«Antes muerta que sencilla»

1.- En el segundo canto del «Siervo de Yahvé» es él mismo quien toma la palabra y define su misión: ser luz de las naciones para que la salvación de Dios llegue hasta el confín de la tierra. Todo hombre tiene una vocación y una misión, que nace de la llamada que recibe de Dios. Pablo descubre su vocación y su misión, Juan también es consciente de cuál es su misión y la asume. Jesús, el auténtico «siervo de Yahvé», será presentado por Juan para llevar a cabo la misión que el Padre le encomienda: es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Jesús carga con los pecados de sus hermanos, los hombres y se ofrece, aunque es inocente, para expiar por ellos. El es quien restablece las relaciones de paz entre Dios y los hombres, haciendo que éstos sean de nuevo hijos suyos. Vocación y misión, ¿te has preguntado cuál es la tuya?

2.- El Cordero Pascual, que los judíos sacrificaban cada año para celebrar su liberación de Egipto y el paso del Mar Rojo, es figura de Jesús. El cordero es el animal manso, que es llevado al matadero y no abre la boca, es el inocente sacrificado y que acepta pacíficamente el sacrificio. Con su muerte y resurrección Jesús nos hace pasar, a través del agua del bautismo, de la esclavitud del pecado a la libertad de los hijos de Dios. La imagen empleada por Juan nos sirve también a nosotros de reflexión en la Eucaristía. Decimos por tres veces: «¡Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros!». Dirigimos nuestra mirada a Jesús, el nuevo cordero pascual que nos libera de la esclavitud del pecado como aquel cordero pascual liberó a los israelitas de la esclavitud en Egipto.

3. – Juan nos enseña a ser humildes. Consciente de su misión señala como precursor al Mesías que existía antes que él, aunque subraya por dos veces que antes no le conocía. Pero, inspirado por el Espíritu, le reconoce y le señala a todos. Nosotros hemos de vivir el mismo proceso que Juan el Bautista: conocer a Jesús, amar a Jesús y dar testimonio de El. Señalar con nuestro dedo a Aquel que es el Hijo de Dios. Sólo quien es humilde, busca a Dios y conoce a Jesús puede anunciarlo a los demás. Esto exige tener experiencia de Aquel que es nuestra vida y nuestra luz, cultivar nuestro espíritu interior para poder reconocer su acción en nuestra vida.

4. – No está de moda la virtud de la sencillez. Una canción que ha ganado el festival «eurojunior» lleva por título «Antes muerta que sencilla». Cuando la oí en la radio me quedé de piedra. Es toda una declaración de principios de una niña que sólo tiene nueve años, que en una entrevista ha sido capaz de contestar ésta y otras lindezas: «la letra de la canción me salió sola. Siempre estoy con el pintalabios, veo los anuncios, los perfumes que tiene mi madre….Me miro en el espejo 20.000 veces cada día porque soy muy, muy presumida, y cuando eres tan presumida no puedes ser sencilla». La letra de la canción habla por si misma: «El pintalabios toque de rimel, moldeador como un artista de cine, peluquería, crema hidratante y maquillaje que es belleza al instante, Chanel número 4… Antes muerta que sencilla” es lo que permanentemente se vende en esta sociedad de consumo en la que vivimos, en la que nos movemos, en la que nos relacionamos y en la que educamos y nos educamos. El resultado es una generación de «los niños Colón», porque todo el día están con el dedo apuntando a todo lo que ven en los escaparates, en los lineales del supermercado, cómodamente sentados en su carrito, como el Colón de la estatua. Y sus padres se lo compran a fin de evitar la consecuente rabieta. ¡Qué diferencia entre el dedo de Colón y el de Juan el Bautista! Es imprescindible que reivindiquemos la naturalidad, la cercanía, la sencillez como valores que deben regir nuestra vida. Sin sencillez y humildad es muy difícil escuchar la voz de Dios y asumir la misión que a cada uno nos encomienda.

José María Martín OSA

Anuncio publicitario