II Vísperas – Bautismo del Señor

II VÍSPERAS

BAUTISMO DEL SEÑOR

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Mas ¿por qué se ha de lavar
el Autor de la limpieza?
Porque el bautismo hoy empieza,
y él lo quiere inaugurar.

Juan es gracia y tiene tantas,
que confiesa el mundo de él
que hombre no nació mayor
ni delante ni después.

Y, para que hubiera alguno
mayor que él, fue menester
que viniera a hacerse hombre
la Palabra que Dios es.

Esta Palabra hecha carne
que ahora Juan tiene a sus pies,
esperando que la lave
sin haber hecho por qué.

Y se rompe todo el cielo,
y entre las nubes se ve
una paloma que viene
a posarse sobre él.

Y se oye la voz del Padre
que grita: «Tratadlo bien;
escuchadle, es el Maestro,
mi hijo querido es.»

Y así Juan, al mismo tiempo,
vio a Dios en personas tres,
voz y paloma en los cielos,
y al verbo eterno a sus pies. Amén.

SALMO 109: EL MESÍAS, REY Y SACERDOTE

Ant. Vino una voz del cielo y se oyó la voz del Padre: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto; escuchadlo.»

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza.

Señor, mis ojos están vueltos a ti,
en ti me refugio, no me dejes indefenso;
guárdame del lazo que me han tendido,
de la trampa de los malhechores.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Vino una voz del cielo y se oyó la voz del Padre: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto; escuchadlo.»

SALMO 111: FELICIDAD DEL JUSTO

Ant. En el río Jordán aplastó nuestro Salvador la cabeza del antiguo dragón y nos libró a todos de su esclavitud.

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita.

En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.

No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea derrotados a sus enemigos.

Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad.

El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará los dientes hasta consumirse.
La ambición del malvado fracasará.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. En el río Jordán aplastó nuestro Salvador la cabeza del antiguo dragón y nos libró a todos de su esclavitud.

CÁNTICO del APOCALIPSIS: LAS BODAS DEL CORDERO

Ant. Hoy se nos revela un gran misterio, porque el Creador de los hombres purifica en el Jordán nuestros pecados.

Grandes y maravillosas son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡oh Rey de los siglos!

¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú solo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán en tu acatamiento,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Hoy se nos revela un gran misterio, porque el Creador de los hombres purifica en el Jordán nuestros pecados.

LECTURA: Hb 10, 37-38

Conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

RESPONSORIO BREVE

R/ Éste es el que vino con agua y con sangre.
V/ Éste es el que vino con agua y con sangre.

R/ Jesucristo, nuestro Señor.
V/ Con agua y con sangre.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Éste es el que vino con agua y con sangre.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Cristo Jesús nos amó, nos ha librado de nuestros pecados por su sangre, nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios, su Padre. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Cristo Jesús nos amó, nos ha librado de nuestros pecados por su sangre, nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios, su Padre. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos.

PRECES
Roguemos a nuestro Redentor, bautizado por Juan en el Jordán, y supliquémosle, diciendo:

Envía, Señor, tu espíritu sobre nosotros.

Oh Cristo, servidor de Dios, en quien el Padre tiene todo su gozo,
— envía tu Espíritu sobre nosotros.

Oh Cristo, elegido de Dios, tú que no quebraste la caña cascada ni apagaste el pábilo vacilante,
— compadécete de cuantos te buscan con sinceridad.

Oh Cristo, Hijo de Dios, a quien el Padre ha elegido como alianza del pueblo y luz de las naciones,
— abre por el bautismo los ojos de los que no ven.

Oh Cristo, salvador de los hombres, a quien el Padre ungió con el Espíritu Santo y envió para salvación del mundo,
— haz que todos los hombres te conozcan y crean en ti para que así obtengan la vida eterna.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Oh Cristo, esperanza nuestra, que llevas la luz de la salvación a los pueblos que yacen en las tinieblas de la ignorancia,
— recibe junto a ti, en tu reino, a nuestros difuntos.

Unidos entre nosotros y con Jesucristo, y dispuestos a perdonarnos siempre unos a otros, dirijamos al Padre nuestra súplica confiada:
Padre nuestro…

ORACION

Dios todopoderoso y eterno, que en el bautismo de Cristo, en el Jordán, quisiste revelar solemnemente que él era tu Hijo amado enviándole tu Espíritu Santo, concede a tus hijos de adopción, renacidos del agua y del Espíritu Santo, perseverar siempre en tu benevolencia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Solo y sin nada: El bautismo de Jesús

1.- En nuestra actual cultura cristiana, el bautizo, generalmente, es un rito festivo en el que el sujeto, un niño o niña que está presente porque lo han llevado allí, sin que sea consciente de ello, que es el centro de la fiesta, sí, que en su honor se celebra tal acto, sin que para él suponga una especial y consciente felicidad.

2.- Generalmente, del sacramento, la mayor parte de los asistentes saben muy poco, pero nadie se avergüenza de su ignorancia. Ha acudido invitado, es una fiesta y es suficiente ser consciente de ello. El hombre es un ser festivo, ningún animal o animalito es capaz de imaginar y organizar tal cosa, es suficiente, lo único que puede importarle en todo caso es no meter la pata, no incomodar a nadie y tratar de divertirse cuanto más mejor. Si la familia se siente cristiana y responsable, será harina de otro costal. Consciente de lo que en la Iglesia se celebra al aceptarlo en su seno, se sentirá feliz. Uno más ha iniciado la ruta del Reino de los Cielos y ellos al engéndralo, han colaborado. Un santo más en perspectiva, un menudo santito, nueva esperanza.

3.- Algo más supone el bautizo de un adulto, no por parte de Dios, de su Gracia, que es idéntica, sino por la actitud consciente que se le exige al que solicita personal y libremente ser incorporado a la comunidad, salvado por Jesucristo, que con la acción sacramental se hace presente y perdonado totalmente de sus culpas. Lo que acabo de escribir, mis queridos jóvenes lectores, sería más oportuno decirlo la Noche de Pascua. Pero dado el común nombre de bautismo y la práctica del Papa que en esta jornada tiene por costumbre bautizar, me he permitido recordároslo.

4.- Ahora bien, lo que hoy celebramos es el bautismo del Señor, que si bien supuso un rito significativo presidido públicamente por Juan y un remojón en el Jordán, significaba y suponía en aquel tiempo, otros contenidos. Bautizar, remojar, era un rito que se utilizaba y que continua utilizándose actualmente, en la recepción de un prosélito, es decir en la aceptación a la familia de Abraham, en la incorporación al Pueblo escogido de alguien que no lo era. Se practicaba y continua practicándose en una Mikve, un lugar escogido de agua viva, donde se sumerge al hasta entonces gentil. La comunidad de Qumram también utilizaba un rito semejante en las ceremonias de admisión a su comunidad y el progreso de sus miembros.

5.- Juan, hijo de Zacarías e Isabel, escogió un rito semejante, no insólito en aquellos tiempos, para significar que aquellos que habiendo escuchado sus exigentes y proféticas palabras, querían reconocerle y darle la razón, reconociéndose públicamente pecadores, manifestar el cambio de rumbo que a partir de entonces iba a tener su vida. Era, pues, una humillación pública a la que no todos los oyentes se atrevían a someterse.

6.- Jesús escogió tal rito. A los ojos de los presentes se manifestaba pecador. En realidad cargaba sobre sí los pecados de todos los hombres, nuestros pecados. Tan asombrosa actitud reventaba la real, pero oculta divinidad suya. Hijo de Dios, movido interiormente por el Espíritu, se ofrecía al Padre. He dicho reventaba y quería designar con ello que en aquel momento, el espacio físico se trasformaba y el tiempo sucesivo, se detenía. Algunos privilegiados presentes fueron capaces de captar signos misteriosos e interpretarlos, sin olvidarlos nunca. Acordaos, mis queridos jóvenes lectores, que el pregón de Pentecostés, pronunciado por Pedro se inicia evocándolo.

7.- Nosotros que ambicionamos el éxito y que se nos sea reconocido siempre cualquier el triunfo, debemos aprender que el camino y el progreso espiritual, pasa por el entrenamiento de la humildad, ansiando solo el podio de la Fe. Aunque no sea este el objeto fundamental de la fiesta me impresiona siempre el final que escoge Él. No un paseo entre las turbas, exhibiendo trofeos o medallas, al estilo de los deportistas de hoy, sino retirándose discretamente al desierto.

8.- Solo y sin nada. En el silencio y austeridad del desierto, permanece largo tiempo. Es su entreno. Busca con ello situarse firmemente en el momento histórico de su vida para iniciar la etapa más visible de la misión que le ha traído al mundo. Austeridad, ayuno, silencio, meditación contemplativa, tal fue la realidad de este periodo que no abandonó nunca. Posteriormente, estuviera donde estuviese, se levantaba al amanecer, se alejaba y se entregaba a la oración.

Nuestro bautismo, del que nada seguramente recordaremos, pero que fue real, debe renovar y fortalecer su autenticidad, con periódicos retiros y habituales plegarias.

Pedrojosé Ynaraja

Su bautismo, nuestro bautismo

1.- Uno de los argumentos muy habituales en las homilías del Bautismo del Señor era decir eso de que hace unas horas le habíamos dejado Niño y ahora ya es un Hombre hecho y derecho. Y aunque es una fiesta –la última— del Tiempo de Navidad este año también lo navideño nos queda un poco lejos. Tal vez, vamos demasiado deprisa porque un poco de la Navidad, del espíritu de la Navidad debe viajar dentro de nuestros corazones, siempre. Aunque pensándolo bien pues no viene mal que derivemos esos argumentos de situación al verdadero significado, para nosotros, del Bautismo del Señor. Es obvio que significó el inicio de su vida pública, tras treinta años de vida corriente en Nazaret y es obvio, asimismo, que la liturgia nos muestra que mañana lunes ya iniciamos el Tiempo Ordinario –en su primera parte–, que es la contemplación escalonada de la “vida corriente” de Jesús.

2.- La escena del Bautismo que hoy nos ha narrado San Mateo incluye dos argumentos. El primero es el reconocimiento por parte de Juan el Bautista de quien le pide bautismo de penitencia y que no lo necesita. Se niega, en principio, a bautizar a Jesús porque sabe que no tiene pecado. Pero conviene que los hechos sigan fluyendo. Y de ahí nos viene el contenido más importante: tras recibir las aguas bautismales del Jordán, el cielo se abre, el Espíritu se hace presente y la voz de Dios manifiesta “Este es mi Hijo, el amado, el predilecto”. Es obvio –creemos— que si Jesús no se hubiera bautizado la formidable teofanía que se hizo presente no se hubiera producido, entonces. Juan atraía a millares de personas en un tiempo de espera en que Israel vivía presionado y acuciado por muchos acontecimientos. Uno, desde luego, era la ocupación romana y la falta de independencia nacional. Pero otro, de enorme importancia, era que la religión oficial no satisfacía al pueblo porque, de hecho daba la espalda, y despreciaba, a los más pobres y a los más débiles. Todos estos acontecimientos hacían pensar en que se iba a cumplir la promesa mesiánica. Y si bien es cierto que la figura del Mesías se veía como la de un triunfador glorioso, un capitán que iba a derrotar a los invasores, el pueblo también sabía que purificaría el Templo y que tendría que terminar con los excesos de poder de saduceos, fariseos, escribas y doctores que habían creado una aristocracia muy exclusivista y muy entregada al dinero y al poder. Los más radicales –por ejemplo los zelotes— vles acusaban de entreguismo al Imperio Romano.

3.- Aquella escena del cielo abierto la tuvo que ver mucha gente. Y si bien es cierto que un mismo acontecimiento visto por muchas personas puede tener una descripción variada y multiforme, la realidad es que se producía una circunstancia extraordinaria en torno al recién llegado artesano de Nazaret y eso no era otra cosa que el encargo e inicio de su misión. Y ahí es donde el Bautismo del Señor se funde con nosotros, pues con el Espíritu en las aguas bautismales recibimos fuerza y conocimiento para nuestra misión de expandir del Reino de Dios. Y esto que puede parecer muy fantástico o, cuanto menos exagerado, es así. No vamos a entrar en la polémica de si el bautismo infantil es la práctica más adecuada, porque el sacramento imprime carácter y estará ya dentro de nosotros hasta que nos muramos. Pero si los catecúmenos mayores pueden recibirlo con emoción apreciable, la realidad es que nosotros, un día y todos, hemos experimentado que esa gracia está dentro de nosotros y que la misión esta trazada e iniciada. Tampoco esto es exageración, pero somos muy pudorosos a la hora de demostrar nuestras vivencias religiosas. Jesús nos dio ejemplo, con un bautismo menor “solo de agua, no de Espíritu y fuego”, que sirvió para que se “publicara” desde el cielo quien era y lo que venía a hacer.

4.- La Carta de Pedro que hemos escuchado hoy da una impresionante descripción –y verdadera— del perfil de Jesús de Nazaret. Dice: “ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que paso haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con él”. Pero muchos siglos antes el profeta Isaías había definido a Jesús así: “Sobre él he puesto mi espíritu, para que traiga el derecho a las naciones: No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará. Promoverá fielmente el derecho”. Siempre, cuando llega el domingo del Bautismo del Señor, me estremecen y emocionan estos textos porque son la mejor definición que podemos esperar de nuestro Amigo y Maestro. No tienen mucho comentario, porque hablan por si solos. Pero, para mi resultan impresionantes, y merece meditarlos juntos. Y sacar cada uno consecuencias.

5.- Voy a terminar. En este día debemos pensar sobre nuestra misión de cristianos. Acercarnos al Jesús que se deja bautizar entre pecadores, porque entre pecadores iba a estar siempre, para sacarlos –para sacarnos— del habitual imperio del mal. No podemos olvidar ni obviar nuestra misión de discípulos de Jesús: hemos de hacer el bien sin estridencias –no sería bien— y no romper la caña tronchada, ni apagar las leves llamitas de esperanza y fe que existen todavía en el interior de mucha gente, en muchos amigos y conocidos. Pensemos en todo eso y releamos en casa esos textos de Pedro e Isaías. E intentemos seguir al Maestro, sin desmayo y con alegría. Él está con nosotros.

Ángel Gómez Escorial

Comentario – Bautismo del Señor

Hoy recordamos un hecho en la vida Jesús que significó el comienzo de su misión (o vida pública). Se trata, con palabras de san Pedro, de eso que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba (y practicaba) el bautismo. El suceso al que se refiere el apóstol no es otro que el que describe el evangelista Mateo: que Jesús desde Galilea se acercó al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. ¿Con qué propósito?

El bautismo de Juan era un bautismo de conversión. Lo que pretendía este bautista era suscitar el arrepentimiento de las gentes haciéndoles tomar conciencia de sus pecados e invitándoles a pasar por ese lavado purificador simbolizado en el agua. Juan buscaba, por tanto, hacer penitentes. Por eso le resulta extraño ver entre los penitentes que piden el bautismo a Jesús, a Aquel que había señalado como el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Ello explica su intento de disuadirlo: Soy yo el que necesita que tú me bautices. Pero Jesús, el que se allega a él como penitente, le dice: Conviene que cumplamos lo que Dios quiere. ¿Y qué es lo que quería Dios? Según todos los indicios, presentarle al mundo como su Hijo amado, su predilectoApenas se bautizó, Jesús salió del agua, se abrió el cielo y se vio al Espíritu de Dios bajar como una paloma y posarse sobre él. Y resonó esa voz celestial que le proclamaba Hijo de Dios: éste es mi Hijo, el amado.

El bautismo de Jesús pasa a ser de este modo un momento teofánico: de apertura del cielo, de manifestación de Dios que da testimonio a favor de Jesús, a quien señala como su Hijo y a quien unge con su Espíritu, haciendo de él su Ungido para realizar su misión. Porque la unción (con la fuerza del Espíritu) es para la misión de curar a los oprimidos por el diablo. Y en esa situación estamos todos los bautizados.

Dios ya había anticipado este testimonio por boca de Isaías, que invita a poner los ojos en el elegido de Dios para implantar el derecho en la tierra: Mirad -decía el profeta- a mi siervo a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi Espíritu, para que traiga el derecho a las naciones. Pero llevará a cabo esta tarea sin gritar, sin vocear por las calles, sin quebrar la caña cascada ni apagar el pábilo vacilante, es decir, por cauces pacíficos o de persuasión: proponiendo, convenciendo, atrayendo: uniendo, iluminando: abriendo los ojos de los ciegos y sacando a los cautivos de la prisión, esto es, curando cegueras y contribuyendo a romper cadenas.

San Pedro lo presenta como aquel que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo. Y esta tarea que realizó durante su vida pública, la sigue haciendo hoy mediante sus acciones sacramentales y sus ministros. Jesús no ha cesado de hacer el bien. En la actualidad sigue curando a los oprimidos por el diablo o a los afligidos por todo tipo de males, tanto los que nos privan de bienes corporales como los que nos privan de bienes espirituales, sobre todo del bien de nuestra amistad con Dios y con los hermanos, es decir, del pecado, que es el mal que más oprime y esclaviza.

Esta acción curativa que ejerce sobre nosotros comienza a labrarse ya en nuestro bautismo: momento en que recibimos el Espíritu del Hijo que nos hace hijos: momento de regeneración, momento de gracia curativa y liberadora; pero momento inicial, no final. Ahí empezó a realizar en nosotros su acción curativa; ahí empezó a liberarnos de la opresión del diablo que se manifiesta en forma de pecado y de muerte.

Pero este proceso por el que se logra la libertad y la vida se prolonga durante toda nuestra existencia en este mundo. Es el camino de la santificación y del crecimiento como cristianos. Para eso se nos concede el tiempo por el que transcurre la vida: para madurar, para crecer como cristianos conforme a la unción recibida de hijos de Dios: crecer en conciencia filial, sabiéndonos cada día más y más hijos de Dios, experimentando con mayor intensidad nuestra dependencia del mismo y nuestra pertenencia; crecer en libertad respecto del pecado (poder) que nos atenaza y esclaviza; crecer en capacidad para hacer el bien; crecer en el amor, en la fe y en la esperanza cristianas; en suma, creer en la conciencia de lo que ya somos: ungidos del Espíritu de Cristo (= cristianos), hijos de Dios, hermanos: ungidos para pasar por este mundo haciendo el bien y curando todo el mal que nos sea posible curar.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

241. Pero los jóvenes son capaces de crear nuevas formas de misión, en los ámbitos más diversos. Por ejemplo, ya que se mueven tan bien en las redes sociales, hay que convocarlos para que las llenen de Dios, de fraternidad, de compromiso.

Lectio Divina – Bautismo del Señor

El Bautismo del Señor en el Jordán
Mateo 3,13-17

1. Oración inicial

“Te alabamos, Padre invisible, dador de inmortalidad: Tú eres la fuente de la vida, la fuente de la luz, la fuente de toda gracia y de toda verdad, amante de los hombres y amante de los pobres, que con todos te reconcilias y a todos atraes hacia Ti por medio de la venida de tu Hijo amado. Haz de nosotros hombres vivos, danos el Espíritu de Luz, para que te conozcamos, el Verdadero, y a Aquél que enviaste Jesucristo” (Anáfora de Serapión)

2. Lectura

a) Introducción:

Este fragmento evangélico (Mt 3,13-17) forma parte de la sección narrativa del evangelista Mateo, la que introduce a la vida pública de Jesús. Después de la huida a Egipto, Jesús vive en Nazareth. Ya adulto, lo encontramos aquí, a las orillas del río Jordán. Se trata de la parte conclusiva del pasaje dedicado a Juan Bautista, el encuentro de los dos. Quien quisiese profundizar todavía en la personalidad de Juan y su mensaje (Mt 3,1-12 que ha sido ya propuesto en la liturgia del segundo domingo de adviento), debe tener en cuenta todo el capítulo 3º de Mateo. Nuestro pasaje está centrado en particular sobre el reconocimiento de la divinidad de Cristo en el momento de su bautismo. Dios Padre revela quien es Jesús.

b) Una división del texto para ayudarnos en su lectura:

Mateo: 3,13: ambientación
Mateo: 3,14-15: diálogo Juan – Jesús
Mateo: 3, 16-17: epifanía /teofanía

c) El texto:

Mateo 3,13-17

13 Entonces se presenta Jesús, que viene de Galilea al Jordán, a donde Juan, para ser bautizado por él. 14 Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: «Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?» 15 Jesús le respondió: «Deja ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia.» Entonces le dejó.
16 Una vez bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba como una paloma y venía sobre él. 17 Y una voz que salía de los cielos decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.»

3. Un momento de silencio orante

para que la palabra de Dios pueda entrar en nosotros e iluminar nuestra vida.

4. Algunas preguntas

para ayudarnos en la meditación y oración.

a) ¿Por qué Jesús “sale al descubierto” después de la vida oculta en Nazareth?
b) ¿Cómo madura su conciencia de su identidad y misión?
c) ¿Me ha sucedido, en cierto momento, el comenzar algo nuevo en mi vida?
d) ¿Quién o cuál experiencia me ha revelado más plenamente mi identidad, vocación y misión?
e) ¿Qué sentido tiene para mí el recuerdo de mi bautismo?

5. Meditación

a) Una clave de lectura:

Junto a una lectura histórica-cronológica en la que se pone de realce el episodio del bautismo de Jesús, el encuentro con Juan, antes del comienzo de su vida pública, se puede tener presente una lectura simbólica, ayudado por los Padres orientales, en la que se encuadra mayormente el tiempo litúrgico, el de la navidad, que se concluye con la plena manifestación de Dios como hombre. Una síntesis de la manifestación – epifanía del Hijo de Dios en la carne.

b) Comentario del texto:

Mateo 13,13: Jesús adulto
Después de la “desaparición” de Juan de la escena (13,1), Jesús, desde Nazareth, donde había pasado su infancia y la primera juventud (Mt 12,23), se dirige al río Jordán. Como buen israelita está atento a los movimientos religiosos auténticos que surgen entre el pueblo. Muestra aprobar la obra de Juan y decide recibir el bautismo con agua, no ciertamente para ser perdonado de los pecados, sino para unirse y compartir plenamente las esperanzas y expectativas de todos los hombres y mujeres. No es la humanidad la que va a Él, sino que es Él el que va hacia ella, según la lógica de la encarnación.

Mateo 13,14-15: diálogo de Juan con Jesús
El intento de Juan de impedir el bautismo de Jesús es el reconocimiento de la diversidad entre los dos y el conocimiento del nuevo (la Nueva Alianza) que entra en escena. “Aquél que viene después de mí…os bautizará en Espíritu santo y fuego…tiene en la mano el bieldo…limpiará…recogerá…quemará…” (vv.11-12). El comportamiento de Jesús es el de someterse al plan salvífico de Dios (así cumplimos toda justicia), respetando el modo (en la humildad – kenosis) y los tiempos (la hora – kairos). La diversidad de los dos se colige también por las familias de proveniencia (sacerdotal la de Juan), del lugar (Jerusalén para Juan, Nazaret de Galilea para Jesús), en la modalidad de su concepción (anuncio al padre, Zacarías, según el modelo antiguo; anuncio a la madre, María), la edad de los padres (ancianos los de Juan). Todo está manifestando el pasaje entre el antiguo y el nuevo Testamento. Mateo prepara a los lectores a la novedad del Cristo: “habéis oído que fue dicho, pero yo os digo” (Mt 5).

Mateo 13,16-17: la presentación de Dios Padre y el Espíritu Santo
En el evangelio de Mateo tenemos la solemne “adoración de los Magos” como reconocimiento de la realeza-divinidad de Jesús. Lucas añade también el reconocimiento de Isabel (Lc 1,42-43), de los ángeles (Lc 2,13-14), de los pastores (Lc 2,20), de los ancianos Simeón y Ana (Lc 2,30; 28). En todos los evangelistas, pues, se evoca la proclamación de la identidad divina de Jesús por parte de Dios Padre y del Espíritu Santo presente bajo la forma de paloma. Mateo dice precisamente: “Éste es” y no “tú eres” mi Hijo amado. Jesús es de naturaleza divina y al mismo tiempo el nuevo Adán, principio de una humanidad nueva reconciliada con Dios junto a la naturaleza reconciliada también ella con Dios, a través de la inmersión de Cristo en las aguas. Se reabren los cielos después que han estado cerrados tanto tiempo por causa del pecado y la tierra queda bendecida.
La entrada de Jesús en las aguas prefigura su bajada a los infiernos y se realiza la palabra del salmista (Sal 74, 13-14), Él aplasta la cabeza del enemigo. El Bautismo no sólo prefigura, sino que inaugura y anticipa la derrota de Satanás y la liberación de Adán.
No será fácil por tanto reconocer al Mesías en la dimensión de debilidad, el mismo Juan tiene alguna duda cuando está en la cárcel y le manda decir por medio de sus discípulos: “¿Eres tú aquél que debe venir o debemos esperar a otro? (Mt 11,3).

6. Para el que quiera profundizar la perspectiva litúrgica y ecuménica

En la tradición de la Iglesia griega, el Bautismo de Jesús es la fiesta más importante en las celebraciones navideñas. El 6 de enero se festeja en conjunto: Bautismo, nacimiento, visita de los Magos, bodas de Caná como una sola realidad. Más que del desarrollo histórico de la vida de Jesús se tiene en cuenta su revelancia teológica–salvífica. El interés no se centra en el aspecto sentimental, sino en la manifestación histórica de Dios y su ser reconocido como Señor.
Cirilo de Jerusalén afirma que Jesús confiere a las aguas del Bautismo el “color de su divinidad” (III catequesis mistagógica, 1).
Gregorio de Nissa escribe que la creación de este mundo y la creación espiritual, un tiempo enemigas, se reúnen en la amistad, y nosotros humanos, hacemos un solo coro con los ángeles, participamos en sus alabanzas (PG 46,599).
A la bajada a las aguas corresponde la bajada en las entrañas de la tierra simbolizada en el nacimiento en la cueva. Las aguas destructoras se convierten en aguas de salvación para los justos.
La lecturas vetero testamentarias en la liturgia de las Vísperas recuerdan las aguas que salvan: el Espíritu aletea sobre las aguas en la creación (Gén 1), las aguas del Nilo salvan a Moisés (Éx 2), las aguas se abren al paso del pueblo de Israel (Éx 14), las aguas de Mara se convierten en dulces (Éx 15), las aguas del Jordán se abren delante del Arca (Jos 3), las aguas del Jordán curan a Naamán el leproso (2Re 5), etc. Jesús, pues, transforma el agua en las bodas de Caná en vino (Jn 2) como señal de que la salvación ha llegado.
En esta fiesta, en la liturgia oriental, existe la tradición de bendecir el agua sumergiendo por tres veces la cruz (la triple inmersión bautismal) en un pozo o en un río. Se evoca al profeta Isaías: Alégrese el desierto y la tierra seca (Is 35,1-10), vosotros todos los sedientos venid a las aguas (Is 55,1- 13), recoged agua con gozo (Is 12,3-6).

7. Oración – Salmo 114 (113)

¡Aleluya!
Al salir Israel de Egipto,
Jacob de un pueblo extranjero,
Judá fue su santuario,
Israel fue su dominio.
El mar lo vio y huyó,
el Jordán retrocedió,
los montes brincaron como carneros,
las colinas igual que corderos.
Mar, ¿qué te pasa que huyes,
y tú, Jordán, que retrocedes,
montes, que brincáis como carneros,
colinas igual que corderos?
La tierra tiembla en presencia del Dueño,
en presencia del Dios de Jacob,
el que cambia la peña en estanque
y hace del pedernal una fuente.

8. Oración final

Jesús, fuente de la vida, que vienes a cancelar la condena de Adán, en el Jordán has acabado con el odio, concédenos la paz que supera toda inteligencia. Verbo esplendente enviado por el Padre, después de borrar las culpas de los mortales, ven a disipar las largas y tristes horas de la noche y mediante tu bautismo, haz salir resplandeciente a tus hijos de las olas del Jordán. Que se vista de blanco la raza humana, salga de las aguas como hijos de Dios y transforma la creación a imagen del Creador. (De los “cantos” litúrgicos orientales).

Un bautismo que es modelo para nosotros

1. La infinita paciencia de Dios. Dios sabe esperar. Por eso nos dice hoy el profeta Isaías: «La caña cascada no la quebrará, el pabilo vacilante no lo apagará» (Is 42, 3). La caña cascada ya no sirve para nada, le falta consistencia. Mejor es tirarla, terminar de quebrarla, hacerla astillas para el fuego. Y el pabilo vacilante da poca luz, apenas si alumbra. También dan ganas de apagarlo de una vez y encender otra luz más fuerte y segura.

Así piensan los hombres. Tienen poca paciencia los unos con los otros. Se aguantan con dificultad, se echan en cara sus defectos, prescinden rápidamente de los que estorban, eliminan a los que no rinden. Dios no, Dios sabe esperar, Dios tiene una gran paciencia. Y al débil le anima para que siga caminando, al que está triste le infunde la esperanza de una eterna alegría, y al que lucha y se afana inútilmente le promete una victoria final, una victoria definitiva.

Pero antes, Cristo sigue promoviendo el derecho sobre la tierra, despertando en los hombres la inquietud por una justicia auténtica. Su voz sigue resonando en las conciencias, reclamando el derecho de los oprimidos. La Iglesia es la continuación de Jesús, es el signo sensible de su persona, su voz clara y valiente. Lo dijo Él: Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien a vosotros escucha, a mí me escucha.

Señor, da fortaleza a tu Iglesia para que siga levantando la voz en defensa de la justicia, para que siga recordando a los hombres el mensaje de amor que tú has traído a la tierra. Y concede a cada uno de nosotros una sensibilidad exquisita para todo lo que sea justo, una fidelidad heroica a las leyes divinas, a las normas del Evangelio, al Derecho de la Iglesia. Hacer justicia sin vacilaciones, vivir el Derecho, eclesiástico o civil, sin quebrantos ni claudicación alguna.

2. Bautismo de Cristo. Después de treinta años de vida oculta, ignorada de todos en una de las más recónditas y olvidadas aldeas de Palestina, Jesús desciende hacia el Jordán para iniciar su ministerio público. Hasta entonces su enseñanza había sido sin palabras, aunque desde luego una enseñanza muy elocuente e importante. En ese tiempo, en efecto, nos hizo comprender el valor de una vida sencilla, de una existencia ordinaria vivida en sus mil pequeñas cosas con un grande y profundo amor, que sabía dar relieve y altura a lo más corriente. Lección fundamental para la inmensa mayoría de los hombres cuya existencia también transcurre, día tras día, en un entramado de pequeños deberes. Un ejemplo que nos ha de llevar a dar valor a lo más pequeño y ordinario, que al vivirlo con amor y esmero por hacerlo bien puede alcanzar la bendición y la sonrisa de Dios.

Cuando Jesús llegó al Jordán para bautizarse, el Bautista se resistió a hacerlo. No entiende cómo ha de bautizar a quien está tan por encima de él. Tampoco comprende de qué se habría de purificar quien era la pureza misma. Pero el Señor vence su resistencia pues así lo disponían los planes del Padre. Ante todo para enseñarnos la primera lección que ha de aprender quien quiera entrar en el Reino de los cielos, la lección de la humildad. Luego lo repetirá de muchas formas y en repetidas ocasiones. Nos enseña, en efecto, que es preciso hacerse como niños y que quien se humilla será exaltado, o que quien quiera ser el primero que sea el último. También alabará la humildad de la mujer cananea, o el valor de la pequeña limosna que echó una pobre viuda en el gazofilacio del Templo. Además se alegrará y alabará al Padre porque ha ocultado los misterios más altos a los sabios y a los orgullosos, y se los ha revelado a los sencillos y pequeños. También nos dirá que aprendamos de él, que es manso y humilde de corazón.

Por otra parte, se bautiza porque ha venido a cargar con los pecados de la Humanidad y redimir así al hombre de la servidumbre a que estaba sometido desde la caída de Adán. Jesús, como vaticinó el profeta Isaías, es el Cordero de Dios que carga con los pecados del mundo para expiarlos con su mismo sacrificio. Así pues, en su Bautismo comienza el Señor su misión redentora, inaugura una nueva era al dar a las aguas el poder de purificar a cuantos creyendo en Él se bautizarían, una vez consumada la redención en la cruz.

El Bautismo de Cristo es así un modelo de lo que es el nuestro. También nosotros, al ser bautizados, además de ser purificados del pecado original, hemos sido objeto del amor del Padre, hemos recibido al Espíritu Santo que ha morado, y mora si estamos en gracia de Dios, en nuestro cuerpo y en nuestra alma como en su propio templo.

Antonio García Moreno

De dentro afuera

Una conocida marca de productos lácteos, al lanzar una de sus campañas publicitarias, afirmaba: “si estamos bien por dentro nos sentimos mejor y eso se nota y se transmite en nuestro día a día”. No es ninguna novedad, es una experiencia que tenemos: se nota que una persona es feliz, o está enamorada, o es equilibrada… porque transmite esa sensación a su alrededor, aunque no diga nada. Su postura corporal, la expresión de su rostro, su mirada, su tono de voz… lo están reflejando. Y a menudo estas personas nos provocan una sana envidia porque también quisiéramos sentirnos así.

Hoy estamos celebrando la fiesta del Bautismo del Señor, que cierra el tiempo litúrgico de Navidad. En el Evangelio hemos escuchado el relato del bautismo de Jesús en el Jordán. Jesús, como Hijo de Dios, no necesitaba recibir el Bautismo de Juan, que era un bautismo de conversión, destinado a los pecadores. Pero Jesús quiso “pasar como uno de tantos” (cfr. Flp 2, 7) y se sometió voluntariamente para cumplir así todo lo que Dios quiere.

Pero aquí se manifiesta la diferencia: Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre Él. Y vino una voz del cielo, que decía: Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Jesús es ungido por el Espíritu Santo y el Padre lo proclama públicamente como su Hijo. Jesús, al recibir el Bautismo, le da un nuevo sentido, mucho mayor que el de la mera conversión que predicaba Juan; porque a partir de su Bautismo, Jesús comenzará la misión para la que se ha encarnado.

Una misión que desarrollará con el estilo del Siervo profetizado por Isaías, como hemos escuchado en la 1ª lectura: No gritará, no clamará, no voceará… La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará. Promoverá fielmente el derecho… para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión, y de la mazmorra a los que habitan en tinieblas. La conciencia que Jesús tenía de su identidad como Hijo de Dios y de su misión, lo que Él vivía en su interior, se le notaba en su día a día y lo transmitía en sus palabras, en sus acciones, en sus gestos, en su mirada… y por eso la gente se quedó admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad (Mt 7, 28-29).

Y en esta fiesta del Bautismo del Señor, una de las oraciones colectas dice así: “concédenos poder transformarnos interiormente a imagen de aquél a quien hemos conocido semejante a nosotros en su humanidad”. Como discípulos y apóstoles suyos, que estamos llamados a la santidad, también quisiéramos que a nosotros se nos notara más y mejor lo que vivimos en nuestro interior, para transmitirlo en nuestro día a día, en nuestras palabras, gestos, acciones…

De ahí que hoy también recordemos nuestro propio Bautismo, que está fundado en el Bautismo de Jesús. El Bautismo cristiano es principalmente signo de la fe, de la conversión, de la orientación de la vida a Jesucristo Muerto y Resucitado. Y todo esto debe salir de dentro afuera.

Jesús comenzó su vida pública a partir de su Bautismo, no vivió su vida para sí mismo, sino para los demás, para nosotros; literalmente se “des-vivió” por el prójimo, sobre todo el herido, el descartado. Del mismo modo nuestro Bautismo conlleva el seguimiento de Jesús, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo (2ª lectura). Si deseamos que la fe que profesamos se note de dentro afuera, nuestro Bautismo nos reclama una “vida pública”, un compromiso por continuar el anuncio del Reino que Jesús comenzó, con nuestras palabras, obras y gestos. 

¿Estoy bien “por dentro”? ¿Se me nota, aunque no lo diga? ¿Hay alguien a quien me gustaría parecerme porque noto que “está bien”? ¿Qué significa para mí el Bautismo de Jesús? ¿Y qué repercusiones tiene en mi día a día, dentro y fuera de la Iglesia, el Bautismo que he recibido?

El tiempo de Navidad, durante el que hemos celebrado la Encarnación del Hijo de Dios, se cierra con esta petición: “transformarnos interiormente a imagen de Aquél a quien hemos conocido semejante a nosotros en su humanidad”. Y esa transformación de dentro afuera se produce por el don del Espíritu que hemos recibido en el Bautismo, por el que somos verdaderamente hijos e hijas de Dios, de modo que todo lo que Cristo vivió lo podamos vivir con Él y como Él. 

Un niño que dará que hablar

Han pasado las navidades, y con el Bautismo del Señor, se inicia su andadura y su misión. ¿Qué andadura? ¿Qué misión?

1.- Ni más ni menos que aquello, que nosotros los cristianos, olvidamos con frecuencia: ser discípulo de Jesús es ser conocedor de su vida, entusiasta de Dios y orientar nuestra vida desde el Evangelio. ¿Lo hacemos?

Este Niño, al que visitaron humildemente los pastores; al que reverenciaron los magos para abrir su historia y su nombre a todos los pueblos de la tierra, inicia con su bautismo personal aquello para lo que ha nacido: ha venido para estar junto a nosotros, para enseñarnos el camino de la vida y del amor de Dios, y sobre todo, para dignificar nuestra existencia, divinizarla y darle otro color.

Se involucra de lleno en aquello que Dios le pide. Se abre el cielo, una vez más, no para entrar en el seno virginal de María, y sí para caminar por las entrañas de la tierra ofreciendo esperanza e ilusión a todo aquel que la ha perdido.

Aquel Niño que nació en una noche estrellada y silenciosa, hablará con fuerza sobre el amor y la justicia. Nos dirá que, el perdón, es distintivo de aquellos que se dicen amigos suyos y, sobre todo, nos invitará a ser testigos de lo que, El, dice, forja y enseña.

2.- El Bautismo del Señor es el punto de salida de una tarea que, además, sacude nuestras conciencias y nos ofrece muchas posibilidades.

-Sacude nuestras conciencias. Nos invita a plantearnos varios interrogantes. ¿Es nuestra fe operativa, profunda, convencida, creativa y activa? ¿No la tenemos demasiado dormida y arrinconada por vicisitudes o por vergüenza a exhibirla? ¿Por qué tanta bravura para hablar de lo superfluo, de aquello que pasa, y tanto miramiento o timidez para expresar aquello que decimos creer y sentir?

-Nos da muchas posibilidades. El Bautismo del Señor nos abre, nuevamente, el cielo. Escuchamos, una vez más, que somos hijos preferidos por parte de Dios, que nos ama pero, que hemos de intentar practicar aquello que Jesús nos dice. Y que, su misión, es nuestra misión. Que su locura, ha de ser nuestra locura. Que su fin, ha de ser nuestro fin. Que su camino, ha de ser el nuestro. El Bautismo del Señor es descubrir el sentido de nuestro propio bautismo. No se construye una casa para nunca habitarla. Ni, tampoco, se descorcha una botella de buen vino para desperdiciar su contenido. Ni, mucho menos, compramos un artículo de belleza para nunca lucirlo.

3.- De igual manera, el Bautismo del Señor, empuja y sazona el nuestro, con la luz de una gran verdad: hemos de ser sus testigos cumpliendo la voluntad de Dios allá donde nos encontremos.

Si Jesús, desde el día de su nacimiento, comparte nuestra condición humana, ahora, con su Bautismo carga con nuestras deficiencias y pecados, se compromete de lleno en un intento de recuperarnos y de llevarnos a Dios.

¿Qué ser cristiano no es cómodo ni fácil? ¡Por supuesto! ¡Nunca lo ha sido! Pero, Jesús, no se conformó con descender al Jordán para hacer el numerito. No cumplió el rito por simple tradición o presión social. En su ascenso, a la tierra llana y dura, comprobó enseguida que su mensaje era causa de tensión. ¡No dejaba indiferente a nadie! Fue un Niño que, siendo joven, no dejó frío a nadie.

4.- Me gusta pensar en aquel momento del Bautismo del Señor: “Jesús haciendo cola para ser bautizado por las manos de Juan Bautista”. Pero lo hacía con todas las consecuencias. Sabedor del compromiso que adquiría. Consciente de las dificultades que le esperaban en el recorrido del anuncio de su reino.

Y, también, me preocupa –por comparación- recordar la escena de tantos cristianos que se acercan (con muy poca paciencia, sin hacer cola y si puede ser, sin preparación alguna, mejor que mejor) para ser bautizados pero muy poco conscientes de lo que implica el vivir y sentirse como bautizados.

A una con el Señor, renovemos en el inicio de este año 2020 nuestro deseo de que la presencia de Dios en nuestra vida sea algo real, vivo, visible y testimonial.

5.- ORACION FINAL

Que también, en mí Señor,
se inaugure como en Ti
un nuevo tiempo de misión y de trabajo.
Que la presencia de Dios y del Espíritu
y de toda tu persona,
se haga presente en mí, de tal manera
que, viviendo con alegría mi ser cristiano,
sea semilla de aquella gran sementera que es tu Evangelio
Que también, yo Señor,
renazca a una vida nueva.
Que no me sienta seguro de mí mismo
Que no crea que, con ser bueno, ya es bastante.
Que me fíe de tu Palabra, y con tu Palabra,
me sienta querido por Dios y empujado
a proclamar su existencia en medio del mundo.

Tú, Señor, nos das una forma de entender la vida
Tú, Señor, nos das el secreto de la felicidad
Tú, Señor, con tu Bautismo
cargas con todas nuestras flaquezas y miserias.
Dios, sobre tus hombros, pones el futuro de nuestra humanidad:
¡Redímela con tu testimonio y sacrificio!
¡Rescátala de las incertidumbres que la asolan!
¡Recupérala de aquellos falsos dioses ante los que se postra!
Tú, Jesús, que eres preferido, amado, tocado por el Espíritu
Haz que, también nosotros,
sintamos el calor de la gloria del Padre
que no es otra que la comunión del Hijo con el Espíritu Santo.
Amén

Javier Leoz

Comentario al evangelio – Bautismo del Señor

¡Descubramos nuestro Bautismo!

      Hoy entendemos el Bautismo como un sacramento, un rito que hay que cumplir para entrar a formar parte de la comunidad católica. Pero la fiesta de hoy nos recuerda que el Bautismo es algo mucho más profundo. Y que sería bueno que recuperásemos ese significado en nuestra vida cristiana. 

      Lo que hoy es apenas en la mayor parte de las parroquias un echar un poco de agua sobre la cabeza del recién nacido, era al principio de la historia del cristianismo y lo es todavía en algunas parroquias, un sumergirse completamente en el agua. El agua es principio de muerte (en el agua nos ahogamos, no podemos respirar, lo que se echa al agua se disuelve, se deshace, deja de existir) pero también es principio de vida (científicamente se puede afirmar que la vida comenzó en el agua, el feto está envuelto en líquido, del agua se resurge limpio y puro). El Bautismo tiene pues un significado básico: expresa la muerte y la resurrección de una persona. El que se bautiza muere a una vida y al salir del agua comienza una nueva vida. Por eso la tradición cristiana hizo que en el Bautismo se impusiera un nuevo nombre a la persona. La nueva vida requería un nuevo nombre. 

      Todo es un signo. Nadie muere de verdad ni resucita de verdad. Pero hay momentos en la vida en que se requiere un signo de ese tipo que rubrique un cambio real de vida en la persona. A veces, aunque no se produzca una muerte física, se dan cambios en la vida de una persona que traen ciertamente un nuevo estilo y una nueva orientación.

      Con ese sentido tan profundo se bautizó Jesús. Hasta entonces había vivido como uno más. Quizá se había retirado al desierto y allí había estado con el grupo de Juan Bautista o con otros grupos. Fue allí donde maduró su decisión, donde reconoció su llamada a anunciar la buena nueva del Reino. Por eso se bautizó. Fue una forma de refrendar públicamente su nuevo estilo de vida. El Bautismo de Jesús marca una frontera entre su vida anterior y posterior. Fue de verdad el comienzo de una nueva vida al servicio del Reino de Dios.

      Para nosotros el bautismo no tiene ese sentido. La mayoría fuimos bautizados de recién nacidos. No recordamos nada de aquella celebración. No significó un antes y un después en nuestra vida. Más bien nos sentimos inmersos desde el principio en la tradición cristiana. Desde el principio de nuestra vida somos cristianos. Ahora se trata de llevar a la práctica diaria lo que nuestro bautismo celebró y significó. Como Jesús, estamos comprometidos a vivir de acuerdo con el Evangelio. A ser portadores de la buena nueva para todo el mundo. 

Para la reflexión

¿Ha habido algún momento de mi vida en que me haya dado cuenta de verdad de lo que significa ser cristiano y seguir a Jesús? ¿Qué debería hacer para vivir mi bautismo con mayor fidelidad? ¿Trato de vivir como cristiano a lo largo de todo el día y con aquellos con los que me encuentro?

Fernando Torres, cmf