Vísperas – Lunes I de Tiempo Ordinario

VÍSPERAS

LUNES I TIEMPO ORDINARIO

INVOCACIÓN INICIAL

V/. Dios mío, ven en mi auxilio
R/. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO

Hora de la tarde,
fin de las labores.
Amo de las viñas,
paga los trabajos de tus viñadores.

Al romper el día,
nos apalabraste.
Cuidamos tu viña
del alba a la tarde.
Ahora que nos pagas,
nos lo das de balde,
que a jornal de gloria
no hay trabajo grande.

Das al vespertino
lo que al mañanero.
Son tuyas las horas
y tuyo el viñedo.
A lo que sembramos
dale crecimiento.
Tú que eres la viña,
cuida los sarmientos

SALMO 10: EL SEÑOR, ESPERANZA DEL JUSTO

Ant. El Señor se complace en el pobre.

Al Señor me acojo, ¿por qué me decís:
«Escapa como un pájaro al monte,
porque los malvados tensan el arco,
ajustan las saetas a la cuerda,
para disparar en la sombra contra los buenos?
Cuando fallan los cimientos,
¿qué podrá hacer el justo?

Pero el Señor está en su templo santo,
el Señor tiene su trono en el cielo;
sus ojos están observando,
sus pupilas examinan a los hombres.

El Señor examina a inocentes y culpables,
y al que ama la violencia él lo odia.
Hará llover sobre los malvados ascuas y azufre,
les tocará en suerte un viento huracanado.

Porque el Señor es justo y ama la justicia:
los buenos verán su rostro.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. El Señor se complace en el pobre.

SALMO 14: ¿QUIÉN ES JUSTO ANTE EL SEÑOR?

Ant. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu monte santo?

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua,

el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,

el que no retracta lo que juró
aun en daño propio,
el que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.

El que así obra nunca fallará.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

CÁNTICO de EFESIOS: EL DIOS SALVADOR

Ant. Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

Él nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos
e irreprochables ante Él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Este es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
del cielo y de la tierra.

Gloria al Padre al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.

Ant. Dios nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos.

LECTURA: Col 1, 9b-11

Conseguid un conocimiento perfecto de la voluntad de Dios, con toda sabiduría e inteligencia espiritual. De esta manera, vuestra conducta será digna del Señor, agradándole en todo; fructificaréis en toda clase de obras buenas y aumentará vuestro conocimiento de Dios. El poder de su gloria os dará fuerza para soportar todo con paciencia y magnanimidad, con alegría.

RESPONSORIO BREVE

R/ Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.
V/ Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

R/ Yo dije: Señor, ten misericordia.
V/ Porque he pecado contra ti.

R/ Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
V/ Sáname, Señor, porque he pecado contra ti.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque Dios ha mirado mi humillación.
Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Proclama mi alma la grandeza del Señor, porque Dios ha mirado mi humillación.

PRECES

Demos gracias a Dios, nuestro Padre, que, recordando siempre su santa alianza, no cesa de bendecirnos, y digámosle con ánimo confiado:

Trata con bondad a tu pueblo, Señor

Salva a tu pueblo, Señor,
— y bendice tu heredad.

Congrega en la unidad a todos los cristianos,
— para que el mundo crea en Cristo, tu enviado.

Derrama tu gracia sobre nuestros familiares y amigos:
— que difundan en todas partes la fragancia de Cristo.

Muestra tu amor a los agonizantes:
— que puedan contemplar tu salvación.

Se pueden añadir algunas intenciones libres

Ten piedad de los que han muerto
— y acógelos en el descanso de Cristo.

Terminemos nuestra oración con las palabras que nos enseñó el Señor:
Padre nuestro…

ORACION

Nuestro humilde servicio, Señor, proclame tu grandeza, y, ya que por nuestra salvación te dignaste mirar la humillación de la Virgen María, te rogamos nos enaltezcas llevándonos a la plenitud de la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

CONCLUSIÓN

V/. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R/. Amén.

Lectio Divina – Lunes I de Tiempo Ordinario

1) Oración inicial

Muéstrate propicio, Señor, a los deseos y plegarias de tu pueblo; danos luz para conocer tu voluntad y la fuerza necesaria para cumplirla. Por nuestro Señor. Amen. 

2) Lectura

Del santo Evangelio según Marcos 1,14-20
Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva.»
Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: «Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres.» Al instante, dejando las redes, le siguieron.
Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes; y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él. 

3) Reflexión

• Después de que tomaron preso a Juan, Jesús fue a la provincia de Galilea y empezó a proclamar la Buena Nueva de Dios. Juan fue tomado preso por el rey Herodes porque denunció el comportamiento inmoral del rey (Lc 3,18-20). ¡La prisión de Juan Bautista no asustó a Jesús! Vio en ella una señal de la llegada del Reino. Y hoy, ¿sabemos leer los hechos de la política y de la violencia urbana para anunciar la Buena Nueva de Dios?
• Jesús proclamaba la Buena Nueva de Dios. La Buena Nueva de Dios no solamente porque viene de Dios, sino que también y sobre todo porque Dios es su contenido. Dios, El mismo, es la mayor Buena Nueva para la vida humana. Responde a la aspiración más profunda de nuestro corazón. En Jesús aparece lo que acontece cuando un ser humano deja que Dios entre y reine. Esta Buena Nueva del Reino de Dios anunciada por Jesús tiene cuatro aspectos:
a) ¡El plazo está vencido! Para los demás judíos el plazo no estaba vencido todavía. Faltaba mucho para la llegada del Reino. Para los fariseos, por ejemplo, el Reino podía llegar sólo cuando fuera perfecta la observancia de la Ley. Jesús tiene otro modo de leer los hechos. Dice que el plazo está vencido.
b) ¡El Reino de Dios se ha acercado! Para los fariseos la llegada del Reino dependía de sus esfuerzos. Llegaría sólo después que ellos hubiesen observado toda la ley. Jesús dice lo contrario: ¡El Reino se ha acercado!” Ya estaba allí, independientemente del esfuerzo hecho. Cuando Jesús dice: “¡El Reino se ha acercado!”, no quiere decir que el Reino estaba llegando en ese momento, sino que ya estaba allí. Aquello que todos esperaban, ya estaba presente en sus vidas, y ellos no lo sabían, no lo percibían (cf. Lc 17,21). ¡Jesús lo percibió! Pues él leía la realidad con una mirada diferente. Jesús revelará a los pobres de su tierra esta presencia escondida del Reino en medio de la gente. Es ésta la semilla del Reino que recibirá la lluvia de su palabra y el calor de su amor.
c) ¡Conviértanse! El sentido exacto es mudar la forma de pensar y de vivir. Para poder percibir la presencia del Reino en la vida, la persona tendrá que empezar a pensar y a vivir de forma distinta. Tendrá que mudar de vida y encontrar otra forma de convivencia. Tendrá que dejar de lado el legalismo de la enseñanza de los fariseos y permitir que la nueva experiencia de Dios invada su vida y le dé ojos nuevos para leer y entender los hechos.
d) ¡Crean en la Buena Nueva! No era fácil aceptar este mensaje. No es fácil empezar a pensar de forma distinta de todo lo que uno ha aprendido, desde pequeño. Esto sólo es posible mediante un acto de fe. Cuando alguien viene a traer una noticia diferente, difícil de ser aceptada, usted la aceptará sólo si la persona que trae la noticia es de confianza. Y usted dirá a los demás: “Pueden ustedes aceptar. Yo conozco a la persona. No engaña. ¡Es de confianza!” ¡Jesús es de confianza!
• El primer objetivo del anuncio de la Buena Nueva es formar comunidad. Jesús pasa, mira y llama. Los cuatro primeros en ser llamados: Simón, Andrés, Juan y Santiago, escuchan, lo dejan todo y siguen a Jesús para formar comunidad con él. ¡Parece amor a primera vista! Según el relato de Marcos, todo aconteció durante el primer encuentro con Jesús. Comparando con otros evangelios, la gente percibe que los cuatro ya conocían a Jesús (Jn 1,39; Lc 5,1-11). Ya tuvieron la oportunidad de convivir con él, de verle cuando ayudaba a la gente y de escucharle en la sinagoga. Sabían como vivía y lo que pensaba. El llamado no fue cosa de un momento, sino más bien de repetidos llamados e invitaciones, de avances y retrocesos. ¡El llamado comienza y vuelve a empezar siempre de nuevo! En la práctica, coincide con la convivencia de los tres años con Jesús, desde el bautismo hasta el momento en que Jesús fue levantado al cielo. (He 1,21-22). Entonces, ¿por qué Marco nos lo presenta como un hecho repentino de amor a primera vista? Marcos piensa en el ideal: el encuentro con Jesús tiene que producir un cambio radical en nuestra vida. 

4) Para la reflexión personal

• Un hecho político, la prisión de Juan, llevó a Jesús a que iniciara el anuncio de la Buena Nueva de Dios. Hoy, los hechos políticos y sociales ¿influyen en el anuncio que hacemos de la Buena Nueva a la gente?
• “¡Conviértanse! ¡Crean en la Buena Nueva!” ¿Cómo está aconteciendo esto en mi vida? 

5) Oración final

Porque tú eres Yahvé,
Altísimo sobre toda la tierra,
por encima de todos los dioses. (Sal 97,9)

Éste es el Cordero de Dios, que quita los sufrimientos del mundo

Cuando Jesús aparece por primera vez en el cuarto evangelio, se le muestra en acto de venirhacia Juan, así se cumple el anuncio de Isaías «El Señor viene» (Is 40,10). Pero si Jesús vienehacia Juan, no es para hacerse bautizar, sino para mostrar que Dios está realizando en Jesús la promesa y la esperanza de salvación dada desde antiguo a su pueblo.

¿Qué es el pecado del mundo?

  1. La primera carta de Juan atribuye a Jesús, el Mesías, la función de limpiar los pecados de los hombres. Sin embargo, hay una diferencia en el testimonio del Bautista que narra el cuarto evangelio: no habla de lospecados de los hombres, sino delPecado del mundo. La función de Jesús, el Mesías, para el cuarto evangelio no es solamente la de suprimir los pecados individuales, sino la de poner fin al dominio del Pecado básico. Pero ¿cuál es ese pecado del mundo? No pocos exégetas afirman que consiste en el estado de ruptura con Dios en que se encuentra la humanidad. Pero esto es decir algo muy general y sin un contenido preciso al qué atenerse.
  2. Pues bien, para entender qué es el “pecado del mundo”, diremos que el vocablo “mundo” se refiere al conjunto de valores y de contravalores que comparten una pluralidad de personas en un tiempo y en un espacio determinados. A lo largo de la historia han existido multitud de mundos: el mundo griego, el mundo medieval, el mundo moderno, el mundo africano, el tercer mundo, el mundo desarrollado, el mundo asiático, etc. Lo más específico de cada mundo es que todos los valores y los contravalores que lo constituyen y que son compartidos por una pluralidad de personas están dirigidos e influidos profundamente por un “núcleo” formado por valores y contravalores de ese mundo.

  3. Jesús fue en su “mundo judío” –sometido a los romanos y a las clases ricas colaboracionistas con el imperio–, un verdadero “cordero de Dios” que liberó a los más desprotegidos de las grandes inhumanidades, es decir, curó enfermos, dio dignidad a los que no la tenían, se compadeció de los que sufrían, liberó a los que padecían todo tipo de esclavitudes, hizo comidas abiertas sin distinción de clases sociales (“Tomad y comed todos del mismo pan”, “Le reconocieron al partir (para repartir) el pan”). Éste era el modo que Jesús tenía de quitar el pecado, la gran inhumanidad de su mundo, plagado de numerosos pobres y desvalidos: poniendo remedio a los efectos negativos y dolorosos que los contravalores más importantes para aquel mundo (hambre, discriminación de todo tipo, enfermedades) causaban en las personas indefensas. Jesús, el Cordero por el que Dios quitó el pecado de su mundo judío, bien puede considerarse Hijo (Jn 1, 34), y llamar Padre al Dios cuya misericordia compasiva y generosa bondad se opone a todas las formas de mal y de sufrimiento de los seres humanos.

Nuestro mundo

Desde comienzos de la humanidad, en los múltiples y variados mundos que han existido, los valores de sus respectivos núcleos fueron los valores religiosos, que teñían de “religiosismo” a todos los demás valores. Hoy, en cambio, en “nuestro mundo de la producción y del consumo”, los valores religiosos han sido sustituidos por los valores biopsíquicos (salud, placer de los sentidos, placer sexual, limpieza) y por los valores económicos (producción y consumo de mercancías).

Estas dos clases de valores son los que ejercen hoy de núcleo dominador y transformador de los demás valores. Por tanto, el resto de los valores (estéticos, morales, religiosos, sociales, del conocimiento y lúdicos) son tratados y vividos casi únicamente como mercancía (aquello por lo que se paga un precio monetario) o como fuente de salud y de placeres de los sentidos. Aquí es donde se origina el mayor pecado de nuestro mundo, el mayor de los contravalores, el que causa mayores sufrimientos en muchísimas personas. Otros mundos han tenido su propio pecado, su contravalor–fuente de toda clase de sufrimientos de las personas.

Las inhumanidades o el pecado de nuestro mundo

¿Qué inhumanidades se generan en nuestro mundo por el hecho de tener como núcleo a los valores y a los contravalores económicos y biopsíquicos?

  1. Los linchamientos personales de vida orgánica. Muertes masivas debidas a conflictos bélicos, muertes por la producción y comercialización de variados y terribles ingenios bélicos a escala global, millones de muertos de hambre, especialmente niños, víctimas de la injustísima distribución de la riqueza. Tampoco han de olvidarse las víctimas causadas por el intenso y extenso tráfico mundial de drogas, de tabacos y de bebidas alcohólicas.
  2. El lucro ilimitado, característico del núcleo económico de nuestro mundo, desencadena explotaciones sin medida de los entes, porque todos los seres, incluido el ser humano, hemos sido reducidos en nuestro mundo a la categoría de simple mercancía. Hoy estamos tomando conciencia de cómo la explotación económica sin límites de nuestro planeta nos va a llevar pronto a una gran catástrofe. Pero, como siempre, son los pobres y los débiles los que sufren mucho más las consecuencias negativas de esta explotación sin límites.
  3. La combinación de contravalores biopsíquicos y económicosorigina la carencia de los valores biopsíquicos y económicos más elementales. No hay palabras para describir la miseria de esas personas que habitan en las enormes montañas de basuras de las periferias de las grandes ciudades. Los harapos y el hambre de los niños, el abandono de ancianos solitarios, el hacinamiento, las enfermedades plagadas de indignidad, la suciedad, el desaliño y la falta de higiene por todas partes, expuestos día y noche a toda la inclemencia brutal de la naturaleza son las “pertenencias” de estas personas.
  4. Los que padecen la condición de parados. Para la inmensa mayoría de los parados, la pérdida de trabajo lleva consigo el corte radical del flujo de dinero hacia ellos. El parado entra así en el área del sufrimiento unido a las más humillantes dependencias, bien como marginado o como dependiente de las familias o del amparo de un Estado protector.
  5. Los valores biopsíquicos y económicos erosionan el sentido general de la vida, puesto que degradan a los demás valores al convertirlos en mercancías y hacerlos perder su propia y específica naturaleza.
  6. Muchísimas personas, en inmensas migraciones, parten de las naciones pobres y se dirigen a las ricas, deseosas de saborear lo que les ofrece nuestro mundo de valores biopsíquicos y económicos.
  7. El sufrimiento que produce el cinismo de hacer que el valor cohabite sin problema alguno con el contravalor. Tales son los casos de justificación de la coexistencia de abundancia de alimentos de unos pocos con abundancia mayor de muertos de hambre, la compatibilidad de un voraz consumismo con el esmerado respeto a los seres de la naturaleza, ser al mismo tiempo hábiles compradores de votos y promotores entusiasmados de la democracia, la armonía de la riqueza económica de unos pocos con la miseria biopsíquica de una gran mayoría, hablar de la promoción de la cultura y de la educación para todos y luego dedicar casi en exclusiva todos los recursos al desarrollo del producto interior bruto económico, la cohabitación de libre mercado y la esclavitud de países enteros.
  8. El egoísmo –contravalor social y también ético– cuando está influido por lo biopsíquico económico. Mucha gente habla de que el egoísmo se está extendiendo cada día más, sobre todo entre los jóvenes. Y es verdad. Una de las razones de tal extensión del egoísmo es que los valores que constituyen el centro valorativo de nuestra situación son excluyentes, más los económicos que los biopsíquicos. Quiero significar con el término “excluyentes” el hecho de que, si los posee una persona, no puede tener esos mismos valores y al mismo tiempo otra persona. Por tanto, el individualismo egoísta en las personas es una consecuencia inevitable de vivir una situación en la que el centro valorativo es el que tenemos en nuestro mundo.

Los cristianos, continuadores de la obra del Cordero de Dios en nuestro mundo

En principio, la salvación parcial, limitada y temporal que Jesús ejercía en Galilea contra las inhumanidades, contra el pecado de su mundo, acabó cuando murió. Pero Jesús creó un movimiento, en el que quien desee identificarse con él ha de seguir su mismo camino de salvación de los contravalores que sufre la gente de su alrededor.

La salvación de Dios en Jesús ya no es –después de su muerte– directa, sino que ha de ser llevada a cabo por sus seguidores. Las grandes acciones salvíficas de Dios en favor de Israel, que la liturgia no cesa de narrar, celebrar y alabar, fueron llevadas a cabo en Israel por seres humanos concretos, no directamente por Dios.

Ahora bien, la función de los cristianos no es solamente la de ayudar a suprimir los sufrimientos individuales, sino la de poner fin al dominio de ese pecado básico de nuestra cultura: el dominio absoluto de lo económico y de lo biopsíquico sobre todo lo demás. Este pecado es el origen de no pocos sufrimientos en nuestro mundo.

Baldomero López Carrera

Comentario – Lunes I de Tiempo Ordinario

Tras ser arrestado Juan el Bautista, Jesús decide marchar a Galilea a proclamar su evangelio, que es el Evangelio de Dios. Decía: Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios; convertíos y creed la Buena Noticia. La alusión al plazo hace referencia a un período de tiempo que ha llegado a su término. El plazo señala la frontera entre lo que finaliza y lo que comienza. La presencia de Cristo en el mundo representa esa frontera entre el viejo Testamento, que llega a su fin, y el nuevo, que irrumpe con él. Su proximidad es la cercanía del Reino, porque con él, con su presencia y actividad, llega el Reino de Dios. La llegada del Reino coincide con la implantación del derecho divino y con la liberación de los oprimidos por el diablo. Son las dos tareas que ha venido a realizar el Ungido por el Espíritu Santo. Por eso, en la medida en que implanta el derecho (divino) en las naciones y libera de la opresión del poder del diablo (o pecado), establece el Reino de Dios en el mundo. La cercanía del Reino es ya presencia operativa, aunque no sea plenitud –plena instalación- o consumación.

Pero la presencia del Reino en el mundo no se concibe sin conversión y sin fe en esa buena noticia que lo anuncia. La conversión a esa realidad a la que se invita a participar supone la fe en la realidad misma de esa noticia que se presenta como buena, puesto que el Reino es algo muy beneficioso para el hombre, tanto que representa su salvación. La cercanía del Reino es el evangelio de Jesús, su Buena Noticia para la entera humanidad. Pero formar parte de esta realidad que nos llega con Jesucristo no puede ser nunca una imposición. La estructura del Reino no es la propia de un régimen de esclavitud, sino de libertad. Sus habitantes no pueden ser sino personas libres, que han optado libremente por formar parte de este régimen en el que impera la ley del amor.

La felicidad del Reino es incompatible con una situación de sometimiento forzado, similar al de un campo de concentración o al de un régimen policial. Por eso se hace imprescindible la conversión a (o la asunción de) sus valores para incorporarse a él como miembros de pleno derecho. Sólo los que aman los valores que prevalecen en el Reino -los proclamados en las bienaventuranzas- pueden sentirse cómodos o felizmente instalados en él.

Pero el Reino es también una realidad comunitaria, que no se concibe sin moradores, sin seres humanos viviendo en la armonía y el amor de Dios. La implantación del Reino es, por eso, implantación de una comunidad humana en la que se comparten bienes y recursos. Por eso Jesús no se limitó a proclamar la buena noticia de su proximidad y a invitar a la conversión a sus valores, sino que comenzó a forjar esa comunidad germinal, llamando a algunos a formar parte de la misma para hacerla después extensiva a otros lugares y personas. Eso es lo que significa ser pescadores de hombres.

Jesús no llama a Simón y a Andrés y a los hermanos Zebedeo, Santiago y Juan, únicamente para que estuvieran con él, formando parte de esa comunidad mesiánica nuclear en la que comenzaba a germinar el Reino; los llama también para que sean pescadores de hombres, ampliando así los límites del Reino y propiciando el brote de nuevas comunidades donde se vivan los valores del Reino. Venid conmigo –les dice- y os haré pescadores de hombre. El Reino ya no depende exclusivamente del Mesías, sino también de todos los que, llamados por él, se incorporan a su misión de anunciar y de extender el Reino de Dios en el mundo como colaboradores suyos. Ellos dejaron inmediatamente las redes y lo siguieron. Su reacción ante la llamada significó el comienzo de esta colaboración para la que tuvieron que dejar cosas importantes; porque importantes para ellos (como lo es para cualquiera) eran su trabajo y su familia.

Pero aquella colaboración con Jesús empezó a significar para ellos más que su propio trabajo y sus lazos afectivos. De no haber sido así, no habrían roto con vínculos tan poderosos. La implantación del Reino de Dios justifica, por tanto, no sólo la misión del mismo Cristo, sino también la vocación y misión de sus discípulos, los futuros pescadores de hombres. Aquí, la pesca no es otra cosa que la convocación y congregación de los designados por Dios para formar parte de este Reino de salvación que es el suyo y del que por principio no se excluye a ninguna de sus criaturas racionales.

Ello explica que, tras la resurrección, reciban el mandato de marchar por el mundo (sin detenerse en ninguna frontera) predicando el evangelio del Reino y bautizando. Tanto la enseñanza como el bautismo son los instrumentos empleados para la congregación de los llamados. Y esa labor se hace realidad histórica en las comunidades cristianas nacidas de esta siembra y de esta pesca. La realidad del Reino comienza germinando en el interior de las personas, pero no se visibiliza hasta que no se hace comunidad de vida en las familias y en las iglesias. Porque si no se hace comunidad –sólo en ella se puede compartir- es que su crecimiento se ha interrumpido. La levadura del Reino dispone de un dinamismo de comunión que tiene que hacerse patente de cualquier modo en las relaciones humanas, generando mecanismos de unión o de fraternidad. ¿Quién puede desear quedar excluido de esta hermosa realidad aportada por Cristo? Sólo los ignorantes, los soberbios o los solitarios enfermizos que desconocen el deleite de la vida en comunión.

JOSÉ RAMÓN DÍAZ SÁNCHEZ-CID
Dr. en Teología Patrística

Christus Vivit – Francisco I

El acompañamiento de los adultos

242. Los jóvenes necesitan ser respetados en su libertad, pero también necesitan ser acompañados. La familia debería ser el primer espacio de acompañamiento. La pastoral juvenil propone un proyecto de vida desde Cristo: la construcción de una casa, de un hogar edificado sobre roca (cf. Mt 7,24-25). Ese hogar, ese proyecto, para la mayoría de ellos se concretará en el matrimonio y en la caridad conyugal. Por ello es necesario que la pastoral juvenil y la pastoral familiar tengan una continuidad natural, trabajando de manera coordinada e integrada para poder acompañar adecuadamente el proceso vocacional.

Homilía – Domingo II de Tiempo Ordinario

1.- Presentación del Siervo y de su misión (Is 49,3.5-6)

Las enseñanzas de Isaías sobre el misterioso Siervo de Dios y su misión sirvieron de inspiración, en la Iglesia apostólica, para describir a Jesús y su tarea de enviado.

Se describe la complacencia de Dios en su Siervo: «Tú eres mi Siervo de quien estoy orgulloso». Y a ella sigue un breve apunte sobre su llamada… «Desde el vientre me formó Siervo suyo». Subraya la precedencia de Dios y una iniciativa, siempre gratuita, que parte del Señor. La vocación no se gana, en efecto, a fuerza de puños, sino escuchando con humilde docilidad la llamada.

Siguen unas indicaciones sobre su misión. Misión particular: la reunificación de Israel; misión universal: «Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra».

El Antiguo Testamento es ya testigo del querer de Dios de salvar a todos. Quedó, sin embargo, recortado por una visión particularista de un pueblo a quien gustaban más los privilegios que la gracia. La gracia era la de saberse luz para alumbrar a todas las naciones.

2.- La hondura de un saludo (1Cor 1,1-3)

Nuestros saludos se nos han hecho formalistas y rutinarios, los saludos escritos y aquellos con los que celebramos personales encuentros.

Pero, no hay rutina en el saludo de Pablo a la Iglesia de Corinto. Es, más bien, un «concentrado» de la eclesiología que va a desarrollar en su carta. Frente a quienes cuestionaban su apostolado, se auto presenta como «apóstol por voluntad de Dios»; y a Sostenes, incorporado a la escritura de la carta, lo presenta sencillamente como hermano, desde la intensa experiencia de fraternidad de los discípulos del Señor. ‘

Escriben «a la Iglesia de Dios en Corinto», comunidad de discípulos concreta, establecida en un preciso lugar que es, sin embargo, Iglesia de Dios, en la que se realiza el plan salvador de Dios en Cristo Jesús. Sus miembros son «consagrados» por Jesucristo. Su procedencia poco importa, porque todos han sido llamados. Jesucristo, en efecto es «Señor nuestro y de ellos».

Es un saludo que nos sabe a liturgia. Los dones del Padre y del Hijo asociados en una misma acción salvadora: la gracia y la paz son del Padre y de su Hijo, Jesús Deseadas a los de Corinto, son prenda del amor, la confianza y la plenitud.

 

3.- Presentación de Jesús y de su misión (Jn 1,29-34)

El cuarto evangelio pone la presentación de Jesús en labios de Juan el Bautista. Y lo presenta, «cumpliendo» en

su identidad y misión la misteriosa figura del Siervo. Juan presenta a Jesús como «Cordero que quita el pecado del mundo». Las resonancias del Siervo de Isaías saltan a la vista la designación de «cordero» y aquel sufrir y dolerse, asociando a los suyos en el sufrimiento y por todos ofreciendo su vida.

En la presentación de Juan hay, además, una indicación de pre-existencia: «Existía antes que yo», y de relación de tareas: «He salido a bautizar, para que él (no yo) sea manifestado a Israel». Con relación a Jesús, Juan es indicación y referencia.

La presentación adquiere solemnidad con la categoría del testimonio. Para darlo, incluye Juan la presencia especial del Espíritu, señalando la identidad («ese es») y la misión encaminada a un nuevo bautismo. «No sólo con agua, sino con Espíritu Santo». Espíritu repartido, para formar la comunidad de los discípulos. El Bautista, que ha visto cómo se realiza en Jesús la figura del Siervo, ahonda ahora su testimonio: «Doy testimonio de que este es el Hijo de Dios».

Luz de las naciones

Ya está el «Siervo» dispuesto a la batalla:
vibra en la voz tonante del profeta,
alienta en la arpillera del asceta
y chasca con los avisos de la tralla…

Empuña, firme, el asta de la dalla,
sus ojos queman, su palabra inquieta…,
reprueba el disimulo y la careta,
aparta la basura y la morralla…

Pero, en el fondo, sólo es un «Cordero».
Rociará con su sangre el mundo entero,
para arruinar la muerte y el pecado.

Será «luz» para todas las naciones,
retornará al Señor los corazones
y la gloria de un pueblo renovado.

 

Pedro Jaramillo

Jn 1, 29-34 (Evangelio – Domingo II de Tiempo Ordinario)

El don del bautismo en el Espíritu

Este es un domingo de transición que, de alguna manera, se recrea un poco en el mensaje del domingo pasado, quizás para señalar con más fuerza la importancia de lo que significan los comienzos de la vida pública de Jesús. Es verdad que históricamente nos hubiera gustado saber día a día lo que Jesús pudo hacer y sentir desde su nacimiento. Pero esta es una batalla de curiosidad perdida; también el silencio y el misterio, desde Nazaret hasta que se decide a salir de su pueblo, debe maravillarnos como una posibilidad del proyecto de Dios en el que no ocurre nada extraordinario, porque lo extraordinario es que Dios aprende a ser hombre.

Tampoco el evangelio de Juan nos va a ofrecer demasiados datos; por el contrario, pone sobre la boca de Juan el Bautista unas afirmaciones que llaman la atención: “el cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. ¿Es posible que un cordero (gr. amnos) se atreva con el pecador del mundo? ¿Por qué lo saluda así Juan el Bautista? De todas formas no debemos pasar por alto que dice “cordero de Dios” (amnos tou theou). La opinión más extendida es que ya aquí se está apuntando a la Pascua, al cordero Pascual que se sacrificaba en el templo para rememorar la liberación de Egipto. Un condero frente al poder del mundo es demasiado, pero esa es la lucha que en la teología joánica se ha de poner de manifiesto: vida-muerte, amor-odio, luz-tinieblas son los contrastes con las cuales se expresa la misión de Jesús.

Este de hoy es uno de los textos de densidad cristológica inigualable. Su lectura se puede dividir en dos : vv. 29-31 y vv. 32-34. Sabemos que el evangelio de Juan no se anda por las ramas en lo que respecta a las afirmaciones cristológicas, de títulos, sobre Jesús. Por eso se ha dicho, con razón, que las afirmaciones del evangelio de Juan responden a una época bien tardía del Nuevo Testamento. Eso no significa que se haya desfigurado la base histórica del cristianismo primitivo; simplemente que se dan pasos muy avanzados. Efectivamente, sabemos que el evangelio de Juan tampoco es el resultado de una mano sola en su redacción o confección, sino de varias manos, de varias épocas, a la vez que se perciben polémicas y otras cosas semejantes. El texto de hoy es típico en este sentido.

El contraste entre Juan y Jesús es tan patente como si se describiera el amanecer y el mediodía, entre las sombras y la luz; entre el agua y el Espíritu. En el texto queda patente que Juan actuaba por medio del bautismo de agua para la conversión; de Jesús se quiere afirmar que trae el bautismo nuevo, radical, en el Espíritu, para la misma conversión y para la vida. Uno es algo ritual y externo; otro es interior y profundo: sin el Espíritu todo puede seguir igual, incluso la religión más acendrada. Esto es lo que el testo joánico de nuestro evangelista quiere subrayar. Y el hecho de que lo presente, al principio, como un “cordero” indica que su fuerza estará en la debilidad e incluso en la mansedumbre de un cordero (signo bíblico de la dulzura) dispuesto a ser “degollado”. En definitiva, el pecado absoluto del mundo, será vencido por el poder del Espíritu que trae Jesús. El bautismo de agua puede y tiene sentido, pero para significar el bautismo, el sumergirse, en el Espíritu de Dios que trae Jesús.

Probablemente se quiera combatir a algunos discípulos de Juan el Bautista que pertenecían a la comunidad joánica y necesitaban un testimonio de esta envergadura, porque todavía no habían comprendido verdaderamente el papel del Bautista como anunciador del verdadero Mesías. Juan, frente a Jesús, no tiene sino agua para purificar, pero eso es muy poca cosa para purificar corazones; así lo reconoce. Solamente el Espíritu que ha recibido y trae Jesús es capaz de lograr ese cambio de lo más íntimo de nuestro ser y de nuestra voluntad. Se quiere poner de manifiesto, pues, que Juan el Bautista pide a sus discípulos que desde ahora lo dejen a él y sigan al que se atreve a llamar (propio de la alta teología joánica) Hijo de Dios. Su papel está cumplido: saber ser amigo del esposo, como se dirá en otra ocasión.

1Cor 1, 1-3 (2ª lectura – Domingo II de Tiempo Ordinario

Saludo, en Cristo y con Cristo, a la comunidad

La Primera Carta a los Corintios inaugura hoy las lecturas de los siguientes domingos. Tendremos ocasión de volver sobre ella, porque serán hilo conductor hasta los domingos de Cuaresma. Esta carta de San Pablo a la comunidad de Corinto, en Grecia, en Acaya concretamente, una de las ciudades más importantes donde el Apóstol predica el cristianismo, es una de las más importantes de Pablo. Estamos ante un escrito lleno de contrastes, de urgencias, de consultas, de decisiones apostólicas. Merece la pena leerlo detenidamente, prepararse con esmero para su comprensión, porque aparecerán temas muy decisivos.

En el encabezamiento de hoy, señalemos la teología de la santificación del pueblo de Dios por medio de Jesucristo. Es El, Cristo, quien lleva la iniciativa y por eso Pablo sabe que su misión es tan importante en medio de la comunidad que él ha engendrado en su Señor. Una comunidad que le dará mucho que hacer, pero a la que no niega el título de salvación y santificación. Pablo era un hombre de personalidad fuerte, incluso muy enamorado de su apostolado: pero nada es sin Cristo su Señor y esto se debe poner de manifiesto desde el principio para todo lo que nos trasmitirá.

Is 49, 3-6 (1ª lectura – Domingo II de Tiempo Ordinario)

Misión del Siervo: luz de salvación para la humanidad

La primera lectura, del nuevo del Deutero-Isaías, es del 2º cántico del Siervo de Yahvé. En este capítulo, la figura del Siervo está más ceñida a la dimensión profética de este personaje que canta el autor de los mismos. Sión, el pueblo entero, debe repensar su vida a la luz de este personaje Siervo de Yahvé. Sabemos que estos cantos (Is 42,1-9: 49,1-7; 50,4-9) representan una de las cumbres teológicas del Antiguo Testamento. Son poemas que han dado mucho que hablar, ya que en un momento determinando descubrirán el valor redentor del sufrimiento, aunque no en el texto de hoy. El papel del Siervo es reunir a Jacob e Israel, dos nombres, epónimos, para hablar de la totalidad del pueblo. Reunir, pacificar, consolar… siempre la humanidad ha tenido necesidad de estos valores. Y hoy, como nunca, necesitamos a alguien como el Siervo que traiga esa luz a este mundo dividido, en guerra, hambriento y desorientado.

Como este es un canto que describe la vocación del “Siervo”, no hay nada comparable a la misión que el Señor le encomienda: te haré luz de las naciones; ¿para qué?, para que “mi salvación alcance hasta los confines de la tierra”. Pero aunque el texto de hoy, en la lectura, ha eliminado el v. 4, no deberíamos dejarlo de lado. El descubrimiento de la misión del siervo para ser luz de los pueblos le llega después de una crisis, y es por la misión por lo que la vocación de este misterioso personaje sale fortalecida; la crisis de identidad se cura anunciando salvación. Eso es lo propio de un verdadero profeta de Dios. Estas palabras son las que justifican verdaderamente la elección de nuestro texto (del canto 2º) para el día de hoy, porque esa misión para el “siervo desconocido”, la vieron los primeros cristianos realizada en la misión de Jesús de Nazaret: luz de salvación para todos los pueblos, para la humanidad.

Comentario al evangelio – Lunes I de Tiempo Ordinario

Con el Bautismo del Señor hemos cerrado el tiempo de Navidad. De contemplar al Recién Nacido, la Palabra hecha carne, pasamos a verlo ya adulto, en permanente salida. De ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo, anunciando que el Reino de Dios ha llegado, y la necesidad de convertirse. Porque el plazo se ha cumplido.

Desde el mismo comienzo de su predicación, Jesús estuvo cerca de la gente. ¿Cómo llevó a cabo su misión? Hablando del Reino de Dios, del amor del padre hacia todos, por un lado, y curando a los enfermos por otro. Palabras y hechos. Palabras de apertura a todos, y hechos que confirman esas palabras.

Jesús ve que esa misión debe implicar a otras personas. Porque el Reino no es cosa de unos pocos, sino de todos. Y por ello llama a algunas personas, de esas que se vieron interpeladas por su Palabra, para que le acompañen. “Pescadores de hombres”, les dice. Porque había mucha desorientación, mucha oscuridad. Y la Luz, que se apareció a los hombres en Belén, se extendió por todas partes.

Muchos se vieron convencidos por lo que Jesús decía y hacía. Otros – cada uno es libre – no lo recibieron. Pero por Jesús no queda. Él y sus compañeros se van a lanzar a la aventura que han recibido del Padre.

No solo en los tiempos de Jesús la tarea era difícil. Hoy también. Sigue habiendo desorientación y oscuridad. Siguen haciendo falta muchos obreros para el ancho mundo de Dios. Aunque no sea jueves, podemos rezar por las vocaciones a la vida consagrada y al sacerdocio. Para que siga habiendo personas que anuncien la Palabra. Por todo el mundo. Y tú mismo, en tu condición, puedes hacer tu aporte a la tarea evangelizadora. No lo dejes para mañana.

Alejandro Carbajo Olea, cmf