Vísperas – Martes II de Navidad

VÍSPERAS

MARTES II DE NAVIDAD

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Confiada mira la luz dorada
que a ti hoy llega, Jerusalén:
de tu Mesías ve la alborada
sobre Belén.

El mundo todo ve hoy gozoso
la luz divina sobre Israel;
la estrella muestra al prodigioso
rey Emmanuel.

Ya los tres magos, desde el Oriente,
la estrella viendo, van de ella en pos;
dan sus primicias de amor ferviente
al niño Dios.

Ofrenda de oro que es Rey declara,
incienso ofrece a Dios su olor,
predice mirra muerte preclara,
pasión, dolor.

La voz del Padre, Cristo, te llama
su predilecto, sobre el Jordán.
Dios en los hombres hoy te proclama
valiente Juan.

Virtud divina resplandecía
del que del agua vino sacó,
cuando el anuncio de eucaristía
Caná bebió.

A darte gloria, Señor, invita
la luz que al hombre viniste a dar,
luz que nos trae gloria infinita
de amor sin par. Amén.

SALMO 48: VANIDAD DE LAS RIQUEZAS

Ant. No podéis servir a Dios y al dinero.

Oíd esto, todas las naciones;
escuchadlo, habitantes del orbe:
plebeyos y nobles, ricos y pobres;

mi boca hablará sabiamente,
y serán muy sensatas mis reflexiones;
prestaré oído al proverbio
y propondré mi problema al son de la cítara.

¿Por qué habré de temer los días aciagos,
cuando me cerquen y acechen los malvados,
que confían en su opulencia
y se jactan de sus inmensas riquezas,
si nadie puede salvarse
ni dar a Dios un rescate?

Es tan caro el rescate de la vida, 
que nunca les bastará
para vivir perpetuamente
sin bajar a la fosa.

Mirad: los sabios mueren,
lo mismo que perecen los ignorantes y necios,
y legan sus riquezas a extraños.

El sepulcro es su morada perpetua
y su casa de edad en edad,
aunque hayan dado nombre a países.

El hombre no perdura en la opulencia,
sino que perece como los animales.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. No podéis servir a Dios y al dinero.

SALMO 48

Ant. «Atesorad tesoros en el cielo», dice el Señor.

Éste es el camino de los confiados,
el destino de los hombres satisfechos:
son un rebaño para el abismo,
la muerte es su pastor,
y bajan derechos a la tumba;
se desvanece su figura,
y el abismo es su casa.

Pero a mí, Dios me salva,
me saca de las garras del abismo
y me lleva consigo.

No te preocupes si se enriquece un hombre
y aumenta el fasto de su casa:
cuando muera, no se llevará nada,
su fasto no bajará con él.

Aunque en vida se felicitaban:
«Ponderan lo bien que lo pasas»,
irá a reunirse con sus antepasados,
que no verán nunca la luz.

El hombre rico e inconsciente
es como un animal que perece.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. «Atesorad tesoros en el cielo», dice el Señor.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: HIMNO DE LOS REDIMIDOS

Ant. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

Eres digno, Señor, Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado
y con tu sangre compraste para Dios
hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinan sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria, y la alabanza.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Digno es el Cordero degollado de recibir el honor y la gloria.

LECTURA: 2P 1, 3-4

Cristo, por su divino poder, nos ha concedido todo lo que conduce a la vida y a la piedad, dándonos a conocer al que nos ha llamado con su propia gloria y potencia. Con eso nos ha dado los inapreciables y extraordinarios bienes prometidos, con los cuales podéis escapar de la corrupción que reina en el mundo por la ambición, y participar del mismo ser de Dios.

RESPONSORIO BREVE

R/ Será la bendición de todos los pueblos.
V/ Será la bendición de todos los pueblos.

R/ Lo proclamarán dichoso todas las razas de la tierra.
V/ Todos los pueblos.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Será la bendición de todos los pueblos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Al ver la estrella, los magos se llenaron de inmensa alegría; y, entrando en la casa, ofreciendo al Señor oro, incienso y mirra.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Al ver la estrella, los magos se llenaron de inmensa alegría; y, entrando en la casa, ofreciendo al Señor oro, incienso y mirra.

PRECES

Bendito sea el Señor Jesucristo, que ha visitado a los que vivían en tinieblas y en sombra de muerte a fin de iluminarlos; supliquémosle, diciendo:

Oh Cristo, sol que naces de lo alto, ilumínanos con tu luz.

Señor Jesucristo, que al venir al mundo diste nacimiento a la Iglesia, tu cuerpo,
— haz que esta Iglesia crezca y se construya en la caridad.

Tú que con tu poder gobiernas el cielo y la tierra,
— haz que los pueblos y sus gobernantes reconozcan y confiesen tu soberanía divina.

Tú que, en el seno de María Virgen, desposaste místicamente la humanidad con la divinidad,
— bendice a las vírgenes que se han consagrado a ti para ser tus esposas.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Tú que, al unirte a nuestra naturaleza mortal, destruiste la muerte introducida por el pecado,
— transforma en vida eterna la muerte de nuestros difuntos.

Unidos a Jesucristo, supliquemos ahora al Padre con la oración de los hijos de Dios:
Padre nuestro…

ORACION

Te pedimos, Señor, que tu divina luz ilumine nuestros corazones; con ella avanzaremos a través de las tinieblas del mundo, hasta llegar a la patria donde todo es eterna claridad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Martes II de Navidad

1) Oración inicial

Te pedimos, Señor, que tu divina luz ilumine nuestros corazones; con ella avanzaremos a través de las tinieblas del mundo hasta llegar a la patria, donde todo es eterna claridad. Por nuestro Señor. Amen.

2) Lectura

Del santo Evangelio según Mateo 4,12-17.23-25
Cuando oyó que Juan había sido entregado, se retiró a Galilea. Y dejando Nazaret, vino a residir en Cafarnaún junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí; para que se cumpliera lo dicho por el profeta Isaías:
¡Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,
camino del mar, allende el Jordán,
Galilea de los gentiles!
El pueblo que habitaba en tinieblas
ha visto una gran luz;
a los que habitaban en paraje de sombras de muerte
una luz les ha amanecido.
Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: «Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado.»
Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Su fama llegó a toda Siria; y le trajeron todos los que se encontraban mal con enfermedades y sufrimientos diversos, endemoniados, lunáticos y paralíticos, y los curó. Y le siguió una gran muchedumbre de Galilea, Decápolis, Jerusalén y Judea, y del otro lado del Jordán.

3) Reflexión

• Una breve información sobre el objetivo del Evangelio de Mateo. El Evangelio de Mateo fue escrito en la segunda mitad del siglo primero, para animar a las comunidades, frágiles y pequeñas, de los judíos convertidos que vivían en la región de Galilea y de Siria. Sufrían persecuciones y amenazas de parte de los hermanos judíos por el hecho de aceptar a Jesús como Mesías y acoger a los paganos. Para fortalecerlas en la fe, el evangelio de Mateo insiste en decir que Jesús es realmente el Mesías y que la salvación que él trae no es solamente para los judíos, sino para toda la humanidad. Luego, al comienzo de su evangelio, en la genealogía, Mateo ya apunta a la vocación universal de Jesús, ya que como “Hijo de Abraham” (Mt 1,1.17) él será “fuente de bendición para todas las naciones” (Gén 12,3). En la visita de los magos, llegados de Oriente, sugiere de nuevo que la salvación se dirige a los paganos (Mt 2,1-12). En el texto del evangelio de hoy, muestra como la luz que brilla en la “Galilea de los Gentiles” brilla también fuera de las fronteras de Israel, en la Decápolis y más allá del Jordán (Mt 4,12-25). Más adelante, en el Sermón del Monte, Jesús dirá que la vocación de la comunidad cristiana es ser “sal de la tierra y luz del mundo” (Mt 5,13-14) y pide amor para los enemigos (Mt 5,43-48). Jesús es el Siervo de Dios que anuncia el derecho a las naciones (Mt 12,18). Ayudado por la mujer cananea, el mismo Jesús supera las fronteras de la raza (Mt 15,21-28). Supera también las leyes de la pureza que impedían la apertura del Evangelio para los paganos (Mt 15,1-20). Y al final cuando Jesús envía a sus discípulos a todas las Naciones, queda aún más clara la universalidad de la salvación (Mt 28,19-20). Asimismo, las comunidades están llamadas a abrirse a todos, sin excluir a nadie, pues todos están llamados a vivir como hijos e hijas de Dios.
• El evangelio de hoy describe como se inició esta misión universal. Fue la noticia de la prisión de Juan Bautista la que llevó a Jesús a empezar su predicación. Juan había dicho:»Arrepentíos, porque el Reino de Dios está cerca» (Mt 3,2). Por esto fue encarcelado por Herodes. Cuando Jesús supo que Juan estaba preso, volvió a Galilea anunciando el mismo mensaje:»Arrepentíos porque el Reino de Dios está cerca» (Mt 4,17) Con otras palabras, desde el comienzo, la predicación del evangelio traía riesgos, pero Jesús no se echó atrás. De este modo, Mateo anima a las comunidades que estaban corriendo los mismos riesgos de persecución. Y cita el texto de Isaías: «El pueblo que yacía en las tinieblas vio una gran luz.» Al igual que Jesús, las comunidades están llamadas a ser “Luz de los pueblos».
• Jesús comienza el anuncio de la Buena Noticia andando por toda Galilea. No se queda parado, esperando que la gente llegue y vaya a él. El mismo va a las reuniones de la gente, a las sinagogas, para anunciar su mensaje. La gente le lleva a los enfermos, a los endemoniados, y Jesús acoge a todos y los sana. Este servicio a los enfermos forma parte de la Buena Noticia y revela a la gente la presencia del Reino.
• Así, la fama de Jesús se extiende por toda la región, atraviesa las fronteras de Galilea, penetra en Judea, llega hasta Jerusalén, va hasta allá del Jordán y alcanza Siria y la Decápolis. Allí en estas regiones se encontraban las comunidades para quienes Mateo estaba escribiendo su evangelio. Ahora, saben que a pesar de todas las dificultades, están siendo esa luz que brilla en las tinieblas.

4) Para la reflexión personal

• ¿Será que alguna luz irradia de ti para los demás?
• Hoy muchos se encierran en la religión católica. ¿Cómo vivir hoy la universalidad de la salvación?

5) Oración final

Haré público el decreto de Yahvé:
Él me ha dicho: «Tú eres mi hijo,
hoy te he engendrado. (Sal 2,7)

La Vida de Jesús – Fco. Fernández-Carvajal

5.- LE PUSIERON POR NOMBRE JESÚS. PURIFICACIÓN DE MARÍA

Lc 2, 21

La circuncisión llevaba consigo otro acto muy importante en el pueblo judío: la imposición del nombre, que en el caso de Nuestro Señor fue fijado por Dios mismo a través del ángel: le pondrás por nombre Jesús, le había dicho a José.

Con el nombre no solo se designaba a una persona; se quería indicar además algo propio y exclusivo de ella, expresaba su misma naturaleza, su misión o sus cualidades más características[1]. Con el nombre queda señalado lo que de él se deseaba o se esperaba.

Jesús significa Salvador. Con Él llegó la salvación al mundo entero: Dios lo exaltó y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre; para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos[2]. Para los judíos el nombre que está sobre todo nombre es el nombre de Dios (Adonay), al que la Ley mosaica obligaba a tener un respeto extraordinario.

Así, el nombre de Jesús, al significar salvador, indicaba lo que Jesús es. Existe en este caso una profunda y especial unidad entre la persona y su misión. Su nombre es santo y tiene una virtud que no se ha concedido a ningún otro.

Terminada la circuncisión del Niño, María y José le llamaron por su nombre, Jesús. Así le nombrarían sus amigos y conocidos de Nazaret: Jesús, el hijo de María, Jesús Maestro… Jesús, Hijo de David[3]

Después de la circuncisión había que cumplir dos ceremonias, según lo dispuesto: la madre debía purificarse de la impureza legal contraída; y el hijo primogénito debía ser presentado, entregado, al Señor y después rescatado.

Emprendieron el camino hacia Jerusalén. Desde Belén, el viaje de ida y vuelta se hacía con comodidad en una jornada.

La Virgen, acompañada de san José y llevando a Jesús en sus brazos, se presentó en el Templo confundida entre el resto de las mujeres, como una más. Se cumple la antigua profecía.

La Ley de Moisés prescribía en primer lugar la purificación de la madre de una impureza legal que le impedía tocar cualquier objeto sagrado o entrar en un lugar de culto.

En virtud de esta ley, cuarenta u ochenta días después del alumbramiento, según se tratase de un hijo o de una hija, estaban obligadas las madres a presentarse en el Templo de Jerusalén[4]. Se podía retrasar el viaje si existían razones de cierto peso. En este caso, otra persona podía en su nombre ofrecer los sacrificios prescritos. Sin embargo, las madres israelitas procuraban con empeño cumplir personalmente la ley. Aprovechaban además esta ocasión para llevar consigo a su primogénito, cuyo rescate asociaban a la ceremonia de su purificación. La Virgen hizo aquel corto viaje de Belén a Jerusalén con gozo, y se presentó en el Templo con su Hijo de pocos días en brazos.

Este precepto, en realidad, no obligaba a María. Así pensaron los primeros escritores cristianos[5], pues Ella era purísima y concibió y dio a luz a su Hijo milagrosamente. Por otra parte, la Virgen no buscó nunca a lo largo de su vida razones que la eximieran de las normas comunes de su tiempo. Como en tantas ocasiones, la Madre de Dios se comportó como cualquier mujer judía de su época. Quiso ser ejemplo de obediencia y de humildad: una humildad que la llevaba a no querer distinguirse de las demás madres por las gracias con las que Dios la había adornado. Como una joven madre más se presentó aquel día, acompañada de José, en el Templo. La purificación de las madres tenía lugar por la mañana, a continuación del rito de la incensación y de la ofrenda llamada del sacrificio perpetuo. Se situaban en el atrio de las mujeres, en la grada más elevada de la escalinata que conducía desde este atrio al de Israel. El sacerdote las rociaba con agua lustral y recitaba sobre ellas unas oraciones. Pero la parte principal del rito consistía en la oblación de dos sacrificios. El primero era el expiatorio por los pecados: una tórtola o un pichón constituían su materia. El segundo era un holocausto, que para los más pudientes consistía en un cordero de un año y, para los pobres, en una tórtola o un pichón. María ofreció el sacrificio de las familias modestas.


[1] Los nombres de plantas y animales expresan los deseos de los padres: Débora (abeja), que sea laboriosa; Tamar (palmera), que sea fecunda; Yona (paloma), por su sencillez… Otros: Caleb (perro), Akbor (ratón), Egla (ternera), Nahás (serpiente), etc.

[2] Flp 2, 9-10.

[3] Con esta confianza le han llamado los santos:
«¡Oh Jesús…, cómo te compadeces de los que te invocan!
¡Qué bueno eres con quienes te buscan!
¡Qué no serás para quienes te encuentran!…
Solo quien lo ha experimentado puede saber lo que encierra amarte a Ti, ¡oh Jesús!»

(SAN BERNARDO, Sermones sobre los cantares, 15).
Y san Josemaría Escrivá aconsejaba: «Pierde el miedo a llamar al Señor por su nombre –Jesús– y a decirle que le quieres» (Camino, n. 303).

[4] Lv 12, 1-8.

[5] Ver especialmente SAN HILARIO, Hom. 18, sobre los Evangelios.

Comentario – Martes II de Navidad

El evangelista nos informa de que al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan el Bautista se retiró a Galilea, una región menos expuesta al control de las autoridades judías y romanas. A Jesús podían relacionarle fácilmente con el Bautista y hacer que corriera la misma suerte, frustrando la misión desde sus comienzos. Lo cierto es que el cese de la actividad del Bautista coincide con los inicios de la actividad pública de Jesús. Una vez que Juan, el precursor, ha cumplido su tarea, deja paso a aquel sobre el que había visto descender el Espíritu, a Jesús, el Mesías.

Jesús se retira a Galilea, pero no se establece en Nazaret, sino en Cafarnaúm, ciudad marinera y sinagogal, quizá un mejor escenario para su actividad misionera. Pero el evangelista ve en esta decisión el cumplimiento de una profecía; pues Isaías había dicho: «País de Zabulón y país de Neftalí  (territorio en el que se encontraba Cafarnaúm), camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentilesEl pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombra de muerte una luz les brilló». Galilea, tierra de gentiles y, por tanto, región en la que se concentraban las tinieblas del paganismo, sería la primera en percibir esa gran luz que comenzó a brillar con la predicación y las acciones milagrosas de Jesús.

Se trata de la luz del Evangelio, esta Buena Noticia que venía a ser como un impresionante foco de luz para los habitantes de aquellas tierras. Porque la Buena Noticia se ofrecía no sólo en forma de palabras cargadas de una enorme fuerza y novedad, sino también en forma de acciones extraordinarias capaces de curar todo tipo de enfermedades y dolencias. Las curaciones se sumaban a las palabras y todo ello constituía la presencia inusitada de un novum de irresistible atractivo. Jesús se convirtió al instante en foco de atención, en centro de miradas, en luz brillante que no dejaba indiferente a nadie.

Había un tema monográfico, aunque con múltiples derivaciones y matices, en su predicación: el Reino de los cielos, una realidad personal y colectiva, abarcante y absorbente, celeste (de los cielos) y terrestre (en la tierra), de Dios y de los hombres, una realidad que llegaba con él y que reclamaba conversión, esto es, atención, seguimiento, concentración, aprecio, exclusión (de lo que no es Reino). Jesús decía: Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos. Estaba tan cerca que podían tocarlo, y beneficiarse de él, y dejarse sembrar o fermentar por él, y conformar una comunidad en él, y empezar a vivir bajo su ley (el amor) y a respirar en su atmósfera. Para todo ello se requería conversión, aceptación de la Buena Noticia, sometimiento a la nueva Ley, renuncia al anterior modo de vida; y siempre con el apoyo del Espíritu del Sembrador e Instaurador de ese Reino, Cristo Jesús.

Éste recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del Reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo. Las primeras sedes de su enseñanza fueron las sinagogas o lugares habituales de reunión de los judíos en torno a la Palabra de Dios tal como había quedado plasmada en las Escrituras. Ahí es donde Jesús comenzó proclamando su Evangelio, porque semejante noticia no era ajena a las Escrituras -donde comparecían textos proféticos como los de Isaías- proclamadas en las sinagogas; al contrario, eran su cumplimiento. Así lo ve el mismo Jesús: Hoy se cumple esta escritura (de Isaías) que acabáis de oír(dicho en la sinagoga de Nazaret). Pero Jesús no se limitaba a hablar, en diferentes maneras, del Reino; curaba también muchas de las enfermedades y dolencias de las que adolecía el pueblo. Y fue probablemente esto lo que le granjeó una fama que rebasó las fronteras de su país, extendiéndose por toda Siria. Por eso no es extraño que le trajeran enfermos de todas partes y de todo pelaje, poseídos, lunáticos, paralíticos, y le siguieran casi compulsivamente multitudes venidas de diferentes lugares: Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea, Transjordania.

Esta acumulación de miradas sólo es posible allí donde brilla una luz grande. Y Jesús fue, como había profetizado Isaías, una gran luz para los moradores de aquellas tierras donde inició su actividad misionera. ¿Por qué no lo es para nosotros hoy? ¿Por qué no vemos ni oímos lo que aquellos vieron y oyeron? ¿Por qué no vivimos en el escenario de aquellos acontecimientos? ¿Por qué el paso del tiempo ha debilitado en nuestra memoria histórica la fuerza de los hechos? ¿Por qué desconfiamos del testimonio de aquellos testigos presenciales o de los redactores de los hechos? ¿Por qué nosotros no somos tan ingenuos como los contemporáneos de Jesús? ¿Por qué nosotros somos hijos de la «filosofía de la sospecha»? Sea por lo que fuere, lo cierto es que podemos quedarnos en «tierra de sombra y de muerte» por resistirnos a dejarnos alumbrar por esta luz que desplegó su fulgor en la «Galilea de los gentiles».

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

236. La pastoral juvenil, cuando deja de ser elitista y acepta ser “popular”, es un proceso lento, respetuoso, paciente, esperanzado, incansable, compasivo. En el Sínodo se propuso el ejemplo de los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-35), que también puede ser un modelo de lo que ocurre en la pastoral juvenil:

Recursos Ofertorio – Bautismo del Señor

PRESENTACIÓN DE LA LUZ

(Sería interesante que lo pudiera ofrecer algún miembro de la Pastoral de los Bautismos)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, en nombre de cuantos y de cuantas estamos reunidos, yo te ofrezco hoy esta luz, que la queremos unir a las que lucen sobre la mesa del altar. Ella es el símbolo del efecto del bautismo en nosotros y en nosotras y de nuestro compromiso. La ha prendido tu Hijo Resucitado, que es quien ilumina nuestro corazón, y quiere que nosotros y nosotras, con nuestras palabras y nuestra vida, seamos luz que alumbra las tinieblas del mundo. No permitas nunca, Señor, que seamos opacos para los y las demás.

PRESENTACIÓN DE UN PEQUEÑO RECIPIENTE CON ACEITE

(Se sugiere que lo pudiera ofrecer algún miembro de Cáritas o de la pastoral de la Marginación)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Por mi parte, Señor, te ofrezco, también en nombre de todos y de todas, este pequeño recipiente de aceite. En otro tiempo se usó como bálsamo y medicina para las heridas. Por eso, hoy nosotros y nosotras te lo ofrecemos como signo de nuestro compromiso en la lucha en favor de cuantos y cuantas sienten y viven una necesidad. Haznos sensibles, Señor, a todas ellas, y no permitas que nos crucemos de brazos ante ningún problema de las personas.

PRESENTACIÓN DE UN RECIPIENTE CON AGUA

(El padre del último bautizado en la comunidad presenta un recipiente con agua, que bien pudiera ser el calderillo litúrgico, que contiene el agua que ha sido bendecida por el presbítero de la comunidad en alguna ocasión anterior. Inmediatamente después de la ofrenda, quien preside la celebración rocía a todos y a todas los y las asistentes, en recuerdo de su bautismo. Mientras la aspersión se puede cantar alguna canción alusiva al bautismo, y si no se hace en silencio, aunque todos y todas se ponen de pie)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, hoy te ofrecemos tu agua. Fue bendecida, como un signo y para que todos nosotros y nosotras, al santiguarnos, recordáramos nuestro Bautismo. Hoy, recibida de Ti, te la traemos como nuestra mejor ofrenda. Queremos que, con tu bendición, nos fortalezcas para asumir y actualizar nuestros compromisos bautismales.

PRESENTACIÓN DE UNAS CADENAS

(Tras la aspersión del agua bendita, la madre del último bautizado presenta unas cadenas. Después de la ofrenda, quien preside la celebración realiza el escrutinio de las renuncias bautismales. Para ello, toda la comunidad se pone de pie y responde: «Sí, renunciamos»)

ORACIÓN – EXPLICACIÓN: Señor, si mi esposo te ha ofrecido el agua, símbolo de tu gracia y participación en la vida nueva del Resucitado, yo te traigo hoy unas cadenas, que son el signo de la liberación que has obrado en nosotros y en nosotras, rompiendo las cadenas del pecado que nos esclaviza y nos impide vivir la libertad de los hijos e hijas de Dios.

PRESIDENTE:

Así, pues, ya que hoy habéis manifestado vuestro deseo de actualizar vuestro Bautismo, os pido que renovemos nuestras promesas bautismales, las que hicieron, un día, por nosotros y nosotras nuestros padres y padrinos, renunciando a Satanás, a sus obras y seducciones. Por tanto, yo os pregunto:

¿Renunciáis a Satanás, esto es:
al pecado, como negación de Dios;
al mal, como signo del pecado en el mundo;
al error, como ofuscación de la verdad;
a la violencia como contraria a la caridad;
al egoísmo, como falta de testimonio del amor?

R/. Sí, renunciamos.

PRESIDENTE:

¿Renunciáis a sus obras, que son:
las envidias y odios;
las perezas e indiferencias;
las cobardías y complejos;
las tristezas y desconfianzas;
las injusticias y favoritismos;
los materialismos y sensualidades;
las faltas de fe, de esperanza y de caridad?

R/. Sí, renunciamos.

PRESIDENTE:

¿Renunciáis a todas sus seducciones, como pueden ser:
el creeros los y las mejores;
el veros superiores;
el estar muy seguros de vosotros mismos, de vosotras mismas;
el creer que ya estáis convertidos, convertidas del todo;
el quedaros en las cosas, medios, instituciones
métodos, reglamentos, y no ir a Dios?

R/ Sí, renunciamos.

PRESIDENTE:

Pues ya que hemos renunciado a cuanto nos ata, manifestemos hoy, todos juntos y de forma comprometida, nuestra fe en Dios, diciendo: Creo en Dios, Padre todopoderoso…

Oración de los fieles – Bautismo del Señor

Hoy acabamos las celebraciones de este tiempo Navidad y aprovechamos para pedirle al Señor que nos ayude a crecer en ese Amor que hemos experimentado con su nacimiento en Belén diciendo:

SEÑOR, HAZNOS CRECER EN TU AMOR

1.- Padre, te pedimos por el Papa, los obispos y sacerdotes para que proclamen sin desfallecer el mensaje de Salvación que tu Hijo, el Amado, nos va a proclama tras su Bautismo. OREMOS

2.- Padre, te pedimos por todos los pueblos de la tierra a los que está destinada la Salvación que nos trae Jesucristo, para que llegue a todos y todos la acojan. OREMOS

3.- Por todos los que se bautizarán en este año, o recibirán su primera comunión o el sacramento de la Confirmación para que estos sacramentos de iniciación fortalezcan su espíritu y les haga crecer en estatura y sabiduría. OREMOS

4.- Por aquellos viven alejados de la Iglesia para que, escuchando la Palabra de Dios, le abran su corazón y la pongan en práctica. OREMOS

5.- Por los enfermos para que recobren pronto la salud y pueden volver sin más contratiempos a su trabajo en el Reino. OREMOS

6.- Por todos nosotros que hemos vivido un año más las fiestas del nacimiento y el bautismo de Jesús para que limpios de toda impureza nos unamos cada día más a Cristo y vivamos atentos a su mensaje. OREMOS

Padre, hoy que te manifiestas a todos los hombres reconociendo en Jesús a tu Hijo y enviado, haz que también todos los hombres de nuestro tiempo lo tengan como Camino, Verdad y Vida. Te lo pedimos por tu Hijo Jesucristo Nuestro Señor.

AMEN


Oremos a Dios Padre, con especial insistencia en esta fiesta del Bautismo del Señor y pidámosle que por la fuerza del Espíritu cambie el mundo y nos cambie a nosotros, para que Jesús de Nazaret reine en nuestros corazones

Y respondemos: ¡CÁMBIANOS, SEÑOR!

1.- Por el papa Francisco y por el obispo de nuestra diócesis para que sepan llevar a su rebaño con la suavidad de Cristo. OREMOS

2.- Por el Colegio Cardenalicio para que nunca olvide que el Mesías no rompió la caña tronchada ni apagó el pábilo vacilante. OREMOS

3.- Por todos los obispos, sacerdotes y diáconos de la Tierra para que como Jesús de Nazaret, según nos cuenta hoy Pedro, pasen su vida haciendo el bien y liberando a los oprimidos por el demonio. OREMOS

4.- Por los pobres, los inválidos, los enfermos crónicos para que confíen plenamente en que el Señor Jesús los liberará y curará sus heridas. OREMOS

5.- Por todos los niños y niñas que han sido bautizados en estos primeros días de 2020 y por los que recibirán el bautismo a lo largo de este mismo 2020 para que el Espíritu les muestre ya el camino OREMOS

6.- Por lo que no creen en el Bautismo de Jesús, para que el agua santificada les abra el alma. OREMOS

7.- Por todos nosotros, presentes en esta Eucaristía, para que el ejemplo del Bautismo del Señor nos llene de esperanza. OREMOS

Padre, que te hiciste presente, junto con el Espíritu, en el Bautismo de tu Hijo Predilecto, acepta las plegarias que con humildad de presentamos

Por el Mismo Jesucristo

Amen

Comentario al evangelio – Martes II de Navidad

Toda historia tiene su comienzo. Toda aventura tiene su inicio. Todo camino empieza con un primer paso… Pues bien, hoy el Evangelio nos sumerge en este momento de la vida pública de Jesús.

Atrás quedan los años de vida oculta en Nazaret. Aquellos años tan importantes donde, como se nos resume, el niño iba creciendo en estatura, en sabiduría y en gracia, ante Dios y ante los hombres.

¿Cómo sería aquella mañana cuando, tras enterarse del arresto de Juan, Jesús deja su pueblo? ¿Cómo se lo diría a María? ¿Cómo lo sentiría ella?… El evangelio sólo nos da el transfondo de ese camino que vemos comenzar: “Pais de Zabulón y de Neftalí, camino del mar… el pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló”.

En el inicio del cumplimiento de esta promesa, Jesús aparece haciendo dos cosas: predicando y curando. Anuncia la cercanía de Dios y su Reino, lo cual, para todo corazón que acoja esta noticia, ha de ser motivo de un cambio, de una conversión: “Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos”. Y actúa las obras de ese Reino, curando enfermedades y dolencias.

Esas primeras acciones de Jesús despiertan a muchos que estaban aletargados en medio de las sombras… y le siguen, como quien descubre una luz en medio de la oscuridad, que sólo puede traer algo bueno. Algunos vienen de muy lejos: “Le seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén…”.

Esta historia es nuestra historia. También nosotros podemos hoy ser testigos de este Jesús que, viniendo del Padre, quiere traer luz a la oscuridad de nuestro corazón y de nuestro mundo. Contémplale, escúchale… y siéntete parte de esa multitud, venida de lejos, que también hoy quiere seguirle, adonde vaya, para ser “reflejo de su luz”, como la luna refleja cada noche la luz del sol, para poder orientarse en medio de la oscuridad.

Luis Manuel Suárez CMF