice que “el espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas “ (Gén 1,2). El texto de Génesis 1,2 sugiere la imagen de un pájaro que vuela sobre un nido. Imagen de la nueva creación en movimiento bajo la acción de Dios.
Hijo de Dios: es el título que resume todos los demás. El mejor comentario de este título es la explicación del mismo Jesús: “Las autoridades de los judíos respondieron: No te apedreamos por algún bien que hayas hecho, sino porque siendo hombre, insultas a Dios, haciéndote pasar por Dios.» Jesús dijo:»¿No está escrito en la Ley de ustedes: Yo lo digo: ustedes son dioses? Se llama, pues, dioses a los que reciben la palabra de Dios; y no se puede dudar de la Escritura. Entonces, si el Padre me ha consagrado y enviado al mundo, ¿no puedo decir que soy Hijo de Dios sin insultar a Dios? Si yo no cumplo las obras del Padre, no me crean. Pero si las cumplo, aunque no me crean por mí, crean por las obras que hago y sepan de una vez que el Padre está en mí y yo estoy en el Padre.» (Jn 10,33-39)

4) Para la reflexión personal

• Jesús se ofreció a si mismo, completamente, para toda la humanidad, y yo ¿qué puedo ofrecer para ayudar a mi prójimo?
• También nosotros hemos recibido el Espíritu Santo ¿Cuán consciente soy de que soy templo del Espíritu?

5) Oración final

Cantad a Yahvé un nuevo canto,
porque ha obrado maravillas;
le sirvió de ayuda su diestra,
su santo brazo. (Sal 98,1)

Comentario – Viernes I de Navidad

El testimonio de Juan se hace mucho más explícito en este pasaje. Nos dice el evangelista que al ver Juan a Jesús, que venía hacia él, exclamó: Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: «Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo». Yo no lo conocía; pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel. No designa a Jesús como el Mesías, ni como el Profeta; y no es que no le considere tal, pero utiliza un término que define bien su modo de entender el mesianismo de Jesús. Su concreta forma mesiánica será la del Cordero de Dios entregado a la muerte para quitar el pecado del mundo.

El concepto empleado tiene connotaciones proféticas. Ya Isaías describía la misión del Siervo de Yahvé como la de un cordero llevado al matadero, entregado en expiación. Situado en esta perspectiva profética, Juan supo ver antes que ninguno de los discípulos de Jesús la configuración histórica del mesianismo de éste: Jesús no actuaría como un rey victorioso ni como un sacerdote de la antigua Ley, sino como el Cordero de Dios que entrega su vida en acto de humilde obediencia por la salvación del mundo esclavo del pecado. La imagen del «cordero» sugiere la idea de la mansedumbre y la del sacrificio. Decir «cordero manso» es casi una redundancia; y el animal más empleado en los sacrificios rituales de la antigua Alianza era el cordero. Decir de Jesús que es el Cordero de Dios es aludir a ambas cosas: a su actuar con mansedumbre y a su aptitud para el sacrificio. En el mismo sacrificio –en la cruz- culmina su misión de Cordero de Dios, porque es ahí donde se completa su entrega, su acto de amor hasta el extremo: ese acto redentor que nos libera del pecado, otorgándonos la salvación.

Su misión se hace consistir precisamente en esto, en quitar el pecado del mundo, dicho así, en singular, como si se tratara de un poder que tiene al mundo bajo su imperio. Porque el pecado con el que nos podemos pasar la vida peleando es un poder que nos domina o una atadura que nos cuesta mucho disolver. Pues bien, Jesús, el Ungido del Espíritu, venció en su muerte al pecado, que en su vida se había manifestado sólo como tentación, para darnos con su victoria sobre la muerte su mismo poder, el poder de su Espíritu, para someter al pecado presente en nuestras vidas. Sólo recurriendo a ese poder espiritual lograremos la victoria sobre este otro poder maléfico (el pecado; léase, el egoísmo, la arrogancia, la cólera, la envidia, la lujuria, la falta de dominio, etc.), aunque para ello necesitemos todo el tiempo disponible de la vida y únicamente se haga plenamente efectivo en el momento de la muerte.

Juan le presenta como un hombre del que ya ha hablado como «estando delante de él» y como «existiendo antes que él», y ante el cual se siente «indigno de desatarle la correa de las sandalias». Y aunque dice «no conocerle», entiende que su misión y su actividad de «bautizante» están en función de su manifestación a Israel. Él ha salido a predicar y a bautizar con agua precisamente para darlo a conocer a su pueblo. Es lo que hace ahora con su público testimonio, al señalarle como el Cordero de Dios. La manifestación mesiánica de Jesús no dependerá exclusivamente del testimonio de Juan, pero éste será como el aldabonazo de esa manifestación, no sólo porque está en sus inicios, sino también por la fuerza de convicción que entraña. Juan proclama haber contemplado su propia unción: He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y se posó sobre él. Esta visión le reafirma en su convicción. Juan se siente también un enviado. Pues bien, el que le ha enviado a bautizar es el que le ha dicho: Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo.

Tras esta inspiración divina, Juan no puede dudar de que Jesús es realmente el Mesías, el Ungido del Espíritu, el que ha de bautizar con Espíritu Santo (y no sólo con agua). Por eso, porque ya no tiene dudas, lo proclama abiertamente, a pesar de ser un desconocido para él hasta ese momento. Este es el testimonio de Juan en favor de Jesús como Mesías y de su manifestación al pueblo de Israel, un testimonio que sigue teniendo vigencia para nosotros en un doble sentido: en cuanto que nos reafirma en nuestra convicción de Jesús como Hijo de Dios y en cuanto que nos aclara y confirma su modo concreto de actuación mesiánica, como Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. De este Mesías-Cordero no podemos esperar otra cosa sino ésta, que no es desdeñable, que quite el pecado del mundo, empezando por los que tenemos conciencia de aquello para lo que él vino, y con el pecado, la muerte, que es su consecuencia. Digo que «quitar el pecado del mundo» no es tarea desdeñable, porque con el pecado quitará muchas maldades, injusticias y sufrimientos que son consecuencia del mismo. ¡Ojalá que el Señor nos encuentre colaboradores con él en esta tarea!

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

232. En esta misma línea, especialmente con los jóvenes que no crecieron en familias o instituciones cristianas, y están en un camino de lenta maduración, tenemos que estimular el “bien posible”[126]. Cristo nos advirtió que no pretendamos que todo sea sólo trigo (cf. Mt 13,24-30). A veces, por pretender una pastoral juvenil aséptica, pura, marcada por ideas abstractas, alejada del mundo y preservada de toda mancha, convertimos el Evangelio en una oferta desabrida, incomprensible, lejana, separada de las culturas juveniles y apta solamente para una élite juvenil cristiana que se siente diferente, pero que en realidad flota en un aislamiento sin vida ni fecundidad. Así, con la cizaña que rechazamos, arrancamos o sofocamos miles de brotes que intentan crecer en medio de los límites.


[126] Cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 44-45: AAS 105 (2013), 1038-1039.

¿Le acogeremos?

1.- Jesús se encarna por nosotros. Pero vino a los suyos y los suyos no lo recibieron, prefirieron las tinieblas a la luz. Hoy día sigue viniendo a nosotros, ¿por qué no sabemos reconocerlo? Es verdad que celebramos la Navidad, pero más que Navidad son «navidades» en las que es muy difícil identificar la presencia del Niño-Dios. Porque las luces nos deslumbran y no descubrimos la auténtica «luz», porque estamos llenos de cosas que nos impiden profundizar en nuestro interior para descubrirle, porque nos hemos quedado en la envoltura y no hemos descubierto el tesoro que encierra. Hace poco recibí por correo esta «carta» de Jesús:

«Como sabrás, se ha celebrado de nuevo mi cumpleaños. Todos los años se hace una gran fiesta en mi honor y este año ha sucedido lo mismo. En estos días la gente hace muchas compras, hay anuncios en la radio, en la televisión y en todas partes no se habla de otra cosa que de la fiesta de mi cumpleaños. La verdad, es agradable pensar que, al menos un día al año, algunas personas piensan un poco en mí. Como tú sabes hace muchos años que empezaron a festejar mi cumpleaños. Al principio era una forma de comprender y agradecer lo mucho que hice por ellos, pero me da la impresión de que hoy día pocos saben para qué lo celebran. La gente se reúne y se divierte mucho, pero no sabe de qué se trata. Recuerdo que este año, al llegar el día de mi cumpleaños, hicieron una gran fiesta en mi honor. Había cosas muy deliciosas en la mesa, todo estaba decorado y recuerdo que había también muchos regalos; pero ¿sabes una cosa? Ni siquiera me invitaron. Yo era el invitado de honor y ni siquiera se acordaron de invitarme. La fiesta era para mí, y cuando llegó el gran día me dejaron fuera, me cerraron la puerta… y yo quería compartir la mesa con ellos. La verdad es que no me sorprendí porque en los últimos años casi todos me cierran la puerta. Yo quiero celebrarlo, todavía hay tiempo, ¿me abrirás tú la puerta para que entre? Estás todavía a tiempo»

2. – Acampó entre nosotros. La revelación fundamental del evangelio de este domingo, el prólogo de San Juan es que a todos aquellos que le reciben «Dios les da poder para ser hijos suyos». A todos aquellos que son capaces de acogerlo en su corazón, Dios les regala su gracia, que se desborda generosamente. Dios ha querido estar dentro del mundo, no fuera. La gráfica imagen que el evangelista utiliza para describir la encarnación de Dios en el hombre es la de «acampó entre nosotros». No hay derecho a echar a Dios de nuestro mundo, Él está presente en nuestra vida. Es absurdo decir Dios sólo habita en el cielo, pues Él ha querido encarnarse en nosotros. ¿Para qué? No tengo ninguna duda: para enseñarnos a amar. Dios se humaniza, como dice San Agustín, para hacernos a nosotros divinos.

3.- Acoger a Jesús en nuestra vida. Una persona me envió un mensaje de Navidad, que es sobre todo una súplica. Creo que aclara la manera en que tenemos que acoger al Dios que se encarna en nuestras vidas: «En breve va a nacer un niño y será huérfano si no lo adoptas. Me gustaría que lo acogieses en tu hogar junto con tu familia. Tendrá que hacer una limpieza general y quitar trastos para hacerle sitio. Retirar el egoísmo, el consumismo, la comodidad, la soberbia, el encerrarse en uno mismo, el orgullo, la mentira, la indiferencia ante los problemas y alegrías de los demás, la envidia, la cizaña, la rutina, las excusas… Necesitará que creas en El y en lo que puede hacer a través de ti. Con este frío no se te olvide con un tejido muy cálido llamado AMOR, que cuanto más lo repartas a quienes te rodean, más calentito estará. Por cierto, sólo te dejará dormir si siembras PAZ cada día, pues si se te olvida llorará mucho. Pero en el fondo, ya verás cómo será la alegría de la casa. Gracias por ayudar a que este niño tenga un hogar en tu corazón. ¡Su vida depende de ti!».

José María Martín OSA

Misa del domingo: misa con niños

SEGUNDO DOMINGO DESPUÉS DE NAVIDAD
“La Palabra era Dios”

5 de enero de 2020

(En estos domingos, normalmente, suele acudir más gente a la eucaristía, especialmente a última hora de la mañana. Para algunos será la primera eucaristía del nuevo año 2020.

Procuraremos que la ambientación sea festiva: belén, luces, flores de pascua, el Niño Jesús en lugar visible y destacado, los villancicos que suenan como ambientación musical, incluso la campana que invita a acudir o las campanillas en la celebración, la cogida y saludo de felicitación.

Todo tiene sentido cuando se tiende a resaltar el verdadero mensaje de la navidad.

Un signo para la celebración: la imagen del Niño Jesús, que se puede dar a besar al finalizar la eucaristía.

También resaltaremos el momento del saludo de paz, hecho con calma y motivando el saludo de los niños a los padres y de todos los presentes entre sí.

Una canción para la celebración: Algún villancico o canción de navidad más conocida en el propio ambiente. En esta hoja se ofrecen algunas letras de villancicos).

1.- MOTIVACIÓN

Amigos. ¡Qué alegría el reunirnos en estos días para acoger a Dios que se hace Niño! Son días de fiesta, de familia y de regalos. Son días para tener un corazón abierto para recibir el mejor regalo que podemos pensar: el mismo Jesús que se nos da. Bienvenidos todos a la eucaristía. Bienvenidos a los que venís en familia. Ésta es vuestra casa. Es navidad, estamos en un nuevo año y por eso queremos comenzar la eucaristía cantando un villancico.

2.- CANTO DE NAVIDAD (U otro que se conozca mejor. Mientras se canta se puede hacer una pequeña procesión de entrada, trayendo el Niño Jesús, que se colocará en su lugar).

Hoy en la tierra nace el Amor, Hoy en la tierra nace Dios.

Alegría, paz y amor
en la tierra a los hombres. Alegría, paz y amor
esta noche nace Dios.

Alegría, gozo y paz
en la tierra a los hombres.

Alegría, gozo y paz, esta noche es Navidad.

3.- SALUDO DEL SACERDOTE

4.- PETICIÓN DE PERDÓN

  1. Por las veces que somos egoístas con nuestras cosas sin mirar a los que tienen menos. SEÑOR, TEN PIEDAD.
  2. Porlasvecesqueenestosdíasnoshemosenfadadoencasa.CRISTO, TEN PIEDAD.
  3. Por las veces que no escuchamos el mensaje de paz de los ángeles ante el portal de Belén. SEÑOR, TEN PIEDAD.

5.- GLORIA. (Canto del “Gloria” u otro que exprese alegría. Hacerlo de manera festiva. Se pueden hacer sonar las campanillas o tocar pandereta)

Aleluya, aleluya, ha nacido el Salvador.
Aleluya, aleluya, ha nacido el Salvador.

Escuchad, hermanos, una gran noticia:
“hoy en Belén de Judá
os ha nacido un Salvador” (bis).

Escuchad, hermanos, una gran noticia:
“Gloria en los cielos a Dios

y en la tierra al hombre paz” (bis).

6.- PRIMERA LECTURA (Efesios 1, 3-6)
Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Efesios:

Bendito sea Dos, Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes espirituales.

Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de la creación,
para que fuésemos santos en su presencia, por el amor.

Nos predestinó a ser hijos adoptivos suyos por Jesucristo.
Por eso, no ceso de dar gracias a Dios por vosotros, recordándoos en mi oración.

Palabra de Dios.

7.- CANTO RESPONSORIAL (Puede ser un aleluya o el salmo responsorial, repitiendo el estribillo: “La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros”).

8.- EVANGELIO. Juan 1, 1- 18. “Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros”

En el principio ya existía la Palabra,
y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
Por medio de la Palabra se hizo todo. En la Palabra había vida,

y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en la tiniebla,
y la tiniebla no la recibió.
La Palabra era la luz verdadera que alumbra a todo hombre. Al mundo vino,

y el mundo no la conoció.
Vino a su casa
y los suyos no la recibieron.
Y la Palabra se hizo carne,
y acampó entre nosotros,
y hemos contemplado su gloria.

Palabra del Señor.

9.- COMENTARIO

  • Para el comentario, partir de algo vivencial: centrar la atención en el aspecto cristiano de la navidad. Algún hecho de estos días.
  • Cómo has vivido la navidad cristiana en estos días.
  • Comentar algo el evangelio, que puede resultar difícil. (“La Palabra”, lo que Dios siempre nos quiso decir, nos lo ha dicho con Jesús)
  • “Y los suyos no la recibieron”… ¿Y nosotros?
  • ¿Y ante el nuevo año que hemos comenzado? ¿Qué pedirías a Jesús para el nuevo año?

10.- PETICIONES

  1. Por todo el mundo y por la paz entre las naciones, especialmente donde son perseguidos los cristianos. Roguemos al Señor.
  2. Por los niños que no conocen a Jesús, para que le conozcan y quieran. Roguemos al Señor.
  3. Por la Iglesia y por nuestra diócesis, la parroquia, el colegio. Roguemos al Señor.
  4. Por nuestros padres, amigos, familiares, para que les llegue el regalo de nuestra oración. Roguemos al Señor.

11.- OFRENDAS

(Se puede traer ante el portal de Belén algunas ofrendas o signos de navidad. Se podría cantar alguna estrofa de “El Tamborilero”)

12.- BENDICIÓN SOLEMNE DE NAVIDAD

(Se pueden acercar o subir al presbiterio los niños que estén presentes en la Iglesia. Juntos viven este momento).

13.- PARA LA VIDA

(Se felicita el nuevo año. Se invita a que se acerquen los niños al presbiterio y se anima a pasar a besar la imagen del Niño Jesús. Se cantan o se escuchan villancicos).

Iñaki Lete,sdb

Pastores, venid

PASTORES, VENID

En la oración de hoy vamos a rezar con los pastores. Aquellas personas a las que nadie tenía en cuenta y se ocupaban de cuidar animales. A pesar de no ser importantes para casi nadie, el Niño que acaba de nacer tenía grandes sorpresas preparadas para ellos.

Mientras escuchas la lectura, trata de meterte en la escena. Intenta ir sintiendo, hablando, respondiéndote a preguntas que te van surgiendo. Escucha.

La lectura es una adaptación del evangelio de Mateo (Mt 2, 1-12):

Cuando los pastores fueron a Belén, encontraron a María y a José y un niño acostado en un pesebre. Entonces les dijeron a María y a José, lo que les habían dicho los ángeles, que ese niño era Dios. Todos los que oían estaban admirados y muy contentos. María, que guardaba todas esas cosas en su corazón, pensaba en todo eso. Los pastores volvieron a la ciudad fuera de la ciudad, muy contentos por todo lo que habían oído. Cuando llegó el momento, María y José llamaron Jesús al niño como les había dicho el ángel.

Cierra los ojos, imagínate cuidando las ovejas con otros pastores. Al acercarte a Belén, unos ángeles os dicen que ha nacido un niño especial. Una nueva vida que cambiará la de todos. Llegas al pesebre, ¿cómo te sientes? ¿qué les dices a María y a José? ¿Qué haces con Jesús? ¿Le miras? ¿De qué hablas con los otros pastores?

Ahora, comparte con quien tengas más cerca lo que has sentido este rato junto a José, María y el Niño. ¿Cómo has reaccionado? ¿Qué has hecho? ¿Qué has pensado?

Gracias por este rato de oración. Entre tantos días de fiesta se agradece poder pararse un ratito para rezar, estar tranquilo y acompañar a aquellos pastores que, como los reyes magos también llevan sus regalos al recién nacido.

Repetimos al final de cada frase: Pastores venid.

A acompañar al que nace… pastores venid.
A proteger al  que duerme…
pastores venid.
A cuidar al pequeño… pastores venid.
A buscar el perdido… pastores venid.
A estar con los solos… pastores venid.
A acompañar al que sufre… pastores venid.
A ver lo importante… pastores venid.
A descubrir la verdad… pastores venid

Gloria al Padre,
al Hijo y al Espíritu Santo,
como era en el principio,
ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Comentario al evangelio – Viernes I de Navidad

Hoy en el Evangelio, los judíos le preguntan a Juan “¿quién eres?, ¿qué dices de ti mismo?”. A veces a nosotros también nos lo preguntan, directa o indirectamente, o también nosotros mismos nos lo podemos preguntar.

Además de lo que cada uno podríamos decir sobre esas cuestiones, no estaría mal que dejásemos a Dios que respondiese en nosotros, preguntándole: “¿quién soy yo para ti, Señor?”. Seguro que sería más directo, más certero y más justo de lo que a veces somos nosotros –sobrevalorándonos o infravalorándonos. Partiendo de la Palabra de Dios, en algunas de sus resonancias en el Génesis, el Éxodo y los Evangelios, ahí van algunas de las respuestas que Dios nos podría decir:

“Tú eres barro y aliento: esa mezcla improbable de debilidad y hondura, de fragilidad y posibilidad, desde la que desplegarte en todas tus dimensiones”.

“Tú eres un ser vivo, el más evolucionado de entre todos ellos, con inteligencia y afectividad, puesto en el mundo para cuidar la creación y ayudar a que la vida se desarrolle”.

“Tú eres prójimo de tus prójimos, hechos del mismo barro que tú estás hecho, con los que hacer camino, ayudándoos mutuamente a vivir”.

“Tú eres un caminante por el desierto de la vida, con sus oasis y sus jornadas duras. Yo te acompaño cada día, dándote gratis el maná necesario para caminar, en ese viaje hacia la Tierra Prometida que te preparo”.

“…Tú eres hijo mío, en mi Hijo Jesús, porque te cree mirando su boceto, para que llegues a ser feliz siendo, como Él, hijo y hermano”.

Gracias, Señor, por decirme quién soy.
Que yo descubra quién eres Tú
y se lo muestre a otros
para que también ellos
puedan llegar a saber quiénes son
desde tu Palabra”.

Luis Manuel Suárez CMF